Drunvalo melchizedek



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CAPÍTULO ONCE

LOS ANASAZIS Y LA RUEDA MEDICINAL DE UN NUEVO SUEÑO
La Serpiente de Luz y los ciclos del tiempo crean un nuevo sueño

Al cabo de doce mil novecientos veinte años, el ciclo se completa cuando el cambio en la precesión de los equinoccios se acerca a la constelación de Acuario y comienza un nuevo movimiento. Tíbet e India han cumplido su propósito de iluminar al mundo con gran integridad, y la Serpiente de Luz está acurrucada en su nuevo hogar en las alturas de los Andes del norte de Chile, rodeada por Perú, Bolivia, Argentina y el océano Pacífico. Su fuerza crece día a día a través de su conexión con el centro de la Tierra, y la humanidad está a punto de recibir una inmensa sorpresa. Un nuevo ciclo de luz está en proceso de revelarse al mundo, justo en el momento en que parece que la oscuridad está imponiéndose en el alma humana. Decir «gracia sorprendente» es quedarse corto.

Los acontecimientos relatados en este capítulo tuvieron lugar en 2003, y el momento al que han hecho referencia tantos libros, la fecha del 21 de diciembre de 2012, se está acercando con rapidez. Los que están en el conocimiento se preguntan, desde lo más profundo de su corazón, qué va a suceder. ¿Cómo cambiaremos los seres humanos y la Tierra? ¿Conseguiremos llegar a esa fecha antes de que el entorno o los políticos de este loco mundo dicten nuestra desaparición? Son demasiadas las preguntas que han inundado nuestra consciencia, creando un enorme estrés en nuestras vidas.

Para que lo sepas, los niveles más elevados de consciencia pusieron a la Serpiente de Luz en este mundo para responder a nuestras preguntas acerca de la supervivencia, la regeneración y la ascensión. Estaremos bien. De hecho, estaremos mejor que ahora. Por favor, no te preocupes y confía en la Vida, pues es perfecta. Existe un ADN cósmico que está desplegando los acontecimientos del mundo tal y como la Consciencia Única lo soñó originalmente. Esta realidad se aclara a medida que tus ojos se vuelven uno solo cuando pasas de la dualidad a la Conciencia de Unidad, cuando entras en el corazón de la Serpiente de Luz.



La Serpiente se enrosca en su nuevo hogar y nosotros respondemos

Era una mañana de lunes de 2003 y la luz del sol naciente entraba casi imperceptiblemente por la ventana de mi dormitorio, iluminando el paisaje de mis sueños interiores. En unos instantes alcanzaría mis ojos físicos y yo respondería, pero por el momento estaba tan profundamente inmerso en mi meditación que casi no percibí que mi habitación estaba comenzando a revelarse como si la iluminara con un interruptor que atenuara la luz. Los ángeles llevaban casi una hora instruyéndome y yo había olvidado que todavía me encontraba en la Tierra, dentro de un cuerpo humano. Me estaban diciendo que se me pedía que sirviera a la Madre, para lo cual iba a tener que moverme por todo el mundo y celebrar ceremonias con las tribus indígenas y para ellas, unas ceremonias necesarias para las energías que estaban llegando. Me informaron de que había que hacer aún más cosas para asistir al cambio de poder del varón a la mujer. Eran conscientes de que yo no era capaz de comprender plenamente la extensión de lo que hablaban, pero también sabían que confiaba en ellos. Siempre lo he hecho. Los dos ángeles se me han estado apareciendo desde 1971 y yo sabía que, siempre que lo hacían, era por alguna razón. Por regla general solían ser muy concretos.

Pero esta vez era diferente. Todo aquello de lo que hablaban parecía estar envuelto en un velo. Hablaban acerca de determinados pueblos indígenas y lo importantes que eran para la supervivencia humana. Estos pueblos guardaban recuerdos, conocimientos y sabiduría, y sin esa experiencia y esos conocimientos la humanidad actual nunca sería capaz de llevar a cabo la transición a través del gran abismo, que se estaba acercando a gran velocidad.

Les pregunté de qué tribus estaban hablando, y me contestaron que, de momento, los anasazis, los mayas, los incas y los zulúes eran los más importantes, pero que en su momento vendrían otros, tal y como habían hecho en el pasado.

— ¿Y cómo debo empezar a prestar servicio? —pregunté. Me miraron como si les estuviera tomando el pelo, y respondieron:

—Permanece en tu corazón, Drunvalo, y sabrás lo que debes hacer. En los viajes que estás a punto de emprender, la Madre Tierra será tu guía. Escúchala. Ella dirigirá cada uno de los pasos de tu caminar.

El sol naciente alcanzó mis ojos y me sacó de repente de mi meditación. En mi interior fue como una explosión de luz vibrante, roja y dorada. Antes de que supiera lo que estaba sucediendo, estaba de vuelta en mi cuerpo y era por la mañana. Me quedé sentado, preguntándome a mí mismo qué sería lo que querrían decirme los ángeles, pero luego pensé que lo mejor que podía hacer era comenzar mi día. Seguro que a su momento todo quedaría claro.

Mi asistente, Diane Cooper, que lleva años ayudándome con los asuntos de negocios, me llamó al cabo de un rato. Me sugirió que organizáramos un viaje a la región de las Cuatro Esquinas de Estados Unidos, allí donde se juntan Atizona, Utah, Colorado y Nuevo México, y que lleváramos allí a un grupo de personas procedentes de todo el mundo. Me preguntó si aquello me podía interesar.

Llevar a otras personas de viaje alrededor del mundo es algo que no suelo hacer, pues la mayor parte de mi tiempo lo dedico a enseñar y a escribir libros sobre meditación y consciencia superior. —Esa es la región de los antiguos anasazis, ¿verdad? —pregunté.

—Drunvalo —me dijo—, tú sabes perfectamente que es allí donde vivían.

Supongo que se lo pregunté para poder escuchar la respuesta. Desde luego que sabía que los anasazis habían vivido allí, pero me sorprendió escuchar el nombre de esa tribu poco tiempo después de que los ángeles me dijeran que ellos eran los primeros a los que debía ofrecer una ceremonia. Le contesté que tenía que pensármelo y que ya le respondería.

Habían pasado muchos años desde mis viajes a Yucatán y Guatemala, la isla de Moorea y Kauai, y creía que mi trabajo en esos niveles relacionados con el cambio de poder del varón a la mujer había concluido. Con sesenta y dos años cumplidos, había pensado dejar todo lo relativo a ese tipo de trabajo, no porque estuviera cansado, sino porque sentía que mi objetivo con la Tierra estaba cumplido. En mi interior me sentía contento. Pero la Vida tenía más planes para mí, ¿y quién soy yo para discutir con Ella?

La Red de Conciencia de Unidad había quedado terminada hacia 1989 y 1990, y yo creía sinceramente que no quedaba más que esperar hasta que el proceso de ascensión planetaria comenzara a acelerarse. Pero como ahora entendía a través de los ángeles, había bloqueos inusuales en la red que estaban retrasando el flujo natural de energía de su interior y que debían ser eliminados o equilibrados para que las mujeres pudieran utilizar eficazmente el poder que les había sido entregado. Esos bloqueos procedían de decisiones y actos de determinadas culturas humanas que vivieron mucho tiempo atrás.

Diane y yo organizamos un viaje al suroeste, que denominamos «Viaje a los antiguos anasazis», e invitamos a cualquier persona procedente de cualquier parte del planeta que deseara unirse a nosotros. Mis libros se habían traducido a idiomas de todo el mundo y se leían en al menos cien países, por lo que sabía que sería un grupo realmente internacional. Limitaríamos el número de asistentes a la capacidad de un único autobús y un camión, que iría detrás con el avituallamiento. Al final, cerramos la inscripción con cincuenta y seis personas (sin incluir a nuestro grupo de apoyo, formado por otras cinco personas y yo) procedentes de veintidós países.

El viaje fue completamente distinto de los íntimos y sagrados que había realizado anteriormente solo o con algún amigo cercano. Esta vez éramos sesenta y una personas procedentes de culturas de todo el planeta. A algunos no los conocía, pero evidentemente estaba a punto de hacerlo. Había quien no hablaba inglés, pero así tenía que ser. Se trataba de un trabajo espiritual a un nivel que debía hacerse con muchas almas cooperando, trabajando realmente como una sola.

Lo que es más, creo que en realidad habíamos tomado la decisión de juntarnos para llevar a cabo este trabajo muchísimo tiempo atrás. Creemos que el tiempo es lineal, pero en realidad es esférico. El futuro ya ha sucedido. Probablemente, por mucho que te lo explicara en este momento, no conseguiría que lo entendieras. Sólo la experiencia directa sirve para ello, y esa experiencia te cambia para siempre cuando descubres la realidad del tiempo.

Todo el mundo se congregó en Sedona (Arizona), un lugar de rojas montañas rocosas y con una de las energías espirituales más elevadas del planeta. A pesar de ser un pueblo pequeño (sólo unas diez mil personas viven en él), su población aumenta hasta las veinte mil a causa de los cinco millones de turistas que acuden cada año para sentir la gran energía que sale de la Tierra y entra en contacto directo con el alma. Incluso las personas materialistas y no creyentes, para quienes la política y los mercados de valores son las claves secretas de la Vida, la sienten. Sencillamente, con aparcar el brillante Mercedes negro al borde de la carretera y adentrarse en los vórtices del pasado infinito, cualquiera puede comprobarlo.

Las razones para organizar este viaje eran complejas y se entrelazaban entre sí. En primer lugar, estaba el propósito de ayudar a los anasazis, de quienes me habían hablado los ángeles. Había que devolverlos a este mundo para que la segunda razón pudiera cumplirse; es decir, el desbloqueo de la red asociado con esa antigua cultura.

Había también otro motivo, relacionado con el tiempo. Puede que esto suene poco importante, pero el tiempo es una parte del problema asociada con la razón por la cual los anasazis tuvieron que dejar este mundo. Y el tiempo era la clave para liberar el campo de energía que mantenía a los anasazis escondidos dentro de los mundos interiores de la Tierra. Déjame que te lo explique.

Los nativos americanos creen que en este momento nos encontramos en el Cuarto Mundo, y que pronto todos nos iremos de aquí hacia el Quinto Mundo. Creen que han estado en otros tres antes de llegar a éste, en el que ahora vivimos todos juntos. Creen que los otros tres mundos están, literalmente, dentro de la Tierra, y que cuando vinieron desde el Tercer Mundo realmente salieron del interior de la Tierra hasta la superficie, que es lo que ellos denominan Cuarto Mundo.

Los ancestros de la región de las Cuatro Esquinas de Estados Unidos fueron un grupo de gente que desapareció hace muchos años, un pueblo al que ahora llamamos los anasazis. El término anasazi quiere decir «los antiguos», pero para algunas personas también significa «el enemigo antiguo». Da la impresión de que los anasazis desaparecieron en un solo día. La comida y los cacharros de barro se quedaron sobre las mesas. Todo está como si sencillamente hubiesen decidido salir a dar una vuelta para luego volver. Es como si se hubieran levantado y todos juntos, en masa, se hubieran volatilizado.

¿Por qué iban a hacer una cosa así? ¿Dónde fueron?

En los últimos años se ha descubierto que, en las etapas finales de la cultura anasazi, la corriente del océano Atlántico se ralentizó, tal y como está haciendo en la actualidad, y ese cambio hizo que la región de las Cuatro Esquinas sufriera una sequía extrema, como la que tiene hoy en día y por la misma razón. Pero para los anasazis, la lluvia desapareció completamente durante cuarenta y seis años, lo que hizo que todos los lagos, ríos y reservas subterráneas de agua se secaran. No les quedó elección. Tenían que irse o morir.

Por si fuera poco, se veían amenazados por los conquistadores españoles, que intentaban eliminarlos. Fue demasiado para los anasazis y tomaron medidas desesperadas.

Muchos de ellos decidieron regresar al Tercer Mundo, dentro de la Tierra, pensando que eso les salvaría, pero no fueron capaces de comprender cómo aquello iba a afectar a su futura evolución o a la evolución del mundo.

Así que los Antiguos entraron en sus salas subterráneas de oración, sus kivas, donde siempre había un sipapu simbólico. Un sipapu era la abertura que se dejaba en la superficie cuando los Antiguos salían de la Tierra procedentes del Tercer Mundo. Los anasazis (aunque no todos), utilizando un conocimiento especial, volvieron al interior de la Tierra, al Tercer Mundo, donde creían que estarían seguros.

Pero tal y como íbamos a aprender en aquel viaje, no todo era tan fácil. Ahora que sus espíritus estaban conectados con la superficie exterior del Cuarto Mundo, su vida en el Tercer Mundo se convirtió pronto en un infierno. Muy lentamente se dieron cuenta de que se habían equivocado al intentar retroceder en la evolución. También comprendieron que no podían hacer nada contra ello, no hasta que su profecía (su sueño colectivo) pudiese cumplirse. Y nuestro grupo era aquella profecía que llevaban cientos de años esperando.

Aquella elección que habían hecho los anasazis hace más de setecientos años debía ser corregida antes de que las mujeres pudieran tomar el poder. Y tal y como me habían dicho los ángeles, no eran sólo los anasazis los que estaban produciendo perturbaciones en la Red de Conciencia de Unidad; había otras antiguas culturas indígenas que estaban haciendo lo mismo.

Así pues, nuestro grupo estaba encargado de la triple tarea de crear un medio por el cual los anasazis pudieran volver a este mundo, el Cuarto Mundo; de cambiar los patrones del clima en la región de la Cuatro Esquinas y, mediante las dos primeras, de realizar determinadas ceremonias que eliminaran unos bloqueos específicos en la Red de Conciencia de Unidad para preparar a la mujer para que pudiera usar su nuevo poder. Y todo eso se iba a conseguir mediante la «magia» ceremonial, o llámalo ciencia, si eso es lo que entiendes y prefieres.

En 2002, mi mundo, Arizona, había sufrido la peor sequía de los últimos cien años producida por el calentamiento global y la ralentización de la corriente del océano Atlántico. Los incendios estaban quemándolo todo. La revista Time sugería, basándose en la evidencia que había conseguido, que aquella sequía iba a durar otros ciento cincuenta años. Nuestro grupo debía cambiar esa predicción, poniendo fin a la sequía o, al menos, alterándola. Nosotros creíamos que ese patrón climático estaba en realidad conectado con la consciencia humana y el antiguo pueblo llamado anasazi.

Para poder guiar a aquel grupo a través del difícil terreno multicultural, hice lo que los ángeles me habían pedido. Comencé a meditar con la Madre Tierra todos los días, pidiéndole que nos guiara. La amo profundamente y puedo sentir su amor hacia mí. Ella comenzó a instruirme acerca del modo en que debía manejar cada una de nuestras acciones.

Los Maestros Ascendidos, a través de Thoth, me habían ayudado en los primeros niveles de mi recuerdo, pero este viaje requería que mi guía llegase de unos niveles cósmicos que sobrepasaban a la Gran Hermandad Blanca. Ahora iban a dirigirme el espíritu vivo de la Tierra, la Madre Tierra, y, por supuesto, mis queridos ángeles.

Thoth había sido uno de mis guías principales a lo largo de diez años, pero a mediados de la década de los noventa, tanto él como la mayoría de los Maestros Ascendidos abandonaron la Tierra para realizar el viaje al futuro que todos haremos algún día.

Cuando regresó tras el cambio de milenio, se me apareció para hacerme saber que estaba de vuelta, pero que nuestra relación mutua había concluido. Había llegado el tiempo de una nueva forma de guía, una que está dentro de cada uno de nosotros: la guía de nuestra propia Madre Divina.


La primera rueda medicinal

En aquel entonces yo vivía en Payson (Arizona), y los incendios rodeaban mi pueblo. El mayor en toda la historia de Arizona ardía fuera de control a sólo veinticuatro kilómetros de mi casa. La Madre Tierra nos había dicho a mí y a mi familia que hiciéramos una rueda medicinal en nuestras tierras y que rezáramos pidiendo la lluvia.

Lo hicimos de un modo sagrado, hablando a cada piedra, viéndola como si estuviese viva, y al final la Madre Tierra habló a través de mí a toda mi familia y nos dijo que llovería en dos días.

Al día siguiente, el aire se llenó de humedad. Los titulares de los periódicos de la zona hablaron de «día milagroso», porque la humedad se dirigió directamente hacia los incendios. La lluvia tornó el humo negro en blanco y permitió a los bomberos hacerse con el cinco por ciento de aquel gigantesco incendio descontrolado. Era el comienzo del fin de aquel fuego.

Al otro día comenzó a llover ligeramente, pero sólo en la zona que rodeaba Payson. Lentamente, día tras día, empezó a llover más y más hasta que el área de Payson quedó empapada y los fuegos se extinguieron. La rueda medicinal estaba funcionando, pero por desgracia sólo cerca de mi casa. Los incendios seguían por el resto de la región de las Cuatro Esquinas, por lo que el problema no estaba solucionado. Pero aquella rueda medicinal era importantísima, ya que había comenzado la sanacion que debería ser completada por nuestro grupo internacional y los talentos especiales que iba a aportar a esta región nativa desde todas las partes del mundo.

La Madre Tierra quería que yo fuera a los cuatro estados de las Cuatro Esquinas: Arizona, Nuevo México, Colorado y Utah, y celebrara una ceremonia para sanar la relación entre los Antiguos y los Modernos, todos los seres humanos que viven en la actualidad. Al hacerlo, el mundo exterior y el interior se equilibrarían y, simultáneamente, un bloqueo existente en una porción de la Red de Conciencia de Unidad desaparecería.


Los anasazis

Los anasazis vivieron desde los tiempos de Cristo hasta alrededor del año 1300 d.C., cuando la corriente del Atlántico comenzó a ralentizarse (históricamente, la Pequeña Edad del Hielo comenzó en 1300 y duró hasta 1850), y su área de influencia se centró fundamentalmente en las Cuatro Esquinas. Construyeron edificios, y en la localización y emplazamiento de sus lugares sagrados se transluce una increíble ciencia, así como en el uso que hicieron de los dibujos geométricos sagrados. Su historia, recientemente descubierta, ha sido contada en un documental, narrado por Robert Redford, titulado The Mystery of Chaco Canyon, que describe cómo los anasazis funcionaban científicamente en un nivel similar al de los antiguos egipcios.

Los anasazis no eran unos bárbaros; eran gente civilizada que entendían una realidad que a nosotros nos parecería ciencia ficción. Los otros mundos, las otras dimensiones, eran para ellos una realidad y sabían cómo moverse entre ellos (al menos hasta un cierto grado).

Para ser claro, el Tercer Mundo es un sobretono de la tercera dimensión de la Tierra, en el que estaban atrapados. Los anasazis intentaron pasar a la cuarta dimensión, pero no estaban preparados para ello y no lo consiguieron. Así que encontraron un mundo sobretonal fuera de este mundo y se sintieron más seguros en él.

Quizá ha llegado el momento de explicar, al menos de una forma sencilla, los modos en los que se relacionan las diferentes dimensiones y sobretonos. (En mis dos primeros libros, El antiguo secreto de la flor de la vida, volúmenes I y II, encontrarás una explicación más amplia.) Esta descripción de las dimensiones se corresponde con el punto de vista antiguo, no con el moderno, que considera las tres primeras dimensiones como los ejes X, Y, Z del espacio y la cuarta dimensión como el tiempo. El punto de vista moderno continúa subiendo por las dimensiones de forma matemática, según lo define la ciencia moderna. No es que ese modo científico esté equivocado; es sólo que se basa en conceptos diferentes.

Lo que explico aquí es completamente distinto. En esta explicación, el universo se considera un puro sonido o vibración. La relación entre las dimensiones es también puramente vibratoria y se corresponde perfectamente con las leyes de la música y la armonía. Las dimensiones están separadas unas de otras exactamente en las mismas proporciones que las notas de la escala cromática musical. En lugar de medirse en ciclos por segundo, como en la música, en el caso de las dimensiones la separación se mide en longitudes de onda, pero las proporciones son las mismas.

Existen doce dimensiones de sobretonos mayores y doce de sobretonos menores, dando un total de ciento cuarenta y cuatro dimensiones en cada octava. Aparentemente existen infinitas octavas de dimensiones que se repiten una y otra vez, aunque su experiencia cambia cuando uno asciende por ellas. Todas las dimensiones penetran unas en las otras, por lo que en el espacio en que te encuentras ahora, en este momento, todas las dimensiones están atravesando tu cuerpo.

El universo que podemos ver con las estrellas y los planetas se define como la tercera (mayor) dimensión dentro de las doce dimensiones mayores. Por tanto, la Tierra está dentro de la tercera dimensión, pero dentro y alrededor de ella y de todo el universo existen doce sobretonos de la tercera dimensión. Aunque no puedes ver estos sobretonos de la tercera dimensión, son mundos que han sido conocidos y experimentados por chamanes, curanderos y Maestros Ascendidos a lo largo de miles de años.

Si una persona entrara en un sobretono de la tercera dimensión de la Tierra, o de cualquier otra dimensión, desaparecería de la vista aquí, sobre la Tierra, y reaparecería en otro mundo. Eso no es fácil de hacer sin un gran conocimiento.

Los antiguos anasazis, en su desesperación, consiguieron pasar de la tercera dimensión de la Tierra a un sobretono de la misma. El problema fue que, como estaban retrocediendo en la consciencia al hacer este movimiento, el paso resultó algo parecido al suicidio y se vieron atrapados, incapaces de salir de aquel mundo de un sobretono menor.

Déjame contarte algo acerca de su naturaleza; puede que llegues a sentir la compasión que a mí me inspiran. Su esperanza de vida desde el nacimiento a la muerte no solía sobrepasar los dieciocho o diecinueve años. Si un anasazi vivía hasta los veinticinco, era una persona muy anciana. Una mujer solía tener su primer hijo a los doce o trece años, y moría cinco o seis después. Esto significaba que los niños tenían que estar solos y ser capaces de sobrevivir a una edad muy temprana.

Por eso, aunque poseían un asombroso entendimiento de la Realidad, carecían de la sabiduría que aporta la edad. Eso es lo que yo siento después de llevar muchos años percibiendo a los anasazis .11 esos otros niveles durante mis meditaciones.


Comienza el viaje sagrado

Estoy escribiendo esto a finales de 2006, y al recordar aquel viaje de 2003 mi corazón se siente vivo por la energía. Lo que sucedió en él cambió mi vida.

La mañana en que debía partir hacia Sedona para reunirme con el grupo, me senté frente a nuestra rueda medicinal «familiar» y recé a la Madre Tierra solicitando su guía y protección cuando entráramos en los mundos de los anasazis. Los ángeles habían dicho que aquellas oraciones serían mi camino y mi guía hasta que ellos cambiaran el sendero. Thoth había sido un hermano y un gran consejero, pero ahora nuestro grupo se enfrentaba a un nuevo tipo de desafío. En mi corazón, le dije: «Querido Espíritu de la Tierra, te escucharé y haré todo lo posible para seguir tu consejo».

Dejé la rueda y me dirigí hacia el norte, hacia Sedona, para el primer encuentro con el grupo internacional. Tras aquella conexión inicial, nos dispusimos a seguir el sendero del nativo americano, que íbamos a recorrer durante el resto del viaje. En ese camino está establecido que, antes de una ceremonia o un viaje sagrado, el grupo debe purificarse en una cabaña de sudación tradicional.

La cabaña de sudación es una pequeña estructura en la que caben entre diez y treinta personas. Suele estar construida con ramas de sauce rojo tejidas según un patrón específico y atadas para que formen una estructura. A continuación, se echan encima de esta estructura diferentes tipos de telas, que antiguamente eran pieles de animales y en la actualidad son mantas, hasta que el interior queda completamente a oscuras. En la mayoría de los casos, la pequeña puertecita de una hoja se sitúa hacia el este.

Delante de la puerta se enciende un enorme fuego y en él se colocan unas piedras de lava especiales y se calientan hasta que están al rojo. Estas piedras se llevan al interior de la cabaña con una pala o una horca, de una en una, hasta tener normalmente siete en mitad del suelo. Cuando estas piedras se enfrían, se lleva otro grupo de piedras calientes para comenzar otra ronda de oración. A veces la sudación es mayor de lo que la gente puede soportar, pero cumple su propósito: permite que nuestra parte sucia nos abandone. Nos prepara para la integridad, que debe ser honrada en todo momento para poder cumplir la profecía.

Nuestro grupo entró en la cabaña de sudación comprendiendo que estábamos entrando en el seno de la Madre Tierra, y que allí iban a cantar y a rezar a Ella, al Padre Cielo y al Gran Espíritu, pidiéndoles ser purificados y preparados para el viaje sagrado que nos aguardaba.

Tras la sudación, fuimos caminando hasta la casa de un amigo, donde sencillamente empezamos a conocernos con una estupenda comida y unos grandes músicos de la región, que vibraban canciones desde el corazón y el didgeridoo. Rápidamente comenzamos a fundir nuestras energías. A la mañana siguiente nos introdujimos en nuestro ultramoderno barco terrestre, denominado autobús, y nos pusimos en camino hacia la tierra antigua en busca de un pueblo invisible.




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