Editorial losada, S. A buenos aires



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POEMAS NO REUNIDOS EN VOLUMEN

FIGARI PINTA


Pinta cielo tordillo,

nube china,

campo llano y callado y compañero,

con blanco mazamorra,

gris camino,

ocre parva

o celeste lejanía;

en silla petizona

—pelo bayo—,

el mate corazón

—¿nido de hornero?—,

en las ramas, de tala,

de su mano

y un pedazo de cuerno

hecho boquilla

en perpetuo delirio

de humareda;

mientras pinta

y se escarba la memoria

—como quien traza cruces sobre el suelo

con pinceles que doman lo pasado;

claros patios de voz azul aljibe,

beata falda,

o entierro jaranero,

mancarrón insolado,

duende perro,

porque sabe rastrear el tiempo muerto,

las huellas ya perdidas

del recuerdo,

y le gustan los talles de frutera,

el olor a zorrino,

a terciopelo,

los fogones de pavas tartamudas,

los mugientes crepúsculos tranquilos

y los gatos con muchas relaciones,

que pinta,

rememora y recupera,

con rojo federal,

azul encinta,

amarillo rastrojo,

rosa rancho,

al revivir saraos encorsetados,

velorios de angelito

caramelo,

tertulias palo a pique,

perifollos,

viejos gauchos enjutos de quebracho,

que describe

con limpia pincelada,

puro candor

y tábano mirada;

para luego tutearse con carretas

o chismosos postigos

de ancha siesta,

o rebaños jadeantes de tormenta;

que pinta y aquerencia en sus cartones

—para algo comió choclo,

entre pañales,

de ingenua chala rubia,

bien fajada

y acarició caderas de potrancas

o de roncas guitarras pendencieras,

en boliches lunares,

ya difuntos—;

mientras mezcla el granate matadura

con el negro catinga candombero

y aflora su sonrisa de padrillo

—un poco amarillenta,

un poco verde—,

ante tanta visión

reflorecida

—con perenne fervor y gesto macho—,

por la criolla paleta socarrona

donde exprime su lírica memoria.


EUFORIA


Aquí gaviota vela,

aquí conmigo,

luz en canto

recién amanecido;

dame verde tu aliento

rama trino,

soñolencia

limón


bostezo hiedra;

embiste mar,

embiste mis pupilas

y en ritmo azul

adéntrate en mis venas,

ola tras ola

y siempre

lejanía,


apetencia, voraz

de despedida,

pero también de rubia resolana,

de sol adolescente y marinero,

de modorra desnuda,

aquí, en la playa.

—de espalda femenina

y asoleada—,

sexual azul remanso,

vuelo espuma,

horizonte, horizonte,

y humareda

—algosa cabellera

en el recuerdo—

junto al fervor devoto de los pinos,

azul, ellos también,

ya casi cielo,

y de cuanto es sustancia

y es entrega,

milagro permanente,

brisa, piedra,

cadencia de rompiente

en la escollera...

y en mí —¡ya para siempre!—

hasta la médula.

NOCTURNO


El humo azul, azul,

entre mis dedos,

inscribiendo en el aire

su delirio

y mal llovido

a espesos lagrimones,

ese arrítmico trote

desvalido,

enlutando los sueños,

los balcones;

mientras ya en el recuerdo

el tiempo muerto,

aquí voraz insecto,

noche en celo,

latido de persiana

o ritmo grillo,

es también clara senda que bordea

bajo pinos

la tarde y la ladera,

para luego perderse

entre azoteas

o en la turbia corriente

de estas venas,

de gustos recatados y viajeros,

que riega caracoles donde suena

la muerta voz sepulta en la madera

o el rumor interior

de la penumbra

que sustentan mis huesos,

junto al humo

y a cuanto no comprendo

y me circunda:

débil hoja dormida que despierta

y suspira, se queja, se da vuelta,

balbuceo de cielo en desamparo.

ni mis pálidas uñas ¡tan siquiera!;

mientras vuelvo a tu encuentro

azar, memoria,

en busca de callejas marineras

que en plena resolana de naranjas

bajaban, con sus redes, a una playa,

o en los labios ya un gusto a madrugada

—¿qué recuerdo se asoma a esa ventana?—

me aproximo a mujeres amapola

—¿por qué, por qué amapola?—

entre zaguanes

de aliento canallesco y voz gastada,

tan cerca, en este instante,

entre la borra

nocturna, aquí también,

¡y tan amarga!

—allá lejos, ¿por qué

siempre amapola?—

ya casi colindando con la aurora.


ENCALLADO EN LAS COSTAS DEL PACÍFICO*

A Enrique Molina


Corta los dedos momias

la yugular marina

de los algosos huéspedes que agobian tu pensativo omóplato

de lluvia

la veta de presagios que labran en tu arena los cangrejos

escribas


el tendón que te amarra a tanto ritmo muerto entre gaviotas

y huye con tu terráquea estatua parpadeante

sin un mítico cuerno bajo la nieve niña recostada en tus sienes

pero con once antenas fluorescentes embistiendo el misterio.


Huye con ella en llamas del brazo de su miedo

tómala de las rosas si prefieres llagarte la corteza

pero abandona el eco de ese hipomar hidrófobo

que fofopulpoduende te dilata el abismo con sus viscosos ceros

absorbentes

cuando no te trasmuta en migratorio vuelo circunflexo de

nostalgias sin rumbo.

Furiosamente aleja tu Segismunda rata introspectiva

tu telaraña hambrienta

de ese trasmundo hijastro de la lava en mística abstinencia

de cactus penitentes

y con tu dogoarcángel auroleado de moscas

y tus fieles botines melancólicos

de ensueños disecados y gritos de entrecasa color crimen

huye con ella dentro de su claustral aroma

aunque su cieloinfierno te condene a un eterno “Te quiero”.


Deja ya desprenderse el cálido follaje que brota de tus manos

junto a ese móvil tótem de muslos agua viva

flagélate si quieres con las violentas trenzas que le hurtaste

al olvido

pero por más que sufras en cada cruz vacante una pasión suicida

y tu propia cisterna con semivirgen luna reclame tu cabeza

ya sin velero ocaso

ni chicha de pestañas

ni cajas donde late la agónica sequía

huye por los senderos que arrancan de tu pecho

con tu hijo entre paréntesis

tu hormiguero de espectros

tus bisabuelas lámparas

y todos los frutales recuerdos florecidos que alimentan tu siesta.


Huye con ella envuelto en su orquestal cabello

y su mirar sigilo

aunque te cruces de alas

y el averritmo herido que anida en el costado donde te sangra

el tiempo

atardezca su canto entre sus senoslotos

o en sus brazos de estatua

que ha perdido los brazos en aras de vestales y faunos inhumados

y huye con tus grilletes de prófugo perpetuo

tu nimbo sin eclipses

tus desnudos complejos

y el sempiterno tajo de fluviales tinieblas que te parte los ojos

para que viertan coágulos de rancia angustia padre

impulsos prenatales

y meteóricas ansias que le muerden los crótalos

a los sueñosculebras del lecho donde boga ámbarmente desnuda

tu ninfómana estrella

mientras tu cuervo grazna un “Nunca más” de piedra.



ANGELNORAHCUSTODIO


Ante el acorde vuelo epistolar que orquesta

la Stradivarius Lila

el balbuciente arpegio tras la barbasordina

sobre las niñaslámparas

que tan celestemente alucinan tu sala

con su silencioaraña

sus sorbos de crepúsculo

y ese caballo muerto en el espejo

por tu arcángelrelámpago.
Noche tras noche y tardes

presencié el desdibujo prolijamente exacto de sus nublados

gestos musicales

y sus yacentes diálogos ante lacios retratos en siemprevela

ardida

y parpadeantes copas de fiebre alcohol latido



y una vez más

sin máscara de exasperante grillo conyugal Aristarco

quiero darte las gracias por la capota en llanto

los guantes esponsales

y el diáfano misterio que estremece tus hojas

de angelcustodio mío.



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