Eje temático: Memoria e Historia: entre el pasado y el presente. Conceptos básicos



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  1. Eje temático: Memoria e Historia: entre el pasado y el presente.

Conceptos básicos: Historia y Ciencia. Sobre la Historicidad de los sujetos: tiempo, espacio, legitimidad y conciencia histórica. La estructura socio-económica como soporte del análisis histórico. Memoria histórica y colectiva. Memoria y Poder. Problemas contemporáneos latinoamericanos. Función social y científica de la Historia.

Tiempo estipulado (aspectos teóricos y prácticos): 6 horas.

  1. Drectángulo 12esarrollo Teórico

Historia y Ciencia

La necesidad de pensar el pasado y su transmisión existió y existe en todas las culturas. Nuestra historia, la historia de los pueblos, nace prácticamente con la sociedad misma, es parte de las relaciones entre las personas y de su memoria.

Sin embargo la Historia, como Ciencia Social, es una manifestación del mundo occidental moderno.

En los albores del siglo XIX se produjo en el mundo occidental, una ruptura generalizada con el modo en el que hasta entonces se había venido investigando, escribiendo y enseñando la historia1. Esta ruptura no fue abrupta, de hecho Leopold Ranke –uno de los representantes más destacados del nuevo estilo-, admitía que si bien la historia debía valerse de un método crítico, la forma de escribirla no podía escapar a los criterios literarios.

En el momento en que Ranke desarrolla sus ideas en Alemania, la Historia se establece como asignatura que se enseña y se estudia en las universidades. Esta muy ligada a otras ciencias e intenta adoptar el método de las ciencias naturales.

Para este autor, el conocimiento histórico de los hechos sólo era posible sin el factor subjetivo del sujeto que conoce, que investiga; es decir, rechazaba todo juicio de valor y especulación metafísica en las explicaciones. El historiador sólo debía abocarse a la tarea de mostrar los hechos como realmente sucedieron. No podía existir una teoría histórica, con esquemas previos que se impongan sobre el pasado: “…que sea el pasado el que hable, el historiador no tiene boca…” advertía Ranke (Iggers, G. 1995).

En cuanto a su aporte para el desarrollo de la Historia como Ciencia, pone de manifiesto un método: el filológico, que consiste en usar como recursos a los documentos, va dejando de lado la especulación filosófica, e impone un método científico que pretendía ser totalmente objetivo.

La clave para Ranke y sus seguidores, era la defensa del método para la construcción de un relato histórico científico. En su obra “Pueblos y Estados en la Europa moderna” Ranke analiza la fuente como un espejo de los hechos y establece una relación mimética en donde se puede conocer a esta supuesta verdad histórica a través de los documentos debidamente contrastados. La utilización sistemática de memorias, diarios, relatos directos, citas a pie de página representan al método en la historia.

En su análisis el objeto estructura al sujeto, pero a diferencia del positivismo2, el sujeto no es pasivo. Por el contrario toma una posición activa porque debe comprender, no sólo explicar, a ese objeto de estudio que es la Historia.

En el momento en que escribe el autor (Restauración prusiana 1815-1830), el territorio alemán estaba atravesando una desigual industrialización y una vertiginosa expansión del comercio. Tras la caída de Napoleón, el territorio quedó fragmentado en múltiples pequeños estados. No obstante, las ideas del liberalismo económico y su correlato material, es decir, el ascenso de la burguesía al poder, que ocupaba ahora importantes cargos en el Estado, fueron imbricándose en un pensamiento nacionalista cuyo objetivo era unificar el Estado3.

De hecho la mayoría de estos autores creían en un orden natural, jerárquico, en la continuidad y estabilidad de la civilización burguesa moderna. La ciencia en este sentido venía a ocupar un lugar fundamental en la organización y explicación de este nuevo orden. En otras palabras: la ciencia en el siglo XIX fue puesta al servicio de las aspiraciones nacionales y burguesas, es decir: se interpretaba el pasado con arreglo a los intereses políticos de la clase dominante.

Una de las consecuencias de la adopción de esta perspectiva fue la marginación de la historia cultural y social. Si bien el interés de Ranke no se limitaba sólo a la historia política, la importancia que asignaba a los documentos contenidos en los archivos4 hizo que se privilegiaran los acontecimientos con este carácter (Burke, P. 1993: 16). Esta historia estaba representada por las narraciones de sucesos políticos, militares y nacionales, historias de capitanes y reyes: “grandes acciones de grandes hombres”5.

Otra corriente que surgió como reacción al positivismo y que ustedes analizarán en detalle en la materia Epistemología, fue el relativismo subjetivista6, el cual negaba el conocimiento científico, en los términos descritos, desde la óptica de esta objetividad “neutral”.

Esta perspectiva planteó que la construcción del conocimiento depende de una proyección del pensamiento y de los intereses del presente sobre el pasado, el sujeto cognoscente (es decir, el que conoce) y el objeto de ese conocimiento, resultan ser una totalidad. La relación de conocimiento nunca es pasiva a causa de la intervención del sujeto que está condicionado socialmente, por su propia historia personal, y por lo tanto aporta sus propias concepciones al momento de conocer y de mirar una realidad social, y la historia en particular.

Por su parte, el marxismo marcó una nueva posición, al considerar que tanto el positivismo como el relativismo no servían para resolver los problemas teóricos de la historia referidos a la realidad del objeto, los condicionamientos del sujeto cognoscente y el compromiso del historiador. Marx de hecho ofreció una forma de estudiar la historia alternativa, las causas fundamentales de cambio estaban puestas en las tensiones existentes en el seno de las estructuras sociales y económicas.

El marxismo es el conjunto de doctrinas políticas y filosóficas derivadas de la obra de Karl Marx, intelectual revolucionario alemán que escribió sus obras más importantes durante la segunda mitad del siglo XIX. Marx, junto a Friedrich Engels, amigo e intelectual comprometido con la revolución social, dieron origen al materialismo histórico. Ambos aplicaron esta nueva concepción de la historia al análisis de los hechos políticos y sociales del pasado y de su época y a la creación de una nueva corriente del socialismo, que a la militancia y el compromiso con el cambio social le sumaba el estudio científico de la sociedad burguesa.

Al explicar las revoluciones políticas y sociales por la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción y por la lucha de clases, Marx y Engels combatieron tanto la visión burguesa de la historia basada en la historia de las ideas y de los "grandes hombres" como las corrientes socialistas que deducían la lucha por el socialismo de los ideales abstractos de Justicia, Libertad e Igualdad.

El desarrollo revolucionario de las fuerzas productivas bajo el capitalismo hacía posible que todas las necesidades humanas fueran satisfechas, y que el desarrollo de la producción prescindiera de la división de la sociedad entre clases explotadoras -poseedoras de los medios de producción sociales- y clases explotadas -obligadas a mantener a las clases explotadoras mediante el plus-trabajo-7.

Hacia 1929 en Francia, más específicamente en Estrasburgo, un grupo de intelectuales encabezados por Marc Bloch y Lucien Febvre retoman los postulados del marxismo y otras corrientes historiográficas para fundar la escuela de Annales. Proponen estudiar la historia a partir de problemas, en este sentido acercarían el trabajo de los historiadores al de otros científicos sociales en el intento no de narrar episodios sino de resolver interrogantes. La Historia construía su objeto a partir de preguntas que surgían del presente, reformulando la relación del historiador con el pasado (Iggers, G. 1995).

A partir de entonces surgen nuevas temáticas, se prioriza lo social, lo económico y lo cultural por sobre las antiguas historias políticas, militares, diplomáticas y nacionales. Ello lleva a los historiadores a establecer un dialogo interdisciplinario con la antropología, la economía y la sociología entre otras ramas de las ciencias.

Arectángulo 11l igual que sus antecesores, la Escuela de Annales propone realizar una historia empírica y concreta, cuya reconstrucción está basada en documentos. No obstante, a diferencia de la historiografía erudita, las fuentes documentales se ampliaron, se incorporaron nuevos temas y problemas.

Bloch, que se había especializado en Historia Medieval, preocupado por la trascendencia del poder -muchas veces sobrenatural- que se atribuía a los líderes de muy diversas sociedades, se pregunta cuáles son las raíces de la dominación, cómo se logra el consenso y cuáles son las creencias populares de las que se sirve el poder. Decide investigar entonces el fenómeno de los reyes que curaban las escrófulas en Francia e Inglaterra.

En su libro “Los reyes taumaturgos” Bloch logra demostrar que la creencia popular en el poder divino de los reyes para sanar a los escrofulosos dio inicio en Francia hacia el año 1000 para aparecer en Inglaterra cien años más tarde. Logra determinar no solamente la aparición de la creencia sino también explicarla y comprenderla en términos de su expansión, desarrollo y extinción, diferente en cada país8.

Aquí ya notamos una diferencia metodológica importante respecto a la historiografía rankeana, ya que Bloch utiliza el método comparativo (Francia e Inglaterra) para iluminar mejor el caso francés, y no cae en explicaciones nacionalistas. Remarca las diferencias por sobre las similitudes y esta metodología le permite salvar algunas lagunas documentales alrededor del tema investigado.

También vemos en este representante de Annales un cambio notable en cuanto a la relación del historiador con los documentos. Lo importante no era lo que la fuente reflejaba, sino el tipo de preguntas que podían surgir de esos documentos. Es el historiador quien le otorgaría sentido a la fuente recuperando así protagonismo en la construcción de su objeto.

rectángulo 10

Sobre la Historicidad de los sujetos: tiempo, espacio, legitimidad y conciencia histórica

En este punto, les propongo “corrernos” un poco de la historia de la historia, es decir, de cómo la historia se fue constituyendo como disciplina, como campo de estudio, para ahondar en la historicidad de los hombres y mujeres, y en la significación que tiene el conocimiento histórico para la sociedad. En otras palabras, los invito ahora a profundizar el sentido de la historia, el objeto mismo de conocer y hacer historia.

Reflexionemos primero sobre ciertas características del ser humano. Partamos para ello de un ejemplo “Érase una vez un presidente chileno”. “Era” puesto que ya no es, pero podemos decir que ese “era“, se convierte en “es” porque tenemos la capacidad para saber que “era”, es decir será” mientras haya alguien dispuesto a contar su historia.

Solo los seres humanos pueden contar su historia y de este modo traerlo al presente. Aparece así la idea de tiempo, un tiempo que es el de los seres humanos, que tienen conciencia del mismo.

Pero también con “Érase una vez un presidente chileno” aparece la idea de un “allí”, un “allí” y no “aquídonde estoy yo ahora, sin embargo mientras haya alguien capaz de contar su historia está “aquí” de alguna forma.

Así concluimos también en este aspecto, que sólo los seres humanos podemos diferenciar entre un “allí” y un “aquí”, y a su vez relacionarlos y comprenderlos como continuidad uno de otro. Estos “allí” y “aquí”, como señala la filósofa Agnes Heller, son el espacio de los seres humanos.

Por lo tanto podemos ir deduciendo que los hombres y las mujeres somos, por lo aludido antes, tiempo, espacio y conciencia, somos entonces historicidad. Y lo somos puesto que no podemos concebir ninguna categoría o concepto al margen del tiempo y del espacio. En cierto sentido, al ser historicidad, no existe totalmente un no éramos o un no seremos, puesto que no somos una individualidad que se inicia con nuestro nacimiento y culmina con nuestro fallecimiento.

¿rectángulo 9Qué queremos decir con esto? ¿Yo no soy yo desde mi nacimiento hasta mi muerte? ¡No solamente! -responderá el estudiante más perspicaz-. Lo que deberíamos entender es que la historicidad de un sujeto comprende la historicidad de la humanidad, porque no somos sino como producto de los que fueron, y seremos mientras haya alguien dispuesto a narrar nuestra historia.

Así, en el hombre, la prioridad no es lo singular sino lo plural, porque el hombre es si los hombres somos. La cuestión principal de la historicidad se pregunta:

¿De dónde venimos, qué somos, adónde vamos?

Estos interrogantes no varían, son propios de la humanidad, de nuestra historicidad, y se plantean tanto a nivel individual como a nivel social y de la humanidad. Lo que varían son las respuestas que en cada época y sociedad se dan, es decir varía la conciencia histórica.

En la medida en que el hombre pudo ir sustituyendo su regulación por instintos, por una regulación -por normas-, propia de toda convivencia social, se ingresa propiamente a la humanidad. Justamente nos diferenciamos del resto de los animales porque creamos nuestras propias normas, nuestras instituciones, reflexionamos acerca de ellas y podemos cambiarlas. Nuestros comportamientos, aún los más individuales, responden a pautas comunes.

Por más que nos parezca que nos podemos diferenciar individualmente, en realidad somos un producto social. Fíjense que los seres humanos -al igual que muchos otros animales- no podemos sobrevivir solos, somos seres necesariamente sociales. En el caso de los hombres, nacemos en el seno de una familia; en el ámbito por ejemplo de una ciudad o pueblo, de una provincia, de un país; estamos bajo una determinada forma de gobierno y, pese a las diferencias ideológicas, religiosas y de otro tipo que podamos tener entre nosotros, todos compartimos aspectos en común. Y esto ha sido así, desde el momento en que nos regimos más por normas que por instintos (Heller, A. 1985).

El hombre arcaico, por ejemplo, nacía en el seno de un clan, de una tribu y estaba contenido por normas y reglas de coexistencia social. Imaginen que ya desde el hombre primitivo surgió la necesidad de justificar el orden humano, esas normas y reglas, que no son sino producto de las disputas sociales de diferentes grupos, es decir, que surgieron de los antagonismos de las relaciones humanas.

Cualquier orden social necesita anclar su explicación en referencias válidas para ser aceptado, y desde épocas antiguas se hizo remitiendo a la idea de origen, es decir a la génesis de los hombres. La forma más antigua de legitimación, que permitió la explotación del hombre por el hombre, se reflejó en el mito. El mito surgió en las comunidades humanas como forma de justificar determinadas acciones, de explicar las normas que se iban estableciendo para regir la vida comunitaria.

Cuando los hombres comenzaron a dejar registros escritos el mito dejó de ser el fundamento central de las explicaciones y se fue elaborando paulatinamente la conciencia histórica. Respecto a la conciencia de la historia que tienen los pueblos dice Agnes Heller que es, ante todo, la conciencia del cambio. No sólo se compara “era una vez con “ahora” y “aquí”, sino que, además, se confrontan ayer y antes de ayer con hoy.

Lrectángulo 8os gobernantes se suceden unos los unos a los otros, aunque no todos son iguales. Tenemos los poderosos y los débiles, los victoriosos y los vencidos, los mejores y los peores. Un gobernante de hoy puede ser más importante que uno de ayer y viceversa. No todas las instituciones son ya legitimadas a través del mito o explicaciones religiosas de los orígenes. Algunas las instituyeron determinados gobernantes de una época determinada.

El conocimiento del pasado, entonces, ha sido disputa de diferentes grupos para justificar sus acciones, para establecer un orden y legitimar el statu quo o bien promover un cambio en la sociedad. Es decir que la apropiación del conocimiento histórico otorga poder y por ende resulta peligroso. El saber de lo social es, en este sentido, político, porque es saber sobre la dominación.

No debe extrañar que entre los muertos y desaparecidos luego de cada gran guerra de clases, quede el tendal de intelectuales por el camino. Si estudiantes!.. El conocimiento avanza y retrocede en las instituciones que se encargan de divulgarlo, también, con la lucha de clases (Sartelli, E. 2008: 42).

Dado que el acceso y uso del conocimiento -y el conocimiento de la historia en particular- resulta peligroso, ya que está vinculado al poder (para consolidarlo o bien para enfrentarlo), lo frecuente es que uno ande por el mundo tratando de esquivar aquello que todos saben que es mejor no recordar.

En general, son los Estados a partir de sus múltiples herramientas, los que se encargan de extirpar la memoria a los pueblos. Un ejemplo de ello es la proscripción del peronismo tras el golpe de estado de 1955, o la prohibición de la enseñanza de la Revolución Rusa en los colegios secundarios durante la dictadura militar de 1976, también en Argentina.

Llega el momento en que esa ceguera voluntaria se trasforma en ceguera real, aunque siempre queda algo de aquella vieja sospecha. Este proceso ustedes lo verán en Epistemología como naturalización de las formas hegemónicas del conocimiento que impone la clase dominante. Por ende, la mirada sobre la realidad se vuelve vulgar, de hecho a los gobernantes les interesa que se vuelva así. Esta mirada no deja lugar al cambio, y brota del desconocimiento de las verdaderas causas de las problemáticas sociales (pobreza, desigualdad, exclusión y desocupación entre algunas) otorgándole el poder de producirlos a objetos equivocados: como los mitos y las explicaciones religiosas.

Lrectángulo 7a convicción de que el orden humano es producto de las relaciones que unen a los seres humanos resulta demasiado peligrosa para los grupos cuyo interés es perpetuarse en el poder.

Lrectángulo 6a estructura socio-económica como soporte del análisis histórico

Los grupos que se hayan en conflicto y disputan diferentes espacios de poder, pueden ser estudiados a partir de las relaciones sociales de producción que establecen entre si. De allí que resulte importante el estudio de la estructura socio-económica que los delimita. La clase dominante de un determinado lugar y tiempo, por ejemplo, dominará gracias al acaparamiento de ciertas funciones que le permiten ejercer el poder.

Según la corriente sociológica e histórica marxista (que verán con mayor profundidad en Sociología), ese poder se asienta en la posesión de ciertos medios con los cuales se puede producir y reproducir la vida, los medios de producción. Los poseedores de los medios de producción (la tierra, las fábricas de diferentes ramas como los frigoríficos por ejemplo) serán miembros de la clase dominante. Los que no lo posean serán relegados al campo de los dominados -o sectores subalternos-.

Para poder reproducir su vida, el dominado deberá entrar en relación con el poseedor de esos medios, quien aprovechará para subordinarlo y explotarlo, es decir, hacerlo producir para él. En este sentido, el elemento clave, el que decide la suerte de cada individuo en una sociedad de clases, es la propiedad de los medios de producción: “...La historia de la sociedad humana es, entonces, la historia de la propiedad o no propiedad de los medios de producción...” (Sartelli, E. 2008: 56).



Mrectángulo 5emoria histórica y colectiva

Una primera aproximación a las cuestiones de la memoria plantea dos problemas centrales:

a) ¿Es necesario olvidar forzosamente algunos hechos para recordar otros? Lejos de poder recordar todo, los hombres no solo se ven limitados en su existencia física temporal, sino que lo están también respecto a su memoria.

b) ¿Recordar hace al hombre mejor, más noble, más humano? Recordamos el lugar de donde venimos y hacia donde vamos, y por eso nos esforzamos por mostrarnos más comprensivos con nuestros compañeros de ruta. No obstante, los usos de la memoria no siempre responden a intereses altruistas. Por ejemplo los permanentes conflictos limítrofes que existen prácticamente en todos los países latinoamericanos son re-activados cada cierto tiempo por las clases dominantes para distraer la atención de los principales problemas contemporáneos latinoamericanos como la desocupación, la pobreza, la exclusión, la analfabetización y la hiper-explotación de los trabajadores, es decir, del aumento progresivo de las desigualdades económicas, culturales y sociales entre una porción cada vez menor de ricos y cada vez mayor de pobres.

Dice Elie Wiesel que el hombre se define por su memoria individual, la que está ligada a la memoria colectiva. La memoria se halla indisolublemente unida a la identidad, de manera que las dos se sustentan mutuamente. Negarla equivale a tomar el partido de la muerte y del enemigo “…olvidar a los muertos es matarlos de nuevo; es negar la vida que ellos vivieron, la esperanza que los sostenía, la fe que los animaba…” (Barret-Ducrocq, F. 2002:12).

La vida de mi memoria es mi vida. Cuando uno muere, la otra se extingue. Recordar es lo que le permite al hombre afirmar que el tiempo deja huellas y cicatrices sobre la superficie de la historia, y que todos los acontecimientos se encuentran concatenados unos a otros, al igual que los seres vivientes. Sin la memoria nada es posible, nada de lo que hagamos merece la pena. Olvidar es violar la memoria, es privar al hombre de su derecho a recordar. Orwell tenía razón cuando decía que los que olvidan toman el partido de los dictadores, que se arrogan el derecho a controlar el presente mediante la dominación del pasado.

Para Jean Pierre Vernant hay tres tipos de memorias: la individual, la social y la histórica. Las tres colaboran y se oponen entre sí en el proceso de construcción histórica. La memoria histórica no puede ignorar, junto a los documentos escritos, la experiencia irremplazable del testimonio de aquellos que vivieron los hechos. Tales testigos, cumpliendo su deber de memoria, no podrían por su parte, desatender el imperativo de veracidad que constituye la esencia misma del trabajo del historiador; sólo bajo esta doble condición podrá la memoria social realizar su trabajo de unión con el pasado, evitando la mitología o las explicaciones falsas, pero sin caer tampoco en el olvido.

De este modo es posible que junto a la memoria oficial, aquella que la clase dominante quiere recordar, coexistan diversas memorias históricas colectivas y, por tanto, culturas políticas.

Cuando el testimonio se presta al análisis crítico a través de la posibilidad de confrontarlo con otros testimonios pasamos de la memoria individual a la memoria colectiva.

Drectángulo 4ecir que nos acordamos algo, es declarar que hemos visto, escuchado, sabido o aprehendido algo, y esta memoria declarativa se expresa en el lenguaje de todos, insertándose así, en la memoria colectiva. A la inversa la memoria colectiva descansa sobre una ligazón de memorias individuales, lo que se explica por la pertenencia de cada uno a una multitud de colectividades, que son otros tantos ámbitos de identificación colectiva e individual.



¿Y cual es la función de la historia respecto a la memoria?

La amplía en el espacio y en el tiempo; pero la amplía también en cuanto a los temas, a su objeto: así distinguimos una historia política, una historia social, económica, cultural, etc. Pero el resultado de ella no es otra cosa que la memoria; se trata de una memoria de otra especie, la memoria histórica, en la que se unen memoria e historia. Nada puede evitar en cada generación el acto que le hace a la vez recibir un pasado heredado y alterarlo en función de las exigencias del presente. Es el trabajo histórico sobre el pasado el que, instaurando una distinción fundamental entre historia y memoria, hace posible la apropiación crítica de las tradiciones.



Mrectángulo 2rectángulo 3emoria y Poder

Ideas como memoria colectiva y memorias en lucha sugieren que en las sociedades existen recuerdos que son a la vez actos compartidos y objetos de disputas, controversias y alianzas.

En Argentina, y con relación al pasado reciente, los conflictos en torno a qué se recuerda son un tema candente, un tema cuya actualidad es renovada día a día en la búsqueda de interpretar el pasado con nuevas significaciones; de tal modo que la memoria parece siempre disconforme, siempre impedida de producir una totalización que fije los sentidos de manera definitiva.

Como plantea Abdon Mateos, la memoria colectiva posee un carácter selectivo. Los grupos eligen qué recordar y que no recordar. Además de mostrar falsas continuidades, la selección de hechos y personajes del pasado permite asegurar la identidad del grupo, descartando lo que no resulta coherente con el presente de una formación.

El pasado puede ser visto entonces como una herramienta útil para perpetuar las miserias del capitalismo o enfrentarse al cambio. Las interpretaciones que se hagan del mismo, así como sus usos, pueden legitimar acciones del presente y ahí reside su poder. “…El silencio, cómplice del olvido, y el mero recuerdo repetitivo, se oponen por igual a la posibilidad de una memoria como apertura a una interpretación del pasado…” diría Abdon Mateos.

Frectángulo 1unción social y científica de la Historia

El punto desde el cual parten los historiadores es la distinción fundamental y, para ellos, absolutamente central, entre los hechos comprobados y la ficción, entre afirmaciones históricas basadas en hechos y sometidas a las reglas y métodos de la profesión, y las que no reúnen estas condiciones.

Cuando hablamos de hacer inteligible la historia -comprenderla-, pensamos en comprender la racionalidad del proceso histórico, la causalidad. Los historiadores investigan y ofrecen respuestas a qué, cómo y por qué pasó. Este es un conocimiento revelado en un diálogo entre teoría y datos empíricos determinados.

No obstante, podemos también querer referirnos a la significación de este pasado y su sentido para nosotros hoy en el presente. Es decir, una vez que comprendimos, que pensamos históricamente el qué, cómo y por qué ocurrió por ejemplo la revolución de la independencia ¿cómo valoramos este proceso histórico en el presente?

El juicio de valor no cambiará nada de lo que ya pasó. Y no obstante, en otro sentido, puede cambiarlo todo. Porque estamos diciendo que estos valores, y no esos otros, son los que hacen que esta historia tenga sentido para nosotros, y que estos son los valores que tratamos de extender y apoyar en nuestro presente.

Dice el historiador Nicolás Iñigo Carreras, que lo que debemos hacer como intelectuales, como científicos, es plantear científicamente los problemas reales de la sociedad latinoamericana, para construir un conocimiento que contribuya a resolver las cuestiones fundamentales.

En este punto, un correcto análisis de las diferentes realidades de las naciones latinoamericanas en el presente, puede ser un gran disparador de interrogantes que se orienten a buscar los orígenes y causas de las problemáticas sociales como la pobreza, la desigualdad, la desocupación y la pauperización paulatina de nuestra gente.

Avanzar en el conocimiento, en la comprensión y explicación, es decir hacer un diagnóstico, de las situaciones sociales es una de las funciones fundamentales de los historiadores. El compromiso máximo del intelectual es alcanzar la verdad, ese es, por otra parte, el compromiso de todo científico.



Aquellos que al servicio del poder encubren la verdad, no podríamos calificarlos como tales, sino meros oportunistas.

  • Bibliografía básica

  • Barret-Ducrocq, F. (Dir.). (2002) ¿Por qué recordar?. Academia Universal de las Culturas. Barcelona. Granica. pp. 11-28.

  • Iñigo Carrera, N. (2003). “La descomposición del capitalismo y de las ciencias sociales en Argentina”. En: Fernández Soto, S. (Coord.). El Trabajo Social y la Cuestión Social. Crisis, movimientos sociales y ciudadanía. Buenos Aires. Espacio. pp. 17 – 27.

  • Mateos, A. (1998). “Historia, Memoria, Tiempo Presente”. En: Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea. Nº 1. pp 217-222.

  • Oberti A. y Pittaluga, R. (2006). “Temas para una agenda de debate en torno al pasado reciente”. En: http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/obertipittaluga.pdf. pp. 1-10. [Publicado originalmente en Políticas de la memoria. Anuario de información e investigación del CeDInCI. Nº 5. Buenos Aires. Verano 2004/2005. Una exposición más amplia de estos temas puede consultarse en la “Introducción” del libro Oberti, A. y Pittaluga, R. 2006. Memorias en montaje. Escrituras de la militancia y pensamientos sobre la historia. Buenos Aires. El cielo por asalto.]

  • Sartelli, E. (2008) “Pertrechos necesarios para viajar a Transilvania (¿Cómo funciona la realidad?)”. En La cajita infeliz: un viaje marxista a través del capitalismo. 3ª ed. Buenos Aires. RyR. pp. 37 – 77.

  • Bibliografía ampliatoria

  • Borges, J. L. (2001). “Funes el memorioso”. En: Ficciones. Buenos Aires. Alianza.

  • Carbonell, C.O. (1981). “Introducción”. En: La historiografía. México. FCE.

  • Fontana, Joseph. (1982). Historia. Análisis del pasado y proyecto social. Barcelona. Crítica.

  • Galeano, E. (2003). ”Introducción. Ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”. En: Las venas abiertas de América Latina. Buenos Aires. Catálogos S.R.L. pp 15 - 23.

  • Halperín Donghi, T. (1996). “Mitre y la formulación de una Historia Nacional para La Argentina”. ANUARIO IEHS Nº 11. Tandil. Páginas 57- 69.

  • Heller, A. (1985). Teoría de la historia. Barcelona. Fontamara. Capítulo I. pp. 13 – 71.

  • Iggers, G. (1995). La Ciencia histórica en el siglo XX. Las tendencias actuales. Barcelona. EMEGE.

  • Moradielos, E. (1994). El oficio del historiador. Siglo XXI. Madrid.

1 Del siglo XVII al XVIII habían existido dos formas distintas de historiografías, una de orientación erudita, exacta y minuciosa, que acumulaba y estudiaba textos antiguos como mapas, documentos reales y bulas pontificias entre otros, sometiendo estos documentos a un control de autenticidad. La otra forma era literaria, que privilegiaba lo estético y la composición de una obra bella por sobre lo anterior. Estas dos formas se iban fusionando a medida que la historia dejaba de ser un género literario para convertirse en una disciplina especializada (Iggers, G. 1995: 24). Ambas orientaban sus intereses al estudio de los orígenes del poder y las instituciones, es decir, a la construcción de una historia política, militar y de la religión.

2 El Positivismo es una corriente o escuela filosófica que afirma que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico, y que tal conocimiento solamente puede surgir de la afirmación positiva de las teorías a través del método científico. El positivismo deriva de la epistemología que surge en Francia a inicios del siglo XIX de la mano del pensador francés Augusto Comte y del británico John Stuart Mill y se extiende y desarrolla por el resto de Europa en la segunda mitad de dicho siglo. Según esta escuela, todas las actividades filosóficas y científicas deben efectuarse únicamente en el marco del análisis de los hechos reales verificados por la experiencia. Si bien esta es una explicación muy general, pueden consultar las referencias respecto a esta corriente en la materia Sociología.

3 Conceptos y procesos tales como: industrialización, liberalismo, capitalismo-burguesía-proletariado, Estado, serán objeto de análisis más adelante.

4 En general los archivos que consultaban estos historiadores eran aquellos conservados por instituciones monárquicas y eclesiásticas que relataban guerras, acciones políticas, batallas y avatares de los reyes. Es decir que los sujetos que allí eran representados pertenecían mayoritariamente a la clase dominante. De allí la ausencia o imposibilidad de estudiar a los sectores subalternos, cuyo rastro en los documentos oficiales de los periodos que estudiaron estos historiadores era casi nulo.

5 Un ejemplo de este tipo de historiografía en el ámbito nacional esta representado por los escritos de Bartolomé Mitre. Basta con observar el título de una de sus obras principales denominada Historia de Grandes Hombres Argentinos, en donde podemos encontrar entre otras la “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina”. Podría sostenerse que la primera edición significa un intento de construir un panteón de héroes nacionales, configurando un tipo de Historia que elogia los valores de los hombres patrióticos de Buenos Aires. A su vez, refleja la preocupación de Mitre historiador –compartida por los historiadores de fines del siglo XIX- por la construcción de biografías. La obra forma parte de un clima en Buenos Aires cuya característica es la existencia de una idea positiva en la efectividad de la acción humana; en la determinación de los acontecimientos históricos; y en la capacidad que tienen los individuos para construir la historia (Halperín Donghi, T. 1996: 69).

6 Esta corriente se apoyó en los postulados de la hermenéutica cuyas críticas al positivismo giraban en torno a la incapacidad que posee el método de las ciencias físico-naturales para conocer sus objetos de estudio (la sociedad, el hombre, la cultura), los cuales poseerían propiedades como la intencionalidad, la auto-reflexividad y la creación de significado, que serían dejados de lado por la epistemología positivista. A su vez, dentro de la hermenéutica, cabría una crítica a la búsqueda de leyes generales y universales, pues deja de lado necesariamente los elementos que no pueden ser generalizados. Así, algunos seguidores de la hermenéutica defienden un conocimiento ideográfico (de conocimientos más precisos, pero menos generalizables), que uno nomotético (de leyes generales). Finalmente, desde la hermenéutica, se planteó la necesidad de conocer las causas internas de los fenómenos, cuestión que se alejaba de la explicación externa de estos. Así en vez de buscar la explicación, esta perspectiva busca la comprensión de los fenómenos.

7 Con este planteo, el socialismo podía concebirse como necesidad histórica en vez de como aspiración utópica, ya que las mismas contradicciones internas del capitalismo generaban la necesidad de revolucionar las relaciones de producción burguesas y creaban al sujeto histórico capacitado para tal misión: el proletariado. Para un detalle más acabado y ejemplificado de los conceptos fundamentales de la teoría marxista los invitamos a leer el capítulo número 1 de La cajita infeliz: un viaje marxista a través del capitalismo, del Dr. Eduardo Sartelli, incluido en la bibliografía básica.

8 Las fuentes que utiliza para ello son muy amplias: libros de cuentas, piezas administrativas, escritos políticos, teológicos, tratados médicos, textos litúrgicos, barajas y demás.



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