Ejercicios de lamasería samael aun weor apartes del libro «transformación radical» dictado por el maestro samael aun weor al misionero efraín villegas quintero



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EJERCICIOS DE LAMASERÍA

SAMAEL AUN WEOR

APARTES DEL LIBRO «TRANSFORMACIÓN RADICAL» DICTADO POR EL MAESTRO SAMAEL AUN WEOR AL MISIONERO EFRAÍN VILLEGAS QUINTERO.

SEGUNDA EDICIÓN – COLOMBIA - 1973




PROLOGO
En este parque de la Ciudad de México, D.F., estoy dictando el prólogo para el siguiente libro de nuestro misionero gnóstico internacional, Efraín Villegas Quintero.
Ante mi vista tengo en estos momentos hermosos árboles, bellos prados, algunos niños que juegan bajo los ar­dientes rayos del sol. Hay algunas bancas en donde la gente se sienta a contemplar las bellezas de la naturaleza.
En instantes en que dicto este prólogo me vienen a la memoria muchas escenas, muchos dramas, pasa­jes extraordinarios de los antiguos tiempos.
Colegios iniciáticos, ermitas solitarias donde los anacoretas meditaban en silencio, arroyuelos cantarines que se precipitaban entre los lechos de roca, sibilas maravi­llosas de la Europa druida, ermitaños del Viejo Egipto de los faraones en los primeros tiempos, etc., etc., etc.
No hay duda, mis caros hermanos, que en los mis­terios de Eleusis, así como en los de Troya, Roma, Cartago, Egipto, etc., lo psíquico y lo físico marchaban en forma paralela, armónica, perfecta.
Recordad por un instante, por ejemplo, los miste­rios pitagóricos: entonces no era admitido aquel que no supiera matemáticas. Recordad a los derviches dan­zantes, a las runas magníficas, a las bellas danzas de la Antigua India, los movimientos rítmicos perfectos de los iniciados egipcios y veréis, mis caros hermanos, ese paralelismo extraordinario que siempre ha existido entre lo espiritual, lo anímico y lo físico.
Tenemos indudablemente un cuerpo de carne y hue­so. Tal cuerpo posee una euritmia maravillosa y en el cerebro se encuentran muchos poderes latentes que deben ser despertados. Es indispensable aprender a manejar nuestro cuerpo, saber sacar de él, extraerle sus más dulces melodías. Es importante hacerlo vibrar como una sinfonía entre el arpa milagrosa del infinito universo.
Absurdo es, mis caros hermanos, permitir que Jero­pas (el tiempo) dañe este precioso vehículo, que se nos ha dado para nuestra propia realización íntima. En verdad, hermanos, os digo que nosotros los gnósti­cos tenemos métodos precisos para rejuvenecer el or­ganismo y para curar todas las enfermedades.
Es in­cuestionable que nosotros podemos aprender a auto-curarnos. Cada uno de nosotros puede convertirse en su propio médico, aprendiendo a curarse a sí mismo y sin necesidad de medicina, he ahí el más caro ideal.
Se hace urgente conservar este cuerpo en perfecta salud durante muchos años, a fin de disponer de este precioso vehículo para nuestra propia autorrealización íntima.
Por medio de nuestro hermano Efraín Villegas Quintero, hago llegar a todo el movimiento Gnóstico Cristiano Universal, las enseñanzas contenidas en esta obra.
Aquí van los ejercicios necesarios para conservar la salud y alargar la vida. Aquí tenéis oh hermanos los métodos preciosos mediante los cuales vosotros, si estáis viejos, podréis reconquistar la juventud y si estáis jóvenes podréis prolongar tal juventud en forma indefinida.
Entended pues, leed con atención y practicad. De nada os sirve teorizar, hay que ir al grano, a los he­chos. Esta es una obra eminentemente práctica y di­dáctica a la vez. La enseñanza se entrega en forma dialéctica, mas repito: No os contentéis únicamente con la información libresca, convertid la doctrina en hechos.
He recomendado a nuestro hermano misionero, autor de la presente obra, escribir este libro en forma novelada, como quiera que él estuvo aquí en la Capital de México, puede perfectamente desarrollar tal obra en forma amena y deliciosa a fin de que sea saboreada por todos y cada uno de nuestros hermanos.
Le he pedido a nuestro hermano Efraín Villegas que no vaya a hacer de este libro algo meramente esquemático, frío, dogmático y él así me lo ha prometido.
Le he sugerido la necesidad de que el presente libro que usted querido lector tiene entre sus manos, sea en forma deliciosa, novelada, romántica, preciosa.
Adelante pues querido lector, adelante; practique intensamente, no desmaye en la lucha, sea firme en la senda.
Van también en esta obra enseñanzas para el despertar de la conciencia. Ha llegado la hora, el momento de despertar.
¿Por qué hemos de continuar dormidos? Los procedimientos que en esta obra esta­mos entregando a la humanidad son eficientes y ab­solutamente prácticos en un ciento por ciento.
Mucho se ha hablado sobre meditación y aquí nuestro hermano Efraín Villegas Quintero ha concurrido a la tercera cámara del Tempo y ha aprendido la meditación en forma práctica.
Todos y cada uno de los hermanos, practicando la meditación en la forma como la hemos enseñado en la presente obra, po­drán llegar algún día al Shamadi.
La pasada obra de nuestro querido hermano misionero Efraín, titulada «El gran cambio», cumplió ciertamente una labor magnifica, fue algo así como un puente entre la vida profana y el esoterismo gnóstico.
Incuestionablemente tal obra abrió una brecha maravillosa entre las multitudes, considero que es necesario hasta sacar otra edición más para bien de la gran obra del Padre.
Hoy con este nuevo libro titulado «Transformación Radical», no hay duda de que nuestro hermano Efraín Villegas Quintero, se ha convertido en un autentico escritor esoterista maravilloso, cuyas enseñanzas sabiamente difundidas han de llegar a todos y cada uno de nuestros lectores.
Este su mas reciente libro «Transformación Radical» específicamente provoca realmente aquel gran Cambio que él vislumbrara en su obra anterior.
Hoy, ya con los ejercicios prácticos y de didáctica precisa, cualquier aspirante sincero puede provocar el gran cambio, la TRANSFORMACIÓN RADICAL auténtica.
Ante todo, lo que se requiere de verdad es conti­nuidad de propósitos; no basta practicar hoy y maña­na olvidarnos, se hace necesario practicar y practicar intensamente durante toda la vida, hasta llegar a la meta, al triunfo verdadero.
PAZ INVERENCIAL
Samael Aun Weor

HABLA EL MAESTRO SAMAEL AUN WEOR
Yo llevaba algunos saludos grabados en un casete de varios hermanos gnósticos que quisieron manifestarle personalmente a través de la cinta magnetofónica sus propios conceptos al respecto de la enseñanza gnóstica.

El Maestro escuchó atento, las palabras de todos y cada uno de sus discípulos que lo saludaban con profundo respeto y sinceridad.


Cuando hubo escuchado al último de sus discípulos en su saludo grabado, entonces el Maestro respondió con la siguiente profecía que a continuación transcribimos para hacerla conocer de los hermanos gnósticos.
“Paz Inverencial, queridos hermanos Gnósticos, mucho me place haber escuchado la grabación que nuestro Hermano Efraín Villegas Quintero, misiones gnóstico internacional me ha traído.
Incuestionablemente a cada uno de los que por medio de esta cinta me han saludado, le daré su respuesta en forma concreta, aunque no precisamente en este instante, sino cuando ya se acerque le momento en que nuestro Hermano ya se prepare para regresar a su país de origen.
Ahora solo me limito exclusivamente a haceros una exhortación de tipo esotérico.
Quiero deciros en nombre de la verdad cósmica, en nombre de eso que es lo real, que hay necesidad de morir de instante en instante, de momento en mo­mento; sólo con la muerte adviene lo nuevo.
Alguien por ahí, cuyo nombre no menciono, algún autor por cierto muy famoso, decía que tal vez en el año 2,007 vendría una Edad de Oro para el mundo.
Obviamente esto me parece un poco absurdo, ¿de dónde vamos noso­tros a sacar esta Edad de Oro?, ¿Con todos estos egos que están retornando incesantemente?, ¿Con los yoes?, ¿Con el yo? Me parece que eso es imposible, absurdo.
Realmente no es posible una edad de luz y de glo­ria en tanto no hayamos muerto en sí mismos. ¿Có­mo podría haber paz sobre la faz de la tierra si cada uno de nosotros lleva adentro los elementos que pro­ducen guerras?
¿Cómo podría haber amor si dentro de cada uno de nos existe el odio? ¿De dónde saca­ríamos el altruismo, cuando en el fondo de nuestra conciencia llevamos, desgraciadamente, el egoísmo? ¿Cómo podría resplandecer la castidad si en lo hondo de cada cual hay lujuria?
Incuestionablemente, mis caros hermanos, seria im­posible crear una edad de luz en estas circunstancias, el ego no puede jamás crear una edad de luz. Así pues, toda profecía en este sentido me parece total­mente falsa.
Obviamente, debemos morir de momento en mo­mento, sólo así adviene la luz; empero la multitudes ¿qué? Si el conglomerado social está bien vivo, si los yoes retornan incesantemente, si vienen constante­mente a este valle del Samsara, entonces, ¿de dónde sacaríamos esa edad de oro?, ¿Quién la edificaría?, ¿El ego?, ¿Satán?, ¿El mí mismo?, ¿El sí mismo?, ¿El yo pluralizado?, ¿Los yoes de las multitudes? Reflexionad profundamente, hermanos”.

LA PROFECÍA SOBRE LA COLISIÓN DE MUNDOS
Con voz fuerte y expresión enérgica, el Maestro continuaba hablando; ahora con la terrible profecía que pesa sobre el planeta tierra, parecía mirar en el cosmos a muchos millones de años luz de distancia en el tiempo, su voz grave y sonora como el trueno se proyectaba en el espacio describiendo lo que observaba con su ojo de diamante para el futuro.
Yo solamente escuchaba al Maestro con profundo respeto, cuando él en su gran sabiduría continuaba diciendo:
“Obviamente, estamos en vísperas de un gran cata­clismo cósmico, eso es ostensible. Ya los científicos saben que hacia la órbita de nuestro planeta Tierra viene un mundo, se le llama el Planeta Rojo.
Se acer­ca y los hombres de ciencia quieren alejarlo con ex­plosiones nucleares, empero todo será inútil, llegará un instante en que tendrán que cumplirse todas las profecías.
Ya Mahoma habló claramente, habló del terremoto que nos está reservado desde el principio de los si­glos. Dice textualmente que “entonces las montañas serán machacadas”, que “volarán por los aires cayendo hechas polvo”.
Esto nos invita a reflexionar, sería imposible esto, si no hubiese un terremo­to, pero ese terremoto ¿por qué sucedería?
Indubita­blemente, tal evento acontecería por una colisión de mundos y precisamente eso es lo que va ha suceder, mis queridos hermanos.
El Apocalipsis también nos habla de un gran terremoto, tan grande, dice, como jamás lo hubo sobre la faz de la tierra. Quiero que reflexionéis muy a fondo sobre el momento en que estamos actualmente.
Realmente vivimos una época difícil, estamos en los tiempos del fin, como dice el Apocalipsis de San Juan, en el principio del fin de la era de los gentiles. La tierra antigua, la Atlántida, pereció por el agua; nuestra tierra presente será quemada con fuego.
So­bre esto también habló claramente Pedro, en su Epís­tola 2ª a los Romanos, y dice que la tierra y todo lo que en ella está será quemado con fuego. Y eso es verdad, mis caros hermanos, los elementos ardien­do serán deshechos.
Reflexionad en esto, profundizad. Ciertamente esto que estoy hablando tiene un viso de tragedia, es ver­dad, pero es que no quiero desaprovechar ni siquiera un instante para llamaros la atención. Es necesario que viváis en estado de alerta, sí, sobre todo en es­tos tiempos tan difíciles.
En el mundo de las causas naturales pude vivenciar ese futuro que le aguarda a nuestro planeta Tierra. Lo que vi realmente fue espantoso, las doce constela­ciones del zodiaco aparecían en forma simbólica, pic­tórica, alegórica, como doce gigantes terribles, ame­nazantes, grandiosos y de ellos salían rayos y truenos.
Parecía como si ya en esos instantes fuera el fin, la catástrofe final. También me di cuenta, mis caros hermanos, de que gente de otros mundos no ignora lo que va a suceder y se preparan.
Podéis estar segu­ros que en el día y en la hora naves de otros mun­dos, de otros planetas tomarán, dijéramos, fotografías -usando esta vez nuestros términos terrestres de fo­tografiar o imprimir imágenes en alguna placa o en algo parecido-, con el propósito de guardar ese re­cuerdo entre sus archivos.
Se trata de un mundo que fue castigado por sus maldades, un mundo terriblemente perverso, el planeta Tierra.
En otra ocasión platicaba yo con mi Divina Madre Kundalini y me decía: Ya todo está perdido, el mal del mundo es tan grande que ya llegó hasta el cielo.
Babilonia la Grande, la madre de todas las fornicaciones y abo­minaciones de la tierra, será destruida y de toda esa perversa generación de víboras no quedará piedra sobre piedra.
Asombrado dije:

-¡Oh! Madre mía, ¿nos encontramos ante un calle­jón sin salida?

Respondió la Adorable:

-¿Quieres hacer un negocio conmigo?

-Claro que sí.

-Entonces tú abres el callejón sin salida -continuó diciendo— y yo los mato.


Abrir tal callejón, mis queridos hermanos, eso es lo que estamos haciendo, estamos en estos instantes formando el Ejército de Salvación Mundial, sí; dicho­sos los que sepan aprovechar este callejón, porque quiero que sepáis en forma concreta, clara y definiti­va, que todo esto que actualmente veis en el mundo será destruido.
Cuando aquel planeta, que está viajando rumbo a nuestro mundo, hacia el planeta Tierra, se vaya acer­cando, obviamente quemará con sus radiaciones todo aquello que tenga vida.
Con su aproximación, el fuego líquido del interior de la tierra será atraído magnéti­camente, y entonces brotarán por doquiera, acá y acullá, volcanes en erupción y habrá terremotos es­pantosos nunca antes vistos ni sentidos; lava y cenizas por doquiera.
Dicen las Sagradas Escrituras que por aquellos días el sol se oscurecerá y no dará su luz. Obvio, mis queridos hermanos, aquel astro viajero, aquel que vie­ne a chocar con nuestro mundo terrestre, se interpondrá entre el resplandeciente sol que nos ilumina y este nuestro afligido mundo.
Entonces habrán tinieblas muy espesas, movimientos telúricos terribles y ayes lastimeros, subirá espanto­samente la temperatura, la gente huirá por doquiera, aquí, allá y por más allá y no habrá remedio, no tendrá ya escapatoria la humanidad en ninguna parte.
Por último, el depósito de hidrógeno de nuestro planeta Tierra se incendiará y todo arderá en un gran holocausto en medio del espacio infinito.
Así pues, hermanos, cuando aquel mundo que viene a chocar con el nuestro se aproxime, la muerte con su guadaña cegará millones y millones de vidas. Cuando suceda el choque meramente físico, ya no habrá nadie vivo. ¿Quién podría resistir?
Así termina, mis caros her­manos, una civilización perversa, así sucumbirá esta civilización de malvados.
Lo que estoy diciendo ahora podrá pareceros algo exótico y extraño, lo mismo les parecía a los atlan­tes en aquellos días antes del Diluvio Universal, antes de que las aguas se tragaran aquella humanidad.
Mu­chos se reían, raros fueron aquellos que escucharon al Manú Vhaisba Vhata, quien fuera el auténtico Noé Bí­blico y quien sacara a su pueblo selecto, a su Ejérci­to de Salvación Mundial de la zona de peligro y lo llevara hasta la Meseta Central del Asia, pasando por dondequiera que halló tierra seca.
Entonces los perversos, los magos negros, los seño­res de la faz tenebrosa, desesperados murieron. Hoy, hermanos, estamos hablando como hablábamos en la Atlántida, hoy estoy profetizando como profeticé tam­bién en el continente sumergido.
Hoy estoy advirtiendo como advertí en aquella épo­ca. Sólo hay una diferencia: en aquel tiempo la tierra de la Atlántida, con todo cuanto en ella había, pere­ció por el agua y ahora nuestra tierra actual sucum­birá por el fuego. Así pues, mis caros hermanos, des­pués del gran cataclismo sólo habrá fuego y vapor de agua, un gran caos.
Esta tierra quedará deshabitada. Los selectos serán sacados de la zona de peligro y llevados a otros mun­dos.
Cuando la tierra esté en condiciones de tener esa semilla humana que habrá sido sacada de este planeta y que en otro mundo del espacio infinito se habrá cruzado radicalmente, será traí­da de nuevo a poblar la faz de una tierra transformada, la tierra del mañana, esa Nueva Jerusalem de la cual habla el Apocalipsis de San Juan.
Recuerden ustedes que habrán cielos nuevos y tie­rra nueva, en eso están de acuerdo todos los profetas y es, precisamente, sobre esa tierra nueva donde van a resucitar las gloriosas civilizaciones esotéricas del pasado. La Sexta Gran Raza Raíz del futuro será una mezcla de nuestra semilla humana terrestre con lo mejor de la semilla de otros mundos.

Quiero que comprendáis, pues, que la resurrección de las pasadas civilizaciones será un hecho concreto.


En la primera sub-raza de la Sexta Gran Raza Raíz resucitará aquella cultura, aquella civilización esotéri­ca que floreciera a raíz del sumergimiento de la Atlántida en la Meseta Central del Asia, en la primera edad de esta nuestra Quinta Raza.
La segunda sub-raza de la futura Sexta Raza Raíz será también grandiosa, porque entonces veremos la resurrección de esas poderosas culturas que florecie­ron en el sur del Asía, la cultura Pre-Védica, la de la sabiduría de los Riths, la de las grandes procesio­nes con elefantes sagrados, de los antiguos tiempos indostánicos, etc., etc., etc.
La tercera sub-raza de la futura Sexta Raza Raíz, allá en esa tierra transformada del mañana, resucita­rá, resurgirá la poderosa civilización de Egipto. En­tonces habrá un nuevo Nilo y nuevas pirámides y es­finges y millones de almas egipcias regresarán, reen­carnarán para hacer resplandecer la sabiduría Neptu­niano-Amentina sobre la faz de la tierra, con todo su esplendor y brillantez.
En la cuarta sub-raza de la futura Sexta Raza Raíz, en la tierra nueva del futuro, volverá a resurgir en­tonces con todo su poder la cultura Grecorromana, con los misterios de Eleusis, con los misterios sagra­dos de la Antigua Roma, etc., etc., etc.
Y habrá una quinta sub-raza, en la cual se repetirán los estados de la civilización Anglosajona, Teutona, etc., pero en una forma mucho más elevada, más espiritual.
Sin embargo, no podrá evitarse que en aquella épo­ca existan algunos fracasos y los habrá, eso es claro.
Con la sexta sub-raza resplandecerá una cultura muy análoga a esta raza que puebla nuestro continente Iberoamericano, pero repito: en una octava de orden superior.
Y por último, en la séptima sub-raza de la futura Sexta Raza Raíz, en una tierra transformada del futuro, con cielos nuevos y mares nuevos, florecerá muy semejante, dijéramos, a la que hay actualmente en los Estados Unidos, pero inmensamente más espiri­tual; sin embargo, no podrán evitarse nuevos y nuevos fracasos.
Por último vendrá, mis caros hermanos, otra gran catástrofe, que será en aquella época causada por el agua, y al final de los tiempos resurgirá un último continente, un póstumo continente donde florecerá la Séptima Raza Raíz.
Hoy sólo me limito a recordar que nos preparamos para un gran cataclismo, para que quienes quieran engrosar las filas del Ejército de Salvación Mundial vengan con nosotros. Aquellos que nos sigan serán sa­cados de la zona de peligro en el momento preciso, adecuado, indicado por la Gran Ley.
Aquellos que no nos sigan, esos que no acepten las enseñanzas, esos que rechacen el gnosticismo, el eso­terismo, la sabiduría antigua, incuestionablemente pe­recerán. Habrá, pues, una acontecimiento extraordina­rio, algo muy similar a lo que ya os dije sucedió en los antiguos tiempos, cuando fue destruido el conti­nente atlante.
La poderosa civilización del futuro, la Edad de Oro, la Edad de la Luz y del Esplendor, sólo surgirá des­pués de la gran calamidad que se avecina. Ahora no es posible, sencillamente porque el ego no puede crear culturas divinales. El ego no es capaz de permitir la resurrección de las antiguas civilizaciones de tipo esotérico-espiritual.
Así pues, quienes profeticen diciendo que en el año 2,000 ó 2,007 se iniciará la edad del esplendor y de la luz, están completamente equivocados. Créanme ustedes, en nombre de la verdad, que tal edad sólo podrá ser edificada por el Ser, por lo divinal, por lo más decente que tenemos en lo más profundo de nues­tra conciencia, jamás por el mí mismo, por el sí mis­mo, por el yo.
Mucho me alegra la venida aquí de nuestro hermano Efraín Villegas Quintero y nos complace escuchar el saludo que él nos trajo en grabación de algunos hermanos y lo aprovecho sinceramente para hacer llegar a todos ellos este mensaje”.

EL MAESTRO ACONSEJA DISOLVER EL EGO
En el verbo del Maestro solo se escuchaban frases de profeta, elocuentes oraciones de Avatar, predicciones catastróficas terribles para nuestro mundo, anuncio doloroso de acontecimientos kármicos para el planeta tierra y todo lo que en ella hay, en sus distintos estados, vegetal, animal y humano.
Yo escuchaba atento al Maestro que con solemne posición se profundizaba en los remotos sucesos que su ojo de diamante, su ojo de Brahma, captaba a través del tiempo, allá en lo ignoto del futuro, describía con gran firmeza profética todo lo que le espera a la humanidad.
“Quiero decirles a nuestros hermanos gnósticos que ­se preparen, quiero aconsejarles que disuelvan el ego. Deben morir en sí mismos, eliminar el mí mismo.
Sólo el Ser puede originar poderosas civilizaciones de luz. Sólo aquellos que hayan muerto en sí mismo podrán salir victoriosos en la hora postrera. Sólo esos no entrarán al abismo, sólo esos podrán vivir en la Edad de Oro sin necesidad de pasar por la muerte segunda.
En mi obra titulada «El Misterio del Áureo Florecer», les enseñé a ustedes el uso de la lanza. Es necesario saber manejar la lanza de Longibus, el arma de Eros para destruir a todos esos agregados psíquicos que constituyen el ego, el mí mismo, el sí mismo.
Indubitablemente, en la forja de los cíclopes podemos realizar maravillas, es allí donde podemos crear el Soma Puchicon, es decir, el traje de bodas del alma.
Es también allí donde podemos nosotros manejar esa arma maravillosa, esa arma de Eros con la cual es dable destruir a los agregados psíquicos que cons­tituyen el sí mismo. Cuando nosotros hayamos elimi­nado radicalmente el ego, sólo quedará en nuestro in­terior el Ser, lo divinal, eso que es perfecto.
Créanme ustedes, mis caros hermanos, que el ego nos hace feos en el sentido más completo de la pala­bra. Aquellos que llevan dentro el ego, indudablemente irradian ondas de la izquierda, siniestras, tenebrosas, abominables. Cuando se ha realizado la muerte en sí mismo, solamente queda en el interior de cada cual, en el interior profundo, la belleza y de esa belleza emana eso que se llama amor.
¿Cómo podríamos nosotros hoy sinceramente irra­diar el amor, si llevamos dentro el ego? Es necesario que el ego sea destruido, para que en nosotros quede únicamente el amor. Hermes Trismegisto dijo: TE DOY AMOR, EN EL CUAL ESTA CONTENIDO TODO EL SUMUM DE LA SABIDURÍA. Amar es lo fundamental. El amor nos hace realmen­te sabios en todos los aspectos de la existencia, pues es en verdad el Sumum de la sabiduría.
La auténtica sabiduría no es de la mente, sino del Ser; es un funcionalismo de la conciencia, síntesis gloriosa de eso que se llama amor, porque el amor es el Sumum de toda ciencia, de todo conocimiento real y verdadero.
La mente, mis caros hermanos, no conoce la verdad, está embotellada en el ego, nada sabe sobre lo real. Destruyamos al ego, libertémonos de la mente, para que quede en nosotros lo verdadero, lo que es el Ser, lo real.
En «El Misterio del Áureo Florecer» enseño a mane­jar esa arma extraordinaria que es la lanza y que ahora repetimos con el ánimo sincero de que ustedes la aprendan a manejar en forma precisa y puedan destruir cada uno de los agregados psíquicos que cons­tituyen EL YO PLURALIZADO, EL EGO, EL MÍ MISMO, EL SÍ MISMO.
Precisamente es en la forja de los cíclopes donde debemos invocar a Devi Kundalini, a nuestra Divina Madre Cósmica particular, para que con la lanza nos elimine tal o cual defecto psicológico, es decir, tal o cual agregado psíquico, tal o cual error, tal o cual yo. Obviamente, Ella con su arma podrá hacerlo y así iremos muriendo de instante en instante, de mo­mento en momento.
No basta comprender un defecto, es necesario eli­minarlo. La comprensión no es todo, se necesita la eliminación. Nosotros podemos rotular un defecto con distinto nombre, pasarlo de un departamento a otro de la mente, etc., pero jamás alterarlo fundamental­mente.
Necesitamos de un poder superior a la mente capaz de eliminar tal o cual error. Afortunadamente se halla tal poder en estado latente dentro de cada uno de nosotros, obviamente estoy hablando de Devi Kundalini, la serpiente ígnea de nuestros mágicos po­deres. Sólo implorándole a Ella podemos conseguir que nos elimine el defecto que hemos comprendido ínte­gramente.
Muriendo así, de momento en momento, como ya lo hemos indicado, llegará el instante delicioso en que dentro de cada uno de nosotros sólo morará lo divi­nal, lo perfecto, el Ser, eso que es lo real.
Aquellos que realmente quieran venir a formar par­te de la futura civilización, aquellos que no quieran ahora descender en la involución sumergida entre las entrañas de la tierra, deben disolver el ego. Estamos, pues, ante un dilema: o disolvemos el ego por nues­tra propia cuenta, por nuestra propia voluntad, o nos lo disuelven.
Si no nos resolvemos a disolverlo, si no lo desinte­gramos, entonces la naturaleza se encargará de hacerlo en los mundos infiernos, en las infradimensiones del Cosmos, dentro de las entrañas vivas de este pla­neta en que vivimos. Pero, ¿en qué condiciones?
A través de infinitas amarguras, de interminables sufri­mientos y espantosos padecimientos, imposibles de describir con palabras.
Reflexionad, os invito a reflexionar muy detenida­mente sobre este aspecto y a morir en sí mismos, comprended mis palabras que para muchos puede ser la última oportunidad.
Hasta aquí van mis palabras en esta oportunidad para ustedes mis caros hermanos. Paz Inverencial”.
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