El aborto, ya sea espontáneo o provocado, tiene consecuencias individuales y sociales y éstas son, en su mayoría, negativas



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INTRODUCCIÓN.

El aborto, ya sea espontáneo o provocado, tiene consecuencias individuales y sociales y éstas son, en su mayoría, negativas. Respecto a las primeras los efectos negativos, tanto físicos como psicológicos, son soportados sobre todo por las mujeres; sin embargo, de acuerdo con un pequeño pero creciente número de estudiosos del tema, muchos hombres también experimentan culpa o sufren por la paternidad perdida y por el impacto psicológico al ver lo que sucede con su pareja durante el proceso. El aborto siempre impacta en la relación de pareja, puede ser una fuente de frustración y pena; incluso puede llevar a la separación. En relación con las segundas, la práctica del aborto utiliza recursos del sistema de salud, no solamente donde es legal, sino también donde es ilegal, ya que el sistema público de salud se suele hacer cargo del tratamiento de los abortos incompletos y complicados. El aborto también puede ser responsable de pérdida de horas de trabajo y tiene costos económicos que pueden recaer en la mujer, en el varón o en ambos.

La atención se dirigió por primera vez hacia el rol de los varones en la salud reproductiva a raíz de la repercusión de la declaración de la Conferencia Internacional de El Cairo convocada por las Naciones Unidas. En dicha declaración se establecía la necesidad de “... aumentar la participación y la responsabilidad compartida de los hombres en la práctica concreta de la pla-nificación familiar”1 (United Nations, 1995: 33). Poco tiempo después, Boyle (1997: 127) escribió que “... hombres y mujeres experimentan embarazos no deseados aunque no ha habido prácticamente investigación en por qué los hombres –aunque indirectamente– buscan abortos”.

Los hombres son generalmente vistos como obstaculizadores o como apoyo a las necesidades, derechos y decisiones de las mujeres, pero raramente como seres que viven y ejercitan su propia conducta sexual y reproductiva (Figueroa, 1998; Figueroa y Sánchez, 2000; Guevara, 1998). Los hombres tienen un rol en relación con las mujeres, pero su propia salud, bienestar y derechos también están puestos en juego.

En este estudio se prentende solamente dar el punto de vista de los hombres respecto al aborto, y considerar a la minoría que no sabe como o con quien hablar cuando se sienten incapaces de defender su punto de vista, su paternidad, o su decisión. Tomando en cuenta que al igual que muchos hombres obligan a mujeres a abortar, también hay muchos de ellos, que respetando la decisión de la mujer de abortar, en realidad no es lo que ellos pretendían.

A pesar de que se ha solicitado a los hombres su opinión sobre el aborto, su involucramiento en el proceso de aborto, comen-zando con la decisión de abortar hasta llegar al cuidado después de realizado éste, esta situación ha sido estudiada sobre todo desde el punto de vista de las mujeres, pues a ellas se les pregunta sobre la conducta de sus parejas. Es necesario, sin embargo, escuchar a los hombres, ya que, como lo expresan Figueroa y Sánchez (2000: 65), lo que las mujeres dicen es resultado de su interpretación y de sus representaciones, construidas, en gran medida, a partir de su posición de género y de su relación con la pareja. Por ello, la experiencia masculina no puede ser completamente documentada a partir de los informes de las mujeres.

Johansson et al. (1998: 411) resumen muy bien la importancia de los estudios centrados en los varones.

En el llamado por una mayor responsabilidad y participación en la promoción de la salud y los derechos reproductivos, el rol que los hombres ya tienen y las responsabilidades que actualmente asumen o no asumen deben ser reconocidos (...) ¿Cómo interpretan los hombres sus responsabilidades reproductivas en relación a sus esposas o parejas y sus grupos familiares más amplios (...)? ¿Qué vulneraciones o barreras perciben a sus derechos en estas materias? Estas son preguntas esenciales que hay que hacer cuando se diseñan estrategias para promover una mayor participación en salud reproductiva y para traducir esas estrategias en acciones.

Esa participación, o ausencia de participación, en distintas etapas del proceso ha sido materia de investigación, así como los efectos que sobre el hombre tiene la experiencia del aborto. Pero también se han investigado los conocimientos y opiniones de los varones, hayan o no tenido la experiencia, y los motivos de éstas.

I . ANTECEDENTES GENERALES

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el aborto inseguro como un procedimiento para interrumpir un embarazo no deseado, practicado por personas sin capacitación o experiencia, o en un ambiente que carece de los estándares médicos mínimos (World Health Organization, 1992).

El aborto en México está penalizado. Sin embargo, los códigos penales de los estados contemplan circunstancias bajo las cuales la interrupción del embarazo no es punible y todos lo autorizan en casos de violación . A pesar de la existencia de este marco jurídico el acceso de las mujeres al aborto seguro está marcadamente restringido aún bajo las circunstancias previstas en la legislación; la mayoría de los códigos penales estatales carecen de los instrumentos normativos adecuados para dar cumplimiento a las leyes y los hospitales públicos con capacidad para atender casos de aborto legal son muy pocos en el país.

A pesar de que en la actualidad existe una gran variedad de métodos para el control de la fertilidad, el embarazo no deseado y el aborto son problemas a los que cotidianamente se enfrenta una gran cantidad de mujeres de todas las edades y de todos los sectores sociales. De acuerdo con una estimación realizada en los años 90, el 40% de los embarazos en México son no deseados, estimándose que el 17% terminan en abortos inducidos y el 23% restante en nacimientos no deseados (The Alan Guttmacher Institute, 1994)

De acuerdo con datos de a OMS, publicados en 1997, cada año se practicaban alrededor de 50 millones de abortos en el mundo; de éstos, 20 millones se realizaban en condiciones inseguras y provocaban la muerte de 78 mil mujeres. Casi la totalidad de las muertes asociadas al aborto inseguro (99%) ocurren en regiones y países con altos niveles de pobreza y marginación social. En los países desarrollados el riesgo de morir por complicaciones del aborto inseguro es de 1 por cada 3,700 procedimientos, mientras que en los del mundo en desarrollo el riesgo es mucho mayor, de 1 por cada 250 procedimientos (Population Reports, 1997). Para el año 2000, la OMS calculó que a escala internacional se realizaron alrededor de 19 millones de abortos en condiciones inseguras (cuadro 2), de los cuales 18.5 millones (97.5%) ocurrieron en países del mundo

Entre los hallazgos de una de estas encuestas destaca que una proporción mayoritaria de la población mexicana está de acuerdo con la práctica del aborto en casos de violación, cuando el embarazo pone riesgo la vida o la salud de la mujer, y por alteraciones del producto . El 80% de las personas encuestadas opinó que las instituciones públicas de salud tienen que ofrecer servicios de aborto en los casos previstos por las leyes; y el 95% indicó que el voto de los legisladores en aspectos relacionados con el aborto debe apoyarse en consultas amplias a la ciudadanía y no en sus creencias religiosas o sus opiniones personales (Population Council, 2001).

2. ANTECEDENTES ESPECIFICOS.

Los hombres obviamente, no tienen la experiencia directa, corporal, del aborto que tienen las mujeres. Para ellos, el aborto es probablemente sentido como algo que le sucede a otra persona; se relacionan con él a través de la experiencia y el discurso de su pareja (García y Seuc, s/f; Mora, 2001) o a través de las consecuencias para el bienestar de ella, para los recursos familiares o para su imagen de varones capaces de procrear (Guevara, 1998: 174).

Los trabajos que se han ocupado del tema del efecto del aborto en los hombres en diferentes contextos muestran que el aborto es una experiencia significativa en la vida de muchos varones. Como los sujetos de estas investigaciones son por fuerza los hombres que han pasado por la experiencia de aborto, la mayoría de las veces éstos son captados cuando acompañan a su pareja a las clínicas o consultorios. Esta forma de captación, propia sobre todo de estudios realizados en países donde el aborto es legal, por tanto el acceso a las clínicas es sencillo y los sujetos pueden manifestarse sin temor, naturalmente introdu-ce un sesgo en los resultados, ya que se trata de hombres que han sabido que su pareja está embarazada y que tienen una actitud de acompañamiento. A este tipo de sujetos se refiere la mayor parte de los estudios que resumimos a continuación.

Gran parte de la bibliografía referida a los efectos del aborto en los hombres proviene de la psicología. Algunos de los efectos encontrados son culpa o(Dragestein, 1994), pena más tarde en su vida (Buchanan y Robbins, 1990; Lauzon et al., 2000) o una tendencia a adoptar conductas que ponen en riesgo su salud (Coleman y Nelson, 1999); miedo, ansiedad y tensión (Schelotto y Arcuri, 1986); desvalimiento, remordimiento y confusión también se encuentran presentes (Coyle y Enright, 1977). Similares efectos, a los que hay que agregar los de rechazo, insensibilidad, responsabilidad y solidaridad, encuentran Aliaga y Machicao (1995, citados en Lerner l y Guillaume, 2008: 36), entre hombre bolivianos. Rothstein (1977), por su parte, informa impactos

negativos sobre la vida sexual.
Al utilizar el psicoanálisis como marco analítico, Rothstein (1991) encuentra que el aborto produce sentimientos de culpa edípica, envidia de la mujer, miedo a la castración y derrota edípica. Persecución, depresión y síntomas psicosomáticos también fueron detectados por Benvenuti et al. (1983). Guevara (1998: 174) observó signos no-verbales de pena, incluyendo llanto, entre los hombres entrevistados, especialmente entre los más jóvenes que habían expe-

rimentado un aborto por primera vez y que estaban enamorados de su pareja. Algunos hombres creen que han cometido un pecado y se castigan disolviendo la relación (Pinto, 1998). Kero y Lalos (2000), en su investigación en Suecia, encuentran sentimientos ambivalentes entre la aflicción y el alivio o la satisfacción con la decisión tomada. Sin embargo, al menos una investigación

no encontró diferencias significativas en cuanto a sentimientos de culpa entre hombres con y sin experiencia de aborto (Ortega, 1987). Según Rothstein (1991), el tomar un rol activo de cuidado parece ayudar a los hombres a adaptarse a la experiencia de aborto. Otros autores mencionan la frustración de dos deseos: el de convertirse en padre y, consecuentemente, volverse hombre; la “carencia de paternidad” después de un primer aborto es una fuente de frustración y dolor (Benvenutiet al., 1983). Shostak (1979) detecta pensamientos sobre “el hijo que hubiera sido”, mientras que Coleman y Nelson (1999) encuentran un “anhelo por el feto”. Hay aquí sentimientos relativos a la paternidad frustrada. Salcedo(1999) y Speckhard y Rue (1992) sugieren que esa pérdida de la paternidad pone en peligro la consolidación de la identidad masculina, ya que el ser padre es parte de la construcción de dicha identidad. Salcedo (1999) también

encuentra el miedo de negarse a un hijo que está engendrado y no poder procrearlo después.

Finalmente, Gordon y Kilpatrick (1977), a partir de una investigación con hombres que se autoidentificaban como “lastimados por la experiencia de una borto”, sugieren que dicha experiencia fue complicada porque muchos no expresaron sus sentimientos a sus parejas, ya que pensaban que debían ser una fuente de apoyo para ellas.
Una revisión de estudios sobre el impacto del aborto en los varones (Coyle, 2007) identifica veintiocho investigaciones sobre el tema entre 1975 y 2004, muchas de las cuales acabamos de reseñar. Tanto en esta revisión como en la búsqueda realizada por nosotros la producción posterior a 2000 es muy escasa, lo que indica quizás una disminución del interés en el tema.
Involucramiento de los hombres en la decisión de recurrir al aborto y en el proceso de aborto
Guevara (1998) sostiene que el modelo de masculinidad predominante está basado en el control de los cuerpos, la reproducción y la sexualidad femeninos, mientras que se ignoran las responsabilidades derivadas de la relación sexual. Este modelo llevaría a un bajo grado de participación de los varones en todos los aspectos del aborto. Respecto a la descripción de ese modelo, Pinto (1998), sin embargo, sostiene una interpretación diferente: que el involucramiento de los hombres en la resolución de un embarazo nace de la necesidad de quitar a la mujer el poder de decidir.
La investigación hecha con varones sobre su involucramiento en el proceso de aborto es de dos tipos. En uno de ellos –el más frecuente– los sujetos (con o sin experiencia previa de aborto) son enfrentados a situaciones hipotéticas sobre el grado de involucramiento que creen sería deseable o, alternativa-mente, sobre hasta dónde el aborto es una cuestión estrictamente femenina (Coleman y Nelson, 1999). En el otro tipo de investigación, a los hombres cuya pareja ha tenido un aborto se les pregunta sobre su participación. Este tipo de estudios obviamente no incluye a los hombres que nunca se enteraron del embarazo de sus parejas. Estos hombres y su relación con la mujer que, sin ellos saberlo, quedó embarazada, son probablemente diferentes de los que fueron informados y también distinto, se presume, habría sido su participación en el proceso de aborto (Mora, 2001), pero sólo podríamos saberlo preguntando a las mujeres.

Participación de los hombres en la toma de decisiones respecto al aborto


Pese a la importancia que tiene entender el rol de los hombres en el proceso de toma de decisiones respecto al aborto las investigaciones sobre el tema no son abundantes. Rosen y Benson (1982), en su revisión de estudios hechos en los Estados Unidos hasta principios de los ochenta registraron pocos que incluyeran varones a pesar de que las mujeres mencionan al esposo más frecuentemente que a nadie como la persona con la que discuten la decisión (Miller, 1992, citado en Boyle, 1997: 124). Los trabajos que sí lo hacían incluían predominantemente a parejas de mujeres que habían tenido un aborto.
Los estudios realizados sobre lo anterior tienen dos vertientes:

a) participación como conducta y

b) actitudes respecto a la participación.
El rol del varón en la decisión de abortar es generalmente considerado crucial. Sin embargo, esto no parece suceder en todas las culturas. Baker y Khasian (1992: 41) en la población urbana de Kenya y Calvés (2002: 258) en la de Camerún encuentran que los hombres rara vez se involucran en la decisión de recurrir al aborto.
Las investigaciones sobre el tema que nos ocupa y en las que los sujetos fueron hombres se volvieron gradualmente más abundantes en la década de los noventa (Redmon, 1985; Rothstein, 1991; Guevara, 1998; Johansson et al, 1998; Mpangile et al., 1998; Coleman y Nelson, 1999; Kero et al., 1999; Salce-do, 1999; Holmberg y Wahlberg, 2000; Zamberlin, 2000; Mora, 2001, entre otros).
Varios autores han tratado de sistematizar los factores que influyen en ese rol y las maneras en que los hombres se implican en el proceso. Robbins (1984: 335) encuentra en la bibliografía dos formas en que el varón ejerce esa influencia, a través de: “la posibilidad de ofrecer asistencia material a la madre si ella lleva el embarazo a término y de la relación que la mujer tiene con él”. La inhabilidad de contribuir materialmente puede deberse a falta de compromiso o de ingreso suficiente, a ser demasiado joven para estar trabajando, a estar casado con otra persona. En cuanto a la relación con la pareja, los factores que influyen en el compromiso del varón son la naturaleza, duración y fortaleza de la relación y la disposición de formar una familia con la mujer en cuestión (Guevara, 1998).
Otra forma de mirar el impacto de los hombres en el proceso de toma de decisiones respecto a la resolución del embarazo es la sugerida por Rosen y Benson (1982: 108-109) y está basada en la percepción de la mujer respecto al rol del varón. Estos autores categorizan dicho impacto de la siguiente manera:
• Presión directa: “uso explícito de recursos como arma real o potencial para obtener aceptación con lo que se desea”, por ejemplo, amenazas de romper la relación o de no dar apoyo financiero, negativa a un casamiento deseado por la mujer o, por el contrario, presión para obtener un casamiento que la mujer no quiere.
• Pesión indirecta: la mujer teme que los recursos puedan ser usados como arma.
• Influencia indirecta: “factores situacionales no directamente asociados con la toma de decisión pero que ofrecen una limitación o una perspectiva dentro de la cual el sujeto decide”. Entre los factores situacionales los autores mencionados enumeran:
Š Situaciones que no permiten la opción de matrimonio, incluyendo barreras por parte de cualquiera de los miembros de la pareja y embarazos resultantes de encuentros casuales.
Š Situaciones que llevan a la conclusión de que no hay una decisión que deba ser tomada.

Š Situaciones en que la mujer decide sin ninguna contribución por parte de la pareja y tomando en cuenta el bienestar de la pareja tal como ella lo interpreta.


Holmberg y Wahlberg (2000: 232) proponen otro modelo para el análisis del proceso de toma de decisiones en torno al aborto, y se basan en investigación realizada entre jóvenes suecos. En este modelo se considera que la decisión depende de tres conjuntos de factores: reacciones respecto al embarazo (sentimientos, recelos, conflictos morales), factores de impacto (calidad de la relación, consideración hacia la pareja, factores psicológicos) y herramientas disponibles (comunicación, secreto/confidencialidad, existencia de apoyo organizado).
Salcedo (1999), en su investigación con hombres colombianos, encuentra en el proceso de toma de decisión las siguientes situaciones típicas (no necesariamente mutuamente excluyentes), tal como son vistas por ellos mismos:
• El hombre no sabe cuál ha sido la resolución del embarazo.
• El hombre presiona o fuerza a la mujer y no acepta su responsabilidad, cualquiera que sea la resolución.

• La decisión es discutida y si las diferencias persisten, la posición del varón es la que prevalece.



• La toma de decisión es compartida.
• La mujer “usa” el embarazo para obtener beneficios.
De acuerdo con Boyle (1997: 126) “La falta de un rol claro para el varón en la decisión sobre el aborto es (...) evidente en sus declaraciones de sentirse excluidos o marginados del proceso de aborto, al mismo tiempo que sentirse responsables del embarazo”. Este autor sugiere que estos sentimientos implican tanto “esperar reconocimiento de que el embarazo y el aborto también son significativos para los hombres” como culpa porque la pareja es quien lleva la carga del aborto. En el mismo sentido, Guevara (1998: 171) encuentra que los hombres de la ciudad de México no sabían cómo acercarse emocional mente a su pareja y responder cuando se veían enfrentados a una experiencia que también para ellos era dolorosa.
Rosen y Benson (1982) opinan que la decisión de abortar es más frecuente cuando la relación es inestable o si se piensa que el niño puede signi ficar un peligro para esa relación. Desde un punto de vista algo diferente, Salcedo(1999) encuentra que cuando el embarazo es accidental con una mujer que no es su pareja estable (o a quien el hombre no ama) los varones tienen una reacción de mayor aceptación del aborto.
La otra vertiente de los es la que investiga si las actitudes de los hombres respecto a si ellos deberían involucrarse en la decisión. Algunos aceptan completamente que se trata de un asunto de la mujer (Cohen, s/f). Esta posición es mantenida desde dos puntos de vista antagónicos: que mujer cargue con toda la responsabilidad o respetar sus deseos y necesidades. Otros desean una mayor participación y resienten no ser informados del embarazo o no ser tomados en cuenta en la decisión de abortar o no hacerlo. Otros desearían un rol activo, pero circunscripto (Rothstein, 1977; Redmon, 1985; Pinto, 1998). En Vietnam, Johansson et al. (1998) encontraron que tanto los esposos como las esposas consideraban que ellos deberían tomar la decisión.
Según Coleman y Nelson (1999) la evidencia indica que la mayoría de los hombres y mujeres creen que el hombre tiene derecho a participar de la decisión sobre el aborto. En su revisión de los trabajos de Ryan y Dunn (1983), Rosenwasser et al. (1987) y Nelson et al. (1997) concluyen que los hombres tienden a expresar un interés en mayor responsabilidad de la que las mujeres están dispuestas a otorgar cuando se trata de decidir sobre el aborto. Esta actitud puede estar explicada por el hallazgo de que la participación masculina no siempre es interpretada como de apoyo, sino como una presión agregada (Rosen y Benson, 1982; Robbins, 1984; Major et al., 1990).
La religiosidad parece ser un factor importante en las actitudes hacia la participación. Coleman y Nelson (1999), basándose en Ryan y Dunn (1983), sostienen que los individuos muy religiosos tienden a apoyar más a la participación del hombre en las decisiones sobre el aborto.
Una forma particular de participación es el requerimiento de consentimiento del esposo. Adebayo (1990) encontró que una ley que requiriera tal consentimiento sería apoyada por la mayoría de los hombres encuestados en su investigación.
Participación de los hombres durante el proceso de aborto
La participación de los hombres en el proceso de aborto es generalmente tratada en la bibliografía en términos de apoyo o falta de apoyo a la mujer. Se han medido dos diferentes dimensiones del apoyo: instrumental (encontrar al proveedor, pagar por el procedimiento) y emocional. La evidencia existente no es concluyente respecto a la importancia o el efecto (positivo o negativo) del apoyo masculino durante el proceso de aborto. En un estudio en Egipto, las mujeres tuvieron una mejor recuperación física y parecieron ajustarse mejor emocionalmente cuando contaban con apoyo emocional (Abdel-Tawab et al., 1999) pero, como se ha mencionado antes, en algunas situaciones ese apoyo constituye una tensión adicional para la mujer.
Guevara (1998), en su estudio en la ciudad de México, encontró que el apoyo emocional y la preocupación por el bienestar de la pareja en general estaba presente con mayor frecuencia en relaciones formales y en aquellas basadas en el amor más que en las informales y aquellas en que el amor no estaba presente. Similares resultados se encuentran en el trabajo de Zamberlin (2000).
Respecto al apoyo del varón durante el procedimiento mismo de aborto, algunos estudios muestran que ese apoyo está ausente (Rosen y Benson, 1982; Mpangile et al., 1998; Pinto, 1998). Mientras que Guevara (1998) encuentra un silencio de los hombres respecto al momento del aborto, siendo siempre las referencias al antes y después de ese momento.
Una forma de apoyo durante el proceso de aborto es ayudar a encontrar a la persona que lo llevará a cabo. En el trabajo de Mpangile et al. (1998: 116) en Dar el Salaam sólo 31 por ciento de las adolescentes informaron que sus parejas asumieron el rol de presentarles al proveedor. Parientes cercanos, amigos, vecinos y compañeros de trabajo eran con mayor frecuencia los que ayudaban en este aspecto.
Otra forma de involucramiento es pagar por el aborto. Mpangile et al. (1998: 116) hallaron que cerca de la mitad de los hombres aceptaría pagar por el aborto. En la investigación hecha por Guevara (1998), 90 por ciento de los hombres dijeron haber pagado total o parcialmente por el procedimiento de aborto, una conducta que consideraban propia del ser varón. Calvés (2002) también encuentra que los hombres urbanos de Camerún generalmente financian los abortos de sus parejas
JUSTIFICACION.

Despues de estudiar el tema de Aborto inducido me di cuenta que el rol del hombre en la decisión de abortar por lo menos en Mexico a sido poco valorado.Se tienen dos posturas sobre el: que es un tirano que obliga a abortar, o que ha sido quien abandona a la mujer, pocos estudios se han hecho sobre la psicología de un hombre que ha estado involucrado en el aborto. He tenido varios casos cercanos a mi, en los cuales, la mujer no toma en cuenta la opinión de su pareja, decide abortar sin consultar, oculta el embarazo aborta y no le dice algo a la persona que contribuyo al embarazo. He tenido casos de amigos que temen hacer algo, y apoyan a su pareja aun a pesar de los deseos de ellos mismos.

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

En esta investigación he deseado replantear el papel masculino en el aborto inducido. Sobre todo de aquellos que han querido conservar el producto pero las circunstancias que los rodean, no han sido favorecedoras. Por lo que se plantea la siguente cuestión

Se deben tomar en cuenta los derechos y obligaciones del hombre de preservar la vida del producto al hacer las leyes sobre el aborto.”

OBJETIVOS

Determinar la importancia de respetar la decisión de proteger la vida en el caso de estar en la disyuntiva del aborto en el hombre como se respeta en la mujer, asi como plantear diversas situaciones y opciones al aborto
ESPECIFICOS.
Conocer los puntos de vista masculinos respecto al aborto, los conocimientos que tienen de ello, y la manera en la que responderían ante una situación de ese tipo mediante encuenstas.

Conocer los puntos de vista y experiencias de personas que han estado en esa situación y saber si han tenido consecuencias en su autoestima y salud psicológica.

Investigar centros de apoyo tanto a personas hombres y mujeres antes de abortar y después de abortar.

Dar a conocer en una pagina web los resultados planteados, para generar una conciencia de igualdad en el caso del aborto.


MATERIALES Y METODOS
SONDEO CARA A CARA MEDIANTE LA APLICACIÓN DE LA SIGUIENTE ENCUESTA.


La cual se llevo a cabo en la Ciudad de Puebla, en los alrededores de la UPAEP, a hombres entre 23 y 35 años de edad.
Experiencias Masculinas acerca del aborto

Se entrevisto a Hombres que han tenido experiencias en aborto, y se les pregunto acerca de su sentir respecto a eso, posterior a esta experiencia, ya sea el aborto realizado o no.


Se investigo acerca de asociociaciones de ayuda pre y post aborto, y se facilito la información en una pagina web con acceso a las principales paginas sociales.

RESULTADOS.

Como se puede observar la postura de los hombres es en contra del aborto. Pero se debe tener en cuenta que la encuesta fue cara a cara, y que muchos de ellos también tienen preceptos en casa que les han impedido dar un punto de vista propio. Ademas de que muchos de ellos no han estado en una situación como esta.
En esta grafica se puede observar como aun siendo las posturas en contra del aborto, la mayoría de los encuestados conocen personas que han abortado.
Se pudo observar en esta grafica que la tendencia a favor o en contra del aborto se reflejó de igual manera al estar a favor o en contra de la legalización.

En esta grafica la mayoría pidió mas referencia de la pregunta, ya que como se plantearon preguntas cortas, no pude desarrollarla correctamente. Los jóvenes que no podían dar una opinión comentaron que no han estado en una situación en la cual puedan o no definir si el hombre es relegado o no en este tema


Podemos ver, en esta encuesta que los hombres si consideran que la decisión es mas fácil para ellos, pero como observaremos mas adelante esto solo refleja los resultados ya señalados en el estudio mediante los cuales se plantea la creencia social acerca de que la mujer es quien lleva mas responsabilidad en el embarazo es bastante fuerte.
Como decía en la anterior pregunta, a pesar de darle mas peso a la dificultad en la mujer, se ve en esta grafica que los hombres si quieren estar involucrados en la decisión del aborto.
TESTIMONIOS
Muchos de los que aquí se entrevistaron no quisieron que les tomara una fotografía ni que pusiera su nombre ya que son conocidos mios, y querían mantener el anonimato, asi que solo pondré información de su edad.
Hombre de 45 años. Politologo.

“Hace unos seis años cometimos un crimen, al principio no me importo, pero años después no pare de sentir remordimiento.


Hombre de 35 años

“Después de que mi novia decidió abortar, me lo conto, no me había dicho nada, pero no paraba de llorar de la nada, hasta que me lo confeso, después de eso, me sentí muy mal, tuve pesadillas y no dejaba de pensar en cómo sería mi vida si yo hubiera impedido que lo hiciera.”


Hombre de 33 años Ingeniero.

“Mi novia y yo decidimos tener un bebe, cuando ella quedo embarazada por alguna razón cambio de opinión y decidio abortar. Yo al principio la apoye, pero ella no me dijo que lo había hecho, me dijo que perdió al bebe y posteriormente me lo confeso todo. Aunque yo la apoyaba debo decir que trate de convencerla inclusive le propuse que si no quería al bébe me lo diera. Que no era necesario que ella lo viera yo estaba dispuesto a hacerme cargo solo. Ahora no me doy a la idea de tener un bebe con otra persona en otra ocacion.”


ASOCIACIONES DE APOYO A PERSONAS PRE Y POST ABORTO
IRMA

INSTITUTO PARA LA REABILITACION DE LA MUJER Y DE LA FAMILIA A.C.

Tel. (55) 5260 3178 / 5260 8859

e-mail. ayuda@irma.or.mx


CENTRO DE AYUDA A LA MUJER

Puebla, Puebla

Tel. (222) 2-43-11-18
VIFAC PUEBLA

Priv. Jerez de la Frontera No. 5109 , Estrellas del Sur

PUEBLA, Puebla , 72190

(222) 235.12342



(222) 235.1234 y (222) 235.9784


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