El arte barroco



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HISTORIA DEL ARTE 10: EL ARTE DEL BARROCO


EL ARTE BARROCO
El s XVII europeo fue una época de crisis general, manifestada en todos los ámbitos y lugares, aunque no necesariamente al mismo tiempo. Un ciclo de malas cosechas provocó una crisis económica de la que sólo se libraron Inglaterra y Holanda, gracias al comercio a larga distancia. A esta deficiente alimentación se unieron numerosas epidemias y guerras, lo que provocó un notable descenso de la población, ocasionando con ello conflictos sociales. Por otro lado, las monarquías autoritarias nacionales, que se habían consolidado durante el Renacimiento, aspiran ahora a aumentar su poder y poner fin a las aspiraciones imperiales de los Habsburgo. Como consecuencia, entre 1618 y 1648 tiene lugar el primer conflicto paneuropeo, la Guerra de los Treinta Años, de la que emergió Francia como nueva potencia europea. A todo ello se une la crisis religiosa abierta tras el Concilio de Trento, que supuso la escisión definitiva del catolicismo y desencadenó una guerra de propaganda religiosa de la que no es ajena el arte.

El barroco es un período de la historia cultural de occidente que abarca desde 1600 hasta la segunda mitad del s XVIII aprox. Durante esta época se desarrolla un estilo artístico difícil de definir por las diversidades religiosas, políticas, sociales y culturales de cada ámbito geográfico. Los elementos formales son herencia del Renacimiento, pero su empleo tiende a ser grandioso y cautivador para los sentidos, ya sea por la complejidad acumulativa y simbólica, ya por el virtuosismo natural de las apariencias.

Cuando a finales del s XVIII se acuño el termino barroco (“berrueco”- perla irregular) se le dio un carácter peyorativo, como algo extravagante. Se interpretó como la evolución inevitable de un ciclo estilístico. Pero en la actualidad se ve como el resultado de un complejo mundo cultural que, si bien maneja las formas clásicas, lo hace con criterios y objetivos nuevos para responder a un nuevo sistema de vida y pensamiento.

El arte barroco se originó en Italia, con Roma como capital, ya que esta era el centro donde acudían todos los artistas y donde se realizaban los más importantes trabajos. En el s XVIII comenzaron a cobrar importancia otros centros como Francia, con Luis XIV.

En un primer momento el arte barroco fue la expresión del espíritu religioso de la Contrarreforma surgida tras el Concilio de Trento, pero pronto quedo al servicio no sólo de la Iglesia, sino también de los príncipes que pretendían servirse del arte para imponerse al conjunto de la sociedad. Como consecuencia el arte barroco es un arte dirigido por el poder que lo utiliza como instrumento de propaganda, es un arte de persuasión. Además fue un arte conservador, ya que tenía la finalidad de reforzar el orden social establecido. Es un arte destinado a las masas para evitar que su malestar se manifestara en protestas o rebelión. Por ello, es un arte retorico en las formas, pero sencillo en el lenguaje, un lenguaje espectacular, que atrae la atención del publico para convencerle con un mensaje fácil. Si el arte del Renacimiento se había dirigido a la razón, buscando la admiración intelectual, el arte barroco se dirige a los sentidos, buscando el impacto emocional.
LA ARQUITECTURA

El barroco fue la época de las grandes capitales, entre las que destaca Roma, capital de la Iglesia Católica. La ciudad se convierte en símbolo y escenario del poder, por ello se crean en ellas centros significativos, con edificios y espacios monumentales. Estos centros significativos se comunican entre sí mediante calles rectas y regulares, de modo que el urbanismo regula el espacio en grandes itinerarios que proporcionan amplias perspectivas visuales, ofreciendo una visión escenográfica y propagandística de los símbolos del poder. Estas concepciones urbanísticas pocas veces pudieron llevarse a la práctica y, cuando lo hicieron, la mayoría de las veces, fue para aplicarlas a una remodelación parcial de las ciudades ya existentes.

El principal ejemplo de este urbanismo lo encontramos en la Roma del Sixto V. El objetivo de su remodelación era unir, mediante calles anchas y rectas, los principales centros religiosos de la ciudad. El proyecto no sólo incluía las grandes vías, también obeliscos, ejes verticales que rompen el movimiento horizontal, invitan a detener el recorrido y señalan los cruces o cambios de dirección y; plazas y fuentes públicas, como símbolo del poder. De estas intervenciones urbanísticas destacan, la escalinata de la plaza de España, obra maestra de la perspectiva y la fontana de Trevi, donde se combinan la arquitectura, la escultura y el sonido.

En las construcciones arquitectónicas el barroco mantuvo gran parte de los elementos constructivos del renacimiento y su vocabulario clásico, pero su tratamiento y su concepción de los edificios es completamente diferente. Ahora triunfa la idea de teatralidad, de engaño, se busca la escenografía generando imágenes y espacios irreales.

El muro se articula mediante formas cóncavas y convexas que sugieren tensión y movimiento frente al orden y la proporción del Renacimiento. El gusto por las formas curvas se pone también de manifiesto en las plantas y las esquinas, generando efectos de claroscuro y juegos de perspectiva. Se busca el impacto visual, por lo que se recurre al exceso decorativo, que en ocasiones llega a ocultar la estructura arquitectónica. La decoración se acentúa con elementos que producen resaltes y hundimientos generando contrastes de luz y sombra y efectos de claroscuro que acentúan el relieve. El exterior de los edificios se resalta con un sentido escenográfico, el interior se decora a base de pinturas con efectos de trampantojo (engaño del ojo), es decir, aparentar que desaparece el muro o el techo y el espacio se prolonga.
LA ARQUITECTURA ITALIANA

El primer arquitecto que mostró en sus edificios rasgos barrocos fue MADERNO, quien concluyó la Basílica de San Pedro del Vaticano. Al hacerlo transformó el edificio proyectado por Bramante y Miguel Ángel y lo adecuó a las nuevas necesidades religiosas, creando la planta de cruz latina preferida por la Contrarreforma. Además construyó una fachada monumental, articulada en dos cuerpos desiguales, el inferior con un orden gigante de pilastras y columnas y el superior, un ático no muy elevado, lo que da un fuerte sentido de horizontalidad. La fachada se desarrolla a lo ancho para no anular, en la medida de lo posible, la visión de la cúpula. Además, no se corresponde con la ordenación interior del edificio ya que prioriza la imagen exterior.

En 1598 nace en Nápoles uno de los artistas más completos del Barroco, BERNINI, arquitecto, escultor y pintor, el primer representante del afán de grandiosidad del nuevo estilo arquitectónico. En 1624 construye, por encargo de Urbano VIII, el Baldaquino, situado sobre el altar mayor, que alinea verticalmente la tumba de San Pedro (cripta) con el centro de la cúpula. De este modo, con una escenografía típicamente barroca y un mensaje sencillo se exalta la figura del papa, cuya autoridad se sustenta en la tradición (tumba del apóstol y primer pontífice) y la inspiración, que viene directamente del cielo (simbolizado en la cúpula). Realizado en bronce dorado es una estructura a medio camino entre la arquitectura y la escultura, diseñado en su totalidad por líneas curvas, pero que no rompe la perspectiva de la iglesia ni limita la perspectiva de la cúpula, de hecho, permite el paso de la escala monumental del edificio a la escala humana. Entre 1657 y 1677 construye la plaza de San Pedro, en la que haciendo un uso “ilógico” de los elementos clásicos, logra sorprendentes efectos de perspectiva, además de una importante simbología religiosa.

Bernini también intervino en otras empresas arquitectónicas y urbanísticas, entre las que destacan las fuentes de Roma, la remodelación de la plaza Navona, el palacio Chigi-Odescalchi o la Iglesia de San Andrea del Quirinale, una iglesia de pequeñas dimensiones y planta elíptica con eje transversal. En su interior todas las líneas convergen en la escultura de San Andrés, convirtiendo así la escultura en un escenario. La fachada realiza un interesante juego de curvas, permitiendo que la fachada avance hacia el exterior a modo de templete clásico y prolongando los lados en un cuarto de circulo que forma una pequeña plaza. El palacio Chigi-Odescalchi es su principal obra civil y prototipo del palacio barroco italiano, con un piso bajo a modo de basamento y dos pisos superiores unidos con un orden gigante rematado por una balaustrada con estatuas. Sus obras urbanísticas son muy abundantes. La más destacada es sin duda la fontana de los Cuatro Ríos, en la plaza Navona, formada por una gran piscina elíptica en cuyo centro se levanta un obelisco egipcio que se apoya sobre una gran mole de mármol en la que se tallan cuatro gigantescas figuras alegóricas a los cuatro grandes ríos de la Tierra (uno por cada continente conocido).

El otro gran arquitecto del barroco italiano fue FRANCESCO CASTELLI, más conocido como BORROMINI. Nació en Milan, pero trabajó en Roma, primero bajo las órdenes de Maderno y luego con Bernini, con quien vivió una confrontación personal y estética. Este enfrentamiento le relegó a un segundo plano, con encargos humildes, lo que lo convirtió en un hombre atormentado. El rasgo más destacado de su arquitectura es su concepción del espacio, frente a la contención de Bernini y su respeto por las reglas y proporciones clásicas, Borromini concibe el espacio como algo único e indivisible que puede modelarse como una escultura. Juega con los muros, creando curvas y contra curvas que crean efectos lumínicos y movimientos.

En la iglesia de San Carlos de las cuatro fuentes utiliza una planta ovalada con juegos cóncavos y convexos que, a través de los muros, se trasladan a la cúpula. Es un espacio unitario. La fachada la realiza veinte años después, por lo que es un organismo autónomo, sin conexión con el interior, aunque con el mismo juego de curvas y contra curvas en sus tres calles, divididas en dos pisos. Entre la construcción de esta iglesia y su fachada, levanta San Ivo de la Sapienza, un atrevido conjunto de rectas y curvas cuya planta centralizada tiene forma de estrella de seis puntas, tres cóncavas y tres convexas, inscrita en un circulo. También aquí cierra el espacio con una cúpula sumamente original. La fachada, cóncava, sirve de unión a los dos laterales del patio porticado en el que se inscribe. Por encima de ella destaca la linterna, con dobles columnas separadas por entrantes cóncavos.

Inocencio X le encargó la remodelación de la iglesia de Santa Inés, en la plaza navona, aunque no pudo terminarla ya que a la muerte del papa fue apartado de la obra. De él solo queda la fachada, también modificada, que al ser cóncava y retroceder permite una completa visión de la cúpula, destacando su verticalidad.

En Roma también trabajo PIERO DA CARTONA, con la fachada de Santa María dela Pace, donde contrapone las formas cóncavas de las alas laterales con la línea convexa del pórtico central.

En Venecia destaca la iglesia de Santa María de la Salud, de BALDASSARE LONGHENA. Situada a la entrada del gran canal, se concibe como una rotonda octogonal con un deambulatorio y una cúpula elevada sobre un gran tambor.

En Turín, capital de la monarquía Saboya, destaca GURAINO GUARINI, quien siguió la libertad de Borromini, aunque sus obras están determinadas por las leyes matemáticas. De ellas destaca la Capilla del Santo Sudario, con una planta central donde se combinan circulo y triangulo. Del interior sorprende la “turbadora” sensación ascendente de la cúpula con bruscos contrastes de luz y sombra.


LA ARQUITECTURA FRANCESA

El principal rasgo de la arquitectura francesa es su carácter cortesano, las principales construcciones son residencias civiles encargadas por el rey o por algún personaje importante de la corte, por ello su arquitectura huye de las formas audaces y de los excesos del barroco italiano y es más contenido y equilibrado. Se prefieren las líneas rectas y los volúmenes limpios, se busca la ostentación, pero es sobria y elegante , con la simetría como principal elemento decorativo. A la unidad de este estilo “clásico” contribuyó la creación de las Academias Reales, donde no solo se formaba a los artistas, sino que también se determinaba lo que era el buen gusto y el arte correcto al servicio del Estado.

El principal arquitecto francés fue JULES H. MANSART, autor de la iglesia de los Inválidos, de la que sobresale una gran cúpula sobra tambor.

Junto a él trabajo LOUIS LE VAU en el Palacio de Versalles, donde proyectan el prototipo de arquitectura francesa de palacios: diversos pabellones organizados en torno a un patio de honor, detrás del cual se abren los jardines.


LA ARQUITECTURA CENTROEUROPEA

No se puede hablar de barroco alemán hasta el último tercio del s XVII, cuando, tras la paz de Westfalia, Alemania y Austria se han recuperado lo suficiente como para desarrollar una arquitectura que, aunque fuertemente influenciada por la francesa e italiana, logrará un vocabulario propio.

En Austria tuvo una gran importancia la obra de JUAN BERNARDO FISCHER VON ERLACH, cuya obra destaca por su monumentalidad. Además del castillo de Klesheim, de fuerte influencia italiana, destaca la iglesia vienesa de San Carlos Borromeo, de planta elíptica rematada por una gran cúpula destacada sobre un alto tambor.

En Alemania trabajó DANIEL PÖPPELMANN, quien, en el pabellón Zwinger, introducirá un nuevo modelo de palacio en Alemania, trazando dos alas diagonales desde un pequeño pabellón central. Con ello logra dar una mayor perspectiva y así, mayor grandiosidad.


LA ARQUITECTURA DE GRAN BRETAÑA

El fuerte arraigo del estilo gótico motivó que en este país no existiera un Renacimiento, las formas clásicas llegan a partir del s XVII, de la mano de artistas ingleses que viajan a estudiar a Italia. Esto hace que su barroco sea muy mesurado, de hecho, algunos autores consideraran que más que barroco en esta época es cuando llega el espíritu clásico a Gran Bretaña.

El mejor representante del barroco ingles es CRISTOBAL WREN, quien realiza numerosos encargos tras el incendio de Londres. De entre ellos destaca la Catedral de San Pablo, que debe sustituir a la construcción gótica derruida en el incendio. Sobre la planta gótica Wren construye una iglesia barroca de la que destaca su cúpula oval peraltada apoyada sobre un esbelto tambor rodeado por una columnata.
LA ARQUITECTURA ROCOCÓ

El rococó es un estilo que se manifiesta a mediados del XVIII y que esta a medio camino entre el clasicismo barroco y el romanticismo posterior. Es el estilo preferido de la aristocracia y la alta clase media, amantes de un estilo mundano con acentuada decoración. Lo más característico del rococó es la acumulación de elementos decorativos, muchas veces barrocos, pero tratados ahora con una nueva sensibilidad. Al exterior se mantienen las formas simples, pero los interiores se llenan de una decoración desbordada.

Este estilo alcanza su madurez expresiva en Alemania, con autores como BALTASAR NEUMANN y su Iglesia de los Catorce Santos, donde arquitectura, escultura y decoración se funden armoniosamente. Aunque sin duda la obra más representativa del barroco alemán es la Abadía de Ottobeuren de MICHEL FISCHER, en la que sobre una rigurosa estructura clásica estucada en blanco, se aplican variedad de colores y oros que acompañan rocallas, ángeles y amorcillos que revolotean entre los retablos y las bóvedas.

En Francia este estilo encuentra una gran aceptación en los interiores de los palacios aristocráticos tales como el Hotel Saubise y en las fuentes y rejas que decoran los jardines de estos palacios, en las que el hierro se usa con gran exuberancia.


LA ESCUTURA

Aunque la escultura barroca nace de la manierista, frente al lenguaje intelectual y artificial de este estilo ofrece un mensaje claro y directo. Predominan las escenas de movimiento con gestos y actitudes teatrales de gran expresividad ya que su objetivo es conmover emocionalmente al espectador. Juega con la luz creando contrastes de luces y sombras y diferentes rugosidades para acentuar el dramatismo. Suele formar parte de una escenografía en un conjunto arquitectónico o urbano, por lo que se concibe en función de la ubicación a la que esta destinada.


En ITALIA destaca la figura de BERNINI, quien dota a su obra de gran monumentalidad y de un poder expresivo que refleja los estados de animo, además de la personalidad de la figura representada. Aunque sin duda, lo más característico de su obra es el movimiento exaltado como demuestra su DAVID, reflejado en el momento de máxima tensión, a punto de tirar la piedra. Otra obra en la que también se puede apreciar su sello característico es el conjunto de Apolo y Dafne, en el que no sólo refleja el movimiento, también un soberbio contraste de texturas y expresiones que acentúan la expresividad de la obra. Ya en su madurez esculpió el Éxtasis de Santa Teresa de la que no sólo cuidó y estudió la composición, sino también la colocación, para que la luz ayudase a simular que las figuras flotan sobre las nubes.

Como retratista se centra en captar no solo los rasgos físicos, sino también el carácter del personaje, como demuestran el Busto de Constanza Buonarelli o el Retrato de Luis XIV. Destacan además sus sepulcros, en los que establece una nueva tipología caracterizada por la escenografía y la utilización del bronce y mármoles de diferentes colores, como muestra en los sepulcros de Urbano VIII y Alejandro VII.

Mención aparte merecen otras obras como las fuentes, con las que colaboró a la remodelación urbana de Roma y la Cátedra de San Pedro, una escultura relicario en la que vuelve a integra arquitectura y escultura en un efectista montaje escenográfico. De entre las fuentes destaca, por su simbolismo y concepción, la fuente de los cuatro ríos, en plaza Nabona, compuesta por una base escultórica que representa una estructura rocosa con animales y figuras sobre la que se eleva un obelisco en cuya cúspide se sitúa una paloma.
En FRANCIA la escultura se convierte en el medio de exaltación de la monarquía y como la mayor parte de las obras se realizaron para decorar los jardines de Versalles predominan los temas profanos y mitológicos. En Versalles trabajó FRANÇOIS GIRARDON con su obra Apolo y las ninfas conjunto del que sorprende la influencia de la escultura helenística. También sorprende su Sepulcro del cardenal Richelieu, por la solemnidad ceremonial en la que representa al cardenal en el momento de morir.

ANTONIE COYSEVOX fue quien más se acercó a la estética barroca francesa, con obras como la estatua orante de Luis XIV o Diana cazadora, en la que retrata a María Adelaida de Saboya, combinando el sentido realista con la captación de la personalidad.

PIERRE PUGET trabajó alejado de la corte, por lo que pudo expresar su personalidad sin las imposiciones del gusto oficial.
LA PINTURA
La pintura va a alcanzar un enorme desarrollo en este período, puesto que facilita los objetivos barrocos de persuasión y teatralidad escenográfica, sin olvidar su finalidad de exaltación, ya sea política o religiosa. La exaltación del poder monárquico se hace a través de retratos, temas históricos y mitológia, la exaltación del poder religioso se centra en las “verdades de la fe” criticadas por el luteranismo, por lo que se llena de inmaculadas, exaltación de la eucaristía y vidas de santos. Se desarrollan nuevos géneros, como los bodegones, paisajes, retratos, cuadros de género o costumbristas. En todos ellos se pone de manifiesto la tendencia y la búsqueda del realismo, que se conjuga a la perfección con lo teatral y lo efectista.

Independientemente del tema elegido, la pintura barroca tiene unos caracteres comunes que la identifican y uniformizan. De todos ellos, el color, la luz y el movimiento, son los elementos que mejor la definen. El color predomina sobre el dibujo que en ocasiones desaparece al formarse las figuras con manchas de color. Incluso, los efectos de profundidad, perspectiva y volumen se consiguen más con los contrastes de luz y de tonalidades del color que con las líneas nítidas y definidas del dibujo. La luz dibuja o difumina los contornos, define también el ambiente, la atmósfera del cuadro, y matiza los colores. Para transmitir sensación de movimiento, las composiciones se complican, se adoptan perspectivas insólitas y los volúmenes se distribuyen de manera asimétrica. Se concibe el espacio como algo dinámico, donde contornos se diluyen y las figuras pierden relevancia frente a la unidad de la escena.

A pesar de estas características generales, cada país tuvo aspectos particulares muy definidos que no impidieron el desarrollo de diferentes corrientes dentro de las mismas fronteras.
LA PINTURA ITALIANA

Las indagaciones para plasmar la luz y sus posibilidades tienen en Italia dos manifestaciones distintas, el tenebrismo y el clasicismo, a las que se une tercera corriente, la de los frescos decorativos, que tienen en PIETRO DA CORTONA su máximo exponente. Aunque con un estilo muy clasicista, sus formas arquitectónicas en perspectiva hacen creer al espectador que el edificio se prolonga más allá de la arquitectura real, como ocurre en los techos del gran salón del palacio Barberini en Roma. Algo similar ocurre en la Bóveda de San Ignacio, en la que ANDREA DEL POZO prolonga el espacio mediante arquitecturas fingidas.

El tenebrismo tiene como principal representante a MICHELANGELO MERISI, apodado CARAVAGGIO. Su obra es una representación fiel y objetiva de la realidad en todos sus aspectos, tanto agradables como desagradables, matizados siempre por el empleo de una luz muy dirigida que genera fuertes contrastes entre las zonas iluminadas y las oscurecidas. Suele recurrir, además, a puntos de vista muy bajos, con lo que la obra adquiere grandeza y profundidad. Este es el caso de la criticada obra el entierro de la Virgen, o de otras más admiradas como la vocación de San Mateo, La crucifixión de San Pedro o, el entierro de Cristo. En su juventud, abordó temas no religiosos, como Cesto de frutas, en la que, con un realismo casi fotográfico convierte a un objeto en tema único del cuadro, o Baco, obra en la que trata al dios con un sentido burlesco que lo desmitifica.

El clasicismo de desarrolla de manera paralela al tenebrismo, pero aquí no se reflejan las cosas como son en la naturaleza, sino como deberían ser, pretenden una visión razonada y meditada de la realidad. Su máximo exponente se alcanza con los CARRACI.

Al margen de estas corrientes, la escuela veneciana sigue desarrollando un estilo personal, plasmado ahora en vistas de la ciudad de Venecia, reflejadas con gran realismo y minuciosidad, envueltas siempre en una luz agradable. De entre sus representantes destaca CANALETTO, quien se caracteriza por la riqueza cromática y un dibujo minucioso con los que logra un gran detallismo, como se ve en la aduana de Venecia.
LA PINTURA FLAMENCA

El barroco en Flandes está dominado por la brillantez de PETRUS PAULUS RUBENS. Formado en Amberes dentro del estilo manierista viaja a Italia, donde recibió fuentes influencias de Miguel Ángel, Rafael, la escuela veneciana y pintores contemporáneos como Caravaggio o los Carracci. Además de pintor de corte, fue diplomático, lo que le permitió viajar a España, Francia e Inglaterra, donde difundió su arte.

Su principal característica estética es el colorido de raíz veneciana y el movimiento y vitalidad de sus composiciones, marcado por la diagonal y la voluptuosidad de sus figuras. Son obras con una vibrante luz y una acentuada expresividad, acentuada por una pincelada suelta y deshecha. Domina todos los géneros mitológicos, religiosos, paisajes y retratos para clientes y mecenas de toda Europa. De su abundante obra, destacar su famosa serie de 21 enormes lienzos sobre la Vida de María de Medici y la serie de La torre de la Parada.

Entre los seguidores de Rubens el de más talento y personalidad fue sin duda ANTHONY VAN DYCK, prestigioso pintor de la corte y la aristocracia inglesas, entre cuyas obras destaca el Retrato de Carlos de Inglaterra en traje de caza. Su estilo se caracteriza por la elegancia y el refinamiento propios de la grandiosidad barroca.


En Holanda, al comenzar el siglo XVII los artistas pintaban al estilo manierista. La influencia de Caravaggio llegó hacia 1620, de la mano de artistas que habían viajado a Italia. La situación política también determina la pintura. En Holanda, luterana, se ha asentado un gobierno democrático basado en el alto estatus de la burguesía, principal mecenas del arte, por lo que las obras tienden a ser de pequeño formato, adecuado a las viviendas, independientemente de si el tema es religioso, mitológico, de vida cotidiana o si es un retrato, frecuentemente colectivo.

Uno de los principales representantes de esta etapa dorada de la pintura holandesa es FRANS HALS pintor de retratos extraordinarios por su hábil pincelada y por el intimismo de los temas logrado a través del naturalismo de los personajes y la composición. Sobresalen sus retratos de miembros de corporaciones, como Banquete de los oficiales de San Jorge o retratos individuales, como el de La Zíngara.

Diferente al resto de artistas holandeses, REMBRANDT, el maestro más grande del barroco holandés, pintó una gran variedad de temas —retratos, paisajes y escenas históricas, mitológicas y religiosas— con incomparable virtuosismo. El manejo de la luz dorada sobre los fondos oscuros, la pincelada arriesgada y la delicada interpretación de los temas, subjetiva y espiritual, colocan a Rembrandt en uno de los lugares más destacados de la historia de la pintura. De su abundante obra destacan sus Autorretratos, en los que se observa que tenía un carácter introvertido.

La obra de VERMERR se caracteriza por el pequeño formato y la representación de escenas de la vida cotidiana de la burguesía, en los interiores de las viviendas. Los interiores no son lujosos, pero si agradables y trasmiten orden y sosiego. Las figuras están perfectamente definidas por el dibujo y la suave luz que inunda el cuadro, normalmente desde una ventana situada a la izquierda de la escena. Gracias a la minuciosa preparación y el sutil manejo de los pigmentos, obtiene unas tonalidades inigualables. Destacar de su obra dos magníficos paisajes, La callejuela y Vista de Delft.


LA PINTURA FRANCESA

La política del cardenal Richelieu y de Luis XIV permitió a Francia convertirse en la primera potencia europea, lo que tendrá un reflejo en el arte. Aunque los pintores siguieron mirando a Italia como referencia, poco a poco lograron cierta independencia, lo que permitió el desarrollo de dos corrientes pictóricas: el realismo y el clasicismo.

El realismo esta fuertemente influenciado por el tenebrismo de Caravaggio. Su principal representante GEORGES DE LA TOUR se caracteriza por el tenebrismo puro. En sus obras, pocos personajes pintados con gran realismo sobre un fondo neutro reciben una intensa luz que contrata con la oscuridad que los envuelve. En su primera etapa pinta escenas diurnas, determinadas por una luz que proviene de fuera del cuadro, en su segunda etapa los contrastes son mayores y la luz, generalmente una vela encendida, forma parte del cuadro, como se aprecia en La aparición del ángel a San José.

La corriente clasicista esta influenciada por los Carracci y en ella destacan NICOLAS POUSSIN, cuya obra se caracteriza por el sentimiento racional carente de toda espontaneidad y, CLAUDIO DE LORENA, con paisajes racionalistas e idealizados en los que la luz se convierte en el elemento principal.



A partir de 1700, coincidiendo con los últimos años del barroco, se desarrolla en Francia una pintura galante a la que no le interesa plasmar la realidad, sino deleitar a la vista. Se interesa por lo minucioso y anecdótico, con escenas alegres, colores suaves y ambientes luminosos de aspecto alegre. El principal representante de esta corriente es FRAGONARD, quien con una pincelada suelta, un color rico y un claro interés por el movimiento resume los objetivos de esta corriente rococó. De su obra destaca El Columpio, en la que una única línea diagonal da movimiento a la escena.



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