El camino del pensamiento es uno solo, lo que cambia es la lengua



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EL CAMINO DEL PENSAMIENTO ES UNO SOLO, LO QUE CAMBIA ES LA LENGUA”

¿Autonomía étnica o nuevas formas de colonialismo entre los tanimuca y macuna del Bajo Apaporis, Amazonia colombiana?1
Carlos Eduardo Franky

Instituto Amazónico de Investigaciones Imani

Universidad Nacional de Colombia, Sede Leticia
Con la afirmación “El Camino del Pensamiento es uno solo, lo que cambia es la lengua”, los indígenas del Bajo Apaporis, Bajo Pirá-Paraná, Mirití-Paraná y Bajo Caquetá expresan un sentido de unidad que matiza las particularidades étnicas y reestructura las redes de convivencia. Ésta afirmación también sustenta un movimiento organizativo supraétnico con el que estos indígenas pretenden alcanzar diversas reivindicaciones sociales, regular las relaciones con el Estado y consolidar una mayor autonomía. Este movimiento ha trascendido el ámbito local a través del proceso de Ordenamiento Territorial (OT) que el Estado implementa en Colombia, entre otras cosas, porque genera espacios de encuentro entre organizaciones indígenas, sus aliados políticos y sectores estatales, de los niveles regionales, nacionales e internacionales. En estos espacios discuten experiencias, definen políticas, evalúan acciones previas y elaboran planes, por ejemplo de salud o educación, para luego ejecutarlos conjunta o coordinadamente. En palabras de los indígenas del Apaporis “se unifica la idea”.

Desde 1997, he desarrollado proyectos de investigación y de apoyo a los procesos organizativos y de implementación del OT con los indígenas del Bajo Apaporis2. Desde entonces me he preguntado reiteradamente si con mis actuaciones participé en un proceso que fortalece especificidades étnicas y culturales a medida que articula la unidad nacional, o en uno que, como Jackson (1998) advierte, homogeniza sutilmente la diferencia y define lo que ésta debe ser.

En este texto argumento que para lograr una mejor comprensión de este tipo de procesos, así como del impacto de proyectos de desarrollo participativo o de intervención estatal, los análisis deben tomar en cuenta, por una parte, los patrones socio-culturales con los cuales las comunidades locales viven, interpretan y evalúan los eventos, bien sean “internos” o “externos” a sus sociedades; y por la otra, la historia de las relaciones interétnicas y con el Estado, dando especial énfasis a la forma en que las personas construyen y guardan en su memoria colectiva dicha historia. Entre otras razones, porque siguiendo a Wright (1998), las narraciones míticas e históricas proveen modelos de acción política para afrontar las situaciones actuales. De esta forma, los patrones socio-culturales y la memoria colectiva sirven de filtros que dan sentido a los sucesos y les permiten a las personas jugar un rol activo en la creación de su futuro.

A partir de esta perspectiva exploro la pregunta que he planteado anteriormente. Para ello busco comprender la afirmación “el Camino del Pensamiento es uno solo, lo que cambia es la lengua”, a través de aspectos socio-culturales y de relatos que tratan sobre vivencias de los ancestros humanos de los tanimuca y macuna3. Para estos indígenas el Camino del Pensamiento empieza con la creación de este mundo. En su trayecto están las huellas de la gente que existió, ya que este camino se recorre desde que nació la primera generación humana. Pero tiene un fin: la destrucción del mundo, destrucción que hoy en día los indígenas interpretan de dos formas. Una es literal y conlleva el cataclismo cósmico. La otra implica su desaparición como grupos social y culturalmente diferenciados, es decir, el fin del mundo indígena.

El texto está estructurado en seis partes. La primera es una introducción a la región. La segunda es el inicio del Camino del Pensamiento y presenta una síntesis de mitos cosmogónicos. La tercera muestra algunas etapas del Camino del Pensamiento, pues reúne algunos eventos históricos, ordenados cronológicamente según las posibles correspondencias temporales con las fuentes escritas; dichas etapas aportan elementos para la comprensión de la conciencia histórica de estos grupos y sobre cómo han respondido a diversas circunstancias en donde vieron comprometida su supervivencia. La cuarta examina algunos significados y mensajes inscritos en el Camino del Pensamiento. La quinta consiste en reflexiones en torno a si el OT de la región es un proceso de fortalecimiento a la autonomía indígena o una nueva forma de dominación. Y la sexta son unas consideraciones finales, en donde propongo que este tipo de procesos sólo son aportes valiosos sí contribuyen a la construcción conjunta de un pensamiento común, permitiendo la unidad a partir del respeto a la diferencia y no de su negación u homogeneización.
EL BAJO APAPORIS

La región del Bajo Apaporis, situada cerca de la frontera entre Colombia y Brasil, forma parte del Noroeste Amazónico y, junto con el Mirití-Paraná, constituye el sur del complejo socio-cultural del Vaupés. Allí residen aproximadamente 1.500 indígenas de varios grupos étnicos pertenecientes principalmente a tres familias lingüísticas. Los yujup, cuya lengua pertenece a la familia Makú-Puinave. Los ide masá, los imia masá, los jeañara, los emoa masá (llamados genéricamente macuna)4, los yairimajá (tanimuca), los yuwiwejémajá5, los letuama, los yauna y los barasana, cuyas lenguas son de la familia Tukano oriental. Y cabiyari, yucuna y matapi cuyas lenguas son Arawak. En la región hay 18 comunidades que oscilan entre los 25 y los 240 habitantes y son multiétnicas, aunque presentan una tendencia a la residencia virilocal. Además, la maloca, o casa comunitaria, sigue siendo su principal referente ritual y uno de los más importantes en lo social y político (véase Mapa).

Los indígenas de la región son ante todo agricultores y pescadores, actividades que combinan con la caza y la recolección en el bosque. Las fuentes de ingresos económicos son la contratación de servicios con el Estado y de los subsidios que éste provee, el trabajado asalariado temporal en la región o fuera de ella y la venta de excedentes agroforestales a pequeña escala. En el Bajo Apaporis no viven colonos, aunque eventualmente se presentan fortuitos mineros o pescadores artesanales. Cabe anotar que todo el Bajo Apaporis es un área protegida cubierta por los resguardos Yaigojé-Apaporis, Puerto Córdob, Mirití-Paraná y Gran Vaupés. Es decir, este análisis se basa en experiencias de lugares relativamente aislados de los flujos de capital de hoy, con poca población blanca, en grupos que aun permanecen en sus territorios ancestrales o muy cerca de ellos, y cuyos líderes aún viven allá la mayor la parte del año.

El panorama etnológico del Vaupés muestra que esta diversidad de grupos étnicos participa de las mismas redes de relaciones sociales, por lo cual el análisis de cualquiera de estos grupos debe contextualizarse dentro de este sistema (Århem 1981, Jackson 1983, Hugh-Jones 1997). A su vez, la historia regional, cuyo origen entre examinar en la siguiente sección, sugiere que los procesos de contacto entre grupos de distintas tradiciones socio-lingüísticas menoscabaron las fronteras étnicas y posibilitaron la recreación, formación, extinción o incorporación de unos grupos en otros. Sin embargo, las particularidades étnicas perviven, entre otras razones, porque sustentan el sistema regional que las articula y en el que coexisten superpuestas (Jackson 1983, Hammen 1992, Reichel-Dolmatoff 1997). Además dependiendo del contexto y de los intereses en juego, dichas particularidades se exaltan, por ejemplo en un intercambio de bienes rituales, o se minimiza u ocultan, como en un reunión de la organización indígena regional con un entidad estatal (Franky 2001, Mahecha 2004).



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