El caso del Acueducto Las Malvinas en Hermosillo, Sonora 2004-2005



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Conflicto, el agua entre la agricultura y la ciudad: “El caso del Acueducto Las Malvinas en Hermosillo, Sonora 2004-2005”*
Valeria Elizabeth Figueroa Rodríguez**
Tras la escasez de agua en Hermosillo, Sonora, se ha suscitado un sinfín de problemáticas alrededor de proyectos que intentan el mejor suministro de agua para la ciudad. El último de ellos es el conflicto que provocó un acueducto que se construyó para atraer agua de la zona rural a la urbana y cubrir esta necesidad. Sin embargo, los habitantes de la zona por la que atraviesa dicha obra se opusieron rotundamente al sentir que serían afectados con la pérdida de agua y con ello su actividad de subsistencia, la agricultura.
El acueducto Las Malvinas es una obra pactada entre el Ayuntamiento de Hermosillo y el Campestre Hacienda La Labor, la cual es representada legalmente por el ciudadano José Antonio Gómez Astiazarán, a quien el ayuntamiento compró dos pozos de agua de donde serían extraídos 250 litros por segundo para cubrir 7.5 millones de metros cúbicos por año.
Para el 3 de diciembre de 2005 ya se recibían 5 millones 343 metros cúbicos del acueducto, equivalentes al 72 por ciento de la cantidad total de agua estipulada en el contrato de compra de los pozos. Ésta cantidad serviría para cubrir el 7.8 por ciento del déficit de agua que necesitaba Hermosillo para su abastecimiento, así lo afirmó el director de Agua de Hermosillo para los Hermosillenses (Aguahh) Enrique Martínez Preciado (2003-2006).
A raíz de lo anterior, ejidatarios, productores y residentes de 15 localidades aledañas al acueducto se organizan y se manifiestan en su contra. Se realiza el primer plantón el 17 de enero de 2005, seguido de manifestaciones, desalojo por parte de la Policía Judicial del Estado y Municipal, reclamos y diálogos por más de medio año, además del bloqueo a la construcción de la obra hidráulica para impedir su avance. Este movimiento social dejó en claro el conflicto por el agua entre la agricultura y la ciudad, retrasó la obra y ocasionó estragos con el ya famoso “tandeo”.
El caso muestra una transferencia de uso del recurso: de destinar el agua agrícola al agua urbana. Ello implica fuertes conflictos entre usuarios urbanos y rurales. Significa adentrarse en escenarios diversos, en aspectos contrastantes, en derechos sociales legítimos, en arraigadas tradiciones donde las condiciones económicas, política, y culturales determinan diferencias en cuanto al valor que el agua adquiere para cada uno de los actores. El conflicto es motivado por la disputa de una decisión, de una acción, por el uso de los recursos o por la forma de definir el problema y sus soluciones.
Con el objetivo de asegurar el abastecimiento de agua y calidad de vida de las personas que habitan en la ciudad de Hermosillo, el Gobierno Municipal, dentro de sus prioridades, contempló, a través del Organismo Operador Aguahh, la incorporación de pozos de uso agrícola a las zonas de captaciones existentes mediante la compra de derechos o volúmenes de agua.
El conflicto tiene sus antecedentes en 2003, cuando inician las pláticas entre el entonces director de Aguahh, Jorge Amaya Acedo, y José Antonio Gómez Astiazarán, administrador de Campestre Hacienda La Labor, sobre la posibilidad de que éste venda agua a la ciudad.
Sin embargo, es hasta el 15 de mayo de 2004, cuando Enrique Martínez Preciado, director de Aguahh, da a conocer que propietarios de los pozos “Las Malvinas” y “La Tijera” y directivos de Aguahh realizaron negociaciones para concretar la venta del líquido e inaugurado con ello, la era del mercado del agua a nivel local.
Dicho proyecto consiste en la construcción del acueducto Las Malvinas con capacidad para 250 litros por segundo y con una longitud de 18 kilómetros, que sería conectado a la red del predio denominado Campestre Hacienda La Labor, S.A. de C.V. al acueducto La Victoria, que abastece principalmente a la zona norte de la ciudad. Los costos de operación de dicha obra corrieron a cuenta de Campestre Hacienda La Labor a quien se le compraron los pozos de agua con un costo de 500 millones de pesos, que sería cubierto en pagos de entre 23 y 26 millones de pesos durante 20 años.
Fue el 2 de diciembre cuando el presidente de la Asociación de Usuarios de la Cuenca El Zanjón, Rolando Castelo Parada, señala que el plan de proveer de agua a Hermosillo a través de pozos ubicados al norte del municipio afecta a productores agrícolas, privados y del sector social, y no soluciona la escasez de agua, por lo que manifiesta que Aguahh debe buscar el abasto del líquido a largo plazo y no por un periodo corto. Haciendo caso omiso a esta advertencia, el 22 de diciembre inician las obras de construcción del acueducto.
En una entrevista con Martínez Preciado, éste admitió que mediante una columna periodística se enteró que agricultores de Pesqueira estaban en desacuerdo con la obra, no obstante esta advertencia, consideró que no habría ningún problema y pasaron por alto la noticia.
El exceso de confianza, la supuesta legalidad de todos los trámites y gestiones necesarias para la construcción del acueducto, el deseo de cumplir con su función de director de Aguahh y proveer a la ciudad el total de abasto del agua que requería, llevó a “ciegas” a Martínez Preciado y a la alcadesa María Dolores del Río a cometer errores en la ejecución e implementación de la obra.
Yo sí sentí que había un miedo real de la gente, o sea, no sé si alguien lo infló, le echó aire, o algo, pero sí había gente que efectivamente tú la veías convencida de que lo que íbamos a hacer les iba a afectar a ellos, y nos falló creo un poco la implementación, sí, sí, sí hubo algo de eso, a lo mejor si hubiéramos hecho un poco más de contacto, pero también a lo mejor ahorita no estuviera hecho el acueducto.1
No fue sino hasta el mes de enero de 2005 cuando Agua de Hermosillo presenta la solicitud ante la Comisión Nacional del Agua (cna) sobre cinco pozos para cambiar su uso de agrícola a público urbano, desencadenando voces dentro de la política y expertos en el agua.
La razón más poderosa para no pensar en los ejidatarios o habitantes aledaños, antes de que se desencadenara el conflicto, fue que los pozos eran de un particular el cual tenía, a su ver, todo el derecho de vender, usar o rentar el agua a su disposición a quien más le conviniera.
Nunca me imaginé lo que iba a suceder, yo creo que ese sí es un gran error y un gran aprendizaje, que nos dejó las Malvinas, definitivamente que sí, porque, pensábamos que no iba a haber ningún problema.2
Es decir, según el ejemplo dado por Martínez, si alguien tiene una casa y quiere vender su casa, ni el vecino de uno u otro lado o toda la colonia tienen por qué ponerse en contra del derecho que tiene esa persona de hacer con su bien, con su título, con su propiedad, lo que mejor le parezca. Sin embargo un recurso natural como al tratarse de el agua de un acuífero, aunque existen normas de regulación y de medición, no puede vigilarse a simple vista, aun cuando dichos pozos permanezcan al acuífero San Miguel de donde se extrae agua para la zona oriente de Hermosillo y parte de San Miguel de Horcasitas.
Se consultó el Estudio de Impacto Ambiental, modalidad particular del Proyecto “Acueducto Las Malvinas”, donde se manifiesta que dicha actividad generaría un impacto mitigable o autogenerable, sin embargo, no se contempla el impacto que pudiera tener en cuestión de agua, ya que los interesados consideraron que eso lo tenía que ver la cna y era algo que a ellos no les competía.
Mientras tanto, un grupo de actores sociales se organizaba promoviendo a Jesús Francisco Félix Armenta como líder del movimiento para dirigir y representar a los ejidos. Dicha elección se llevó a cabo por considerarlo como una persona con estudios y preparado para enfrentarse ante las autoridades, a diferencia del resto de los integrantes, que por sí mismos se definían como “iletrados”.
La organización de éste movimiento tiene dos supuestos: uno, el antes mencionado, y el otro, lo que José Antonio Gómez afirma, es decir; que los líderes involucrados en el movimiento recibieron dinero de una tercera persona, quien de alguna manera “patrocinaba” el conflicto, para que fueran los líderes como Jesús Francisco Félix Armenta, quienes se encargarían de “acarrear” a personas que estuvieran dispuestas a formar parte de un “teatrito”, como lo categorizó.
No obstante, los involucrados en el movimiento sostienen que cuando se enteraron del acueducto, en mayo de 2004, hicieron una reunión donde se nombró a un comité para dirigir y representar a los ejidos, reunión en la cual se eligió a Félix Armenta como el Presidente del comité.
Ya para el 17 de enero de 2005, más de 200 ejidatarios de El Zacatón, Zanjón, Pueblo Nuevo y otras comunidades, liderados por Félix Armenta, comienzan con una manifestación violenta, paralizando las obras del acueducto “Las Malvinas”, que para entonces tenía un avance de 7 mil metros de excavación de zanja y 4 mil 300 metros de tubería instalada. Decidieron protestar en respuesta al supuesto del autor Klandermans, quien afirma que los que protestan son los que tienen una esperanza más que una desesperación.
Pues así, con la esperanza de que la obra se cancelara y conservar su forma de vida, la paralización de la obra señala el conflicto entre autoridades y comunidades rurales para tratar de evitar que se llevaran la escasa agua que tenían y con la cual sostenían su actividad económica.
No obstante, el 4 de mayo desalojan con el apoyo de la Policía Judicial del Estado y la Policía Municipal a los manifestantes del plantón, por estar situados en propiedad privada. Sin embargo, los actores sociales movilizaron uno de sus recursos y cambiaron el plantón en el terreno propiedad del líder de ejidatarios Félix Armenta, ubicado en el kilómetro 8 de la carretera del Real del Alamito, el hecho de cambiarse de locación, de construir ahí un campamento y dejar libre la zona de construcción, fue un acto que tal vez les llevó a la pérdida de la lucha.
Para el 3 de junio vecinos de Zamora, bloquean la carretera en protesta por la construcción del acueducto, y el 9 del mismo mes vuelven a bloquear ejidatarios la carretera a Zamora, porque la Alcaldesa no acudió a la reunión pactada.
El 25 de octubre reinician los trabajos de obra Las Malvinas, con agentes municipales que acuden al lugar para evitar conflictos entre ejidatarios y constructores y un día después, la cna Autoriza a Aguahh, entre 60 y 70 litros para extraer de los 250 litros por segundo que se esperaba.
El 7 de noviembre informan que aunque el proyecto estaba programado para que habilitarse en mayo, la conclusión y entrega del mismo sería hasta el 31 de octubre, aunque en realidad, los trabajos no se concluyeron para esa fecha, sino hasta el 29 de noviembre, cuando se entrega la obra y comienzan las pruebas para verificar su buen funcionamiento. Ya para el 2 de diciembre, el acueducto se conecta a la red del “acueducto La Victoria”.
Fue entonces cuando quedó sobrentendido que la lucha había terminado y que como dijera el señor Eriberto Quijada, citando al Subcomandante Marcos, “porque por las buenas, las malas o por la ley se gana, a la que le da la gana”, haciendo alusión a la entonces alcaldesa María Dolores del Río.
El 30 de diciembre se anuncia formalmente en la prensa el término de la lucha contra Las Malvinas, mostrando cómo habían quedado abandonadas las instalaciones donde ejidatarios y habitantes habían permanecido en protesta a lo largo de un año.
Todo parecía haber concluido, pero, para el 2 de febrero de 2006, aparece en el periódico El Imparcial una nota informativa en donde la Presidenta Municipal implicaba en el movimiento, al entonces precandidato a la Alcaldía Javier Gándara Magaña. Sin embargo, tales declaraciones de ambas partes no tuvieron trascendencia en la prensa, y con ello se dio carpetazo al tema.

Aunque los estudios sobre movimientos sociales ambientales enfatizan que uno de los factores determinantes para la construcción de una acción colectiva es contar con expertos en temas relacionados o con información adecuada, aquí se mostró que la participación de organizaciones con legitimidad social puede ser incluso más importante. A pesar de ello, los grupos más poderosos lograrán colocar de mejor manera sus temas de interés, aun sobre aquellos con más información o expertos en medio ambiente.


En el caso del acueducto Las Malvinas se muestra que a diferencia de otros movimientos sociales ecologistas, este grupo de actores sociales se movilizó en una acción colectiva con base en la información adquirida en su experiencia laboral y de vida cotidiana, y no por asesorías de expertos en la materia.
A uno lo ignoran, a uno lo ven como a nada, ahí los mandaron, cuando creíamos que íbamos a tener ayuda del gobierno, los mandaron a 120 judiciales y policías, mandaron Cruz Roja, mandaron bomberos, habíamos cuatro ejidatarios, así como andamos aquí, qué vamos a hacer, nada…si la gente hubiera jalado, hubiéramos hecho algo, pero la gente tiene miedo a morirse, y hay que estar dispuesto a morirse uno muchas veces para poder lograr algo, necesitan morir unos pa’ que vivan otros.
Eriberto Francisco Quijada

Ejidatario manifestante en contra del acueducto “Las Malvinas”





** Ponencia presentada en el xxxiv Simposio de Historia y Antropología. Tierra y agua: Protagonistas de la Historia, 27 de febrero de 2009.

**** Maestra en Ciencias Sociales con Especialidad en Estudios Urbanos y Ambientales. Asistente de Investigación de El Colegio de Sonora, vfigueroa@colson.edu.mx

1 Enrique Martínez Preciado, (Marzo 2007), entrevista.

2 Enrique Martínez Preciado, (Marzo 2007), entrevista.



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