El cristiano en el tiempo y la consumacion en la historia de la salvacion



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EL CRISTIANO EN EL TIEMPO Y LA CONSUMACION EN LA HISTORIA DE LA SALVACION

ESCATOLOGIA

0.- PRESENTACION

Como todos los tratados teológicos que hasta hoy hemos visto en la Escuela de Ministerios Laicales y del Diaconado permanente, el estudio de la Escatología, no pretende ser un curso, donde se agote todo lo respectivo a la vida del cristiano en el tiempo y la consumación en la historia de la salvación.

Sin quitar el dedo en la llaga de que cada cristiano tiene que dar “razón” de su fe, y que por ende, debe, profundizar en lo que cree y vive. Este manuela pretende y invita a la profundización de este tema, con más dedicación y esmero, en una escucha atenta a la Palabra, con un dialogo inteligente con el Señor, para lograr un descernimiento comunitario de lo que será el futuro de nuestra experiencia de fe. ¿Consumación? ¿Destrucción? ¿Cambio de época? ¿Final de los tiempos? ¿Qué hay más allá de la muerte? ¿Habrá vida eterna? ¿resucitaran los muertos?

Los hermanos separados viven angustiados por el fin del mundo, y el ¿cristiano católico que piensa de esto? ¿Cómo se prepara para el futuro?, ¿Cuáles son los criterios que rigen su vivir cristiano en el mundo? Seremos ilusos o nuestra confianza es tal en Señor que solamente estamos esperando que el venga de nuevo para gozar de su presencia, sin preocuparnos de ¿cómo será?, ¿Cuándo será? O sencillamente hemos perdido la conciencia del esjatom; es decir, de “lo último”.

El tratado de la Escatología cristiana, nos ayudara a renovar nuestra conciencia de que estamos de paso por este mundo, que esperamos “cielos nuevos y tierra nueva”; que nuestra confianza y esperanza están puestas en el Señor, sin descuidar las realidades temporales y sin dejar de pisar firmes en la realidad que nos rodea. Y que al final de la “consumación de los tiempos” cosecharemos de los frutos que hayamos sembrado y que finalmente “contemplaremos al Dios del amor, de la verdad, de la justicia y de la historia, cara a cara”; y nos dirá “Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo: Porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber…”1.

La escatología cristiana es, en definitiva, una mirada detenida a la parte final o clímax de la historia salvífica, del proyecto divino para el hombre y el mundo. Es meditación creyente, asombrada y admirada, de los extremos a que llega el amor de Dios por las criaturas. Es también reflexión sobre el influjo de ese futuro trascendente en la vida presente; y por tanto, reflexión practica, que mueve al cristiano a secundar, sin perder el ritmo, el proyecto salvífico. En definitiva, es ciencia salvífica, que proporciona sentido, valor e impulso a la vida del creyente en la tierra.

Pbro. Lic. Oscar Juárez Vázquez.

CAPITULO I

NOCION CRISTIANA DE ESCATOLOGIA

La escatología cristiana es el estudio escatológico sobre las "realidades últimas" profesadas por el cristianismo y por lo tanto sobre las esperanzas en las que se sostiene. Esta esperanza y todo lo que ella abarca es el motivo de estudio que se conoce como Escatología. Anteriormente, la escatología dedicaba su estudio exclusivamente a las cosas que le sucederían a cada persona individual luego de su muerte y a la humanidad al terminar su historia.

La palabra escatología significa etimológicamente "tratado de los éskahtos", éskahtos significa en griego cosas últimas2, equivalente a la expresión latina que solía emplearse como titulo de los tratados: De novissimis (novissimun= lo ultimo), es decir, la escatología es el estudio de las cosas que sucederían, tanto con cada persona individual como con la humanidad, al final de su historia y de su vida. Significa, entonces, literalmente, la doctrina sobre el fin, tanto de la vida individual, como la del mundo. Mas precisamente, es la reflexión creyente acerca del misterio de consumación que Dios tiene reservado para la humanidad y el universo entero. Para estos propósitos, las cosas últimas se identificaban sobre todo con cuatro puntos principales:


  • La muerte

  • El juicio

  • El cielo

  • Y el infierno

Esta definición requiere de algunas precisiones.

1.- LA IDEA CRISTIANA DE CONSUMANCION DE LA HISTORIA.

Con el termino de consumación nos referimos no a un mero acabarse de la vida humana o de la historia universal, sino a una realidad más profunda y amplia: la llegada a una meta y el acabamiento de una historia que tiene sentido desde el inicio hasta el final.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que hay una gran diversidad de “modos de ver”: cosmovisiones; que niegan este sentido de la historia. En lo último se hace presente no solo el extremo final, sino la realidad entera. Es en la escatología donde la realidad se revela de modo inconfundible en esta doble dimensión: presente y futuro; inicio y final.

La fe cristiana, por lo tanto, tiene un modo concreto de contemplar la historia3, “todo tiene sentido en Dios”, no hay una historia que este separada de Dios. Dios está presente en la historia del mundo; es principio y fin de la historia.

Por lo tanto, la fe cristiana mantiene dos afirmaciones:

a) la historia tiene dirección, se encamina hacia la plenitud

b) su marcha esta presidida por un Dios de amor.

Frente a las visiones a-direccionales o cíclicas de la historia, la fe cristiana puede caracterizarse de direccional y lineal. Porque arranca de un punto que representa un comienzo absoluto (creación de la nada), se dilata bajo la constante actuación de Dios en los Kairoi (momentos decisivos de intervención divina), y llegara a una consumación (participación de la creación en la Eternidad de Dios). El resultado grafico básico de este sentido de la historia contiene un punto “alfa” y un punto “omega”, y entre estos dos puntos hay una línea de progresión, trazada por el dialogo entre Dios y las criaturas libres.

Lo que salta a la vista en este esquema lineal es el carácter original e irrepetible de cada instante, tanto de la historia universal como de la individual. Por encima de los ciclos del cosmos, la libre actuación de Dios y de los hombres imprime un rumbo decisivo a la historia, orientándola hacia un télos4 y convirtiéndola en drama de amor.

Es importante recordar que la fe cristiana posee además una dimensión teológica y trascendente. La fe concibe la historia como iniciada por una libre y amorosa decesión de Dios, que crea. Esta igualmente convencida de que este Dios tiene proyectado para el hombre y el mundo una meta final, que no es un simple acabarse, sino más bien un final feliz, consistente en una autentica plenitud o consumación. Por lo tanto el creyente no puede ver el tiempo como el simple tictac del reloj, sino como una sucesión de pasos hacia la plenitud. Para él, no debe existir el pasar aséptico del tiempo, sino una dirección de fondo y un sentido último de los acontecimientos.

La visión cristiana del “fin” está hondamente marcada por el acontecimiento- Cristo. El Hijo eterno de Dios, que naciendo en el tiempo, inaugura la era de salvación y plenitud. Con su primera venida, implanta el Reino de Dios, abre las puertas de la Vida Eterna, aunque lo hace de forma incoada. Jesús trae los bienes mesiánicos en forma de semilla, dejando para un momento posterior – el de su Retorno, segunda venida – la consumación de la historia salvífica y la forma definitiva del Reino.

Por lo tanto, hay que notar que existe un tiempo intermedio entre la primera y la segunda venida, una era de “anticipación” y “expectación”. No se trata exactamente del “fin de los tiempos”, según la concepción judía, sino mas bien del “tiempo del fin” o “los últimos días”: la era de salvación sustancialmente inaugurada por Cristo, pero pendiente aún de acabamiento. En este tiempo intermedio, el creyente pude gozar ya de los bienes de salvación, pero a la vez anhela su realización más completa. La tensión entre el “ya” y el “todavía no”5, caracteriza profundamente el ánimo del creyente, hasta el punto de constituir un aspecto definitorio del ser cristiano.

2.- CARACTERISTICAS DE LA ESCATOLOGIA CRISTIANA

La exactitud de una buena interpretación de la Escatología cristiana depende evidentemente de los presupuestos o características a partir de los cuales se explique lo escatológico, es decir, el problema de la definitividad en la historia. Es sabido que el hombre no ha logrado mirar la historia con imparcialidad hasta relativamente tarde. De ahí una serie de interpretaciones sobre el fin del mundo o del juicio final.

Es necesario entonces tener claro las características de la escatología cristiana para evitar supuestos e interpretaciones falsas:

La historia del tratado de la escatología

El lugar tradicional de ésta en la dogmatica

El lenguaje escatológico en la Biblia

Unidad en la economía salvífica

Apofatismo6 escatológico y esperanza cristiana

La cristología como escatología.

Escatología y significación del Crucificado resucitado

Significación de la Parusía

Significación de la muerte y vida

Significación de juez y juicio

Y finalmente la significación de la resurrección de los muertos.

Es claro entonces que en el conjunto entendido de todas estas características esenciales podremos entender mejor lo que es “verdaderamente la escatología Cristiana”.

Capítulo II

LA HISTORIA DEL TRATADO DE LA ESCATOLOGÍA

1.- ÉPOCA PATRÍSTICA

Los escritos de los primeros cristianos pueden considerarse más como una expresión de nostalgia por el Señor Resucitado y el anhelo de su “regreso”, que un intento de exposición sistemática sobre el tema que nos ocupa. Ciertamente, encontramos ya entre los documentos más antiguos indicios de un esfuerzo por comprender y penetrar el misterio escatológico7. ,

Es a partir del S. II en dialogo con el helenismo que los cristianos empiezan a elaborar apologías que ofrecen explicaciones orgánicas sobre los novísimos8. Las exposiciones de ese tiempo se pueden agrupar en dos clases: tratados monográficos, que defienden o explican temas específicos de escatología; y explicaciones situadas en el interior de exposiciones globales de la fe cristiana.

En el primer grupo encontramos a San Justino, Atenágoras, San Ireneo, Tertuliano, San Agustín y otros tantos autores de esta época, que explicaron, escribieron y defendieron el tema de la esperanza en la resurrección de los muertos9.

Otros temas escatológicos explicados en ese tiempo, no menos importantes son: el anticristo10, la parusía, el fin del mundo, el juicio, la retribución eterna11; el Reino milenario12; el destino humano después de la muerte13.

En cuanto al segundo destaca la aportación que Orígenes en el S. II hace sobre el tema del destino final de la creación14.

A lo largo de esta época encontramos dos polos entre los que oscila la reflexión creyente por un lado, la pregunta por el destino del universo y de la humanidad como colectividad y, por el otro, la pregunta por el destino final de los seres individuales en líneas generales, podemos afirmar que con el paso del tiempo, se va perdiendo el interés por la primera pregunta y se empieza a dar una concentración mayor de reflexión por la segunda.

Pero paralelamente se desplaza la atención creyente del misterio del Reino en cuanto consumado, al del Reino incoado en la historia (Iglesia peregrinante, gracia, etc.): esto da lugar al desarrollo de la “teología de las penúltimas realidades.

Este tiempo se caracteriza por la expectación de la consumación del mundo y el destino del alma después de la muerte corporal y la idea originaria de carácter histórico, de que el juicio y la salvación eran realidades presentes; la espera por lo tanto de su manifestación, fue asumida sin más en una concepción intemporal de la salvación.

Por otro lado, esta expectación se caracterizaba por un triple contenido: el inminente juicio y fin de este mundo, su renovación por la venida de Dios y el carácter decisivo de la hora presente.

El retraso de la parusía y el debilitamiento de su próxima expectación planteo un problema específico, a los padres de la Iglesia, en relación a su interpretación, se distinguen cuatro rasgos característicos: el primero aparece en la carta de Bernabé y en Clemente de Alejandría. En ellos, el concepto de parusía se refiere al presente15.

Clemente de Roma, representa la segunda característica, reflejando la ortodoxia de la gran Iglesia. El marco cosmológico de su pensamiento le lleva a empobrecer sensiblemente la tensión escatológica. El centro de su escatología lo constituye no la parusía, sino la resurrección del hombre, que trasciende el orden del cosmos y nuestras posibilidades de comprensión. Por lo tanto pone el acento de la parusía no en el carácter inmediato, sino en el carácter repentino e inesperado de la venida del Señor. No insiste tanto en el Señor y su reino cuanto en las promesas divinas. El bien salvífico de la resurrección corporal constituye el punto central de la esperanza en el reino de Dios. A la promesa de la resurrección como recompensa sigue el anuncio del juicio futuro; la atención se centra más en el juicio y el destino subsiguiente a la muerte del individuo que en el juicio final.

Con esto se inicia una evolución que será determinante para la teología posterior. “la escatología se convierte en un tratado sobre las postrimerías…que se desplazara muy pronto, incluso formalmente, al final de los grandes símbolos de fe. “Creo en la resurrección de los muertos y el mundo futuro”.

La tercera característica se encuentra en la amalgama del pensamiento y de los escritos propios del tiempo16. Manteniendo la orientación introducida por Clemente de Roma se llega a un punto en el que ya no se pide la venida del fin, sino su dilación. Por lo que se empieza a hacer una interpretación del retraso de la parusía como una dilación operada por Dios.

Justino escribe: “En atención a la delicada semilla del cristianismo, que Dios considera como fundamento de la conservación de la naturaleza, se retrasa el final y la destrucción del mundo entero, que significaría el fin de todos los malos, ángeles, demonios y hombres. De no ser así, tampoco vosotros podríais, seguir obrando de esa manera, dejándoos utilizar por los malos espíritus; habría descendido el fuego del juicio para acabar implacablemente con todas las cosas como en tiempos del diluvio, que solo dejo con vida a Noé y a los suyos”17.

Tal dilación permite dos interpretaciones: la dilación de la catástrofe escatológica con vistas a un mundo mejor18 y la dilación del juicio en atención a una humanidad malvada, para que tenga tiempo de hacer penitencia19.

Entre los escritos neotestamentarios, la carta a los Hebreos20 y la segunda Carta de San Pedro21 se oponen expresamente a la concepción que atribuye el retraso de la parusía a que Dios no ha decidido el momento. Los textos bíblicos recalcan que la paciencia de Dios es el centro de tal dilación.

Y finalmente la cuarta característica esta configurada por el pensamiento de los sirios. San Ignacio de Antioquia mantiene la idea de un fin próximo e interpreta la expectación de la parusía en un sentido predominantemente ético22. Por lo tanto, la autentica idea de parusía o fin de los tiempos se pierde en divagaciones sobre el juicio, el juez futuro, la consumación o el fin de los eones. El centro de la reflexión gira entonces que de la expectación escatológica pase de la soteriología o cristología a la parénesis y a una concepción histórico – mitológica preocupada por los eones.

Por otra parte, la escatológica de los sirios se caracteriza sin duda por el hecho de que introdujeron sus ideas sobre la parusía en el pensamiento trinitario.

En la formulación, por lo tanto, del mensaje escatológico, desde esta perspectiva, influyeron ciertos motivos apologéticos. El punto más controvertido de esta vertiente teológica sobre la escatología, fue la creencia en la resurrección de la carne, del cuerpo o de los muertos. La fe en la resurrección de la carne dista mucho de ser un asunto secundario. En ella está en juego la salvación proclamada en nombre de Cristo. Además son conscientes de que solo se puede hablar de una sola resurrección de los miembros en relación con la resurrección de la cabeza.

Al afrontar y tratar ciertas cuestiones discutidas sobre este aspecto, los Padres de la Iglesia captaron y conservaron perfectamente el contexto global de la problemática esbozado por la teología paulina.

La constante lucha por conservar y asimilar la promesa y la expectación de la parusía y por justificar oportunamente la fe en la resurrección de Cristo y de los muertos no paso sin dejar huella en la actitud de los cristianos ante el tiempo, la historia y el futuro. Además, esta situación condujo en el terreno de la antropología a una concepción del hombre totalmente nueva y a un cambio fundamental respecto del sentido del presente, del tiempo y de la historia.

Este cambio se resume ordinariamente en el termino escatológico: el cristianismo aparece como una realidad esencialmente escatológica; la Iglesia se comprende a si misma como comunidad escatológica; el Nuevo Testamento es entendido como una alianza nueva, permanente y definitiva; y Cristo mismo es denominado el ultimo Adán porque es el autentico hombre nuevo.

La Iglesia posapostolica acepto decididamente esta orientación y, apoyada en el testimonio de la Escritura, le dio una interpretación cristológico-eclesiológica. A la luz del Christus totus de la fe se esclarecen las dimensiones del presente, de la historia en cuanto historia de salvación y del futuro. Así, los ésjata23 quedan claramente incluidos en la perspectiva cristológica y económico-salvífica. Un signo decisivo de este cambio es la resurrección de Cristo, que constituye el preludio de la resurrección universal y, por tanto, es cifra de salvación, redención, esperanza y promesa.

2.- LA EDAD MEDIA

Para estudiar el papel de la escatología en la teología medieval, podemos seguir los diferentes estadios de desarrollo por lo que pasa el tratado de escatología. A ello nos ayudara la tendencia a lo sistemático, que caracteriza a la teología medieval24. En el sistema desarrollado, por la escolástica, el tratado de escatología ocupa la última parte.

Pedro de Lombardo es el primero en conceder a la escatología un lugar propio en el cuerpo doctrinal de la teología.

Las numerosas sentencias de este tiempo relativas a los ésjata se agrupan de acuerdo a su contenido. Podríamos decir, de manera general que este tiempo no hay nuevas aportaciones sobre el tema de la escatología. Lo que se hace es reflexionar, analizar y sistematizar con algunos matices no poco importantes sobre lo aportado por la época patrística.

Julián de Toledo en el siglo VII intento tratar de forma unitaria la escatología universal y la escatología individual25, sirviendo como botón de nuestra de hasta qué punto las cuestiones de escatología individual e intermedia habían desplazado las de la escatología general.

Sin embargo, esto no significa, que se vea totalmente postergada la escatología universal en la visión cristiana. Existen muchos escritos de la época donde se pueden detectar una sensibilidad hacia el carácter “teleológico” de la historia, y la convicción de que un clímax aguarda al hombre y al mundo.

Hallamos en este tiempo la idea de fin en bastantes tratados escolásticos: un ejemplo se encuentra en Hugo de San Víctor, que ve los eventos históricos desde la creación hasta el fin de los tiempos, como parte de una gran obra divina de restauración.

Por otra parte, Pedro de Poitiers expone los sacramentos como camino que conduce a los miembros de la Iglesia al lugar al que han sido precedidos por la cabeza26.

Ruperto de Deutz elabora un teología de la historia, según la cual la entera creación esta ordenada a Cristo, para que El se constituya en su cabeza humano-divina y eleve todo, como sumo sacerdote regio, hasta Dios en una liturgia cósmica27.

Santo Tomás de Aquino, el gran sistematizador del corpus teológico de la Iglesia, opta por el esquema de exitus-reditus para tratar la escatología desde el principio rector cristológico.

La discusión medieval en torno al grado de retribución que recibe un individuo después de la muerte y antes de la resurrección universal da lugar a uno de los documentos magisteriales más importantes sobre escatología: la Constitución Benedictus Deus, publicado por el Papa Benedicto XII en 1336.

3.- REFORMA Y EPOCA MODERNA

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