El Derrumbe de un (sub)Género o la desarticulación de la novela policial



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Universidad de Chile

Facultad de Filosofía y Humanidades

Departamento de Literatura

El Derrumbe de un (sub)Género o la desarticulación de la novela policial

Tesina para optar al grado de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas

Autor:
Alan Meller Rosenblut

Profesor Guía:


Federico Schopf

Julio, 2001

Cualquier parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de la manera que se desee y por cualquier medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del autor.

Agradecimientos

PatricioMeller (quien me dijo nihil qui non legere est) ClaraRosenblut (mater una est tantum) FredricJameson ArielMeller JeanFrancoisLyotard IlanaMeller CarlosAlmonte JeanBaudrillard DavidNoe JorgeLuisBorges MaximilianoGabarroche PaulAuster MateoGoycolea UmbertoEco MiguelanjelAcosta FedericoSchopf MigueldeCervantes AlfredoGaete AnaTraverso JulioCortázar DavidWallace JimJarmusch DianaStrauss RolandBarthes E.M.Ciorán LiliGendelman EstherDíaz DanielAuster JeanneteGarcía DanielQuinn ChrisPace RebecaRatinoff RaymondChandler DashielHammet PeterStillman EdgarAllanPoe RodrigoValdés KruderundDorfmeister DanielaOrostegui WilliamWilson AlejandraRoizen MilesDavis FannyYudelevich CristianCuturrufo JuanFranciscoJordán JoelCohenEthanCohen MattGroening LewisCarroll BárbaraVarela QuentinTarantino, y a la gente del Bar'o'metro.



Epígrafes

Dios es una esfera inteligible, cuyo centro está en todas

partes y la circunferencia en ninguna.

Hermes Trismegisto1

Éste aborrecía el universo y hubiera querido adorar a Dios, pero Dios, para él, era menos real que el aborrecido universo.

Borges sobre Pascal

Un universo donde el centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.

Paul Auster

La naturaleza es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.

Pascal

La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.

Jorge Luis Borges

El centro, por lo tanto, está en todas partes, y no se puede trazar ninguna circunferencia hasta que el libro ha terminado.

Paul Auster

Una esfera espantosa cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.

Pascal

Quizás los dioses no me negarían un hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad.

Jorge Luis Borges

Un artista, un escritor posmoderno, están en la situación de un filósofo: el texto que escriben, la obra que llevan a cabo, en principio, no están gobernados por reglas ya establecidas, y no pueden ser juzgadas por un juicio determinante, por la aplicación a este texto, a esta obra, de categorías conocidas. Estas reglas y estas categorías son las que la obra o el texto investigan.

Jean F. Lyotard

La teoría no puede contentarse con describir y analizar, es preciso que constituya un acontecimiento en el universo que describe. Para eso es necesario que entre en su misma lógica y que sea su aceleración. Tiene que hacerse excesiva y sacrificial para hablar de exceso y sacrificio. Tiene que hacerse simulación si habla de simulación, y utilizar las mismas estratagemas. Si ya no pretende el discurso de la verdad, tiene que adoptar la forma de un mundo del que la verdad se ha retirado. Se convierte entonces en su propio objeto. La escritura está hecha para eso.

Jean Baudrillard

Introducción


Comenzar. Comenzar a escribir una tesis2. La primera dificultad es ponerse a escribir. Empezar a (des)ordenar el caos de información adquirido. Llevo cuatro días dilucidando la manera de comenzar. ¿Es posible el comienzo? La dificultad: uno de sus temas3 (el central o el circunscrito). La posmodernidad se presenta ante la persona que lo estudia como un entramado de ambigüedades. Diversas escuelas rechazan la existencia de la posmodernidad, otras demuestran de manera irrefutable su presencia en el mundo de hoy. Escribir una tesis en que el tema central (cuyo centro está en todas partes) sea la posmodernidad, plantea problemas. ¿Cómo ha de enfocarse el tema? ¿Se puede desarrollar una tesis acerca de la posmodernidad, entendiendo por tesis (hoy) un enfoque moderno que resuelve conflictos de manera racional? Si la posmodernidad se muestra incrédula frente a la racionalidad como forma de acceder a la verdad (e incrédula de cualquier verdad a fin de cuentas), si yo considero que la posmodernidad existe (para utlizar un resabio moderno), ¿puedo escribir una tesis racional (una tesis, simplemente) acerca de la posmodernidad? La respuesta es ambigüa: la racionalidad quizás se utilice como modo de mostrar su precariedad para tratar el tema4.

El primer conflicto que se plantea al momento de hablar de posmodernidad es en cuanto a su terminología. Es la palabra moderno la que plantea una disyuntiva. Dicho término nos remite al siglo V d.C., y significaba “actual”. Lo utilizaron los cristianos para diferenciarse de los paganos romanos, que representaban el pasado. Pero si aceptamos que moderno es lo actual, lo vigente, ¿lo posmoderno sería lo venidero, lo próximo, el mañana? Nos encontraríamos en el período histórico del futuro, del porvenir: no creo (esa idea de porvenir parece desvanecerse en la posmodernidad). Si consideramos la palabra moderno como un derivado de modo (del latín modus), tendríamos que entender por moderno el período histórico relativo a la moderación, al límite, al género; propiamente, a la medida para medir algo, de ahí el derivado modelar. Entonces, posmodernidad sería lo posterior al modelo, posterior al género5.

Quizás no es frente a la etimología histórica de la palabra moderno a lo que se enfrenta la posmodernidad, sino que a un proyecto que comienza con el siglo de las luces y que culmina (¿?) en nuestros días. El proyecto de las luces creó una ecuación de acuerdo a la cual la racionalidad generaría progreso, progreso indefinido que culminaría con la felicidad de los hombres. Si la antigüedad enfocaba el presente hacia un pasado ideal que era necesario recuperar, la modernidad (influenciada profundamente por el cristianismo) miraba hacia un futuro. Surge la idea de la utopía, aquel espacio en el que el hombre viviría sin problemas: la recuperación del paraíso perdido. El conocimiento apuntaba hacia un mañana mejor. Ése era el ideal de la ciencia, que no cejaría hasta desentrañar los últimos secretos de la naturaleza; de la ética, que a través de la razón lograría la anhelada paz y sana convivencia entre los humanos; de la estética que culminaría en la obra sublime. Aquellas tres esferas unificadas. El hombre podría acceder a la verdad como a una totalidad no fragmentada. Se crean dos tipos de relatos legitimadores: uno especulativo (que surge de la filosofía del idealismo), otro emancipatorio (político, proveniente del iluminismo). En el especulativo, la legitimación es producto de la síntesis entre ciencia, ética y estética. El sujeto de esta historia es el Espíritu regido por su racionalidad autónoma. El relato emancipatorio cede al Estado la formación del pueblo, que bajo el ideal de progreso se encaminaba hacia su liberación. El sujeto de este discurso es la humanidad regida por el conocimiento racional que lo conduciría a la perfección. Surgen los grandes metarrelatos que engloban las tres esferas y que deparan al hombre un futuro promisorio6. Visiones totalizantes, basadas en la racionalidad totalizadora. ¿Puede surgir la irracionalidad desde una base aparentemente impregnada de tanta certeza? Al parecer, sí. Todo lo real es racional, todo lo racional es real: "Auschwitz" refuta la doctrina especulativa7. El proyecto moderno, el progreso indefinido, pierde su carácter de utopía poseedora de un futuro promisorio. En nombre del progreso, el hombre ha aprendido a destruir su especie y la naturaleza. Se produce un quiebre que envuelve a las tres esferas. Lyotard sostiene: Mi argumento es que el proyecto moderno (de realización de la universalidad) no ha sido abandonado ni olvidado, sino destruido, "liquidado". Hay muchos modos de destrucción, y muchos nombres le sirven como símbolos de ello. "Auschwitz" puede ser tomado como un nombre paradigmático para la "no realización" trágica de la modernidad8.

Para Habermas la modernidad es un proyecto inconcluso que hay que revitalizar, señalar lo contrario sería privilegiar un tipo de modelo (el capitalismo avanzado) como forma tiránica sin establecer mecanismos para la emancipación del individuo. Habermas llama neoconservadores a quienes sostienen la idea de que la modernidad ha terminado y desconoce absolutamente la idea de una nueva era (distinta a la modernidad) llamada posmodernidad. La posmodernidad no sería otra cosa que un pliegue más de la modernidad, disfrazada, por los neoconservadores, como una nueva etapa que suprime todo anhelo de hacer sobrevivir el proyecto de la modernidad. He aquí donde comienza la confusión, mi confusión personal, pues parece necesario adherir a una u otra postura. Nadie quiere ser llamado neoconservador (ni el propio Lyotard). El hecho de ser denominado de esta forma por Habermas deslegitima toda posible consideración respecto a que la modernidad ha concluido. Sin embargo, creo que es indudable (y la misma discusión plantea la tajante posibilidad9) de que hemos ingresado en una nueva fase de la historia en la cual la incredulidad respecto de los metarrelatos10 es cada vez más una certeza. La posmodernidad no es un rechazo de lo planteado por la modernidad, sino que simplemente es la pérdida de fe en sus postulados. Nuestra época -desencantada- se desembaraza de las utopías, reafirma el presente, rescata fragmentos del pasado y no se hace demasiadas ilusiones respecto del futuro11. La disolución de los Grandes Relatos unificadores genera una nueva sociedad. La gente ya no se siente (her)manada por una ideología política. Sale a las calles para celebrar triunfos deportivos, pero en relación al Estado (cada vez más pequeño) el pueblo se atomiza, se fragmenta, y la masa se transforma en un conglomerado de individuos que ya no encuentra un lenguaje que abarque a todos (las manifestaciones son efímeras y las consignas cambian como slogans publicitarios). Nuevos lenguajes vienen a añadirse a los antiguos: nadie habla todas esas lenguas, carecen de metalenguaje universal. La ciencia juega su propio juego, no puede legitimar a los demás juegos de lenguaje12. No hay referente común, no hay lenguaje común, no hay futuro común. La validación de los metarrelatos se ha perdido a través de dos caminos: el lenguaje ha dejado de ser una vía para llegar a la verdad; (y, quizás como consecuencia de lo anterior) ya no parece razonable creer en verdades totalizantes.

La realidad se fragmenta, ¿pero acaso esto no es lo mismo que sostenían las vanguardias artísticas a comienzos de siglo? ¿Son las vanguardias el comienzo de la posmodernidad? No. Las vanguardias artísticas de comienzos del siglo XX aún creían en la posibilidad de generar un Hombre Nuevo: los surrealistas lucharon por crear una sociedad que validara tanto la vigilia como los sueños; los sueños surrealistas se veían reflejados, políticamente, en el metarrelato socialista. Los sueños del futurismo, en el fascismo. Las vanguardias advirtieron la fragmentación del mundo, pero no fueron capaces de concebir las consecuencias que acarrearía dicha fragmentación. Abrigaron la esperanza de encontrarse frente a un momento histórico que fuera capaz de producir un cambio total en la sociedad. El cambio existió, fue total, pero no lo controlaron los hombres, ni menos la racionalidad: Un hombre no está hecho más que de lo que se le dice que es o de lo que se hace con lo que es. Es un mundo en el cual los acontecimientos vividos se han vuelto independientes del hombre. El mundo de lo que sucede sin que eso suceda a nadie, y sin que nadie sea responsable13. Nos encontramos insertos en un sistema en que el hombre ha perdido las riendas, no es que ya no exista historia, sino que el hombre ya no puede hacer nada para modificarla (quizás ya han existido otros períodos históricos en lo cuales el hombre no ha podido modificar su historia, quizás vengan nuevos períodos en los que el hombre vuelva a señorear su historia).

El sistema es aglutinante, es capaz de absorberlo todo, digerirlo, y devolverlo a la masa como una moda cualquiera. Los intentos ecologistas son defendidos en la publicidad de marcas de cervezas; la cultura para el pueblo se transforma en slogans de empresas de energía; la imagen del Che la regalan en cajitas felices en el McDonald's. Los relatos que antes eran marginales y excluidos del sistema ahora se integran, pero no se validan como modelos de la verdad, porque el sistema deroga todo tipo de verdad. El capitalismo avanzado comercializa y transforma en valor de cambio las verdades (capitaliza los deseos). Si existe algún adjetivo para la posmodernidad, ése es el cinismo. No se cree en ningún metarrelato pasado, ni se crean nuevos metarrelatos.

La modernidad se configuró como un constante quiebre de paradigmas. En el arte cada período rechazaba el anterior (el romanticismo como escape a las rígidas convenciones del neoclasicismo; el realismo reacciona contra la exagerada subjetividad romántica; el vanguardismo reacciona contra el aburguesado y evasivo arte realista de fines del siglo XIX) pero el arte posmoderno no es una reacción contra la vanguardia14 (más adelante me dedicaré a analizar los rasgos fundamentales de la posmodernidad estética). El caso de la ciencia no puede dejar de mencionarse:15.

Los relatos totalizantes dejan de existir. Son pocos (como Habermas) los que aún creen en la necesidad de reconfigurar los relatos del Iluminismo16. Generar nuevos paradigmas basados en los principios de la modernidad. ¿Para qué?, si en nombre de dichos principios la humanidad ha sufrido tanto. ¿Generar un nuevo metarrelato que no se base en la unidad, sino en la diferencia?: Peligroso, se corre el riesgo de caer en el discurso totalizante de la diferencia. Derrida propone mantenerse en los márgenes. En la desconstrucción, en el desmontaje de los discursos. No habitar ningún centro. No hacer tampoco un centro de la marginación. El corrimiento debe ser constante17.

Desconstrucción. Desarticulación. Desarmar los discursos para revelar sus fisuras18.

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