El desastre desde los individuos: el caso de constitucion y pelluhue desde el 27 de febrero de 2010 Autor: Francisco Javier Jorquera Santis, Chile. Psicólogo. Magíster en Ciencias Sociales. Universidad de Chile



Descargar 56.72 Kb.
Fecha de conversión07.07.2017
Tamaño56.72 Kb.
EL DESASTRE DESDE LOS INDIVIDUOS: EL CASO DE CONSTITUCION Y PELLUHUE DESDE EL 27 DE FEBRERO DE 2010

Autor: Francisco Javier Jorquera Santis, Chile. Psicólogo. Magíster© en Ciencias Sociales. Universidad de Chile.



Resumen

La presente ponencia corresponde a la exposición de los resultados de una investigación llevada a cabo como tesis para optar al grado de Magister en Ciencias Sociales en la Universidad de Chile. Su propósito ha sido explorar y describir los significados del desastre para los individuos que protagonizaron el desastre iniciado el 27 de febrero del 2010 en las localidades de Constitución y Pelluhue. Describir las acciones individuales y colectivas que ponen en marcha para enfrentar el desastre en sus fases de respuesta y recuperación, comprender la articulación de factores políticos, socioeconómicos y psicosociales de vulnerabilidad ante el riesgo del desastre y describir el tipo de conocimiento local y situado que se produce para los individuos de ambas comunas a raíz del desastre. La principal tesis subyacente es que existe un tipo particular de individuo chileno que es producido históricamente y que tiene un impacto en aquellas acciones que realizamos en un contexto de desastre. Ésta se realizó a través de 17 entrevistas narrativas (Riessman, 2002; Flick, 2004; Biglia & Jordi Bonet-Martí, 2009 y un posterior análisis narrativo (Riessman, 2010). Para ello concibo el sentido o el significado desde las perspectivas de la acción situada (Sandoval, 2004), entendidas como una visión epistemológica desde la cual todas las formas de conocer de nuestra vida social están situadas en un contexto histórico y corporal” (Sandoval, 2013:38). En este sentido entiendo que los procesos de significación y construcción social de la realidad, se entienden como acciones situadas en un trasfondo de naturaleza semiótico-material sedimentado como corporalidad y forma de vida; y que responde a un proceso de articulación e hibridación entre agencias de naturaleza material y simbólica.



Cabe destacar que la presente tesis de enmarca dentro del Centro de Investigación en Vulnerabilidades y Desastres Socionaturales, y del Proyecto Bicentenario “Neoliberalismo, Vulnerabilidad y Experiencias Sociales en el Chile contemporáneo” financiado por el Proyecto Iniciativa Bicentenario JGM, ambos de la Universidad de Chile.

Conceptos Claves: Desastres, Individuos, Estado, Vulnerabilidad, Sentidos.

El sentido/significado de la experiencia

El significado, o el sentido de las experiencias que tenemos en nuestras vidas se articula través de nuestra capacidad narratológica, o sea a través de esa capacidad que tenemos de contar las cosas, los sucesos, los momentos, las experiencias que vamos viviendo a diario (Ricour, 2008) se articula en un diálogo, interno, o con otro/a, y/o con los otros/as en dialógica relación. A través de esa misma producción de sentido de las experiencias que vivimos, se construye la identidad, como narrativa dominante de un individuo particular, pero que trasmuta según los contextos tempo–espaciales. En ese sentido, quiero decir que se produce un individuo en particular según su contexto social y cultural a través de esta capacidad narratológica, pero que a su vez es una identidad ni tan estructural ni tan líquida, es una identidad narrada de un individuo particular inserto en un contexto social y cultural, entendida como trasfondo semiótico–material que posibilita su producción propiamente tal. Asumiendo esto, el significado del desastre, y de cómo se constituye éste, tiene un impacto importante en la producción de individuos en este contexto particular chileno, así como en la propia identidad de este individuo. He ahí el argumento de la presente investigación, en el sentido de la importancia de conocer el significado del desastre desde los individuos (protagonistas), conocer sus acciones como estrategias entendiendo que poseen un cuerpo de conocimientos locales y situados, una historia de vida, una historia local compartida, una emocionalidad comunicada no solo a través de la palabra, sino que también a través de sus cuerpos, desde donde el desastre encarna los atisbos de una sociedad y/o comunidad, más allá de los conceptos hegemónicamente usados para comprender y gestionar el fenómeno del desastre y sus consecuencias, y que no necesariamente contemplan todos los aspectos subjetivos propios de la condición humana.



¿Cuáles son los sentidos del desastre?

Para los sujetos protagonistas de éste, es un punto de inflexión en su trama principal de narrativa de vida, identitaria. Éste se inicia con el fenómeno natural, terremoto y maremoto, la madrugada del 27 de febrero de 2010. Sin perjuicio de ello, el desastre no se agota en el terremoto y el maremoto. El desastre para los sujetos protagonistas, son parte también de él, todas las experiencias vividas posteriormente1, tanto en la fase de respuesta2 hasta la fase de recuperación3 que persiste hasta nuestros días.

El sentido del desastre se convierte en un concepto polisémico según diferentes características de los sujetos protagonistas que participaron de la investigación: No obstante, parto afirmando que el desastre en su generalidad, o sea como proceso completo, sin profundizar en cada fase y en los hechos sucedidos en cada una de estas fases, si bien significó un punto de inflexión en las vidas de los sujetos protagonistas, este punto de inflexión tiene, para la mayoría de los casos, una explicación sobrenatural: Por un lado la creencia en Dios, como personaje doble vincular con los sujetos: A él se le atribuye el desastre sucedido, como prueba para algunos/as, como castigo para los otros/as. Por otro lado, se le atribuye una característica agencial a la Tierra, en el sentido de tener como propósito manifestar su malestar con la acción humana a través de un terremoto y maremoto, pero gracias a Dios, en el caso de quienes sobrevivieron, fueron salvados por éste. En este sentido, el acto de Dios salvador, se presenta por el sentimiento de desamparo de los sujetos frente a la figura de un Estado protector. O sea la agencialidad de un personaje: Dios; relevante en las narrativas de vida de la mayoría de los sujetos, emerge en parte4 por el incumplimiento de la promesa de este otro personaje, llamado Estado, de proteger a los sujetos en contexto de desastre5.

Por otro lado, este punto de inflexión implica sumar un desafío. Este desafío lo deben superar los sujetos, narrativizados como héroes solitarios contra todos los efectos adversos del desastre: Trauma, acceso a bienes y servicios, acceso a oportunidades de subsidios para la reconstrucción, acceso a oportunidades de créditos bancarios para restaurar la empresa familiar, entre otros. Esta descripción que hago al referirme a los sujetos como héroes solitarios tiene relación con el sentimiento de desamparo del Estado, y en parte en cómo los sujetos tienen que llevar a cabo dicho desafío a superar. En ese sentido, el desafío está relacionado con dos aspectos importantes a considerar: Siguiendo la idea de pruebas societales narradas como un devenir de desafíos en las trayectorias de vida de los sujetos (Araujo & Martuccelli, 2012), en el caso del desastre, es que este se significa como un desafío en el sentido de acentuarse un conjunto importante de estas pruebas que los individuos deben sortear y superar en su cotidianeidad, convirtiendo a estas pruebas en factores de vulnerabilidad ante el riesgo de desastre. O propuesto de otra forma, estos factores implican las pruebas en la cotidianeidad de los individuos. Basado en la idea de los factores de vulnerabilidad ante el riesgo desastre (Chardon, 2008), identifico en las narrativas de los individuos factores político-institucionales, factores socioeconómicos (especialmente de clase social), y factores psicosociales (capital social), que se articulan en el sentido del desastre. Por lo tanto, este desafío a superar tiene relación directa con los factores de vulnerabilidad ante el riesgo de desastre, previos al terremoto y maremoto, siendo a su vez este desafío una exacerbación o acentuación de las pruebas societales que deben vivir la mayoría de los/as chilenos/as en sus trayectorias de vida. A pesar de ello mayoría de los sujetos tiene un carácter inminentemente natural, por lo que podemos comprender el porqué del tipo de aprendizajes que afirman contar actualmente los mismos sujetos después de vivir el desastre6, los cuales están focalizados principalmente en la acción y responsabilidad del sujeto en materia de protección, lo que conocemos generalmente como autocuidado7. Por lo tanto los sujetos al naturalizar el desastre y al centrar sus principales aprendizajes a raíz del desastre, en el autocuidado, naturalizan los factores de vulnerabilidad ante el riesgo de desastre, o sea naturalizan el sistema socioeconómico y el sistema político, operantes en el país.



El sentido del desastre se re articula en el tiempo

Bien sabemos que el sentido, los significados, de las experiencias que vivimos van re articulándose en el tiempo8 (Bruner, 1990) y en el caso de los significados del desastre no es excepción. El sentido del desastre se articula y re articula en una constante a través del tiempo y del espacio. Esto quiere decir que el sentido cambia según las experiencias que viven los sujetos durante todo el proceso del desastre, y los significados que articulan sobre ellos. O sea que el sentido de las acciones que desplegaron tanto antes del evento gatillante, como durante y después de dicho evento, cambia en el tiempo. El sentido de sus experiencias a cuatro años del desastre significa en tanto un aprendizaje en materia de desastres, relacionados al deber ser, principalmente a nivel individual, entendido como autocuidado9; y por otro lado, al deber ser del Estado, como garante de la protección civil frente a catástrofes10.



El sentido de la recuperación/reconstrucción

En las narrativas de los sujetos protagonistas del desastre, la fase de recuperación del proceso del desastre, significa exclusivamente reconstrucción material. Es más el concepto de recuperación no es utilizado por los sujetos, refiriéndose a esa fase como reconstrucción. No obstante a través de las mismas narrativas comunican la necesidad de que el Estado, para ellos el principal gestor de la reconstrucción, considere la recuperación emocional y social de los/as afectados/s: Emocional en virtud de que, tal cual se describen en las narrativas, aún existen signos de trauma a raíz del desastre; Social, en el sentido de restablecer aquellas relaciones sociales quebradas o distanciadas por conflictos entre vecinos/as a raíz del desastre (daño al tejido social). En ese sentido es importante que pesar de que la política pública y el mundo académico hace hincapié en llamar a este periodo como fase de recuperación, que incluye la reconstrucción, para los sujetos, dicho proceso, a raíz de los actos concretos, solo significa acciones orientadas a la restauración o reconstrucción de lo material: Infraestructura pública, viviendas, equipamiento deportivo, entre otros. Es durante este proceso en que los sujetos viven en carne propia el sentido del desafío descrito anteriormente superando las barreras impuestas por el desastre en toda su magnitud, o sea desde el fenómeno natural que lo gatilla, hasta las barreras socioeconómicas y aquellas impuestas por el sistema político chileno. Por otro lado el desastre significa una oportunidad de desarrollo para los individuos que pueden maximizar directamente su capital tanto desde el punto de vista político11 o económico12. Este es el caso particular de los individuos que ejercen cargos políticos que ven un un aumento de la inversión del Estado en infraestructura pública durante el proceso de reconstrucción, durante su gestión, lo que implicaría un aumento de las probabilidades de re elección y alta valoración de su gestión local.



¿Cuáles fueron las acciones que desplegaron los individuos de Constitución y Pelluhue para enfrentar el desastre iniciado el 27 de febrero de 2010?

En la fase de respuesta del proceso del desastre, o sea los primeros tres a cinco días posterior al terremoto y al maremoto, los sujetos desplegaron una serie de acciones primero para sobrevivir al fenómeno natural y posteriormente para afrontar la situación de crisis acontecida tanto en ambas localidades así como también en el país. Durante el periodo en que ocurrió el terremoto, el lapso entre el terremoto y el maremoto, y en que ocurrió el maremoto, las acciones de los sujetos estuvieron enfocadas principalmente a la sobrevivencia, traducido en el acto de evacuar a zonas seguras, o evacuar a zonas en que se sentían seguros. Esta evacuación a zonas seguras se realizó de forma colectiva, principalmente en familia, o dicho en otras palabras, los sujetos tanto en Constitución como en Pelluhue huyeron a zonas altas principalmente en familia, y en segundo lugar acompañados de vecinos/as. La conducta de evacuación la ejecutaron todos los sujetos habitantes de ambas localidades13, no así los turistas. Este conocimiento en el caso de aquellos que evacuaron comunica a través de sus narrativas que lo adquirieron, o por conocimiento local a través de su familia y/o comunidad, o a través del sistema escolar o a través de la Municipalidad. Por lo tanto la conducta que la política pública promueve a través de la Oficina Nacional de Emergencias (ONEMI) y los municipios locales, etiquetado como autocuidado se concreta. Sin perjuicio de ello, y a pesar de aquella conducta de autocuidado los sujetos esperaban que las autoridades, como representantes del Estado alertaran el tsunami. Clasifico con fines explicativos tres tipos de acciones relevantes14, movilizadas por el valor transversal de la solidaridad, que atentan con el sujeto individualizado como homo neoliberal (Araujo & Martuccelli, 2012): 1. Heroísmo Solidario: Los entiendo como el conjunto de acciones que realiza un sujeto15 o un grupo de ellos, con el fin de salvaguardar la vida de otro/s sujetos, sean estos familiares, amigos/as, vecinos/as o desconocidos; en un contexto de desastre o emergencias16. Es importante comprender que en vez de autocuidarse, estos sujetos ponen en riesgo su vida con el fin de rescatar a otros/as. 2. Solidaridad Comunitaria: La entiendo como el conjunto de acciones colectivas que desplegaron grupos de sujetos más allá del grupo familiar o de parientes, sino que además junto a amigos y/o vecinos/as, tanto para pasar la madrugada del 27 de febrero, que implicó principalmente acompañamiento, así como también para desplegar estrategias para enfrentar los primeros días, lo que incluye los campamentos improvisados, las ollas comunes levantadas por mujeres principalmente jefas de hogar, hombres removiendo escombros o recuperando cosas de utilidad entre los escombros, la búsqueda seres significativos17, organización para el acceso a alimentos y útiles de aseo que provenían de afuera de ambos pueblos. 3. Solidaridad Nacionalista. Las comprendo como aquellas acciones orientadas a brindar ayuda humanitaria, sea esta material, emocional o espiritual a aquellos sujetos afectados por un desastre.

Otra de las acciones orientas a enfrentar la situación de crisis en medio del desastre fueron los saqueos. Ya he explicado los sentidos de los saqueos para los protagonistas de las narrativas analizadas en la presente investigación. A continuación, expongo la clasificación de los cuatro tipos de saqueos descritos en las narrativas: Sustracción de alimentos y útiles de aseo desde supermercados y locales comerciales menores. Sustracción de electrodomésticos, artefactos electrónicos, entre otros desde supermercados y otras tiendas comerciales. Sustracción de inmuebles desde casa habitación sin moradores. Sustracción de inmuebles, artefactos, entre otros desde los escombros arrojados por el mar en las playas. Yendo más allá las narrativas dan cuenta que además estas acciones se vinculan con el contexto situado en donde suceden, en otras palabras ocurren dentro de un contexto de crisis de gobernabilidad (Baeza, 2010). Siguiendo el mismo argumento, puedo afirmar que se cumple la tesis de que “en situación de crisis aguda, las subjetividades sociales operaron con un grado de libertad inesperado, suscitando distintas motivaciones, todas ellas legitimadas o, por el contrario, contenidas según códigos de conducta muy individuales” (Baeza, 2010: 64).



Recuperación.

La fase de recuperación del proceso del desastre es lo que comúnmente conocemos como reconstrucción, palabra que finalmente termina explicando el proceso de reconstrucción y/o recuperación de lo material, en desmedro de la recuperación emocional y social, o como han dicho algunos sujetos de Constitución, la sanación del corazón. Todas las acciones desplegadas y descritas en las narrativas estaban orientadas al restablecimiento de la cotidianeidad, previa al terremoto y tsunami. Las acciones desplegadas por los sujetos durante esta fase, la cual se extiende hasta nuestros días, depende necesariamente de la posición dentro de la estructura de clases sociales, lo que significa que dichas acciones obedecen a condiciones estrictamente socioeconómicas y no psicobiológicas. Acciones orientadas al despeje de escombros: Estas acciones fueron principalmente de forma colectiva. Acciones orientadas a la recuperación de la vivienda: Estas acciones corresponden a aquellas orientadas a la restauración y a la reconstrucción de viviendas principalmente afectadas por el tsunami. Por otro lado “Las instituciones centrales de la sociedad moderna, los derechos civiles, políticos y sociales, pero también el empleo asalariado, la formación y la movilidad- se dirigen hacia el individuo y no hacia el grupo” (Beck & Beck-Gernsheim, 2002:21-22), similar situación acontecida en nuestro caso: Las acciones desplegadas por los sujetos durante esta fase son atomizadas a nivel familiar en desmedro de aquellas acciones a realizar a nivel comunitario, debido a la acción subsidiaria del Estado: El Estado genera subsidios para la reconstrucción a través de la conformación de comités. O sea a través de nuevas organizaciones comunitarias, las cuales su razón de ser corresponden exclusivamente para estos efectos. El subsidio beneficia a familias y no a comunidades, o barrios estrictamente hablando, o en otras palabras, los sujetos deben remitirse a postular la reparación o reconstrucción de su vivienda, y no postular a un barrio completo, que incluya además de sus viviendas, áreas verdes, equipamiento deportivo, equipamiento comunitario, veredas, entre otros. En ese sentido, el Estado es quien contribuye a que las acciones sean individualizadas a nivel familiar y no de forma colectivo en beneficio de un barrio o hábitat completo en su conjunto, situación que se condice con el sentido de desafío solitario que deben llevar a cabo los/as jefes de familia en este periodo.



¿De qué forma se articularon los factores de vulnerabilidad ante el riesgo de desastre en este caso?

A raíz de las narrativas analizadas he identificado, basado en los factores de vulnerabilidad ante el riesgo de desastre de Chardon (2008), los siguientes grupos de factores de vulnerabilidad que se articularon en el desastre iniciado el 27 de febrero de 2010: Factores Político-Institucionales: los cuales para el caso de esta investigación tienen relación con la política pública deficitaria en materia de protección civil en Chile actualmente, el modelo de un Estado céntrico, restando poder y toma de decisiones a los gobiernos locales, lo que provoca probablemente la focalización en la seguridad ciudadana en desmedro de la protección civil en contexto de desastre. Factores Socioeconómicos: El Desastre afectó principalmente a individuos de clases vulnerables, algo similar a la mayoría de los desastres anteriormente estudiados (Campos, 1999; Lawell, 2004). No obstante la diferenciación de clases sociales deviene en factor de vulnerabilidad al contar con un Estado subsidiario que focaliza sus políticas de protección social en las clases vulnerables en desmedro de las clases medias, que también fueron afectadas por el desastre, quedando en ese sentido en una situación de desamparo frente al Estado, recurriendo a la oferta presente en el mercado para consolidar su recuperación, ya sea material como emocional. Factores Psicosociales: El tipo de Individuo producido en Chile actualmente está focalizado en primero que todo articular su propia experiencia de vida y en superar todas las pruebas societales que se presentan en su trayectoria de vida (Araujo & Martuccelli, 2012), ensimismado por el consumo y el exitismo, en desmedro de un sentir colectivo más allá del núcleo familiar, sino en la promoción de comunidad. Al existir redes sociales débiles, y casi ausencia de comunidad, existe menos capital social en tanto, menos probabilidades de generar comunidades resilientes para enfrentar nuevos desastres.



Reflexiones finales

Una de las tareas pendientes que nos invita a incursionar a futuro, este trabajo, es la construcción de relaciones con los otros, las relaciones entre individuos. En la fase de respuesta existe un “nosotros” que con el correr de los días, en parte por las lógicas existentes previas al evento gatillante, y a la misma acción del Estado y del Mercado, se diluyen, triunfando el individuo solitario por sobre el nosotros comunitario. Las expectativas vinculadas a un futuro “nosotros” como colectividad, como comunidad en la reducción del riesgo de desastre queda pendiente, con el fin de dejar de ser una expectativa nostálgica, y realmente se concretice, como ha sido en la experiencia de otros país en la región. La ausencia de horizontalidad en las relaciones con los otros, la desconfianza, el cahuín, las lógicas del mercado, asociados a la competencia y el exitismo, que impone el modelo económico dificultan esta posibilidad. Ese mismo modelo que permea los procesos de individuación, y de articulación del sentido del proceso del desastre, condiciona a que éste sea significado como un desafío ante lo natural, y las barreras impuestas por la posición en la estructura social y aquellas impuestas por la burocracia estatal, sentidas como opresión, opresión al individuo y su familia, a sus acciones, a sus sentimientos, a sus pensamientos, a sus actos y a sus cuerpos. Ésta es la misma opresión encarnada por los individuos a diario en este país, a través del trabajo, de su vida familiar, de su vida comunitaria, del acceso a la educación y del acceso a la salud, de su participación política, a las relaciones de género, presentadas como pruebas (Araujo & Martuccelli). En ese sentido existe un pasaje para comenzar a relatar nuevas narrativas que generen la articulación de un actor social, un nuevo tipo de individuo que genere acción para modificar, como se ha mencionado anteriormente sus condiciones de vulnerabilidad. Probablemente desde ahí debamos promover la conciencia de resiliencia de las comunidades. Pues se habla de la resiliencia de las comunidades y del fortalecimiento del capital social para la reducción de condiciones de vulnerabilidad frente al riesgo de desastres, pero aquellas comunidades, quienes la componen en su mayoría no tienen incorporado dentro de su lenguaje, en tanto tecnología de producción de realidad social, los conceptos de resiliencia, ni de capital social, ni menos una identificación con la etiqueta de vulnerables frente al desastre, debido a condiciones socioeconómicas principalmente. Pues producir resiliencia requiere algo más que reducir la vulnerabilidad: hace falta empoderar a los individuos y disponer de unas sólidas instituciones sociales y estatales que puedan ayudar a las personas a hacer frente a los acontecimientos adversos (PNUD, 2014). En ese sentido debe existir primero una concientización y una autoidentificación como comunidad resiliente para lograr fortalecer el capital social, en tanto se narrativiza en acto de producción, un tipo de diferente de individuo. Este camino significa que los aprendizajes descritos por los sujetos a través de sus narrativas, más allá de aquellos referentes al autocuidado ya promovido por el Estado a través su estrategia para la reducción del riesgo de desastres, debe centrarse en la promoción de la importancia de generar una narrativa sobre un “nosotros” en el sentido de acción colectiva comunitaria para la reducción de los factores de vulnerabilidad ante el riesgo de desastre en tanto comunidad resiliente.

Bibliografía

  • Araujo, K. (2013) Artesanía e incertidumbre: el análisis de los datos cualitativos y el oficio de investigar en Escucha de la Escucha. Análisis e interpretación en la investigación cualitativa. Canales, M. Coord. Chile, LOM Ediciones (pp.43-73).

  • Araujo, K.; Martucelli, D. (2013). Desafíos Comunes. Retrato de la sociedad chilena y sus individuos. Chile: LOM Ediciones

  • Araujo, K, Martucelli, D (2010). La individuación y el trabajo de los individuos. En Educação e Pesquisa, São Paulo, v.36, n. especial, (pp 77-91).

  • Arensburg, S.; Hayer, A.; Jeanneret, F.; Sandoval, J.; Reyes, M. (2013). De la subjetividad del objeto a la subjetivación de la investigación: prácticas de investigación social en Chile en Teoría y crítica de la psicología 3, Chile: ISSN: 2116-3480. (pp. 116-145.)

  • Arteaga, C.; Pérez, S.; Castro, F.; Fava, D; Molina, G.; Ramírez, C. (2015). Recursos, estructura de oportunidades y subjetividades en contextos de Desastre. Análisis a partir del caso de Chaitén. En Vulnerabilidades y Desastres Socionaturales: Experiencias recientes en Chile. Centro de Investigación en Vulnerabilidades y Desastres Socionaturales (CIVDES), Ed. Universitaria. Universidad de Chile. Chile. (pp. 81-93).

  • Baeza, M. (2010). Carnaval perverso: Terremoto + tsunami y saqueos en el Chile de 2010. En Revista Sociedad Hoy N°19, Chile. (pp. 53-69.)

  • Beck, U.; Beck-Gernsheim, E. (2003). La individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas. España. Editorial Paidós,

  • Bernasconi, O. (2011) Aproximación narrativa al estudio de fenómenos sociales: principales líneas de desarrollo en Acta Sociológica, núm. 56, (pp. 9-36.): http://www.revistas.unam.mx/index.php/ras/article/view/28611

  • Bruner, J. (1990). Actos de Significado. Más allá de la Revolución Cognitiva. Alianza Editorial. España.

  • Campos, A. (1999). Educación y prevención de desastres. Publicación UNICEF, FLACSO, La RED. Costa Rica.

  • Chardon, A. (2008). Amenaza, vulnerabilidad y sociedades urbanas. Una reflexión desde la dimensión institucional en Gestión Y Ambiente. Seccional Medellín v.11 fasc.1 (pp.28-46.). ISSN: 0124 177X Colombia.

  • Lavell, A. (2004). Los conceptos, estudios y práctica en torno al tema de los riesgos y desastres en América Latina: Evolución y cambio, 1980-2004: El rol de la Red, sus miembros y sus instituciones de apoyo. San José, Costa Rica: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO.

  • Ricoeur, P. (2008) Tiempo y Narración. México: Siglo XXI.

  • Riessman, Catherine (2008). Narrative Methods for the Human Sciences, Sage Publications. London.

  • Sandoval, J. (2004) Representación, discursividad y acción situada. Introducción crítica a la psicología social del conocimiento, Chile: Editorial Universidad de Valparaíso.



1 Afrontamiento de la situación, problemas de comunicación con familiares y amistades, saqueos, acceso a bienes y servicios escasos, especulación del mercado local, inseguridad y temor, gestiones para el acceso a subsidios de reparación o subsidios de reconstrucción, entre otros.

2 Primeros 5 días desde el terremoto y maremoto del 27 de febrero.

3 Que implica reconstrucción material, reparación del daño al tejido social, superación del trauma, desde la segunda semana de marzo hasta el día de hoy 03 de julio de 2015, día que se presenta la versión final de esta investigación.

4 No en su totalidad, comprendiendo que el sentido de la creencia en seres sobrenaturales, y que la religión cumple múltiples funciones en la sociedad, no es materia de esta investigación.

5 Esa es la idea basal del concepto de “Protección civil”. El Estado es el encargado de proteger a los sujetos en contextos de catástrofes y calamidades, proceso que se inicia con la modernización de los Estado-nación (secularización de las sociedades).

6 Estos aprendizajes, como figura en el apartado de resultados, tienen directa relación con la modulación de conductas individuales y colectivas (familiares y comunitarias), estrictamente en cómo prepararse ante otro evento desastre, y en cómo reaccionar cuando se presente otro evento desastroso de similares características, en desmedro de aprendizajes que tengan directa relación con los factores de vulnerabilidad ante el riesgo de desastre, como son una política pública ineficiente en materia de protección civil en Chile, la desigualdad social, la exclusión social, el centralismo del poder del Estado, entre otros.

7 Lo que significa que el sujeto es más un individuo que un actor social.

8 Por ejemplo, cuando somos parte de un quiebre o término de relación amorosa, generalmente al principio significa pérdida, dolor, desamparo, sensación de perderlo todo; y posiblemente dos años después, si es que no se ha retomado la relación con la misma persona, ese quiere iniciar signifique liberación, una oportunidad de crecimiento y autodedicación, entre otros.

9 Por ejemplo, los sujetos refieren a qué debieron contar con una mochila con kit de insumos de sobrevivencia, o que debieron interiorizarse en materia de preparación y prevención antes del terremoto.

10 Estrechamente vinculado con el anhelo que tenían los sujetos con respecto al rol de Estado protector, el cual no se cumplió: Las autoridades en su mayoría no alertaron del tsunami y huyeron a zonas altas.

11 Aumento de las probabilidades de re elección si se ejecutan obras de infraestructura y equipamiento de alta valoración para los/as ciudadanos/as durante la fase de recuperación del desastre.

12 Aumento de probabilidades de ejecutar proyectos inmobiliarios en zonas declaradas como inundables y que los planos reguladores de cada comuna deben indicar como no aptos para la construcción de viviendas, pero si para la construcción de parques, o locales comerciales.

13 Salvo en el caso de los sujetos que se encontraban celebrando la Noche Veneziana en Isla Orrego, quienes en su mayoría no lograron evacuar de la isla antes de la primera ola del tsunami.

14 La clasificación es meramente para explicar los tipos de acciones relatados en las narrativas analizadas. Las explicaciones a dichas acciones no son parte de la presente investigación, por lo que pueden encontrarse en diversas disciplinas sobre la conducta humana: Neurociencias, Psicología Cognitiva, Psicología Social, Antropología Cultural, Economía o Sociología.

15 Sujetos que no practican ni pertenecen a ningún tipo de organizaciones de salvamento y/o rescate.

16 Por ejemplo aquellos sujetos que al escuchar los gritos de auxilio de aquellos/as que se encontraban en la Isla Orrego, Constitución, intentaron ir en su rescate, indiferente si eran o no familiares o amigos/as, poniendo en riesgo su propia vida.

17 Humanos o animales no humanos, principalmente mascotas.

Catálogo: acta -> 2015 -> GT-07
2015 -> Congreso alas costa Rica 2015 gt-05 Desarrollo rural, globalización y acción colectiva Nombre del responsable y país
2015 -> Metodología de aproximación a los conocimientos culturales de los pueblos Fernando Limón Aguirre, México El Colegio de la Frontera Sur Resumen
2015 -> Ponencia presentada por
2015 -> "Construcción y crisis hegemónica a la luz de producciones culturales de la transición chilena. Guachaquismo y neo guachaquismo como claves de lectura"
2015 -> Título: La appo: articulación de sectores populares y proceso de subjetivación. Ponente: Mtro. Joel Ortega Erreguerena País: México Institución: Programa de Posgrado de Ciencias Políticas y Sociales, unam. Resumen
2015 -> País: México gt-03: Producción, consumos culturales y medios de comunicación Título de la Ponencia
GT-07 -> Interacción y arquitectura. ¿Como se conjugan ambos elementos al momento de la construcción de un espacio a habitar?
GT-07 -> Branding social: consolidando el tejido social por medio de arquitectura participativa


Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2019
enviar mensaje

    Página principal