El Deseado de Todas las Gentes Tomo 3 de la serie: “La Gran Controversia”



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El Deseado

de Todas las Gentes

Tomo 3 de la serie: “La Gran Controversia”

La biografía de Cristo más significativa y profundamente espiritual que se haya escrito”.




Elena G. de White

Ministerio Evangelio Eterno



El Deseado de Todas las Gentes
Copyright  1977 by the Ellen G. White Publications.

Todos los derechos reservados.


La paginación original del libro en español ha sido incluida dentro del texto mismo con fines de referencia.
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Contenido

Prefacio 7

Dios con Nosotros" 10



El Pueblo Elegido 21

El Cumplimiento del Tiempo 27

Un Salvador os es Nacido 36

La Dedicación 43

Su Estrella Hemos Visto" 53



La Niñez de Cristo 63

La Visita de Pascua 73

Días de Conflicto 84

La Voz que Clamaba en el Desierto 95

El Bautismo 111

La Tentación 118

La Victoria 133

Hemos Hallado al Mesías" 141



En las Bodas de Caná 157

En su Templo 171

Nicodemo 187

A él Conviene Crecer" 200



Junto al Pozo de Jacob 206

Si no Viereis Señales y Milagros" 222



Betesda y el Sanedrín 228

Encarcelamiento y Muerte de Juan 247

El Reino de Dios Está Cerca" 264

¿No es Este el Hijo del Carpintero?" 271

El Llamamiento a Orillas del Mar 282

En Capernaúm 291

Puedes Limpiarme" 305



Leví Mateo 320

El Sábado 333

La Ordenación de los Doce 344

El Sermón del Monte 355

El Centurión 378

¿Quiénes son mis Hermanos? 386

La Invitación 396

Calla, Enmudece" 403



El Toque de la Fe 416

Los Primeros Evangelistas 423

Venid, Reposad un Poco 437

Dadles Vosotros de Comer" 445



Una Noche Sobre el Lago 456

La Crisis en Galilea 465

La Tradición 483

Barreras Quebrantadas 489

La Verdadera Señal 497

Previsiones de la Cruz 506

La Transfiguración 519

Nada os Será Imposible" 526



¿Quién es el Mayor? 534

La Fiesta de las Cabañas 550

Entre Trampas y Peligros 560

La Luz de la Vida" 572

El Divino Pastor 591

El Último Viaje Desde Galilea 600

El Buen Samaritano 615

Sin Manifestación Exterior 625

Dejad los Niños Venir a Mí" 632

Una Cosa te Falta" 639

Lázaro, Ven Fuera" 646



Conspiraciones Sacerdotales 663

La Ley del Nuevo Reino 671

Zaqueo 678

La Fiesta en Casa de Simón 685

Tu Rey Viene 701

Un Pueblo Condenado 714

Cristo Purifica de Nuevo el Templo 724

Controversias 742

Ayes Sobre los Fariseos 754

En el Atrio Exterior 770

En el Monte de las Olivas 779

Estos mis Hermanos Pequeñitos" 793



Un Siervo de Siervos 801

"Haced Esto en Memoria de Mí" 814

"No se Turbe Vuestro Corazón" 826

Getsemaní 852

Ante Annás y Caifás 867

Judas 889

En el Tribunal de Pilato 900

El Calvario 926

"Consumado es" 948

En la Tumba de José 959

"El Señor ha Resucitado" 974

"¿Por qué Lloras?" 984

El Viaje a Emaús 992

"Paz a Vosotros" 999

De Nuevo a Orillas del Mar 1008

Id, Doctrinad a Todas las Naciones 1018

"A mi Padre y a Vuestro Padre" 1035

Apéndice 1044

NOTA 1. Página 97. 1044

NOTA 2. Página 201. 1052

NOTA 3. Página 585. 1055

NOTA 4. Página 699. 1058

NOTA 5. Página 732. 1058



Prefacio

EN EL corazón de todos los seres humanos, sin distinción de raza o posición social, hay un indecible anhelo de algo que ahora no poseen. Este anhelo es implantado en la misma constitución del hombre por un Dios misericordioso, para que el hombre no se sienta satisfecho con su presente condición, sea mala o buena. Dios desea que el ser humano busque lo mejor, y lo halle en el bien eterno de su alma.

En vano procuran los hombres satisfacer este deseo con los placeres, las riquezas, la comodidad, la fama, o el poder. Los que tratan de hacerlo, descubren que estas cosas hartan los sentidos, pero dejan el alma tan vacía y desconforme como antes.

Es el designio de Dios que este anhelo del corazón humano guíe hacia el único que es capaz de satisfacerlo. Es un deseo de ese Ser, capaz de guiar a él, la plenitud y el cumplimiento de ese deseo. Esa plenitud se halla en Jesucristo, el Hijo del Dios eterno, "Porque plugo al Padre que la plenitud de todo residiese en él;" "Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente." Y es también verdad que "vosotros estáis completos en él" con respecto a todo deseo divinamente implantado y normalmente seguido. El profeta Ageo llama con justicia a Cristo "el Deseado de todas las gentes".

Es el propósito de este libro presentar a Jesucristo como Aquel en quien puede satisfacerse todo anhelo. Se han escrito muchos libros titulados "La vida de Cristo," libros excelentes, grandes acopios de información, elaborados ensayos sobre cronología, historia, costumbres, y acontecimientos contemporáneos, con abundante enseñanza y muchas vislumbres de la vida multiforme de Jesús de Nazaret. Sin embargo, no se ha dicho de ella ni aun la mitad.

No es tampoco el propósito de esta obra exponer una armonía de los evangelios, o presentar en orden estrictamente cronológico los importantes sucesos y las maravillosas lecciones de la vida de Cristo; su propósito es presentar el amor de Dios como ha sido revelado en su Hijo, la divina hermosura de la 6 vida de Cristo, de la cual todos pueden participar, y no simplemente satisfacer los deseos de la mera curiosidad ni las observaciones de los críticos. Pero como por el encanto de su propia belleza de carácter Jesús atrajo a sus discípulos a sí mismo, y por su toque y sentimiento de simpatía en todas sus dolencias y necesidades, y por su constante asociación, transformó sus caracteres de terrenales en celestiales, de egoístas en abnegados, y trocó la mezquina ignorancia y prejuicio en el conocimiento generoso y el amor profundo por las almas de todas las naciones y razas, es el propósito de este libro presentar al bendito Redentor de modo que ayude al lector a acudir a él como a una realidad viviente, con la cual pueda tenerse comunión íntima y vital, y hallar en él, como los discípulos de la antigüedad, al poderoso Jesús, que "salva hasta lo sumo," y transforma de acuerdo con su propia imagen divina a los que acuden a Dios por su intermedio.

Rogamos que la bendición del Altísimo acompañe a esta obra, y que el Espíritu Santo haga de las palabras de este libro palabras de vida para muchas almas cuyos anhelos y deseos no están aún satisfechos; para que puedan "conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos," y finalmente, en una eternidad bienaventurada, compartir a su diestra la plenitud de su gozo y la dicha inconmensurable que disfrutarán todos los que hayan hallado en él el todo en todo, "el más señalado entre diez mil," Aquel que "es del todo amable," "todo él codiciable."

LOS EDITORES. 11

Capítulo 1

Dios con Nosotros"

"Y SERÁ llamado su nombre Emmanuel; . . . Dios con nosotros." "La luz del conocimiento de la gloria de Dios," se ve "en el rostro de Jesucristo." Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era "la imagen de Dios," la imagen de su grandeza y majestad, "el resplandor de su gloria." Vino a nuestro mundo para manifestar esta gloria. Vino a esta tierra obscurecida por el pecado para revelar la luz del amor de Dios, para ser "Dios con nosotros." Por lo tanto, fue profetizado de él: "Y será llamado su nombre Emmanuel."

Al venir a morar con nosotros, Jesús iba a revelar a Dios tanto a los hombres como a los ángeles. El era la Palabra de Dios: el pensamiento de Dios hecho audible. En su oración por sus discípulos, dice: "Yo les he manifestado tu nombre"- "misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad, "-"para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos." Pero no sólo para sus hijos nacidos en la tierra fue dada esta revelación. Nuestro pequeño mundo es un libro de texto para el universo. El maravilloso y misericordioso propósito de Dios, el misterio del amor redentor, es el tema en el cual "desean mirar los ángeles," y será su estudio a través de los siglos sin fin. Tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallarán en la cruz de Cristo su ciencia y su canción. Se verá que la gloria que resplandece en el rostro de Jesús es la gloria del amor abnegado. A la luz del Calvario, se verá que la ley del renunciamiento por amor es la ley de la vida para la tierra y el cielo; que el amor que "no busca lo suyo" tiene su fuente en el corazón de Dios; y que en el Manso y Humilde se manifiesta el carácter de Aquel que mora en la luz inaccesible al hombre.

Al principio, Dios se revelaba en todas las obras de la creación. Fue Cristo quien extendió los cielos y echó los cimientos de la tierra. Fue su mano la que colgó los mundos en el espacio, 12 y modeló las flores del campo. El "asienta las montañas con su fortaleza," "suyo es el mar, pues que él lo hizo." Fue él quien llenó la tierra de hermosura y el aire con cantos. Y sobre todas las cosas de la tierra, del aire y el cielo, escribió el mensaje del amor del Padre.

Aunque el pecado ha estropeado la obra perfecta de Dios, esa escritura permanece. Aun ahora todas las cosas creadas declaran la gloria de su excelencia. Fuera del egoísta corazón humano, no hay nada que viva para sí. No hay ningún pájaro que surca el aire, ningún animal que se mueve en el suelo, que no sirva a alguna otra vida. No hay siquiera una hoja del bosque, ni una humilde brizna de hierba que no tenga su utilidad. Cada árbol, arbusto y hoja emite ese elemento de vida, sin el cual no podrían sostenerse ni el hombre ni los animales; y el hombre y el animal, a su vez, sirven a la vida del árbol y del arbusto y de la hoja. Las flores exhalan fragancia y ostentan su belleza para beneficio del mundo. El sol derrama su luz para alegrar mil mundos. El océano, origen de todos nuestros manantiales y fuentes, recibe las corrientes de todas las tierras, pero recibe para dar. Las neblinas que ascienden de su seno, riegan la tierra, para que produzca y florezca.

Los ángeles de gloria hallan su gozo en dar, dar amor y cuidado incansable a las almas que están caídas y destituidas de santidad. Los seres celestiales desean ganar el corazón de los hombres; traen a este obscuro mundo luz de los atrios celestiales; por un ministerio amable y paciente, obran sobre el espíritu humano, para poner a los perdidos en una comunión con Cristo aun más íntima que la que ellos mismos pueden conocer.

Pero apartándonos de todas las representaciones menores, contemplamos a Dios en Jesús. Mirando a Jesús, vemos que la gloria de nuestro Dios consiste en dar. "Nada hago de mí mismo," dijo Cristo; "me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre." "No busco mi gloria," sino la gloria del que me envió. En estas palabras se presenta el gran principio que es la ley de la vida para el universo. Cristo recibió todas las cosas de Dios, pero las recibió para darlas. Así también en los atrios celestiales, en su ministerio en favor de todos los seres creados, por medio del Hijo amado fluye a todos la vida del Padre; por 13 medio del Hijo vuelve, en alabanza y gozoso servicio, como una marea de amor, a la gran Fuente de todo. Y así, por medio de Cristo, se completa el circuito de beneficencia, que representa el carácter del gran Dador, la ley de la vida.

Esta ley fue quebrantada en el cielo mismo. El pecado tuvo su origen en el egoísmo. Lucifer, el querubín protector, deseó ser el primero en el cielo. Trató de dominar a los seres celestiales, apartándolos de su Creador, y granjearse su homenaje. Para ello, representó falsamente a Dios, atribuyéndole el deseo de ensalzarse. Trató de investir al amante Creador con sus propias malas características. Así engañó a los ángeles. Así sedujo a los hombres. Los indujo a dudar de la palabra de Dios, y a desconfiar de su bondad. Por cuanto Dios es un Dios de justicia y terrible majestad, Satanás los indujo a considerarle como severo e inexorable. Así consiguió que se uniesen con él en su rebelión contra Dios, y la noche de la desgracia se asentó sobre el mundo.

La tierra quedó obscura porque se comprendió mal a Dios. A fin de que pudiesen iluminarse las lóbregas sombras, a fin de que el mundo pudiera ser traído de nuevo a Dios, había que quebrantar el engañoso poder de Satanás. Esto no podía hacerse por la fuerza. El ejercicio de la fuerza es contrario a los principios del gobierno de Dios; él desea tan sólo el servicio de amor; y el amor no puede ser exigido; no puede ser obtenido por la fuerza o la autoridad. El amor se despierta únicamente por el amor. El conocer a Dios es amarle; su carácter debe ser manifestado en contraste con el carácter de Satanás. En todo el universo había un solo ser que podía realizar esta obra. Únicamente Aquel que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios, podía darlo a conocer. Sobre la obscura noche del mundo, debía nacer el Sol de justicia, "trayendo salud eterna en sus alas."

El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, formulada después de la caída de Adán. Fue una revelación "del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio." Fue una manifestación de los principios que desde edades eternas habían sido el fundamento del trono de Dios. Desde el principio, Dios y Cristo sabían de la apostasía de Satanás y de la caída del hombre seducido por el apóstata. Dios 14 no ordenó que el pecado existiese, sino que previó su existencia, e hizo provisión para hacer frente a la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo, que se comprometió a dar a su Hijo unigénito "para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."

Lucifer había dicho: "Sobre las estrellas de Dios ensalzaré mi trono, . . . seré semejante al Altísimo." Pero Cristo, "existiendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que debía aferrarse; sino que se desprendió de ella, tomando antes la forma de un siervo, siendo hecho en semejanza de los hombres."

Este fue un sacrificio voluntario. Jesús podría haber permanecido al lado del Padre. Podría haber conservado la gloria del cielo, y el homenaje de los ángeles. Pero prefirió devolver el cetro a las manos del Padre, y bajar del trono del universo, a fin de traer luz a los que estaban en tinieblas, y vida a los que perecían.

Hace casi dos mil años, se oyó en el cielo una voz de significado misterioso que, partiendo del trono de Dios, decía: "He aquí yo vengo." "Sacrificio y ofrenda, no los quisiste; empero un cuerpo me has preparado.... He aquí yo vengo (en el rollo del libro está escrito de mí), para hacer, oh Dios, tu voluntad." En estas palabras se anunció el cumplimiento del propósito que había estado oculto desde las edades eternas. Cristo estaba por visitar nuestro mundo, y encarnarse. El dice: "Un cuerpo me has preparado." Si hubiese aparecido con la gloria que tenía con el Padre antes que el mundo fuese, no podríamos haber soportado la luz de su presencia. A fin de que pudiésemos contemplarla y no ser destruidos, la manifestación de su gloria fue velada. Su divinidad fue cubierta de humanidad, la gloria invisible tomó forma humana visible.

Este gran propósito había sido anunciado por medio de figuras y símbolos. La zarza ardiente, en la cual Cristo apareció a Moisés, revelaba a Dios. El símbolo elegido para representar a la Divinidad era una humilde planta que no tenía atractivos aparentes. Pero encerraba al Infinito. El Dios que es todo misericordia velaba su gloria en una figura muy humilde, a fin de que Moisés pudiese mirarla y sobrevivir. Así también en la columna de nube de día y la columna de fuego de noche, Dios 15 se comunicaba con Israel, les revelaba su voluntad a los hombres, y les impartía su gracia. La gloria de Dios estaba suavizada, y velada su majestad, a fin de que la débil visión de los hombres finitos pudiese contemplarla. Así Cristo había de venir en "el cuerpo de nuestra bajeza," "hecho semejante a los hombres." A los ojos del mundo, no poseía hermosura que lo hiciese desear; sin embargo era Dios encarnado, la luz del cielo y de la tierra. Su gloria estaba velada, su grandeza y majestad ocultas, a fin de que pudiese acercarse a los hombres entristecidos y tentados.

Dios ordenó a Moisés respecto a Israel: "Hacerme han un santuario, y yo habitaré entre ellos," y moraba en el santuario en medio de su pueblo. Durante todas sus penosas peregrinaciones en el desierto, estuvo con ellos el símbolo de su presencia. Así Cristo levantó su tabernáculo en medio de nuestro campamento humano. Hincó su tienda al lado de la tienda de los hombres, a fin de morar entre nosotros y familiarizarnos con su vida y carácter divinos. "Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.'

Desde que Jesús vino a morar con nosotros, sabemos que Dios conoce nuestras pruebas y simpatiza con nuestros pesares. Cada hijo e hija de Adán puede comprender que nuestro Creador es el amigo de los pecadores. Porque en toda doctrina de gracia, toda promesa de gozo, todo acto de amor, toda atracción divina presentada en la vida del Salvador en la tierra, vemos a "Dios con nosotros."

Satanás representa la divina ley de amor como una ley de egoísmo. Declara que nos es imposible obedecer sus preceptos. Imputa al Creador la caída de nuestros primeros padres, con toda la miseria que ha provocado, e induce a los hombres a considerar a Dios como autor del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Jesús había de desenmascarar este engaño. Como uno de nosotros, había de dar un ejemplo de obediencia. Para esto tomó sobre sí nuestra naturaleza, y pasó por nuestras vicisitudes. "Por lo cual convenía que en todo fuese semejado a sus hermanos." Si tuviésemos que soportar algo que Jesús no soportó, en este detalle Satanás representaría el poder de Dios como insuficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fue "tentado 16 en todo punto, así como nosotros." Soportó toda prueba a la cual estemos sujetos. Y no ejerció en favor suyo poder alguno que no nos sea ofrecido generosamente. Como hombre, hizo frente a la tentación, y venció en la fuerza que Dios le daba. El dice: "Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón." Mientras andaba haciendo bien y sanando a todos los afligidos de Satanás, demostró claramente a los hombres el carácter de la ley de Dios y la naturaleza de su servicio. Su vida testifica que para nosotros también es posible obedecer la ley de Dios.

Por su humanidad, Cristo tocaba a la humanidad; por su divinidad, se asía del trono de Dios. Como Hijo del hombre, nos dio un ejemplo de obediencia; como Hijo de Dios, nos imparte poder para obedecer. Fue Cristo quien habló a Moisés desde la zarza del monte Horeb diciendo: "YO SOY EL QUE SOY.... Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros.' Tal era la garantía de la liberación de Israel. Asimismo cuando vino "en semejanza de los hombres," se declaró el YO SOY. El Niño de Belén, el manso y humilde Salvador, es Dios, "manifestado en carne.' Y a nosotros nos dice: " 'YO SOY el buen pastor." "YO SOY el pan vivo." "YO SOY el camino, y la verdad, y la vida." "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra." " YO SOY la seguridad de toda promesa." "YO SOY; no tengáis miedo.'" "Dios con nosotros" es la seguridad de nuestra liberación del pecado, la garantía de nuestro poder para obedecer la ley del cielo.

Al condescender a tomar sobre sí la humanidad, Cristo reveló un carácter opuesto al carácter de Satanás. Pero se rebajó aun más en la senda de la humillación. "Hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz." Así como el sumo sacerdote ponía a un lado sus magníficas ropas pontificias, y oficiaba en la ropa blanca de lino del sacerdote común, así también Cristo tomó forma de siervo, y ofreció sacrificio, siendo él mismo a la vez el sacerdote y la víctima. "El herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él."

Cristo fue tratado como nosotros n merecemos a fin de que 17 nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado. El sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya. "Por su llaga fuimos nosotros curados." por su vida y su muerte, Cristo logró aun más que restaurar lo que el pecado había arruinado. Era el propósito de Satanás conseguir una eterna separación entre Dios y el hombre; pero en Cristo llegamos a estar más íntimamente unidos a Dios que si nunca hubiésemos pecado. Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó con la humanidad por un vínculo que nunca se ha de romper. A través de las edades eternas, queda ligado con nosotros. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito." Lo dio no sólo para que llevase nuestros pecados y muriese como sacrificio nuestro; lo dio a la especie caída. Para asegurarnos los beneficios de su inmutable consejo de paz, Dios dio a su Hijo unigénito para que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre su naturaleza humana. Tal es la garantía de que Dios cumplirá su promesa. "Un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro." Dios adoptó la naturaleza humana en la persona de su Hijo, y la llevó al más alto cielo. Es "el Hijo del hombre" quien comparte el trono del universo. Es "el Hijo del hombre " cuyo nombre será llamado: "Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz." El YO SOY es el Mediador entre Dios y la humanidad, que pone su mano sobre ambos. El que es "santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores," no se avergüenza de llamarnos hermanos. En Cristo, la familia de la tierra y la familia del cielo están ligadas. Cristo glorificado es nuestro hermano. El cielo está incorporado en la humanidad, y la humanidad, envuelta en el seno del Amor Infinito.

Acerca de su pueblo, Dios dice: "Serán como piedras de una diadema, relumbrando sobre su tierra. ¡Porque cuán grande es su bondad! ¡y cuán grande es su hermosura!" La exaltación de los redimidos será un testimonio eterno de la misericordia de Dios. "En los siglos venideros," él revelará "la soberana 18 riqueza de su gracia, en su bondad para con nosotros en Jesucristo." "A fin de que . . . sea dado a conocer a las potestades y a las autoridades en las regiones celestiales, la multiforme sabiduría de Dios, de conformidad con el propósito eterno que se había propuesto en Cristo Jesús, Señor nuestro."

Por medio de la obra redentora de Cristo, el gobierno de Dios queda justificado. El Omnipotente es dado a conocer como el Dios de amor. Las acusaciones de Satanás quedan refutadas y su carácter desenmascarado. La rebelión no podrá nunca volverse a levantar. El pecado no podrá nunca volver a entrar en el universo. A través de las edades eternas, todos estarán seguros contra la apostasía. Por el sacrificio abnegado del amor, los habitantes de la tierra y del cielo quedarán ligados a su Creador con vínculos de unión indisoluble.

La obra de la redención estará completa. Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia de Dios. La tierra misma, el campo que Satanás reclama como suyo, ha de quedar no sólo redimida sino exaltada. Nuestro pequeño mundo, que es bajo la maldición del pecado la única mancha obscura de su gloriosa creación, será honrado por encima de todos los demás mundos en el universo de Dios. Aquí, donde el Hijo de Dios habitó en forma humana; donde el Rey de gloria vivió, sufrió y murió; aquí, cuando renueve todas las cosas, estará el tabernáculo de Dios con los hombres, "morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos." Y a través de las edades sin fin, mientras los redimidos anden en la luz del Señor, le alabarán por su Don inefable: Emmanuel; "Dios con nosotros." 19



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