El diezmo: historia y uso



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EL DIEZMO: HISTORIA Y USO

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Un vistazo general a los inicios del sistema del diezmo



por Arturo L. White

 

Los comentarios de Elena G. de White sobre el uso de los fondos del diezmo



por Robert W. Olson

 

Elena G. de White y el diezmo



por Arturo L. White

 

APÉNDICE A



El uso del diezmo, por Elena G. de White

 

APÉNDICE B



¿Dónde debo pagar mi diezmo? Finanzas evangélicas: Obremos unidos, por Frank B. Holbrook

 

 



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Un vistazo general a los inicios del sistema del diezmo



Por Arturo L. White

[Tabla de contenido]



Algo de documentación sobre Benevolencia Sistemática y Diezmo, según se lanzó en 1859

Qué debemos hacer con el dinero

Introducido como el “Diezmo” en 1861

Razones para la elección del término “Benevolencia Sistemática”

Redefinición del plan en 1864

Un plan con algunos defectos

Descripción del plan mejorado en un folleto de 1878

El desarrollo del concepto sobre el uso apropiado del diezmo

Sin segregación de fondos

Declaración de Elena G. de White en 1879

Proporción de los ingresos y las posesiones

Nuestra obra necesita diez veces más

El desvío de los fondos del diezmo

Primeros acuerdos de la Comisión de la Asociación General sobre los fondos del diezmo para la construcción de iglesias

El diezmo para aquellos que trabajan en la Palabra y en la doctrina

El diezmo y el sostén de escuelas

Ningún tema especial o crisis aparente fue responsable del consejo

 

Benevolencia sistemática, según la propuesta original y cómo lo adoptaron los Adventistas del Séptimo Día en 1859, constaba de un plan de donación sistemático, no sólo sobre una base porcentual, sino también de ofrendas voluntarias.



 

Algo de documentación sobre Benevolencia Sistemática y Diezmo, en sus inicios en 1859

[Inicio de esta sección]

El siguiente plan fue recomendado en la reunión de enero de 1859, en Battle Creek:

1. Que cada hermano de 18 a 60 años de edad reserve de 5 a 25 centavos cada primer día de la semana.

2. Que cada hermana de 18 a 60 años de edad reserve de 2 a 10 centavos cada primer día de la semana.

3. También, que cada hermano y hermana aparte de 1 a 5 por cada 100 dólares que posea en propiedad, cada primer día de la semana…

Las mínimas sumas establecidas son tan pequeñas que aquellos que están en las circunstancias de mayor pobreza (con muy pocas excepciones de algunas viudas, inválidos y ancianos) pueden llevar a cabo este plan; y aquellos que están en mejores circunstancias se los deja librados a actuar en el temor de Dios en la planificación de su mayordomía, para dar hasta las mayores cifras establecidas, o incluso más, como sientan que sea su deber hacerlo.– Review and Herald, 3 febrero, 1859, p. 84.

Con muy poca modificación, se adoptó este plan en la sesión de la Asociación General del 4 de junio de 1859. Informado en Review and Herald, 9 junio, 1859, p. 20.

 

Qué debemos hacer con el dinero



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A medida que las iglesias comenzaron a responder al plan adoptado en Battle Creek, surgió la inquietud acerca del uso del dinero que se juntaba. Jaime White, en la Review del 3 de marzo de 1859, respondió a esta inquietud:

El hermano I. C. Vaughn escribe desde Hillsdale, Michigan, que la iglesia de ese lugar “está participando del plan de Benevolencia Sistemática, y le gusta mucho”, y pregunta, “¿Qué hay que hacer con el dinero al final del mes?”

Sugerimos que cada iglesia mantenga al menos 5 dólares en la tesorería para ayudar a aquellos predicadores que los visitan en forma ocasional, y que trabajan entre ellos. Esto parece necesario. Es tal la escasez de dinero que nuestros buenos hermanos rara vez están preparados para ayudar a un mensajero en su viaje. Que haya unos pocos dólares en la tesorería de cada iglesia. Además de esto, la deuda de las campañas en carpa, etc., reclaman el procedimiento de la Benevolencia Sistemática en este Estado [Michigan].

Y el 29 de enero de 1861, White pudo informar de la iglesia de Battle Creek:

Como resultado de llevar adelante en forma estricta el plan celestial, hay ahora en nuestra tesorería [Battle Creek] 150 dólares para algunos objetivos de valor que harán realmente avanzar la causa de la verdad.- Review and Herald, 29 de enero de 1861.

 

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Se empieza a llamar “Diezmo” en 1861

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El mismo mes, se refirió a la Benevolencia Sistemática como el diezmo. Él escribió:

Proponemos a los amigos que den un diezmo, o una décima parte de sus ingresos, estimando sus ingresos en un diez por ciento de lo que poseen.- Good Samaritan [El buen samaritano], No. 5, enero, 1861.

Poco después, explicó mejor el plan:

Queremos decir lo que lo que las iglesias están adoptando en Michigan (en relación con la declaración publicada en Good Samaritan [El buen samaritano], Nº 5), es decir, ellos calculan el diez por ciento del valor de su propiedad. Este diez por ciento lo consideran como el aumento del valor de su propiedad. Un diezmo de esto sería del uno por ciento, y de casi dos centavos por semana por cada 100 dólares, que nuestros hermanos, para su conveniencia, son unánimes en darlo…

Luego vienen las donaciones personales. Que los jóvenes que no tengan propiedades tasadas por impuestos, sean más liberales en esto, incluso las señoritas.- Jaime White, Review and Herald, 9 de abril de 1861, p. 164.

 

Razones para la elección del término “Benevolencia Sistemática”



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Mientras que el término “diezmo” casi no aparecía en las presentaciones de los planes para la benevolencia sistemática, la documentación completa indicaría que la fase principal y más fuerte de este plan estaba basada definidamente sobre los principios del diezmo, y que los pasos votados dos décadas antes eran meramente mejoras y extensiones de lo que se había adoptado en 1859. No había dos planes distintos y separados.

¿Por qué el término “diezmo” no apareció en forma destacada desde el comienzo? Cuando los pioneros comenzaron a considerar la organización en la década de 1850, fue para establecer el “orden evangélico”. Buscaron el modelo del Nuevo Testamento. Lo encontraron extensamente en la dedicación de los siete diáconos y no en la dedicación de los setenta ancianos por Moisés. En 1854, la Sra. White inició su primer artículo completo sobre este tema con estas palabras: “El Señor ha mostrado que el orden evangélico ha sido temido y descuidado en demasía” (Primeros escritos, 97).

En 1853, en su primer llamado a los Adventistas Observadores del Sábado para que se apoye financieramente al ministerio, Jaime White lo presentó bajo el título de Orden Evangélico. Buscó apoyo en el Nuevo Testamento. Declaraciones posteriores, que trataban de la continuidad de la obligación de diezmar después de la cruz, implica que al comienzo se asumía por lo general, que la responsabilidad de diezmar cesó con la muerte de Cristo, y por tanto Malaquías 3 con sus reclamos, no tenía nada que ver con los creyentes de la actualidad. (Ver J. N. Andrews en Review and Herald, 18 de mayo, 1869).

En 1875, al presionar sobre el asunto de un diezmo de una décima parte del aumento (ver Testimonies, tomo 3, p. 395), Elena G. de White reconoció que “Algunos dirán que ésta es una de las leyes rigurosas que pesaban sobre los hebreos”.- Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 375. Y declara:

El sistema especial del diezmo se fundaba en un principio que es tan duradero como la ley de Dios. Este sistema del diezmo era una bendición para los judíos; de lo contrario, Dios no se lo hubiera dado. Así también será una bendición para los que lo practiquen hasta el fin del tiempo. Nuestro Padre celestial no creó el plan de la benevolencia sistemática para enriquecerse, sino para que fuese una gran bendición para el hombre. Vio que este sistema de beneficencia era precisamente lo que el hombre necesitaba.- Joyas de los testimonios, tomo 1, pp. 385, 386.

Por consiguiente, la fortaleza del argumento para apoyar la obra de Dios, proviene primero del Nuevo Testamento, pero estimando las obligaciones del

 

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creyente, se empleó el principio del diezmo. Se debe notar que, mientras que la benevolencia sistemática adoptada por nuestros predecesores era más general que el diezmo, incluía el diezmo.

Elena G. de White relacionó desde temprano el diezmo con la “Benevolencia Sistemática”. Primero aseguró a la iglesia, en junio de 1859: “El plan de la benevolencia sistemática agrada a Dios” (Testimonies, tomo 1, p. 190). Y luego en enero de 1861, en un artículo titulado “Benevolencia Sistemática”, escribió: “No roben a Dios reteniéndole sus diezmos y ofrendas”. El artículo cierra con Malaquías 3:8-11 citado en forma completa (Testimonies, tomo 1, pp. 221, 222).

Los números de la Review and Herald durante las década de 1860, presentó varios artículos haciendo referencia a la benevolencia sistemática, informando de los éxitos del plan y dando consejos en relación con su operación.

 

Redefinición del plan en 1864



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Jaime White reinició el plan en noviembre de 1864, y al hacerlo lo ligó muy estrechamente con el diezmo:

Se requería que los hijos de Israel dieran un diezmo, o décima parte, de todos sus ingresos… Y no puede suponerse que Dios requiera menos de su pueblo, cuando el tiempo es extremadamente breve y se debe realizar una gran tarea en el uso de los medios, para dar el último mensaje de advertencia al mundo. Dice el profeta: [se cita Malaquías 3:8-10].

Si el profeta Malaquías no está en el texto enseñando a practicar el sistema de diezmo israelita, por cierto que está haciendo cumplir un deber de la misma naturaleza, y sus palabras llegan hasta nuestro hogar con toda su fuerza, y el principio puede practicarse obedeciendo lo indicado por Pablo: “Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo”, etc. Dice nuestro Señor, “Pero ¡ay de vosotros, fariseos!, que diezmáis la menta, la ruda y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Lucas 11:42).

¿Cómo podemos llevar a la práctica estas sugerencias excelentes? Recomendamos el siguiente plan, que con muy pocas excepciones, todos pueden adoptar:

Si los hermanos dan un diezmo, o un décimo, de sus ingresos, estimando sus ingresos en un diez por ciento de lo que poseen, sumará unos dos centavos semanales por cada 100 dólares de propiedad. Además de esto, que todos los que sean capaces de hacerlo, den una donación personal por semana, más o menos, de acuerdo a su posibilidad. Esto es necesario para incluir a quienes poseen poco o nada, pero tienen posibilidades de ingresos y deben dar parte de sus ingresos. Mientras que algunas viudas, o ancianos o enfermos, deben ser excusados, los jóvenes y activos que tienen poca o ninguna posesión, debieran dar personalmente una ofrenda abundante en forma semanal…

Aquellos que tienen ingresos superiores al diez por ciento de lo que poseen, pueden dar más en proporción a la suma de sus ingresos. Un diezmo, o décimo de sus ingresos, es exactamente una décima parte del aumento de su propiedad. Si un hermano o hermana aumentara su propiedad durante 1864 por un valor de mil dólares, el diezmo sería cien dólares.- Review and Herald, 29 de noviembre de 1864.

 

Un plan con algunos defectos



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Con el sistema del diezmo, al igual que con varias líneas de la verdad que llegaron a ser fundamentales para la doctrina adventista, nuestros pioneros no lo vieron en toda su belleza y plenitud desde el mismo comienzo. Estaban procurando encontrar un sistema financiero que armonizara con la Orden Evangélica. El Señor los condujo tan rápido como podían ver, aceptar y seguir descubriendo verdades basadas en la Biblia. Había un desarrollo gradual en dos aspectos: la base

 

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para asegurar las obligaciones del creyente y el uso preciso que debía darse a los ingresos del evangelio. La gran necesidad era el apoyo al ministerio, y los fondos que ingresaban de la benevolencia sistemática, que incluía diezmos y ofrendas, eran casi exclusivamente canalizados hacia el sostén ministerial. Todo era para las líneas ministeriales, excepto por los empleados de la casa publicadora, y después de 1866, los empleados del sanatorio, que eran sostenidos por los ingresos de las instituciones.

Hubo muchas referencias a la benevolencia sistemática y al diezmo durante la última parte de las décadas de 1860 y 1870. Elena G. de White, en Testimony Nº 24, escrito en 1874 y publicado en enero de 1875, dedicó 28 páginas a “Diezmos y ofrendas”, seguido de cinco páginas bajo el título “Benevolencia sistemática” (Joyas de los testimonios, tomo 1, 359-390).

En 1876, los hermanos líderes tuvieron la convicción de que había defectos en el plan, especialmente en la base sobre la que se apoyaba el diezmo. Lo siguiente proviene de una sesión especial de la Asociación General llevada a cabo temprano ese año:

Entonces, el hermano Canright hizo observaciones sobre el tema de la benevolencia sistemática. Tomando como base ciertos hechos bien concretos, mostró que si volviéramos al plan de Benevolencia Sistemática bíblico, la cantidad en nuestras filas alcanzaría la suma de 150.000 dólares al año, en lugar de alrededor de 40.000, como lo es ahora. El Señor dice, “traed todos los diezmos al alfolí”, y hasta que eso no se haga, el Señor no será “probado”, para que veamos si él no derrama bendición hasta que sobreabunde. El hermano White continuó con observaciones largas y conmovedoras sobre el tema.

El hermano Canright ofreció las siguientes resoluciones sobre el tema de la benevolencia sistemática, que fueron adoptadas unánimemente por la asociación y la congregación:

Resuelto, que creemos que es el deber de todos nuestros hermanos y hermanas, ya sea que estén conectados con las iglesias o que viva aislado, bajo circunstancias ordinarias, dedicar un décimo de todos sus ingresos de cualquier fuente, a la causa de Dios. Y además,

Resuelto, que se llame la atención a todos nuestros ministros en cuanto a sus responsabilidades en este asunto importante, para explicarlo en forma clara y fielmente ante todos nuestros hermanos, y que los insten a cumplir con los requerimientos del Señor en esta cuestión.

Que se implemente y lleve a cabo que el presidente nombre una comisión de tres personas, y que él mismo sea parte de esa comisión, para preparar un folleto sobre el tema de la benevolencia sistemática. El presidente nombró a D. M. Canright y U. Smith para que junto con él sean parte de esa comisión.- Actas de la Sesión Especial de la Asociación General, publicada en la Review and Herald, 6 de abril de 1876, p. 108.

Para el año 1878, se hizo un cambio en el plan de calcular el porcentaje de ofrendas o diezmo, variando de aproximadamente el uno por ciento anual del valor total de la propiedad al diez por ciento del ingreso real. Se encontró defectos en el primer plan. En algún caso el plan antiguo aumentaba la suma a diezmar a diez dólares por mes, mientras que bajo el nuevo plan del porcentaje del diez por ciento de los ingresos, el diezmo aumentaba a 35 dólares mensuales.

 

Descripción del plan mejorado en un folleto de 1878



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De acuerdo con el acta de la asociación, se había establecido el plan perfecto para los creyentes en un panfleto que llevaba el significativo título de Benevolencia Sistemática o el Plan Bíblico para el Sostén del Ministerio. No era sino un refinamiento para describir mejor el diezmo y la presentación

 

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se hizo bajo el título familiar de “Benevolencia Sistemática”. En la declaración introductoria del panfleto, leemos:

El tema de la Benevolencia Sistemática ha estado sujeto a consideración por los Adventistas del Séptimo Día durante un período de veinte años o más. Y no se hicieron cambios al primer sistema adoptado pues no se consideraban necesarios hasta hace dos años. Las razones para estos cambios se dan en las siguientes páginas.

“¿Cuánto debo dar para el sostén del evangelio?” Después de una cuidadosa revisión del tema desde todos los ángulos, respondemos: “Un diezmo de todos nuestros ingresos”.

Esto no significa un décimo de todo el incremento anual del patrimonio después de que se ha cubierto el costo de la comida y la vestimenta, y otros gastos, sino que las otras nueve décimas partes de nuestros ingresos son para enfrentar todos esos gastos, mientras que una décima parte de nuestros ingresos pertenece al Señor, para que sea dedicado en forma sagrada al sostén del ministerio. Consideramos defectuoso el plan de apartar una suma equivalente al uno por ciento anual de nuestra propiedad, en varios aspectos:

1. No era dar un diezmo de nuestros ingresos… es nuestra convicción que nuestro pueblo ha robado a Dios en más de la mitad de los diezmos que le pertenecían, mientras practicábamos el defectuoso plan de pagar la Benevolencia Sistemática hasta la suma de sólo el uno por ciento anual sobre la propiedad.

2. Las palabras de Pablo que tratan este tema “como el Señor lo hubiera prosperado”, están en estricta armonía con ese sistema en el Antiguo Testamento que reclama como suyos un décimo de todos los ingresos del pueblo del Señor. Lo siguiente lo consideramos de acuerdo a las Escrituras y apropiado para que todo nuestro pueblo lo practique:

Prometemos solemnemente, ante Dios y a cada uno, pagar conscientemente a la tesorería de la Benevolencia Sistemática, un diezmo de todos nuestros ingresos, siendo apartados cuando se reciban y pagados en el primer domingo de cada cuatrimestre del año; a saber, el primer domingo de enero, el primer domingo de abril, el primer domingo de julio y el primer domingo de octubre.

3. Mediante el plan defectuoso, aquellos que tenían poca o ninguna propiedad, pero que al mismo tiempo tenían ingresos considerables, en algunos casos robaban al Señor en casi o más bien todos los diezmos de sus ingresos reales. Por medio del plan bíblico, un dólar de cada diez ganados se asegura para la causa del Señor. Esto solo hará una diferencia de muchos miles que serán apartados en la tesorería del Señor para el sostén de la causa de Dios.

Y no vemos razones por las que nuestras instituciones, como las casas publicadoras, escuelas, sanatorios, y asociaciones, no pongan en la tesorería del Señor un diezmo de todos sus ingresos. Esto se lo debemos al Señor y a sus siervos para su subsistencia y prosperidad. A medida que esto reciba el apoyo de la Asociación General, sus diezmos deberán ponerse en la tesorería de la Asociación General. La suma anual que se reunirá sólo de nuestras instituciones de Battle Creek, no será menos que cuatro mil dólares, una suma interesante para apartar en la tesorería que no sólo está vacía, sino actualmente en deuda. Y si nuestras asociaciones también pagan un diezmo de sus ingresos a la tesorería de la Asociación General, se suplirá una necesidad que hace mucho se siente.- Declaración preparada por la comisión elegida en la Asociación General, 2 al 13 de octubre, 1878. La comisión estaba formada por: Jaime White, D. M. Canright, S. N. Haskell, J. N. Andrews, Urías Smith. Benevolencia Sistemática; o el Plan Bíblico para el Sostén del Ministerio.

 

El desarrollo del concepto sobre el uso apropiado del diezmo



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No sólo hubo un desarrollo en la comprensión de lo que constituía un

 

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diezmo apropiado, sino que hubo un desarrollo en la comprensión del uso que debería dársele. El modelo histórico en este asunto está emparentado con otros desarrollos entre nosotros. El Señor no le mostraba a Elena G. de White mediante una visión cada detalle. Más bien, guiaba a nuestros predecesores a las Escrituras como la base de un sistema financiero eclesiástico, primero al Nuevo Testamento y luego al Antiguo.

Cuando a fines de la década de 1850, se adoptó el plan del financiamiento evangélico, las líneas de la obra de la iglesia eran limitadas. Estaban los que realizaban las tareas ministeriales y la obra de publicaciones. La obra de publicaciones se sostenía con la venta de literatura y mediante donativos.

Cuando se inició la obra del sanatorio en 1866, se inició una compañía con acciones y desde el comienzo parecía que este emprendimiento sería interesante para producir dinero, rindiendo no menos del diez por ciento de la inversión. La obra médica, aunque no tan lucrativa como parecía que sería al principio, no recibía apoyo de la benevolencia sistemática.

Ni siquiera la escuela se fijó en esta fuente de ingreso, cuando se inició la obra educativa a comienzos de la década de 1870. Los tres primeros intentos en la obra de la escuela de iglesia fueron antes de los días de la benevolencia sistemática, y buscaron sostén en el cobro de cuotas escolares. Esto se hizo con la escuela que inició Bell en Battle Creek, a fines de la década de 1860. La escuela que se inició en Battle Creek en 1872, con el apoyo de la Asociación General, fue sobre la base del pago de cuotas. La única escuela que operó antes de las actas de 1878, que reorganizaban la benevolencia sistemática, fue el Colegio de Battle Creek. No fue sino hasta 1882 que se iniciaron el Colegio de Healdsburg y la Academia del Sur de Lancaster, y no hay registro de que hayan obtenido ingresos de la benevolencia sistemática o de los fondos del diezmo. De hecho, las demandas en las líneas ministeriales de la obra ejercían mucha presión sobre los fondos de la benevolencia sistemática, como lo muestran los registros.

 

Sin segregación de fondos



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Los fondos de la benevolencia sistemática provistos para la causa no eran divididos por el dador o la iglesia local en estrictamente fondos de diezmo y no fondos de diezmo (ofrendas), ni se los separaba en ninguna forma en los libros de contabilidad de las asociaciones o la Asociación General. Los consejos del Espíritu de Profecía repetidamente llaman a la fidelidad para que “la tesorería esté constantemente con provisiones”, pero antes de la instrucción de 1880 no se delineaba en forma precisa cómo debían usarse los fondos de la benevolencia sistemática ni imponían las restricciones presentadas en años posteriores.

Jaime White, en la Review del 29 de noviembre de 1864, argumenta fuertemente para que todos los fondos de la benevolencia sistemática se coloquen en las tesorerías locales o de la Asociación General “para sostener la proclamación del mensaje del tercer ángel”.

Él sostiene que “esto era el diseño original para nuestro plan de benevolencia, y lo consideramos un gran error apartarnos de él en cualquier grado”.

No obstante, reconoció que había excepciones y que algunos de estos fondos podían usarse apropiadamente en forma local para otros gastos aparte del sostén del ministerio:

Aquellas iglesias que tienen que construir casas de adoración, y enfrentar gastos de electricidad, combustible, etc., y que además no se sienten capaces de cumplir lo descripto en nuestra ilustración de la benevolencia sistemática, pueden, en su reunión anual, designar mediante un voto un porcentaje de sus fondos completos de benevolencia sistemática para objetivos apropiados. Pero se supone que las

 

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instancias que necesiten elegir tal curso de acción, serán muy pocas.- Review and Herald, 29 de noviembre, 1864.

Con el reestudio en 1878, y la adopción del plan de calcular el diezmo en base al “ingreso total”, las tesorerías estuvieron mejor abastecidas y los usos que se podían hacer de los fondos de la benevolencia sistemática llegaron a ser un asunto de estudio y discusión.

 

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