El espectador



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Guillermo Perry


No lo hicimos tan mal como Venezuela y Argentina, ni tan bien como Chile y Perú. Hasta Brasil, Bolivia y Ecuador lo hicieron mejor. ¡Ahora toca enseriarnos!

Entre el 2003 y el 2011, toda América del Sur, incluida Colombia, tuvo el mayor crecimiento en ingresos externos de toda su historia, gracias tanto al aumento casi continuo de los precios internacionales del petróleo, los minerales y los productos del campo, como a altas entradas de capitales. Este período glorioso llegó a su fin en el año 2012 y no volverá por un buen tiempo. Si bien los precios de los productos básicos siguen altos, ya no crecen más, ni seguirán creciendo. Y las entradas de capitales están comenzando a reducirse, a tiempo que se recupera la economía gringa. Por estas razones, al boom de crecimiento económico entre el 2003 y el 2011 en la región (más de 5 por ciento anual en promedio) lo ha seguido una desaceleración generalizada (a 3,6 por ciento anual promedio desde el 2012). Estamos en el día después de la fiesta, como dicen los anglosajones.

¿Qué tanto aprovechamos las ‘vacas gordas’ y qué retos tenemos ahora? Si uno se gana una lotería de ese tamaño, puede hacer una de tres cosas. O ahorra buena parte del premio para el futuro, como lo hicieron Chile, Perú y Bolivia, que tuvieron superávits fiscales y una altísima acumulación de reservas internacionales. O invierte una buena parte en ampliar y mejorar su negocio, hacer una carretera de entrada a su finca y educar a los hijos en los mejores colegios y universidades, como lo hicieron, principalmente, Chile y Ecuador. O, tercera opción, uno se va de fiesta tres meses con los amigos y unas amigas, y, cuando se le acaba la plata y regresa, ha perdido el trabajo, y la mujer no lo recibe, como sucedió en Venezuela. Este país desperdició completamente los ingresos de divisas más altos de su historia, dejó acabar su industria y su agricultura y redujo a la mitad su producción petrolera. Hoy no tiene cómo financiar su abultado gasto público, le toca recurrir al control de cambios porque se quedó sin reservas internacionales, y el cambio negro es más de seis veces el oficial.

Si bien Venezuela se ganó el premio Guinness en irresponsabilidad, otros también desperdiciaron buena parte del boom. Argentina también se está quedando sin reservas internacionales y ha tenido que aplicar controles de cambio. Además, dejó acabar sus exportaciones de petróleo y gas. La Kirchner ha hecho lo posible por ‘venezolanizar’ la Argentina. No lo consiguió del todo porque ese país tiene una agricultura y algunos sectores industriales muy competitivos, y todo parece indicar que ella perderá las próximas elecciones.

Brasil y Colombia dejaron apreciar mucho sus monedas y hoy tienen postrado su sector manufacturero, y Colombia también el sector agrícola, como ha tenido que reconocerlo el Gobierno después de los paros. Brasil, al menos, hizo crecer enormemente su producción y sus exportaciones agropecuarias, sembrando de soya todo el cerrado, mientras nosotros no dejamos desarrollar la altillanura. Brasil tiene una política agrícola seria, que privilegia la investigación y extensión tecnológicas, gracias a lo cual desarrolló las nuevas variedades de soya que permitieron el milagro, en lugar de dedicarse a subsidiar a los grandes productores, como hacemos en Colombia. Y descubrió los enormes yacimientos del Pre Salt, que pueden convertirlo en un gran exportador de hidrocarburos, gracias a sus esfuerzos de exploración costa afuera, mientras nosotros frenamos la locomotora minera y no dejamos producir el gas de esquisto por incapacidad de armonizar el desarrollo y la protección ambiental.

La verdad, no salimos bien parados en estas comparaciones. No lo hicimos tan mal como Venezuela y Argentina, pero tampoco tan bien como Chile y Perú. Brasil, Bolivia y Ecuador también lo hicieron mejor que nosotros. Ahora no tenemos más remedio que enseriarnos.

Coletilla. El cambio de gabinete luce bien. Y la nueva estrategia frente a Nicaragua es un acierto.

¿PERDIMOS EL CUARTO DE HORA?

Mauricio Vargas


Crecimiento mediocre, inversionistas de salida, incertidumbre: ¿dejó Colombia pasar el buen momento?

Lo dijo con claridad la revista Dinero: “Desde octubre del 2011 la economía no ha hecho otra cosa que desacelerarse”. La prestigiosa publicación pone en duda que en el 2013 el país vaya a crecer más del 3,5%, por debajo incluso del mediocre 4% del 2012. Lo anterior mientras Perú, que creció 6,3% el año pasado, va a rasgar el 6% este año. Chile no tendrá un gran 2013, pero, aun así, su economía crecerá entre 4,5% y 5%, después de aumentar 5,6% en el 2012. Los expertos sostienen que hacen falta varios años seguidos de 6% para salir del subdesarrollo y la pobreza.

Lo triste del asunto es que Colombia podría estar creciendo igual que Perú y aun mejor que Chile. Si la ejecución del presupuesto de inversión pública –cuando por fin había plata para hacer obras– hubiese alcanzado un nivel razonable en el 2011 y el 2012, este rubro le habría aportado punto y medio más de crecimiento a cada año. Y si en vez de hundir el boom minero en un pantano de burocracia, corrupción y fundamentalismo, el gobierno de Juan Manuel Santos les hubiese dado vía libre a los proyectos de menor impacto ambiental, y grande y positivo impacto económico y social, el 6% se nos habría quedado corto.

Un exfuncionario del Minambiente me lo explicó: “Lo mismo a los proyectos razonables y de bajo impacto que a los altamente dañinos no les dicen ni que sí ni que no: suelen dejarlos en espera y ahí, en esa incertidumbre, es donde crece la corrupción”.

Otro sector que podría haber encendido motores es el agro. Si a la muy justificada política de restitución de tierras el Gobierno le hubiese sumado un plan ambicioso –como el de la altillanura, que engavetó Planeación Nacional– para darles certezas y estabilidad a grandes inversionistas internacionales de la agroindustria, otro gallo cantaría en el campo. Lula da Silva lo hizo en Brasil, tecnificó así grandes extensiones rurales y multiplicó en ellas el empleo digno. De haber apostado por algo similar, Santos no tendría que girar multimillonarios cheques de subsidios, que nada resolverán a largo plazo, para levantar los paros campesinos. Cheques que pagaremos los contribuyentes, con la prolongación del 4 x 1.000.

Aferrado al cuento de las locomotoras –ninguna de las cuales arrancó– y como la economía iba en principio bien, el equipo económico se despreocupó y asumió que las buenas cifras de crecimiento se mantendrían por sí solas. Eso nunca ocurre: aun cuando se trate de un ciclo de vacas gordas como el de estos años, derivado del boom de las exportaciones y de la inversión extranjera, si el Gobierno no adoptaba las medidas correctas para hacer sostenible el buen momento, las vacas tenderían muy pronto a adelgazar.

Y eso fue lo que pasó. Ahora que las exportaciones están cayendo, por una mezcla de falta de competitividad –no hay buenas carreteras, entre otros líos– y baja de los precios internacionales de muchos productos, las vacas ya no lucen tan gordas. Adelgazarán más si se multiplican las señales negativas a los inversionistas: a más de los líos con las licencias ambientales y con las consultas a las comunidades –en muchos casos convertidas en negocio de algunas ONG de garaje–, está la incertidumbre por los acuerdos de La Habana y por las elecciones. El rezago de varios billones de pesos en la meta de recaudos fiscales complica aún más las cosas.

Más de un extranjero de los que habían llegado atraídos por las indudables mejoras de las cifras de seguridad y la fama de buen administrador de Santos está empacando para llevarse su plata a destinos menos inciertos. El panorama para el 2014 resulta poco alentador. Pero más allá de este y del año entrante, lo más grave es que quizás Colombia haya dejado pasar en estos años un cuarto de hora difícilmente repetible para salir del atraso.



RESPONSABILIDAD, NO POPULISMO

Editorial

Cualquier intento de bajar el precio de la gasolina en Colombia generará una cuenta por pagar que, no importa cuál sea el escenario, acabará saliendo del bolsillo de los ciudadanos o de apretarles el cinturón a los programas sociales y la inversión pública.

En un país en el que abundan los disensos, son pocos los temas que logran poner tan de acuerdo a los colombianos como la creencia de que los precios que hoy se pagan por los combustibles han superado el límite de lo tolerable. Así parece corroborarlo un informe publicado por este periódico el viernes, según el cual, como proporción del ingreso promedio diario, tenemos en esta materia los costos más altos del hemisferio. Dicha revelación se suma a los reportes que demuestran que el valor de un galón de gasolina corriente o de diésel en el territorio nacional supera con creces lo que se les cobra a venezolanos o ecuatorianos e, incluso, a los consumidores estadounidenses.

A raíz de esa situación, han vuelto a subir de tono las exigencias para que tenga lugar un recorte. Desde columnistas y dirigentes políticos, hasta los promotores de las protestas recientes y la gente del común sostienen que no es lógico que, siendo productores de petróleo, tengamos que adquirir sus derivados como si fuéramos importadores de crudo. De hecho, hay quienes acusan a Ecopetrol de incurrir en ganancias extraordinarias, una impresión que ha motivado proyectos legislativos que buscan regular márgenes y precios.

En último término, lo que se cuestiona es una política que empezó a regir en 1998, cuando, a raíz de las estrecheces fiscales de la época, el gobierno de turno comenzó a desmontar el esquema de apoyos vigente. Desde el principio se estableció como criterio rector que había que ajustarse paulatinamente a las cotizaciones internacionales, tomando como referencia el costo de oportunidad de vender los hidrocarburos producidos localmente en el exterior.

No obstante, la pendiente acabó siendo mucho más empinada de lo que se creía, debido al alza del petróleo, que pasó de cerca de 10 dólares el barril hace 15 años a un pico de 147 dólares en julio del 2008. Hoy, al cabo de muchos altibajos, se encuentra en cercanías de los 110 dólares. Los incrementos en algún momento fueron tan elevados que la administración Uribe evitó transferírselos plenamente al público, con lo cual el costo de los subsidios superó los 20 billones de pesos.

Ante semejante cuenta y para evitar desangrar las finanzas públicas, en el 2007 fue creado el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC). La intención del mecanismo era la de moderar los ajustes en uno u otro sentido, reconociendo el carácter volátil del crudo. De manera que, durante algunos meses, los precios internos estuvieron por encima del nivel de paridad y se generó un superávit, pero en general han estado por debajo, con lo cual, al cierre de junio, existía un déficit de 3,5 billones de pesos, según el Ministerio de Minas.

Si bien puede parecer increíble, el saldo en rojo seguirá creciendo, pues, para mantenerse estable, la gasolina corriente debería subir en 110 pesos el galón y el diésel, en 527 pesos. Lo peor es que no hay salida para que el hoyo disminuya, pues una decisión de la Corte Constitucional dada a conocer esta semana eliminó un acápite de la ley del Plan de Desarrollo que facultaba al Gobierno para generar excedentes en el FEPC.

Así las cosas, el Ministerio de Hacienda está ante un problema mayúsculo, pues no tiene cómo enjugar el faltante en las cuentas del Fondo, que supera los recursos extraordinarios que va a recibir el sector agropecuario en el presupuesto del 2014. Ese dolor de cabeza deja claro algo que a los colombianos les resulta difícil de aceptar: cualquier intento de bajar el precio de la gasolina generará una cuenta por pagar que, sin importar el escenario, acabará saliendo del bolsillo de los ciudadanos o de apretarles el cinturón a los programas sociales y la inversión pública. En cifras concretas, por cada mil pesos de recorte, el agujero será de 2,6 billones de pesos anuales.

La conclusión es la misma cuando se examinan otras posibilidades. Si Ecopetrol recibe una suma más baja por el petróleo que vende internamente, generará menos utilidades y, por ende, le pagará impuestos de renta más bajos al fisco, así como dividendos reducidos a su socio mayoritario, que es la Nación. Si, en cambio, la determinación es disminuir la carga tributaria, que tiene un peso del 27 por ciento y es la causante principal de que los combustibles cuesten lo que valen, ello afectará las finanzas del gobierno central o de los municipios, que dependen para sus planes de inversión de una sobretasa que autoriza la ley.

Mientras eso ocurre, vale la pena preguntarse quién se beneficia de una disminución. La respuesta es: los colombianos de más altos ingresos, pues una familia que tenga dos carros se ahorrará mucho más que el dueño de una motocicleta o quien viaje en transporte público. Y el que piense que todo se va a poner más barato se estará engañando, pues el peso de los combustibles en la canasta familiar asciende a menos del uno por ciento.

En consecuencia, lo responsable es ignorar las propuestas populistas que atentan contra los más pobres y que a veces reciben lamentables espaldarazos, como el del Partido Liberal. Es válido, por supuesto, examinar si algunos costos pueden descender, pero no hay que dejarse llevar por falsas ilusiones pensando que la factura de un menor precio de la gasolina la paga otro.



DINERO

EL RECAUDO DE LOS NUEVOS IMPUESTOS

A junio de 2013, se observa que cuotas de renta, retenciones, y externos disminuyeron levemente su aporte, no más de 2%, para abrirle espacio a los impuestos creados con la Reforma Tributaria.


Los ingresos tributarios acumulados entre enero y junio de 2013 sumaron $57,3 billones, monto inferior en 0,6% del PIB a lo observado el año anterior.

Del total, el 99,6%, es decir, $57.1 billones, correspondió al recaudo de impuestos administrados por la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales.


Durante el segundo trimestre de 2013 se empezaron a recaudar la totalidad de los nuevos impuestos creados con la Ley 1607 de 2012, Reforma Tributaria.


En lo que respecta al Impuesto Nacional al Consumo, recaudo asociado a las ventas de bienes y servicios, como telefonía, servicios de restaurante y vehículos, se obtuvieron ingresos por $464 mil millones.


En cuanto al Impuesto de Renta para la Equidad, Cree, en el mes de junio se recaudaron $367 mil millones, los cuales corresponden a retención en la fuente a tarifas de 0,3%, 0,6% y 1,5%, dependiendo de la actividad económica.


Finalmente, con el Impuesto Nacional a los Combustibles se recaudaron $1,2 billones. Estos recursos corresponden al impuesto generado por la venta, retiro, importación para el consumo propio o importación para la venta de gasolina y ACPM realizados durante los meses de enero a mayo.


El impuesto gravado es de $1.075 por galón para la gasolina corriente y el ACPM, y de $1.555 por galón para la gasolina extra.



PAZ

EL ESPECTADOR
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