El Foro Social Africano: emergencia de una voz africana



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Las Palmas de Gran Canaria. 24 al 29 de Noviembre de 2003




El Foro Social Africano: emergencia de una voz africana

Cecile Robert, enviada especial



Le Monde Diplomatique
http://www.monde-diplomatique.es/2003/02/robert.html
8 de octubre del 2003
En los pasillos del Foro Social Africano (FSA) en Addis Abeba a principios del mes de enero, un campesino de la República Democrática del Congo (RDC) se pregunta: "¿Cuándo nos van a escuchar cuando hablamos?". Su itinerario sintetiza lo que representa la celebración de este segundo foro (1), inspirado en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, en materia de esfuerzos y de riesgos superados para lograr por fin que emerja una voz africana en el océano de la mundialización. Un correo electrónico de la Confederación Campesina advirtió desde París la existencia del foro, como si el eje norte-sur fuera el único que valiera. La constitución de un movimiento social africano sigue siendo embrionaria, y la información circula mal. Es posible que el correo haya funcionado entre una y otra ruptura de corriente. Algunos delegados tardaron tres días en llegar a la capital etíope, tan malas son las rutas y tan aleatorias las conexiones aéreas interafricanas.
En busca de "otra África" liberada de la trampa de la mundialización liberal, 250 representantes del mundo asociativo, campesinos, obreros o artistas, llegaron a pesar de todo en representación de 43 países africanos, algunos de ellos en guerra. La pelea incansable de la asociación Enda, con sede en Dakar, y de la escritora maliense Aminata D. Traore, permitió lograr subvenciones y organizar los viajes de esa multitud (2). ¿Pero cuántos son los que no supieron que se reunía ese foro social, o que no pudieron ir a la capital etíope por falta de recursos?. La representatividad y el sentido mismo de la iniciativa del FSA se resintieron inevitablemente, y tanto los organizadores como los delegados subrayaron la necesidad de dar a conocer el encuentro, de reflexionar sobre los medios materiales de incrementar la participación en los próximos foros y de popularizar las reivindicaciones (3).
Para el movimiento social africano, se trata de oponerse a las políticas económicas que se aplicaron en el continente durante décadas y que lo hunden inexorablemente en la miseria y en la guerra. desestabilizando los Estados. "El FSA debe permitir que la sociedad civil se organice como contrapoder a fin de pesar sobre los lugares donde se elaboran las reglas que se imponen en África", explica Tauffik Ben Abdallah, de Enda. El Foro apunta a federar a nivel continental movimientos dispersos y a construir un discurso común. Más allá, se trata de reconquistar el derecho a una voz propia ante la "comunidad internacional" reducida de hecho a los poderosos; de luchar contra una alienación histórica que desposeyó a los africanos de su destino sometiéndolos siempre- semi víctimas y semi cómplices - a la explotación económica y cultural por las potencias extranjeras.
La dificultad reside en el hecho de que las élites africanas tomaron el relevo de la opresión que antes ejercieron los colonizadores. Un "consenso diabólico sobre el neoliberalismo" vincula a nuestras clases dirigentes, se alarma Aminata D. Traore. Muchos cuadros africanos participan del dominio económico del continente siguiendo dócilmente las prescripciones de los prestamistas de fondos internacionales. A menudo formados en universidades occidentales, pasan más tiempo en los países del norte o en los simposios internacionales que en sus países. Desconectados de las realidades sociales, estos gobernantes abandonaron toda resistencia. Algunos se convierten incluso en promotores celosos de la explotación mercantil de sus Estados. Así los presidentes Abdulaye Wade de Senegal, Tabo Mbeki de Sudáfrica, Abdelaziz Buteflika de Argelia, Olusegun Obasanjo de Nigeria, se convirtieron en representantes de la Nueva Sociedad Económica para África (Nepad), un plan que apunta a "incrementar las inversiones privadas extranjeras", eufemismo para decir que el saqueo de las innumerables riquezas de África continuará mientras sus poblaciones se sumen en la miseria. "Nuestros dirigentes no resisten bastante, tienen una corbata en la cabeza", añade la carismática maliense.
La resolución final del FSA de Addis Abeba subraya el fracaso de las recetas liberales y el de los dirigentes que toman su relevo. Evoca la idea de "educarlos" en un contradiscurso político y económico mediante campañas de movilización. Se reclaman reparaciones financieras, no por la esclavitud como exigen asociaciones afroamericanas, sino por el ajuste estructural y una deuda acumulada en condiciones inicuas. ¿Pero quién se toma en serio a África?. Mientras muchos se abalanzan a Porto Alegre, sólo Italia y Estados Unidos están representados en el FSA por intermediarios de asociaciones humanitarias o de desarrollo.
Perversidad de un dominio solapado: algunas asociaciones africanas no se atrevieron a acudir al foro por miedo a no encajar con las organizaciones caritativas del norte que las apoyan o con las instituciones financieras internacionales de las que dependen. Aun útil y bien intencionada, la ayuda se vuelve perversa cuando culmina en la privación de la voz de los pueblos, cuando los encierra en interpretaciones dirigidas y pensadas en otro lugar. Algunos delegados vacilan en iniciar una crítica radical de las relaciones internacionales. "Tenemos que definir nuestros cuestionamientos, reacciona la argelina Rabiaa, y dejar de discutir sobre bases que definen otros".
Las asociaciones africanas se ven cada vez más cortejadas por gobiernos e instituciones financieras internacionales carentes de legitimidad popular. Pero la perspectiva es siempre la misma: el sometimiento a los cánones de la economía mundial. "Atención a un 'consenso de las ONGs' que sería simétrico del consenso de Washington", advierte un sudafricano.
A menudo muy dinámicas, las asociaciones de mujeres se inquietan ante la recuperación de que son objeto sus iniciativas microeconómicas por parte de las Instituciones Financieras Internacionales. Los antiguos fondos en común son objeto de planes a favor del microcrédito que destruyen las solidaridades y la ayuda mutua tradicionales sustituyéndolos por circuitos de préstamos oficiales a menudo usureros. El sobreendeudamiento acecha a estas mujeres sobre quienes por otra parte pesan cada vez más responsabilidades domésticas y económicas. "Después vendrán para ajustarnos", exclama Fatu Sarr, delegada llegada del Senegal.
Frente a esta constante desnaturalización, ¿cómo determinar prioridades propias, en función de necesidades específicas (infraestructuras, alimentación, salud, cultura…)?. En efecto, la menor participación en el sistema internacional -aun bajo la forma de ayuda- implica someterse a recetas llegadas del exterior uniformemente orientadas a la inserción en el sistema de comercio mundial. Esta lógica no solamente destruye las culturas tradicionales, niega las bazas propias del continente, sino que traba la actividad económica desconectándola de las necesidades y rasgos característicos de las sociedades locales. Un artista maliense se indigna: "Primero nos enseñan a traicionar a nuestros padres. Es decir, a no hablar más nuestros idiomas. A ser egoístas cuando nuestras tradiciones nos incitan a compartir y a la solidaridad, a vestirnos a la occidental cuando tenemos tejidos magníficos, a comer productos llegados de fuera cuando nuestros campesinos sólo piden trabajar y la naturaleza y la tierra son generosas en África".
"Hemos padecido una verdadera escisión del pensamiento", constata Rabiaa. "Tenemos que recuperar los valores antiguos para encontrar soluciones íntimas a nuestros males", corrobora Gisela, una delegada de Kenia, para quien este regreso ha de realizarse críticamente, sobre todo en lo que concierne a la condición femenina. Pero retomar las culturas, librarse del mimetismo desarrollado con los occidentales, es un proceso muy lento; incluso en Addis Abeba se veían muy pocas túnicas en la sala de reunión.
Sin embargo esta toma de conciencia puede apoyarse en bazas reales. África es rica en materias primas, en minerales preciosos, en naturaleza. "Somos como un mendigo sentado sobre una mina de oro", constata un delegado. Estos recursos resultan desviados a favor de los intereses de empresas extranjeras y de potentados locales. Los indicadores sociales desastrosos perturban la mesa de la buena conciencia de los capitalistas que en nombre de las virtudes de la inversión privada saquean el continente negro en su beneficio. Como dice el escritor senegalés Bubacar Boris Diop en un suspiro: "Hay quienes sueñan con una África sin africanos". "¿Cómo restaurar la confianza en nosotros mismos?", se pregunta Tauffik Ben Abdallah. El estallido de la deuda, las guerras y la degradación de la situación económica aniquilaron el apenas restaurado orgullo del hombre negro a través de la filosofía de la negritud durante los años 1960. "Hemos caído más bajo que antes de las independencias". A ningún delegado se le escapa que el mantenimiento del dominio económico tergiversó esas independencias. Los dirigentes africanos más recalcitrantes: Patricio Lumumba, Thomas Sankara, fueron físicamente eliminados, con la complicidad activa o pasiva de las potencias extranjeras y de los políticos venales, como el mariscal Joseph Mobutu (4). "La confianza pasa por la transmisión de esta historia usurpada y por un regreso a los valores del panafricanismo", subraya un joven delegado de Kenia, interpelando enérgicamente a sus mayores que dejan correr el tiempo. Pero las jóvenes generaciones, fuerzas vivas del continente, "sólo sueñan con Occidente; los bombardean con la idea de que no hay esperanza para ellos si se quedan en sus países". Reducir a África a una serie de problemas (hambruna, sida., guerra) impide reanudar la historia y la cultura. Esta visión participa de la "estrategia de dominio del norte".
"Nos ganaron porque somos fáciles de ganar", truena Aminata D. Traore, estimando que la necesaria reorientación radical de las estrategias económicas está vinculada con un examen de conciencia (5). Dominada y culturalmente colonizada, África además está dividida, y políticamente es inexistente. "En tanto sociedad civil y movimiento social, tenemos que inventar un modelo democrático propio y rehabilitar la voz de los ciudadanos perdida desde las independencias", resume Tauffik Ben Abdallah de Enda. "La cuestión es unirnos para hablar como africanos".
Sin embargo, el continente negro es rico también de una historia de la que podría beneficiarse el mundo. El delegado sudafricano Thanduxolo subraya mordazmente la "experiencia" africana en materia de globalización: "Nuestra experiencia del comercio y la mundialización es antigua: colonización, esclavitud, trata transatlántica, …”. La situación de explotación, miseria, descerebramiento creada en el continente negro "revela la verdadera naturaleza del orden global", insiste Dot Keets de Zimbabwe. "Ésa es nuestra aportación". Pero más positivamente, recuerda Rabiaa, "África tiene una sabiduría sin igual en materia de relaciones de solidaridad". Dadas sus antiguas tradiciones de ayuda mutua y de relación equilibrada con la naturaleza, podría aportar una contribución esencial a un "mundo mundializado" que ha colocado el dinero en la cúspide de su escala de valores.
NOTAS:
(1) El primer Foro Social Africano tuvo lugar en Bamako en el año 2001.

(2) Los principales contribuyentes son la Cooperación francesa y asociaciones como Oxfam.

(3) www.enda.sn.

(4) Leer: Colette Braeckman: Lumumba, un crime d'État. Aden. Colección "Sur des charbons ardents". Bruxelles, 2002.



(5) Le viol de l'imaginaire. Fayard. Paris, 2002.



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