El frente discursivo



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El frente discursivo

Tras el asesinato de tres jóvenes estudiantes israelíes por parte de una cédula ligada al partido fundamentalista Hamas, y la consecuente Operación Margen Protector llevada a cabo por las Fuerzas de Defensa Israelíes, el 69º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas organizada en septiembre constituía una instancia más para que los representantes palestinos e israelíes puedan consolidar las tibias negociaciones iniciadas en agosto por la mediación egipcia.

Pese a las expectativas, el discurso del presidente palestino, Mahmoud Abbas, recordó, una vez más, las implicancias que ha tenido y tiene la política del Estado de Israel. Lejos de considerar al espacio brindado por las Naciones Unidas como uno de diálogo y entendimiento, y pese a toda su experiencia en el conflicto, Abbas optó por comunicarse con un código confrontativo. No obstante, esta situación no debería sorprender si se tiene en cuenta el último acuerdo llevado a cabo entre las dos principales fuerzas políticas palestinas, Al Fatah y Hamas, las cuales decidieron ceder en Abbas la representación ejecutiva. Estando consciente de los beneficios y riesgos que implicaba arribar a tal acuerdo, Abbas privilegió la consolidación del acercamiento intra-palestino en detrimento del proceso de paz con Israel. En esa línea, la postura de Abbas también podría ser interpretada como una frustración ante el hecho de que Obama y la comunidad internacional se estén focalizando en Siria, Irak y la lucha contra el Estado Islámico (ISIS).

Asimismo, el discurso de Abbas planteó una paradoja. En tanto que se fortalecía la unidad intra-palestina, también reforzó el consenso del espectro político israelí. Tal es así, que la crítica al discurso es hoy generalizada en Israel: mientras que la izquierda llama “mentiroso” al líder palestino pero reclama a Netanyahu que no suspenda el diálogo, la derecha considera que las declaraciones “entierran el proceso de paz”. A su turno, el primer ministro de Israel declaró ante la Asamblea de las Naciones Unidas que el historial de fracasos ya incluye a seis primeros ministros y ello se debió a la falta de compromiso de los palestinos. Además, expresó que “Israel está listo para asumir compromisos pero no comprometerá su seguridad”. Un punto a destacar sobre el discurso de Netanyahu consiste en que se concentró en la alocución del presidente iraní, Hasan Rohani, y sobre el programa nuclear persa.



Sin embargo, las pocas palabras de Netanyahu sobre el discurso de Abbas fueron superadas ampliamente por los numerosos dirigentes israelíes -mayoritariamente de derechas- que nunca confiaron en este último como interlocutor. En tanto que Naftali Bennet y Moshe Yaalon, ministros de industria y defensa respectivamente, cargaron con duras palabras, el conflicto palestino-israelí refleja otro de sus frentes, el de los discursos. Lejos de aspirar a la empatía política, difícilmente los pueblos converjan hacia la tolerancia. Es por ello que el reforzamiento de la confianza entre los líderes debe ser entendido como una condición para la recuperación de los lazos entre los ciudadanos de ambos pueblos. Sin el ejemplo ni el liderazgo respetuosos, el abordaje a una salida negociada se disipa y se ingresa a una nueva instancia del conflicto, el frente discursivo.



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