El Manejo Forestal en México: Estado actual y Perspectivas



Descargar 140.67 Kb.
Página1/6
Fecha de conversión17.12.2017
Tamaño140.67 Kb.
  1   2   3   4   5   6

El Manejo Forestal en México: Estado actual y Perspectivas


Enrique J. Jardel Peláez1

Introducción


El proceso de intervención forestal que genera el estado de los bosques discutido en la sección anterior, tiene su base en el manejo de los bosques y selvas. En esta sección, describiremos los paisajes forestales de México y los elementos principales su manejo.

El empleo de ciertos enfoques de manejo, obedece al grado de desarrollo de la ciencia y el arte de la silvicultura, pero también responde a los objetivos de las entidades a las que se les otorga y reconoce el derecho a manejar los bosques. Así el manejo centralizado en algunas agencias de gobierno, debe cubrir las expectativas y estándares establecidos para la administración pública. Cuando la responsabilidad del manejo recae en empresas privadas o público-privadas, los criterios que deben prevalecer son los de generación de valor y riqueza en primer lugar para empresa y en segundo lugar para la sociedad. Si la responsabilidad del manejo recae sobre los dueños de los terrenos forestales, los criterios de manejo se orientarán a generar ganancias a los dueños y beneficios a las comunidades locales. Si los usuarios de los recursos forestales, propietarios y no propietarios de los terrenos inciden el las decisiones de manejo, las decisiones que se tomen serán distintas.

La acumulación de decisiones de manejo con distintos criterios, con un bagaje tecnológico cambiante y un entorno económico dinámico, va dando forma a la estructura de los bosques y selvas, de modo que las áreas forestales actuales son el resultado agregado de muchas decisiones de manejo tomadas durante muchos años o incluso siglos.

Conceptos básicos

El manejo forestal


El manejo forestal ha sido definido como “el arte y la ciencia” del aprovechamiento racional de los recursos naturales derivados de los bosques (Baker 1950). Desde este punto de vista, es una disciplina técnica, basada en principios científicos pero también en la experiencia práctica, así como una profesión cuyos orígenes, según la historia oficial –o sus mitos fundacionales– se remontan al siglo XVIII (Rietbergen 2001).

Desde una perspectiva más amplia, el manejo de las tierras forestales o montes –para usar el término vernáculo del castellano que se refiere en general al paisaje cubierto por vegetación no agrícola– es mucho más antiguo. Menzies (1995), por ejemplo, ha definido el manejo forestal como “el conjunto de reglas y técnicas que la gente usa para mantener las tierras forestales en una condición deseada”; bajo esta definición podemos incluir no solo los aspectos técnicos tales como las prácticas silvícolas o de reforestación, sino también el establecimiento de leyes y normas que regulan el uso de los montes o la formación de organizaciones humanas para poner en práctica el manejo. Además, podemos considerar que el manejo forestal incluye no solo las acciones dirigidas al aprovechamiento de recursos naturales como la madera, sino también la conservación de las áreas forestales y su restauración o rehabilitación cuando han sufrido procesos de degradación.

En síntesis, el manejo forestal comprende un amplio conjunto de actividades que han sido realizadas por los seres humanos durante miles de años, interviniendo de manera deliberada en los montes para obtener bienes indispensables para su sustento. El manejo forestal puede definirse como un proceso social (realizado por organizaciones humanas y dirigido hacia los objetivos de estas) en el cual se realizan intervenciones técnicas, institucionales y comunicativas para lograr el aprovechamiento sustentable de los recursos forestales y la conservación a largo plazo, o en su caso la restauración, de los ecosistemas forestales –bosques, selvas, matorrales, etc. –que además de proveer materias primas realizan funciones de regulación ambiental fundamentales para la vida.

[Figura 2.1.]


Factores para el manejo


El conocimiento de los factores ambientales y los procesos ecológicos que determinan la composición y estructura de la vegetación, es un aspecto básico para el manejo forestal, ya que estos factores y procesos influyen no solo en la presencia, distribución, abundancia y productividad de las especies consideradas como recursos, sino también en la respuesta de la vegetación –y el ecosistema forestal en su conjunto– a las intervenciones de manejo.

La configuración de la vegetación está determinada por factores que operan a diferentes niveles o escalas (Huggett 1995, Bailey 1998):



En un primer nivel, el clima –las condiciones de radiación solar, luz y temperatura, y de precipitación pluvial y humedad, sobre todo, y su variación anual que se manifiesta en la estacionalidad– es el principal factor que determina la distribución de los tipos de vegetación en el paisaje terrestre, dando lugar a distintas “zonas de vida” (Holdridge 1980) a las que corresponden tipos de vegetación potencial caracterizados por su productividad primaria y su fisonomía (forma de vida dominante como árboles en los bosques, arbustos en los matorrales o hierbas en los pastizales) y otros criterios, que permiten distinguir, por ejemplo, a los bosques siempre verdes o perennifolios de zonas húmedas de los bosques caducifolios de zonas con estaciones secas.

En un segundo nivel, las diferencias en elevación y posición topográfica, la forma del terreno, la inclinación de la pendiente y la exposición, influyen en la distribución de la energía, al hacer varias la incidencia de la luz solar, la temperatura y la intensidad de agentes de perturbación como el viento, los deslizamientos de suelo o el fuego. También incluye en la distribución de la precipitación y de los materiales del suelo, lo cual da lugar a diferencias en la disponibilidad de agua y nutrientes, así como a la formación de catenas de suelo, dando lugar a la variacion que se observa dentro de una zona de vida y que se caracteriza por diferentes asociaciones de especies de plantas.

En un tercer nivel, los eventos de perturbación o disturbios, como son los huracanes, sequías, incendios forestales, eventos geológicos e intervenciones humanas como desmontes, tala, quemas, y otros, dan lugar a cambios en la cubierta vegetal, formando un mosaico de vegetación en distintas etapas de desarrollo o sucesión (cambio temporal en la composición de especies y la estructura) que pueden ser caracterizadas como clases de estructura dentro de un mismo tipo de vegetación.

La influencia de perturbaciones naturales y antropogénicas es y ha sido parte de la dinámica de los ecosistemas terrestres y es un elemento clave de los procesos que ocurren en las áreas forestales de México (Manson et al. 2009).

México es considerado como uno de los países con mayor diversidad de especies de plantas y animales del mundo; esto es, se trata de un país megadiverso (Mittermeier et al. 1997). La heterogeneidad de condiciones ambientales, la diversidad biológica y los procesos ecológicos dinámicos constituyen el contexto de condiciones en las que se realiza el manejo forestal. Esta variabilidad, es olvidada con frecuencia en las políticas y las prácticas de manejo, que conceptualmente simplifican un entorno complejo reduciéndolo a tipologías simples como la división muy general de la cubierta vegetal en bosques, selvas y matorrales de zonas áridas, o la reducción de la gran diversidad de árboles a categorías como pinos, encinos, hojosas, “maderas preciosas tropicales” y “maderas corrientes tropicales”. En el manejo de las variadas áreas forestales mexicanas, conceptos como heterogeneidad ambiental, diversidad, variación espacial y temporal, dinámica y complejidad deberían formar parte del bagaje conceptual de silvicultores y conservacionistas.

  1   2   3   4   5   6


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal