El momento, que mucho me temo sea más que un momento, no es bueno, para qué nos vamos a engañar



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¡EN MARCHA!

El momento, que mucho me temo sea más que un momento, no es bueno, para qué nos vamos a engañar. Cualquier dato humano o económico que miremos es malo, aunque siendo justos hemos de decir que sin duda es mejor que el que nos encontraremos mañana por la mañana. Y, ¿saben qué es lo que más me desazona? Pues el pensar que, en la mayoría de los casos, la situación que ahora vivimos nos la hemos ganado a pulso, sí, a pulso y con un coraje y una determinación tan rigurosa como alocada. Porque, vamos a ver, seamos sinceros, ¡todos lo veíamos venir! Todos parece ser que, menos los Bancos y el Gobierno socialista, sabíamos que era una locura el vivir como estábamos viviendo. ¿Cuándo se había visto pedir créditos para irse de vacaciones, o para comprarse no uno, sino dos o tres o cuatro pisos, o coches o casitas en la playa? Todos, todos, sabíamos que durante años estuvimos estirando más el brazo que la manga y claro, ahora, cuando estábamos tan a gustito, nos ha venido la tía Merkel con la rebaja y nos hemos dado cuenta de que no es que no tengamos “con qué”, es que, por no tener, no tenemos ni un “qué” para untarlo con el “con”. Pero ya lo sabíamos, aunque todos preferimos meter la cabeza en un agujero con la triste esperanza de que si no lo veíamos es que no estaba pasando. ¡Pero vaya que si estaba pasando, ya lo creo que estaba pasando! Hoy tenemos el edificio en ruinas y unos políticos (del abanico completo, todo un pericón) se están empeñando en buscar una solución a corto, cuando una solución a corto es justamente la que no existe. Si hemos echado a perder el trigal, no vale volver a sembrar. Todo lleva su tiempo y, antes de nada, habrá que labrar las viejas o roturar las nuevas tierras para ponerlas otra vez en cultivo, pero eso lleva un tiempo y un tiempo largo. Pero si ahora todos los de arriba siguen, en teoría, el mismo rumbo, por favor que no se paren. Es muy posible que muchas de las medidas que apliquen no sean ellos quienes las vean fructificar, pero por lo menos que las apliquen, que dejen asentadas las bases a partir de las cuales se inicie una nueva cosecha y una convivencia escarmentada de errores pasados. No sé quien, creo que fue el gran Alejandro, viendo unos montes pelados de vegetación mandó que los sembraran de pinos para que en aquel roído paisaje verdease el horizonte. “Pero, Señor, -le dijeron- un pinar necesita al menos treinta años para hacerse.” “Pues por eso, -les respondió Alejandro- por eso hay que empezar esta misma tarde.” Así que, por favor y a quien corresponda: aquí nos tienen. Vamos a empezar, sin miedo, a caminar por el desierto, que el pueblo español en peores plazas ha toreado y ha cortado orejas. Pero vamos a ponernos en marcha ¡ya!, esta misma tarde, y por una vez, codo con codo y no a codazos. ¿Seremos capaces? Hasta la semana que viene, si Dios quiere, y ya saben. No tengan miedo.


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