El patriarca abraham nuestro padre en la fe



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EL PATRIARCA ABRAHAM

NUESTRO PADRE EN LA FE


Alejandro von Rechnitz

1. INTRODUCCION


Según los especialistas en Sagrada Escritura, es posible que Abraham no haya sido el padre físico de Isaac o el abuelo de Jacob, pero, de todos modos, con eso no disminuye la importancia de Abraham, sino todo lo contrario. Uno debe preguntarse: ¿quién fue este hombre de quien todos quieren descender en Israel? Y no sólo en Israel. En los tiempos posteriores veremos empadronarse en la familia de Abraham a todos los israelitas, a los ismaelitas, a los amonitas y moabitas. ¿Quién fue este hombre para que, luego, los evangelistas, cuando ya creen en Jesús como el culmen de género humano, lo hagan de todos modos descender de Abraham? Y así Mateo (1,1) empiece su Evangelio diciendo: "Antepasados de Jesús el Mesías, hijo de David, hijo de Abraham".

Tres religiones se sienten orgullosas de remontarse y descender de este hombre: la religión hebrea, la religión cristiana, la religión de Mahoma. En este folleto vamos a tratar de justificar esta admiración y a desarrollar las ideas claves del libro del Génesis desde el capítulo 12 al 25 y su importancia para nosotros hoy.

2. ABRAHAM SE DESINSTALA


Abraham era, según la Biblia, el hijo de un caldeo rico de hace casi 4,000 años. Un día Abraham sintió que Yavé, un dios desconocido en su país, le decía: "Deja tu tierra, a los de tu raza y a la familia de tu padre, y anda a la tierra que yo te mostraré" (Génesis 12,1). Abraham tomó a su mujer, a su sobrino, cogió todas sus pertenencias y esclavos y salió camino de Canaán (Génesis 12,4-5).

Así de sencillo. Abraham tenía en Padán-Arán toda su familia y amistades, su posición social, sus dioses y ritos, sus costumbres y comodidades. Agarró todas sus cosas transportables, se arrancó de todo lo conocido hasta entonces, dejó todas sus comodidades y relaciones y se fue a una tierra desconocida. Imaginemos, por un momento, lo que deben haber pensado todos sus conocidos y conciudadanos: "Abraham se ha vuelto loco". Y no sólo eso: "Abraham se ha vuelto ateo" porque ha dejado de una vez para siempre su religión, niega la existencia de todos los dioses de Caldea y se decide a obedecer a un dios desconocido, llamado Yavé, un dios que ni siquiera tiene imagen, ni sacerdocio, ni ritos, ni templo, un dios que nadie conoce, sino Abraham.

Saquemos una primera conclusión: Abraham escogió su Dios y se entregó personalmente a él con todas sus consecuencias. Veamos lo que esto significa. Todo hombre nace y vive situado en una sociedad determinada, nadie en el mundo puede escapar a esta condición. Podemos hacer frente a esto de dos maneras: o vivir como los que nos rodean y renunciar a realizar nuestra personalidad, o realizar nuestros proyectos y entonces, en más de un sentido, quedaremos marginados.

Elegir un dios nómada, un dios des-instalado y que des-instala, como hizo Abraham, viviendo uno en una sociedad absolutamente instalada y tradicional, ocasiona problemas. Se le critica a uno el ir contra el parecer general. Como siempre, lo social tiene efectos religiosos, y lo religioso tiene efectos sociales. Pero Abraham no se echó atrás.

Lo más cómodo para Abraham hubiera sido abdicar, renunciar a sus aspiraciones y volver a la muchedumbre. Lo más duro y difícil era sacar adelante sus aspiraciones separándose de la gran muchedumbre, lo que conllevaba la soledad, la angustia, la inseguridad, el rechazo. Abraham se negó a "mimetizarse" y es, el único que sobresalió de entre sus contemporáneos.

Como en el tiempo de Abraham, la sociedad en la que nacemos tiene sus costumbres, sus instituciones, sus formas de pensar y de actuar y, por ello, sus ídolos. Los ídolos modernos son distintos a los antiguos, pero son ídolos: la soberanía nacional; el régimen; el partido; el líder político; la clase social; la ley; un artista de cine; el dinero; el sexo; la comodidad, etc. Se han variado los ídolos, se han sofisticado, pero la idolatría subsiste. Idolos como el dinero se vuelven tan exigentes que arruinan la salud de quienes le dan culto; el poder es un ídolo que exige a veces el sacrificio de la vida(la propia y la de otros). El hombre puede hacerse esclavo de una parte de él: su cerebro, sus genitales, por ejemplo. Todo ídolo intenta hacer del hombre un medio en vez de un fin. Nuestra obligación es discutir, como Abraham, esas idolatrías, ese politeísmo. Hay que liberarse de toda esclavitud idolátrica, aun religiosa. Abraham se negó a seguir en "el seno de su madre", a buscar la seguridad por encima de todo y, por ello, llegó a ser el padre de todo un pueblo y de tres religiones. Abraham nos revela lo que es una actitud de fe y, además, lo que significa ser libre. No se puede estar atado por ningún lazo de sangre: por el padre, la madre o los hijos (luego examinaremos el caso de Isaac). Ser libre no significa que no se ame; significa que no se está atado por una fijación incestuosa de ninguna clase, que no se está atado por algo en tal forma que uno no pueda "seguir adelante", seguir sus propios caminos, salir de la tierra y de la casa de sus padres.

3. LA FE DE UN "ATEO"


Abraham es admirado especialmente por su fe. Pero Abraham no creía en cosas, no creía en "algo", sino en Alguien y esto nos va a llevar a examinar lo que significa tener fe. La verdadera fe no es lo que vulgarmente nuestro pueblo llama fe: una disposición de la mente disociada de la persona, que acepta una serie de verdades que de una manera u otra vienen de Dios. Este tipo de fe no se apodera de la persona por entero, sino sólo de una parte de ella y esta fe no nos coloca en intimidad personal con Dios. Este tipo de fe no es la fe de Abraham. La fe, en el sentido de Abraham, es una actitud de la persona entera que responde a la iniciativa de otro (en este caso, de Dios) y que podríamos llamar más bien: fiarse. Esta actitud implica, de hecho, fidelidad, esperanza, confianza, obediencia, amor verdadero. Es la actitud de la que nos habla Pablo cuando nos dice: "Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos, pero no me averguenzo, porque yo sé bien de quién me he fiado, y estoy convencido de que es poderoso para guardarme hasta aquel día lo que deposite en sus manos" (2 Timoteo, 1,12).

Tenemos en la Sagrada Escritura dos magníficos ejemplos para aclarar en qué consiste este tipo de fe: Exodo 14, 10-22 y Mateo 14, 22-33. Los israelitas, aterrorizados entre los egipcios y el mar, claman a Dios y Dios responde: ¿Por qué claman a mí.? (Echen a andar!, ellos creen a Dios, se fían de él...y el mar se parte. Pedro, aterrorizado, dice a Jesús que quiere ir hacia él y Jesús le dice que eche a andar sobre el mar. Pedro lo hace...hasta que pierde la fe.

Tener fe es tener una actitud que desinstale, que nos haga dejar las seguridades y correr los riesgos, es responder a un llamamiento de Dios a caminar sobre el mar. Tener fe es fiarse de Dios. Creer no en algo, sino creer en él. Abraham es, verdaderamente, un hombre de fe. Se fió de Dios porque lo conocía, porque lo amaba y Dios no podía fallarle.

4. ABRAHAM REGATEA


El relato de Génesis 19 no se entiende en su verdadera dimensión, sino empezando desde el capítulo 18.

Los relatos de cómo tanto Abraham como Lot dan hospitalidad a unos ángeles desconocidos no son más que versiones hebreas del cuento popular ampliamente difundido de la "Hospitalidad recompensada". Este tipo de historia nos ha llegado bajo dos formas principales:

a) Un Dios o un santo visita una ciudad disfrazado. Le ofrece hospitalidad un pobre o una persona sin hijo, luego revela su identidad y recompensa a sus bienhechores por medio de la riqueza material, o accediendo a sus deseos especiales, o con la promesa de un hijo o heredero. El lugar paralelo clásico es el cuento de cómo Júpiter, Neptuno y Mercurio, mientras están de viaje por Grecia, se presentaron disfrazados a Hyrieus, un campesino sin hijos y al que, para recompensarle de su hospitalidad para con ellos, le otorgaron el don de un hijo.

b) En la otra forma, a la recompensa del pobre, pero caritativo huésped, acompaña el castigo de sus ricos, pero avaros vecinos, quienes recibieron fríamente al extranjero: su ciudad se hunde bajo el suelo o sus casas se incendian.

¿Qué fue lo que destruyó a Sodoma? Probablemente un terremoto violento ocasionó la salida de gases sulfurosos, que son abundantísimos en las proximidades del Mar Muerto y, al contacto con el aire, los gases se incendiaron, provocando la imagen de "lluvia de azufre y fuego" que permaneció en el recuerdo de la gente.

¿Cuál fue el pecado de los sodomitas?

- Según Isaías (1, 10-20): la injusticia social.

- Según Jeremías (23, 14: profetas que adulteran, que se apegan a la mentira, que apoyan a los perversos para que nadie se arrepienta de su maldad.

- Según Ezequiel (16, 49-50): soberbia, excesiva satisfacción de su abundancia, despreocupación en su tranquilidad. No socorrieron ni al pobre ni al indigente.

Nada de esto preocupa al autor del relato bíblico. Examinaremos los dos capítulos (18 y 19).

Abraham es el prototipo de hebreo justo y, por ello, de la hospitalidad. Aparece extremando sus atenciones para luego poder extremar sus atrevimientos. Cuando se trata de lo suyo, Abraham no regatea nada.

Los visitantes son tres y son uno. Es la Teofanía (la manifestación de la divinidad). El relato trata de hacer inteligible, para un hebreo, que un hombre ha entrado en contacto con Dios y no ha muerto (ver Exodo 33, 20-23). Los ángeles no son, en este relato, sino la cara de Dios, lo que se ve de él. Se nos revela que cualquier extraño puede ser la revelación de Dios para nosotros; lo que nosotros hacemos por un extraño lo estamos haciendo por Dios; hemos de aprender a encontrar a Dios, a nuestro Dios, en un extraño.

Abraham se ve premiado por su hospitalidad. Dios es generoso con aquel que lo que es con el extraño. Dios da a Abraham lo que más desea: fecundidad a pesar de su ancianidad. Es una forma de decir que Isaac debió su existencia a una gracia, a una intervención de Dios, a una promesa. Isaac, según este relato, es el hijo de la pura promesa. Isaac es el padre representativo de todo el pueblo de Israel...

Abraham, que no ha regateado nada cuando se trataba de lo suyo, cuando se trata del bien de otros es capaz de regatear hasta con Dios. El papel que el autor asigna al justo es evidente: interceder; y Dios está dispuesto a perdonar a un pueblo sus pecados por los justos que habiten en medio de él (recordar el caso de Babilonia en Jonás). Esta idea llegará a su perfección con el Siervo de Yavé (Isaías 53) y, personalmente, en Jesús. Este regateo de Abraham con Dios nos revela, además, que el hombre no es esclavo de Dios, sino amigo, porque Dios no puede faltar ni a la justicia ni al amor.

El pecado que, en este relato, se recrimina a Sodoma, es un pecado social, no sexual. Un pueblo que es capaz de violar la ley de la hospitalidad debe ser borrado de la faz de la tierra (Ver: Jueces 19). El contraste social entre los sodomitas y Lot no puede ser mayor; el contraste sexual no es notable.

El autor quiere plantear su tesis social y, pastoralmente, hacer inaceptable a Israel el homosexualismo. Mata, como en el caso de la caída de Adán, dos pájaros de un tiro.

Lot es justo porque es capaz de sacrificar a sus hijas, vírgenes, con tal de que sus huéspedes no sean tocados, por eso merece ser salvado. Notemos que Lot se conserva justo a pesar de vivir entre pecadores; el que es gallo dondequiera canta.

Lot se niega a salir. Su salida es el prototipo de la huida escatológica (Ver Marcos 13,14-18). Nos resistimos a ser salvados cuando tal salvación exige el desprendimiento total. Imaginemos, durante un instante, ¿qué hubiera ocurrido si Lot se hubiera negado del todo a salir de la ciudad por solidaridad con los sodomitas? Dios no hubiera podido destruir la ciudad. Así lo dan a entender los visitantes: no podemos hacer nada hasta que no estés a salvo.

El caso de las hijas de Lot y su incesto: dos pueblos, sin mezcla de sangre extraña (Amón y Moab), son hermanos entre sí y parientes de Israel. Como en el tiempo de David entrarán, por conquista, a formar parte de Israel, deben ser empadronados de alguna manera con Abraham. Por ser hijos de incesto deben ser esclavos de sus hermanos, como en el caso de Canaán (Génesis 9,22 y 25-27). Más bien: para justificar que entraran en Israel, aunque como vasallos, se los hace ser parientes de Abraham, pero como fruto de un incesto. En este caso, lo importante era tener descendencia (por ser signo de bendición por parte de Dios), el medio era secundario. La Biblia no recrimina aquí el medio y sí consigna que hubo descendencia. Lo sexual del asunto no es visto aquí sino como cosa secundaria y Dios bendice a esas dos hijas incestuosas pues las hizo madres de dos pueblos.

5. ABRAHAM E ISAAC (Génesis 22,1-18)


Desde el punto de vista formal, el sacrificio de Isaac no es más que el sacrificio del primer hijo, cosa comunísima en el mundo en el que se desarrollaron los hebreos hasta la época de los profetas. El primer hijo era muchas veces considerado hijo de dios y eso porque en todo el Oriente antiguo, las jóvenes tenían la costumbre de pasar una noche en el templo (antes de casarse) y así eran fecundadas por el dios (por su representante, el sacerdote, o por su enviado, el "extranjero"),era el dios quien daba y “abría” la fecundidad de cada mujer. Mediante el sacrificio de ese primer hijo se devolvía a la divinidad lo que le pertenecía. Y, en cierto sentido, Isaac era un hijo de Dios, puesto que les había sido dado a Abraham y Sara cuando ésta ya estaba muy lejos de la edad de concebir y por medio de la promesa hecha por unos extranjeros que los visitan.

El sacrificio de Abraham, aun cuando se parece en su forma a todos los sacrificios de recién nacidos del mundo oriental antiguo, se diferencia fundamentalmente por el contenido. Para todo ese mundo oriental semejante sacrificio, a pesar de su función religiosa, era únicamente una costumbre, un rito cuya significación era perfectamente inteligible, en el caso de Abraham es un acto de fe personal. Abraham no comprende por qué se le pide dicho sacrificio, y sin embargo lo lleva a cabo porque se lo ha pedido el Señor. Por ese acto, en apariencia absurdo, Abraham funda una nueva experiencia religiosa, la fe personal. Si en este caso la fe de Abraham se atreve a decir que para Dios todo es posible (darle descendencia enorme de un hijo que le mandan sacrificar), la fe del cristianismo implica que todo es posible también para el hombre (Ver: Marcos 11, 22-24).

Abraham es el primero que descubre, según este relato, que si Dios es Dios, es decir: si Dios es amor, no puede exigir el sacrificio, la muerte, de un hijo y, menos aun, a manos de su padre. Si Dios es Dios es porque es amor , y amor incondicional, y si no es amor no vale la pena que sea Dios. Eso hace de Abraham el que sea "padre de la fe". Si Dios es amor podemos sustituir un hijo por cualquier otra cosa porque lo que importa es el sacrificio, la entrega, de nuestro corazón. Abraham es el primero que descubre que un hijo puede ser rescatado y, sobre todo, el primero que descubre que Dios prefiere la misericordia a cualquier sacrificio (ver Mateo 9, 13).

En la persona de Isaac, todo el futuro de Israel había estado atado sobre el altar y sólo pudo sobrevivir gracias a la sumisión de su antepasado y a la bondad de su Dios, que puede, cuando le diera la gana, reclamar la vida o darla.

El autor quiere decir, también, que Dios no acepta sacrificios humanos, pero que el animal que le ofrecemos es sólo un sustituto: Dios quiere que le entreguemos nuestra vida toda, pues es suya.

6. ABRAHAM, PROTOTIPO DEL CRISTIANO


Abraham es nuestro padre en la fe. Nuestra fe es la fe de Abraham. Abraham es ejemplo de cómo debe ser nuestra fe: no creamos en cosas o ideas, sino en Dios, no en cosas, sino en Cristo, no en sacrificios cultuales sino en un Dios que es misericordia, amor incondicional.

Abraham es ejemplo para nosotros en su desinstalación. Hemos de estar cada día saliendo de lo seguro para correr riesgos, fiados en Dios. Hemos de desatarnos cada día. Sólo saliendo del vientre materno (de lo seguro) se llega a ser alguien. Si Abraham se hubiera quedado en Ur, en el vientre seguro de lo conocido, jamás hubiéramos sabido de él, hubiera sido únicamente el hijo de un caldeo rico, uno más.

Abraham es ejemplo para nosotros en el amor. Amó profundamente a su mujer, a sus hijos, a sus sobrinos, a unos extraños por los que está dispuesto a regatear hasta con Dios, a los huéspedes que llegan a su casa de pasada.

Abraham es ejemplo para nosotros en su monoteísmo. Adora a Dios allí en donde Dios se le presenta, allí en donde Dios le salga al encuentro. Abraham no amarra a Dios a ningún lugar. Decir que Dios estaba en un lugar determinado hubiera significado para Abraham que no estaba en todo lugar, que había algún lugar que se substraía a la presencia o influencia de Dios.

Abraham es ejemplo para nosotros en el profetismo de su vida. Abraham es profeta en el doble sentido de la palabra: es a la vez un llamado y un enviado. La llamada de Abraham va acompañada de una misión: es enviado a otros hombres para comunicarles el mensaje divino. Por eso cuando Dios lo llama (Génesis 12,3) le dice que en él se bendecirán todas las naciones de la tierra. Abraham transmite su fe y las promesa de Dios a su gente y, por medio de ellos, a todos los demás pueblos de la tierra. Abraham es profeta porque vive en diálogo permanente con Dios. Abraham es profeta (de denuncia, en este caso) en su desarraigo, en su des-instalación; Abraham, como todos los profetas, se pone en camino. La profecía es una marcha en común (así la definirá, por ejemplo, el profeta Amós: 3,3).

7. EL DIOS DE ABRAHAM


El Dios de Abraham es:

a) Un Dios personal. No la personificación de fuerzas dispersas de la naturaleza. Dios es, para Abraham, un amigo íntimo, con el que se relaciona a través de experiencias personales. Tal experiencia es lo que quiere traducir el autor con la expresión "Dios de Abraham".

b) Un Dios universal. Que no está ligado a ningún lugar o tiempo. El Dios de Abraham es un Dios al que se puede encontrar en todas partes y siempre.

c) Un Dios sin imagen e in-imaginable, un Dios sin templo ni Ley.

d) Un Dios que es amor, amor incondicional, amor-misericordia.

Ahora apenas podemos imaginar la revolución religiosa que implicaba esta concepción de la divinidad que tenía Abraham. Sobre todo en un mundo en que eran adoradas las fuerzas de la fecundidad terrestre, en un mundo en el se concebía atada la presencia de la divinidad a un lugar y tiempo determinados, en un mundo plagado de idolatría y en el que no se concebía un Dios sin compañera divina.

8. CONCLUSIONES


Quizá ahora comprendamos algo de lo que motiva la universal admiración que suscita esta persona. Los cristianos admiramos en él, sobre todo, la fe. Los judíos el amor. Los mahometanos su purísimo monoteísmo.

Antes de la Ley, antes del Templo, este hombre fue grato y obediente a Dios mediante el culto de su vida toda. Libre frente a la Ley, libre frente al rito, este hombre vivió movido por el amor.

BIBLIOGRAFIA


Nota importante: De todos estos libros y folletos hay algo en este trabajo. De algunos un trozo completo, de otros un resumen, de otros la idea clave. De todos estos autores me reconozco absolutamente deudor:

-Abraham, padre de los creyentes, Angel González, Taurus, Madrid, 1969.

-Los patriarcas, Robert Michaud, Verbo Divino, Navarra, 1976.

-Mito, leyenda y costumbre en el libro del Génesis, Theodor H. Gaster, Barral Editores, Barcelona, 1973.

-El mito del eterno retorno, Mircea Eliade, Alianza-Emecé, Madrid, 1972.

-Introducción a la lectura del Antiguo Testamento, Salvador Muñoz Iglesias, Taurus, Madrid, 1965.

-Y sereis como dioses, Erich Fromm, Paidós, Buenos Aires, 1967.

-La esencia del profetismo, André Neher, Sígueme, Salamanca, 1975.

-Pentateuco, Tomo I, Génesis y Exodo; Alonso Schokel-Mateos-Valverde; Cristiandad, Madrid, 1970; las notas de los capítulos correspondientes.

-La Historia de israel, John Brigth, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1966.

-Teología del Antiguo Testamento, Tomo I, G. Von Rad, Sígueme, Salamanca, 1972.

-Historia Antigua de Israel, Tomo I, R. de Vaux, Cristiandad, Madrid, 1975.

-Tipología Bíblica; Jean Danielou; Ediciones Paulinas; Buenos Aires, 1966.

-Las grandes etapas del misterio de salvación, Paul de Surgy, Nova Terra, Barcelona, 1968, octava edición.

-Figuras bíblicas, Varios, Sígueme, Salamanca, 1966.

-Abraham o la aventura de la fe (folleto), José Alonso, Folletos Id; Sal Terrae, Santander, 1967.

-Biblia y liberación, Rafael Avila, Ediciones Paulinas, Bogotá,1973.
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