El Peronismo y la Política de Radiodifusión (1946-1955) por Sergio Arribá



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El Peronismo y la Política de Radiodifusión (1946-1955)
por Sergio Arribá

El Justicialismo ha abandonado definitivamente el antiguo concepto liberal e individualista de la absoluta libertad, por entender que la libertad absoluta es el medio más propicio para el abuso de la libertad, que conduce a la explotación y a la opresión del poder por parte de unos pocos frente a la debilidad inmensa de la mayoría. El Justicialismo entiende que la libertad es un medio y no un fin, que no es lógico luchar por la libertad como tal, por si misma, pero que ella es un instrumento necesario e insustituible para el hombre, que ha de usarlo en su propio beneficio, pero también en beneficio de la comunidad. Para nosotros la libertad, como la propiedad, como el capital, como la economía y todo lo que es un bien del hombre es, no solamente un bien individual, sino que además es un bien social” 1.


(Juan Domingo Perón)

I. Introducción
Este trabajo pretende desarrollar y analizar la historia de la radiodifusión en la etapa del peronismo comprendido entre 1946 y 1955. Para ello será importante tener presente que más allá de la infinidad de textos que abordan al peronismo y a la figura de Juan Domingo Perón desde todas sus caracterizaciones, la relación con los medios de comunicación en su conjunto -prensa gráfica, radio, televisióny cinematografía- continúa constituyéndose hasta la fecha un vacío importante en la historia de nuestro país.

Algunos trabajos de autores argentinos se han aproximado en la investigación de esta etapa -de manera primaria y selectiva en relación a la recolección de datos e informaciones- pero han tenido fuertes debilidades e insuficiencias en el análisis de la información ya que la falta de objetividad del investigador se puso de manifiesto, privilegiando en estos casos un análisis ideológico subjetivo que en definitiva, más allá de alejarse de la verdad, sólo genera confusión.

Porque para desarrollar esta etapa que instituye una bisagra en la historia de nuestro país; contextos, procesos, actores, factores e intereses no pueden describirse de manera aislada sino en su relación con la totalidad para poder aproximarnos a la comprensión de este fenómeno sin precedentes, denominado peronismo.

Cuando nos referimos a la interrelación se corresponde a la integración de los siguientes actores2 y sus diversos miembros: Sociedad, Estado y Mercado en referencia a la situación histórica y al contexto internacional que influyó inevitablemente en el proceso de constitución de estos actores.

Juan Domingo Perón modificó una realidad social de la época accionando desde la política a través de los organismos del Estado -como una estructura horizontal- afectando variables de la economía (para trasladarse de un modelo agroexportador a un modelo de sustitución de importaciones) con la finalidad de generar una distribución igualitaria de la riqueza para toda la sociedad a través de la justicia distributiva o justicia social. Y como una estructura vertical, el Estado conformó un monopolio de la información y un monopolio de los medios de comunicación para consolidar el adoctrinamiento de las masas3 (Perón siempre se dirigió a la sociedad utilizando el concepto de pueblo) por intermedio de la difusión de sus ideas fuerzas “justicia social, independencia económica y soberanía política” y del programa de gobierno, titulado “Doctrina Peronista”. Esta conceptualización permitiría alcanzar finalmente lo que Perón denominó “La Nueva Argentina”4.

Para poder llevar adelante este proceso, desde la implementación de políticas públicas, Perón edificó dos conjuntos de políticas conflictivas y críticas: a) restricción de libertades individuales en pos de alcanzar la igualdad de toda la sociedad y b) obstaculización del principio político de la división de poderes para centralizar y concentrar el poder.

Es importante destacar que en todos los países democráticos el proceso de consolidación de la restricción del poder mediante su distribución en el Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial, se desarrolla paralelamente al concepto de soberanía popular.

Las siguientes páginas sólo desarrollarán el fenómeno de la radiodifusión (radio y televisión) -teniendo en cuenta la limitación espacial- y estará ausente la profundización de la prensa gráfica y el cine ya que conforman otro capítulo de este período histórico, el cual explicaría que la política de radiodifusión conjuntamente con la política de prensa conformó -de manera desarticulada- la política nacional de comunicación del gobierno.



II. El Peronismo: La expresión extraordinaria de la conformación del poder
Para referirnos al peronismo es importante analizar el período que recorren los años comprendidos entre 1943 y 1946, para ubicar la génesis de Perón y el escenario político que conformó como plataforma para consagrarse a través del voto en las elecciones realizadas el 24 de febrero de 1946.

El 4 de junio de 1943 el Gral. Arturo Rawson y el Gral. Pedro Pablo Ramírez encabezaron un golpe de estado derrocando al Dr. Ramón Castillo con motivo de finalizar una etapa de la historia de nuestro país caracterizada en la década del treinta por la hegemonía del conservadurismo y la inexistencia de la moral política, singularizada en el fraude electoral y el soborno político.

Este acontecimiento estuvo comprendido por un suceso significativo que se había generado el 10 de marzo de 1943, la constitución del GOU5 (Grupo Organizador y Unificador, Grupo de Obra de Unificación, Gobierno, Orden y Unidad o Grupo de Oficiales Unidos6).

Este grupo militar, integrado por veinte oficiales del ejército -entre los que se destacaba el entonces Cnl. Juan Domingo Perón- tenía como objetivo principal constituirse como un grupo de enlace entre jóvenes oficiales del ejército, que cuestionaba el orden social establecido de la época y pretendía colaborar con el nuevo gobierno para evitar casos de corrupción y avances del comunismo.

El GOU, más allá de la redacción de la Proclama del golpe de estado de 1943 realizada por Perón y el Cnl. Miguel Montes, titulada “Al Pueblo de la República Argentina”, no tuvo participación relevante en el momento inicial de la conformación del poder del nuevo gobierno de facto o dictatorial.

El régimen de gobierno encolumnado por el Gral. Arturo Rawson tuvo dos etapas en su integración. La primera, en el inicio del golpe de estado fue ejercida por el Gral. Pedro Pablo Ramírez, desde junio de 1943 hasta febrero de 1944 y la segunda fase, comprendida desde febrero de 1944 hasta junio de 1946, fue desarrollada por la figura del Gral. Edelmiro Farrell.

Esta última etapa, en la Presidencia del Gral. Farrell7, permitió construir a Perón su proyecto político, denominado entre 1946 y 1955 la “Doctrina Nacional”8. Perón ocupó entre 1943 y 19459 los cargos sucesivos de Director y Secretario de Trabajo y Previsión, Ministro de Guerra, Presidente del Consejo de Posguerra y Vicepresidente de la Nación.

El escenario internacional tuvo dos sucesos trascendentales, uno de carácter económico, las derivaciones de la crisis del treinta y otro de carácter político, la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Las consecuencias de la crisis económica mundial de 1930 produjo una tendencia histórica al proteccionismo de los Estados en relación al libre comercio que fluctuaba anteriormente.

Este nuevo modelo económico empezaba a marcar diferencias estructurales entre los países sostenidos por la dependencia de países periféricos (agroexportadores) en relación a países centrales (industriales). Esta variable histórica se profundizaría en la década del cincuenta a través del desequilibrio del intercambio entre los países que producen el estrangulamiento de los países subdesarrollados o de la periferia donde los precios de los productos que exportan los países subdesarrollados tienen tendencia a bajar con relación a los precios de los que exportan los países desarrollados (Prebisch, 1981). Es decir, los países subdesarrollados, manteniendo igual cantidad de sus exportaciones reciben cada vez menos productos extranjeros o tienen que entregar cada vez más productos propios para recibir la misma cantidad de productos. Trayendo como resultante que los países subdesarrollados se ven privados del poder de compra externo y tienen que reducir sus adquisiciones de maquinaria y de producción, afectando el propio desarrollo de las naciones.

La Segunda Guerra Mundial se consolidó en el tema prioritario de todas las naciones, donde nuestro país no fue la excepción y tuvo importantes implicancias.

El período más crítico del conflicto bélico acompañó la presidencia del Gral. Farrell y puso en cuestión cuál era nuestro destino político10 en el marco de tres opciones: a) ser un país no beligerante o neutral, b) estar a favor de los Aliados -Estados Unidos, el Reino Unido de Gran Bretaña, la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y la República Francesa, principalmente- o, c) estar a favor del Eje -Tercer Reich y el Imperio del Japón-.

Esta cuestión internacional evidenció el pensamiento de la política nacional donde la prolongación del gobierno en declarar la guerra a Alemania y Japón -situación que hizo de manera tardía11- trajo, entre otras consecuencias, luego de múltiples presiones, sanciones económicas de Estados Unidos hacia nuestro país.

La disputa ideológica se centralizó en que el gobierno de facto o dictatorial parecía corresponderse como un gobierno “pronazi”, no obstante, otra posición destacaba que se comportaba como un gobierno antinorteamericano (Rouquié, 1986).

La fundamentación de este pensamiento se remite a que la formación histórica del ejército argentino -desde 190012- fue desarrollada por doctrinas y militares alemanes. Desde aquí se tiene que partir para intentar comprender el por qué de las relaciones tan controversiales existentes entre los militares argentinos y los alemanes.

En nuestro país la clase alta tradicional complementada por una élite económica y un sistema de partidos políticos sostenidos por “La Concordancia”13 marcaron una señal que la nación argentina estaba signada por prácticas políticas desleales –fraude, soborno y corrupción- que lograban la supervivencia de ciertos sectores de la sociedad y de determinados partidos políticos adeptos al régimen dominante. El conjunto de la sociedad, a través del pueblo, estaba excluido en la integración de los factores de poder, del reconocimiento de derechos sociales y del beneficio de políticas de desarrollo.

Este panorama demostró antes de la asunción de Perón al gobierno, una crisis nacional comprendida en cinco aspectos críticos: identidad, dependencia, distribución, participación y legitimidad (Waldmann, 1981).

El gobierno de Farrell intentó sobrellevar las crisis internas que producían la ausencia de toma de decisión en relación al conflicto bélico internacional, la disolución de los partidos políticos y del Congreso de la Nación y la permanencia del estado de sitio. Así, la política interior empezó a gestarse a partir de un sólo hombre, el Cnl. Juan Domingo Perón.

Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, en el gobierno del Gral. Farrell, Perón potenció al pueblo como protagonista de la historia y así el pueblo se consolidó como el máximo factor de poder. A través de dos ideas determinantes: a) formar una conciencia nacional sobre la base de tres requisitos fundamentales; elevación de la cultura social de las masas trabajadoras, dignificación del trabajo y humanización del trabajo y b) la sanción de legislaciones sociales; para otorgar al pueblo derechos sociales.

Perón instauró aquí la esencia del poder -donde nadie lo había realizado anteriormente- y no en las instituciones de la república. El poder que estaba en el pueblo, en los trabajadores, Perón lo institucionalizó posteriormente a través del sindicalismo y de la Confederación General del Trabajo (CGT)14.

En este aspecto vemos una nueva visión en la historia de nuestro país en la construcción del poder porque no solo implicó la probabilidad de imponer la propia voluntad a otro, dentro de una relación social, aún contra toda resistencia y cualquiera sea el fundamento de la probabilidad (Weber, 1989) sino que el poder se refirió a la capacidad de alcanzar objetivos y realizar intereses (Acuña, 2004), concibiéndose como influencia y control para cambiar el curso de futuros acontecimientos que sólo pueden ser concebidos al adoptar decisiones trascendentales (Lukes, 1985).

Debido al importante crecimiento y gravitaciones que produjo como hombre y realizador político Perón empezó a tener profundas e irreconciliables divergencias en las fuerzas armadas15 que lo terminaron aislando militarmente y conduciendo al encarcelamiento en la isla Martín García, luego de exigirle la renuncia de todos los cargos que ocupaba16.

Ante la inestabilidad institucional generada y la negativa del gobierno de facto de entregar el poder a la Corte Suprema de Justicia, se convocó a elecciones nacionales. En el término de esta proposición luego de una manifestación social excepcional17 en Plaza de Mayo fue liberado Perón.

En esta circunstancia se conformó un frente electoral bajo el nombre de “Unión Democrática”18 que se opuso a la candidatura de Perón que encabezó desde el “Partido Laborista”19, quien tenía el apoyo de un sector del gobierno, de amplios sectores populares, de un sector de la Iglesia Católica20 y de la CGT pero carecía de una estructura partidaria. Finalmente, la fórmula Perón-Quijano21 triunfó -de manera inesperada22- con el 52,40 %23 de los votos frente al 47,50 % del binomio Tamborini-Mosca de la “Unión Democrática”.

Perón, desde la figura de conductor y de caudillo24, conformó un modelo de Estado social, nacional y popular donde “los distintos factores de la sociedad estuvieron armonizados por un compromiso histórico del Estado con la sociedad. La legitimación comenzó a basarse en la respuesta del Estado a las demandas populares, en el distribucionismo, el apoyo plebiscitario y el liderazgo carismático como articulador de la movilización popular”25.

En la conceptualización del caudillo se lo puede encuadrar a Perón ya que era el conductor de la masa y lo fundamental de su mando era la obediencia que había conquistado con su natural calidad de mandar. Los caudillos presentan dos misiones históricas: luchar por la independencia y detentar el poder civil y militar (Sabsay, 1968).

En la primera presidencia (1946-1952) para consolidar la “Nueva Argentina” a través del Estado social Perón partió de la idea-fuerza de construir una nación “socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”. Para ello desarrolló el accionar de su gobierno integrando los factores fácticos del poder para lograr una concepción corporativista por intermedio del sindicalismo, las fuerzas armadas, los sectores económicos y la Iglesia Católica.

Sobre estos cuatro ejes construyó la fortaleza del Estado y desde éste generó tres políticas claves: a) creación de Consejos y Comisiones Consultivas, b) instrumentación de Planes Quinquenales y c) desarrollo de legislación y políticas sociales.

Los Consejos tenían gran importancia como medio de influencia del Estado sobre la sociedad siendo instituciones puente entre la esfera estatal y la social, dotándolos de gran autonomía y designando representantes de los grupos de intereses como integrantes de aquellos.

Entre 1945 y 1955 los más importantes fueron: el Consejo Nacional de Postguerra26, el Consejo de Defensa Nacional, el Consejo Económico-Social, el Consejo Consultivo Cinematográfico, el Consejo de Coordinación Interministerial, el Consejo Federal Coordinador de Planes de Gobierno, la Junta Nacional de Intelectuales, la Comisión Nacional de Cooperación Económica, la Comisión Nacional de Precios y Salarios y la Comisión Económica Consultiva.

Perón fue uno de los primeros gobernantes del mundo27 que destacó la importancia de planificar el desarrollo de la sociedad en su conjunto -planes económicos y sociales- integrando todos los actores, presupuestos y factores del Estado (Waldmann, 1981).

La experiencia histórica le determinó la conformación de un Primer Plan Quinquenal28 (1947-1951) que se programó como un conjunto heterogéneo y en varios casos desarticulado de políticas públicas plasmándose en un grupo de leyes referidas a tres capítulos: gobernación del Estado, defensa nacional y economía.

El Segundo Plan Quinquenal29 (1953-1957) que se presentó desde la ley Nº 14.184, se consagró como un plan público y privado de políticas que se basaba en el programa y la acción del gobierno, la “Doctrina Peronista”, de ahora en más la “Doctrina Nacional”.

La concepción antropológica del peronismo se sitúa en la Doctrina Social de la Iglesia Católica ya que afirma que “el Estado es para el hombre y no el hombre para el Estado y el hombre alcanzará su fin último cuando haga uso de su libertad que el Estado resguarda y hace efectiva promoviendo el bien común en un orden justo”30.

Así, la “Doctrina Peronista” sostiene que para obtener la libertad civil, la igualdad jurídica y el respeto por los derechos políticos es necesario realizar reformas económicas y sociales que permitan al hombre apoderarse de esas conquistas. Desde la perspectiva de la justicia social se pretendía pasar de una democracia política a una democracia social.

Esta concepción social de la democracia se consolidó en la reforma de la Constitución Nacional de 194931 cuando se introdujo el capítulo III los “Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y de la cultura”.

Todos los derechos fueron reseñados en un solo artículo constitucional, el Nº 37, que en relación al trabajador indicó: “Decláranse los siguientes derechos especiales: Del trabajador: I) derecho de trabajar, II) derecho a una retribución justa, III) derecho a la capacitación, IV) derecho a condiciones dignas de trabajo, V) derecho a la preservación de la salud, VI) derecho al bienestar, VII) derecho a la seguridad social, VIII) derecho a la protección de su familia, IX) derecho al mejoramiento económico y, X) derecho a la defensa de los intereses profesionales”.

El capítulo IV (art. 38 al 40) de la nueva Carta Magna titulaba “La Función Social de la propiedad, el capital y la actividad económica”. En el texto se reconoce la libertad privada y se permite la libre actividad del hombre y como este dominio se fundamenta en la libertad del hombre, queda establecida la justicia y la universalidad de la propiedad privada porque ella es un derecho natural inherente a toda persona humana. Pero ese derecho del hombre estará limitado por la justicia social.

Sobre el derecho a la apropiación privada se encuentra “el derecho de todos al uso de los bienes materiales”32. Por lo tanto, la función social de la propiedad, no es un derecho absoluto, sino que debe ejercitarse conforme al bien común.

El artículo Nº 38 destaca que “La propiedad privada tiene una función social y en consecuencia estará sometida a las obligaciones que establezca la ley con fines de bien común”. La función social del capital “debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social” (art. Nº 39) y la función social de las empresas “tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de justicia social” (art. Nº 40).

La nueva política económica y social se edificó sobre una estructura conformada por tres políticas generales: a) creación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), b) nacionalización del Banco Central y, c) creación del Banco de Crédito Industrial.

Si los derechos sociales enunciados alcanzarían la justicia social, esta matriz económico-financiera intentaría concretar los tres objetivos de la independencia económica: a) liquidación de la deuda externa y repatriación de las inversiones en el extranjero, b) conquista de nuevos mercados en América del Sur, Europa y Oriente y, c) estímulo a las importaciones de bienes de capital y materia prima, con el propósito de fortalecer el sector industrial.

La formidable coyuntura económica de la posguerra que demandaba los productos argentinos y ofrecía altos precios se enfatizaba con las crecientes cosechas, las abundantes producciones ganaderas y la consolidación de la industria liviana.

La utilización de las reservas tuvieron un triple destino: adquisición de maquinarias y equipos, repatriación de la deuda externa pública y privada y nacionalización de los servicios públicos.

El mercado interno se construyó sobre una política salarial ascendente, el control de precios, la lucha contra el agio y la especulación, lo que repercutió positivamente en el aumento del nivel de vida de la población en materia de ingresos, educación y salud.

La política internacional del gobierno se sustentó en la idea de Perón de realizar un equilibrio internacional de fuerzas a través de la “Tercera Posición”33, insertando al país en el mundo para conformar el liderazgo estratégico en América Latina34.

Cinco consignas resaltan la visión internacional: a) unidad continental en América Latina por intermedio de un bloque liderado por Argentina, b) evitar actitud frontal con Estados Unidos y el resto de las naciones de Occidente, aplicando una táctica de negociación autónoma35, c) posición cordial y equilibrada con la Unión Soviética, d) optar por una línea directa y abstencionista en las votaciones de los organismos internacionales y, e) difusión internacional de la doctrina justicialista, proponiéndola como posible salida al mundo. Estos enunciados conducirían a la tercera idea-fuerza de Perón, lograr la soberanía política de la nación.

Todas estas acciones políticas estuvieron unidas a dos conjuntos de políticas controversiales que empezaron a opacar y poner en crisis la acción de gobierno: a) limitar libertades individuales -en la esfera de lo social36- y b) dificultar la división de poderes -en la esfera de lo político-.

Para desarrollar el adoctrinamiento del pueblo fue necesario tener el monopolio de la información -que aseguraba a Perón el uso exclusivo de la palabra para difundir la acción de gobierno y la “Doctrina Nacional”- y el monopolio de los medios de comunicación -para garantizar la correcta difusión sobre todo lo actuado-. Sobre la base de un grupo de medidas -que desarrollaremos en los próximos capítulos- Perón controló la prensa gráfica, la radio y la televisión en un proceso de concentración y centralización.

Más allá del dominio natural del Poder Ejecutivo y la mayoría absoluta de senadores y diputados peronistas que integraban el Poder Legislativo (a partir de 1952 alcanzó el 91 %37), en 1947 el Senado de la Nación, promovido por la Cámara de Diputados, en un juicio político destituyó a la Corte Suprema de Justicia y al Procurador General de la Nación -que estaban en sus cargos desde la década del treinta-.

En la naturaleza de los tres distintos poderes, Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial se encuentra la limitación del poder político por las leyes fundamentales del bien público y de la libertad privada, donde en este reparto y ejercicio real (no formal) de funciones se constituye la garantía de la libertad.

De esta forma, dentro de la concepción democrática vigente y teniendo presente que Perón hablaba de un proceso revolucionario, consolidó el poder político y social y logró la inexistencia de polos de oposición.

En este contexto, los dos valores centrales que ayudan a comprender la movilización de la época son la igualdad y la libertad.

El objetivo de Perón puede sintetizarse en la necesidad de conseguir para toda la sociedad la igualdad sistematizada en cuatro expresiones -según el orden correspondiente que se detalla-: a) igualdad social, b) igualdad económica, c) igualdad de oportunidades y, d) igualdad jurídica-política. Para poder llegar a estos criterios restringió libertades del individuo, reduciendo la capacidad que tenían los ciudadanos de actuar libremente38.

Libertades públicas tan criticadas durante el gobierno de Perón pero muchas de ellas inexistentes antes y extraviadas con frecuencia después (Sidicaro, 1996).

Es muy importante resaltar que este clima psicológico no alcanzó la violencia represiva de un gobierno de facto o dictatorial, que si lo conseguiría el gobierno que derrocaría a Perón a través de un golpe de estado unos años después.

Por esto el sistema de gobierno de la época se define como democracia autoritaria, no totalitaria ya que la característica distintiva de los movimientos totalitarios, en relación a la sociedad de masas, radica en el esfuerzo por conquistar un control total sobre sus partidarios y la sociedad a partir de tres elementos: a) destrucción de todas las organizaciones de clase, b) supresión de todos los intereses de clase y, c) utilización de la violencia extrema (Kornhauser, 1969).

Pero luego de la posguerra el reposicionamiento de Estados Unidos en el orden internacional y la influencia en el factor económico de países de la periferia -que acompañó a la profundización de crisis económicas internas de estos países- comenzó a producir un viraje en la situación económico-social.

Entre 1951 y 1955 la situación de Argentina cambió frente a la realidad de la primera presidencia peronista. En estos cinco años el poder de Perón se fortaleció y debilitó de manera paralela. El panorama interior era distinto: crisis de la producción, decaimiento del comercio exterior, inflación y salarios que acompañaban el alza respectiva, bajas inversiones39, empresas estatales ineficientes y sector industrial y mercado interno retraídos.

En este escenario el 11 de noviembre de 195140, luego del renunciamiento de Eva Perón a ocupar la candidatura a la vicepresidencia de la Nación41, nuevamente la fórmula Perón-Quijano del “Partido Peronista” obtuvo el 62,5 %42 en las elecciones nacionales frente al 31,8 % del binomio Balbín-Frondizi de la “Unión Cívica Radical”.

Si Juan Domingo Perón representaba al hombre político y estadista, Eva Perón se había constituido en el espíritu revolucionario de la concepción doctrinaria del peronismo ya que fortaleció (desde la mística y la pasión) la dialéctica histórica en la oposición de dos voluntades: pueblo y oligarquía43. Esta situación con la postulación del concepto “La Nación en Armas” reflejaba una división de clases que se trasladó en la generación de cuestionamientos sociales44 y enfrentamientos en el interior de las fuerzas armadas.

Por otra lado, en la segunda presidencia de Perón, el estado social e interventor o estado céntrico que reguló todas las esferas de la sociedad empezó a tener una apertura al capital extranjero -especialmente Estados Unidos- y a revalorizar la iniciativa privada en todos los sectores de la economía, debido a la paralización del crecimiento económico generado en los primeros años del gobierno.

Inexplicablemente Perón a través de diversas medidas terminantes45 entre 1954 y 1955 comenzó a tensionar la relación con la Iglesia Católica hasta marcar una crisis profunda que apuntaba a instaurar la separación entre la Iglesia y el Estado.

El 25 de abril de 1955 nuestro país firmó un precontrato con la empresa norteamericana Standard Oil Company de California -ésta obtenía atribuciones extraordinarias- en el cual se le otorgaba una zona exclusiva de concesión en la provincia de Santa Cruz para la explotación y extracción de petróleo.

Estas cuestiones, la ruptura de las relaciones entre la Iglesia y el Estado y las concesiones petroleras constituyeron conjuntamente con las restricciones de libertades los factores que produjeron la crisis del equilibrio de poder construido por Perón. En un contexto en el que todavía tenía un muy fuerte apoyo de la sociedad46.

De los cuatro factores fácticos que lo consagraron sólo uno era incondicional, el sindicalismo. Enfrentados a Perón se encontraban la iglesia y las fuerzas armadas, y el sector económico se posicionaba en una actitud vacilante ante la situación de incertidumbre generada.

Luego de dos intentos de derrocamiento47 el 16 de setiembre de 1955 el Gral. Eduardo Lonardi encabezó el golpe de estado a través de la denominada “Revolución Libertadora” que provocó la finalización de los diez años del gobierno de Juan Domingo Perón.

El objetivo del golpe de estado no era restituir libertades individuales como propugnaba la concepción “libertadora” de la revolución sino lograr un proceso de desperonización48, extinguiendo al peronismo en todas sus manifestaciones, y reestableciendo el equilibrio de poder en el interior de las fuerzas armadas que existía antes de la asunción de Perón al gobierno en 1946.



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