El poder desde abajo



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EL PODER DESDE ABAJO”
Introducción:
La hipótesis que vamos a pensar esta noche es sobre la necesidad que hoy tenemos los argentinos de sensibilizarnos con “el poder de abajo”. Todos conocemos, sufrimos y a veces usufructuamos el “poder de arriba”, este es un poder “sobre el otro” y otros. Ante este poder reaccionamos con un “contra poder” que surge desde abajo, en si es bueno pero no nos garantiza que se pueda volver a ser nuevo poder desde arriba.
Las luchas por el poder es un cuento que no termina nunca, tanto en el plano social como en la intimidad de una pareja. Trataremos de plantearnos otra alternativa que es un “poder de abajo” como anhelo de autosuperación con los demás, no tanto como deseo de un ideal, compartido. Buscaremos que el poder como tal se transforme en un valor. Los valores no son de nadie y al no ser apropiables no queda otra alternativa que participar del espíritu que irradia. Nuestra identidad basada por el Yo se transforma en red solidaria. Red como símbolo de un cuerpo mítico o vivo del que somos parte anhelante de su autosuperación.
En este campo de valores, el espíritu que respiramos supera nuestros deseos individuales o sectoriales para convertirse en anhelos comunes que no buscan ningún poder hegemónico sino participar del poder que surge de la comunidad como valor. Es el poder como valor, es decir que lo que es bueno para uno lo será para todos y viceversa. El poder de abajo en realidad sería un anti-poder cuya fuerza nos convoca en la búsqueda de un sistema más justo, libre y fraterno.


1. El espíritu

Vamos a elegir cada uno una escena en la que pueda primero observar y luego “contemplar” . Experiencia contemplativa. Contemplar quiere decir no pensar en lo que observo, más aún dudar de lo que pienso y observo. Suspendido el Yo mi espíritu se amplía a un “nosotros”, mi cuerpo se expande y somos parte de la escena, el cuerpo anatómico se transforma en un cuerpo social y más aún, un cuerpo místico, donde todo tiene que ver con todo conservando las diferencias. Este pasaje supone un momento de oscuridad. La escena puede ser la ciudad de Santa Fe inundada, Bagdad arrasada, una familia brindando el nacimiento de un hijo-nieto, padres llorando porque han perdido su hijo, una flor en el bosque, un cartonero arrastrando su carro con su familia, un millonario gastando un shopping lo que sería el alimento de miles de familias hambrientas, etc. Elijan uno cualquiera pero acepten el pasaje del pensar y observar a contemplar, suspendan el Yo para participar; sentirse parte sin perder la subjetividad. (1 minuto). Podemos decir entonces que nuestra identidad como Yo se convirtió en un “nosotros” solidario.


Escena de 2 padres que perdieron su hija.

Hace poco dos padres me vinieron a ver porque habían perdido su hijita de 8 años repentinamente, murió mientras jugaba en la playa. Imagínense la escena, las miradas, el llanto, la angustia, la desesperación; imagínenme a mí impotente, sin saber qué decir, herido como padre, terapeuta en lo más profundo del corazón. Ella entre sollozos pregunta: “¿por qué?”, y él “¿cómo salimos?”. Un silencio nos envolvió con su dolor y desesperación y desde ese espíritu solidario les contesté: “Yo tampoco tengo respuestas, entre los tres iremos encontrando un camino que nos oriente cómo salir”. Disculpen que tenga que recurrir a este “golpe bajo” para transmitirles qué entiendo por espíritu solidario. Pero sepan que la escena puede ser cualquiera: la entrega amorosa más apasionada, como la lucha que hoy viven en Santiago del Estero para que haya justicia en una provincia corrompida.


Experiencia de aislamiento

Hace muchos años en E.E.U.U. hicieron una experiencia muy interesante; aislaban durante horas a estudiantes, uno por uno, éstos aguantaban hasta cierto tiempo, si lo pasaban se psicotizaban: aparecían alucinaciones, ideas delirantes, conductas extrañas, etc. Se les ocurrió tener la misma experiencias como místicos ermitaños y comprobaron que podían quedarse días sin que se produjera ninguna perturbación psíquica. Le preguntaron a los monjes ermitaños cómo era posible y respondieron: cuando estamos en contemplación estamos unidos con todos espiritualmente. Eso es lo que quiero subrayar esta noche con Uds. cómo es ese pasaje del Yo al nosotros.



2. La solidaridad social como reacción



Freud en su famoso artículo “Psicología de las masas y análisis del Yo”, describió el mecanismo de lo que hoy llamaríamos “solidaridad social”. Cuando muchos nos identificamos emocionalmente con un ideal. Actúo según esa relacion, me identifico y actúo en esa tarea solidaria. Esta puede hacerse con espíritu solidario (Freud no habla de ello), pero también con conductas que despiertan sospechas por esconder intereses egocéntricos o sectoriales. La solidaridad social por suerte se ha incrementado enormemente hoy pero no olvidemos que puede ser un “fenómeno de masas” que reaccionan ante el poder que viene de arriba. Necesitamos de una solidaridad diferente a la que sugiere Freud, sino que ponga en red la fuerza espiritual que emana de la participación de una experiencia.. Volvamos al ejemplo de Santiago del Estero y vemos claro el “poder de arriba” que no representa a los demás sino sus propios intereses de sector. Entonces un pueblo se solidariza con los familiares de Patricia y Leyla como antes en Catamarca con María Soledad. Participan de una sola familia en espíritu. Quiere decir que sienten su identidad extendida a un nosotros, sienten la red, se sienten la red.
Pero ante los padres de Teresita que murió jugando en la playa de qué “poder de arriba” hablamos. La solidaridad social no surgirá como reacción ante un hecho injusto sino ante los hechos de la vida y de la Naturaleza que nos unen espontáneamente.
Todas son situaciones que reclaman solidaridad, la de Santiago del Estero por un cambio en el sistema social, un grito que provoca una reacción, una voluntad común para que la situación cambie. Pero ante los padres de Teresita, la solidaridad es más que una reacción; suscita un espíritu solidario que no cambie nada en lo formal. No se trata de cambiar una estructura por otra, más justa. Sí se trata de ir más allá de toda estructura o sistema para que el espíritu ilumine. Me viene una frase de Anthony de Melo “todo cambia, nada cambió, sólo la actitud”.

Espíritu solidario social


El espíritu cambia la actitud; de observador participante de un cambio real a participar de un espíritu que nos une en la red del anhelo común de autosuperación con los demás. Al deseo de alcanzar un ideal propio de la solidaridad social necesita de una garantía para no caer en un contra-poder, sino alcanzar el anti-poder que es anhelo de superación con los demás. El contra-poder que se despierta la reacción frente a un hecho injusto, tiene que ser enriquecido para garantizar nuestra solidaridad social.

3. La red solidaria como poder desde abajo

Ahora podemos definir mejor el “poder desde abajo”. A la solidaridad social la estamos poniendo en contacto con una red no formal sino vivencial que nos hace sentir parte, como nos sucede con los valores que siempre son de todos. Esto nos hace partícipes de una fuerza espiritual que supera cualquier deseo del Yo y sus grupos. Cualquier tentación de caer en “el poder de arriba” cuando alcanzamos las metas. Cuando hablo de “poder de abajo” me refiero más bien a un anti-poder que tiene como fuerza el espíritu de superación con los demás. Este es el cambio de actitud que nos habla Anthony de Melo. No estamos sumando a la solidaridad social el espíritu solidario sino que lo estamos dando el sentido verdadero de red solidaria como fuerza que presiona desde un espíritu que amplía nuestros deseos en anhelos comunes de superación. Los anhelos hacen nuestros deseos individuales o sectoriales, solidarios.



4. Espíritu solidario social y autoridad



Estamos cansados de gatopardismos y de revoluciones que en nombre de un ideal reemplazaban otro ideal que estaba establecido, como teoría o ideologizado. Tenemos que cuidarnos los que trabajamos en tareas solidarias sociales, familiares o institucionales, en no transformar nuestra tarea solidaria en contra-poder. Sartre decía que no hay otra solución: o Yo o el otro, decimos que sí hay otra solución “el nosotros” como sentimiento de identidad solidaria. Cuantas veces al no haber espíritu solidario un ideal social no es alcanzado por luchas de poder internas del grupo. Si eso pasa en la intimidad de una pareja, incluso en la vida interior de una persona, mucho más en lo social. Siempre habrá lucha que el espíritu solidario la transformará en voluntad de superación con los otros. Es espíritu transforma el poder de uno o algunos en poder de todos. Eso fue lo que los padres de Teresita me inspiraron.
Con la solidaridad social alcanzamos ideales que se despliegan en una red. El espíritu solidario está simbolizado o formalizado como “red”. Nada se logra de un poder desde arriba si no se transforma en “poder ser con”. La red, antes que un objeto es un valor.
Estamos ampliando el poder de arriba y el poder de abajo para que se integren en un campo de valores que nadie puede apropiarse desde un ego, sino interpretando el espíritu solidario desde el nosotros.
Surge de estas reflexiones un nuevo concepto de autoridad o liderazgo ante los valores como la verdad, el amor, la pobreza, el dolor, la sexualidad, la justicia, o cualquier objeto identificable. La autoridad no es poder sobre, sino saber interpretar el espíritu solidario que viene “desde abajo”. El verdadero líder es “portador” de ese espíritu, no usurpador. El amor no es posesión sino encuentro, la verdad no es un objetivo sino un camino, la pobreza no es de algunos, es nuestra. Todos participamos en espíritu del dolor cuando lo sensibilizamos como nuestro. La sexualidad supera el deseo del Yo cuando es entrega anhelante de participar de un placer común, la justicia no es de nadie y por eso su espíritu a todos nos iguala en derechos y deberes, la amistad es entrega, no control y así todo.

5. La Argentina hoy con espíritu solidario



Muchos creemos que se ha despertado un espíritu solidario, otros no tanto, otros creen que es caos y algunos se han quedado en la solidaridad como contra-poder.

Pascal decía: “no está probado que Dios existe, tampoco que Dios no existe. Yo creo que existe y vivo como si existiera”. Creer o “creer que creo” es el espíritu de Fe que nos une sabiendo que lo que es bueno para uno lo será para los demás y viceversa. Supongo que así define el amor San Agustín cuando dice “ama y haz lo que quieras, pero ama primero”, es decir sé primero solidario en espíritu y luego actúa. En la Argentina de hoy, soy de los que creen que se despertó un espíritu solidario surgido de la profunda desilusión ante el sistema y sus instituciones. Esta desilusión y sospecha de lo establecido, nos sumergió en un descreimiento casi total. Muchos creyeron que venía el caos, sin embargo esta duda nos unió en espíritu de anhelar otro país y que no venga un ideólogo de turno. Por suerte nuestro actual presidente subió con pocos votos, esto lo obliga a buscar “poder desde abajo”, hoy lo encuentra en este espíritu solidario que se ha despertado. Esperamos que nuestro Sr. Presidente y sus funcionarios busquen más poder o autoridad emanada de este anhelo común. Si lo que busca es hegemonía, busca poder sobre los demás, si busca un liderazgo que sea portador de este espíritu busca autoridad que emana del poder como valor.
Nosotros desde la intimidad de la familia, nuestras instituciones, foros sociales, comunidades, movimientos solidarios, organizaciones de todo tipo, tenemos que ejercer este “poder de abajo” como anti-poder para que el poder devenga en un valor que a todos interprete.

Octavio Fernández Moujan



Nota 1:

Ejemplos


Jesús no buscó poder social. Moisés tampoco pero condujo al pueblo en el desierto. Gandhi luchó con armas que no eran del sistema para liberarse de la opresión. El espíritu solidario de la madre Teresa de Calcuta no tiene fronteras. Rompe con el sistema ¿por qué los moribundos? Cuando el poeta nos dice “tus hijos no son tus hijos, son de la vida que anhela más vida”, habla del mismo espíritu solidario.

Nota 2:

Del espíritu (creo que creo)
Creer es un acto del espíritu, es una simpatía, una onda, algo que nos resuena y nos da energía. No es la seguridad que nos da poder sobre las cosas y personas. Cuanto más creo en lo que soy, más fuerza, más energía irradiamos y transformaciones seremos capaces de hacer.
La solidaridad social que muchos practicamos cuando está alimentada de este espíritu más fuerza para el cambio tiene, porque no es el deseo de uno o algunos; es el anhelo de todos que el espíritu alcanza.
El espíritu no se agota en la comunicación social, no es tampoco la comunicación química y menos aún la eléctrica. No esta determinado por ideas o representaciones previas, es la imaginación espontánea que surge de la experiencia vivida. No se realiza por identificación afectiva o transmisión de emociones asociadas a algo. Es una vivencia participativa de un nosotros que se manifiesta como anhelando autosuperarse con los demás. La imagen surgida de ser parte de un todo que despierta un anhelo que es acción. “Quiero luego soy”, “amo y hago lo que quiero”, ambas frases de San Agustín.
Este anhelo surge “de abajo” es decir “lo originario” cuando podemos suspender el ego y sentirnos “nosotros”, nuestra primera identidad. Es como un Big Bang que nos hace expansivos solidariamente y en ese viaje va generando nuevas formas. No se opone a la solidaridad social o afectiva de nuestros vínculos y amistades. Las enriquece orientándolas a la autosuperación con todos, con más fuerza , más energía. Es el espíritu como “poder de abajo”, desde “la igualdad radical” va construyendo lo que a todos representa. La seguridad se orienta en el poder tanto de arriba como la reacción de poder que desea desde abajo.
La confianza se nutre del anti-poder que proviene “desde abajo” y que denomino “espíritu solidario” que anhela desde abajo un “liderazgo” (de cualquier tipo) que nos interprete.
Octavio Fernández Moujan


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