El poderoso mensaje de: Los Dos Pactos -primera Parte



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El poderoso mensaje de:

Los Dos Pactos

-Primera Parte-

En algún momento en su vida ¿ha prometido hacer cierta cosa y se ha encontrado desanimado porque fue incapaz de cumplir con su promesa? O sea, en algún momento ¿ha resuelto bajar de peso, hacer ejercicio, no enojarse o perder su paciencia más, etc… pero luego sentirse un fracaso porque no logró cumplir sus promesas?...... ¿Y qué con Dios? ¿En algún momento en su vida le ha dicho a Dios “yo prometo nunca más hacer tal cosa otra vez si usted (Dios) me perdona y me saca del problema en que me he metido?”

Por alguna razón deseamos tener las fuerzas para cumplir algo bueno para luego merecer una vida mejor. Esto es tan natural para el humano que casi siempre queremos ser recompensados por nuestras buenas obras y naturalmente creemos que Dios es igual. Pero vamos a ver que Dios nos bendice porque nos ama, no porque él quiere una recompensa de nuestra parte.

¿Que son los dos pactos?

La Biblia nos habla de dos pactos – el antiguo pacto y el nuevo pacto. ¿Qué son estos dos pactos? Muchos creen que el antiguo pacto fue el que funcionó antes de la cruz y que el nuevo pacto comenzó con la muerte de Jesús y continúa funcionando hasta el fin. Vamos a ver en la Biblia si esto es cierto porque tener un entendimiento correcto de los dos pactos es absolutamente necesario.

Aquellos que atacan la verdad sobre el Sábado, el día de reposo del Señor, usan la doctrina de los dos pactos como su defensa. También, el entendimiento correcto de los dos pactos librará al pueblo de Dios de la enfermedad de legalísmo. En esta serie de estudios buscaremos la respuesta bíblica a esta pregunta importante - ¿Qué son los dos pactos?

Muchos estudiantes de la Biblia comienzan sus discursos sobre el estudio de los dos pactos con la declaración que “un pacto es un acuerdo mutual entre dos o más personas de hacer, o privarse de hacer, ciertas cosas.” Esta declaración puede ser cierta cuando hay un pacto entre dos o más hombres, pero vamos a ver que “los caminos de Dios no son los caminos del hombre” (Isaías 55: 8,9). Dios no negocia (no hace gangas) con los hombres porque Él sabe que el hombre no puede cumplir con su parte.

Entonces, ¿QUÉ ES EL PACTO DE DIOS? Vamos a ver lo que la palabra de Dios nos dice.

Después del diluvio Dios hizo un pacto con toda criatura, no solo con Noé y su familia pero con TODOS los animales de la tierra.



Génesis 9:8-16 Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. Y dijo Dios: Ésta es la señal del pacto que establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará entonces mi arco en las nubes. Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvios de aguas para destruir toda carne. Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.

Dios prometió que nunca más habría un diluvio que cubriera la tierra y como señal de su pacto Él les dio el arco iris. ¿Y cómo respondieron los animales? Ellos simplemente recibieron el favor de la mano de Dios. Algunos podrían decir aquí “¡pues eso es obvio, sería ridículo que Dios esperara otra cosa!” ¡Pero esa es la conclusión adonde Él nos quiere llevar! En realidad somos iguales que los animales en ese sentido. No somos capaces de cumplir nuestra parte en un pacto con Dios igual que los animales. ¡Y Dios sabe esto! Por eso Él nos ha dado TAN benignamente las promesas que necesitamos y luego ¡Él mismo las cumple!

Dios nos promete todo lo que necesitamos, y hasta más de lo que podemos pedir, como UN REGALO. Él es el dueño de todo, Él es todo y Él nos da todo. Nosotros le damos nosotros mismos, que en realidad ES NADA, y Él nos da Él mismo que ¡ES TODO! El problema comienza cuando creemos que Dios está esperando que cumplamos nosotros mismos Sus promesas. Pero tenemos un Dios que funciona solo de acuerdo a la realidad, y la realidad es que no tenemos nada y somos nada (afuera de Cristo). Él tiene todo, es todo y da todo. Él es la fuente de vida.

Entonces, ¿Qué es el pacto de Dios?

Hemos visto que el pacto de Dios es simplemente LA PROMESA DE DIOS, Gálatas también nos dice esto:

Gálatas 3:17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no la abroga, para invalidar la promesa.

Aquí Pablo lo hace muy claro que “abrogar” (o anular) el pacto seria “invalidar” (o deshacer) la promesa. Claramente el pacto y la promesa son las mismas cosas. La Nueva Traducción Viviente lo dice así:



Gálatas 3:17 Lo que trato de decir es lo siguiente: el acuerdo que Dios hizo con Abraham no podía anularse cuatrocientos treinta años más tarde – cuando Dios le dio la ley a Moisés -, porque Dios estaría rompiendo su promesa.

Anular el acuerdo que Dios hizo con Abraham seria romper su promesa. Claramente, entonces, el pacto y la promesa son las mismas cosas.

La Biblia nos lleva a una historia en la biblia que nos dará más claridad sobre los dos pactos:



Gálatas 4:21-24 Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis leído la ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; más el de la libre, por la promesa. Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar.

En este texto leemos que Abrahám tuvo dos hijos. Uno fue de una esclava y este nació de acuerdo a la carne. El otro hijo nació de una mujer libre, este nació de promesa. Luego el texto sigue y nos dice que la historia de Abrahám, sus dos esposas y los dos hijos es una alegoría (o ilustración) para enseñarnos qué realmente son estos dos pactos. La Nueva Traducción Viviente lo dice así:

Estas dos mujeres, Sara y Agar, representan los dos pactos”. Y el vs. 24 termina diciéndonos que Agar representa el pacto del Monte Sinaí que trae esclavitud. ¿Qué quiere decir todo esto?

Una cosa es clara al leer Gálatas 4:21-24: La historia de Abrahám, sus dos esposas y los dos hijos, nos darán la respuesta que estamos buscando. Es más, un estudio de los dos pactos que no incluye un estudio de la historia de Abrahám, Sara, Agar y los dos hijos, realmente no es un estudio verdadero de los dos pactos. Entonces, comencemos este estudio con la historia de Abrahám.



Abrahám:

Abrahám era de Ur de los Caldeos (Gen. 11:26-31) una ciudad de Babilonia. La Biblia nos dice que el padre de Abrahám servía muchos dioses (Josué 24:2). Venían de una cultura sumamente pagana. Babilonia era el mundo de Abrahám y con ese mundo venia un concepto erróneo de Dios. Estos datos de la vida de Abrahám son importantes entender para esta serie de estudios.

Es evidente que Abrahám estaba dispuesto a escuchar la voz de Dios porque cuando Dios lo impresionó de salir de la casa de su padre y del mundo que él conocía, él se fue.

Génesis 12:1 Pero Jehová había dicho a Abram: vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.

Hebreos 11:8,9 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa;

Después que Abrahám salió de Babilonia Dios comenzó a sacar Babilonia de Abrahám (Babilonia representa error - todo mal concepto de Dios y toda doctrina falsa). Y Dios empezó este proceso de sacar Babilonia de Abraham con unas promesas hermosas. Y en estas promesas especiales reconocemos que Dios no le hizo el llamado solo para darle un lugar mejor a donde vivir. El llamado de Abraham fue el comienzo de un plan que afectaría el mundo entero. Vamos a ver la primera promesa que Dios le dio a Abraham.



Génesis 12:2,3 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendijere a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Aquí vemos varias cosas. Dios está haciendo unas promesas grandísimas y bellísimas y dice que ¡El mismo las va a cumplir! “Hare de ti una nación grande….” Luego Dios termina anunciando que Él, Dios, está obrando un plan donde todo el mundo entero va a ser bendecido ¡y Abrahám es el vehículo genético y teológico que ha sido escogido para ese plan! Pero luego Dios le repite más detalladamente las promesas:



Génesis 13:14-16 Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar de donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.

Génesis 15:1-6 Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Y respondió Abram: señor Jehová, ¿qué me darás siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Dijo también Abram: mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: no te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevo fuera, y le dijo: mira ahora los cielos y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

Toda la tierra que Abrahán podía ver le fue prometido a él y a su simiente. Pero interesantemente Abrahám nunca heredó ninguna tierra mientras vivía. ¡Ni un pedacito donde pudiera poner sus pies! En el discurso de Esteban está escrito:



Hechos 7:1-5 El sumo sacerdote dijo entonces: ¿es esto así? Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostrare. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora. Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él, cuando él aun no tenía hijo.

Abraham nunca heredó nada mientras vivía. Pero Dios se lo había prometido, y Dios no puede mentir (Números 19:23) entonces, ¿Qué fue lo que Dios en realidad le había prometido a Abrahám?



Romanos 4:13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fé.

¡TODA LA TIERRA! Dios le estaba prometiendo, en realidad, la tierra entera. Pero no esta tierra con la maldición y mancha de pecado sobre ella pero ¡la tierra nueva! La Biblia la llama “una patria mejor.”



Hebreos 11:8-16 Por la fe de Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tierras con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió la fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.

Cuando Abrahám reconoció que no era esta tierra con pecado que estaba heredando él ya no tuvo ningún deseo de obtener lo que este mundo ofrecía: “y confesó que era extranjero y peregrino sobre la tierra” (vs. 13).

Ahora, la herencia prometida no era solamente a Abrahám, pero a su simiente también.

Génesis 13:15 Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu simiente para siempre (algunas traducciones dicen “a ti y a tu descendencia” pero “simiente” es la palabra original y correcta).

¿Y esta simiente quién es?



Gálatas 3:16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: y a las simientes, como si hablase a muchos, sino como de uno: y a tu simiente, la cual es Cristo.

¡La simiente es Cristo! Entonces, la promesa se cumple “en Cristo.” En otras palabras, así como el arco iris fue la señal para Noé, su familia y los animales, que nunca más habría otro diluvio que cubriera la tierra entera, Cristo es la señal (la garantía) que la herencia prometida es segura. Y así como Dios prometió bendecir a Abrahám y hacerlo una bendición, y le prometió la tierra nueva, ¡también promete todo esto a nosotros “en Cristo”! Nos promete bendecir, hacernos una bendición para otros y nos promete la tierra nueva.



Hebreos 11:32-40 ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, y de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filos de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.

En Conclusión:

Para heredar la tierra prometida, la tierra nueva, hay que haber un cambio, un cambio de corazón. Babilonia (toda falsa creencia) tiene que caer. Es decir, Dios tiene que sacar Babilonia de nosotros, esta es la preparación necesaria para luego poder heredar la tierra nueva.



La Biblia habla de un grupo de gente que experimentará un cambio drástico en sus vidas, Babilonia va a caer de adentro de ellos y ellos alumbraran la tierra con el conocimiento de Dios. Ellos seguirán al Cordero por dondequiera que vaya y tendrán una experiencia verdaderamente cristiana que traerá esta escena de pecado a un fin.

Apocalipsis 14: 8 Luego otro ángel le siguió por el cielo mientras gritaba: Babilonia ha caído – cayó esa gran ciudad – porque hizo que todas las naciones del mundo bebieran el vino de su apasionada inmoralidad.

Apocalipsis 18:1,2 Después de todo esto vi que otro ángel bajaba del cielo con gran autoridad, y la tierra se iluminó son su resplandor. Dio un fuerte grito: ¡Ha ciado Babilonia, cayó esa gran ciudad!...

Apocalipsis 14:4,5 (hablando de los 144,000) Éstos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Éstos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero: y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.


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