El regreso de inanna



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***

IX libros y zapatos

Graciela recordó cómo le había encantado la danza. Cuando era una niña, llevaba a su cama bufandas grandes, las colocaba debajo de sus mantas y simulaba que ellas eran su atuendo de danza. Se imaginaba que era una bailarina famosa en un reino mágico. Su imaginación le permitía hacer estos vuelos de fantasía durante horas. Durante siete años estudió ballet y su madre le compró un par de zapatillas rojas porque a Graciela le había gustado mucho le película "Las Zapatillas Rojas". Graciela pensó en los zapatos que había perdido aquel día en Nueva York. Le parecía que había pasado tanto tiempo.

Ella se preguntó si la vida de Chandhroma como bailarina de algún modo había tenido que ver con su amor por la danza. ¿Afectaban todas la vidas multidimensionales de alguna manera a todas las otras? Graciela trató de imaginarse manejando un hacha, lo que hizo reír a Olnwynn. Éste se había apegado a la conciencia de Graciela, estaba muy interesado en su familia y amaba mucho a sus perros. Corría con ellos por el bosque y para tomarles el pelo atravesaba árboles.

Los recuerdos de los otros Yo eran tan claros. A ella le parecía que le estaban mostrando películas holográficas a todo color de las vidas de personas a las cuales, de una forma misteriosa, se sentía muy cercana. Pensó en muchos de los incidentes mágicos de su vida. Sabía que de su madre había heredado sus habilidades psíquicas. La madre siempre sabía lo que Graciela estaba pensando, lo que constituía una molestia para ella, porque su madre rara vez estaba de acuerdo con lo que hacía.

En los años sesenta. Graciela había experimentado con sustancias que alteran la mente, como tantos otros de su generación, pero una voz le advirtió que desistiera de esto. Ella no le podía atribuir su deseo de saber la verdad a ninguna de esas experiencias. Desde la adolescencia, estaba decidida a encontrar respuestas y desde los catorce años tenía su diario. Lo había empezado con estas palabras: "Esto es para probar que una chica puede pensar por sí misma". Y era precisamente el pensar por sí misma lo que siempre la había metido en problemas.

Todos querían que luciera hermosa y que se casara con un hombre bien rico. Su madre le había advertido que nadie se casaría con ella si continuaba leyendo esos libros. Graciela encontró que su vida era vacía y que estaba llena de hipocresía. Trataba de ser como los demás, pero no podía. Era como si el Flautista de Hamelin estuviera tocando en algún lugar de su interior, exhortándola a otra clase de vida. ¿Por qué había nacido en aquella familia? Ahora parecía que Olnwynn tuviera las respuestas. De hecho su madre le debía a ella la vida que le había arrebatado a Olnwynn, pero su pobre madre tampoco era feliz. ¿Estaba el pasado atormentando a su padre y a su madre? ¿No era su padre un tirano como lo fue Olnwynn? ¿Cuándo terminaría todo esto?

"Sólo terminará cuando tú lo cambies", dijo Inanna. "La llave está dentro de ti, Graciela. Tus realizaciones, aunadas a toda la sabiduría de los otros Yo multidimensionales, activarán las secreciones hormonales que están dormidas en tu cuerpo. Tu conciencia transformará tu cuerpo físico y, a medida que cambie tu percepción de la realidad, cambiará tu vida en este plano. Pero yo no lo puedo hacer por ti, amada, tú debes hacerlo por ti misma. Este es un universo de libre albedrío y si yo te obligo a cambiar, violo la ley del libre albedrío".

Graciela pensó que era una lástima. Quería que Inanna y Melinar la tocaran con una varita mágica y cambiaran todo lo que hay en el mundo. Pero evidentemente, no iba a ser así. De algún modo ella lo tenía que hacer por sí misma. Pensó en todas las historias que había leído sobre los grandes maestros que pasaban años disciplinándose en las partes altas de las montañas. En la epopeya hindú, el Mahabbarata, aquellos que aspiraban a conocer la verdad o a la ayuda de los dioses siempre ejecutaban lo que se llamaba tapas. Graciela había aprendido que esto significaba "generar calor". En el cuerpo se podía realmente producir algo que era como un calor divino, y ella se preguntaba si ese era el secreto para poner a funcionar el sistema endocrino. Está escrito que en los tiempos antiguos los que querían lograr habilidades mágicas se paraban en un dedo del pie durante 2,000 años, una imagen que siempre divertía a Graciela.

Ella había buscado muchos maestros y escuelas para que contestaran sus interminables preguntas, pero cada fuente de conocimiento había caído en la trampa de ser seducida por el poder que ejercía sobre sus estudiantes. Al principio esto era muy deplorable para Graciela, pero, a medida que veía que este modelo se repetía, se dio cuenta de que la tiranía disfrazada era la conclusión lógica de la mayoría de las escuelas. La verdad espontánea no se podía convertir en una ley. La mejor expresión de esto la encontró en un maestro chino, Lao Tzu quien dijo algo asi como que la verdad no puede ser expresada más que por aquellos que no la entienden.

Graciela sabía que tenía que encontrar la verdad dentro de sí misma.

*

Atilar estaba empezando a acostumbrase a su nuevo medio ambiente. Él había sido entrenado para salir de su cuerpo y viajar a otras dimensiones, de manera que la muerte no era algo tan horrible para él. Pero la pérdida de su verdadero amor, la joven sacerdotisa de la Luna, temporalmente había dañado sus percepciones. La pasión que ellos juntos habían producido cambió drásticamente su nivel normal de energía, por eso necesitaba tiempo para poder asimilar todos estos cambios.

Instintivamente él sabía quiénes y qué eran Inanna y Melinar. Con facilidad absorbió los datos de las vidas de los otros Yo multidimensionales. Recordó que una vez había visitado a Olnwynn en el campo de batalla. El intenso calor psíquico que Olnwynn generaba en esos momentos lo había atraído. Olnwynn se volvía uno con su hacha a medida que decapitaba a sus enemigos; nadie se escapaba de su voluntad enfocada. En esos momentos, la frecuencia de Olnwynn era igual a la de Atilar cuando afinaba los cristales.

Atilar le ofreció su conciencia y los datos de su vida a Graciela. Ella se abrió al campo de energía de él y sintió que su cuerpo entero cambió; se sintió más ligera y más fuerte. Atilar tenía mucho que ofrecer y mucho que enseñar. De noche, en su cama, Graciela asimilaba las experiencias de sus Yo multidimensionales. En su mente los abrazaba, y sentía un intenso amor por cada uno de estos seres. Ella no podía juzgarlos sin importar lo que hubieran hecho; ellos eran simplemente lo que eran y Graciela los amaba. Reflexionó que tal vez el Primer Creador pensaba así sobre toda su creación.

A medida que el tiempo había pasado en la Tierra, los hombres se habían vuelto más y más temerosos de sus sentimientos. Esto era la consecuencia natural de participar constantemente en guerras inútiles en las que a menudo morían o quedaban inválidos. Muchos hombres habían tenido la experiencia de yacer heridos e impotentes durante días en el campo de batalla mientras oraban para que la muerte se los llevara antes de que llegaran los buitres y los destrozaran. Se les adoctrinó para que ocultaran sus sentimientos, para que no actuaran como las mujeres. Se les dijo que las mujeres eran inferiores. A cambio de la sensación de superioridad, los hombres se privaron a sí mismos de la experiencia de su propia ternura y emociones. Merwin, otro de los Yo de Inanna, era uno de estos hombres.

Merwin creció en un ambiente en el que su padre abusaba de su madre. Ella era una mujer inteligente y sensible y le enseñó a leer y a querer los libros. Le inculcó la idea de que el conocimiento era la única cosa de valor real en la vida. Merwin trataba de defender a su madre, pero no era más que un muchacho. Un día en un estallido de ira, su padre accidentalmente mató a su madre. Desesperado y desdichado, Merwin escapó.

Se decía que en Alejandría había una enorme biblioteca llena de libros y conocimiento de todas las partes del mundo. Merwin soñó que sería muy feliz pasando el resto de sus días en un lugar así. Sucio y hambriento llegó a las puertas de la biblioteca y le rogó al guardián que le permitiera trabajar allí. Él haría cualquier cosa por permanecer en la biblioteca. El guardián tuvo compasión del muchacho y le permitió entrar.

Merwin se quedó en esta enorme biblioteca por el resto de sus días. Leyó y clasificó todo lo que había. De vez en cuando pensaba en su madre, en cuán complacida estaría ella de verlo en un lugar así. Pero pensar en ella le causaba mucho dolor. Él se convirtió en una leyenda en Alejandría y también en un chiste. Todos lo admiraban por su conocimiento y siempre recurrían a él cuando necesitaban un libro o un papiro. Pero también se burlaban de él y decían que era tan seco como sus papiros antiguos. Se sabía que su vida estaba reducida a estar con sus libros. Nunca estuvo con una mujer. Llevaba una vida de recluso en medio de papiros desteñidos y estantes polvorientos. Nunca salía de la biblioteca.

Un día, cientos de soldados llegaron a Alejandría. Conquistaron la ciudad e incendiaron la biblioteca. Se decía que las llamas del incendio se podían ver a kilómetros. Todo el conocimiento almacenado de la antigüedad desapareció en aquellas llamas. Las historias de la Atlántida, de Lemuria y de muchas otras civilizaciones antiguas se convirtieron en cenizas. Merwin permaneció allá aquel día. ¿A dónde se pudo haber ido? Sin su biblioteca no quería vivir. Entonces Merwin se unió a Melinar e Inanna y a los otros que estaban en el óvalo. Merwin, quien desde la muerte de su madre nunca se había permitido a sí mismo sentir, derramó lágrimas de éter transparente en una dimensión extraña.

***

X el mundo de las apariencias

Melinar introdujo su conciencia en el grupo de seres que estaba reunido en el óvalo de Inanna: Atilar, Chandhroma, Olnwynn, Graciela, Merwin y, por supuesto, Inanna. Cuando Melinar empezó a hablar, las formas geométricas llamativas, o sea los brillantes, empezaron a cambiar rápidamente.

"Ningún aspecto del Primer Creador está realmente separado del resto. La puerta de salida del mundo de las apariencias puede asumir cualquier forma. Cada expresión de vida lleva consigo el potencial de la libertad y cada uno de ustedes se vistió de los colores y temperamentos que estaban disponibles en el tiempo en el que vivieron. Debido al poder de los cinco sentidos, se perdieron en medio de la dualidad de estas expresiones y se dejaron llevar por las polaridades continuas inevitables. Pero, como ven, esas realidades se han desvanecido, mas permanecen como datos almacenados. Existen por separado pero, no obstante, están conectados eternamente a todos. Nada muere; nada se pierde.

"En una dimensión de realidad, ninguno de nosotros jamás ha abandonado la mente del Primer Creador".

*

Graciela estaba sentada en el bosque de cedros con sus hermosos perros y pensaba cuán tristes habían sido casi todas sus vidas. Toda esa lucha por aprender y llegar a ser algo, para luego dejarse llevar por algún impulso insensato. ¿Para qué era todo eso? Si sólo pudiera regresar y sanar a los otros. Si el padre de Merwin hubiera sido amable, si sólo Chandhroma le hubiera hecho caso a Inanna para no beber el veneno, si Atilar hubiera dejado de contemplar los ojos de la joven sacerdotisa, si Olnwynn no hubiera sido tan amante de la bebida. ¡Si sólo! Esa era la historia actual de la especie humana. La guerra y la destrucción se veían lo suficientemente siniestras en los libros de historia, pero cuando uno las vive en carne propia, el dolor es íntimo y penetrante.

Graciela empezaba a ajustarse a toda esa descarga de información. Las historias de sus otras existencias le fascinaban y la dejaban exhausta. Se dio cuenta de que sus experiencias de muerte no fueron fáciles; tal vez la muerte no se hizo para que fuera fácil. Quizás es la única manera de convencernos de que podemos salir de nuestro cuerpo. De algún modo ella empezaba a desapegarse un poco de todos los datos y comenzaba a ver todas las vidas como partes de un acertijo que se movía en ciclos. Había varios patrones que se repetían. Ella se sentía como si fuera un detective privado a punto de resolver un gran misterio. ¿Pero se resolvería alguna vez el misterio? ¿Lo habían creado para que alguna vez fuera resuelto?

Graciela se acostó sobre el piso duro del bosque y respiro profundamente. El aroma del cedro llenó su ser y cerró sus ojos.



*

La Doncella del Cielo yacía sobre el piso de su tipi. El curandero la había atado contra el suelo con el fin de "amarrar el dolor". Ella sabía que eso era una tontería; sabía que moriría. ¿Qué sabían los hombres en cuanto a dar a luz? Su bebé dio la vuelta en su vientre y se atoró. A medida que perdía más sangre el dolor se hacía más intenso. ¿Dónde estaba Pequeña Nube, su amiga y partera?

¿Deseaba Pequeña Nube tanto a Pluma de Fuego como para dejar que su amiga, la Doncella del Cielo, muriera en el parto? Ella pensó en su esposo Pluma de Fuego. Siempre se habían amado; habían estado juntos toda la vida; desde niños habían sido inseparables. Y, por supuesto, Pequeña Nube los había seguido a todas partes. La Doncella del Cielo comprendía cómo su amiga amaba a su esposo, pero nunca se inmutó porque nunca dudó del amor que le profesaba Pluma de Fuego. Él pertenecía a la Doncella del Cielo y a nadie más.

Mucho antes de que el hombre blanco llegara a sus tierras, los miembros de la tribu de Doncella del Cielo vivían pacíficamente en sus hermosas colinas. Respetaban la Tierra y a todos los espíritus. Trabajaban para lograr la armonía con el viento y las estrellas y sabían cómo llegar a ser uno con todos los espíritus animales. Cuando era una niña la iniciaron en el conocimiento de los cielos nocturnos. Ella pasaba muchas horas en silencio bajo las estrellas y traía las esencias del cielo hacia la tribu y sus tierras. La sabiduría de Doncella del Cielo era venerada.

Los miembros de la tribu creían que habían venido de las estrellas y que algún día regresarían. Se sabía que el grupo de siete estrellas a las que llamaban Las Hermanas era su lugar de origen. Durante las noches oscuras, ella miraba a ese grupo y le hablaba a una Dama Azul que a menudo se le aparecía. Esta dama le daba conocimientos y sabiduría. La animaba a que se respetara a sí misma. La Doncella del Cielo llegó a amar a esta Dama Azul y a creer que algún día la tribu regresaría a las estrellas.

Pluma de Fuego era un joven atractivo y fuerte que adoraba a Doncella del Cielo. Habían pasado muchas horas juntos riendo y caminando por el bosque o montando a caballo por las colinas con el viento en sus almas. La vida era muy agradable cuando estaban juntos. De su unión ya había un niño. ¿Por qué estaba causando tantas dificultades este segundo parto?

El dolor se volvió agudísimo y había perdido demasiada sangre. La Doncella luchaba contra las ataduras de cuero mientras el sudor corría por su rostro. Si sólo pudiera zafarse. Miró a una abertura que había en la parte superior de su tepee y pudo ver un pedacito de cielo azul. ¿Por qué la habían dejado sola? Un agudo dolor partió su cuerpo y no sintió más. Se alzó por encima de su cuerpo atado y, cuando miró hacia abajo, vio sangre por todas partes. Pequeña Nube entró en el tepee, gritó y halló a su amiga muerta. Sacó al bebé del cuerpo de Doncella que todavía estaba caliente, cortó el cordón umbilical y le dio una palmada en el trasero. Una niñita empezó a chillar. Estaba cubierta de sangre, pero estaba viva.

Pluma de Fuego y otros entraron. La Doncella del Cielo sintió el dolor y el impacto de su esposo al ver su cuerpo inerte. Ella sabía que él no iba a llorar; él no podía, no era su costumbre. Pero algo dentro de él se quebró y no volvió a ser el mismo. Porque para aquellos que están destinados a estar juntos, cuando el compañerismo termina, toda la vida termina. Pluma de Fuego no quiso cuidar al bebé.

Pequeña Nube no sabía si sus celos habían evitado que se presentara con más prontitud al parto. ¿Por qué no regresó a tiempo como lo había prometido? Empezó a limpiar la sangre del cuerpo de la niña. Ella sabía que Pluma de Fuego nunca sería para ella; él ya pertenecía a los muertos vivientes, ya no le servía a nadie. Decidió

encargarse del bebé y criarlo. Por lo menos podía decir que tenía su hija.

El bebé pudo ver con facilidad el cuerpo etéreo de la Doncella del Cielo, aunque nadie más lo vio. "Mami, ¿por qué te vas?" Los pensamientos de madre e hija eran como uno. Todavía flotando por encima, la Doncella le habló a su niña: "Niñita, mi amor, debes ser valiente. Sabe que te amo. Consuela a tu padre si puedes y quédate con Pequeña Nube. Ella ha jurado cuidarte y tú serás lo único que ella tendrá de él. Siento no poder estar contigo para enseñarte los caminos del cielo. Adiós, mi hijita, mi amor siempre está contigo". Años después, una niña india desharrapada y delgada le seguía el paso a su padre. El hombre, ya avanzado en años y entumido de la pena, no le prestaba atención. La niña se había vestido con ropa de muchacho con la esperanza de complacer a su padre. Le jalaba la manga al viejo guerrero, pero él no se daba cuenta. Para él, ella ni siquiera existía.

*

Graciela empezó a llorar. ¡Oh, Dios mío, esa pobre muchachita! La vida estaba hecha de texturas infinitas de experiencia. Quién si no un ser de poder infinito e ilimitado se atrevería a colocarse en un mundo tan precario como éste.

Graciela pensó que nunca había querido tener hijos. Se había dicho a sí misma que temía tratar a sus hijos como sus padres la habían tratado a ella. Pero en lo más profundo de su ser también había un temor escondido a la acción de dar a luz. ¿Por qué estaba la vida de la Doncella del Cíelo grabada en los impulsos de Graciela?

Pluma de Fuego le recordaba a Miguel, quien fue su novio en la escuela. Se conocieron cuando ella sólo tenía doce años, pero los dos inmediatamente supieron que eran el uno para el otro. Miguel tenía pensado casarse con Graciela, pero a medida que pasaban los años, ella temía terminar como su madre y se alejó de él. Ella hablaba de marcharse, de irse a Nueva York o a París. Él se casó con otra, una amiga que para Graciela era como Pequeña Nube.

Graciela se imaginó que caminaba por un laberinto sin fin en el cual tropezaba con partes de ella misma y de las cuales ni siquiera sabía que existían. De algún modo todas las partes estaban conectadas y todas las conexiones podrían responder sus preguntas y llenar el vacío que siempre había sentido dentro de ella.

En su mente vio las hermosas formas geométricas que ya le eran tan familiares. Los colores eran vivos y las formas resplandecientes se movieron en sucesión rápida cuando Melinar empezó a hablar.

"Todos los sistemas filosóficos y religiosos que están disponibles en forma escrita son reflejos de la verdad en diferentes momentos que fueron necesarios para satisfacer las necesidades de ese tiempo. No es necesario que ligues tu conciencia a ninguno de estos sistemas y las formas de expresión religiosa que existen todavía les son útiles a muchos, pero muchas otras formas se perdieron desde el período prehistórico puesto que no se escribió nada. La verdad es la verdad en cualquier momento presente de existencia, sin importar la forma en que se manifieste. La forma está sujeta a las necesidades y capacidad de recepción de la raza de seres que exista y es establecida por el nivel de su evolución. Esas formas de pensamiento que construimos a nuestro alrededor para protegernos son a menudo las mismas formas que invitan nuestra destrucción. El Primer Creador siempre está en movimiento y siempre cambia".

Los brillantes de Melinar se movían más rápidamente de lo que los ojos humanos de Graciela podían captar, pero entendió que había una trampa inevitable en la necesidad humana de detener el cambio. Todo lo que se coloca en piedra inevitablemente se deteriora. Aquello a lo que tratamos de aferramos se pierde. Nadie puede detener un río.

Graciela se puso de pie y fue a acostarse junto a sus perros. Se sintió cómoda en medio de su piel gruesa y oscura y se imaginó que estaba bien protegida en brazos de Inanna. La bella diosa azul abrazó a la pequeña Graciela, que se quedó dormida. Era bueno estar en casa.

***

xi la cortina

Inanna y Melinar buscaron cuidadosamente a Atilar en sus conciencias. El era tan experto en proyectarse a sí mismo hacia otras realidades que era difícil seguirle el rastro. Él se retiraba continuamente para visitar a la gente que se aparecía del líquido: los Liquidianos, como les decía él. Estaba fascinado con su estado fluido, y ellos a su vez estaban interesados en su conocimiento de los objetos duros, o sea, los cristales.

Inanna se interesaba más y más en el progreso de sus Yo multidimensionales. Ella sabía que en el año 2011 terminaría el acuerdo contractual entre el Consejo Intergaláctico y Marduk, el tirano pleyadense. La Tierra empezaría a dividirse en por lo menos dos realidades y sólo aquellos humanos que hubieran superado la cuarta y quinta dimensión, tendrían la capacidad de alejarse de las frecuencias tiránicas del primo de Inanna, el maestro reptil, Marduk. Si al menos la familia lo hubiera dejado morir cuando Inanna lo enterró vivo en la Pirámide de Giza. Desde ese día, Marduk llevaba consigo su odio por Inanna por todo el planea Tierra y deliberadamente procuraba esclavizar y degradar a las mujeres, especialmente a las sacerdotisas de sus templos, debido a lo que ellas enseñaban. Durante los últimos milenios la Tierra había sido un triste recordatorio de la degradación de la diosa y de su sabiduría.

Uno de los Yo multidimensionales de Inanna había sido una hermosa joven que vivió en España durante la Inquisición. Se llamaba Raquel y nació dentro de la fe judía. Inanna pensó que había tenido precaución en el caso de Raquel pues solamente le había otorgado poderes de sanación. No era que tuviera tantos poderes como para convertirse en una amenaza o fomentar una revolución. No, Raquel era una chica dulce, sencilla e inculta, cuyo toque y proceder a menudo curaba los enfermos. Pero esto fue suficiente para que la Inquisición la acusara de ser una bruja, servidora del demonio. La arrastraron a una prisión y la torturaron brutalmente antes de quemarla en el madero.

Cuando a Graciela le mostraron los datos de Raquel, suplicó que no le mostraran lo que le habían hecho a ella. Sus verdugos se obsesionaron con sus propios demonios mientras torturaban a esta chica inocente. Luego la vistieron de blanco para indicar que la habían purificado y por último la llevaron al madero. Cuando encendieron el fuego a sus pies, bajaron tres ángeles y sacaron a Raquel de su demolido cuerpo. La liberaron del dolor que implicaba el que la quemaran viva. En el planeta Tierra muchas mujeres pasaron por esto. Dentro de sus memorias celulares quedaron escondidos estos temores. A Graciela la perseguían momentos fugaces de esta experiencia.

Inanna sabía que todos sus Yo tendrían que contribuir a la transformación de Graciela. Ella quería que Graciela encarnara la sabiduría y conocimiento de los otros, hombres y mujeres. Inanna llamó a Atilar quien les estaba dando a los Liquidianos una conferencia sobre los cristales.

"Yo, Atilar, soy un Guardián de los Cristales. Yo sirvo a la Luz y me comunico con los Guardianes de la Evolución". Atilar sabía ahora que esos guardianes eran Inanna y Melinar. Él continuó su charla a los Liquidianos. "En el tiempo de mi existencia, el concepto fundamental de adoración era la luz, no una persona, un dios o un objeto. La luz se encuentra en cada parte de la existencia. La luz interior, así como la luz que se refleja al exterior, se percibía como el corazón de la vida y se veneraba como tal.

"Los cristales simbolizan muchas cosas. Se relacionan con la luz en varias ondas, patentes y sutiles. Son sistemas de reacción a la luz, al calor y a la energía. Al igual que las computadoras pequeñas, los cristales se pueden usar para almacenar información y también se pueden programar a un nivel más sutil, más psíquico. La propensión natural hacia una estructura atómica armoniosa les permite transmitir y sugerir diferentes estados de conciencia, tales como la creatividad y la sanación, a través de la armonía, la polaridad y la energía.

"Los cristales también pueden representar experiencias de memoria almacenada y por lo tanto tienen el poder de recordar la memoria visual de dichas experiencias. Es sólo la variable de calidad y forma de estas experiencias lo que posibilita los infinitos de diferencias. Todo es verdad. Cada expresión lleva dentro la luz".

Inanna interrumpió: "Atilar, los Guardianes de la Evolución te convocan al punto focal central".

Atilar se disculpó con sus nuevos amigos. Estaba muy ansioso de aprender sobre ellos y de cómo él podría convertirse en líquido. Se despidió de ellos y en el pensamiento se proyectó hacia el lugar de donde venía la voz de Inanna.

"Me alegro de estar en tu presencia otra vez, hermosa dama. ¿Dónde está el que llaman Melinar? Sus formas geométricas me recuerdan a mis cristales". Atilar encontró a Melinar que estaba empezando a mutar rápidamente, como era su costumbre cuando estaba emocionado. Melinar fusionó su conciencia con la de Atilar. Graciela todavía dormía, pero en su estado de ensoñación estaba sentada en actitud absorta mientras todos los Yo de Inanna se juntaban en un solo estado de conciencia.

Melinar empezó a hablar mientras sus brillantes zumbaban: "El Primer Creador es la Fuente de toda Vida. El fuego del Creador es el líquido que corre por todos los seres y les da energía. Mientras que ninguna experiencia carece de, valor, el recordar y experimentar la reunión con el Primer Creador debe venir finalmente de adentro. Las experiencias en el continuo tiempo/espacio y en el plano material lo atan a uno a la cadena de causa y efecto de esas experiencias. El Primer Creador es lo que está adentro, y no depende de ninguna forma o estructura externa, las cuales también son Primer Creador. El ser que sabe esta verdad es puesto en libertad, porque ¿de quién o incluso de qué puedes ser dueño cuando sabes que la fuente de todo está dentro de ti?

"Las leyes que gobiernan los lazos de energía son correctas y útiles en los planos materiales. El átomo se mantiene unido mediante las leyes de la polaridad: la carga eléctrica positiva del protón, la carga neutra del neutrón y la carga negativa del electrón. En el campo de la biología, las polaridades como la vida y la muerte, el principio y el fin, se traducen en limitación, contracción y finalmente la ilusión de la muerte. En términos de psicología, las leyes de la materialización dan origen al ego. El ego es una entidad ficticia que posee las sensaciones de temor, vulnerabilidad y una necesidad de protegerse y defenderse a sí mismo. En el momento en el que el ego de la personalidad se identifica con cualquier estructura de pensamiento, busca conservar esa identidad así como la roca busca quedarse como una roca.

"Con el fin de mantener su identidad con la estructura de pensamiento escogida, el ego inmediatamente empieza a definir su identificación con la de otros egos. Por eso empieza a producir sistemas de juicio interminables para poder apoyar esas identidades ficticias. A medida que la personalidad continúa con sus definiciones, se olvida de su verdadera naturaleza y empieza a vivir en el temor de perder esa identidad ficticia que realmente nunca tuvo. De esta manera, el Primer Creador juega al escondite consigo mismo.

Melinar pudo hablar de esta manera por lo que se podía percibir como una cantidad de tiempo interminable en términos terrícolas. Pero para él, este tipo de expresión era gozo puro y sus brillantes nunca parecían cansarse.

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