El regreso de inanna



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***

XIV el hombre ideal

Inanna despertó de un sueño horrible; sus dragones guardianes la miraban de una forma protectora. Soñó que estaba cubierta de chocolate y que el desagradable Marduk estaba pensando en darle un mordisco. Ella se estremeció, se levantó de su cama y llamó a Melinar a su conciencia. Éste flotó por el cuarto emitiendo frecuencias tranquilizadoras hasta que Inanna y sus dragones estuvieron otra vez calmados. Era bueno tener un amigo para los tiempos difíciles. Inanna se sirvió un brandy arturiano. Era un poco temprano pero el brandy bajó por su garganta y calentó todo su hermoso cuerpo azul.

Hoy era el día en que Inanna y Enki debían asistir a la reunión de la Federación Intergaláctica. Ella estaba muy emocionada, no sólo por la importancia de su misión, sino porque en secreto tenía la esperanza de encontrarse con el misterioso extraño que había visto en la última reunión. Miró toda la ropa que tenía en su armario y no sabía qué ponerse para impresionar a aquel hombre.

Ella no sabía absolutamente nada sobre su extraño; sólo sabía que nunca había visto a otro igual. Él poseía un aire de fuerza y de dignidad silenciosa que ayudaba a aumentar su belleza física. En la familia de Inanna no había nadie que se pareciera a él, ni siquiera Anu o Enlil. Era alto, su cabello largo, lacio y plateado y sus ojos eran tan oscuros como el cielo nocturnal; eran unos ojos que brillaban con humor. A Inanna le parecía que había diamantes dentro de esos ojos oscuros y ella deseaba saber más sobre este hombre.

Se vio a sí misma recordando sus manos; eran totalmente delicadas, tenían dedos largos y suaves pero, no obstante, no mostraban ningún rasgo de debilidad. Inanna pensó que éste era un hombre que estaba por encima de las subidas y bajadas de la vida. Era profundamente apasionado, pero sus pasiones no le agobiaban. Su aspecto le dijo a ella que él veía el humor de la vida y de sus cambios infinitos, que la vida por sí misma lo deleitaba y que sentía compasión por todos los seres sin importar en qué estado de evolución se encontraran. Inanna comprendió que este hombre sabía que era parte de toda la vida y, a causa de ese conocimiento, amaba la vida en todas sus partes infinitas.

Ella se preguntó si verdaderamente había cambiado lo suficiente como para que él se fijara en ella. Pensó que en la pasada reunión ni siquiera la había mirado, ¿o sí? No sabía qué ropa ponerse y después de dar lata y de tirar más de una prenda sobre el piso se decidió por algo modesto y de buen gusto, algo muy raro en ella.

Sintió que Enki se acercaba montado en su dragón y rápidamente sintió la presencia de los otros dos, Anu y Enlil. Enlil siempre la ponía nerviosa. Ella se imaginaba que él la juzgaba severamente y que no estaba del todo satisfecho con su nieta. Pero para ella siempre era un placer ver a Anu, pues su mismo nombre significaba "amada de Anu", y siempre había sido cierto que Anu adoraba a su bisnieta.

"¡Mi muchachita, me alegro tanto de verte otra vez!" Anu abrazó a Inanna y sus ojos se llenaron de lágrimas. "Estoy muy orgulloso de tus esfuerzos diligentes para ayudar a los terrícolas.

*

Todos hemos cambiado desde los primeros días, ¿no es cierto, mi pequeña?"

"Anu, ¿cómo has estado? Cuéntame tus noticias". Inanna se inclinó graciosamente ante Enlil y preguntó por su madre, Ningal, y por su padre, Nannar, el hijo de Enlil.

Enlil y Anu habían estado reuniendo sus fuerzas en el exilio en una galaxia cercana y habían estado mirando con mucho interés los experimentos de proyección de los Yo multidimensionales en el continuo espacio/tiempo de la Tierra. Inanna y Enki no eran los únicos miembros de la familia que estaban involucrados en esta actividad. La familia había llegado a aceptar la verdad: ésta era su única esperanza de crear otra realidad en la cual la especie humana pudiera liberarse de la tiranía de Marduk.

Recientemente Anu y Enlil se habían unido a los Etéreos en sus naves que le daban la vuelta a la Tierra, pacientemente esperando que sucediera la transformación del ADN en los seres humanos y protegiendo al planeta de los invasores de Marduk y de otros extraterrestres piratas. Los Etéreos se habían comprometido a proteger la Tierra con el fin de darles a los humanos la oportunidad de activar sus genes latentes y de probarle al Consejo Intergaláctico que ellos habían superado la etapa adolescente por la cual pasan todas las razas, que estaban listos para ser responsables de sí mismos y de ocupar su lugar como iguales en el universo.

Era una empresa difícil, pensó Inanna, especialmente cuando Marduk obstaculizaba todo intento que la familia hacía en beneficio de la humanidad. Ciertamente Marduk había hecho todo lo que había podido para frustrar los planes de Inanna. Muchos de sus Yo encarnados habían caído en sus trampas y habían perdido su camino. ¿Podría ser que Graciela fuera la última esperanza de Inanna? No Quería pensarlo por mucho tiempo; era demasiado pavoroso.

Inanna, Anu, Enki y Enlil caminaron hacia el portal del tiempo y se transportaron hacia el salón de la Federación. Melinar los siguió como parte de la conciencia de Inanna. Era tal como Inanna lo recordaba: un cielo raso enorme y abovedado que permitía ver todas las galaxias. La vista era imponente. Los cielos son aún más hermosos que mis joyas, dijo ella; sería muy divertido jugar con las estrellas. El salón estaba lleno de la extensa variedad de seres de toda clase de razas. Entraron los Etéreos y saludaron a Anu y a su familia. La reunión estaba a punto de comenzar.

Por el rabillo del ojo, Inanna lo vio entrar solo y silenciosamente en el salón. Era tal como Inanna lo recordaba; su belleza procedía de una fuente soberana en lo profundo de él y magnetizaba todo el ser de Inanna. Él era todo aquello en lo que ella quería convertirse, garboso y amable y, no obstante, fuerte y sapiente. Inanna se sentó recta y trató de no ser muy visible. Si sólo se sentara en un lugar donde ella lo pudiera ver con facilidad. Para su deleite, él caminó hacia el área elevada de los Etéreos y se sentó a un lado. Inanna contuvo la respiración, su corazón estaba latiendo muy rápidamente, pero él era tan maravilloso.

Un Etéreo muy alto y elegante se puso de pie y empezó a dirigirse al salón por medio de sonidos que comprendieron las mentes de todos los presentes sin importar cuál fuera su lenguaje o dialecto nativo. El Consejo enfatizó el hecho de que todavía estaba haciendo valer su ley de no interferencia, mientras que de cerca seguía las actividades de la familia de Anu, en particular las de Marduk. Desde la última reunión las cosas no habían cambiado mucho. El fin del año 2011 era todavía la fecha acordada para resolver el asunto del dominio del planeta Tierra. Si un número suficiente de humanos podía ser convencido de su habilidad genética latente para asumir el control de su realidad y abandonar su dependencia de los tiranos, se formaría una Tierra alterna en forma natural, la cual permitiría expresión de esta nueva conciencia. Aquellos humanos que desearan permanecer bajo el reino de Marduk y sus tiranos, serían dejados a su suerte, quizás para aprender la independencia en otra época en un futuro posible.

El Consejo preguntó si alguno de los presentes deseaba hablar en favor de los terrícolas, o si tenían alguna evidencian nueva para presentar ante la corte. La mente de Inanna se agitó. ¿Que podría decir? ¿Que Olnwynn había sido asesinado por su propio hijo, que Atilar había violado a una joven sacerdotisa, que Chandhroma había sido envenenada en el harem? Todo eso no sonaba muy prometedor. La Tierra era algo tan difícil de explicar; era algo tan denso y complicado a causa de sus innumerables polaridades. Sintió que se le secaba la boca, pero de todas maneras se puso de pie para hablar.

No tenía idea de qué la había afectado o de lo que iba a decir, pero una fuerza la puso de pie y le colocó las palabras en su boca. Era Olnwynn. De algún modo él se había apoderado temporalmente de su conciencia y, para bien o para mal, estaba a punto de hablar a través de ella ante todo el Consejo.

"Deseo hablar por la Tierra y su gente. Puede que sea muy difícil para ustedes comprender lo que es la vida en la Tierra. Nunca se han sentado en un bosque verde a escuchar el viento. Nunca han visto ese sol dorado silencioso que se eleva por encima de nuestras majestuosas montañas; no han escuchado las alas de un colibrí que golpean mientras bebe el néctar de una rosa. Sé que los humanos no están conscientes de muchas cosas, pero son dignos de su atención y merecen ser salvados. ¿Nunca han tenido un bebé desamparado en sus brazos, quizás su propio hijo, con un deseo de protegerlo?"

Melinar sacó a Olnwynn y continuó hablando a través de Inanna. "La especie humana es una mezcla de todas las razas que han venido a la Tierra y se han cruzado con las formas de vida que existieron allá. Ellos son ustedes; portan las semillas de muchas de las líneas genéticas que existen a través de todo el universo. Si se les brinda una oportunidad, si se les da ayuda, pueden ser maravillosos en verdad. Quiero pedirles a los Etéreos que continúen aumentando la banda de frecuencia de la Onda".

La Onda era un término que describía una banda de frecuencia que los Etéreos estaban emitiendo hacia el planeta Tierra. Ella portaba energías de verdad e iluminación; portaba el poder de despertar los genes durmientes. Si tan sólo los humanos durmientes pudieran despertarse de su sueño de la limitación y se abrieran a esta Onda, su ADN mutaría automáticamente y los haría libres. Lo único que tenían que hacer era apagar las máquinas electrónicas que emanaban las frecuencias de Marduk y escuchar los sonidos de la naturaleza, del bosque, de los ríos que cantan y los vientos que susurran.

Inanna le contó la historia de Graciela al Consejo. Les dijo que Graciela tomaría ciertas decisiones muy pronto. Inanna sabía que era una probabilidad muy remota y que estaba exagerando, pero era su única oportunidad. Quizás la historia de Graciela animaría a los Etéreos a aumentar la frecuencia de la Onda.

Inanna concluyó diciendo que realmente amaba la Tierra y a la gente que la habitaba y que ella y su familia estaban haciendo todo lo posible para desbaratar los planes de los tiranos. Le rogó al Consejo que continuara ayudándoles. Luego Anu les agradeció a los Etéreos por la protección a la Tierra y por el asilo que le estaban brindando a Anu y a su hijo Enlil.

Todos los del Consejo comprendieron que en la situación de la Tierra estaban envueltos no solamente sus habitantes. También se entendió que si la especie humana se podía liberar a sí misma, los efectos de la tiranía que ahora rondaban por todo el sistema solar pleyadense, disminuirían. Anu y Enlil regresarían en el tiempo para liberar a los líderes de los numerosos mundos pleyadenses y ayudarían en la liberación de sus tierras.

Era hora de un cambio en el equilibrio del universo. Las fuerzas de la luz estaban listas para vencer las fuerzas de la oscuridad, por un tiempo. Era el fin del Kali Yuga, el fin de un período de juego en la mente del Primer Creador.



*

De regreso a casa, Inanna pensó en su hombre y se preguntaba si la había visto. ¿Había escuchado él cuando ella habló? Oh, ¿cómo podría conocer a uno como él? Melinar rió tontamente mientras hacía fulgurar su brillantes en la mente de Inanna, pero no dijo nada. Él estaba guardando el futuro de Inanna en un lugar secreto, porque ahora era mejor que regresaran hacia Graciela.



***

XV un helicoptero negro

Desde su cabaña Graciela observaba el cielo estrellado. El fuego ardía con vigor y sus perros soñaban cómodamente sacudiendo sus patas. Graciela se quedó sin aliento ante la belleza de una estrella fugaz que cayó a lo largo del cielo nocturnal. Trató de recordar lo que eso significaba. ¿Acaso era buena suerte? En ese momento sólo pudo pensar en objetos voladores no identificados. En 1975 ella había visto un ovni sobre el Monte Shasta en California. No era extraño ver ovnis en este lugar; la gente los veía todo el tiempo, pero Graciela había visto la nave a plena luz del día y no había olvidado esa experiencia.

Ella había salido a caminar con algunos amigos y luego decidió seguir sola. Miró al hermoso cielo azul claro y vio un disco grande como de peltre que flotaba por encima de ella. En vez de emocionarse, ella sintió pánico y la adrenalina se aceleró por todo su cuerpo. En ese mismo instante, la nave ascendió en forma vertical y desapareció. Graciela corrió hacia sus amigos y con la voz entrecortada les preguntó: "¿Lo vieron, lo vieron?" Pero ninguno había visto nada; solamente ella había visto el ovni ese día. Nunca pudo olvidar ni resolver este misterio, el cual la había obsesionado desde entonces.

Por supuesto ella había leído todos los libros que había encontrado sobre los ovnis y las experiencias que otras personas habían tenido con ellos, pero esto no pareció ayudar. Muchas personas trataron de convencerla de que sólo había sido su imaginación puesto que la suya era muy viva, pero ella sabía lo que había visto ese día y nadie pudo persuadirla de lo contrario.

Aun más extrañas eran las imágenes que Graciela había pintado antes del avistamiento, y cuando tenía escasos 16 años. Las pinturas eran de grupos de seres que se veían exactamente como los extraterrestres grises que más tarde eran dibujados por la gente que decía haberlos visto o que habían sido raptados por ellos. Graciela se disgustó cuando vio a los extraterrestres grises de sus pinturas en una película muy de moda y en la cubierta de un best seller. Ella no recordaba si la habían raptado, como a muchos otros, aunque trató de recordar. Tampoco le inspiraban temor estos pequeños amigos grises. De una forma misteriosa, todas las pinturas que ella había hecho en este período fueron hurtadas. Esas pinturas constituían su serie más popular.

Se dio cuenta de que sus ojos estaban ya cansados de observar las estrellas y los cerró. En su mente, se vio volando por el espacio, las galaxias le pasaban zumbando, ¿o era al contrario? Ella sintió que se acercaba más y más a un planeta en particular. Sus colores eran muy extraños, algo así como animación surrealista por computadora, pero no eran colores de la Tierra. El planeta estaba desierto, vacío de vida o seres vivientes. Rápidamente se cansó de esos paisajes solitarios tan elegantes.

Regresó al espacio y sintió que descansaba dentro de lo que parecía ser su nave privada. Había una silla reclinable que estaba al frente de un panel de control, pero todo era oscuro y escasamente alumbrado en la parte interior. La nave parecía funcionar única con los pensamientos de Graciela y, el ser en el que ella se había convertido, quien piloteaba este vehículo, sabía exactamente cómo darle órdenes con su mente.

La nave como objeto material desapareció misteriosamente de los alrededores de Graciela y su conciencia empezó a moverse con facilidad a través del espacio para explorar otro planeta. Este planeta tenía colores similares, pero había grandes charcos de líquido y seres que tomaban forma a partir de esos charcos. Los seres de líquido eran muy amables y amistosos. Ella sintió que podía permanecer allá mucho tiempo y aprender de ellos.

Graciela escuchó una voz en su cabeza: "¡Son los Liquidianos!" La aventura de Graciela había atraído a Atilar, ya que este planeta era uno de sus favoritos. Le sonreía a Graciela, saludaba a sus amigos y uno por uno se los presentaba. Esto era demasiado para Graciela. Se sentó en medio del desconcierto y asustó a sus perros. Trató de recuperar el control de sí misma y decidió que era hora de ir a la cama y dormir un poco. De vez en cuando las cosas se volvían demasiado pesadas y ella no podía manejarlas.

Fue hacia su pequeña cama y se acomodó debajo de las mantas calientes. Olnwynn apareció para protegerla. Le llamó la atención a Atilar y lo acusó de sobrecargar a la pobre muchacha. El gran guerrero celta se sentó al pie de la cama de Graciela entre los dos perros para montar guardia esta noche.

*

Marduk flotaba sobre las aguas color turquesa de su piscina en Sri Lanka. Le gustaba especialmente esta isla sobre el océano índico porque cuando le pusieron el nombre de Ceilán, había sido el hogar del demonio Raksasa Ravanna, quien les había causado grandes dificultades al dios Rama y a Sita en una época anterior. Mientras les sonreía a sus recuerdos, Marduk observó un pájaro llamativo y raro que volaba por el cielo. También amaba a Sri Lanka porque era un lugar de conflicto como el Oriente Medio, el Norte de Irlanda y más recientemente Egipto. Todas estas áreas de conflicto constituían deliciosa comida para Marduk y sus ejércitos, los cuales se alimentaban del temor y el desespero.

Un sirviente androide entró en el jardín de Marduk: "Señor, algo está apareciendo en la unidad exploradora y yo creo que usted debe verlo. Hay evidencia de una conciencia interdimensional entre los terrícolas".

"¿Cómo?" Marduk se levantó bruscamente de su salvavidas inflable y tumbó su vaso de martini de cristal francés. "Sigúeme al cuarto de exploración", ordenó.

Marduk condujo al androide hacia el cuarto de exploración, nadie se atrevía a guiar a Marduk a ningún lugar. La unidad exploradora estaba en el centro subterráneo de comunicaciones, uno de los tantos que había construido. Él había convertido la arquitectura subterránea en todo un arte. Sus nuevas máquinas para construir túneles hacían que los viejos túneles de la Gente de la Serpiente se vieran toscos y patéticos. Los túneles de Marduk eran sin par y estaban forrados con un material que parecía mármol italiano fino pero que emitía un amplio espectro de luz y frecuencias electromagnéticas.

El cuarto de exploración estaba amueblado con un escritorio Luis XIV, ornamentado con oro real y una silla de trono que hacía juego. Sillas de mano antiguas chinas adornaban la pared del cuarto y un tapete persa cubría el piso de lapislázuli. La unidad exploradora emitía una señal que mostraba el lugar de la conciencia interdimensional. Se señaló el lugar: Montaña Perdida, el Noroeste del Pacífico.

Marduk estaba furioso. Esta nueva conciencia apenas comenzaba, pero Marduk sabía que tenía que extinguirla inmediatamente antes de que creciera y se esparciera hacia otros como un cáncer. Si los seres humanos se daban cuenta de que había otras dimensiones y otras formas de vida, sus cerebros podrían abrirse más allá de su lastimosa capacidad normal del 10% y ya no podrían ser controlados. Y Marduk vivía para y del control.

Ordenó que se enviara un helicóptero a Montaña Perdida con la doble función de fotografiar el área y de asustar al ser humano que vivía allá. Quizás él podría espantarla de la montaña y hacerla regresar a las ciudades donde las frecuencias electromagnéticas eran más fuertes, más hostiles y la harían volver a modo de supervivencia, lo que aplastaría este nuevo estado de conciencia que florecía.



*

Graciela despertó. Sus perros ladraban furiosamente. A través de la ventana de su cuarto se filtraba un chorro de luz que caía sobre las mantas de la cama de Graciela. La luz venía de un helicóptero que flotaba ruidosamente en el aire por fuera de la ventana. Ella brincó de la cama y corrió hacia abajo. ¿Qué diablos pasa?

Ahí estaba, un enorme helicóptero negro que no era como los helicópteros que ella había visto antes. Era liso, ominoso, amenazador, algo como sacado de una novela de ciencia ficción. Su oscuridad se veía más siniestra a causa del diseño aerodinámico de su estructura.

La máquina negra continuaba derramando su rayo de luz hacia la cabaña de Graciela. Por un momento pensó en un arma para defenderse pero luego se dio cuenta de que eso no le serviría para nada. Un helicóptero como ese seguramente tendría a bordo armas sofisticadas, por lo menos rifles M-16. Ella se obligó a respirar profundamente. El helicóptero voló a lo largo y ancho del valle donde Graciela vivía muy sola. Envió una poderosa luz infrarroja a un establo y gallinero abandonados que había en la parte baja de la carretera.

Finalmente, después de meter a la fuerza otra vez el chorro de luz, el desagradable helicóptero negro desapareció, aparentemente rumbo hacia el norte. Graciela no sabía a que punto exactamente. Se sentó rendida y trató de calmar a sus perros. ¡Definitivamente necesitaba un trago de vino!

*

Mientras Graciela corría por su cabana, Olnwynn llamó la atención de Inanna hacia el helicóptero negro.

"¡Marduk!", exclamó Inanna. "¿Cómo se atreve? Si llega a tocar a Graciela, lo llevaré ante el Consejo antes de que pueda parpadear. ¡Lo que no daría por apuntar mi arma de plasma a su perfecta nariz!"

Melinar detuvo esos pensamientos en Inanna. "Inanna, querida, estamos en el proceso de evolución. No es apropiado que abrigues pensamientos de venganza en este momento".

"Quisiera envolver a ese reptil hijo de.... Está bien, Melinar, me calmaré; estoy pensando como Olnwynn".

Éste se rió. Ahora me va a echar la culpa a mí, pensó él, cuando ella fue quien me creó para empezar. "Inanna, tenemos que proteger a Graciela", le suplicó Olnwynn.

Inanna acudió a sus pantallas y llamó a Anu, quien estaba en las naves de los Etéreos con Enlil. A Atilar todo esto le pareció muy interesante y, cuando vio que la nave nodriza de los Etéreos entró en la conciencia de Inanna, con emoción se proyectó a sí mismo a bordo. Inmediatamente estaba parado al lado de Anu y Enlil en el cuarto de comunicaciones y en ese momento les estaban informando sobre el incidente del helicóptero.

"Atilar, ¿qué haces?", gritó Inanna.

Anu respondió por Atilar: "Oh, permítele que se quede. He querido hablar con uno de tus Yo multidimensionales Inanna, y éste me parece bastante apropiado. No te preocupes por Graciela; voy a ordenar protección inmediatamente. Ese pillo, aunque sea mi nieto no le permitiré que destruya lo que podría ser nuestra última esperanza".

"Oh, Anu, no digas esas palabras, última esperanza. Muy seguramente los Yo multidimensionales de Enki, Ninhursag o de los otros se están acercando hacia la activación de sus genes divinos , dijo Inanna.

"Bueno, parece ser cuestión de sincronicidad y sinergia, querida. Si sólo uno despierta, los otros que también lo deseen despertarán simultáneamente. La transformación es interconectada. Cada humano está conectado a otro, y por eso cada uno es parte de los otros. Todos son vitales para nuestra misión".

"Te extraño, Anu. Dale mi amor a mi bisabuela Antu. Cerraré la transmisión ya. No dejes que Atilar te moleste".

Anu se volvió a su hijo Enlil con toda su majestuosidad y belleza. Los dos eran tan parecidos por naturaleza que incluso el cabello dorado de Enlil estaba empezando a encanecer como el de Anu. Había sido una época difícil para ambos líderes. Anu había perdido a Nibiru y Enlil a la Tierra. Los dos, padre e hijo, habían pasado los últimos siglos conformando un ejército de renegados para reclamar el sistema solar Pleyadense de las manos de Marduk y sus tiranos. Estaban planeando el regreso y trabajaban hombro a hombro con el Consejo y muchos otros líderes pleyadenses que también estaban en el exilio. Pero primero había que sanar las heridas que la familia de Anu le había causado al planeta Tierra.

Anu y Enlil, así como Enki y los otros, habían sido obligados a pensar introspectivamente. Tenían que llegar a un acuerdo con la etapa adolescente de su evolución y tenían que cambiar lo suficiente para ir más allá de la tiranía. Anu y Enlil fueron hacia la puerta y le ordenaron a Atilar que los siguiera para encontrarse con los Etéreos.



***

XVI la nave nodriza

Anu y Enlil, seguidos por Atilar entraron en el salón central de reuniones de la nave etérea. Alrededor de una mesa grande y ovalada, estaban sentados tres etéreos: el capitán, el ingeniero jefe y el director de comunicaciones. Atilar se maravilló de los cuerpos de los etéreos; a primera vista parecían sólidos, pero cuando se les miraba de cerca, era obvio que realmente eran transparentes o quizás traslúcidos. Sus formas físicas podrían describirse como moléculas que vibraban a diferentes frecuencias para emitir muchas apariencias diferentes de densidad. Era como si ellos pudieran modificar sus frecuencias y adaptarse a cualquier nivel de vibración. Eran más hermosos que cualquier raza que Atilar hubiera visto. Su inteligencia fina y apacible les daba a sus rostros una belleza estructural que ningún humano poseía, ni siquiera la desafortunada sacerdotisa de Atilar.

El interior de la nave era limpio, elegante y muy funcional. La luz salía de las paredes. Había aquí un matrimonio perfecto entre la tecnología y el arte. Atilar nunca había visto algo así. La nave debía de medir muchos kilómetros de diámetro, era mucho más grande de lo que se veía en la pantalla de Inanna y a bordo había cientos, quizás miles de seres.

Anu le habló al capitán: "Señor, el tirano dios Marduk ha enviado un helicóptero negro para atormentar a uno de los Yo multidimensionales de la señora Inanna. Ella ha mostrado potencial para una futura activación de su ADN y ha recordado a muchos de sus otros Yo, los cuales han estado en comunicación entre ellos y también con Inanna. Yo quiero ponerle fin a este hostigamiento. De nuevo Marduk viola la ley de no interferencia. Solicito que sobre el área de Montaña Perdida se coloque una cúpula de luz protectora y que su jefe de comunicaciones esté pendiente de la muchacha. Nos parece que ella es muy valiosa para el proceso de transformación y el futuro posible".

"Sí, por supuesto, Anu. Nos encargaremos de eso inmediatamente". El capitán le hizo una seña al director de comunicaciones y al ingeniero jefe quienes salieron del cuarto para hacer los preparativos pertinentes a la cúpula protectora.

"¿Quién es el que está con ustedes?", le preguntó el capitán a Anu.

"Este es uno de los Yo multidimensionales de Inanna; creo que se llama Atilar. ¿Es correcto?", preguntó Anu.

"Así es, ese es mi nombre. Soy de la época de la Atlántida, de antes de la gran corrupción de poder que se presentó allá. Los datos de mi vida son básicamente los de un adepto. Durante toda mi vida busqué el control de mí mismo y logré mucha grandeza, pero como nunca me permitieron sentir, el desequilibrio me impulsó a arrebatarle la virginidad a una joven sacerdotisa de quien me había enamorado. Como consecuencia de ese crimen me ejecutaron".

El capitán miró profundamente a Atilar y con mucha compasión dijo: "Hijo mío, ese es el estilo de las frecuencias de densidad inferior. La intensidad de los anillos materiales de la Tierra y otros lugares similares tiende a generar experiencias desequilibradas que a menudo conducen a la tragedia. Estos mundos de densidad inferior son los lugares que le dan al Primer Creador la oportunidad de aprender, de probarse a sí mismo en medio de las vastas ilusiones de su separación. Tú debes ser como el Primer Creador; perdónate a ti mismo y asimila las extravagancias de los datos de tu vida. Entonces podrás moverte hacia otros mundos para jugar en la eternidad".

"Pero todavía no", interpuso Anu, "ahora estamos jugando a liberar a los humanos de sus tiranos".

"Sí, estoy empezando a comprender". A Atilar le encantaba la nave nodriza; se sentía extraordinariamente bien. "Quisiera permanecer aquí y aprender de ustedes todo lo que pueda. Mis antecedentes como modulador de cristales de frecuencia me motivan a interesarme mucho por su nave y la tecnología etérea. A menos que Inanna me llame o me necesite. Como ella es mi creadora, todavía deseo servirle en todo lo que pueda".

Anu miró al capitán buscando su aprobación para que Atilar se quedara. Éste estuvo de acuerdo y dijo que sería interesante tener a bordo un ser humano del planeta Tierra, aunque esté desencarnado. Quizás todos podían aprender de todos y ellos querían explorar el potencial humano con alguien de las cualidades de Atilar.

Atilar estaba feliz; con su vocabulario trató de expresar sus sentimientos, mas no pudo. La nave en sí misma poseía un nivel de frecuencia de ser tan inédito que Atilar no había podido encontrar las palabras para expresar las sutilezas de sus pensamientos.

El capitán leyó la mente de Atilar y dijo: "Ya has descubierto uno de nuestros dilemas. ¿Cómo nos comunicamos con seres cuya frecuencia no vibra con la misma sutileza que la nuestra?"

Se abrió la puerta y entró un hombre, con su brazo alrededor de una mujer increíblemente hermosa. El capitán los presentó: "Quiero que conozcan a la Dama de los Granates y a su esposo, el comandante Naemon. Ellos son de la familia de Lona, una gran dinastía de pleyandenses que tuvieron la mala suerte de haber sido conquistados por aquel que también atormenta al planeta Tierra. Ellos están aquí por la misma razón que ustedes, Anu y Enlil, para observar el progreso de la especie humana y para ayudar en todo lo que sea posible".

Atilar no pudo dejar de contemplar a la Dama de los Granates; se parecía mucho a su sacerdotisa. Su piel era suave y blanca e irradiaba salud. Sus ojos eran de color verde esmeralda. Pero fue su cabello lo que más lo impresionó. Era rojo oscuro con reflejos de cobre. De conformidad con su título, ella estaba cubierta de granates que le daban la vuelta a su atractiva garganta y estaban hábilmente cosidos por toda su vestimenta. Ella era muy hermosa y su esposo, el comandante, era la pareja perfecta: bien parecido y fuerte. Era evidente que la adoraba. Ella le hizo una seña a Anu a quien obviamente conocía y mirando a Atilar preguntó: "¿Quién es este ser tan encantador?" No era común ver a un terrícola, incluso a uno sin cuerpo, a bordo de la nave y por eso la curiosidad de la dama se despertó.

El capitán respondió: "Este es Atilar, que acaba de llegar del planeta Tierra. Es uno de los Yo multidimensionales de Inanna y ha solicitado permanecer en la nave con el fin de aprender".

"¿Uno de los Yo de Inanna? Oh, qué emocionante", respondió la dama. "Inanna y yo somos muy amigas. Cuando yo era niña solía asistir a las fiestas de su bisabuela Antu, en Nibiru. Ella y yo éramos unas niñas de mucha imaginación y muchas aventuras. Nuestras personalidades son muy similares. Yo la estimo mucho y me encantaría enseñarle la nave a Atilar".

"¿No sería eso interesante, querido?" Atilar se dio cuenta de que el comandante se alegraba de hacer lo que su hermosa mujer deseara.

"Por supuesto, mi ángel". El comandante apretó su delicada mano. Entonces Atilar hizo un recorrido por la nave con sus nuevos amigos mientras Anu, Enlil y el capitán etéreo iban a chequear la cúpula que se estaba planeando sobre Montaña Perdida en el Noroeste del Pacífico.

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