El regreso de inanna



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Mi niñez en Nibiru fue como estar en un paraíso y todos me adoraban. A medida que crecía, mi educación recayó sobre mi tía/ abuela Nin. Su nombre verdadero es Ninhursag, pero yo le digo mi Nin porque con ternura me cuidó cuando yo era una niña. Ella es como una madre para mí y la quiero mucho. Es la hija de Anu, pero no de Antu. Anu podía tener, y las tuvo, todas las queridas que deseara. Nosotros somos muy tolerantes y expresivos y tenía poca importancia el que Anu disfrutara de muchas otras mujeres. Lo que era importante para nosotros era la línea de sucesión: quién heredaría el poder de Anu. Los matrimonios entre hermanos son comunes entre nosotros para asegurar la primera línea de sucesión, y Antu era la hermana de Anu, y a la vez su esposa.

Ya sé. Están escandalizados, pero les advertí que no trajeran su moral a los asuntos de mi familia. Por un lado, el casarse con la hermana de uno explicaba con toda claridad quién tomaría el poder. Por el otro, causaba estragos. Anu era muy ardiente y tenía muchos hijos con muchas mujeres. Pero todos estos hermanos medios dieron origen a muchas rivalidades y a confusión en nuestro mundo y luego en la Tierra.

Enlil, Enki y Ninhursag son los tres hijos principales de mi bisabuelo, Anu. Enlil y Enki, ambos varones, tienen madres diferentes y Ninhursag, nacida de otra madre, es la única mujer.

Anu y Antu siempre me consentían, pero mi tía/abuela Nin, que por naturaleza era disciplinada y severa, se dio cuenta de que yo tenía una leve tendencia a dejar que mis impulsos se desbordaran. Evidentemente yo nunca vi esto como un problema. A Nin se le dio la ingrata tarea de educarme y, aunque de vez en cuando era dura conmigo, siempre supe que me amaba mucho. En repetidas ocasiones necesité ese amor.

***

III Ninhursag

Ninhursag también es conocida como la Diosa Madre, la Señora de la Vida, la Señora de la Montaña y muchos otros títulos afectuosos. Una brillante geneticista y doctora, mi tía abuela Nin es la maestra geneticista de la casa de Anu. La madre de Nin era una hermosa cirujana de quien Anu se había enamorado en un viaje al Planeta de la Sanación. La personalidad de la madre de Nin era muy diferente a la de Anu, y a medida que Nin crecía, encarnaba la impecable autodisciplina y determinación de su madre. Como no se inclinaba mucho por la fiestas interminables de Antu, Ninhursag puso toda su energía en las artes de sanación y mejoras genéticas. Poseía una mente clara y aguda y el corazón de un ángel.

Aunque mi Nin creció en Nibiru, acompañó a sus hermanos a Terra para ayudar en su colonización. A Enki y Enlil, los dos hijos de Anu, se les había encomendado llevar oro y otros minerales útiles a Nibiru. El oro era esencial para nosotros debido a los desequilibrios que nuestro guerrear constante habían causado a nuestra atmósfera.

En esos días, Terra era considerada no más como una fuente de minerales, un fuerte fronterizo de industria minera en el borde de la galaxia. Sus habitantes eran las criaturas salvajes que vagaban por las llanuras extensas pastando en una abundancia de hierbas. También estaban las razas de la Gente de la Serpiente y la Gente del Dragón, que preferían vivir en túneles debajo de la superficie de Terra para protegerse de las tormentas radiactivas y cambios magnéticos que eran frecuentes.

Ninhursag, Enki y Enlil fueron a Terra con emoción y resolución. Debido a que Enlil era el hijo de Anu y Antu y el primero en la línea de sucesión para heredar el poder de Anu, fue escogido como el líder de los dos grupos de astronautas de Nibiru. Un grupo fue asignado a la nave satélite y permaneció en órbita para inspeccionar el planeta, informar sobre posibles dificultades y recibir enlaces de tránsito. El otro grupo, que lo formaba la mayoría de los astronautas, bajó a Terra con el propósito de colonizar eventualmente todo el planeta. Éstos llegaron a vivir y trabajar aquí y se les llamó los Anunnaki.

Enki, el hijo de Anu y una princesa Dragón de Terra, era el segundo en la línea de poder de su padre. Él era un ingeniero maestro y había comenzado los proyectos mineros un poco antes de que llegara Enlil. Mi familia inventó la rivalidad entre hermanos medios y, como se podrán imaginar, estos dos hijos del mismo padre y diferentes madres discutían constantemente en cuanto a las decisiones que había que tomar. Ninhursag era nuestra médica jefe y maestra geneticista en Terra y, por necesidad, la conciliadora de la familia. Los Anunnaki, nuestros astronautas que de muy buena gana siguieron a estos tres hijos de Anu a Terra, estaban todos muy emocionados en las primeras etapas de la nueva aventura. Como les habían prometido riquezas y tierra, los Anunnaki estuvieron muy contentos por un tiempo, ¡pero nadie estaba preparado para una excavación de esa magnitud! Ellos nunca habían hecho algo tan físico, tan rutinario, de modo que el trabajo en las minas de oro se convirtió en una tarea nefasta. Enki hasta trató de componer canciones para mantener sus espíritus alegres. Pero muy rápidamente estos guerreros, científicos e ingenieros se volvieron malhumorados y luego enfadados. Y, como los pleyadenses poseen una especie de "mente de grupo", el descontento se esparció como el fuego. Se negaron a cavar un centímetro más.

¡Enlil y Enki estaban pasmados! En casa siempre podían motivar a sus "paisanos pleyadenses" ¿Qué había que hacer? No querían ser desacreditados y ser mal vistos por su padre Anu. Fieles a la naturaleza de la familia, los hermanos empezaron a culparse mutuamente. Los insultos y altercados los llevaron a los puños y, después de un poco de sangre y unas cuantas contusiones, se les ocurrió una solución. En Terra existían muchas especies de las cuales podrían extraer material genético para producir una raza de obreros esclavos. Esto solucionaría todos sus problemas y mantendría contentos a los Anunnaki; ya se había hecho anteriormente en otros planetas. ¡A las multitudes de astronautas que vitoreaban les anunciaron que los maravillosos "toros de Anu" lo habían resuelto todo! ¡El poderoso Enlil y el gran Enki tenían la situación bajo control!

De inmediato citaron a su hermana, Ninhursag, quien también pensó que era una buena idea. Ella había estado administrando hierbas curativas a los trabajadores rendidos, y no le gustaba mucho ver a los Anunnaki realizando este tipo de trabajo, especialmente a las mujeres. De modo que acompañada de Enki, quien también sabía de genética, se retiró al laboratorio y empezó a experimentar. Enlil se dedicó a la agricultura, a desviar los ríos y a construir obras de infraestructura, pirámides y represas. Colonizar un planeta del tamaño de Terra era un proyecto de envergadura.

*

Cuando pienso en Ninhursag y Enki solos trabajando allá en el laboratorio, experimentando con el material genético que habían reunido, me viene a la memoria un día en el que tuvieron una disputa terrible. Nin perdió por completo el control de sí misma y casi mata a Enki. Como Enki siempre estaba tramando maneras de llevarle la ventaja a su hermano Enlil, quería tener un hijo con su hermana. Él sabía que este niño, si era varón, sería considerado como un rival de Enlil y de sus hijos.

Así que Enki se acercó a su hermana. Nadie se había atrevido antes a seducir a Nin; no es que no fuera hermosa. Mi tía abuela era muy bella y amable. Pero todo el mundo se sentía intimidado por su capacidad, sus modales precisos y su autodisciplina vehemente. Supongo que Ninhursag siempre había pensado que algún día se casaría con uno de sus hermanos. Su padre Anu había desposado a su hermana, como era nuestra costumbre. De modo que, obviamente, Ninhursag pensó en casarse con Enlil o con Enki. Pero la madre de Enki, Id, lo había convencido de que se casara en la rama de su familia terrestre, o sea la Gente del Dragón, y Enlil se casó con una enfermera de la cual se había enamorado apasionadamente. Así las cosas, no había nadie en este planeta remoto a quien Ninhursag pudiera considerar como su igual. Como era idealista y obstinada por naturaleza, Nin prefirió no escoger a ninguno que fuera inferior a ella.

Ella era muy inocente en cuanto a los hombres y no muy diestra en el arte de la seducción. No esperaba que su hermano casado la cortejara y en verdad le mostrara una pasión y un ardor tan profusos. Cedió ante las refinadas técnicas de Enki y se sonrojó como una colegiala. La pobre Nin sencillamente no estaba acostumbrada a que la halagaran o que la engañara un profesional como Enki, quien ya había seducido a tantas otras mujeres que no tuvo que pensar dos veces su jugada siguiente. Ninhursag cayó en la trampa. Creo que como era la primera vez que le masajeaban su ego femenino se dejó afectar por hormonas muy poderosas.

Pero, para gran decepción de Enki, de esa unión salió una niña. Ninhursag estaba dichosa e idolatraba a la niña; mi Nin amaba a todos los bebés que conocía; ella respetaba la totalidad de la vida. Durante una larga ausencia de Nin, Enki esperó hasta que la niña alcanzara su madurez sexual y, ¡para sorpresa y escándalo de Nin, procedió a seducir a esta hija y también la embarazó! De nuevo, nació una niña, pero esto no detuvo a Enki. Tan pronto como la segunda hija empezó a ovular, Enki le hizo avances, decidido a producir un heredero varón.

¡Ninhursag estaba enfurecida! La idea de que Enki, su propio padre, pudiera corromper y hacer víctimas a sus dos niñitas ingenuas, le producía náuseas. Su orgullo estaba profundamente herido. Se sintió totalmente usada y decidió poner fin al desenfreno de su hermano. Coció un elíxir irresistiblemente delicioso y embriagante, lleno de hierbas virulentas y mortales que ella misma había concebido. Mientras Enki bebía el líquido con felicidad, Nin dijo en voz baja las palabras sagradas de su hechizo y así le asestó un maleficio poderoso a su hermano. Con la copa en la mano, Enki se desplomó.

De una manera fría y desapasionada, Ninhursag observó cómo Enki sufría una muerte lenta y penosa. Ella quería que él sufriera del mismo modo que la había hecho sufrir a ella y a sus hijas; quería que él comprendiera el dolor. El miserable Enki comenzó a consumirse y a envejecer rápidamente, su piel se tornó amarilla. Al temer lo peor, Anu, padre tanto de Ninhursag como de Enki, se sintió finalmente impulsado a rogarle a Nin para que desistiera del maleficio e invocara la magia sanadora. Con el tiempo, Enki se recuperó e imploró el perdón de su hermana. Pero después de eso mi Nin cambió y ya no volvió a confiar en los hombres.

Parece que mi familia se asemeja a una de esas telenovelas que son tan populares en la Tierra. Podrían preguntarsepor qué.



*

Durante la producción real de los obreros esclavos se cometieron muchos errores, algunos cómicos, algunos horribles, algunos indecibles. Cuando por fin se halló la combinación correcta de ADN, y se produjo el primer Lulu, el obrero perfecto, se le diseñó lo suficientemente inteligente como para obedecer órdenes, pero no lo suficientemente listo como para pensar por sí mismo o rebelarse. Y, claro, tenía que ser capaz de sostener una pala.

Entre las muchas especies que existían en la Tierra en esa época había una criatura llamada Homo erectus. Este género comía las hierbas y vegetación, y acompañado de gacelas y otros animales amigos, vagaba por las estepas. La criatura tenía el poder de comunicarse telepáticamente con los animales y con los de su género. Libres y salvajes, ellos eran uno con la sabiduría natural de las frecuencias de Terra. Los conocíamos porque desarmaban las trampas que poníamos para capturar a sus animales amigos. Esta criatura humana y los animales se amaban entre sí respetuosamente. De todo el ADN que teníamos disponible, el del Homo erectus era el mejor. Enki se prestó para que su esposa, Ninki, diera a luz al primer Lulu. El material genético del Homo erectus se implantó en el óvulo de la hembra pleyadense. La sangre del hombre se mezcló con la nuestra, la de los "dioses", y se fusionaron los potenciales genéticos. Así que la especie humana porta códigos genéticos pleyadenses y nuestro ADN está por siempre combinado con el de ustedes.

Se usaron los óvulos de las hembras Anunnaki para producir más Lulus hasta que se les dotó de la capacidad de reproducirse por sí mismos. No todos los de la familia querían que los Lulus se reprodujeran sin nuestra ayuda, pero era mucho más fácil dejarlos que continuaran el proceso sin nosotros.

La especie humana como la conocen fue creada mediante los procedimientos genéticos exitosas de Ninhursag y Enki a fin de que nos proporcionara mano de obra esclava en nuestras minas de oro. Aquellos primeros Lulus, sus ancestros, nos veían como creadores, como "dioses". Nosotros fomentábamos esas creencias, porque nos facilitaban el control sobre ellos.

Aquí es donde yo entro en el juego. Para los proyectos, mi familia y los Anunnaki requerían de un flujo fijo y fresco de trabajadores. Como Anu y Antu me habían instruido en las artes del amor y la reproducción, mi trabajo era educar a los astronautas y a los Lulus en cuanto a las frecuencias más eficaces de la experiencia sexual. ¡Yo estaba dichosa! Para este fin, hice construir fabulosos templos y di origen a ceremonias y ritos maravillosos. Quería que mi bisabuela, Antu, estuviera orgullosa de mí. Modifiqué los ritos tradicionales tántricos de las Pléyades para que se ajustaran a nuestros objetivos en Terra.

¡Sí que nos divertimos en aquellos días! Algunos podrían llamar orgías a mis ceremonias, pero yo personalmente no me referiría a mis creaciones artísticas de una manera tan crasa. La palabra orgía refleja la actitud triste de la cultura contemporánea terrestre hacia la unión más sagrada con el Primer Creador. La experiencia sexual es mucho más que una fricción; es la llave de su poder, es la secreción de todos los sistemas hormonales que elevan las energías y unen dos seres en una unión sagrada. El respeto por esta experiencia produce bebés más saludables y magnetiza un alma similar a la frecuencia que se genera y emite.

La habilidades telepáticas de los Lulus los convirtieron en genios. Esos primeros tiempos fueron en verdad grandiosos. Les enseñamos a nunca cuestionar nada.



***

IV Enlil

Enlil es el primogénito de Anu y Antu, el primer candidato para heredar el poder y trono de Anu. Es, sin lugar a dudas, el hijo de mi bisabuela, Antu, pues es una persona minuciosa que sobresale en la logística. De Anu, Enlil heredó su carácter apasionado, el amor al orden y una gran belleza masculina. Su cabello es como el oro y cae en los rizos más perfectos. Es alto incluso para nosotros que medimos de 2 a 4 metros de altura. Su destreza física se refleja en su estrictez y apego a su propia integridad. Enlil es el padre de mi padre, Nannar.

Parece que en toda su historia, mi abuelo cometió solamente un error: violó a mi abuela. En mi familia todos tenemos inclinaciones sexuales muy ardorosas. Cuando Enlil todavía estaba joven y pasado de tragos, dio un paseo al lado del río y se encontró con una hermosa mujer que nadaba desnuda. Su cuerpo brillaba a la luz del sol, su cabello ondeaba mojado en torrentes de oro. Cuando Enlil vio sus pechos debajo de las aguas, la lujuria lo invadió.

El pobre Enlil había caído en una trampa. La madre de esta bella nadadora la había convencido de que sedujera a Enlil de esta manera para que quedara bien casada, y el plan funcionó a la perfección. Enlil la obligó a la relación sexual, lo que va en contra de nuestras leyes. Buscaron a Enlil y lo arrestaron, le hicieron un juicio y lo enviaron al exilio. No creo que haya olvidado la humillación que le produjo ese castigo. Estaba enamorado de la chica y suplicó a sus padres que le permitieran casarse con ella. Después de la boda, lo perdonaron, pero él nunca olvidó y, hasta donde yo sé, jamás volvió a cometer un error.

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Fue quizás esta experiencia de erotismo desenfrenado lo que dejó a Enlil con la tendencia a juzgar las pasiones de otros. A medida que los Lulus se multiplicaban, los Anunnaki y los miembros de mi familia comenzaron a copular con ellos. El nivel de interés sexual se había salido del control y esto enfadó a Enlil. Él nunca estuvo de acuerdo con que les diéramos la capacidad de reproducirse sin nuestro control total. Los rasgos inimitables de las capacidades telepáticas de los Lulus le agregaban una emoción desconocida a la experiencia sexual, especialmente después de que yo los entrené.

Corrió el rumor de que los "dioses" se estaban escapando a los bosques a juguetear y reproducirse con los Lulus. ¡De vez en cuando, los Anunnaki perdían el juicio y expresaban sus pasiones desenfrenadas ahí mismo en las calles de Sumeria! ¡Los Lulus eran tan lindos! A mí me parecía todo muy divertido.

En aquellos días, el nacimiento no era el proceso doloroso que conocéis hoy; era fácil y un momento mágico para ser uno con la Diosa de toda la vida. Era un momento para expresar unión con todo el cosmos, para formar más manifestaciones del Primer Creador. ¡No era un momento de dolor! Ciertamente no nos avergonzábamos de nuestros cuerpos y sus funciones. Las Nibiruenses y las Lulus disfrutaban del embarazo. Cada nacimiento nos traía más Lulus y más festividades, ¡más diversión y más cerveza! ¿Mencioné que con los granos silvestres que crecían en Terra desarrollamos el aguamiel y las cervezas más deliciosas? Se las dábamos a los Lulus como recompensa por su trabajo y nosotros mismos las tomábamos.



*

Cada vez Enlil se sentía más molesto con la copulación desenfrenada entre los Anunnaki y los Lulus. Esto le causó una obsesión, pensó que nuestra estirpe se estaba corrompiendo a causa de este cruzado sin control, y se enfadó por la proliferación de los Lulus. Desvelado, Enlil empezó a idearse maneras de reducir la población Lulu, después de todo el trabajo que yo realicé.

Ya se habían establecido muchas jerarquías sociales entre los Lulus. Había mucha discusión en cuanto a quién tenía más "sangre divina", quién estaba emparentado con cuál "dios" y hasta dónde se prolongaba su linaje, así como hoy en día muchos humanos pretenden pertenecer a tal o cual realeza.

Ya hemos estado sobre y alrededor de Terra durante casi medio millón de sus años. Los Lulus sólo empezaron a escribir acerca de nosotros en esas tablillas de arcilla hace unos 5,000 años. Pensad en ello: transcurrieron siglos mientras las historias pasaban de recuerdo en recuerdo. En los primeros tiempos los Lulus tenían una mayor capacidad de memorizar datos; no obstante, la conciencia que ellos tenían de nosotros como "dioses" omnisapientes era controlada por nosotros. Ellos fueron engendrados para no cuestionar, y al que lo hacía se le esquivaba o se le asesinaba. Nosotros necesitábamos obreros y no queríamos que los Lulus llegaran a ser iguales a nosotros; los manteníamos limitados. Las tablillas de arcilla registran solamente lo que nosotros les permitíamos copiar a los escribas.

La idea de que la población Lulu llegara a invadir Terra perturbó más a Enlil. Quería deshacerse de ellos pero, ¿cómo? ¿A quién había que matar?

Enlil citó a una reunión de la familia. Demandó que se hiciera algo en cuanto a los Lulus y comenzó a sermonear sus puntos de vista solemnes en cuanto al asunto. Por supuesto, la vieja rivalidad de hermano contra hermano empezó a calentarse. ¡Enki se opuso rotundamente! Se quejó de que después de todo el trabajo que él y Ninhursag habían hecho para producir trabajadores tan eficientes, era algo absurdo siquiera pensar en destruirlos. Quizás había mucho más ruido allá afuera, pero por lo menos ahora había suficientes manos para cavar en las minas de oro. Los hermanos bramaron y se enfurecieron como de costumbre.

Enlil no quería cambiar de parecer a pesar de las súplicas de su hermano. Los hijos de Enlil y Enki se unieron a la disputa, y hubo mucho enojo en ambos lados, pero al final, como él es hijo número uno, Enlil prevaleció. Su plan no los mataría a todos, solamente a aquellos desafortunados que morirían de hambre, de modo que se arregló la primera escasez de alimentos. Cuando Enki y sus hijos salieron de la reunión, debieron haber estado fraguando un plan para bloquear a Enlil, porque aun cuando la hambruna resultante hizo que el canibalismo se esparciera por todo el país, les pasó comida de contrabando a los Lulus y la mayor parte sobrevivió. Se supone que Enlil tiene autoridad inapelable sobre el resto de nosotros por ser el primogénito, pero no era tan fácil, porque somos una familia de individuos de carácter fuerte. Todos somos obstinados en acrecentar nuestros poderes, y no nos gustan mucho las fronteras o limitaciones de ningún tipo. Enlil es igual; es hijo de Anu, quien nunca siguió a nadie en ningún asunto. Una vez que Enlil había tomado una decisión y fijado su rumbo, era improbable que pudiéramos disuadirlo o que diera un paso atrás.

Enlil era el jefe de comunicaciones de la estación espacial que le daba la vuelta a Terra y fue el primero en enterarse del cambio polar que se acercaba. Muy por encima del planeta, los astronautas empezaron a observar la fluctuaciones magnéticas y los bamboleos inevitables. El eje del planeta estaba a punto de voltearse. Esto lo habíamos notado antes, pero nunca había habido una población tan numerosa para evacuar. Enlil se guardó todo en secreto y decidió aguardar hasta el último momento posible, de modo que sólo hubiera tiempo suficiente para transportar a las familias de Anu y a los Anunnaki a la estación de enlace. Se aseguró de que no hubiera tiempo suficiente para rescatar a los Lulus. Enlil quería salirse con la suya por encima de Enki, sin importar las consecuencias.

De una forma inesperada el Gran Diluvio nos cayó encima. Enki envió a su piloto, Matali, para que me recogiera. ¡Ni siquiera había empacado! Recuerdo cuando estaba de pie en mis cuartos tratando de decidir cuáles joyas llevar. Tenía tantos collares de oro, lapislázuli, brazaletes de esmeralda y marfil; si sólo pudiera llevar unos baúles más. Matali se burlaba de mi frustración y me decía que me apresurara. Yo no lograba comprender la gravedad de lo que venía.

Recuerdo muy bien cuando estaba sentada en la nave, llorando en los brazos de Ninhursag. Desde los portales vimos cómo ola tras ola se tragaba las llanuras de Terra y arrastraba a nuestros preciosos Lulus. Nunca antes había experimentado la pérdida, así que yo no estaba lista para sentir una pena así. Era como si yo también me estuviera ahogando. En mi corazón oía los gritos de los Lulus desesperados; en mi imaginación veía a las mujeres que había entrenado en mis Templos aferrándose a sus columnas, rezándome a mí, entre todas las personas. Pero sus oraciones no fueron contestadas y se sumergieron en la muerte; sus túnicas blancas flotaron por un momento en bullones ondulantes y todo terminó.

Se me partió el corazón. No sabía cuánto amaba a los Lulus; no sabía que una parte de mí permanecería con ellos debajo de ese cruel diluvio. Ninhursag era la única que parecía compartir mi tristeza. Lloramos de desespero. ¿Quién nos prepararía deliciosas cervezas? ¿Quién buscaría el oro?

Esta vez la rivalidad entre Enlil y Enki había servido de algo. Los espías de Enki le habían informado del cambio polar. En todas las culturas antiguas de Terra hay historias de un diluvio y un hombre que se salvó en un arca. Enki escogió a ese hombre. Enterado de que habría un gran diluvio, Enki resolvió salvar por lo menos una familia de Lulus. En medio de su vanidad, escogió un hombre de su misma dotación genética. Todas esas historias dicen que Noé fue escogido por su bondad, pues, no, Noé incluso se parecía a Enki. Y no hubo un arca, fue un submarino, y los animales "en pares" era realmente material genético almacenado apropiadamente para que pudieran se recreados más tarde. Desafiando a Enlil, Enki rescató a los Lulus.

Cuando Enlil descubrió a los Lulus sobrevivientes, se enfureció. Con sus hijos, lanzó acusaciones de traición y otros crímenes abominables contra Enki y sus hijos. Enlil sostenía que Enki había desafiado las leyes de Anu. Por consiguiente, Enki pronunció el mejor discurso de su vida, astutamente alabando y lisonjeando a Enlil por su plan "divino". Dijo que Enlil, en medio de la grandeza de su sabiduría visionaria, había escogido el material genético de entre la basura de las especies y llegó hasta lo mejor que había entre los Lulus. Y que si esos sobrevivientes solitarios habían soportado los horrores del diluvio, entonces sus genes deberían ser dignos de servir a Anu y a los Nibiruenses.

¡Para sorpresa nuestra, Enlil se lo creyó! Creo que estaba cambiando de opinión, pues ¿dónde conseguiría los obreros para las minas y para construir sus monumentos?

Cada miembro de la familia juró solemnemente nunca más volver a destruir a los Lulus. En un estallido de generosidad sincera, y quizás un poco de culpa, Enlil le concedió la vida eterna a Noé, por lo menos como la conocemos. Se preparó entonces todo tipo de leyes para regular la copulación y reproducción de los Lulus. Aunque todo resultó bien para las dos partes en conflicto, hubo un cambio, una agudización de la rivalidad entre Enlil y Enki. Nosotros sabíamos que esa gran rivalidad ocasionaría otras dificultades en el futuro.

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