El regreso de inanna



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V Enki

Nosotros los pleyadenses nos consideramos de la raza de cepa reptil. Como evidencia de nuestra conexión con ustedes, la especie humana posee un cerebro reptil localizado en el cerebelo, el cual controla las funciones autónomas del cuerpo. En todos los mundos, incluyendo el sistema solar pleyadense, abundan muchas razas. En su lenguaje no hay palabras para describir estas razas; ni siquiera podrían pronunciar esos nombres, pues los sonidos les serían muy extraños.

Cuando Anu llegó por primera vez a Terra hace 500,000 años, la Gente del Dragón y la Gente de la Serpiente ya estaban aquí. Obviamente, no querían compartir su planeta. Anu quería el oro, pero la Gente del Dragón temía que él no respetaría sus métodos pacíficos. Ellos habían pasado eones distribuyendo líneas de energía magnética alrededor de Terra y habían construido innumerables túneles en colaboración con la Gente de la Serpiente. Los vórtices de energía que potencian sus civilizaciones se encuentran en esos túneles junto con enormes almacenes de piedras preciosas y metales. Hubo un buen número de batallas en Terra y en sus cielos, pero finalmente se hicieron arreglos, se demarcaron límites, y Anu aceptó casarse con una princesa Dragón llamada Id para sellar la alianza. De esta unión salió el niño Enki.

Id es hermosísima. A Anu le parecieron misteriosamente atractivos sus ojos rojos y su piel metálica dorada. Su hijo, Enki, tiene un porte de elegancia aristocrática y tiene una cola. A mí me gusta la cola, creo que le agrega misterio a su cara de Merlín. También tiene orejas puntiagudas con lóbulos largos, lo que parece haber causado algo de confusión en cuanto a quién realmente es, pero el parecido de Enki con la criatura mítica llamada el Diablo es completamente accidental. Mi querido Enki es un ser bondadoso cuyo defecto principal consiste en ser incapaz de decir "no".

Ciertamente no es un demonio.

Enki fue educado en Nibiru. A su madre, Id, no le gustaban mucho las fiestas sin fin que ofrecía mi bisabuela Antu, de modo que Id y Enki estaban felices de mudarse a Terra. Allí Id vivía con su gente en los túneles, y Enki se construyó un hermoso reino en el mar llamado el Abzu. Las estructuras del Abzu fueron construidas de plata y lapislázuli. Tenía parte en lo alto de una montaña y parte sumergida bajo el agua. Esto era algo práctico, pues la parte sumergida ofrecía protección de las ondas de radiación inciertas que se extendían por Terra en los primeros días.

Cuando Enki no estaba trabajando en el Abzu, construía represas y desviaba aguas. Como era un amante del agua, a menudo remaba solo por las ciénagas de Sumeria y Babilonia en un bote pequeño y estudiaba los peces, insectos y hierbas que había en las riberas de los ríos. Enki amaba su planeta. Supongo que lo aprendió de Id. La belleza de Terra corre por la sangre de su pueblo antiguo. Desafortunadamente, Anu envió a Enlil a Terra después de que Enki había estado allí un buen rato. Cuando Enlil llegó para hacerse cargo de la colonia, recalcó el hecho de que él era el hijo legítimo de Anu, de modo que Enki no tenía que aceptarlo. Se dividieron los dominios. A Enki le tocó Egipto y el Abzu. Enlil asumió el control de Sumeria, las operaciones mineras en África, el puerto espacial y el manejo de los astronautas, tanto los que estaban en órbita, como los que estaban en Terra. Ninhursag me contó que Enlil y Enki peleaban cuando eran niños. En secreto ella pensaba que Antu los había enviado a ambos a Terra para que sus riñas continuas no interfirieran con sus fiestas.

Enki no animó mucho a la Gente del Dragón para que colaborara con su medio hermano Enlil. Los Dragones naturalmente preferían a Enki, pues era uno de ellos y protegía mucho a su madre, Id. Enki no estaba de acuerdo con ninguna de las decisiones que tomaba Enlil, lo que causó estragos en Terra. Ninguno de los dos tenía razón ni estaba equivocado, cada uno quería salirse con la suya y tener el control absoluto. Los hijos de Enki y Enlil llegaron a compartir los mismos sentimientos, y sus padres no vacilaron en utilizarlos en sus conflictos. Toda la familia y los Lulus fueron arrastrados hacia esta rivalidad, que ha sido el catalizador de toda la infortunada historia de Terra.

*

Aunque yo soy la nieta de Enlil, disfruto siempre de la compañía de Enki. Él es alguien con quien uno se puede divertir; ama a las mujeres, ¡a todas! Enlil es tan serio. Enki y Enlil son como el agua y el aceite.



A medida que pasaba el tiempo en Terra, se seguían subdividiendo los territorios entre los hijos de Enki y Enlil para evitar la guerra. Era fácil ver que si yo misma no me hacía cargo del asunto, terminaría con las manos vacías en este grupo pendenciero, de manera que decidí hacerle una visita a Enki

Me puse mi mejor vestido de gala, mis mejores joyas y volé hacia el Abzu. Sabía que Enki guardaba los MEs divinos allá y tenía la esperanza de aprovecharme de su debilidad por la bebida y las mujeres. Los MEs están basados en una tecnología que apenas se está descubriendo en Terra. Imaginaos una computadora que contiene todo el conocimiento del universo. Esta computadora transfiere el conocimiento a la mente del usuario en forma de hologramas. De modo que el conocimiento se transmite al usuario holográficamente y en su totalidad, así que el conocimiento no ocurre por partes en forma lineal. El poseedor de los MEs tiene un entendimiento de la información que hay en cada uno de los MEs instantáneamente. El conocimiento es poder; poder para crear civilizaciones, para predecir el movimiento de las estrellas, para viajar más allá de Terra, para regular la atmósfera, todas las ciencias y las artes. Yo quería tener ese poder.

Como siempre, Enki estaba dichoso de verme. Mientras alababa mi belleza y encantos, me abrazó de un modo inapropiado. Los sirvientes de Enki nos siguieron hasta un rincón acogedor donde había bandejas con manjares deliciosos importados de Nibiru, pasteles exquisitamente preparadas y cervezas sumeras. Cuando Enki estaba distraído, empapé su cerveza con mis hierbas mágicas. Estas hierbas incrementan la frecuencia de uno, especialmente en hombres de edad cuya potencia ya está decayendo. Enki estaba feliz y no me podía quitar los ojos de encima, puesto que soy tan encantadora. Bebió mucha cerveza. Enki tiene un gran sentido del humor y yo le contaba las historias más chistosas sobre las sacerdotisas en mis templos. Festejamos, bebimos y reímos durante tres días. En más de una ocasión dancé para Enki, algo así como el número de los siete velos que puede ser tan eficaz. ¡A él le encantó!

Finalmente, le pedí los MEs. Muchos de los hijos ya los poseían, y yo solamente quería mi propia serie. Al principio estuvo reacio; él sabía que eso estaba prohibido. Enlil se enfurecería si llegara a saber que los obtuve sin su permiso. Habría que decírselo. Entonces, le serví otro trago a Enki. ¡No veía por qué el gran Enki tenía que pedirle nada a su hermano! Le conté una historia del templo particularmente picante. Mientras todavía reía, le pedí los MEs con mi voz más dulce. ¡Enki estaba tan excitado con mis seducciones que finalmente dijo que sí! Creo que también le producía placer la idea de cuánto enfadaría esto a Enlil.

Enki empezó a sentir los efectos de las hierbas y se quedó dormido. Cuando empezó a roncar, guardé los MEs en un estuche de oro que había traído. Los MEs se ven como cristales de doce lados de gran belleza y color y solamente se pueden activar si uno conoce los sonidos sagrados que los hacen vibrar y emitir sus secretos. En Nibiru, Ninhursag me había enseñado estos sonidos.

Cuando los ronquidos de Enki se hacían más recios, me escabullí por la puerta con los MEs. Había llevado dos naves conmigo. Una era oficial y la otra era mi nave privada. Tenía el presentimiento de que Enki podría cambiar de opinión y trataría de recuperar los MEs cuando despertara. De modo que envié mi nave oficial a casa como señuelo y me alejé en mi nave pequeña, la que puedo pilotear con facilidad.

Al despertar, Enki no recordaba muy bien lo sucedido y sus sirvientes tuvieron que recordarle que me había entregado los MEs. Como se sintió un poco abandonado y usado, su ego masculino entró en acción. Con un grito les ordenó a sus sirvientes que me persiguieran, que me trajeran junto con los MEs. Yo sabía que era un pretexto para que yo regresara y para pacificar a Enlil y a los otros dioses. Con astucia yo había previsto esta posibilidad y estaba escondida a salvo bajo tierra en un santuario de los Dragón con mis MEs.

En la familia de Anu se tiene la costumbre de que si tienes la voluntad para tomar el poder, te respetan por ello. Enki y Enlil estaban tan impresionados con mi atrevimiento que me concedieron el derecho de conservar los MEs. Me nombraron miembro del consejo familiar, el Panteón de los Doce. ¡Yo había alcanzado todo lo que quería y más! Me declaré Reina de Cielos y Tierra. Ahora poseía la tecnología para fundar mis propias ciudades y alcancé un lugar de mayor poder dentro de mi familia. Obtuve el poder porque con coraje me lo había apropiado, ¡y todavía quiero mucho a Enki!



***

VI dumuzi

Aunque parecía que mi vida era color de rosa y que yo estaba totalmente consentida, las cosas empezaron a verse funestas para mí. Para poder reclamar mi lugar legítimo en la familia de Anu, tenía que casarme con alguien cuyo linaje genética me diera poder. Yo había crecido compitiendo con mi hermano, Utu, y con los otros jóvenes varones. Me veía como alguien igual a ellos. La idea de casarme y ser dominada por alguien con esa dotación genética no me atraía mucho.

En la cultura pleyadense, la energía femenina es respetada. La ley les permitía a las mujeres derechos iguales, así como la oportunidad de expresar sus talentos innatos. No obstante, la mayoría de las mujeres dependían de un "buen matrimonio" para definir su puesto en el mundo. Se podría decir que la mujer pleyadense era considerada igual al hombre, pero bajo condiciones, y los límites de éstas eran fijados por la naturaleza individual de cada mujer.

Mi hermano Utu y por supuesto mis padres me presionaban para que formara un matrimonio poderoso, lo que le daría mucha más fuerza a nuestra rama de la familia. Utu se burlaba de mí preguntándome si quería terminar como Ninhursag. Había visto la vida de mi tía/abuela como la de solterona, y eso no me gustaba mucho. Seguras en medio del poder que les garantizaba el matrimonio, las mujeres de mi familia tranquilamente tomaban sus puestos al lado de sus esposos. Tranquilamente es una palabra que no me llamaba mucho la atención. Yo deseaba el poder para mí, ¡no quería que me controlara nadie!

No obstante, con toda esa presión para que me casara, empecé a buscar y a pensar cuál de los candidatos disponibles me parecía interesante.

Enlil había tenido éxito en engendrar un hijo con Ninhursag; lo que constituyó otra derrota para Enki, quien sólo había tenido hijas con ella. El nombre del muchacho era Ninurta, y fue educado conmigo y con Utu en Nibiru. Yo pasé mucho tiempo con él cuando éramos niños y siempre estábamos compitiendo y a menudo riñendo. Su madre Ninhursag simplemente lo adoraba de un modo repugnante; era tan malcriado. Ninurta podría ser genéticamente apto, pero ni siquiera valía la pena mencionarlo.

Enki tuvo varios hijos varones, pero el único que estaba disponible era el menor, Dumuzi. Ah, sí, Dumuzi. Incluso el nombre lo deja a uno aplanado, ¿verdad?

Como era el hijo menor de Enki, Dumuzi tenía el puesto más bajo. Le asignaron la Oficina de Pastor Real. ¿Quién inventaría ese título? Estaba encargado de todos los animales domésticos en Terra. Ya sé, todos tenemos que comer y los rebaños son muy importantes para la supervivencia de los Lulus. He oído todos esos argumentos de mi hermano Utu y de mis padres. Pero, ¿alguna vez os habéis regocijado con el olor de las ovejas al final del día? Mis padres estaban a favor de la unión. Creo que no veían la hora de verme casada y sin problemas.

Me consolé con la idea de ser miembro de la familia de Enki. A menudo lo podía convencer de que hiciéramos algo agradable juntos, y tenía en mente convertirme en reina de Egipto. Me vi a mí misma flotando en una barcaza dorada sobre el Nilo, reclinada sobre una era de flores, y las multitudes vitoreándome. Con los MEs en mi posesión y un matrimonio poderoso, mis ambiciones en ciernes empezaron a tomar forma. Así que me casé con Dumuzi.

El matrimonio era… bueno, el matrimonio. Dumuzi no era muy brillante y ciertamente no era pareja para mí. Creo que sus hermanos lo habían tratado muy mal, especialmente Marduk, el mayor. Dumuzi era frivolo y egoísta. Pasaba el tiempo mirándose en un espejo esperando que lo atendiera como si fuera su esclava. Su madre vivía para él, le concedía todos sus deseos. Yo empecé a evitarlo todo lo que podía.

Estaba tan aburrida que asumí tareas extras en los Templos del Amor, como se conocía a mis templos. Inventaba toda clase de excusas y en mi nave volaba de templo en templo inaugurando toda clase de nuevas ceremonias. Me comportaba exactamente como un ejecutivo moderno que se marcha en viajes de negocios sólo para alejarse de su mujer. Diseñé una cantidad de rituales nuevos que tenían como centro a Dumuzi y a mí con fin de pacificarlo a él y a nuestras familias. Los rituales contenían todo este asunto acerca de nuestro matrimonio y el arte de hacer el amor, acerca de la esposa tímida y su maravilloso esposo. Esta primera telenovela les dio a los Lulus arquetipos sobre los cuales moldear sus propias vidas. Los rituales se diseñaron para estimularlos a producir hijos dentro de un ambiente feliz. Para mí, era un escape a la fantasía. Yo inventé mi vida en un ritual como yo quería que fuera, pero no lo era.

Quizás fue mi falta de entusiasmo por Dumuzi lo que nos dejó sin un hijo. Para asegurar nuestros derechos al poder, tenía que haber un hijo que heredara ese poder. Esa era la ley. Pero, cualquiera que fuera la razón, nosotros no teníamos heredero. Entonces, se me ocurrió lo siguiente: Si los demás habían tenido hijos con sus hermanas, ¿por qué no Dumuzi? Anu y Antu habían engendrado a Enlil, que a su vez engendró a ese malcriado Ninurta con Ninhursag.

Yo estaba inspirada.

Fue fácil convencer a Dumuzi de que sedujera a su hermana. Le hablé con entusiasmo sobre el magnífico linaje genético de su familia, y su necesidad narcisista de reproducirse se encargó del resto. La hermana de Dumuzi se llamaba Geshtinanna, y era pavorosamente inocente, nada ambiciosa como yo. Hice que mis sirvientes prepararan un picnic detallado, completo con vinos de hierbas parta estimular la libido. Ellos tenían que encontrarse en una colina que daba a los rebaños que estaban haciendo lo que los animales hacen en la primavera. Yo había pensado en todo y, como Geshtinanna era tan ingenua, no tenía la menor idea de que la estábamos embaucando. Después de dos tragos de vino, Dumuzi llegó a la parte sobre tener un hijo juntos y hasta ahí llegó la amenidad. Geshtinanna protestó; ella quería permanecer pura para su esposo, quienquiera que fuera. Dumuzi trató de persuadirla, pero ella se negó abiertamente. ¡Dumuzi perdió el control y la violó! Supongo que esa hierbas que puse en el vino tuvieron la culpa. Son muy eficaces en los hombres.

¡Estupro! Era algo que no podía quedarse sin castigo. Ni siquiera Enlil pudo esquivar el castigo por este delito. Dumuzi y yo le habíamos dado ahora a su hermano mayor, Marduk, una muy buena razón para deshacerse de su hermanito. Marduk había estado trabajando sistemáticamente en la manera de quedarse con Egipto, Marduk no me quiere y no quería arriesgarse con mis ambiciones o las dinastías que yo esperaba establecer.

Dumuzi corrió hacia mí y hacia su madre, atormentado de pesadillas y presagios sobre su muerte. Lo animamos a que huyera e hicimos arreglos para encontrarnos en secreto y llevarle comida y agua. Así él podría esconderse hasta que se calmaran las cosas y yo podría hablar con Anu para pedir clemencia. Pero Marduk no perdió tiempo. Sus verdugos persiguieron a Dumuzi hacia los colinas y lo atraparon como si fuera un conejillo. Fue algo horrible, me parece que los hombres de Marduk se extralimitaron. El pobre Dumuzi murió a causa de las armas radiactivas que con crueldad le dispararon. Mi esposo estaba muerto y yo estaba sin descendencia.

En ese momento me vino a la memoria una ley pleyadense útil: si un hombre muere sin descendencia, pero no obstante tenía un hermano, ese hermano, ya sea que estuviera casado o no, estaba obligado a casarse con la viuda y procrear un hijo con ella. Afortunadamente, Dumuzi tenía ese hermano, Nergal, tan bien parecido e inteligente. Yo siempre lo había admirado. Pero era una pena que ya estaba casado con mi media hermana en el mundo subterráneo. Pues bien, yo nunca permito que complicaciones exiguas se interpongan en mi camino. Decidí ir a visitar a la rubia, la Reina del oscuro mundo subterráneo, Ereshkigal, para reclamarle a mi esposo legítimo, su marido, Nergal.



***

VII Ereshkigal

Ereshkigal es mi media hermana. Con una esposa tan buena y bella como mi madre, era de esperarse que mi padre, Nannar, estuviera satisfecho. Pero la fidelidad no era la costumbre en la familia de Anu. Quizás era el contraste con mi madre lo que hacía que la madre de Ereshkigal fuera tan fascinante. La única palabra que escasamente describe a su especie es Raksasas. Ella era mitad serpiente y mitad demonio, muy atractiva, y de su cuerpo salía y se retorcía el Kundalini. Su piel era de un verde claro cobrizo y su pelo formaba lo que se podría llamar "rizos aterradores". Su cuerpo era fuerte y sensual. Tenía los ojos de una cobra con el poder para hipnotizar a Nannar. Como Dios de la Luna, mi padre ciertamente tenía su lado oscuro.

La atracción apasionada entre ellos dos solamente podría desase como combustión espontánea. Ereshkigal era un auténtico retoño de una fusión erótica. A nadie se le ocurrió cuestionar su belleza asombrosa. Ella heredó lo mejor de sus padres, y ella lo sabía.

No la culpo por no haberme querido. Creo que en cierto modo ella sentía por mí lo que Enki sentía por Enlil. Yo era la hija legítima de Nannar y ella era el fruto de la concubina. Además de estar cautivado por su belleza, Enki sentía cierta simpatía por ella. Hasta llegaron a concebir un hijo que se llamó Ningishzidda. Enki como de costumbre no pudo controlarse y, como ingeniero jefe de minas, le había dado a Ereshkigal el poder sobre el mundo subterráneo. Enki se deja convencer muy fácilmente y me hubiera gustado ver cómo Ereshkigal utilizaba sus notables encantos sobre él. Nosotras las chicas hacemos lo que sea para valemos en este mundo. ¡Pero todo ese cabello rubio era tan falso como todas las pelucas que usaba para realzar su cabellera!

El mundo subterráneo no está exactamente debajo, aunque parte de él sí lo está. Está localizado en lo que ahora llaman África y los extensos depósitos de oro que nosotros codiciamos están allá. Fue una operación minera enorme. Constantemente volaban los enlaces desde Terra hasta a la estación en la órbita para entregar los metales refinados. Desde las profundidades de la Tierra sacábamos oro y otros metales preciosos como plata, cobre, uranio y diamantes. Tenía que haber una fuerza de trabajo gigantesca y, con el paso de los siglos, se procrearon hombres y mujeres para que fueran obreros más eficientes. Nuestros geneticistas constantemente mejoraban el aspecto de su obediencia y sumisión. No obstante, de vez en cuando había que aplicar la disciplina.

En Terra había por lo menos tres especies que comían carne humana, así que los "come-carne" eran una herramienta disciplinaria muy útil. ¿Qué mejor amenaza para a un trabajador reacio que la idea de ser devorado vivo?

Mírenlo desde nuestro punto de vista: nosotros estábamos cumpliendo con nuestro deber. Teníamos que suministrar partículas de oro a nuestro planeta Nibiru para nuestra atmósfera agotada, o moriríamos todos. Hicimos todo lo necesario para sacar el oro de las minas. Ereshkigal era la más indicada para este trabajo; para nada le molestaba "motivar" a los obreros con historias de canibalismo. Dentro de sí tenía un poco de esa vocación de come-carne. No es que comiera humanos todo el tiempo; sólo un mordisco de vez en cuando.

*

El canibalismo tiene significados diferentes para diversas especies. Un grupo podría verlo como una manera de absorber la fuerza, sabiduría y poder de la persona que se come. Para ellos, es un método ritual de aumentar su conciencia, así como su capacidad física y sexual. Cuando ingieren a su enemigo, obtienen la experiencia de su vida. Otros solamente se comen el cerebro de la víctima para obtener su inteligencia. En vuestro planeta todavía hay vestigios de esto.



Hay otro tipo de canibalismo más generalizado que es mucho más sutil. Hay quienes conocen el arte de devorar la energía de las personas sin que ellas lo sepan. Piensen cómo el temor los puede enfermar; cuán rendido y desgastado se siente uno a causa de la rabia, la cólera o los celos. ¿A dónde va esa energía? ¿Por qué se ven tan cansados y pálidos aquellos que son adictos al alcohol y las drogas? Quizás aquellos que los controlan ya no necesitan comer su carne.

*

¡Ahora saben de dónde proceden esas historias sobre personas que llevan a las Antípodas, las asan y se las comen los demonios! para algunos era una realidad. Pero no existen los demonios, solamente varias especies que los han controlado por medio del temor. Este es un universo de libre albedrío, lo que quiere decir que son libres para hacer lo que quieran, y también lo son los demás seres. Ese es el problema. Si todos empezamos como iguales, ¿cómo inducimos a los otros a que hagan lo que queremos que hagan? ¿Hay algunas reglas? ¿Se puede engañar a otros? ¿Quién valora a quién y a qué? Si te conviertes en el tirano de otro, ¿se te devuelve esa tiranía? ¿Te bloquea esto con el tiempo? Esa es la pregunta más interesante para nosotros ahora que estamos atrapados por la Pared.



*

Yo no estaba pensando en asuntos de metafísica cuando descendía en mi nave hacia el mundo subterráneo. Mi hermano Utu y mi padres opinaron que tenía que estar deschavetada. Ellos no pensaban que Ereshkigal recibiría a su media hermana que acababa de enviudar con los brazos abiertos, y me advirtieron que no fuera. Pero yo tenía otras cosas en mente, como la dotación genética de su marido Nergal, además de sus ojos azules. Por derecho, él llegaría a ser mi esposo y produciríamos herederos.

Se decía que Ereshkigal tenía un palacio fabuloso, que estaba todo cubierto de oro. Me imagino que le hacía falta todo ese esplendor para animarse, pues el vivir alejada de Sumeria y Egipto debió de haber sido deprimente para ella.

A medida que me acercaba a los portones, me abatía un poco todo el oro y las columnas de mármol que describían monstruos serpentinos retorciéndose y devorando Lulus muertos de pavor. Un poco exagerado, me pareció. Pero eso era sólo el comienzo.

Tuve la buena idea de enviar a Ninshubar, mi criada, a que me esperara en la nave. Le dije que si no aparecía en tres días, ella debería volar a casa a buscar ayuda. Había prestado algo de atención a lo que dijeron mis padres. No obstante, yo estaba confiada. Una chica debe arriesgarse, debe tener coraje. Después de todo, me había arriesgado a conseguir los MEs divinos. Yo sabía que podía ser muy persuasiva. Ereshkigal no salió precisamente corriendo a saludarme. De hecho, no la veía por ningún lado. Me salió al paso un horrible guardián que dijo que se llamaba Neti. ¡Dios mío, él o ello era tan grande!

Le dije a ese monstruo quién era yo, y él me guió por un laberinto que tenía una serie de portones, lo que debió de haber sido un sistema de seguridad diseñado para proteger el oro de Ereshkigal. Luego este guardián me ordenó a mí, Inanna, que me quitara todas mis joyas protectoras y mis vestiduras. Todos nosotros usábamos una variedad de aparatos defensivos para protegernos de la radiación. También llevaba conmigo los utensilios de cabeza con reguladores de campo y sistemas de comunicación. Mi vestido tenía su escudo de protección estándard tejido dentro de la tela. Nunca se sabe qué se puede encontrar cuando uno vuela por el espacio, o en Terra.

Al llegar al séptimo portón, se me ordenó que me quitara el vestido. No es que yo sea muy modesta, pero me empezaba a fastidiar la forma como me estaban tratando. Además, yo quería saber a dónde se estaban llevando las joyas. Finalmente, entré en un salón donde Ereshkigal celebraba una audiencia.

Era exactamente como me lo habían contado; había un estrado de oro enorme y Ereshkigal estaba sentada sobre un trono majestuoso con diamantes incrustados. Aunque yo estaba desnuda, iba a saludar con amabilidad, cuando esos jueces con aspecto de ogros empezaron a lanzarme acusaciones de falsedad y traición. Era algo ridículo; no entendía de qué estaban hablando y tenía sed.

De repente, Ereshkigal sacó su arma de plasma y en un momento me disparó una buena dosis de radiación, más que suficiente para matarme. ¡Yo estaba asombrada! Rápidamente vi cómo yo flotaba por encima de mi precioso cuerpecito, ¡que aceleradamente cambió de su cálido tono azul a un índigo muerto!

Ereshkigal les ordenó a sus guardias que colgaran mi cuerpo en la pared como se hace en una carnicería. Vi cómo mi cuerpo se descomponía. Viajando en astral, seguí a mi criada, Ninshubar, que iba de regreso a Nippur, la ciudad de mi abuelo, Enlil. Observé cómo ella entraba en su templo y le suplicó que me salvara. ¡Él se rehusó! dijo que yo sabía muy bien lo que pasaría si iba allí; de todos era sabido que Ereshkigal me despreciaba.

Entonces mi criada fue a mi padre, Nannar. ¡Él también dijo que no! Y yo seguí flotando ahí en el aire, escuchando el sermón de mi padre: "es muy testaruda, todos sabíamos que sólo encontraría problemas al ir a buscar el marido de Ereshkigal". ¡Hasta dijo que me habían dado mi merecido! ¡Mi propio padre! ¿Tal vez habría preferido un hijo varón?

Yo todavía flotaba en aire, tratando de acostumbrarme a estar sin un cuerpo. En la mente de mi querida criada motivé un pensamiento y velozmente ella fue al Abzu de Enki. Ya tenía preparada una historia lacrimosa muy convincente y, bendito sea Enki, decidió intervenir. Él tenía algo de poder sobre Ereshkigal, pues había sido él quien le había concedido el mundo subterráneo. El hizo arreglos para que llevaran mi cuerpo a la Gran Pirámide y, con la ayuda de Ninhursag, me resucitó.

Durante tres día tuve un dolor de cabeza horrible. Decidí nunca más volver a visitar a esa bruja y olvidarme del DNA de su marido.

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