El regreso de inanna



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*

Estar separada de mi cuerpo no fue algo tan funesto, pero me llevó a pensar cuánto disfrutaba de ciertas cosas, como bailar, o incluso comer. Me había apegado mucho a este cuerpo y a mi vida en Terra con los Lulus. El tiempo que estuve fuera de mi cuerpo me hizo querer mucho más a Terra. También aprendí a no confiar en nadie, excepto en mí misma.

Decidí extender mis Templos del Amor a la India meridional donde me habían dado territorios que nadie más quería. A las orillas del río Indo construí las ciudades Mohenjo-Daro y Harappa.

***

VIII Los templos del amor

La desembocadura del río Indo era el centro de comercio desde el Este en aquella época. Puse todo mi empeño y los MEs divinos para crear negocios y comercio entre Sumeria, Babilonia y Egipto y el Valle del Indo. Me gustan los tesoros de Terra y tengo la habilidad para los negocios; soy una comerciante innata. Mis templos eran oficinas de intercambio que servían como lugares de canje y negocios con varios productos, así como de salones de aprendizaje y adoración.

Invité a mi madre, Ningal, para que me ayudara a diseñar y construir los templos. Ella tiene una pasión por la arquitectura y trajo consigo a su buena amiga, Maya, la arquitecta más famosa de nuestro tiempo, para planear Mohenjo-Daro y Harapa. Maya ya había diseñado otros templos en Sumeria pero nosotras tres queríamos superar las creaciones anteriores. Nosotras tres construimos unas estructuras tan hermosas y valiosas que Anu y Antu vinieron a admirarlas.

Yo siempre he apreciado el lapislázuli. Sus azules profundos realzan muy bien los tonos de mi piel, pero no había suficiente para construir todos los templos, por eso le pedí a Enki que desarrollara un sustituto en sus laboratorios. En poco tiempo tenía más que suficiente lapis, y cubrí los pisos de los templos, las columnas y las tejas del techo con un nuevo lapis falso, que era mi regalo de Enki. El mármol y el oro se mezclaron elegantemente, con turquesa, malaquita y lapis en ritmos geométricos.

También invité a Tara para que me ayudara en los templos. Tara es la esposa de mi amigo Matali, el piloto de Enki. A Matali no le cae muy bien mi familia; supongo que nos ha conocido como "dioses" desde hace mucho tiempo. El prefiere confiar en la Gente de la Serpiente y por eso se casó con Tara, su bella princesa de la raza serpiente.

El linaje de Tara es el más antiguo en el planeta Terra. Matali dice que la Gente de la Serpiente es mucho más sabia que la de Nibiru. Él me ha contado historias fabulosas de su reino que está en lo profundo del planeta. Se dice que juegan con frecuencias que nosotros no entendemos. La adquisición del poder material no les interesa.

Lo que sí comprendí fue que Tara era la mejor bailarina que yo había visto. Yo sabía que su estilo de baile atraería a mercaderes de todo el Este a mis templos. Ella sería una persona muy útil, de modo que la invité a entrenar las bailarinas de mi templo. Tara es una hermosa mujer de piel cremosa verde pálido y ojos oscuros almendrados que parpadean como estrellas en el cielo nocturno. Collares de perlas negras y bolitas de oro cubrían sus firmes pechos desnudos. Mi amiga Tara me ayudó a instaurar una cultura grandiosa y floreciente.

También invité a Ninhursag. Ella estaba dedicada completamente a administrar sanación a sus queridos Lulus en la pirámide. Su amor y su compasión por todos los seres vivientes la convirtieron en nuestra médico más brillante. Tenía un grupo de enfermeras maravillosas que le ayudaban, pero yo sabía que ella estaba muy

sola. Pasaba demasiado tiempo con ese hijo suyo Ninurta, lo que no era bueno para ninguno de los dos ¿Conocen el tipo de madre que chismorrea sin cesar con su hijo sobre el resto de la familia? Bueno, así era mi Nin.

Yo quería que Ninhursag fundara lo que ustedes llaman hospitales, pero nosotros vemos su medicina moderna como algo absolutamente barbárico. Nosotros usamos formas de pensamiento y frecuencias, no drogas o bisturíes. Ser la única matriarca soltera en Terra le estaba saliendo caro a Nin, y yo la quería mucho. Estaba envejeciendo un poco pero ella siempre lo negaba. Nin se presentaba más competente y fresca que nunca, pero yo sabía la verdad. Yo misma me sentía un poco sola y veía con cuánto coraje ella seguía adelante.

Al observar la vida de Ninhursag, junto con mis propias experiencias, empecé a sentir comprensión por la mujer. A medida que el tiempo pasaba en Terra, los hombres de mi familia se volvían más y más dominantes. Era como si la misma atmósfera de este planeta remoto nos estuviera afectando a todos.

En las Pléyades la mujer es respetada como símbolo de la gran Diosa y es tratada con consideración. Nuestra ley prohibe estrictamente golpear o violar a una mujer. Las frecuencias fronterizas de la Tierra aparentemente produjeron un giro de esta tradición. Nuestros hombres estaban adoptando una actitud diferente hacia la mujer. Los hijos de Enki, guiados por Marduk, inventaron leyes que prohibían a las mujeres ciertas libertades en sus territorios. Por supuesto yo estaba enfadada y trastornada por esas leyes tan ridiculas. Entonces, en mis tierras, yo enfatizaba el fortalecimiento y la mejora de la energía femenina. Decidí enseñarles a los Lulus algunos de los Misterios Pleyadenses.

Cuando Ninhursag y Enki crearon a los Lulus, dejaron algunos componentes claves inactivos. Aunque los Lulus y todos los humanos nacidos de ellos, incluyendo a los habitantes de la Tierra hoy por hoy, poseen nuestros genes, algunos de éstos no funcionan

Porque habían sido desconectados a propósito. A los Lulus se les enseñó a llamar a mi familia "divina", pero nosotros escasamente lo éramos. Los hijos de Anu son los adolescentes eternos, y palabras como ambiciosos y codiciosos nos describirían con más precisión. Intencionalmente habíamos dejado los códigos genéticos de nuestra raza trabajadora parcialmente funcionando para que fueran más dóciles. Yo sabía que no podía interferir en el funcionamiento del ADN de los Lulus, pero nadie podía evitar que les enseñara ciertos secretos. Y como el pensamiento crea la realidad, yo esperaba que algunas de mis sacerdotisas y sacerdotes pudieran encender los "genes divinos" que están presentes en todos los Lulus y fomentar de este modo su evolución latente por medio de la secreción hormonal.

En la época actual el Samkhya es todo lo que queda de la sabiduría pleyadense. Samkhya es una palabra sánscrita que significa "enumerar". El concepto Samkhya sugiere que la materia está organizada a partir de dos componentes primarios, Conciencia y Energía que interactúan para crear el universo.

Es el pensamiento enfocado conscientemente lo que mueve las frecuencias de energía para que se conviertan a sí mismas en la comedia de todos los mundos infinitos e innumerables. Los físicos en su tiempo presente se están acercando a este entendimiento, pero les falta un componente y ése es el amor. No la clase de amor que han experimentado como humanos — algo limitado e imposible de predecir —, sino el amor como una fuerza primaria. A un científico contemporáneo nunca se le ocurriría medir un estado de conciencia como el amor, pero ése es el secreto. El amor es la pieza que falta en todas las teorías de campo unificado.

El amor del Primer Creador es la causa principal de este universo y de todas las otras realidades dimensionales que existen. ¿No dicen sus maestros que el amor es la más grande de todas las virtudes? No obstante, es demasiado simple, demasiado obvio para la mayoría de las personas.

De modo que enseñé este Samkhya en mis templos. Les enseñé a mis chicas y a algunos de los hombres que querían aprender a usar sus hermosas mentes y cuerpos para traer esta fuerza, la fuerza del amor divino, a Terra, a nuestras ciudades, nuestros campos y a nuestros hijos.

Fue una época maravillosa para todos nosotros. Los negocios prosperaban. A las mujeres se les permitía tener sus propiedades y mantener su fortuna por separado si lo querían. De este modo nadie las esclavizaba. Ambos sexos eran soberanos, y los hombres eran igualmente felices. Hubo un florecimiento de la civilización y las artes. Nuestros campos eran abundantes, el comercio con Sumeria y Egipto gozaba de prosperidad y las artes de la danza, el canto, la pintura y la escultura estaban en todo su apogeo. Los rumores de las obras arquitectónicas de Maya se esparcieron por todo el mundo.

*

De todos los rituales iniciados en mis templos, el rito del matrimonio era el favorito. Las sacerdotisas se vestían y preparaban a la novia, quien era educada en las artes de complacer a su marido y en métodos de asegurar la concepción cuando lo deseara. El marido también era preparado e instruido en estos asuntos. En esos tiempos era de conocimiento general el hecho de que el mayor placer se lograba estimulando a la hembra al punto más elevado del éxtasis. La novia se convertía en el canal para toda la energía femenina en la creación y el marido se convertía en toda la energía masculina. Esa unión permitía que las fuerzas del Primer Creador y de la gran Diosa se expresaran en Terra.



El secreto de esta unión es la concentración. Nosotros entrenábamos a la pareja para que lograra una concentración profunda mirándose mutuamente a los ojos mientras estaban realizando el acto. Cada célula del cuerpo, así como toda la conciencia del ser, debe estar allí en ese momento. Todo pensamiento debe estar enfocado en el ahora. Una mujer no puede lograr estados elevados de conciencia en esta unión si está preocupada por la lista de legumbres o alguna otra tontería. Pensar en el pasado o preocuparse por el futuro solamente debilita la experiencia.

Recetábamos vinos y elíxires para aumentar la concentración de aquellos que requerían de ayuda, pero nuestros mejores alumnos no necesitaban ningún tipo de ayuda exterior. Las energías que ellos emanaban reforzaban la fertilidad de nuestra agricultura y la felicidad de nuestro pueblo. A menudo sanaban a los enfermos.

En el Valle del Indo se amaba y se veneraba a los animales. En nuestras transacciones usábamos elefantes y bueyes. Llegamos a quererlos tanto que los venerábamos en los templos. Yo tenía lugares destinados para que los viejos se retiraran con seguridad. Allí se les amaba y se les protegía. Los niños los visitaban con frecuencia. Muchos de los Lulus todavía conservaban el don de hablar con los animales y se les buscaba para que entrenaran a los elefantes, al búfalo asiático, a los bueyes, leones, gacelas y toda clase de animales.

Hasta hoy mis ojos se llenan de lágrimas cuando recuerdo a mis dos leones domésticos. Estas criaturas me amaban con todo su corazón y fueron una gran bendición para mí. La sabiduría que me enseñaron nunca me dejará. El macho me permitía montar sobre su lomo por las calles y nunca me abandonaba. La hembra me cuidaba con los instintos firmes de una madre. Estoy segura de que nunca sentí tanto amor y lealtad como los que ellos me brindaron.



*

Después de unos cuantos cientos de sus años, empecé a perder el encanto de establecer una nueva civilización en el Valle del Indo. Los negocios marchaban bien, los templos estaban construidos, y mis sacerdotisas estaban tan bien entrenadas que ya podían manejar las cosas sin mí. Mi amigo Matali me llevaba con frecuencia a la ciudad sumeria de Uruk para controlar las entregas de grano y cosas así. Extrañaba Sumeria, Egipto y el Abzu de Enki. Mis ciudades no eran tan sofisticadas; no tenía puerto espacial con acceso a la estación en órbita. Me sentía como si estuviera estancada en el interior del país.

Además, no tenía marido. Matali decía que por fortuna no estaba casada con ninguno de mis parientes, ¡pues él no los tenía en muy alta estima!

Mientras este dilema me dejaba perpleja, se me ocurrió una magnífica idea. Allá en Uruk, Anu estaba otorgando los poderes de monarquía a algunos de los Lulus más sobresalientes de la época. Anu les delegaba un poder limitado a aquellos que gobernaban las ciudades. Les dimos a los Lulus control sobre los asuntos humanos que carecían de importancia para nosotros.

La monarquía se estaba convirtiendo en una parte importante en la nueva vida de Terra. ¿Por qué no podía ser yo la encargada de otorgar este poder? Si podía convencer a Anu de que yo podía reemplazarlo, él no tendría que preocuparse por todo eso y tendría más tiempo para sí y para las fiestas de Antu. Yo sabía que a Antu le gustaría la idea.

Antu siempre me había querido y yo había esculpido su rostro en las estatuas de las diosas de mis templos. El hecho de ser la hermana de Anu le había otorgado un poder incuestionable y tenía conexiones políticas por toda la galaxia. A Antu nunca pareció incomodarle el flujo continuo de concubinas de Anu. Yo siempre sospeché que ella sabía sumergirse en estados de conciencia extáticos. ¡Es una dama tan feliz, llena de lo que llaman joie de vivre!

Con el fin de convencer a Anu y a Antu de que yo era la persona indicada para escoger los reyes, construí un templo en Uruk. El templo en sí estaba dedicado a Anu. En la parte interior, el área más importante, coloqué una cama de oro sólido con el nombre de Antu grabado visible y bellamente sobre ella. La cama estaba elevada sobre un estrado y estaba soberbiamente adornada con flores frescas y sedas flotantes. Este templo en Uruk se llamaba la Morada de Anu. Pero la cama que estaba dentro del lugar sagrado le representaba a todos a qué mujer escuchaba Anu. ¡Qué detalle! ¡A ambos les encantó! Cuando les pedí que me concedieran el derecho de otorgar la monarquía, ambos accedieron. Claro que yo le debía informar a Anu sobre mis decisiones. Mi bisabuela Antu estaba feliz con las perspectivas de mi nueva carrera. ¿Y qué mejor manera de encontrar un marido?

***

IX marduk y la guerra

Marduk, el hijo mayor de Enki, es el último hombre en la galaxia a quien yo querría como marido. Enki amaba la vida y a las mujeres de todas las razas y por eso engendró muchos, muchos hijos, los cuales competían entre sí por tierras, reinos, ejércitos y riqueza.

Mi esposo Dumuzi era el más joven de los hijos principales, pero ya estaba muerto y no representaba una amenaza para ninguno de los otros. Nergal, casado con mi media hermana Ereshkigal, era el segundo en la línea del poder. Enki llegó hasta engendrar un hijo con su nuera Ereshkigal. Quizás fue así como ella recibió las Antípodas, donde Nergal reinaba con ella. Enki tuvo muchísimos otros hijos que llegaron a ser un verdadero nido de víboras de hermanos y hermanas.

Aparece en escena Marduk, quien reclamaba todo para sí mismo. Algunos podrían pensar que Marduk era de Marte, pero cualesquiera que fueran sus genes reales, nació como un tirano reptil innato. Salió de la matriz de su madre calculando cómo iba a controlar cada cosa y a cada persona. Todos los rasgos reptiles clásicos convergen en un gran Marduk.

Es muy alto, de ojos rojos penetrantes y piel amarilla olivácea que es un poco escamosa. Tiene vestigios de agallas en las mejillas. Nació con una cola como su padre Enki, pero más tarde se la hizo quitar por medio de cirugía láser. Él alegaba que la cola le estorbaba, pero todos sabíamos que su vanidad lo había obligado a hacérsela cortar. A muchos les parece que Marduk es exquisitamente bello, fríamente magnífico y que tiene una mente brillante y la concentración de una cobra. Él sí posee una especie de belleza, si a uno le gusta esa especie.

Los hijos de Enki siempre estaban discutiendo entre sí, incluso cuando eran niños. Cuando Enki y su hermano Enlil luchaban por el poder, también lo hacían sus hijos. Pudo haber alianzas temporales, pero tarde o temprano el uno quería imponerse sobre el otro y los hermanos llegaban a los golpes. Cuando eran niños, algunos de los muchachos recibieron horribles heridas de esas armas de plasma de juguete. Algunas de las madres rivales les enseñaban a sus hijos a colocar formas de pensamiento de demonios imaginarios en los sueños de los otros pequeños. Las mujeres aprendieron que si los hijos se mantenían en el poder, también lo harían ellas. Empezaron a descuidar a sus hijas y sólo se preocupaban por buscar matrimonios poderosos para las pobres.

Una reunión familiar a menudo era un desastre y a veces llegaba a convertirse en un motín. Los muchachos peleaban y sus madres los azuzaban. Normalmente Enki se retiraba en medio del temor y el desespero. Nunca le gustó disciplinar a nadie.

Después de mucha pugna y engaño, a Marduk se le dio Egipto para que lo gobernara. Enki prefirió quedarse en el Abzu trabajando en sus proyectos genéticos, de modo que le entregó el dominio del río Nilo y los territorios adyacentes a su Señoría Marduk. Inmediatamente Marduk empezó a construir enormes estatuas monolíticas de sí mismo por todas partes. Estas obras de arte aumentaban su belleza y tenían como fin intimidar o aterrorizar a los Lulus. El mandato por medio de la intimidación era el código de Marduk. Todos los tiranos de la historia de la Tierra de un modo u otro se inspiraron en el primogénito de Enki.

Como Egipto era el dominio de Enki, su prole quedó encargada de regular los patrones climáticos alrededor del Nilo. De este modo se controlaba el suministro de agua y se evitaban las inundaciones. En Nibiru el control del clima se hace por medio de reguladores de frecuencia. En Terra un satélite en forma de disco de electroplata y oro cruzaba los cielos y, por medio de emisiones magnéticas que ustedes todavía no conocen, se regulaban las cantidades de agua y la formación de nubes. Este procedimiento hizo que los Lulus pensaran que nosotros controlábamos el sol y que nosotros éramos dioses a los que ellos debían adorar. A Marduk le encantó esta idea y se autodenominó el Dios del Sol, Ra, y por todo Egipto fundó templos donde se le adoraba. Él era sumamente presumido y siempre quería salirse con la suya.

Dios Sol, el Brillante, Poseedor de Cielo y Tierra y casi todo título que se les daba a los otros dioses Marduk se lo apropiaba tarde o temprano. Hasta Enki le tenía miedo. Parecía que Marduk tenía el poder de someter la mente de Enki; ejercía una especie de control mental sobre su padre. De algún modo toda la fuerza de Enki se transfería a Marduk, lo que dejaba a Enki impotente.

*

A la gran pirámide de Giza la llamábamos el Ekur, una palabra que quiere decir casa que es como una montaña. Enki y sus hijos construyeron este Ekur en Giza. Marduk escogió el sitio y Ningishzidda, el hijo de Enki y Ereshkigal, instaló la tecnología Pleyadense adentro. La pirámide era el generador principal de poder que usábamos en todos nuestros vehículos espaciales, los discos que controlaban el clima y los sistemas de comunicación. En esa época lass transmisiones de las Pléyades, de nuestro planeta Nibiru y de la estación de órbita, llegaban al Ekur. Aquel que controlaba la gran pirámide ejercía el poder en la familia.

Marduk y Nergal empezaron a luchar por el control del Ekur. Marduk hizo clones de sí mismo y formó un ejército de guerreros feroces y matones, grandes de estatura y fácilmente reemplazables. Con estas legiones de clones atacó los ejércitos de Nergal y sobrevino la guerra. Cuando los hijos de Marduk lograron apoderarse del Ekur, los venció la ambición y la avaricia. Empezaron a reñir entre ellos mismos y movieron sus legiones hacia el portal espacial que pertenecía a Enlil el hermano de Enki. Este atropello provocó a Enlill y a toda la familia y dio origen a una larga y sangrienta guerra familiar que terminó dividiendo a la familia de Anu en dos bandos definidos, los Enlilitas y los Enkitas.

Enlil no aceptaba que los hijos de su hermano rival Enki controlaran el Ekur y el puerto espacial. No quería entregarles el manejo de las comunicaciones entre las Pléyades, Nibiru y la estación orbital a los Enkitas. Enlil y sus hijos se pusieron a la altura de las circunstancias. Se escogió a Ninurta como jefe de las fuerzas enlilitas contra Marduk. Ninurta siendo el hijo de Enlil y Ninhursag, vivía para complacer a su padre, ejecutaba sus órdenes de una manera obsesiva y usualmente tenía éxito. Siempre me pareció que Ninurta era una persona muy rara, excesivamente egocéntrico y resentido, una especie de niño mimado. Como era el centro de atención de su madre, creció con algunas características insoportables. Cuando éramos niños Ninurta y yo peleábamos violentamente. Pero esta vez estábamos peleando juntos en el mismo bando. Como nieta de Enlil, yo soy enlilita de nacimiento. Vi con agrado que el hijo de Ninhursag saliera victorioso en las batallas para el bando de mi familia.

Mi propio padre Nannar también comandaba ejércitos. Yo insistí en ir a la batalla. Había alcanzado el nivel de Halcón Dorado en el conocimiento de las armas. Luché al lado de Ninurta y una vez le llevé un arma que necesitaba con urgencia. ¡Sospecho que fue la única vez que se alegró de verme!

La guerra fue inefablemente espantosa y usamos a los Lulus como soldados. De vez en cuando las grandes ondas de radiación llegaban a pueblos enteros y Lulus inocentes morían en cantidades. Muchos más murieron de hambre en el dominio africano de Nergal porque Ninurta evaporó todas las aguas en los ríos y chamuscó las tierras con fuego de plasma. Ninurta también usó lo que ustedes llamarían guerra química; el terrible misil Madhava envenenaba todo lo que encontraba a su paso. Había muchos tipos de armas destructivas, pero la más ingeniosa de todas era el arma Ruadra. Ésta producía un holograma de enormes ejércitos de monstruos y demonios que atacaban armados con pistolas de plasma y que emitían gritos espeluznantes de guerra. Los Lulus de Marduk nunca se imaginaron que se trataba solamente de una aparición, de modo que se dieron vuelta y huyeron dejando que los clones solos se enfrentaran a las legiones de Ninurta.

Al final de la guerra, Ninurta logró inundar el Abzu, obligando a Enki y a sus hijos a retirarse a la gran pirámide. Empleando la protección del Ekur, los enkitas generaron una pared de luz venenosa alrededor del complejo. Esta pared era un campo energético estimulado por las enormes capacidades de la gran pirámide. Ningún arma de las nuestras podía penetrarla.

Ninurta emplazó a mi hermano gemelo, Utu, y le ordenó que le cortara todos los suministros de agua al Ekur. Sin agua no podrían sobrevivir por mucho tiempo. El desespero obligó a uno de los hijos menores de Enki a escapar para buscar agua, pero en su osado intento el arma ingeniosa de Ninurta lo dejó ciego. Un miembro de la misma familia le hizo mucho daño a otro, lo que no había ocurrido antes. Hasta Marduk había utilizado asesinos para matar a mi esposo Dumuzi.

Entonces intervino Ninhursag. Ya había visto demasiado. Era algo muy vil que estuviéramos degollando sus Lulus, pero matar y lisiar a los miembros de nuestra propia familia era algo intolerable.

Le ordenó a su hijo Ninurta que le diera un vestido de protección contra la radiación y lentamente se acercó al Ekur. Nadie se atrevía a hacerle daño a Ninhursag, ni siquiera Marduk. Ella es la hija de Anu y pueden estar seguros de que Enki se sintió muy nervioso cuando ella le ordenó que bajara la pared venenosa.

Empezaron las negociaciones de paz. Ninhursag le informó a Enki y a sus hijos que Anu le había dado autoridad para poner fin a esta locura. Se le ordenó a Enki que inmediatamente se rindiera ante Enlil. Enki buscó a Marduk para pedirle consejo y éste aceptó. En esos tiempos Marduk todavía le tenía miedo a Anu.

***

X el ekur

La gran pirámide en Giza, el Ekur, es un receptor natural de energías. Incluso sin las mejoras de la tecnología pleyadense cualquier pirámide recoge y amplifica las frecuencias circundantes. De modo que la ira y el odio que generaron nuestras guerras se amplificaron con la presencia del Ekur. Como consecuencia del odio que sentíamos por los nuestros, la atmósfera de la Tierra se volvió pesada y se oscureció. Esta nueva densidad, esta baja en la frecuencia, estaba penetrando dentro de cada cosa viviente sobre Terra y la estaba alterando. En medio de su sabiduría, Ninhursag se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, pero el resto de nosotros no lo notó.

*

Vuestros científicos contemporáneos entienden el campo magnético que rodea a todos los cuerpos astrales, que se conoce como la magnetósfera. A medida que la magnetósfera rodea a todo el planeta, es atraída hacia las regiones polares en Terra donde se concentra. Ellos también están conscientes de que la magnetósfera protege a la Tierra de los vientos solares, que están compuestos de partículas de plasma de elevada energía que viajan a 200 millas por segundo. Estos vientos solares literalmente bombardearían el planeta si no fuera por el campo magnético circundante que desvía los vientos solares de plasma.



El plasma es el material más abundante en vuestra galaxia y, por ende, una fuente de energía apetecible. Las pirámides contenían una tecnología nuestra actualmente desconocida para ustedes que permitía acceso al plasma dentro de los vientos solares. De ahí se sacaba energía. Las pirámides se colocaron estratégicamente alrededor del planeta y se usaban como receptores de plasma. El Ekur era el receptor de energía más grande en Terra. Todas nuestras naves espaciales están dotadas de receptores similares a menor escala. Por supuesto, todos los planetas que los pleyadenses han colonizado tienen pirámides para recibir energía de plasma.

El Ekur fue diseñado para conectar el plasma de los vientos solares con el campo magnético que hay en el centro de la Tierra. Este plasma de alta energía se canalizaba como con un embudo por el eje vertical de la pirámide, mientras que el magnetismo del centro de la Tierra era dirigido hacia arriba por el mismo eje. Ambos eran concentrados en una trayectoria coherente e intensa, similar a lo que sus científicos han logrado hacer con la luz en la tecnología láser.

Miles de las que nosotros llamamos "piedras cantantes" reciben y conducen esta energía. Hay fragmentos enormes de ámbar, rubí y zafiro; cristales altos de citrina, esmeralda y aguamarina están en un orden armónico con la amatista, el diamante y el cuarzo. Muchas de las piedras serían desconocidas para ustedes, como por ejemplo el uzup, que se recoge en el sistema solar pleyadense.

Las "piedras cantantes" se colocan de una manera consecutiva en una espiral en todo el centro del Ekur. En el centro de la espiral hay un cristal azul monolítico. El ápice del cristal se alinea perfectamente con la punta de la albardilla de la pirámide para que haya una amplificación de energía magnífica. Las "piedras cantantes" son un espectáculo digno de presenciar.

Cuando el plasma entra por la parte superior del Ekur y el magnetismo entra desde la tierra, se encuentran en el cristal azul que está en el centro. Las dos energías se unen, remolinean en medio de un vórtice de poder sumamente poderoso en forma de torés, una forma geométrica que se parece a una rosca de pan. Cuando el torés se forma, las dos energías se convierten en una bella unión de fuerzas en forma de espiral. El torés de flujo magnético en consecuencia se pone en movimiento con un anillo que voltea sobre sí mismo hacia adentro y otro hacia afuera. En esta forma creamos el movimiento perpetuo.

La belleza de esta tecnología no es algo inusual para nosotros. Las formas que nosotros los pleyadenses usamos deben estar en armonía con su propósito; por eso, la función nunca es más grande que la forma. Una debe reflejarse y ser igual a la otra o se disminuye el poder. Nuestra nave espacial y nuestras ciudades son de la belleza y elegancia más perfectas.

Estoy consciente de que hay un debate en cuanto a si la cubierta exterior del Ekur era de blanco alabastro o turquesa. Era de ambos. En un lapso de 300,000 años experimentamos con diferentes cubiertas para ver cuál generaba más poder, pero la albardilla siempre fue de oro, pues éste es un magnífico conductor.

Después de firmados los acuerdos de paz, se autorizó a Ninurta para que desmontara todos los sistemas bélicos del Ekur, dejando solamente suficiente poder para controlar los climas y unos cuantos instrumentos de comunicación. Yo lo seguí hacia la gran Pirámide. Cuando Ninurta desmontó las piedras cantantes, yo le pedí unas cuantas esmeraldas. Él se negó, indicando de una forma santurrona que todas las piedras debían ser transferidas al nuevo centro de poder en Heliópolis, el dominio de Enlil.

Ninurta, que siempre era rígido e inflexible, perseguía a mi Padre Nannar a todas partes. Ambos eran hijos de Enlil, pero mi padre es tan encantador y buen mozo, tan lógicamente dotado que era evidente que entre los dos Enlil prefería a mi padre. Ninurta solamente podía esperar cumplir con sus deberes a cabalidad para ganarse la aprobación de Enlil. Por eso Ninurta era muy minucioso, muy aburrido. El deber y la integridad son cualidades maravillosas, pero Ninurta no tenía sentido del humor.

Enlil es estricto en su fidelidad a la autoridad nibiruense y, una vez que había promulgado una ley en Terra, la seguía al pie de la letra. Su hermano Enki es más flexible, más inventivo. Generalmente Enlil tomaba partido por Nibiru, mientras que Enki sentía un amor profundo por Terra y los Lulus y a menudo luchaba por el mejoramiento de la humanidad.

Como parte del acuerdo de paz, Enki hizo ciertas exigencias en favor de los Lulus quienes habían sido muy perjudicados por nuestra guerra. Se destruyeron muchas ciudades y los Lulus murieron en grandes cantidades. Enki exigió que se restauraran las ciudades que habían quedado en ruinas y que se construyeran nuevas. El quería dar a los Lulus la posibilidad de ser más que trabajadores esclavos. Por lo tanto se decretaron leyes que les daban la oportunidad de escoger trabajo con base en sus talentos. Se les proporcionó una extensa variedad de ocupaciones y roles más productivos en sus estructuras sociales.

Como consecuencia de la devastación de la guerra, se les limitó el poder a los hijos de Enki. Marduk se enfureció cuando se enteró de que a su medio hermano Ningishzidda le habían otorgado Giza y el bajo Egipto. Ningishzidda era considerado neutral en la división familiar porque es hijo de Enki, pero su madre, Ereshkigal, es la nieta de Enlil. Marduk codiciaba todo Egipto; él quería el mundo entero.

A Ninurta se le dio el control de la nueva capital de Sumeria, Kish, lo que le dio aún más poder y enfureció más a Marduk. El quería Kish y el dominio de Sumeria, así como su ciudad favorita, Babilonia. Todos amábamos Babilonia; era tan hermosa en aquellos días y sus famosos jardines eran el marco para muchos de nuestros festivales más famosos. La gente de Babilonia me llamaba Ishtar, y en mi honor construyeron un hermoso portón de piedra cubierto de oro y lapislázuli. Si viajan allá hoy, en la ciudad vieja podrán ver vestigios de los templos que construimos para nosotros.

A Marduk le habían arrebatado la mayoría de los dominios que deseaba. Cavilando sobre sus pérdidas, decidió tomar acción secreta y se inventó un plan para utilizar a los Lulus en contra de los otros dioses.



Siguiendo un programa de austeridad, disciplinas de concentración intensas, Marduk activó su voluntad de cobra. Por medio de cristales y rayos de frecuencia colocó formas de pensamiento en las mentes receptivas de los Lulus. Su magia tuvo mucho éxito ¡Por primera vez a los Lulus se les ocurrió que podrían ser iguales a nosotros! Despertaron en la noche con una visión: una torre enorme que llegaba hasta el cielo y el conocimiento de cómo construirla.

Parecía como si los Lulus llegaran de todas las partes de la Tierra mientras se reunían en las llanuras en las afueras de Babilonia. Empezaron a construir una torre que llegara hasta el cielo donde podrían exigir igualdad de parte de los dioses. ¡Algo muy peligroso! Marduk debió de haber pensado que más tarde podría quitar esa tontería de sus cerebros. ¡El Dios Marduk da, y el Dios Marduk quita!

En esa época, los Lulus solamente requerían de un lenguaje muy sencillo. Los conceptos complejos no se encontraban en su idioma porque su vocabulario estaba restringido a las palabras que necesitaban para ejecutar trabajos manuales u obedecer órdenes. Pero aún poseían restos de sus habilidades telepáticas originales desde la época en la que todavía estaban en armonía con los animales de Terra. Esas habilidades telepáticas estaban funcionando en pleno cuando de una forma misteriosa empezaron a reunirse para construir su torre hasta el cielo.

Cuando Enlil se dio cuenta de lo que los Lulus estaban haciendo, se apresuró al lugar, caminó entre ellos y los amonestó para que suspendieran el proyecto. Les dijo que este acto era algo contra la voluntad de sus creadores y que deberían detenerse o de lo contrario serían castigados. Para sorpresa de Enlil hicieron caso omiso de sus palabras. Era como si nunca lo hubieran visto. Enlil se deprimió. Solamente un Dios podría producir esta magia y el único que él se imaginaba que podría hacerlo era el despreciado hijo de Enki, Marduk. Enlil sabía que tendría que tomar medidas drásticas y generar un campo energético más poderoso que el de Marduk.

Enlil destruyó la torre de Babel con un rayo de partículas. Los Lulus quedaron estupefactos. La mayoría murió y los que tuvieron la mala suerte de vivir experimentaron las agonías que produce la radiación. Además su memoria había sido removida. Los Lulus caminaron tambaleando sin rumbo, sin saber a dónde ir o de dónde habían venido. Era algo deprimente. Cada Lulu empezó a sentir una pared invisible de separación que crecía a su alrededor por toda la Tierra. Las ciudades y los pueblos quedaron invadidos por las frecuencias de separación de Enlil. Y a partir de ese momento todos los humanos fueron animados a poner de relieve su heterogeneidad y a desarrollarla. Para cada región se crearon nuevos idiomas; unas razas empezaron a denigrar a otras y a la gente se le enseñó a temerse mutuamente. Los Lulus aprendieron a odiar y a pelear entre ellos mismos.

Por añadidura, a cada Dios le dieron nombres diferentes, hubo disputas en cuanto a cuál de los dioses era el verdadero, aunque a menudo sólo se trataba del mismo Dios, pero con un nombre diferente. A mí me decían Ishtar, Venus, Hathor, Afrodita, Lakshmi, Rhiannon y muchos otros nombres. Se fomentó la disensión entre los Lulus. Nunca más se les permitió a sus antepasados unirse contra nosotros y nunca más recordaría la especie humana que todos venían de la misma fuente: una criatura salvaje de Terra y mi tía abuela Nin.


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