El sentido que los funcionarios de carabineros dan a sus prácticas como policías en la sociedad chilena



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El sentido que los funcionarios de carabineros dan a sus prácticas como policías en la sociedad chilena.

Victor Hugo Lenin Acuña Jimenez

Universidad Academia de Humanismo Cristiano y Paradoxus. (Chile)

Resumen


Las policías son un anclaje importante entre el Estado y la ciudadanía, ocupando un lugar estratégico en la sociedades modernas (Althusser, 1988; Melosssi, 1992; Foucault M. , 1990; Recasens, 1989; 2003). Parte de la policía Chilena, Carabineros de Chile, es una de las instituciones que más encuentros tienen con la población (Palacios, 2005) marcando la relación Estado-ciudadanía.

Con perspectiva cualitativa, se analiza cómo se articulan: los procesos de formación, la carrera institucional, las razones para ser Carabinero, los significados que otorgan a la labor policial, las condiciones de trabajo, su sentido de comunidad y la interacción con la violencia, entre otros elementos que emergen desde los propios relatos de estos policías, considerado los marcos: normativos, subjetivos y las posiciones en que ellos se sitúan en su relación con otros, visibilizando el predomino de los elementos normativos institucionales, en la construcción subjetiva que luego despliegan en su interacción con la ciudadanía.

Policía, Ciudadanía, Carabineros de Chile, Subjetividad, Sentidos, Métodos Cualitativos.

Introducción


El presente trabajo reflexiona acerca de los sentidos que los funcionarios de Carabineros de Chile, le dan a sus prácticas como policías en la sociedad Chilena, desde el prisma de las condiciones normativas, subjetivas y posicionales, desde el que diversos autores, (Abric, 1994;Aceituno, Asún, Ruiz, Reinoso, Venegas, & Corbalán, 2009; Bourdieu, 1993; 1997; Foucault, 1976; 1980; 199;Paniagua, 2012), indican es posible estudiar y comprender los vínculos entre los determinantes estructurales e institucionales y las diversas formas de apropiación de los individuos, construcciones subjetivas, que se desarrollan en y desde un espacio relacional en el que se manifiestan posiciones y funcionamientos para los sujetos.

Desde esta mirada se sostiene que en el campo de las prácticas, prácticas sociales (Bourdieu, 1997; 1993), se configura el espacio de constitución mutua e imbricada, tanto de lo individual como de lo colectivo. Por lo que este trabajo presenta una perspectiva histórico social desde un enfoque interaccional, que en una mirada desde abajo hacia arriba se pregunta por los sentidos, que dan los propios actores, en este caso los carabineros de Chile, a su campo de acción, para observar desde ahí como narran desde su práctica, su propio lugar en relación a la matriz Estado–ciudadanía y su relación con los otros de la comunidad.

La relación Estado-ciudadanía, habla particularmente de las sociedades modernas, donde la articulación del Estado, al igual que sus aparatos y lógicas, han sido unas de las claves para el estudio de la articulación social (De Sousa Santos, 2005; Engels, 2000; Foucault M. , 1990; 1976; García, 1996; Melosssi, 1992; Weber, 1981). Donde la policía ha ocupado un lugar estratégico, no exento de cuestionamientos y conflictos, (Althusser, 1988; Melosssi, 1992; Foucault M. , 1990; Recasens, 1989; 2003), poco visibilizados a nivel de la trama de relaciones, operando desde el binomio Inclusión/exclusión que caracteriza el pacto social fundante de la modernidad y el Estado (Foucault M. , 1991; Basaglia, 1973; Melosssi, 1992).

Por otra parte la llamada postmodernidad, rearticula y en algunos casos diluye “los órdenes de sentido”(Lipovetsky, 1986), entre ellos el mismo Estado, diversificando las demandas de modificaciones democratizadoras y participativas de distinto orden, modificando el pacto social y realzando una nueva formación de subjetividades (Benhabib, 2006; Taylor, 1993).

A nivel mundial, las respuestas de los Estados a estos procesos han sido diferentes, desde la aplicación de reformas constitucionales, la caída y reconfiguración de gobiernos, hasta la construcción de marcos regulatorios que entregan mayores herramientas y recursos normativos a los diversos aparatos del Estado, incluyendo sistemas judiciales y policías, estos últimos presentes sin excepción en cada uno de los focos de conflictos como representantes del Estado y principales responsables del “Orden Público”, bajo la matriz tradicional, que delega en ellos la concentración del uso legítimo de la violencia, que a su vez presenta un poder con fines jurídicos, de disponer, pero también de ordenar, teniendo con ello limites aún más vastos que los del propio Estado, con el objetivo de conservar el orden mismo. (Benjamin, 1982; Arias & Zuñiga, 2008; Foucault, 1990)

En Chile, el modelo policial, consiste en la existencia de dos policías de carácter Nacional: una militarizada que cumpliría principalmente funciones preventivas y de seguridad pública, Carabineros de Chile; y otra civil que actuaría como auxiliar de la Justicia en la investigación de delitos, de ahí su denominación como Policía de Investigaciones de Chile, PDI. (Früling & Candina, 2001), siendo la primera de estas policías, Carabineros de Chile, aquella que presenta un mayor encuentro en su quehacer con las comunidades en las que ejercen su labor(Früling & Candina, 2001) dada la multiplicidad de sus funciones, la dotación de funcionarios, recursos y despliegue territorial. Lo que, sumado a su carácter uniformado, no solo les hace más visible con la población, sino que representa de manera más directa la relación Estado-comunidad.

Por otra parte, dada la historia dictatorial reciente en casi todos los países de la región, incluido Chile, así como por la magnitud de la violencia (Frühling, 2009), tanto callejera como policial, es que se ha acentuado la preocupación por la seguridad y la modernización del Estado, y sus aparatos, en procesos de reformas que consoliden la democracia, para lo cual es imprescindible la reformas policiales hacia una policía democrática (Früling & Candina, 2001), encontrando como un obstáculo la tradición de “opacidad” de las policías, que producen y utilizan, en articulación con otros aparatos del Estado, gran cantidad de información sobre los ciudadanos, mientras que existe poco conocimiento de ellas, tanto por parte de la ciudadanía como de las ciencias (Frühling, 2009; Palacios, 2005), lo que se acentúa respecto del conocimiento sobre los propios funcionarios que componen los cuerpos policiacos (Barros, 2006; Fernández, 1994; Martinez & Sorribas, 2014; Monjardet, 2010; Suarez, 2006) en relación tanto a su labor como a sí mismos, puesto que, en general, estos sentidos, vivencias y narrativas, se ven postergados por los discursos institucionales, la propia estructura jerárquica, así como por los discursos del Estado, los medios de comunicación y la misma población, que les posicionan a priori en un lugar particular dentro de las relaciones con la comunidad y ciudadanía. (Recasens, 1989; 2003; Monjardet, 2010)

Este trabajo se funda en la investigación del mismo nombre, realizada para la obtención del grado de Magister en Psicología Comunitaria en la Universidad de Chile, la que estudia a Carabineros de Chile, bajo una tradición para pensar la policía, como aparato y sistema (Recasens, 2003; 1989), para lo cual revisó su desarrollo histórico en el amplio sentido de la palabra, sin embargo por un tema de espacio solo se hará referencia a los elementos centrales, que nos permiten entender los elementos de sentido que se articulan.

La metodología utilizada en este estudio, tuvo un carácter cualitativo privilegiando una técnica conversacional como herramienta de construcción de datos, las entrevistas semi directivas a diversos funcionarios, de distinto: rango, género, años de servicio e incluyendo funcionarios en retiro, las que se trabajaron a través del análisis de contenido en Teoría Fundada (Grounded Theory), en la que se relevan, desde la emergencia de los propios relatos de los Carabineros, los sentidos de sus prácticas, la que se complementa con un análisis de discurso transversal que pone en tensión los elementos emergentes con la estructura social.

Desde este análisis, los entrevistados hablan de: los procesos de formación, las razones para ser Carabinero, los significados que otorgan a la labor policial, las condiciones de trabajo, su sentido de comunidad, las relaciones con otros y la interacción con la violencia; elementos que se imbrican de manera compleja y en los cuales predominan los elementos normativos institucionales, como: la jerarquía, la diferencia entre los rangos (incluso antes de entrar en la Institución), los desarrollos de la carrera institucional y las diferencias asociadas a esta arquitectura, como elementos centrales en la construcción de su subjetividad y las posiciones que toman en la sociedad chilena, de la cual se encuentran distantes, conociendo y relacionándose desde la generalización y los estereotipos, desde los etiquetamientos (Scandroglio, López, & San José, 2008; Tajfel, 1981). Lo que permite analizar las condiciones que facilitan el ejercicio de la violencia, hacia y desde ellos, legitimados desde los conceptos de orden y seguridad, así como los obstáculos y estrategias para el desarrollo de una policía democrática (Fruhling, 2000).


Sobre las Policías Latinoamericanas.


“como señala Fals–Borda (1992), la gente se acostumbró al Estado–nación centralizado como si fuera algo dado y natural… sin que los resultados sean para nada satisfactorios. Así explica la necesidad de refrenar el violento poder estatal y dar la oportunidad a la sociedad civil, en un esfuerzo participativo de abajo hacia arriba y de las periferias hacia los centros.”

(Jiménez-Domínguez, 2004, pág. 139)

El concepto “policía”, que suele ser homologado a la noción de “función policial”, si bien es útil para el mantenimiento del poder de las clases dominantes durante los siglos XVI-XVII, se hará imprescindible tras la toma de poder del Estado por la burguesía durante los siglos XVIII-XIX, después de la cual la policía se constituye como aparato estratégico del Estado (Althusser, 1988; Recasens, 1989; 2003), en el contexto de la consolidación de los Estados Naciones, siendo inseparable del análisis de este proceso, aun más en el caso latinoamericano.

A grandes rasgos, la consolidación de los Estados Naciones latinoamericanos se encuentra entrelazado con el choque cultural, así como por los vaivenes de la articulación y rearticulación política. El componente indígena, leído siempre como amenaza a controlar se encuentra inserto en el seno de los Estados nacientes, elemento acentuado en el caso Chileno por la fuerte resistencia mapuche, (De-Ramón, 1992; Geisse, 1976). Así la diferencia entre los cuerpos militares y policiacos que se dieron en Europa, fueron mucho más difusos en América.

Mientras que, en los países anglosajones, se desplaza el rol militar en el mantenimiento de la seguridad pública, hacia una policía moderna como institución especializada en el uso de la fuerza regulada para restablecer el orden social (Frühling, 2009), en Latinoamérica, por diversos factores, se mantendrá hasta nuestros días, con mayor o menor intensidad, una poca diferenciación del aparato militar con el aparato policial, estableciendo un énfasis en el entrenamiento militar, que fomenta las lógicas diferenciadoras y segregadoras, siendo antagónico a la formación de policías democráticas. (Recasens, 1989; Frühling, 2009)

La construcción o búsqueda, según sea el paradigma desde el que se observa, de la Identidad Nacional, como forma de consolidar los Estados Naciones nacientes, no se encuentran exentos de conflictos internos y externos (Larrain, 2001). Así, Golpes de Estado y guerras, internas y externas, han sido frecuentes en la historia de los distintos países de Latinoamérica, lo que ha tenido incidencia en las construcciones de los Estados y policías.

Las policías latinoamericanas, desde sus orígenes han tendido a ser objeto de instrumentalización política, por parte de los gobiernos, mientras en su mayoría son tributarias de un modelo de organización jerárquica, centralizada y de tipo militar (Frühling, 2003), complementado, durante las décadas 50 y 60, por la "doctrina de la Seguridad Nacional", precursora de los brotes dictatoriales cívico militares que afectan la región desde la década de los 60’ y donde la participación de las policías sería activa, debiendo a este periodo su arquitectura actual, su autonomía del poder político y su “subcultura policial”, que explica en parte su aislamiento social. (Tudela, 2011; Frühling, 2009; Recasens, 2003).

Luego las transiciones democráticas, han requerido “recuperar a las policías”, cambiando paulatinamente el paradigma de la seguridad nacional y el orden público por el de la seguridad ciudadana (Tudela, 2011), en un contexto donde las policías de la región se encuentran en cuestionamiento por : i) su poca efectividad para enfrentar el delito, ii) el margen discrecional de las facultades de la policía; iii) la desigualdad notoria y creciente en la provisión del servicio de vigilancia policial, la que se agrava por la posibilidad de los sectores más pudientes de contratar servicios de seguridad privados; y, iv) Las limitaciones de los mecanismos de fiscalización y control, tanto de la gestión policial, como de los abusos y corrupción. (Tudela P. , 2011; Fruhling, 2000)

En este contexto se han dado los procesos de reforma policial que ponen como desafío la constitución de policías democráticas, Frühling (2009), para lo cual, es necesario: 1-. Asegurar la supervisión gubernamental y la independencia operativa de la Policía; 2-. Diversificar y fortalecer los mecanismos de supervisión respecto de la Policía; 3-. Construir un sistema policial y; 4-. Realizar ajustes al modelo policial vigente, donde se pueda modificar el carácter militar a modelos más acordes a una policía civil. (Frühling, 2009)

Es en este contexto en donde es posible organizar los sentidos que los Carabineros dan a sus prácticas como policías de la Siguiente forma:


Distintos Ciclos Vitales y el despliegue de la Carrera Institucional


En Carabineros de Chile existen dos Escalafones de formación y desarrollo de la Carrera Institucional el Escalafón de Oficiales, Personal de Nombramiento Supremo (PNS) y el de Personal de Nombramiento Institucional (PNI), también llamados Carabineros rasos.

En el año 2012, Carabineros de Chile era una fuerza integrada por 44.500 funcionarios uniformados y 3.400 civiles. Del personal uniformado, 38.500 (el 86,5%) son hombres mientras solo 6.000 (4,5%) son mujeres. Por otra parte, de este mismo grupo 3.500 (7,8%) son Personal de Nombramiento Supremo (PNS) y tienen el rango de Oficiales, mientras que 41.000 (92,2%) son Personal de Nombramiento Institucional con el rango de Carabineros, Cabos o Suboficiales. (Direccion General de Carabineros, 2012). Lo que muestra claramente una arquitectura jerárquica, de clase y patriarcal, propia de los cuerpos militarizados.

Los ciclos de vida de los Carabineros entrevistados se organizan de diferentes formas, según el escalafón al que se pertenece, los escalafones determinan distintos rangos y jerarquías, los límites en años de la carrera institucional, así como las posibilidades de reinserción en la vida civil. Los oficiales no tienen límite de años de servicio, pudiendo exceder incluso los 30 años (límite en escalafón de Carabineros, PNI), pueden ascender en la estructura jerárquica, sin limitaciones hasta incluso pasados los 60 años de edad, pudiendo llegar al rango de Director General, por lo que existe poca necesidad de reincorporarse en la vida civil, Cosa que se da de una manera completamente distinta en el escalafón de Carabineros rasos, PNI, donde el ascenso en la escala jerárquica siempre se encuentra limitada a rangos menores que los oficiales y su carrera se encuentra limitada en años de tal forma que su reinserción en la vida civil es una necesidad.

El ciclo de vida de los Carabineros se articula con la “Carrera Institucional”, donde convergen condiciones previas al ingreso a la institución, las condiciones de formación y posteriormente las condiciones de vida y de trabajo. De esta manera existe un continuo que reproduce las condiciones previas, de privilegio o precarización, que inciden fuertemente en la elección de los procesos de formación, y posteriormente a los escalafones a los que se acede.

Según estas condiciones previas, a la Escuela de Oficiales, única y ubicada en Santiago, ingresarían postulantes de Santiago, familiares de carabineros, lo que les permite tener las redes para que sean aceptados en dicha escuela y de una situación económica que les permite pagar el proceso de formación. Todo esto, dado a que las vacantes son mucho menores respecto de la Escuela de Carabineros, puesto que serían formados para dirigir. Mientras que en la Escuela de Carabineros habiendo más vacantes y sucursales a lo largo del país, ingresarían personas que buscan en carabineros una oportunidad laboral estable, puesto que vienen de familias pobres, generalmente del Sur de Chile, donde los trabajos son más escasos.

La elección por una de las Escuelas o la otra, se daría principalmente por razones económicas, el nivel de conocimiento de la institución y por las redes que permiten este conocimiento y apoyan o recomiendan las postulaciones, repitiendo el modelo segregador de la Educación Superior en Chile.

Desde esta diferencia, los procesos de formación son diferentes, tanto en tiempo como en orientaciones. La escuela de oficiales orientada a la formación para dirigir, mientras que la escuela de carabineros estaría orientada a la ejecución. Ya en este proceso es que se establecen las condiciones de jerarquía, que distribuyen los apoyos y abusos. En estos procesos, las condiciones de vida de los Oficiales se mantienen similares, puesto mantienen los círculos sociales pre existentes, puesto que vienen de familias de Carabineros, viven en villas fiscales y “se conocen todos”, por la centralidad de la formación, así como por el menor números de funcionarios, entre los cuales se daría una solidaridad e identificación intragrupo. En el caso de los Carabineros rasos, la formación en la mayoría de los casos ya implica cierto desarraigo, generalmente involucra traslados importantes desde los lugares de origen, para en ejercicio vivir en las comisarías, o bien muy cerca de ellas, dadas las condiciones de trabajo, así la solidaridad se daría en torno al uniforme.

Si bien, las condiciones de trabajo son extremas y no presentan ningún derecho laboral o posibilidad de demandarlos, por la alta influencia que tienen las jefaturas, es que los oficiales, “se arreglan” entre ellos para hacer más llevaderas dichas condiciones, mientras que, los Carabineros rasos, deben adaptarse, por lo que invisibilizan los posibles abusos y no reclaman, por las posteriores consecuencias que esto podría traer. Dados estos elementos es que se valora la experiencia en terreno, la cual pone en una posición de relevancia a “los antiguos”, quienes llevan más tiempo en la institución y enseñan a los más nuevos, tanto las funciones y procedimientos, las “mañas” y estrategias para desarrollar la carrera institucional, en la medida que su conocimiento les da mayor incidencia. Es por ello, donde uno de los puntos de conflicto interno, se da en la superposición de las relevancias entre las jerarquías y la experiencia, entre los carabineros de menor rango con mucha experiencia y los de mayor rango y menor experiencia. (Para un panorama más gráfico puede observar la Ilustración 1: Elementos y relaciones en el despliegue de la Carrera Institucional en los anexos)


Ser Carabinero. Una forma de Vida.


Para los Carabineros entrevistados, la vida se articula desde el trabajo, el “ser Carabinero es una forma de vida”. Esta forma de vida se encuentra caracterizada por la distancia y separación que tienen con el mundo de los civiles, generalmente demandante, con el cual solo se relacionan desde su trabajo, sin tener puntos de encuentro diferentes, tanto por las condiciones de trabajo, como por lo que su labor les impone en su vida cotidiana. Uno de los pocos espacios fuera del trabajo es la familia, la cual se constituye como un soporte y vínculo con el resto de la sociedad, debiendo adaptarse también a la vida policial, lo que les hace una familia particular. Esta forma de vida se encuentra determinada por las condiciones de trabajo, puesto que estas no les permiten la planificación ni el arraigo, dados los traslados, las horas de salidas, los turnos y los riesgos. Ser Carabinero es una renuncia, mediada permanentemente por la incertidumbre.

Estos elementos se articulan en con la falta de tiempo (Tiempo libre, tiempo para reflexionar y tiempo para actuar en la contingencia), siendo una estrategia utilizada el “no pensar”: en los riesgos que corren, en las condiciones de trabajo, ni tampoco en las vivencias y traumas a los que se enfrentan desde su labor policial, pero también con “El Control”: del cuerpo, las emociones y situaciones a las cuales deben responder con rapidez. Ambos elementos se comienzan a formar desde la Escuela en lo que llaman “la formación del temple” y se sigue formando en el ejercicio de la función policial, es por ello la importancia de la experiencia de los “antiguos” que tienen más tiempo en ejercicio, desde los cuales se aprende.

Por último el uniforme encarna el “ser” del Carabinero, así como la representación de la Institución en la sociedad y la responsabilidad que ello conlleva. Es desde este marco simbólico desde el que se relacionan con los otros y configuran su identidad. (Para un panorama más gráfico puede observar la Ilustración 2: Elementos de la forma de vida del Carabinero e Ilustración 3: Elementos Mediadores de la Relación de Carabineros y «la gente». Posiciones en la Sociedad Chilena incluidos en los anexos de este trabajo)

Conclusiones


Los sentidos que los funcionarios de Carabineros le dan a sus prácticas, presentan una preponderancia de las condiciones normativas, institucionales, que se integran desde los procesos formativos y se potencian desde la relación con los pares, constituyendo “la forma de vida” que exige la función y que arrastra las condicionantes históricas de los cuerpos militarizados Latinoamericanos. La tradición militar en la estructura (que implica los procesos diferenciados de cada escalafón) reproduce la estructura de clase, asegurando la mantención de las decisiones en la misma clase dominante, que sumado a la segregación territorial de Chile, genera que quienes dirigen las decisiones de los cuerpos policiacos no siempre conocen los territorios y modelos culturales de donde trabajan, sobre todo en los estratos más precarizados. Por otra parte, las formas en que se desarrolla la construcción subjetiva, del “ser Carabinero”, en contexto de inmediatez e incertidumbre, se hace en aislamiento del resto de la comunidad, con la que comparten pocos espacios.

Este aislamiento les posiciona para relacionarse con la comunidad desde la generalización y el etiquetamiento, funcional a la toma de decisiones en contexto de inmediatez, pero a su vez les permite observarse a sí mismos desde el ideal de esa misma generalización, “ayudar a los otros”, “ser un amigo en el camino”, que les despersonaliza, elemento que se potencia con la significación del uniforme, lo que facilita la interacción violenta desde y hacia estos policías.

Desde estos elementos, es que es fundamental generar cambios institucionales en Carabineros de Chile, democratizando la institución, generando un escalafón único que promueva la movilidad y el ascenso a espacios decisionales a policías de distintos orígenes, etnias y género, de manera de ser más consistente con la diversidad social donde trabajan. En el mismo sentido, es necesario establecer condiciones de apertura tanto en las condiciones de formación y de trabajo, promoviendo los espacios de encuentro entre las policías y la comunidad, de manera de abrir la multiplicidad de miradas reduciendo los estereotipos y generalización respecto de los otros.

Para una policía democrática es necesario “humanizar” a los policías, revertir la “despersonalización”, para lo cual es necesario tratarles como personas, considerarles también como sujetos de derecho, fomentar los espacios de reflexión, promover el tiempo libre y diversificar las lecturas de la sociedad y de sí mismos. A fin de cuentas, romper con la tradición militar univoca que les pone históricamente en un lugar apartado de la sociedad.


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