El significado del matrimonio



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EL SIGNIFICADO DEL MATRIMONIO
No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.19 Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón, 20 dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. 21 Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo.2 Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor.23 Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo.24 Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo.25 Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella 26 para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, 27 para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.28 Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo ,29 pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo.31 «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo.» 32 Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia. 33 En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.
(Efesios 5:18-33, Nueva Versión Internacional) (Creo se vería mejor como nota al pie de página, sólo la referencia)

U N O
EL SECRETO DEL MATRIMONIO


“…dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo. Esto es un misterio profundo…” (Efesios 5:31-32)
Estoy cansado de escuchar pláticas sentimentales sobre el matrimonio, en las bodas, en la iglesia y en la Escuela Dominical; mucho de lo que he escuchado sobre el tema tiene tanta profundidad como una tarjeta de Hallmark.* (¿Se puede cambiar por Wallmart?)

El matrimonio son muchas cosas, pero no es algo solamente sentimental. El matrimonio es glorioso, pero difícil. Es gozo ardiente y fortaleza, pero también es sangre, sudor y lágrimas, derrotas humillantes y victorias qu nos dejan cansados. Ningún matrimonio que apenas tenga unas cuantas semanas, pudiera ser descrito como un cuento de hadas hecho realidad. Por lo tanto, no es sorprendente que la única frase en el famoso discurso de Pablo en Efesios 5, con el que muchas parejas se pueden identificar, es con el versículo 32, impreso arriba. Algunas veces te metes en la cama, después de un largo y difícil día de tratar de entenderse uno al otro, y sólo puedes suspirar: ¡Esto es un misterio profundo! Otras, tu matrimonio parece ser un acertijo sin solución, un laberinto en el que te sientes perdido.


Yo creo todo esto y aún así, no hay otra relación entre seres humanos que sea más grande o más importante que el matrimonio. En el relato de la Biblia, Dios mismo ofició en la primera boda (Génesis 2:22-25). Y cuando el hombre ve a la mujer, rompe en poesía y exclama: ¡Al fin! Todo en el texto proclama que el matrimonio_ después de nuestra relación con Dios_, es la más profunda relación que hay. Y es por eso que, al igual que llegar a conocer a Dios, es aprender a conocer y a amar a tu cónyuge. Es difícil y doloroso, pero gratificante y maravilloso.

El Deterioro del Matrimonio
Durante los últimos cuarenta años, los “principales indicadores sobre el matrimonio” _descripciones empíricas de la salud y la satisfacción en el matrimonio en los Estados Unidos_, han ido en constante declive. La tasa de divorcio es casi el doble de la tasa de 1960. En 1970, el 89 por ciento de todos los nacimientos eran de padres casados, pero hoy en día, solamente son el 60 por ciento. Aún más revelador es que más del 72 por ciento de los adultos estadounidenses estaban casados en 1960, pero sólo el 50 por ciento en 2008.
Todo esto muestra una cautela y pesimismo crecientes acerca del matrimonio en nuestra cultura, y esto es especialmente cierto de los adultos jóvenes. Ellos creen que sus oportunidades de tener un buen matrimonio no son muy grandes y _ aún y si un matrimonio es estable_, tienen en su visión el horripilante prospecto de que llegará a ser sexualmente aburrido. Como ha preguntado el comediante Chris Rock, ¿quieres estar soltero y solo o casado y aburrido? Muchos adultos jóvenes creen en verdad que éstas son las dos opciones principales. Es por eso que muchos apuntan a algo a la mitad entre el matrimonio y los meros encuentros sexuales _cohabitar con un compañero sexual.
Esta práctica ha crecido exponencialmente en las tres últimas décadas. Hoy día, más de la mitad de las personas viven juntas antes de casarse. En 1960, virtualmente, pocos lo hacían. Una cuarta parte de las mujeres no casadas entre las edades de 25 y 29 años están actualmente viviendo con un compañero, y al finalizar sus treintas, más del 60 por ciento lo estarán haciendo. Esta práctica está influenciada por varias creencias ampliamente difundidas. Una es la presuposición de que la mayoría de los matrimonios son infelices. Después de todo, dice ese razonamiento, el 50 por ciento de todos los matrimonios terminan en divorcio, y seguramente muchos del otro 50 por ciento deben ser miserables. Vivir juntos antes del matrimonio _muchos arguyen_, mejora tus oportunidades de hacer una buena elección en el matrimonio. Te ayuda a descubrir si eres compatible antes de que te arriesgues al chapuzón. Es una manera de descubrir si la otra persona puede mantener tu interés, si la “química” es lo suficientemente fuerte.
Todos los que conozco que se han casado rápidamente y no han vivido juntos antes, se han divorciado, dijo un hombre en una encuesta de Gallup para el Proyecto Nacional del matrimonio. Sin embargo, el problema con estas creencias y presuposiciones es que cada una de ellas está casi completamente equivocada.
La Sorprendente Bondad del Matrimonio
A pesar del reclamo del hombre joven en la encuesta de Gallup, “una evidencia substancial indica que aquellos que viven juntos antes del matrimonio tienen más probabilidades de romper después del matrimonio.” El vivir juntos es una respuesta comprensible de aquellos que experimentaron los dolorosos divorcios de sus propios padres, pero los hechos indican que la cura puede ser peor que la enfermedad.
Otras presuposiciones comunes son incorrectas también. Aunque es verdad que algo así como el 45 por ciento de los matrimonios terminan en divorcio, con mucho el más grande porcentaje de divorcios se presentan en aquellos que se casan antes de los 18 años, que no terminaron la escuela media superior y que han tenido un bebé antes de casarse. “Si eres una persona bien educada, con un ingreso decente, vienes de una familia intachable, eres religioso, y te casas después de los 25 sin haber procreado un bebé antes, tus probabilidades de divorcio son, de hecho, bajas”.
Muchos adultos jóvenes arguyen que hay que vivir juntos porque sienten que deben poseer una casa y estar seguros financieramente antes de casarse. La presuposición es que el matrimonio es un obstáculo financiero. Pero los estudios apuntan a lo que se ha dado por llamar Los Sorprendentes Beneficios Económicos del Matrimonio, un estudio de 1992 sobre datos sobre el retiro, muestra que los individuos que estuvieron casados continuamente tuvieron 75 por ciento más riqueza en el retiro que aquellos que nunca se casaron o que quienes se divorciaron y no se volvieron a casar. Aun más notable, se ha mostrado que los hombres casados ganan de 10 a 40 por ciento más que los solteros con educación e historias de trabajo similares.
¿Por qué sería esto? Algo de esto es porque los casados experimentan mayor salud física y mental. También, el matrimonio provee un profundo “amortiguador de golpes” que te ayuda a navegar ante las desilusiones, enfermedades y otras dificultades. Recobras tu equilibrio más rápidamente. Sin embargo, las mayores ganancias también se generan probablemente de lo que los estudiosos llaman “normas maritales sociales”. Los estudios muestran que los esposos provocan entre ellos niveles más altos de responsabilidad personal y auto-disciplina que los amigos u otros miembros de la familia. Sólo por dar un ejemplo, los solteros pueden gastar dinero imprudente y auto-indulgentemente sin que nadie les pida cuentas. Pero las personas casadas hacen que entre sí practiquen el ahorro, la inversión y la gratificación retardada. Nada puede hacer madurar el carácter como el matrimonio.
Posiblemente la razón principal de que los adultos jóvenes dudan del matrimonio es su percepción de que la mayoría de las parejas son infelices en éste. En el Foro de ¡Yahoo!, un hombre de 24 años anunció su decisión de no casarse nunca. Reportó que al estar informando de su decisión durante los últimos meses a sus amigos casados, todos se rieron y se portaron celosos. Le dijeron que era muy listo. Concluyó que al menos 70 por ciento de las personas casadas deben ser infelices en sus relaciones. Una mujer joven en una respuesta a su post estuvo de acuerdo con su evidencia anecdótica. Concordaba con su propia evaluación de sus amigos casados: De 10 parejas casadas… 7 son miserables, viven un infierno, opinó, y añadió, me voy a casar el año que viene porque amo a mi prometido. Sin embargo, si las cosas cambian, no dudaré en divorciarme de él.
Recientemente en la Revista del New York Times apareció un artículo acerca de una película nueva llamada Monogamia por Dana Adam Shapiro. En 2008, Shapiro se dio cuenta que muchos de sus amigos treintañeros casados están rompiendo. Para preparar la película acerca de esto, decidió hacer una historia oral del rompimiento _recogiendo cincuenta entrevistas a profundidad con personas que habían visto disolver sus matrimonios_, no investigó, sin embargo, a los matrimonios felices y de mucho tiempo. Cuando se le preguntó por qué no lo hizo, parafraseó a Tolstoi: “Todas las parejas felices son iguales. Lo que es decir que son aburridas. Así que no será sorprendente, concluía el reportero del Times, decir que la película, al final, presenta un punto de vista sombrío, sino es que enteramente apocalíptico, sobre las relaciones dentro del matrimonio”. La película describe dos personas que se aman mucho una a la otra pero que simplemente “no lo pueden hacer funcionar.” En otras entrevistas acerca de la película, el cineasta expresa su creencia de que es extraordinariamente difícil _aunque no completamente imposible_ para dos personas modernas el amarse uno al otro sin sofocar la individualidad y la libertad de uno y otro. En palabras del reportero, el nunca casado Shapiro _aunque espera casarse algún día y no cree que su película sea anti-matrimonio _, encuentra una “dificultad insoluble” con la monogamia. En esto refleja la visión típica de los adultos jóvenes, especialmente en las áreas más urbanas de los Estados Unidos.
Como pastor de una iglesia con varios miles de solteros en Manhattan, he hablado con incontables hombres y mujeres quienes tienen esa misma percepción negativa acerca del matrimonio. Sin embargo, subestiman los prospectos para un buen matrimonio. Todas las encuestas nos dicen que el número de personas casadas que dicen que están muy felices en sus matrimonios es alto –cerca del 61-62 por ciento- y ha habido poca disminución en este número durante la última década. Lo que es más impactante, estudios a largo plazo demuestran que dos terceras partes de esos matrimonios infelices llegarán a estar felices en cinco años si permanecen casados y no se divorcian. Esto llevó a la socióloga Linda J. Waite de la Universidad de Chicago a decir, los beneficios del divorcio se han alabado en exceso.
Durante las últimas dos décadas, la investigación muestra preponderantemente, que las personas que están casadas consistentemente muestran grados mucho más altos de satisfacción con sus vidas que aquellos que están solteros, divorciados o viviendo con un compañero. También revela que la mayoría de las personas están felices en sus matrimonios, y la mayoría de los que no y que no se divorcian eventualmente llegan a estar felices. También, los hijos que crecen en familias de dos padres casados, tienen dos o tres veces más resultados de vida positiva que aquellos que no. El veredicto abrumador, entonces, es que estar casado y crecer con padres casados son enormes impulsos para nuestro bienestar.
La Historia del Matrimonio
La creencia en la conveniencia y bondad del matrimonio fue alguna vez una creencia universal, pero eso ya no es verdad. Un reporte reciente sobre el Proyecto Nacional de Matrimonio de la Universidad de Virginia concluyó lo siguiente: “Menos de una tercera parte de las chicas (de último grado de preparatoria) y sólo un poco más de una tercera parte de los chicos parecen creer… que el matrimonio es más benéfico para los individuos que sus alternativas. Aún así, esta actitud negativa es contraria a la evidencia empírica disponible, que consistentemente indica los beneficios personales _tanto substanciales como sociales_, de estar casado comparado con permanecer soltero o sólo vivir con alguien. El reporte arguye que los puntos de vista de la mayoría de los adultos jóvenes no solamente no están sustentados por el consenso de los mayores, y en contra de la enseñanza de todas las religiones importantes del mundo, sino que tampoco están sustentados por la evidencia acumulada de la ciencia social más reciente.

Así que, ¿de dónde vino este pesimismo, y por qué está tan fuera de la realidad? Paradójicamente, pudiera ser que el pesimismo viene de un nuevo tipo de idealismo no realista acerca del matrimonio, nacido de un cambio significativo en el entendimiento _ por nuestra cultura _ del propósito del matrimonio.


El erudito legal John Witte, Jr. Dice que el anterior ideal del matrimonio como una unión de contrato permanente diseñada para el bien del amor mutuo, la procreación y la protección, está lentamente dando paso a una nueva realidad de matrimonio como “contrato sexual terminal” diseñado para la gratificación de las partes individuales.
Witte apunta que en las civilizaciones occidentales hay varios puntos de vista en disputa por cuál debiera ser la “forma y función” del matrimonio. Los dos primeros fueron la perspectiva católica y la protestante. Aunque diferentes en muchos particulares, ambas enseñan que el propósito del matrimonio era crear un marco de trabajo para la devoción y amor de toda la vida entre un esposo y una esposa. Era un lazo solemne, diseñado para ayudar a cada parte a subordinar los impulsos e intereses individuales a favor de la relación, a ser un sacramento del amor de Dios (el énfasis católico) y para servir al bien común (el énfasis protestante). Los protestantes entendieron el matrimonio como dado por Dios no solamente a los cristianos sino para beneficiar a toda la humanidad. El matrimonio creó carácter trayendo al hombre y a la mujer a un compañerismo vinculante. En particular, el matrimonio para toda la vida era visto como lo que creaba la única clase de estabilidad social en la que los hijos podrían crecer y prosperar. La razón por la que la sociedad tuvo un interés conferido en la institución del matrimonio era porque los hijos no podían florecer tan bien en ninguna otra clase de ambiente.
Sin embargo, Witte explica que un nuevo punto de vista del matrimonio emergió desde la Ilustración de los siglos XVIII y XIX. Las culturas más antiguas enseñaban a sus miembros a encontrar significado en el deber, adoptando los roles sociales asignados y desempeñándolos fielmente. Durante la Ilustración, las cosas empezaron a cambiar. El significado de la vida llegó a ser visto como el fruto de la libertad del individuo para escoger la vida que más le satisfacía personalmente. En lugar de encontrar significado mediante la auto-negación, a través de la renuncia de las libertades de uno mismo, y de la unión personal a los deberes del matrimonio y la familia, se redefinió al matrimonio como para encontrar plenitud emocional, sexual y auto-realización.

Los proponentes de este nuevo enfoque no vieron la esencia del matrimonio localizada ni en el simbolismo sacramental divino ni en la unión social dada para beneficiar a la comunidad humana en general. Más bien, el matrimonio fue visto como un contrato entre dos partes para el crecimiento y la satisfacción individual mutua. En esta visión, las personas casadas se casaban para ellas mismas, no para cumplir con responsabilidades con Dios o la sociedad. A las partes deberían, entonces, permitírseles conducir sus matrimonios en cualquier forma que consideraran benéfica para ellos, y no se les debería imponer obligación alguna hacia la iglesia, la tradición o la comunidad en general. En breve, la Ilustración privatizó el matrimonio, sacándolo de la esfera pública, y redefiniendo su propósito como de gratificación individual, ya no para el bien común como para reflejar la naturaleza de Dios, produciendo carácter o educando hijos. De manera lenta pero segura, esta nueva comprensión del significado del matrimonio ha desplazado a las anteriores en la cultura occidental.


Este cambio ha sido muy tímido. Recientemente, la columnista del New York Times Tara Parker-Pope escribió un artículo titulado El Matrimonio Feliz es el Matrimonio Yo.
La noción de que los mejores matrimonios son aquellos que traen satisfacción al individuo pudiera parecer contra la intuición. Después de todo, ¿no se supone que el matrimonio se trata de poner la relación en primer lugar? Ya no más. Por siglos, el matrimonio fue visto como una institución económica y social, y las necesidades emocionales e intelectuales de los cónyuges eran secundarias a la sobrevivencia del matrimonio mismo. Pero en las relaciones modernas, las personas están buscando una asociación y quieren socios que hagan sus vidas más interesantes que les ayuden a alcanzar las metas de valor.
Este cambio ha sido revolucionario, y Parker-Pope lo presenta sin pena alguna. El matrimonio solía ser una institución pública para el bien común, y ahora es un arreglo privado para la satisfacción de los individuos. El matrimonio solía ser acerca de nosotros, pero ahora es acerca de .
Pero irónicamente, esta visión más novedosa del matrimonio en realidad pone una carga aplastante de expectativas sobre el matrimonio y sobre los cónyuges de una manera en que los entendimientos más tradicionales nunca lo hicieron. Y nos deja desesperadamente atrapados entre los anhelos no realistas sobre el matrimonio y los terribles temores acerca de él.
La Búsqueda del “Alma Gemela” Compatible
Una clara imagen de esta expectativa puede ser encontrada en un estudio significativo del 2002 por el Proyecto de Matrimonio Nacional titulado Por Qué Los Hombres No Se Comprometen, por Bárbara Dafoe Whitehead y David Popenoe. Frecuentemente los hombres son acusados por las mujeres de ser compromiso-fóbicos, de tener miedo del matrimonio. Los autores del reporte responden que, de hecho, Nuestra investigación de las actitudes de los hombres indican que hay evidencia para apoyar esta visión popular, continúan haciendo una lista de las razones que los hombres dan del por qué preferirían no casarse, o por lo menos no tan pronto. Aún más impresionante, sin embargo, es cómo muchos hombres dijeron que no se casarían hasta que encontraran la pareja perfecta, alguien muy compatible. Pero, ¿eso qué quiere decir?
Cuando conocí a mi futura esposa, Kathy, sentimos muy rápidamente que compartíamos un número poco común de libros, historias, temas, maneras de pensar acerca de la vida y experiencias que nos traían gozo. Reconocíamos uno en el otro una verdadera alma gemela y un potencial para una unión de amistad profunda. Pero no es esto lo que muchos adultos jóvenes quieren decir cuando hablan de una pareja compatible. De acuerdo con Whitehead y Popenoe, había dos factores claves.
El primero es atractivo físico y química sexual. Uno de los temas más obvios en las entrevistas de Shapiro con personas recién divorciadas consistía en cuán crucial era que tuvieran una excelente relación sexual. Una mujer explicó que se había casado con su esposo porque Pensé que era sexy. Pero para su consternación, él subió de peso y dejó de preocuparse de su apariencia. La luna de miel se acabó. Y el camino principal que ella conocía era el sexo. Hizo una regla de no tener relaciones sexuales a menos que realmente lo deseara, pero ella casi no quería: Nos hemos asentado en una rutina donde solo tenemos sexo una vez a la semana o algo así, a lo mejor menos. No había variedad, y tampoco recompensas emocionales o mentales reales. No había ya la urgencia o la tensión que hace del sexo algo tan grandioso _ese sentido de impresionar o atraer a alguien_.
Desde su punto de vista, la atracción y la química sexual eran requisitos fundamentales para encontrar a alguien compatible. Sin embargo, el atractivo sexual no fue el factor número uno que los hombres nombraron cuando fueron encuestados por el Proyecto de Matrimonio Nacional. Ellos dijeron que la compatibilidad significaba, sobre todo, alguien que mostraba una disposición a aceptarlos como eran y no cambiarlos. Pocos de los hombres expresaron resentimiento hacia las mujeres que trataban de cambiarlos… Algunos de ellos describen la compatibilidad marital como el encontrar una mujer que quepa en su vida. ‘Si eres verdaderamente compatible, entonces no tienes que cambiar’, comentó un hombre.

Haciendo Hombres Verdaderamente Masculinos
Esto es una ruptura significativa con el pasado. Tradicionalmente, los hombres se casaban sabiendo que significaría mucha alteración personal. Parte de la comprensión tradicional del matrimonio era que civilizaba a los hombres. A los hombres se les ha percibido como más independientes; menos dispuestos que las mujeres a entrar en relaciones que requieren comunicación mutua, apoyo y trabajo en equipo. Así que uno de los propósitos clásicos del matrimonio era muy definitivamente cambiar al hombre y que fuera una escuela en donde aprendieran cómo conducir relaciones nuevas y más interdependientes.
Los hombres en el estudio revelaron estas mismas actitudes que se suponía el matrimonio iba a corregir en el pasado. Los investigadores preguntaron a los hombres a quienes estaban entrevistando si se daban cuenta de que las mujeres de su misma edad enfrentaban presiones para casarse y tener hijos antes de que _ biológicamente _, ya no fuera posible. Los hombres sabían muy bien que el posponer el matrimonio hacía más difícil para las mujeres compañeras alcanzar las metas de vida de ellas, pero no eran empáticos. Como dijo uno, Ese es su asunto.
Muchos de los hombres en la investigación fueron categóricos al respecto de que su relación con una mujer no debería restringir su libertad para nada. El reporte concluyó, El vivir juntos da a los hombres un acceso regular a las contribuciones domésticas y sexuales de una novia permitiéndoles llevar una vida más independiente y continuar buscando una pareja mejor.
En una pieza coeditada del New York Times, Sara Lipton presentó una lista de prominentes políticos casados quienes se habían negado a que el matrimonio los confinara sexualmente a sus esposas: Arnold Schwarzenegger, Dominique Strauss-Kahn, Mark Sanford, John Ensign, John Edwards, Eliot Spitzer, Newt Gingrich, Bill Clinton y Anthony Weiner. En cada caso, habían resistido los propósitos tradicionales del matrimonio: cambiar sus instintos naturales, reinar sobre las pasiones, aprender la negación de los deseos personales y servir a otros.
La explicación convencional para esto es que el matrimonio simplemente no encaja en la naturaleza masculina. En particular, se dice, la masculinidad en la mayoría de los hombres no funciona bien en el matrimonio. Se arguye que una necesidad de conquista sexual, adulación femenina, y affaires ilícitos y riesgosos parecen ir de la mano con el empuje, la ambición y la seguridad en el “macho alfa” Pero Lipton arguyó que el matrimonio era tradicionalmente un lugar en donde los hombres llegaban a ser verdaderamente masculinos: En la mayor parte de la historia occidental, la característica principal y más valiosa de la masculinidad fue el dominio propio… Un hombre que era indulgente y comía, bebía, dormía o tenía sexo en exceso _que falló en “gobernarse a sí mismo_, era considerado no apto para gobernar su casa, mucho menos a la sociedad…
Lipton, profesora de historia en SUNY Stony Brook, concluyó, Frente a recientes revelaciones acerca de la conducta sexual imprudente y auto-indulgente de tantos de nuestros oficiales electos, valdría la pena recordar que la restricción sexual fue alguna vez la medida de un hombre, no las proezas sexuales.
Sería incorrecto depositar en los hombres la responsabilidad completa por el cambio en las actitudes hacia el matrimonio. Ambos, hombres y mujeres hoy en día quieren un matrimonio en el que puedan recibir satisfacción emocional y sexual de alguien que simplemente les dejará “ser ellos mismos”. Quieren un cónyuge que sea divertido, intelectualmente estimulante, sexualmente atractivo, con muchos intereses en común, y quién, encima de todo esto, apoye sus metas personales y la manera en la que viven ahora.

Y si tu deseo es un cónyuge que no demande mucho cambio de ti, entonces también estás buscando un esposo que esté casi completamente hecho, alguien de bajo mantenimiento, sin muchos problemas personales en el camino. Buscas a alguien que no requiere o demanda un cambio significativo. Estás buscando, entonces, una persona ideal –feliz, saludable, interesante, contenta con la vida. Nunca antes en la historia ha habido una sociedad llena de personas tan idealistas acerca de lo que están buscando en un cónyuge.



La Ironía del Idealismo Pesimista
Parece casi una contradicción el creer que este nuevo idealismo nos ha llevado a un nuevo pesimismo acerca del matrimonio, pero eso es exactamente lo que ha sucedido. En las pasadas generaciones se hablaba mucho menos acerca de la compatibilidad y de encontrar la pareja ideal. Hoy en día estamos buscando a alguien que nos acepte como somos y que satisfaga nuestros deseos, y esto crea un conjunto no realista de expectativas que frustran a ambos, al que busca y al buscado.
La búsqueda de un compañero sexual satisfactorio es un problema en sí mismo. Otro reporte del National Marriage Project establece:
La cultura mediática de la pornografía puede también contribuir a las expectativas no realistas de cómo debiera verse nuestra futura alma gemela. Influenciados por las imágenes candentes de mujeres jóvenes en MTV, en Internet y en la pasarela en los especiales televisados de Victoria’s Secret, los hombres pueden estar aplazando el casarse con su novia actual con la esperanza de que eventualmente encuentren una combinación de alma gemela/nena.
Pero sería incorrecto atribuir el cambio cultural de actitud hacia el matrimonio completamente a la búsqueda masculina de la belleza física. Las mujeres están afectadas también por nuestra cultura de consumo. Ambos, hombres y mujeres hoy en día ven al matrimonio no como una manera de crear carácter y comunidad sino como una manera de alcanzar las metas de vida personales. Están buscando un compañero de matrimonio que satisfaga sus deseos, emocionales, sexuales y espirituales. Y eso crea un idealismo extremo que, a su vez, lleva a un profundo pesimismo de que nunca encuentres a la persona correcta para casarte. Esta es la razón por la que muchos aplazan el matrimonio y pasan por alto grandes prospectos de cónyuges que simplemente no son lo suficientemente buenos.
Esto es irónico. Las visiones antiguas del matrimonio se consideran tradicionales y opresivas, mientras que la visión más nueva del “Matrimonio-Yo” parece tan liberadora. Y aún así es esta nueva visión que ha llevado a una disminución acentuada de los matrimonios y a un sentido opresivo de desesperanza acerca de él. Para conducir un Matrimonio-Yo se requieren dos individuos felices, bien ajustados, con muy poco en el camino de necesidades emocionales propias o fallas de carácter que necesitan trabajarse mucho. El problema es _¡casi no hay nadie así para casarse!_ La nueva concepción de matrimonio como auto-realización nos ha puesto en una posición de desear demasiado del matrimonio y aún así no sería suficiente, al mismo tiempo.
En el clásico artículo humorístico de John Tierney Quisquilloso, quisquilloso, noblemente intenta hacernos reír con la imposible situación en que nos ha puesto nuestra cultura. Hace un recuento de muchas de las razones por las que sus amigos solteros se han dado por vencidos en sus relaciones recientes:
Pronunció mal ‘Goethe’.

¿Cómo podría tomarlo en serio después de haber visto en su librero ’La Nueva Psicología del Amor’?

Si solamente bajara cuatro kilos.

Sí, seguro, es socio, pero no es una gran firma. Además usa esos calcetincitos negros.

Bueno, empezó excelente… hermosa cara, cuerpo grandioso, linda sonrisa. Todo iba bien, hasta que se dio la vuelta _hizo una pausa ominosa y movió la cabeza_, tenía los codos sucios.
Después de repasar los anuncios personales extraordinariamente no realistas (donde la clase de compañeros deseados casi nunca existen realmente), Tierney decidió que los adultos jóvenes estaban cada vez más afligidos con lo que él llamó el Defecto-mático. Es una voz interior, un aparatito que zumba dentro del cerebro e instantáneamente detecta un defecto fatal en cualquier pareja en potencia. ¿Cuál es el propósito del Defecto-mático?
Una posibilidad que él considera es que es algo desarrollado por las personas determinadas a obtener más de lo que merecen y a rechazar a cualquiera que se parezca remotamente a ellos. Pero Tierney concluye que más a menudo no es un aparato que nos da una excusa para permanecer solos y, por lo tanto, a salvo. En sus corazones ellos saben por qué necesitan el Defecto-mático… No es algo fácil de admitir, especialmente no en el Día de San Valentín, pero lo que están realmente tratando de decir en esos anuncios personales es: lo que quiero es estar Solo.
En otras palabras, algunas personas en nuestra cultura desean demasiado de una pareja matrimonial. No ven al matrimonio como dos personas defectuosas juntándose para crear un espacio de estabilidad, amor, y consolación _un paraíso en un mundo sin corazón, como lo describe Christopher Lasch. De hecho esto requiere de una mujer que sea novelista/astronauta con trasfondo de modelaje o el equivalente en hombre.
Un matrimonio basado no en renuncia personal sino en auto-realización requerirá de un compañero de bajo o nulo mantenimiento que llene tus necesidades y al mismo tiempo casi no te reclame nada. Dicho de manera simple hoy en día las personas están pidiendo demasiado a la pareja matrimonial.
Otros, sin embargo, no quieren demasiado del matrimonio sino que más bien están profundamente atemorizados por él. Tierney cree que_ por lo menos entre sus amigos de Nueva York_, hay más personas en esta categoría. Aquellos que sueñan con la pareja perfecta son sobrepasados en número por aquellos que realmente no la desean para nada, aunque posiblemente no lo puedan admitir. Después de todo, nuestra cultura hace que los valores más altos sean la libertad individual, la autonomía y la realización; y las personas pensantes saben en lo profundo que cualquier relación amorosa significa la pérdida de todas ellas. Puedes decir, Quiero a alguien que me acepte tal como soy, pero en tu corazón sabes que no eres perfecto, que hay muchas cosas acerca de ti que necesitan ser cambiadas, y que cualquiera que te llegue a conocer de manera cercana y personal querrá cambiarlas. Y también sabes que la otra persona tendrá necesidades profundas y defectos. Todo eso suena doloroso_ y lo es_, así que no lo quieres. Y aún así es difícil admitir al mundo o a ti mismo que no te quieres casar. Así que pones tu Defecto –mático a todo volumen. Eso servirá. Mantendrá lejos al matrimonio.
Pero si evitas el matrimonio simplemente porque no quieres perder tu libertad, es una de las peores cosas que le puedes hacer a tu corazón. C.S. Lewis lo planteó de manera vívida: Así que, en nuestra sociedad somos muy pesimistas de la posibilidad de la monogamia porque somos demasiado idealistas de lo que queremos en un compañero matrimonial, y todo esto sucede porque tenemos un entendimiento defectuoso del propósito del matrimonio en sí.
Nunca Te Casas Con La Persona Correcta
Entonces, ¿cuál es la solución? Es explorar lo que la Biblia misma dice acerca del matrimonio. Si lo hacemos, la Biblia no solo explica el callejón sin salida en que está metida nuestra cultura sino también el cómo salir de él.
La Biblia explica por qué la búsqueda de compatibilidades parece tan imposible. Como pastor, he hablado con miles de parejas, algunas buscando lograr el matrimonio, otras trabajando en sostener el matrimonio y otras tratando en salvar el matrimonio. Las he escuchado decir una y otra vez. El amor no debería ser tan difícil; debería venir naturalmente. En respuesta, siempre digo algo como, ¿Por qué crees eso? ¿Crees que alguien que quiere jugar beisbol profesional diría: No debería ser tan difícil batear una bola rápida? ¿Crees que alguien que quiere escribir la más grandiosa novela americana de su generación diría: No debería ser difícil crear personajes creíbles y narrativa convincente? La réplica entendible sería: Pero esto no es beisbol o literatura. Esto es amor. El amor debería venir naturalmente si dos personas son compatibles, si en verdad son almas gemelas.
La respuesta cristiana a esto es que no hay dos personas compatibles. El profesor Stanley Hauerwas de la universidad de Duke ha planteado este punto famosamente:
Destructivo para el matrimonio es la ética de auto-realización que asume que el matrimonio y la familia son principalmente instituciones de realización personal, necesarias para que nosotros lleguemos a ser “integrales” y felices. La presuposición es que hay alguien perfecto para que nos casemos y si buscamos bien encontraremos a la persona correcta. Esta presuposición moral pasa por alto un aspecto crucial del matrimonio. Falla en apreciar el hecho de siempre nos casamos con la persona equivocada. Nunca sabemos con quien nos casamos, pensamos que lo sabemos; o aún y si nos casamos con la persona correcta _ sólo dale tiempo _ y él o ella cambiarán.



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