El Universal, Kys fm y diario 2001



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Erotismo vs porno

@giocondaespina

He escrito y hablado mucho este año (a propósito del Miss Venezuela 2013, en El Universal , Kys FM y diario 2001) sobre la obscena exposición de la intimidad en los reality shows que se multiplican por todas partes, también en Latinoamérica, incluida Venezuela; pero que también prolifera en radio, monólogos teatrales, entrevistas para el cine documental, a lo que se ha agregado todo lo que el anonimato de internet permite: videos caseros sobre tonterías en una piñata o una pijamada, videos sexuales tomados clandestinamente y luego colgados en youtube, fotos comprometedoras que corren por instagram, confesiones bajo seudónimos de supuestas ninfómanas o adictos al sexo varones que leen millones de personas sin rostro pero que suman un número en el contador de visitas. Sobre este último asunto escribió la argentina Paula Sibilia en 2008 (La intimidad como espectáculo) y Woody Allen mostró el extremo al que se ha llegado en una de sus historias en De Roma con amor (2012), aquella en que un anodino empleadito padre de familia es seleccionado al azar por un programa de TV para convertirlo en una celebridad por unos días, hasta que la audiencia se aburre de él y la empresa selecciona a otro y deja en la estacada al primero (el grande Roberto Benigni, Oscar por “La vida es bella”), en la misma zona gris, llena de deudas y sin glamour donde siempre había estado.



Mario Vargas Llosa ha escrito un libro controversial sobre el problema titulado La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012). Controversial porque responsabiliza a los teóricos postmodernos (Foucault, Derrida, Beaudrillard), así como a los antropólogos, de haber desvalorizado tanto la crítica literaria y del arte basada en el trabajo formal de una idea; también de haber incluido en el vocablo “arte” prácticamente todo lo que cualquier persona haga y se le ocurra publicar o mostrar en una galería. Radical Vargas, como ven, pero hay mucho en lo que coincidir con él. Como en la progresiva disminución del erotismo, que apenas sugiere por la vía formal, a favor de la exposición bajo un farol de 500 voltios del sexo puro y duro, un sexo similar al que podemos ver en casa entre perros o gatos. Es una involución en el largo proceso civilizatorio de la humanidad: “Es un error creer que, desacralizándolo (el) sexo pasaría a ser una práctica sana y normal en la ciudad.(Lo) fue entre los bípedos cuando no éramos humanos del todo, (cuando) era en nosotros un desfogue del instinto, (sólo) descarga física de energía que garantizaba la reproducción” (p. 110). Con Georges Bataille advierte que “Con sexo público, sano y normal, la vida se volvería más aburrida, mediocre y violenta de lo que es” (Id).

Concluye uno de sus artículos de esta recopilación con una definición de erotismo con la que también concluimos esta nota sobre uno de los efectos (terminar porno lo que se pensó eróitico) de tanta exposición ramplona de un yo, casi siempre más inventado que real, como ha advertido Sibilia. Erotismo sería, pues, la “desanimalización del amor físico, su conversión (de) mera satisfacción de una pulsión instintiva en un quehacer creativo y compartido que prolonga y sublima el placer físico rodeándolo de una puesta en escena y unos refinamientos que lo convierten en obra de arte” (pp.110-111).


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