Emerson y nietzsche dos luces para un mismo faro



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EMERSON Y NIETZSCHE

DOS LUCES PARA UN MISMO FARO

Javier Pérez de Arévalo López


INDICE
INTRODUCCIÓN


  1. PODER...................................... 5



  1. VOLUNTAD............................. 30



  1. VIDA......................................... 77

CONCLUSIONES............................... 118



INTRODUCCIÓN


Las figuras de los filósofos Emerson y Nietzsche han sido confrontadas ya en muchas ocasiones, siendo quizás los autores norteamericanos los más dados a dichos estudios comparativos, ya que mediante ellos parece que pretenden subyugar de alguna manera el pensamiento del alemán, bajo el contenido intelectual del filósofo de Concord.

Todos los estudios apuntan a destacar un paralelismo marcado entre las ideas de uno y otro pensadores, aunque siempre bajo el marco de cierta diferencia cultural que los mantenía separados en orillas diferentes de un mismo océano.

Desde mi punto de vista no era tanto una cultura contrapuesta, lo que les haría incapaces de poder encajar a la perfección, sino que sus naturalezas resultan complementarias, es decir ni idénticas, ni opuestas, sino que más bien se completan la una a la otra, de manera que al observarlas unidas se produce un fenómeno emergente, por el que obtenemos una filosofía distinta, ni la de Emerson ni la de Nietzsche, sino una especie de faro que lanza señales de dos maneras diferentes, pero que juntas adquieren características que por separado no son tan fáciles de percibir, siendo necesaria la nueva perspectiva sincrética.

El periodo entre los siglos XIX y XX, representó el final de una etapa en la cultura occidental, de la misma manera que la segunda mitad del siglo XXI lo será con respecto a toda la humanidad. En momentos así, es normal que salten a la palestra voces refractarias al fuego que consume la etapa que llega a su fin, y no porque los voceros sean reaccionarios, más bien todo lo contrario, lo que hacen es intentar no quemarse en el fuego y salvar lo que consideran más interesante del período anterior.

En estos momentos históricos que conectan dos etapas diferenciadas, se produce un estrechamiento en el proceso temporal, y como en todo estrecho marino, las corrientes que se forman son mucho más fuertes, así que nadar contra ellas resulta todavía en esos años, mucho más dificultoso que en épocas de tiempos dilatados.

El proceso de industrialización, tuvo serias repercusiones en la cotidianeidad de las sociedades occidentales, pero sobre todo, supuso un enfrentamiento del hombre contra su alienación, contra un maquinismo creciente y contra la explotación del ser humano que esa industrialización suponía en manos de un capitalismo incontrolado.

Emerson y Nietzsche sufrieron el cambio de una manera muy especial, viendo amenazado el pensamiento crítico del ser humano, no tanto por la posible esclavización a un horario y condiciones de trabajo inhumanos, sino por el poder de absorción que el sistema capitalista comenzaba a ejercer en las mentes de los individuos que se apiñaban en las ya masificadas ciudades modernas. Nietzsche deploraba lo mismo a los socialistas que a los capitalistas, y sólo la grandeza de espíritu era para él lo importante. En este aspecto era Nietzsche un romántico anacrónico. Sin embargo en el otro lado del charco, nos encontramos con un Emerson biocentrista, que comienza a considerar al hombre como una criatura más de entre toda la creación, compartiendo el entorno con el resto de las formas vivas, en un modo de pensar que podría calificarse como neoromanticista “avant la letre”. Cronológicamente debería considerárseles como a dos postrománticos, pero la fuerza de sus ideas y su originalidad, les aparta de esa masa a veces un tanto informe que supone el postromanticismo. Tampoco Wagner era en ese aspecto un postromántico, sino uno de los últimos románticos, Lizst sin embargo, ya sí que será uno de ellos.

La manipulación que estos pensadores han sufrido, también ha sido variopinta, llevándose en ello la peor parte un Nietzsche deformado por las monstruosidades del Nacional Socialismo hitleriano.

Resulta siempre interesante intentar recuperar las figuras de estos pensadores, haciéndolo lo más lejos posible de las lecturas parciales e interesadas y no pensando únicamente en los lectores de nuestros días, sino además en la posible utilidad que estos filósofos puedan tener de cara a un futuro donde el pensamiento individualista, ahora verdaderamente en crisis, puede verse mermado hasta extremos alarmantes, antiutópicos.

Este trabajo, por otro lado no puede verse inmune al aspecto literario que ambos pensadores desarrollaron durante sus vidas, creyendo por esto que la relación entre filosofía y arte, se hace especialmente íntima a la hora de estudiar estas dos cumbres del pensamiento de finales del diecinueve.

I
PODER

El tratamiento que tanto Emerson como Nietzsche, otorgan al término “poder”, no resulta sencillo de abordar ni fácil de entender en todo el espectro semántico que va adquiriendo según se leen los escritos de ambos pensadores, incluso llegando a resultar contradictorios, cosa por otra parte nada anormal en sus respectivas filosofías.

Para realizar un viaje a través del cual se pueda contemplar a vista de pájaro, las transformaciones más importantes que el concepto “poder” ha ido sufriendo en los escritos de Emerson y Nietzsche, así como los caminos que han seguido para llegar a ellos, he seleccionado un muestreo de las siguientes obras:


EMERSON

1841- Diez ensayos.


1860- La Conducta de la vida.


NIETZSCHE

1862- Libertad de la voluntad y fatum.


1882- La Gaya Ciencia.
1886- Más allá del bien y del mal.
1888- El Anticristo.
Voluntad de poder y eterno retorno, (obra póstuma).

Antes de entrar en el análisis pormenorizado, creo que resulta, al menos interesante, señalar cómo se perciben en estas lecturas dos evoluciones diferentes del término “poder”, y así, mientras que en Emerson se ofrece una clara separación o incluso oposición , entre el denominado poder positivo y otro poder negativo, en Nietzsche observamos más bien una acumulación de ideas asociadas que acaban dando el aspecto de una pirámide invertida, partiendo de ideas sencillas acerca de un poder ligado a la voluntad del hombre individualista, con Heráclito quizás de modelo filosófico, y terminando con la base de la pirámide, constituida por un cúmulo de asociaciones que a lo largo de su vida fue elaborando y añadiendo a la cesta de ese “poder”.

Para hacernos una idea de la complejidad que alberga el tratamiento de dicho concepto en estos dos filósofos, veamos las diferentes formas que adopta en uno de los ensayos de Emerson, precisamente el que lleva como título “Power”, perteneciente a la colección que en su conjunto se conoce como La conducta de la vida. Allí aparecen las siguientes referencias:



  1. Todo poder es de una sola clase: una participación en la naturaleza del mundo.1

  2. La salud es buena: es el poder.2

  3. El poder personal.3

  4. El poder de la Ley de Lynch, de los soldados y piratas.4

  5. La buena energía y la mala.5

  6. Los éxtasis de la devoción.6

  7. Las Poderes mentales.7

  8. Exasperaciones de la corrupción.8

  9. La raza poderosa o el individuo poderoso.9

  10. Poder intelectual.10

  11. Poder de trabajo.11

  12. Poder original.12

  13. Plus o poder positivo.13

  14. Poder de la costumbre y la rutina.14

  15. El poder del mecánico y del contable.15

Como se puede observar, la carga semántica que el término “poder” adquiere en este ensayo del norteamericano, es verdaderamente amplia, pudiendo encontrar acepciones que afectan a la esencia del individuo, junto con otras que van más encaminadas a contemplar el poder como una especie de fuerza social. Resulta por tanto necesario analizar con bastante cuidado las diferentes significaciones del término, así como intentar buscar un eje que las unifique a todas. Visto esto, no resulta extraña la siguiente afirmación de Bloom:

Regreso ahora a la paradoja de la influencia de Emerson: los que marchan por la paz y los partidarios de Bush son herederos por igual de Emerson en su dialéctica del poder. Me siento mucho más feliz al pensar en la influencia de Emerson en Whitman y Frost, Wallace Stevens y Hart Crane, que en su influencia sobre la geopolítica americana, pero me temo que los dos ruedos son difíciles de separar.16

Pero es que me atrevería a decir, que algo todavía más extremo podemos encontrar en la sombra que Nietzsche acabó proyectando tanto en el movimiento Nacional Socialista alemán, como en el Mayo del 68 francés. Nihilismo activo y nihilismo pasivo, poder positivo y poder negativo, quizás eugenesia y eutanasia.

No se deben malinterpretar las polaridades generadas por estos poderes, así Vattimo hace una reflexión acertada cuando dice que “no se olvide que Nietzsche atribuye al nihilismo un doble sentido posible: un sentido pasivo o reactivo en que el nihilismo reconoce la insensatez del devenir y en consecuencia desarrolla un sentimiento de pérdida, de venganza y de odio por la vida; y un nihilismo activo que es propio del ultrahombre, que se instala explícitamente en la insensatez del mundo dado para crear nuevos valores”.17

La diferencia entre la paradoja vital de Emerson y la de Nietzsche es que la primera se desarrolla diacrónicamente, mientras que la del segundo nace ya de forma sincrónica. El sin sentido del mundo emersoniano adopta su forma final en enero de 1842, con la muerte de su hijo Waldo; aunque ya se hubiera perfilado en 1831 con la pérdida de su primera mujer, no fue hasta la fatídica fecha en que su hijo murió, que se tornó pesimista su visión de la vida, si pesimista podemos llamar a la mirada humilde, a la mirada que contempla desde la insignificancia, y que muchos han optado por ver en ella la característica principal de un pensador optimista.

Por el contrario Nietzsche nace ya con su paradoja, con la mirada escrutadora que le permite polarizar todo su entorno, bien sea en forma de nihilismo o mediante las referencias a Dioniso y Apolo. Aquí encontramos el molde de la moneda que forman los dos autores, con sus dos caras, con sus dos tiempos, con sus dos diferentes maneras de ritmificar la luz del faro, con sus sin sentidos complementarios. Emerson deja que el devenir de la vida penetre en su piel durante el transcurso de los años, deja que evolucionen sus pensamientos en una manera de selección natural, sobreviviendo sólo los más aptos, sólo los que se han adaptado al nuevo medio, y ese medio es el del sin sentido en el espacio, en el entorno.

Nietzsche con su cara opuesta pero complementaria de la moneda, descubre la contradicción dentro de su propia persona como espejo del mundo, el espejo que se atrevió a cruzar, igual que Alicia, para encontrarse con unas lógicas ilógicas, y para afrontar la misma evolución pero desde la lucha, y desde el tiempo. Los dos son en cierto modo darvinistas sólo que cada uno en su parte correspondiente, ninguno lo es de forma absoluta, y sólo juntos dejan a Darwin en buen lugar, en la atalaya desde la que observó la vida y hacia la que miraron, incluso sin llegar a reconocerlo, estos dos filósofos de la vida.

Así pues, ya partimos de dos paradojas que están unidas por el canto de la moneda: la paradoja espacial de Emerson y la temporal de Nietzsche, la adaptativa del norteamericano y la competitiva del alemán.

Ahora bien, todas esas concepciones del poder que ambos autores retenían en sus odiseas intelectuales, pueden quizás verse conviviendo entorno a un eje común, como la torre de un faro que debe mandar sus señales hacia el mar y de hecho también hacia tierra, o como las familias de los fareros conviviendo entorno a esa torre. Familias la mayoría de las veces mal avenidas, es decir, contradictorias entre ellas, que llegaban incluso a las manos en más de una ocasión. Es así como se pueden contemplar las ideas de estos dos filósofos, como los habitantes de un faro, pero de un faro que por un lado, el marino, lanza destellos, es decir, momentos de luz con las que orientar al navegante más o menos orientado, quizás más o menos desorientado, mientras que por su lado terrestre se convierte en un faro de ocultaciones, apagones periódicos de una luz fija, oscuridades dirigidas a los habitantes de una tierra firme con la intención de hacerles perder el rumbo, de crear dudas en su seguridad terrestre cotidiana. Sí, un lighthouse y un darkhouse, juntos, unidos por el alma de la escalera de caracol y continuamente envuelto por las desavenencias de esas familias contradictorias condenadas a convivir entorno a la torre del faro. Pero ¿en qué consiste el alma de la escalera de caracol, que conforma la torre del poder en Nietzsche y Emerson? Me atrevería a decir que en la apariencia. La apariencia nuevamente entendida de dos formas diferentes, pero al fin y al cabo, la apariencia.

Apariencia de cambio y apariencia de superioridad, la primera pensada para disolver al individuo en su entorno y la segunda para disolver el entorno y el tiempo en su propia persona. El individualismo emersoniano se acerca a un monismo biocéntrico donde descomponerse hacia el infinito, mientras que el individualismo del creador de El Anticristo, busca el atomismo personal desde el cual controlar las amenazas del infinito, ahora bien, cerrando tanto el círculo del control que al final el infinito queda relegado al tiempo sin el espacio, generando un eterno retorno que se contradice con el poder del individualismo desde el que Nietzsche comienza a sentir la confianza en sí mismo, la misma que tuvo de manera positiva un Emerson que todavía no había perdido a su hijo, el Emerson que dijo:

El que quiera ser hombre no debe ser conformista. El que quiera merecer las palmas inmortales, no debe fiarse de que le digan que uno es bueno, sino que debe cerciorarse de que verdaderamente lo es. Nada es sagrado sino la integridad de vuestro propio espíritu. [...] Ninguna ley puede ser sagrada para mí más que la de mi naturaleza. La bondad y la maldad son nombres solamente que se prestan muy bien a aplicarse a cosas distintas; lo único justo es lo que se desprende de mi constitución y lo único erróneo lo que va contra ella. [...] Tu bondad debe tener algún límite, pues de otro modo no existiría. La doctrina de los odiados debe predicarse para oponerla a la doctrina del amor cuando aquellos giman y se lamenten.18

Se sabe que Nietzsche había estudiado tres ensayos de Emerson, a saber: “Self Reliance”, “The Over Soul” y “Circles”, las tres incluidas en la colección publicada como Diez ensayos, de 1841, y parece ser que Nietzsche contaba solamente con diecisiete años de edad; corría el año 1862, es decir, cinco años después de que los escritos de Emerson fueran traducidos al Alemán en 1857. Pero los círculos de Emerson no son los mismos círculos de Nietzsche, nuevamente este faro cambia su apariencia cuando pasa de la mar a tierra, de lo femenino a lo masculino. Sí, porque resulta, por muy extraño que parezca, que Nietzsche representa la parte femenina del faro y Emerson la masculina. La soledad es vivida de muy diferente manera por el hombre y por la mujer; al primero le obsesiona el lugar que ocupa en el espacio, su representación en comparación con los demás, las posibles consecuencias del cambio en el entorno y la forma adecuada de adaptarse al mismo; sin embargo la soledad de la mujer es vivida desde el tiempo, desde la terrible circunstancia de encontrarse como seres únicos en el devenir histórico, es un ser “biógeno”, generador de vida y por lo tanto generador de tiempo, es un ser con un reloj mensual que le recuerda constantemente su temporalidad en forma de clepsidra de sangre.

Por esto Nietzsche resulta más femenino que Emerson, sin que ello deba malinterpretarse y asociarse a falsas debilidades, porque no hay nada más falso que la supuesta debilidad de la mujer, que para empezar es el auténtico sexo fuerte, cuantitativa y cualitativamente. La mujer es más sexual mientras que el hombre es simplemente genital. Por todo ello la apariencia que se descubre en los textos nietzscheanos es la apariencia de superioridad, el tiempo corre y es necesario aparentar, pues no hay tiempo para asumir la realidad, sólo importa la apariencia y todo lo conseguido mediante ella. El masculino de Emerson, sin embargo, se queda en el cambio, en la obsesión por la mutación, de la misma manera que él cambió por completo a raíz de la muerte de su hijo, porque el espacio ya no era el mismo y era necesario adaptarse al nuevo habitáculo, al entorno sin sentido, buscar los destellos del faro para intentar poner fin a una desorientación creada desde la muerte de un hijo con tu mismo nombre. La muerte de Waldo fue la muerte de Waldo y la soledad de Ralph.

En “Círculos”, Emerson nos dice que “no hay nada fijo en la naturaleza. El universo es fluido y volátil, la estabilidad no es sino una palabra de grados”.19 También en este mismo ensayo, Emerson nos habla de la apariencia:

Todo parece estable hasta que es conocido su secreto. [...] La vida del hombre es un círculo que se desenvuelve a sí mismo y desde un imperceptible anillo se ensancha en todas direcciones, formando nuevos y más amplios círculos sin fin. [...] Cada último hecho no es sino el primero de una nueva serie.20




Aquí Emerson ya está empezando a disolver al individuo en el entorno infinito del espacio que le rodea, y es de esta manera como comenzará a presentir el poder, o uno de sus poderes; así en 1860 escribe que “todo el poder es de una sola clase: una participación en la naturaleza del mundo. [...] El hombre está hecho de la misma materia que los acontecimientos, simpatiza con el curso de las cosas, las predice. Lo que haya de suceder le sucede a él primero, de modo que es igual a lo que sucede”.21

En, “The Power”, el hombre está completamente disuelto en el entorno, como un azucarillo en la taza de té del universo y la apariencia consiste en el mimetismo, no de colores, sino de esencias, de manera que desde la apariencia emersoniana se debe ser capaz de ir desde el árbol a la rana pasando por el escorpión, para acabar en la piedra o en el hombre, que lo mismo da. La participación en la naturaleza del mundo, ese es el poder, un poder masculino que busca su puesto, su localización espacial en el instante, no importa el devenir, sólo el instante tan falso como la unidad, por eso todo fluye, por eso el heraclíteo de Emerson gustó tanto al joven filólogo alemán que trocó la historia de la palabra por la palabra de la historia, esa historia que cerró en su eterno retorno.

Cuando Emerson habla de otros poderes, siempre asoma la apariencia del cambio, de la transformación, como bien se puede interpretar en el siguiente fragmento:

El gran momento de la historia tiene lugar cuando el salvaje empieza a dejar de ser salvaje, con toda su peluda fortaleza pelásgica dirigida por su incipiente sentido de la belleza; entonces tendréis a Pericles y Fidias, antes de que los supere la cortesía corintia. Todo cuanto hay de bueno en la naturaleza y en el mundo se encuentra en ese momento de transición, cuando los jugos oscuros aún manan en abundancia de la naturaleza y la ética y la humanidad les han quitado su astringencia y aspereza.22

Esta “transición” es su clave del poder, pudiéndose como consecuencia pensar que se acerca de esta forma a la feminidad de Nietzsche y a su temporalidad, ya que toda transición se desarrolla en el tiempo; pero sin embargo estaríamos equivocados, porque Emerson no le da importancia al transcurso del tiempo en que se produce el cambio, sino al cambio en sí, a la metamorfosis, a la mutación: eso es el poder, el cambio de apariencia y / o la apariencia del cambio. Por una parte el cambio de apariencia en cuanto acto proteico habitual en la naturaleza y por otra, la apariencia del cambio como obra de arte, como imagen de un hecho milagroso y fundamento de la vida: el cambio, la variación. Por ello la apariencia del cambio es plástica, espacial, masculina, es el yang, el cielo y la luz de los destellos que lanza el faro aquí analizado, y el barco flotando en un cambio constante de posición debido al agua que fluye bajo su casco pero manteniendo él su integridad física, su estabilidad, su referente espacial.

Por el contrario Nietzsche conforma el yin complementario, la tierra, la oscuridad que provoca con sus ocultaciones de luz, la feminidad de su soledad en el tiempo, y la apariencia de superioridad, porque lo femenino es pura apariencia, es su esencia, en ella basa la mujer su sexualidad, también el hombre lo hace con la suya pero ésta al ser más genital, resulta al mismo tiempo más simple: dinero, poder elemental, musculatura, intelectualidad barata; sin embargo todo eso se queda en el maquillaje de la mujer, en su barra de labios y en sus pechos operados, pero la verdadera apariencia de la mujer es mucho más profunda que eso, es una apariencia esotérica, por muy contradictorio que esto parezca. El hombre normalmente sólo desarrolla su apariencia exotérica pero la mujer madura puede, si quiere, perfeccionar tanto la apariencia exotérica como la esotérica, y eso al hombre le resulta prácticamente inalcanzable.

Por eso, mal que le pese a muchos autores norteamericanos, que buscan la casi absoluta dependencia del pensamiento nietzscheano con respecto al emersoniano, la apariencia de Emerson es exotérica, mientras que la de Nietzsche es exotérica y esotérica al mismo tiempo, debido a su feminidad, a su yin, y es por eso por lo que afirma en La Gaya Ciencia que “en la generosidad hay el mismo grado de egoísmo que en la venganza, pero es egoísmo de otra calidad.”23; y ese pensamiento brota de la apariencia esotérica femenina, y nos deja claro que con la generosidad se aparenta, y se aparenta superioridad que aunque sea de otra calidad que la de la venganza mantiene la misma finalidad, maquillada con alguna capa de pintura pero que al rascarla aparece la base, y esa no difiere en absoluto; es una base sexual. Así, en Más allá del bien y del mal dice Nietzsche:

En contra de esa voluntad de apariencia, de simplificación, de máscara, de manto, en suma, de superficie-pues toda superficie es un manto- actúa aquella sublime tendencia del hombre de conocimiento a tomar y querer tomar las cosas de un modo profundo, complejo, radical.24

Esa complejidad es femenina, esa radicalidad, ese amor por el conocimiento nos viene a nuestra especie de la feminidad, y si no ¿quién comió del árbol de la sabiduría sino Eva?; nuevamente hace referencia Nietzsche a este asunto cuando escribe:

La mujer se dio cuenta entonces de que el árbol era bueno para comer, hermoso de ver y deseable para adquirir sabiduría. Así que tomó de su fruto y comió; se lo dio también a su marido, que estaba junto a ella, y él también comió. Entonces se les abrieron los ojos, se dieron cuenta de que estaban desnudos, entrelazaron hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores.25

Según la serpiente se harían como Dios, conocedores del bien y del mal, y todo gracias a la mujer. La serpiente se dirigió a la mujer porque sabía que el hombre no se interesaría por el árbol de la sabiduría, fue ella quién se dio cuenta de la oportunidad que tenían delante. Este magnífico acto de cordura que otorga sentido al ser humano, fue una acción femenina, seguida de forma meramente autómata por un hombre indolente; luego la Iglesia se encargó de amancillar a la sabia Eva y a su cuerda decisión. Eva quería adquirir sabiduría, conocer el bien y el mal, ¡qué mejor apariencia esotérica!, y por esa acción la mujer ha sido satanizada durante cientos de años de historia cristiana. A la mujer medieval le ocurrió exactamente lo mismo que a los “inmoralistas” de Nietzsche, entre los que él mismo se cuenta: “Pero hagamos lo que hagamos; los cretinos y la apariencia visible dicen contra nosotros ‘esos son hombres sin deber’-¡nosotros tenemos siempre contra nosotros a los cretinos y a la apariencia visible!”.26

A sí se consideró a la mujer, como persona sin moral, con su apariencia atractiva, con su exotérica presencia, y con su esotérica ausencia. Es casi indudable que en todo hombre profundo hay bastante de femenino.

En esta misma obra nietzscheana encontramos una clara referencia a la apariencia de superioridad, al conocimiento femenino, un ejemplo de cómo el amor no sólo son destellos sino que alberga en su interior unas fuertes ocultaciones:


¿Y el amor?-¡cómo! ¿También una acción realizada por amor será “no egoísta”? ¡Pero cretinos!-“¿Y la alabanza del que se sacrifica?”- Mas quien ha realizado verdaderamente sacrificios sabe que él quería algo a cambio de ellos, y que lo consiguió,-tal vez algo de sí a cambio de algo de sí-que dio algo en un sitio para tener más en otro, acaso para ser más o para sentirse a sí mismo como “más”. Es éste, sin embargo, un reino de preguntas y respuestas en el que a un espíritu exigente no le gusta detenerse: hasta tal punto necesita aquí la verdad reprimir el bostezo cuando tiene que dar respuesta. En última instancia es la verdad una mujer: no se le debe hacer violencia.27


Pero no es esta la única vez que Nietzsche hace referencia al binomio mujer-sabiduría; como apunta Andrés Sánchez Pascual en su introducción a Más allá del bien y del mal, encontramos esta relación en La Gaya Ciencia y en Así habló Zaratustra: “Valerosos, despreocupados, irónicos, violentos-así nos quiere la sabiduría: es una mujer y ama siempre únicamente a un guerrero”.28 Otro tanto vemos que ocurre en La Gaya Ciencia, cuando “afeminando” a los griegos, les hace partícipes de esa combinación de la que ya hemos hablado, entre lo esotérico y lo exotérico, de una superficialidad que protege una insondable profundidad.

Tal vez la verdad es una mujer que tiene sus razones para no querer enseñar sus razones. [...] ¡Ah! Aquellos griegos, ¡cómo sabían vivir! ¡Para eso es preciso quedarse valientemente en la superficie, no pasar de la epidermis, adorar las apariencias, creer en la forma, en los sonidos, en las palabras, en todo el Olimpo de las apariencias! Los griegos eran superficiales... por profundidad.29

Emerson, al ser mucho más masculino que Nietzsche, se muestra menos críptico en su ensayo “Amor”, pudiéndose leer sentencias como la siguiente:

Hay que considerar que la pasión que nos ocupa, aunque comienza con la juventud, no perdona a los viejos; podríamos decir que no consiente que ninguno de sus fieles servidores envejezca, sino que obliga a que los ancianos participen en la misma medida que los adolescentes, aunque de manera más noble y diferente. Se trata de un fuego [...] y resplandece sobre las multitudes de ambos sexos, se asienta en el corazón universal de todos, abrasando de este modo todo el mundo y toda la naturaleza con sus generosas llamas. No importa, por lo tanto, que intentemos describir la pasión a los veinte o a los ochenta años.30


Una vez más vemos cómo uno, el yin, se decanta por la apariencia de superioridad, incluso aquí, en el amor, ocultando la otra apariencia, la altruista, y pensando en los réditos personales que el tiempo proporcionará gracias al sacrificio del amor, mientras que el otro, el yang, piensa en el espacio, en la apariencia del amor como un resplandor, un destello, un fuego abrasador que afecta a todos por igual, ni siquiera el tiempo convertido en edad tiene aquí importancia, sólo el espacio y el cambio que proporciona la posesión del amor.

En uno de los lugares donde más se deleita Nietzsche en hablar de la apariencia como forma de poder es en el aforismo 54 de La Gaya Ciencia, donde se puede leer:

He descubierto que la remota humanidad, la animalidad lejana, los tiempos primitivos y el pasado de toda existencia sensible siguen viviendo en mí, escriben, aman, odian, discurren. [...] ¿qué será para mí la apariencia de ahora en adelante? [...] La apariencia es para mí la vida misma y la acción, que, en su ironía para consigo, llega al extremo de hacernos creer que allí hay apariencias, fuegos fatuos, danza de duendes y nada más.31


Aquí está la clave de lo que hablamos: “la apariencia es para mí la vida misma”. ¿No es esto el poder de la vida?, entendiendo claro está la vida como poder, pero como poder nuevamente femenino: “Aunque el mundo está lleno de cosas bellas, son raros en él los instantes hermosos y las revelaciones de aquellas cosas. Pero quizás consista en esto el mayor encanto de la vida; la envuelve, tejido en oro, un manto de hermosas posibilidades, prometedoras, esquivas, púdicas, burlonas, compasivas y seductoras. Sí, la vida es mujer”.32

De forma muy parecida pero desde la cara opuesta de la moneda, vemos que Emerson en La Conducta de la Vida, una vez que ha pasado del poder positivo al negativo empujado por la muerte de su hijo, nos dice: “No me sorprende un copo de nieve, una concha, un paisaje estival o la gloria de las estrellas, sino la necesidad de belleza en el universo”.33

Esa es la belleza que uno contempla desde el aire y el otro desde la tierra, pero que no es sino el poder al que ambos recurrirán para usar como trampolín de sus ideas. Esto queda bien plasmado cuando Emerson comenta que “la vida va en busca del poder y el mundo está tan saturado de poder-no hay grieta o hendidura donde no se encuentre-que ninguna búsqueda sincera queda si recompensa”.34

Vemos pues que en estos dos autores, la vida se abre paso entre las entrañas de sus ideas, entre esos habitantes del faro al que hacíamos alusión más arriba; también vamos viendo cómo la vida se rodea de apariencia, sólo que ésta puede manifestarse de forma exotérica o bien esotérica, y en esto creo que Nietzsche profundiza algo más el camino con respecto a Emerson. Aunque se quiera reconocer la importante influencia que el norteamericano ejerció en las tempranas lecturas de Nietzsche, no podemos dejar de lado que la diferente naturaleza intelectual y emocional de ambos, es decir, genérica, hace que el segundo recoja un pensamiento del primero para injertarlo en su propia constitución originando así una nueva planta que crecerá regada sólo por el propio Nietzsche.

Otra manera de entender la significación que el término “poder” cobra en estos dos filósofos, es viajando a aquellos espacios literarios donde se expresan acerca de la debilidad y la fortaleza, puesto que ambos conceptos han de quedar unidos de alguna manera al de “poder”. Así, por ejemplo, dice Nietzsche que “algo vivo quiere, antes que nada, dar libre curso a su fuerza-la vida misma es voluntad de poder.”35

Introduzco aquí, antes de tiempo en este trabajo, el concepto “voluntad de poder”, pero sólo como manifestación de la fuerza de la vida, esa manifestación que no es otra cosa que apariencia, se trata pues de dar libre curso a la fuerza, ¿para qué, si no es para mostrarla? Las consecuencias de esa fuerza asomada, podrán resultar de tipo pasivo o activo, pero en cualquier caso lo que importa es el momento en el que la fuerza aflora, y claro está, como no podía ser menos, en su efecto a lo largo del tiempo. Porque la fuerza femenina se realiza en absoluta concomitancia con el tiempo. El mismo Nietzsche aparenta su extraordinaria fuerza a base de lanzarnos continuas ocultaciones, pero el efecto de las mismas no es tan instantáneo como el aturdimiento que produce un par de destellos emersonianos. A Emerson quizás haya que leerlo repetidas veces para asimilar la semántica de sus intenciones, pero golpea de forma directa, mientras que Nietzsche deja que el martillo con el que le gustaría filosofar, te golpee con menos contundencia de lo que en principio pueda parecer (otra apariencia) y sin embargo, al cabo de un tiempo observas que te han salido unos cardenales o moretones, como consecuencia de aquella persistencia en el golpear. ¡Hasta en eso es femenino Nietzsche!

¡Cómo se filosofa con el martillo! ¡Que gran apariencia de superioridad! Que fanfarronada lanzada para ocultar la auténtica naturaleza de su filosofía: la del pellizco. En esa etapa, 1888, cuando estaba ocupado en la redacción del Crepúsculo de los ídolos, en Nietzsche florecía con más fuerza que nunca la feminidad que le caracterizaba, mientras su cuerpo se debilitaba, quizás cansado de estar encarcelado, quizás cansado de lanzar ocultaciones e incluso de ocultarse a sí mismo, quizás cansado de subir y bajar continuamente por las escaleras de caracol del faro de sus ideas, entorno al alma de un poder desgastado físicamente y transformado psíquicamente, a punto de pasar del poder del animal al del vegetal, a punto de convertirse en un “androdendro”, un árbol humano regado por el agua de las malas interpretaciones, por mucho que partiera de una mujer, de una hermana, de un poder materialista. No, Nietzsche no filosofaba a martillazos, nunca lo hizo y tampoco en 1888. Un año antes, el proceso dendrificante ya se había iniciado en él, como podemos deducir del retrato ofrecido por su amigo Paul Deussen:

Lo abracé, tras catorce años de separación. ¡Pero qué cambios habían acontecido en él durante ese tiempo! La actitud orgullosa, el paso elástico, la fluida palabra de otro tiempo no existían ya. Parecía arrastrarse con dificultad e inclinándose un poco hacia un lado; con bastante frecuencia su palabra se volvía torpe y se cortaba. [...] un paraje cubierto de hierba, situado junto a un abismo, encima de un arroyo de montaña que pasaba rugiendo en lo hondo. “Aquí-dijo-, es donde más me gusta estar tumbado y donde tengo mis mejores pensamientos”. [...] habló una vez más de los sombríos presagios que, por desgracia, iban a cumplirse tan pronto. Cuando nos despedimos tenía lágrimas en los ojos, cosa que yo no había observado nunca antes en él. No volvería a verlo en su sano juicio.36

Es justo aquí, en El Anticristo, donde aparece una de las más famosas referencias hacia su admirado Emerson:

Mucho más ilustrado, errabundo, multiforme, refinado que Carlyle, sobre todo más feliz... Alguien que instintivamente se alimenta sólo de ambrosía. Emerson posee aquella jovialidad benigna e ingeniosa que quita los ánimos a toda seriedad; no sabe en modo alguno qué viejo es ya y qué joven será aún,-podría decir de sí mismo, con una frase de Lope de Vega: “yo me sucedo a mí mismo”. Su espíritu encuentra siempre razones para estar contento e incluso agradecido.37


Es verdad que en esta obra, todos esos aparentes martillazos con los que Nietzsche sigue buscando el poder, le llevan a contradecirse, también en apariencia, pudiéndose leer cosas como: “el hombre que ha llegado a ser libre, y mucho más el ‘espíritu’ que ha llegado a ser libre, pisotea la despreciable especie de bienestar con que sueñan los tenderos, los cristianos, las vacas, las mujeres, los ingleses y demás demócratas.”38

Pero hemos de tener en cuenta que la apariencia nietzscheana afecta hasta la misma palabra utilizada para su expresión. Así, las vacas, las mujeres, los tenderos y los ingleses de esta sentencia, no son sino apariencias de vacas, mujeres, tenderos o ingleses, etiquetas representativas, maniquíes con semántica pasada por el taxidermista, muñecos de cera grotescos que aparentan lo que los visitantes del museo quieren que aparenten, pero desesenciados. No se puede leer a Nietzsche sin tener en cuenta su terrible necesidad de apariencia, incluso en lo que respecta a la apariencia de sus palabras, una vez más exoterismo y esoterismo surgen entrelazados para crear unos textos, insisto, tremendamente femeninos, donde el autor ha buscado no sólo la verdad sino la belleza, la superficialidad, el engaño, la trampa, la delicadeza, la sutileza, la complejidad y la profundidad: en definitiva, la feminidad filosófica, el arte. También las filosofías de Heráclito y Platón fueron femeninas, no así la de Aristóteles o Kant, grandes machos del pensamiento occidental.

En esta misma obra encontramos alguna pista más, que nos orienta hacia el complejo sentido que del poder tenía el filósofo, y vemos que la fortaleza inherente al ser humano tiene una gran base telúrica, animal, fisiológica:

Nosotros hemos trastocado lo aprendido. Nos hemos vuelto más modestos en todo. Al hombre ya no lo derivamos del “espíritu”, de la “divinidad”, hemos vuelto a colocarlo entre los animales. Él es para nosotros el animal más fuerte, porque es el más astuto: una consecuencia de esto es su espiritualidad.39


Obsérvese que habla del ser humano como del animal más astuto, pero no se refiere a él como “el animal astuto”, de manera que implícitamente reconoce esa misma astucia en otros animales, sólo que concede el grado máximo a nuestra especie, y es más, encierra toda nuestra espiritualidad en el círculo de la animalidad, fruto de una astucia superior, pero de la misma naturaleza que la poseída por un zorro cuando entra en los corrales para “robar” gallinas. Con nuestra espiritualidad robamos miedos, porque el miedo y la fortaleza han de ir juntos, al contrario de lo que se piensa. El fuerte es el que vence al miedo, pero lo vence porque antes lo ha tenido; el débil lo tiene y no lo vence y sólo el irresponsable, el loco o el imbécil dejan de tener miedo. Por eso nos cuenta Nietzsche que “El cristianismo quiere hacerse dueño de animales de presa; su medio es ponerlos enfermos,-el debilitamiento es la receta cristiana para la doma, para la ‘civilización’”.40

Por eso el cristiano no supera el miedo y deja que otros lo hagan por él. El fuerte debe solucionar sus propios problemas, desde la individualidad, desde la soledad más absoluta de la que el cristiano ha de huir en todo momento. La gran pesadilla del cristiano, y de todo fiel monoteísta (quizás de cualquier tipo de creyente religioso), es que no sabe estar solo, y lo que es peor: que no puede estarlo. Siempre Dios, esa molesta compañía que impide que el silencio te deje pensar. Dios es la interferencia entre yo y yo. Emerson lo explica muy bien, a pesar de sus condicionantes cristianos:

La persona debe aprender a detectar y aprender al destello de luz que cruza su mente por dentro en lugar de admirar el lustre del firmamento con sus bardos y sabios. Sin embargo el hombre rechaza su propio pensamiento sin dudarlo, y lo rechaza porque proviene de sí mismo.41

La relación que se puede establecer entre este individualismo y la fuerza (poder), se encuentra unas líneas más adelante cuando comenta que “la energía existente en él, es de naturaleza nueva, y nadie más que él puede saber lo que es capaz de hacer, y él mismo tampoco lo sabe hasta que lo haya intentado”.42

Energía, sorpresa ante la fuerte capacidad de acción, todo esto está relacionado con el poder dimanante de la individualidad, de la confianza en sí mismo, que tanto Nietzsche como Emerson proclaman en la mayoría de sus escritos. ¿Por qué?... porque escriben desde la soledad. Sí, tanto uno como el otro, son grandes solitarios que se han enfrentado al sin sentido de la vida, uno para ocultarlo y el otro para iluminarlo, pero en cualquier caso siempre desde el aislamiento de ese faro donde decidieron destinar a sus ideas.

Es curioso comprobar cómo la soledad también puede ser femenina o masculina; ya lo decía algo más arriba. Se sabe cuando has vivido en un faro durante largos años, cuando has compartido tu soledad con una persona del otro sexo y has podido comparar las diferentes visiones e interpretaciones. Se sabe cuando antes, te has tenido que enfrentar solo a la soledad para poder hacerlo después en compañía, descubriendo una increíble paradoja: la soledad compartida con una persona del sexo, o mejor dicho, género contrario, es mucho más profunda que la experimentada por uno mismo desde el aislamiento.

Y esto sucede así porque la mujer, o lo femenino, como ya hemos dicho, es ante todo un ser temporal, vive del tiempo y para el tiempo, mientras que lo masculino se alimenta principalmente del espacio, de la geometría. ¿Qué es lo que ocurre cuando se juntan las dos soledades? Pues que nos encontramos experimentando una soledad espacial y otra temporal, lo cual ofrece una profundidad mucho mayor que la monogenérica. Es por tanto una soledad emergente, la que acontece desde el emparejamiento solitario.

Con las filosofías de estos dos autores ocurre lo mismo. Ellos por separado te ofrecen sus respectivos individualismos, pero cuando los juntas en una misma moneda, en un mismo faro, entonces se abre el abismo de la soledad ante ti, con todas sus fauces, y eso sí te puede llevar a la locura. Emerson tuvo la suerte de no poder leer a Nietzsche, pero éste reunió ante él los escritos traducidos del norteamericano, y sin saberlo estaba profundizando demasiado en su soledad. No era lo mismo cuando leía a Heráclito o a Schopenhauer, esas soledades eran diferentes aunque quizás tan femeninas como la suya; por otra parte los filósofos masculinos raramente te hablan desde la soledad, quizás desde el aislamiento, pero muy pocas veces desde la soledad. En cualquier caso, lo que sí sabemos es que Nietzsche leyó de Emerson cosas como estas:

La sociedad es en todos sitios una conspiración contra la personalidad de cada uno de sus miembros. La sociedad es una compañía por acciones en la cual los accionistas están de acuerdo para asegurar el sustento de la mejor manera a cada uno de ellos en particular, a cambio de la libertad y cultura de sus asociados. La virtud que más se requiere es la conformidad. La confianza en sí mismo es una aversión. No se aprecian las realidades ni los creadores, sino los hombres y costumbres.43

Un claro ejemplo de la soledad espacial de Emerson ligada a la fortaleza, aparece un poco más abajo en el mismo ensayo cuando dice:

Lo que debo hacer es cosa que sólo a mí concierne sin preocuparme de lo que piensen los demás. Esta Ley, igualmente dura en la vida actual e intelectual, puede servir para distinguir la grandeza y la pequeñez. Es más dura aún porque siempre encontraremos gente que crea sabe cuál es nuestro deber mejor que nosotros mismos. Fácil es vivir en este mundo de acuerdo con sus opiniones, pero fácil es vivir en la soledad de acuerdo con las nuestras; el hombre grande es aquel que en medio de la multitud guarda con perfecta suavidad la independencia de la soledad.44

Es verdad que en ocasiones el propio Emerson se afemina un poco en su individualismo, al encontrar en el pasado posibles amenazas contra las que el individuo solitario ha de enfrentarse, pero rápidamente las recoge y las pone en el espacio social, donde las masculiniza. Y es que la bisexualidad nos recorre a todos el pensamiento; por lo que somos ante todo bigenéricos, como le ocurre al propio Emerson al expresarse en los siguientes términos:

Otro de los terrores que nos apartan de la confianza de nosotros mismos es nuestra consecuencia; la reverencia, el apego que sentimos por nuestros actos o palabras en tiempo pasado, porque los ojos de nuestros semejantes no tienen otros datos para considerar nuestra línea de conducta más que nuestros actos pasados y no queremos exponernos a defraudarles. [...] Parece regla de nuestra prudencia no fiarnos por completo de nuestra memoria solamente, hasta tratándose de actos de pura memoria, sino traer el pasado para fundirlo con el avisado presente y vivir siempre al día.45

Emerson hace continuas referencias al tiempo y al espacio, pero es el primero de ellos en realidad el que suele salir peor parado, de hecho el espacio tan sólo es despreciado como elemento condicionante de nuestra esencia cuando aparece asociado con el tiempo, y por el contrario, representa de una u otra manera la masculinidad del pensamiento emersoniano, y la mejor manera que tiene de masculinizar el tiempo es reduciéndolo al presente, al instante, es decir, al espacio:



Las rosas que contemplo desde mi ventana no me dicen nada sobre otras rosas anteriores, iguales o mejores; son lo que son y existen hoy por Dios. Para ellas no existe el tiempo; lo único que veo es la rosa perfecta en todos los instantes de su existencia. Antes de que se haya abierto su capullo, toda su vida está en actividad; en la rosa completamente desarrollada, lo mismo, como también existe en la raíz y en el tallo desnudo. Su naturaleza queda satisfecha y satisface a la naturaleza, y eso en todos los instantes de su existencia. Pero el hombre piensa en el porvenir o recuerda el pasado; por eso no vive el presente, sino que lamenta el pasado con los ojos arrasados en lágrimas, descuidando las riquezas que le rodean en aquel momento; se alza sobre las puntas de sus pies para ver si descubre el porvenir. No puede ser feliz ni fuerte hasta que vive con la naturaleza el presente sin preocuparse del tiempo.46


En esa última frase se tiene la clave de este poder que estamos analizando, el de la apariencia en el espacio; no se puede ser feliz ni fuerte hasta que se vive con la naturaleza el presente sin preocuparse del tiempo.

Veamos ahora, cómo por el contrario, Nietzsche otorga una importancia privilegiada al tiempo, cómo en definitiva, no puede renunciar a la herencia hegeliana, reafirmándose en su feminidad, en su yin, en su oscuridad. El mismo Harold Bloom reconoce que “la enseñanza más profunda de Nietzsche [...] es que el auténtico sentido es doloroso y que el mismo dolor es el sentido. Entre el dolor y su sentido aparece un recuerdo del dolor que a continuación se convierte en sentido memorable”.47 Pero Bloom también cita al Nietzsche de La Genealogía de la Moral, para recordarnos la relación que él estableció entre dolor y tiempo: “sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria”. Dolor y tiempo humano, una demostración más de la fuerte naturaleza de lo femenino, el establecimiento en un tiempo doloroso. La feminidad del animal puede aguantarlo mejor porque su memoria es más reducida, pero la hembra humana recuerda y recuerda y se instala en los recuerdos, lo que viene a significar que se instala en el dolor, motivo por el que la depresión ronda a menudo sus mientes. Quizás el cristianismo sí ha entendido eso a través de la figura de una virgen dolorosa instaurada sobre la pena de la pérdida de un hijo, su propio tiempo asesinado, disecado para el consumo de religiones.

Cuando Nietzsche habla del aislamiento del individuo fuerte, con confianza en sí mismo, curiosamente se instala en el tiempo, regresa a la historia, su gran aliada, y nos muestra un dolor, el sufrimiento de quien está aislado, pero desde el tiempo, desde la historia, como si tuviese de alguna manera que feminizar la espacialidad a la que se está refiriendo:



La moral enseña al individuo a ser función del rebaño y a no atribuirse valor más que en concepto de tal función. Y como las condiciones para la conservación de una comunidad han sido muy diferentes a veces de las que otra requería, ha habido morales también muy diferentes. [...], cabe profetizar que habrá todavía morales en extremo divergentes. La moral es el instinto de rebaño en el individuo. [...] Pero durante la más larga de las edades de la humanidad, no hubo cosa tan terrible como sentirse aislado. Estar solo, sentir aisladamente, no obedecer ni dominar, ser un individuo, no era entonces placer sino castigo, verse condenado a ser individuo, [...], la soledad no llevaba consigo más que miserias y temores. [...] Todo lo que perjudicaba al rebaño causaba remordimientos al individuo, aunque él no lo hubiera hecho con intención, y no sólo se los causaba a él, sino al vecino y a toda la grey. En esto es en lo que más hemos variado de manera de pensar.48


Quizás en este aspecto, es Emerson quien ve la realidad con ojos mejor enfocados, seguramente por habitar en una Norteamérica que en algunos aspectos ya apuntaba muy destacadamente comportamientos cosificadores del individuo, que hoy tenemos bien desarrollados en todo Occidente, comportamientos que Emerson deploraba como se advierte cuando dice que “la sociedad quiere ser divertida. Yo no deseo ser divertido. No deseo que la vida sea barata, sino sagrada. Deseo que los días sean como siglos, cargados, fragantes, Ahora los contamos como cifras bancarias por alguna deuda que han de pagarnos o que hemos de pagar o por algún placer que vamos a probar”.49

Es por eso que el pensamiento crítico en nuestros días, elaborado desde la soledad, masculina o femenina, espacial o temporal, resulta igual de difícil que en esos hipotéticos tiempos de los que habla Nietzsche. Y la profundidad que otorga la soledad bien aprovechada, es contrapuesta a la superficialidad del rebaño hedonista.



Vemos, pues, cómo a lo largo de determinadas lecturas de estos autores, se van perfilando formas de energía, fuerza, dinamismo, en definitiva categorías que pueden estar perfectamente asociadas al concepto de poder, y que nos ayudan de hecho a entenderlo bajo una extraña dimensión, la de la soledad del individuo y su apariencia en el tiempo y el espacio. ¿Se trata entonces de una confrontación del yo con el no-yo?, ¿de la lucha por el espacio que ocupo corporalmente y que se ha de adaptar al entorno, ocupado a su vez por otros cuerpos, de los que se ha de destacar, o por el contrario en los que se tiene uno que disolver?, ¿del enfrentamiento de mi persona-instante, a la que queremos intemporalizar o extemporalizar, para superar el dolor del recuerdo? Sea lo que sea, la soledad juega también un papel muy importante en el “poder” de estos dos filósofos, porque sólo desde ella se puede llegar a un conocimiento más oriental que occidental, incluso más budista que cristiano, y es precisamente ese orientealismo una característica que adorna cierta parte del pensamiento en ambos pensadores. Se trata de superar la debilidad que de diferentes maneras se quiere apoderar de nosotros; pero apoderarse no es otra cosa que imponernos su poder, por lo que en definitiva nos encontramos con una lucha de poderes, el de la fuerza y el de la debilidad, la primera, autónoma, desarrollada desde la independencia intelectual y la segunda, heterónoma, establecida desde una sociedad succionadora de individualidades, parásita del pensamiento autocrítico, experta taxidermista que aplica su buen oficio en disecar voluntades independientes, cosa que ve perfectamente Nietzsche en su Anticristo al afirmar que “el debilitamiento es la receta cristiana para la doma, para la ‘civilización’”.50

Seres domados y civilizados; es así como nos encaminamos al concepto “salvaje”, relacionado también con el mismo poder que aquí estamos buscando en la obra de estos filósofos complementarios entre sí. Diversos autores quieren ver en la búsqueda del “poder” que realizan Emerson y Nietzsche a través de sus ideas filosóficas, una especie de vuelta al pensamiento hobbesiano, donde se contempla la agresividad inherente a los individuos humanos como un elemento incuestionable por naturaleza. George Stack opina que Nietzsche abordó antes el tema del poder en los escritos de Emerson que en las lecturas de Hobbes: “And Nietzsche certainly was familiar with Emerson’s discussion of the modalities of power before he knews anything about Hobbes.”51 Y más adelante el propio Stack hace referencia a la atracción que Emerson sentía por todas las manifestaciones del poder natural u original, como él lo llamaba:

Emerson expressed admiration for the strength and natural powers of the primitive savage especially in contrast to the relatively feeble, inhibited, timid, weak, uncourageous modern man. [...] Neither Emerson nor Nietzsche desire a return to primitive culture or even a “return to nature” per se. [...] Both would have liked to have seen some of that (presumed) surplus energy and raw health, that bodily power of the “natural” man infused into a (presumably) declining, [...] modern man.52

Es aquí donde Emerson coge verdaderamente su martillo, y choca bruscamente con lo que alguien pudiera esperar de un cristiano como él, pastor unitarista en su momento. Por eso creo más en el martillo emersoniano que en el nietzscheano, el cual partiendo de un supuesto ateismo, no logra golpear como el norteamericano, sino que atiza con menos brusquedad, por más que él pretenda lo contrario, sólo que al final, después de tanto pellizco el moretón sale ineluctablemente y las consecuencias resultan quizás más duraderas y profundas; porque el dolor que surge de la feminidad es muy posiblemente más profundo que el otro, el sufrimiento masculino. Nuevamente la masculinidad emersoniana, espacial, le lleva a la naturaleza buscando en ella un lugar donde establecerse, donde echar raíces y alimentarse del poder natural.



Y sin embargo la complementariedad de los dos filósofos vuelve a ser evidente en este asunto concreto, donde el poder natural debe insertarse en la independencia del individuo; en esto tanto Nietzsche como Emerson nadan contra corriente y olvidan el carácter gregario del animal hombre. Tan gregaria es nuestra naturaleza, que estamos condicionados hasta en el oído, condicionados por el ruido del grupo, genéticamente marcados de cara a la escucha del entorno, de forma que el silencio nos aterra, y el hombre moderno del que tanto gusta hablar a Nietzsche y a Emerson, no sólo padece de una terrible fobia al silencio, sino que a causa de ella y del proceso de superficialización a la que se ha visto sometido en el último siglo, ahora también adolece de una irremediable adicción: su adicción al ruido. ¿Cómo se puede pensar así, sin ningún momento de silencio donde refugiarse? El mismo Emerson comenta al respecto: “debemos ir solos. Prefiero la Iglesia silenciosa antes del comienzo de cualquier acto a cualquier sermón”.53 ¿No resulta esto un enorme martillazo cuando está escrito y dicho desde la doctrina cristiana?

Vemos que el silencio resulta necesario para rebuscar en el interior de uno mismo y encontrar el poder necesario que nos lleve a la “Self Reliance”. Pero el silencio resulta peligroso para una sociedad occidental que ha construido todo su edificio sobre los cimientos del ruido, evitando que el hombre se escuche a sí mismo, alienando nuestra propia música interna para homogeneizar la sonoridad ciudadana con el ritmo consumista, único admitido, simplón pero que resulta comprensivo para todos porque toca nuestras vísceras como ningún otro, y al que intentan acostumbrarte desde tan joven que luego no puedes escuchar ninguna otra “composición musical” que no esté basada en esa cosificación de todo tu entorno, en la valorización del universo en el sentido venal del término, es decir desde la perspectiva consumista para la que todo tiene un valor, es decir, un precio monetario.

También en su pensamiento estético se dejan llevar Emerson y Nietzsche por sus respectivas naturalezas genéricas, y así el primero mostrará predilección por los paisajes, mientras que el segundo lo hace descaradamente por la música. Espacio versus tiempo, masculinidad y feminidad; sí, la música es eminentemente femenina a pesar de Bach o Boulez que buscaron la geometría del espacio a través de un tiempo domeñado, y en ella encontramos períodos de diferentes naturalezas, tan masculinas como el barroco o tan femeninas como el romanticismo, y también andróginas a la manera del clasicismo o la música contemporánea.

Pero los habitantes de este singular faro que estamos visitando por su interior, están sometidos al aislamiento voluntario, y desde él quieren iluminar u ocultar a todos aquellos que merodeen por sus cercanías. Siempre se ha dicho que los fareros son un poco raros, que tienen sus manías, que se comportan de manera extraña en sociedad y que están marcados por la soledad. Quizás sólo sean tópicos o quizás, como muchos tópicos, posean parte de verdad. El caso es que sin duda alguna estas ideas filosóficas surgidas de las mentes de Emerson y Nietzsche, parecen cumplir ese tópico y dan la impresión de habitar lugares tan aislados, que su comportamiento no es el habitual cuando deciden incorporarse a la sociedad, al rebaño, al grupo, al ruido. Porque resulta que no hay adaptación posible al rebaño, cuando has vivido mucho tiempo en soledad, de alguna manera quedas marcado por ella, ya que es implacable y te deja su sello, como si quisiera que formaras parte de su propio rebaño, para lo que decide identificarte con su inconfundible cuño; ¡es curioso este rebaño conformado por animales solitarios! Son ejemplares que pueden llegar a asustar, como pueden llegar a asustar estas palabras de Emerson cuando son leídas u oídas en un rebaño tradicional:

Me alzo contra vuestras costumbres; quiero ser yo, debo ser yo y no puedo inclinarme hacia unos ni hacia otros. Si podéis estimarme por lo que soy, tanto mejor para nuestra felicidad; si no podéis entonces buscaré la manera de merecer vuestra estima.54


Para hacer más hincapié en la necesidad de aislarse para pensar, buscan tanto Emerson como Nietzsche una referencia divina desubicada de su habitual emplazamiento. Así, Emerson dice que “verdaderamente se requiere poseer algo divino en sí para deshacerse de los motivos ordinarios que impelen a los hombres y aventurarse a fiar en sí y entregarse a sí mismo para que uno sea su propio mentor que le indique sus deberes”.55 Mientras que Nietzsche, por su parte, realiza el movimiento opuesto, es decir que en lugar de introducir esencias divinas en el individuo humano que confía en sí mismo, lo que hace es identificar a un sector de la población, como son los sacerdotes, con Dios, es decir quitarle a Dios toda ontología preestablecida y reducirle a pura maquinación sacerdotal de manera que “la desobediencia a Dios, es decir, al sacerdote, a ‘la ley’, recibe ahora el nombre de ‘pecado’”.56

Entonces, desde el aislamiento que proclaman estos dos autores, desde el anti-gregarismo, se produce un encuentro con el “poder”, necesario para desbancar a Dios de su posición privilegiada y heterónoma, introduciéndolo, a la manera masculina, en la vagina del individualismo autónomo, o reduciendo toda la sensualidad de Dios a pura imaginación de unos sacerdotes embaucadores, mecanismo este mucho más femenino que el anterior: disolver la ontología divina es muy diferente a penetrarla en el interior del individuo, pero en ambos casos resulta un movimiento descentralizador y fortificador. Sin embargo, el mismo Emerson es consciente del peligro que representa para la sociedad esta confianza en uno mismo:

Fácil es comprender que de existir una confianza en sí mismo superior a la existente, este hecho produciría una revolución en todas las ocupaciones y relaciones entre los hombres; en su religión, en su educación, en sus fines, en sus maneras de vivir, en su asociación, en su propiedad, en sus opiniones especulativas.

1-¡Que oraciones se permiten los hombres! Eso a que ellos llaman un deber sagrado no es ni con mucho una ocupación valiente y viril. La oración se dirige al exterior pidiendo algo extraño que ha de venir también por su conducto desconocido, perdiéndose en un sin fin de confusiones naturales y supernaturales, mediadoras y milagrosas. La oración que implora un bien personal, siempre que no sea el bien completo, es viciosa. La oración es la contemplación de los hechos de la vida considerados desde el punto de vista más elevado. Es el soliloquio de un alma contemplativa y gozosa. Es el espíritu de Dios que alaba sus obras.57


También en el poder o fortaleza que se obtiene mediante el desplazamiento de Dios hacia extremos menos teocéntricos y más biocéntricos, encontramos el mismo enfoque espacial o temporal al que estamos acostumbrados en estos autores. Emerson, como acabamos de ver, concentra su poder en el espacio interno del individuo, y en divinizar su propia interiorización del mundo, pero Nietzsche no puede escapar de la historia y lucha contra los siglos de cristianismo que le anteceden así como reclama el carácter anarquista original del pensamiento de Jesús de Nazaret, idea que parece ser sin duda alguna que le vino en 1888 de la lectura de Mi religión del escritor ruso Tolstói.58 Veamos cómo trata el tema Nietzsche de forma divergente a la de Emerson:
La historia del cristianismo-a partir de la muerte en la cruz-es la historia del mal entendimiento, cada vez más grosero, de un simbolismo originario. A cada expansión del cristianismo sobre masas todavía más amplias, todavía más toscas, que iban perdiendo cada vez más los presupuestos de que aquél nació, hízose más necesario vulgarizar, barbarizar el cristianismo, [...] Los valores cristianos-los valores aristocráticos: ¡sólo nosotros, nosotros los espíritus que hemos llegado a ser libres, henos restablecido esta antítesis de valores, la más grande que existe. [...] Lo que en otro tiempo no era más que algo enfermo se ha convertido hoy en algo indecente,-es indecente ser hoy cristiano.59

En cuanto a la importancia que Emerson otorga al poder dimanante de la confianza en uno mismo, resulta muy significativo que uno de los pasajes en que se refiere a ello llame poderosamente nuestra atención, o la de cualquier aficionado a la filosofía que lo lea, pues en él se podrían ver antecedentes de un Zaratustra nietzscheano:



El que encuentra mejor acogida entre los dioses y entre los hombres es el que tiene recursos propios; todas las puertas se abren a su llegada, todas las lenguas le saludan, recibe todos los hombres y todas las miradas le siguen con simpatía. Nuestro amor se desprende de nosotros y le envuelve precisamente porque no lo necesita; nos mostramos solícitos y corteses para con él, le celebramos porque continúa siempre su camino y hace caso omiso de nuestra aprobación. Los dioses le aprecian precisamente por la razón que los hombres le odiaban. Ya dijo Zoroastro: “los beatíficos dioses están siempre dispuestos a ayudar a los mortales perseverantes”.60


No nos importa aquí la estricta relación que pudiera haber entre la lectura de los ensayos emersonianos por parte de Nietzsche y la época en que escribió su Así habló Zaratustra, que parece evidente que las hubo, sino mostrar la importancia de la soledad espiritual a la hora de encontrar el poder necesario para pensar, para filosofar, para en definitiva vivir con una coherencia y valentía impropias del hombre de rebaño.

Hay otra cosa en la que coinciden estos filósofos del individualismo, y no es otra cuestión que la debilidad asociada al hombre moderno junto con la necesidad de recuperar cierta humanidad perdida. Podemos encontrar entre sus escritos cantidad de referencias al hombre moderno, a la ciencia, a la tecnología, y generalmente tanto en uno como en otro están asociadas a peligrosas conductas debilitadoras del ser humano. Entonces el poder está claro que no se encuentra en el progreso tal y como lo estamos entendiendo en Occidente, sino que el poder para Nietzsche y Emerson se debe en cierta manera recuperar, lo cual viene a ser lo mismo que decir que el poder se ha perdido, al menos en parte; así Emerson comenta:



El hombre civilizado ha construido un carruaje, pero ha perdido el uso de sus piernas. Emplea las muletas, pero sus músculos se niegan a sostenerle. Posee un bonito reloj de Ginebra, pero carece de habilidad para saber qué hora es mirando al sol. Tiene un almanaque náutico de Greenwich, y como está seguro de encontrar en él las referencias que precise en un momento de apuro, en la calle no puede reconocer ni una sola estrella en el cielo. No observa el solsticio, desconoce el equinoccio; por eso el calendario completo del año no tiene una sola representación en su inteligencia. [...] También podemos preguntarnos si no hemos perdido algo nuestra energía a causa del refinamiento y si conservamos todo el vigor de la virtud primitiva debido al cristianismo introducido en las formas y las instituciones. Porque todos los estoicos eran verdaderamente estoicos, pero ¿dónde está el verdadero cristiano?.61


Por su parte, son muchas las posibles citas de Nietzsche que podríamos traer, donde se reflejara la misma preocupación que Emerson por el progreso, por la civilización occidental que no sólo acumula conocimientos, sino que olvida aquellos que podrían ser considerados de vital necesidad a la hora de seguir permitiéndonos ser hombres, es decir, seres humanos no cosificados, no maquinizados, no desalmados; por esto Emerson reclama el conocimiento, quizás para muchos de nosotros absurdo, de las constelaciones, de los períodos equinocciales, en fin, de toda aquella información que mantenía unido al hombre con la Tierra. Y no tanto por el conocimiento en sí, sino más bien por las ligazones telúricas, sin duda alguna fuente inagotable de poder, de ese poder original al que Emerson hace referencia y al que también Nietzsche hecha de menos en los tiempos modernos, sin duda los mismos tiempos modernos que Chaplin refleja en su homónima obra. Veamos dos simples extractos de esas preocupaciones nietzscheanas por nuestra modernidad, es decir por la contemporaneidad; en uno se pregunta por el fin de la ciencia: “¿Es posible que el último fin de la ciencia sea suministrar al hombre todo el placer posible y ahorrarle todas las molestias que puedan evitarse?”.62 Mientras que en el otro, además la modernidad está ligada para él con el gran problema que hoy día nos afecta, que no es otro que el consumismo, o como él dice nuestro ingenio ofuscado en la manera de gastar el dinero acumulado:

Nuestra época, que es la más activa de todas las épocas, con todo su dinero y toda su actividad, no sabe hacer más que acumular más dinero y más actividad, por lo cual se necesita más ingenio para gastar que para adquirir, y así acabaremos por hastiarnos.63

La primera de esas preocupaciones, la de la eliminación del dolor, se entiende cuando se observa la unión estoica que Nietzsche hace del dolor y del placer, de manera que si desaparece el dolor se elimina consecuentemente todo placer. Y la verdad sea dicha, a pesar de encontrarnos en un periodo dionisiaco, a pesar de haber desarrollado una sociedad lúdica y hedonista ¿no se podría considerar que existe una clara disminución del placer? Al menos esto podría entenderse así si pretendemos que el placer puede contemplarse de dos formas diferentes, como lo hacía Séneca, es decir como “gaudium” o como “voluptas”, obteniendo como resultado que en lugar de buscar un equilibrio entre estas dos expresiones del placer, resulta que el mundo contemporáneo occidental está hipertrofiando la segunda, la voluptas, mientras atrofia la primera, es decir el gaudium, el placer espiritual. Y vengo a decir lo mismo que decía con respecto a la soledad masculina y femenina, que unidas devienen en una soledad emergente, más profunda; pues lo mismo ocurre con el placer, de manera que si le quitamos una de las formas, resulta que por mucho que se desarrolle la otra, nunca podrá alcanzar las cotas de profundidad que se dan con la conjunción de ambas.

Hemos ido viendo cómo de una primera imagen donde se dibujaban un sin fin de acepciones entorno al concepto de poder por parte de los dos filósofos aquí reunidos, sin embargo de alguna forma encontrábamos al mismo tiempo un alma común, como el alma de la escalera de caracol de ese faro donde se nos ha antojado situar las ideas filosóficas expuestas durante la vida de estos autores, ideas convertidas en habitantes del faro, con sus desavenencias típicas, pero con la necesidad de compartir el mismo espacio entorno a la torre. Así, hemos buscado en la apariencia un primer nexo de unión, también en la soledad del individuo con confianza en sí mismo y por último en la descentralización del Dios teocéntrico cristiano y en el fondo de cualquier otra forma de heteronomía ética.

Se trata de tres formas de buscar el poder, y no de las manifestaciones del poder en sí, lo cual es algo muy diferente, pues si las manifestaciones pueden ser verdaderamente multiformes e incluso a veces contradictorias, sin embargo los caminos necesarios para emprender la búsqueda de ese poder proteico, no son tantos como pudiera parecer. Es más, de esta trinidad aquí encontrada, podríamos resumir que en última instancia, todas ellas se pueden condensar en una misma que no es otra cosa que el yo y la apariencia del yo. Parece contradictorio y paradójico, que rebuscando en las entrañas de dos pensadores tan representativos del mundo occidental, acabemos encontrando máximas que muy bien pudieran estar sacadas de cualquier explicación de la doctrina budista.

En cualquier caso, sí resulta interesante observar que la semejanza indiscutible que existe entre Nietzsche y Emerson, no debe quedar sólo en un simple paralelismo intelectual, sino que detrás de todo ello se esconde un mundo complementario, con toda una divergencia de enfoques que corresponde a lo que podríamos llamar pensamiento femenino y masculino, o recurriendo otra vez a orientalismos convergentes, la complementariedad del yin y el yang.

Estos caminos no quedarán aquí encerrados y olvidados, como reclusos condenados a cadena perpetua, sino que por el contrario nos servirán para guiarnos en los siguientes capítulos, donde se intentará ahondar en los conceptos de voluntad y de evolución biológica, de la influencia que el pensamiento evolucionista tuvo en sus ideas, y del darvinismo subyacente tanto en un pensador como en otro, para hacernos una idea finalmente del tema principal de este trabajo: el concepto “vida” en Nietzsche y Emerson.

Por tanto la idea de complementariedad filosófica resulta imprescindible si se quiere encontrar sentido a la reunión de estos dos pensadores en un mismo bloque, mientras que la simple intención de buscar todas las influencias posibles que el americano pudo tener sobre el alemán, no deja de estar impregnada de un vacío intelectual, relegando su interés a posibles eventualidades históricas con mayor o menor fundamento historiográfico.

Para dejar más clara, la idea de complementariedad genérica, es decir, la asignación a cada uno de los filósofos, de una forma de pensar masculina o femenina, iremos aplicando pareceres de uno y de otro por los que entendamos que se sigue cumpliendo esa divergencia genérica, y al mismo tiempo que nos sirva para explicar que la asignación por géneros a unas determinadas formas de pensar, está muy lejos de lo que habitualmente entendemos por masculino o femenino y que por supuesto ninguna intención existe de introducir caracteres sexuales de estos pensadores. Por ello se prescinde en la mayoría de las ocasiones del concepto “sexualidad” y se utiliza el más adecuado de “género”.




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