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LA INQUISICIÓN: Corría el mes de Febrero de 1231. El Papa Gregorio IX publica una Constitución por la que instruye un Tribunal Eclesiástico destinado a inquirir y castigar a aquellos que fueran en contra de la fe. Esta constitución daba plena libertad a los obispos, precisando que se debía buscar a los herejes en sus escondrijos. Para ello, cada uno debía hacerse cargo de su diócesis, y buscar en aldeas y poblados. Advirtiendo que no sólo sería castigado el hereje, sino cualquier oficial incompetente en la búsqueda ó cualquier persona que ayudase a estos.
Pero principalmente la constitución de Gregorio IX da el derecho exclusivo a la iglesia de juzgar y condenar los delitos de la herejía. Una curiosidad es que aquellos que decidieran, luego de ser juzgados, regresar a la fé, debían ser encarcelados de por vida para hacer penitencia. Pero seguramente la pregunta que muchos se hicieron fue: ¿Por qué la Inquisición ?.
Originalmente, la inquisición apareció con el único fin de combatir a la herejía, que por ese entonces hacia temblar en toda Europa los cimientos de la Iglesia Católica. Esto responde en parte la pregunta, pero Uds. sabrán que muchas veces aparecieron herejes, y que tantas otras la iglesia los combatió. Pero en esa oportunidad, la iglesia sintió que corría peligro su propia existencia.



En ésta obra se recrea el modo en
que La Santa Inquisición llevaba
a cabo sus ejecuciones.
Las ejecuciones públicas eran muy comunes, y cumplían con el fin de aleccionar a los herejes.




La Tortura: Si bien en un comienzo, la iglesia se rehusó a aplicar la tortura, entendió que ya en la antigüedad se había utilizado con éxito para lograr hacer hablar a los criminales. Y que en la propia Edad Media la usaron los señores feudales con el fin de hacer confesar a los delicuentes sus delitos.



Por estas razones, y principalmente por tratarse de "antecedentes", el papa Inocencio IV en el año 1252 autoriza su uso a través de un tratado llamado "Ad extirpanda", que aplica la tortura pero pone restricciones a que: se mutile a los prisioneros y se evite el peligro de muerte. Estas dos últimas condiciones no fueron siempre respetadas, y por lo tanto, la Inquisición comienza de esta forma a utilizarla en forma desmedida.
Los tribunales empleaban en un principio cuatro tipos de torturas terribles, y que aquí describo:





FLAGELACIÓN:
Se desnudaba al reo hasta la cintura, dejando su torso al descubierto. Una vez hecho esto, el verdugo lo azotaba en la zona descubierta hasta que confesaba, o hasta que terminaba perdiendo el sentido.



El Potro: La tortura favorita de los Verdugos.
Se confesaban cosas que ni remotamente se habían realizado.

EL POTRO:
¿Quién no oyó alguna vez del potro?, fue un clásico, y se convirtió en tal, gracias a que esta terrible máquina lograba que los reos confesaran cosas que ni siquiera por casualidad habian hecho. Aparentemente el dolor era insoportable.
El potro consistía en una tabla, o rueda en muchos casos, sobre la que era apoyado el reo y atado de pies y manos por unas cuerdas que eran tensadas por medio de un torno.
Ante las preguntas del tribunal, y obteniendo respuestas desfavorables, se iban tensando progresivamente las cuerdas para infringir dolor sobre el reo.
En muchos casos se llegaba a la dislocación de las extremidades.
(Ver ilustración a la ozquierda)


L´ESTRAPADE: Así fue llamada en Francia la tortura de La Cuerda. Esta tortura consistía en una polea que era colgada del techo dentro de la sala de torturas; luego tomaban al reo y le ataban las manos a la espalda, con una cuerda que pasaba por la polea. Una vez que estaba bien sujeto, el reo era elevado a dos e incluso hasta tres metros para luego dejarlo caer violentamente. El procedimiento se repetía hasta obtener la confesión, o hasta que el reo quedaba exhausto.

A la izquierda, la tortura de los cordeles. La carne abriéndose por la presión efectuada por los torniquetes. Si no había confesión, se seguían tensando las cuerdas.

LOS CARBONES: Para esta tortura se utilizaban carbones al rojo vivo, y eran aplicados en las zonas más sensibles del cuerpo.
Los carbones eran aplicados mienbtras se encontraban al rojo vivo, a una temperatura de alrededor de 300 grados celsius.
No vale la pena contar más, ya deben imaginárselo.





PERFECCIONAMIENTO: Los métodos utilizados en las salas de tortura fueron cambiando, y como enuncia el título, de cierta manera fueron perfeccionándose. Quizá lo más increíble de todo, es que a raíz de conseguir una mayor rapidez y cantidad de confesiones, los tribunales diseñaron verdaderas máquinas del dolor. Y en otros casos, métodos que hacían "soltar la lengua" como último recurso.

LA BOTA:
Este particular invento, constaba de dos maderas que se sujetaban a las pantorrillas del acusado, y al ser tensadas por un torniquete, se apretaban hasta hacer que el hueso crujiese. Por supuesto los condenados no contaban con tanta suerte, y hasta que el hueso se rompía, debían pasar largas horas de tortura.


LOS CORDELES:
Eran unas cuerdas trenzadas que se enrrollaban en los brazos y piernas del acusado, y se tiraba de ellas hasta que se abría la carne.
En la imagen puede verse como se aplicaban varios torniquetes a la vez sobre el cuerpo del reo.
(ver ilustración)

LOS PRENSA PULGARES:
Eran unas tenazas que se adaptaban a los dedos y que eran presionadas hasta hacerlos casi reventar.



EL FUEGO:
Untar los pies del reo con Aceite o Manteca, luego ponerlos en un molde asegurándose de trabrarlos bien, y llevar a fuego lento durante unas horas. Si señores, la receta macabra. Ahora en serio, y sin disfrazarlo de una receta de cocina, lo que en realidad se hacía, era todo lo dicho anteriormente, para luego poner los pies junto a un brasero y dejarlos por unas horas para que la carne se fuera abriendo lentamente.


LA CABRA:
Quizá uno de los más originales y perversos de todos los métodos empleados sea el de la cabra. Consistía en bañar los pies del reo (que se encontraba atado) en agua salada. Acto seguido, se le acercaba una cabra a los pies. El animal comenzaba su lenta tarea de pasar su rugosa y áspera lengua lamiendo la planta de los pies del reo y, sin detenerse, seguía repitiendo este acto hasta que desollaba la piel, la carne y llegaba hasta el hueso. Esto aseguraba dolor no solamente en el momento de la tortura, sino que cuando el reo era llevado a su celda, no recibía ningún tipo de atención sanitaria. Por lo que no era raro que estas heridas se infectaran, y en muchos casos provocaran la muerte.


EL AGUA:
Siempre decimos que el agua es vida, pero los verdugos se encargaron de convertirla en muerte.
La tortura del Agua consistía en poner un paño húmedo en la garganta del reo al mismo tiempo que se le destilaba agua por la boca y la naríz para finalmente cortar la vías respiratorias. O en muchos casos se les ponía un embudo en la boca, y se les hacía ingerir grandes cantidades de agua hasta casi reventar.
Esto último sin contar otro tipo de torturas como lo eran las de privaciones de: agua (irónicamente), de comida, de sueño, etc.





A todo lo expuesto anteriormente habría que sumarle algo tan horrible como la tortura misma: los preparativos.
Vamos a plantear la escena de la que el reo participaba. El reo es llevado ante el tribunal, se lo desnuda. Sobre la mesa pueden verse facilmente los elementos de tortura a ser utilizados, lo que incrementa los nervios del reo y lo transportan al miedo psicológico.
Mientras el verdugo afina todos sus instrumentos, al final de la sala puede verse a los monjes, papel y pluma en mano para esperar su confesión.
Aunque en los primeros tiempos estaba prohibida la presencia de los inquisidores durante la tortura , el papa Urbano IV en el año 1264 los autorizó a ello, por lo que no solo observaban las torturas, sino que en algunas oportunidades las aplicaban personalmente. Muchas veces, la tortura no era necesaria, ya que el atemorizado reo, al ver semejante despliegue de aparatos y preparación de la sala, confesaba todo lo que se le pidiese, aún cuando no hubiera cometido ningún delito. Si la confesión no llegaba, se aplicaban las torturas. Primero las más débiles, luego las más fuertes.
Según estaba establecido, cada tortura no podía extenderse por más de media hora, y la misma no podía aplicarse varias veces. Por lo que, luego de ser torturado, el reo era examinado por el médico inquisitor, y dependiendo de su dictamen, se pasaba a otra tortura o si el reo se encontraba en mal estado, se aplazaba su aplicación para otro día.








.INOCENTES.

La pregunta que naturalmente surge de todo esto es: ¿Y que ocurría si un acusado soportaba todas las torturas, y seguía manteniendo su posición de inocente frente a los cargos de los que se lo acusaban?. Según las normas por las que se manejaba la inquisición, si el acusado soportaba todo sin confesar, debía considerárselo como inocente ya que su resistencia demostraba su integridad. Luego debían dejarlo en libertad, cosa que casi nunca ocurría, ya que al momento de liberarlo por ese delito del que se le acusaba, los tribunales se las ingeniaban para complicar nuevamente la situación del reo con otras falsas acusaciones, y así comenzaba nuevamente todo el proceso.
De todas formas, también se contaba con otro método para abarcar esta situación, y si no se lo podía acusar de otra cosa, el tribunal dictaminaba su silencio como obstinación y lo condenaba por hereje negativo e impenitente, por lo que se lo podía condenar a a "la relajación" ( o sea, La Hoguera).





.SIN SOLUCIÓN.

 

Hubo una intervención del papa Clemente V que en el año 1311, a través de su constitución "Multorum querela", decretó que bajo ningún concepto podía torturarse a un acusado sin el conocimiento del obispo. La medida tomada por el papa podría haber sido efectiva si los obispos no hubieran delegado dicha función de conocimiento a los tribunales inquisitoriales, quiénes se encargaban de asegurarse que todo quedara como antes, entre las cuatro paredes de sus salas.
Por todos estos motivos, pueden tener plena fe, si es que de fe se ha tratado todo esto, que si alguien caía en manos de la Inquisición, no salía vivo.





 

.ESCRITOS DE ÉPOCA.

La Manera de convertir a los Presos por el temor a la Muerte: Estos que aquí transcribo, son algunos párrafos extraídos del "Thesaurces anecdatorum", escritos por el padre Benedicto Durand. De alguna forma voy a tratar de mostrarles como funcionaba la inquisición.
"El que se halla encenegado en la herejía, puede ser convertido por el temor a la muerte. Se le debe hacer esperar que todavía podrá concedérsele la vida si confiesa sus errores y denuncia a sus compañeros de secta. Si rehúsa hacerlo, enciérresele en un calabozo y désele a entender que hay testigos que declaran contra él, y que una vez convicto por el testimonio de los mismos será tratado sin misericordia y entregado a la muerte. Al propio tiempo, debe alimentársele poco, a fin de que se sienta poseído más facilmente por el miedo. Sólo podrán acercársele, de vez en cuando, fieles que, con destreza y precaución, le adviertan simulando compadecerle, que le conviene librarse de la muerte y confesar su error, ofreciéndole que, si así lo hace, no será quemado.
Que le hablen con voz cariñosa, diciéndole que no tema confesar que ha dado oídos y crédito a herejes porque les creyó hombres de bien".
"Si empieza entonces a flaquear y a convenir en que oyó algunas veces discurrir a aquellos perversos, sobre el Evangelio, epístolas o cosas análogas, se le preguntará su propia opinión sobre cada materia. Es necesario proceder con cautela para que no advierta que buscáis que confiese que es hereje. Sólo con la sutil astucia se puede sorprender a esos zorros astutos".
Después de leer esto uno se pregunta, ¿ qué me hubiera pasado a mi por ese entonces ?, a mi de seguro me hubiera tocado la hoguera, y no lo digo porque soy muy diabólico, sólo por el hecho que pienso distinto que los demás. Y al parecer, a la iglesia ese motivo le bastaba para condenar a un pobre inocente.





. CURIOSIDADES.


Grabado de época que muestra a un condenado usando el Sambenito. En el gorro (llamado: Coroza) podían verse ilustraciones para saber cuál era la pena a la que había sido condenado el reo.

El Sambenito: El hábito que utilizaban los penitentes condenados por la inquisición, era llamado "Sambenito", y éste término parece salir de la mezcla de las palabras: Saco-Bendito.
Servía esencialmente para individualizar a aquellos que habían sido juzgados y condenados por la santa Inquisición En los primeros tiempos de la Inquisición, el sambenito era una especie de escapulario de color amarillo; aunque los había también en otros colores, y con otros motivos muy variados. Otros en cambio (ver grabado de época a la izquierda), eran como las túnicas que usan los clérigos, cerrados al frente y con dos grandes cruces amarillas muy visibles, una ubicada en el pecho y otra en la espalda.
La vestimenta se completaba con un gorro en forma piramidal, llamado Coroza, que estaba confeccionado en la misma tela que el sambenito, y en él se solían pintar ilustraciones que indicaban la pena a la que había sido condenado el reo: la hoguera, la peregrinación, la cárcel, etc.


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