Entrar en Cuaresma es inaugurar un tiempo fuerte de penitencia y conversión



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Entrar en Cuaresma es inaugurar

un tiempo fuerte de penitencia y conversión...

aprovecha la oportunidad.

Entrar en Cuaresma es una llamada a salir de nosotros,

de nuestras casas, de nuestros prejuicios,

de nuestros intereses, gustos y comodidades...

sal de ti y ves hacia el otro.

Entrar en Cuaresma es afrontar la realidad personal

y dejarse juzgar por la Palabra de Dios...

descúbrete, acéptate, conviértete.

Entrar en Cuaresma es dejar poner nuestro corazón

en la sintonía del corazón de Dios...

practica la com-pasión que hace hermanos.

Entrar en Cuaresma es vaciar nuestras manos,

saber renunciar a nuestras seguridades,

a aquello que nos esclaviza...

libérate para poder abrazar.

Entrar en Cuaresma

es saber caminar con otros creyentes

que buscan a Dios

siguiendo a Jesús en Espíritu y en Verdad...

¡Buen camino!


NOTA:

Como es costumbre en nuestros centros educativos el iniciar la jornada de trabajo con una oración-reflexión, se ofrece aquí una breve oración para la cuaresma…por si puede servir.

PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

ORACIÓN

1.-PADRE BUENO,


nos ponemos en tus manos al inicio de esta Cuaresma,

para que hagas de nosotros lo que tú quieras

porque tú sabes lo que más nos conviene y necesitamos;

sea lo que sea, te damos las gracias

por este tiempo cargado de oportunidades,

de posibilidades de liberación, de misericordia y de perdón,

por este tiempo de llamadas de atención y de proyectos.

Queremos aceptar todo lo que venga de ti

con tal de que se cumpla en cada uno de nosotros,

en nuestras comunidades cristianas y en todas tus criaturas, tu voluntad.

No deseamos nada más, Padre.

Te confiamos nuestro corazón y nuestras manos

y nos comprometemos a ayunar de nuestros excesos

que nos hacen tan insolidarios;

a orar para poder mirar la vida y las cosas más allá de nosotros mismos;

a hacer limosna, es decir, a gritar que nada es “mío”

porque lo nuestro es la fraternidad.

Padre, nos ponemos en tus manos sin medida,

con infinita confianza:

llévanos al desierto, acompaña nuestro discernimiento,

cólmanos de esperanza, muéstranos tu misericordia y acógenos sin reservas

porque Tú eres nuestro Padre. Amén



2.- CAMINANDO POR EL DESIERTO

Cuando oímos la palabra “desierto” seguro que pensamos en el “París-Dakar” o nos imaginamos un lugar con mucha arena, camellos, o con imágenes que hemos visto en alguna película.

Pero también sabemos que la palabra “desierto” aparece muchas veces en la Biblia;

el pueblo de Israel caminó antes de llegar a la Tierra Prometida,

en el desierto estuvo Juan el Bautista y otros profetas.

Hoy vamos a pedirle a Jesús que nos lleve al desierto de nuestro corazón para que podamos encontrarnos con nosotras mismas y con Él.


Aquí estoy contigo y quiero ser yo misma de verdad.

Quiero entrar dentro de mi

Quiero hacer camino hasta el desierto de mi corazón.

Quiero tocar mi hondura y dejar de vivir desde la superficialidad.

Quiero, Jesús, descubrirme por dentro y vivir desde dentro
Quiero tomar conciencia de lo que no soy, y de lo que soy,

Quiero poner en mi vida razones profundas que me hagan vivir.

Quiero tener motivaciones sanas que me eleven a la altura,

Quiero tener voluntad propia a la hora de decidir.

Quiero, Jesús, dejar la arena y apoyarme en roca firme.

Quiero ser original y no copiar modas,

Quiero ser auténtica y no perder mi verdad por la imagen barata.

Quiero ser valiente, enérgica, decidida y no andar en duda continua.

Quiero, Jesús, ser yo.

Ábreme el corazón a la escucha desde el silencio.

Ábreme el corazón al contacto de tu Palabra.

Quiero estar contigo a solas, en paz y en silencio porque se que me amas.


3.- ENSÉÑAME A CAMINAR UNIDA A TI.
¡Tú eres mi Señor!

Si nadie me ama, tu alegría es amarme.

Si lloro, tu deseo es consolarme.

Si soy débil, Tú eres mi fuerza y mi energía.

Si nadie me necesita, Tú me buscas.

Si estoy vacío, tu plenitud me colmará.

Si quiero caminar, Tú vienes conmigo.

Si te llamo, Tú siempre vienes.

Si me pierdo, Tú me buscas sin cesar.

Si estoy cansado, tú eres mi descanso.

Si peco, tú eres mi perdón.

Si te pido, Tú eres don para mí.

Si te necesito, me dices: Aquí estoy dentro de ti.

Si estoy a oscuras, Tú eres luz para mis pasos.

Si tengo hambre, Tú eres pan de vida para mí.

Si soy infiel, Tú eres fiel.

Si quiero conversar, Tú me escuchas siempre.

Si te miro, veo la verdad de mi corazón.

Si todos me olvidan, tus entrañas se estremecen recordándome.

Si no tengo a nadie, te tengo a Ti.

Si soy silencio, Tu palabra habitará en mi corazón.
4.- “UN CORAZÓN NUEVO” (Salmo 50)
Me presento ante ti, Señor,

con un corazón extremadamente enfermo,

un corazón manchado, endurecido, esclerótico:

necesito que tú lo laves y lo cures,

una operación quirúrgica-creativa,

un corazón nuevo transplantado.


Crea en mí, Señor, un corazón nuevo,

quebranta mi corazón de piedra

con el martillo de tu palabra,

y moldea un corazón bello, como el tuyo,

con el agua, el fuego y el aliento de tu Espíritu.
No apartes ya de mí tu santo Espíritu.

seré de verdad el hombre nuevo, todo un ejemplo;

me vestiré de fiesta, perfumado

con el óleo de alegría del Espíritu;

y te ofreceré mis lágrimas agradecidas

como un canto a tu gran misericordia


5.- PERFÚMATE
Señor, qué extraño mensaje el tuyo:
”Cuando ayunes, perfúmate, para que nadie lo note;
y el Padre, que todo lo ve,
te recompensará”.

No es la tristeza,


ni las largas caras lo que a Ti te gusta.
Tú eres Dios de corazones.
Tú estás acostumbrado a leer en secreto.
Tú no quieres apariencias,
a Ti te gusta la conversión verdadera.

Mi corazón quiere repetir sin tardar:


”Aquí estoy, Señor,
para hacer tu voluntad.
Aquí estoy, Señor”.

Renuncia y Conversión

Señor, es bastante fácil sentir tu llamada
en los acontecimientos de nuestro tiempo
y de nuestro ambiente.

Y es fácil también contentarse simplemente


con respuestas emotivas,
compasivas y de desagrado.

Lo que nos resulta difícil


es renunciar a nuestras comodidades,
romper nuestras estructuras
dejarnos arrastrar por tu gracia,
cambiar de vida, convertirnos.
¡Conviértenos, Señor!

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA



6. ONCE PETICIONES DESOÍDAS
Yo le había pedido a Dios poder para ser amado...

y me he encontrado con el amor para no necesitar ser poderoso.


Yo le había pedido a Dios la salud para hacer grandes cosas...

y me he encontrado con la enfermedad para hacerme grande.


Yo le había pedido la riqueza para ser feliz...

y me he encontrado con la felicidad para poder vivir la pobreza.


Yo le había pedido a Dios leyes para dominar a los otros...

y me he encontrado con la libertad para liberarlos.


Yo le había pedido a Dios admiradores para estar rodeado de gente...

y me he encontrado amigos para no estar solo.


Yo le había pedido a Dios ideas para convencer...

y me he encontrado espacio para convivir.


Yo le había pedido dinero para comprar cosas...

y me he encontrado personas para compartir mi dinero.


Yo le había pedido milagros para creer...

y él me ha dado fe para hacer milagros.


Yo le había pedido una religión para ganarme el cielo...

y él sólo me ha dado su Hijo para acompañarme por la tierra.


Yo le había pedido todo para gozar en la vida...

y él me ha dado la vida para que goce de todo.


Yo le había pedido ser un dios...

y él sólo pudo hacerme un hombre.


(José A. García Monge)

7.- PASTOR DE SILBOS AMOROSOS
Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
Tú, que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos.
Vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye, Pastor, que por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres,
espera, pues, y escucha mis cuidados.
Pero, ¿cómo te digo que me esperes,
si estás, para esperar, los pies clavados?
Amén.
8.- ORACIÓN DE PERDÓN
Somos hombres, Señor, perdónanos:
por no saber decirte nada,
por ser avaros de nuestro tiempo
y no tenerlo para encontrarnos contigo.

Somos hombres, Señor, perdónanos:


por esconder la claridad del Evangelio,
por nuestras cobardías
y nuestros compromisos con el pecado.

Perdónanos, Señor, por nuestras faltas de amor,


nuestros arrebatos, nuestros prejuicios,
nuestra indiferencia, y todo lo que mata el amor.

Perdónanos, Señor,


por no saber perdonar,
por no saber reconciliarnos
con nosotros mismos,
y, menos aún, con los otros.

¿Cuándo será que sabremos amar como Tú amas?


¿Cuándo será que sabremos amar al otro
por él y por Ti?
Perdona la fealdad de nuestra mirada.
Somos hombres, Señor, perdónanos

9.- DEBILIDAD
Dios, Padre nuestro, quiero volver a Ti
y tomar en serio la ternura de tu corazón.

Pero me canso y caigo,


intento hacer de Ti un Dios a mi medida,
que no me mire muy de cerca.

Señor, hazme reconocer a tu Hijo


creer en Él, porque me amó hasta el extremo
de dar su vida por mi.


10.- ORACIÓN

Nuestros desiertos

Cuando amamos, nos gusta estar juntos,

y cuando estamos juntos, nos gusta hablar.

Cuando amamos resulta molesto tener siempre mucha gente alrededor.

Cuando amamos, nos gusta escuchar al otro, solo,

sin otras voces que nos estorben.

Por eso los que aman a Dios han amado siempre el desierto;

Y por eso, a los que le aman, Dios no puede negárselo.

Y estoy seguro, Dios mío, de que me amas

y de que en esta vida tan saturada,

atrapado por todos los lados por la familia,

los amigos y todos los demás,

no puede faltarme ese desierto en el que se te encuentra.

Nunca vamos al desierto sin atravesar muchas cosas,

sin estar fatigados por un largo camino,

sin apartar la mirada de su horizonte de siempre.

Los desiertos se ganan, no se regalan.

Los desiertos de nuestra vida

no se los arrancamos al secreto de nuestras horas humanas

más que violentando nuestras costumbres, nuestras perezas.

No se trata de aprender a perder el tiempo.

Hay que aprender a estar solo

cada vez que la vida nos reserva una pausa.

Y la vida está llena de pausas que podemos descubrir o malgastar.

Pues así estamos hechos,

y no podemos preferirte sin un pequeño combate:

Haz, Señor, que entre en el desierto

pese a todas mis debilidades.

Acompáñame y permanece siempre conmigo.

Amén

TERCERA SEMANA DE CUARESMA


Hay cruces casi «inevitables»...

ciertas edades,

ciertos climas,

ciertos trabajos,

ciertos caracteres,

ciertas convivencias,

ciertas palabras,

ciertos silencios,

ciertos momentos,

ciertos...



Y uno debe asumirlas.
11.- ORACIÓN

Señor, sé que no puedo hacer nada

para añadir o quitar un solo segundo a mi vida;

sé que hay borrascas y anticiclones

aunque yo prefiera siempre justo lo contrario;

sé que podría tener un trabajo mejor

pero tengo el trabajo que tengo;

sé que el carácter de algunas personas a veces me supera;

sé que hay convivencias que no entiendo;

sé que hay palabras que borraría para siempre del diccionario;

sé que hay silencios que duelen

y momentos por los que me gustaría no tener que pasar nunca...

Sé, Señor, que hay muchas cosas en mi vida

que son inevitables y que debo asumirlas;

¡tantos desiertos por los que debo pasar

para crecer en fidelidad a tu Evangelio!

Dame la fuerza necesaria

para hacer de la experiencia del DESIERTO

una oportunidad para conocerme más a mi mismo

y adherirme más a ti;

dame la fuerza necesaria

para abrazar las cruces casi “inevitables”,

asumirlas y crecer con ellas. Amén

12. EN TU DESIERTO, SEÑOR

5 marzo 6 marzo

Vivo, Señor, en mi desierto de angustias y miserias.

Vivo, Señor, en mi desierto de infidelidades.

Vivo, Señor, en mi desierto de penas e historias que me atan.

Vivo, Señor, en un desierto en el que me cuesta trabajo escuchar tu voz.

Libérame y escucha mi voz que te llama.

Libérame y sácame de mi Egipto.

Libérame y abre mis ojos para buscarte.

Libérame y tiéndeme tu mano fuerte.

Libérame y condúceme a tu desierto, Señor.

En tu desierto, Señor, quiero vivir de otra cosa que no es pan.

En tu desierto, Señor, quiero ser fiel a tu Palabra.

En tu desierto, Señor, quiero caminar dándote la mano.

En tu desierto, Señor, quiero dar frutos y

hacer que de mí manen amor y misericordia.

En tu desierto, Señor, sé que encontraré tu Vida,

sé que encontraré mi vida.

Entraré en tu desierto, Señor.

Me despojaré de todo lo que me oprime.

Dejaré que me hables y me seduzcas.

Porque quiero hacerme fuerte en ti.

Porque quiero en tu desierto, Señor,

tener las manos disponibles

para abrazar tu Cruz.



13. PARA ESTAR CONTIGO
Para estar contigo

me libero de mi alforja (mis preocupaciones);

me quito las gafas (mis visiones);

olvido mi agenda (mis negocios);

guardo la pluma en el bolsillo (mis planes);

arrincono el reloj (mi horario);

me despojo de mi ropa (mis ambiciones);

me desprendo de mis joyas (mis vanidades);

renuncio a mi anillo (mis compromisos);

me quito los zapatos (mis ansias de huida);

dejo, también, mis llaves (mi seguridad)

para estar sólo contigo,

el único verdadero Dios.
Y, después de estar contigo...

Tomo las llaves, para poder abrir tus puertas.

Me calzo los zapatos, para andar por tus caminos.

Me coloco el anillo, para comprometerme contigo.

Me adorno con las joyas, para asistir a tu fiesta.

Me visto la ropa, para salir a tu amplio mundo.

Recupero mi reloj, para vivir al compás de tu tiempo.

Cojo mi pluma, para escribir tus pensamientos.

Recobro la agenda, para no olvidar tus citas conmigo,

mis citas contigo, a lo que soy muy propenso.

Me pongo las gafas, para poder ver el mundo a tu modo.

Y cargo con mi alforja, para llevar y sembrar tus promesas.



14.- EN UNA NUBE, SEÑOR
Estoy aquí, Señor, cerca de ti, pero no te veo.

Estoy aquí, Señor, a tu lado, pero no te pienso.

Estoy aquí, Señor, casi tocándote, pero no te siento.

Estoy aquí, en una nube, Señor.

Y es que me recorre un escalofrío;

es que estoy lleno de incertidumbre;

es que me asusto y no sé que hacer;

porque no sé dónde estás, no sé cómo encontrarte,

porque no sé quién eres ni de qué modo buscarte.

Quizá no te escuche,

Quizá no descifre tus señales;

Quizá me parezca todo tan difícil…

Quizá no quiera verte, pensarte ni sentirte…

Quizá esté a gusto aquí, en una nube, Señor.

En la nube, Señor, dame claridad para caminar firme en ti

y reconocer tus signos.

En la nube, Señor, dame valor para afrontar lo que cada día

pones en mi paso.

En la nube, Señor, dame entrega para alabarte

y hacerte vida en mi vida.

En la nube, Señor, dame decisión,

para abrir mis manos a tu Cruz.



15. CARTA DE MARÍA A UN JOVEN
Querido hijo:

Dios, tu padre, me pide que te escriba unas líneas. Está preocupado porque te ve

demasiado obsesionado por conseguir las cosas que te ofrece la sociedad y pasas de Él.

El mundo te dice que hay que mirar las cosas desde arriba, porque sólo el que tiene

dinero, fama y poder es feliz. Sin embargo, Él quiere que te recuerde que mi Hijo, tu

hermano Jesús, nació acá abajo, entre la gente sencilla, humilde y pobre, y desde

abajo comenzó a construir el Reino de Dios con la única fuerza del amor.

Vuélvete hacia Dios, lo necesitas; tienes que hablarle, escucharle, sentirte cerca

de Él en la oración. Ya verás: Él no defrauda nunca. Te hará comprender que,

cuanto más te olvides de ti mismo y vivas para los demás, más feliz serás, porque

estarás más lleno de Él. Te olvidarás de las cosas que la sociedad de consumo

te ofrece y, cuando tengas que usarlas, lo harás sin rendirles el corazón,

porque tu corazón le pertenece a otro y tu tesoro está lleno de otra clase de

riquezas. Sentirás que tu vida se llena de sentido. Trabajarás por hacer un

mundo mejor hasta consumir tus fuerzas. Y al final, cuando veas que la

labor te sobrepasa, entenderás que estás trabajando en la obra de Dios,

y que tú sólo eres un obrero en ella, incapaz de entenderla del todo

y de terminarla por completo, pero seguro de que algún día se

acabará gracias al esfuerzo de otra mucha gente, que como tú,

decidió hacer caso a Dios y hacer lo que Él les pedía.

El camino es difícil, pero no es imposible. Te lo digo yo,

que lo seguí la primera. Me dirás yo lo tuve fácil por ser

la Madre de Jesús. No es cierto: yo también tuve que

buscar constantemente la voluntad de Dios. Desde

que le dije que sí, anduve en búsqueda y en

inquietud constantes. A mí también me costó

aprender a ver las cosas desde Dios. Me costó

reconocer a su Hijo en el pesebre y, sobre

todo, en la cruz. Hasta que comprendí

que el arma de Dios es el amor y que no

hay mayor amor que dar la vida por los

demás.


Hijo, hazme caso. Verás cómo así es

como realmente se es feliz. Un beso.

María, tu madre.

CUARTA SEMANA DE CUARESMA
16. DANOS OTRA OPORTUNIDAD
¡Danos, Señor, otra oportunidad!,

otra posibilidad de convertirnos,

otra ocasión de empezar de nuevo.

Ya sé que hay días en que tienes motivos

para desesperar de nuestra tierra.

Hace ya veinte siglos que tu Palabra se hizo carne:

¡veinte siglos en los que no has dejado de gritamos:

«Convertíos y creed la Buena Noticia»!

Y nosotros seguimos agrediéndonos y haciéndonos sufrir mutuamente,

inventando armas cada vez más perfectas para matarnos unos a otros,

explotando las riquezas de la tierra sin ser capaces de compartirlas,

dejando que millones de seres humanos mueran de hambre,

ignorando la soledad de nuestro vecino...

Más de veinte siglos llevas tú enviando a cada generación

profetas que griten en nuestro desierto:

«¡Dad frutos que den fe de vuestra conversión!».

Y nada parece cambiar bajo el sol...

Sé muy bien, Señor, que tendrías razones de sobra

para impacientarte y montar en cólera...

Pero escucha el clamor de tu Hijo Jesús,

la oración de todos los santos, los de ayer y los de hoy,

que te piden una nueva oportunidad para salvar a nuestra pobre tierra:

¡Padre, tú que eres lento a la cólera y rico en amor,

ten piedad de tu pueblo; sé paciente un año más!



17.-HAY CRUCES COMO «DE TEMPORADA»...
cruces de Adviento,

cruces de Cuaresma,

cruces de Semana Santa,

cruces de entierro y funeral,

cruces de ayuno y abstinencia,

cruces de ante-examen,

cruces de Casa de Ejercicios,

cruces de «Campaña en favor de...»,

cruces de...

No me fío mucho de esas cruces.


ORACIÓN

Señor, si hay algo que tengo claro en mi vida,

es que quiero seguirte.

Pero he de reconocer

que muchas veces el camino no es fácil:

Necesito que me recuerden varias veces

durante las cuatro semanas de Adviento que estás por llegar...

Necesito que me ayuden a ser consciente

de que seguirte implica pasar cuarenta días de desierto como tú hiciste...

Necesito que me laven los pies, que me preparen un trozo de madera

con el que parezca que estoy abrazando tu cruz,

necesito música y fiesta para sentir la verdadera alegría de tu Resurrección...

Necesito que me inviten “a no cenar” una noche

para concienciarme de que muchos de tus hijos

siguen muriendo de hambre...

Necesito vivir un gran problema

para darme cuenta de que un examen no es el fin del mundo...

Necesito que hagan unas convivencias

para poder hacer un hueco y encontrarme contigo...

Haz, Señor, que todo esto

no se convierta en cruces de desconfianza.

Que sea capaz de esperarte

con mi corazón y mis manos rebosantes de ESPERANZA,

que sea capaz de salir a tu encuentro por mi mismo,

sin que sea necesario que los demás me empujen a ello. Amén
18.- EN LA ESPERA, SEÑOR
Tantas veces, Señor, te hablo y te digo: “Aquí estoy”.

Tantas veces, Señor, soy el primero en salir al paso

cuando hablan de nosotros, los cristianos;

tantas veces, Señor, intento seguirte desde mis circunstancias…


Pero miro a mi alrededor y veo que algo falla

y pronto me desanimo; tardo poco en vencerme y en cubrir mi rostro;

tardo poco en pensar que no soy capaz de cambiar nada,

y que mi trabajo, mi esfuerzo por mostrarte a los otros, es escaso.


Quiero ser, Señor, como un niño, que mira con ilusión todo lo que le rodea,

que arriesga por aquello en lo que cree,

que camina con confianza si alguien le tiende la mano

y que siempre, siempre, más o menos tiempo, sabe esperar.

Por eso, Señor:

en la espera, conviérteme a la vida;

en la espera, acaba con los límites que me desesperan;

en la espera, ayúdame a desbordar esperanza;

en la espera, Señor, quiero abrazar tu Cruz, esperanza de todos.

19.- MISERICORDIA
La cuaresma nos invita a reflexionar sobre el bien que a todos nos hace en la vida un gesto de misericordia, misericordia como actores o misericordia contemplada como espectadores, pero sólo con el tiempo te das cuenta de que son así las cosas… sostener una mano, escuchar a un amigo o a un enemigo, querer y dejarse querer... En el entierro de un sacerdote diocesano de Zamora escuché decir a una de sus catequistas: “gracias, Félix, siempre amigo de tus amigos y de tus enemigos”. Cuánta misericordia contenida en tan pocas palabras. Pero sólo con el tiempo te das cuenta de que las cosas son así.

La cuaresma nos invita a reflexionar sobre nuestros sentimientos de misericordia tantas veces ocultada en nombre de la justicia, como si no tuviéramos derecho a sentir. La cuaresma nos invita a no apresurarla o forzarla, porque no podemos dar nada que no tengamos primero. Pero sólo con el tiempo te das cuenta de que así son las cosas.


ORACIÓN
Hoy, a la puerta del colegio que hay al lado de casa he presenciado un encuentro. He visto a un niño que se reencontraba con sus padres. Venían de un largo viaje, venían de adoptar a un hermano para su hijo y al verlos soltó su cartera y se lanzó a su encuentro sin fijarse en las escaleras, sus padres soltaron sus abrigos e hicieron lo mismo sin importarles nada… Así de libre quiero ir yo a tu encuentro, Dios mío, en esta cuaresma, libre y dispuesto para el abrazo de la más grande experiencia de la vida, para el abrazo de tu misericordia. Se me encoge el corazón sólo de pensarlo y, sencillamente, sólo puedo decir que eres lo más importante que me ha pasado en la vida. Amén

20.- UN SÍ COMO EL DE MARÍA
El sí de María es:

UN SÍ PERMANENTE: pues dijo sí

y nunca se volvió a atrás.

UN SÍ GOZOSO, dicho en positivo,

no contrariado, ni angustiado.

UN SÍ GRATUITO, pues nada pide a cambio.

UN SÍ HUMILDE, no desde la autosuficiencia,

sino desde la pequeñez y la pobreza.

UN SÍ LIBRE, dicho desde la lucidez y el amor,

y no desde el miedo o la imposición.

UN SÍ RESPONSABLE, bien consciente,

bien pensado y decidido,

aceptando las consecuencias.

UN SÍ CONFIADO, porque pone su fuerza en Dios.

UN SÍ CREYENTE, fruto de la fe; un sí al misterio.

UN SÍ ENAMORADO, como el de una novia,

porque Dios es todo su amor.

UN SÍ MATERNAL, con entrañas y anhelo de madre,

abierto a la ternura y la misericordia.

UN SÍ DE PLENITUD, porque no es el sí de una persona

sino el sí de todas las personas:

el sí de todos los pobres de Dios,

los que sólo confían en Él,

los que todo lo esperan de Él;

el sí de todos los creyentes,

el sí de todos los profetas que obedecen

y se entregan y cantan al mundo nuevo,

el sí de todos los mártires

que ponen su vida en Dios hasta el fin.

UN SÍ ENTREGADO, pues pone toda su vida en manos del Padre.

UN SÍ REPARADOR, por todos los “noes” pronunciados,

por todas las rupturas con Dios.

María, ayúdanos a decir sí.
QUINTA SEMANA DE CUARESMA

Estamos al final de la cuaresma y tenemos delante de nosotros una escena inigualable. Jesús escribe en la arena del suelo mientras escucha acusaciones, insultos y amenazas. No hace gran cosa, no discute, no juzga ni a los acusadores ni a la mujer, no señala a nadie, sencillamente escribe en la arena del suelo. El Evangelio deja la escena abierta y se me antoja que la mujer se levanta en un gesto de dignidad recuperada, con el miedo a ser mirada por todos disipado, con la cabeza erguida y el corazón ensanchado por las palabras escuchadas: “tampoco yo te condeno”. La cuaresma nos invita a hacer este ejercicio de libertad personal y común que nos hace crecer como individuos y como iglesia: “tampoco yo te condeno


21.- TUS DIBUJOS EN EL SUELO
Tus dibujos en el suelo

han tenido un efecto sorprendente:

el círculo moralista y acusador se ha roto

y, a solas contigo, por primera vez,

me he sentido libre.
Tus dibujos en el suelo

han sido el primer espejo no engañoso

que me ha hecho ver mi rostro triste,

mi ser pobre y vacilante,

mis miedos de siempre.
Tus dibujos en el suelo

han creado un silencio penetrante,

pues han puesto al descubierto

la trágica parodia que vivimos

cuando nos creemos diferentes.
Tus dibujos en el suelo

me han devuelto la dignidad perdida,

cuando tu dedo suave y firme,

con el polvo de siempre y mis lágrimas perdidas,

ha plasmado mi nuevo rostro sonriente.

Después te has incorporado,

serenamente has mirado mis ojos,

me has besado como nadie

y has dicho al aire: Vete y vive; ya sabes.

Y yo no me he atrevido a abrazarte.


Pero llevo tus dibujos del suelo

tatuados en mi piel para siempre.


22.- HAY CRUCES QUE TE «ATRAPAN»…
te atrapa la droga,

te atrapa el placer,

te atrapa la pasión,

te atrapa el dinero,

te atrapa el juego,

te atrapa el falso amor,

te atrapa la envidia,

le atrapa el poder,

te atrapa la fama

te atrapan...

Huyo de este tipo de cruces.
ORACIÓN
Cuando miro a Jesús, en la cruz, siento que es un gesto ¡tan humano por parte de ambos en un trance tan complicado!

Gracias, Jesús por este gesto tan humano, tan carnal, tan fraterno…

Señor, en este camino de seguirte sé que hay muchas ocasiones que tampoco yo tendré dónde reclinar la cabeza, pero sé también, Jesús, que podré ir a los brazos de nuestro Padre y allí depositar mis pensamientos y pensarlos de nuevo sin máscaras, sin justificaciones, sin prisas y sin temores…

Sólo así voy haciendo camino en este seguimiento que me has dado, sin detenerme demasiado, porque mi meta, mi morada definitiva está al final de la ruta…

Tú, Padre, eres mi rumbo mejor; tú, Jesús, eres mi señal mejor; tú,

Espíritu Santo, eres mi fuerza mejor para seguir adelante, desde el bautismo…

Amén

23.- ORACIÓN
Señor, ayúdame a discernir lo que quieres para mi,

a acoger el proyecto de vida que me tienes preparado:

Que no necesite evadirme de la realidad con dosis equívocas de euforia,

que sólo me llevan a caer en la más profunda depresión...

Que no me ciegue con falsas pasiones, que sé que sólo me permiten disfrutar un instante

y se esfuman sin darme más que un placer momentáneo...

Que no me haga esclavo de creer que el dinero es lo más importante,

el dueño absoluto de la vida y la felicidad del hombre...

Que no caiga en el error de intentar manejar la vida de la gente, como si de un juego se tratara

o de vivir como si mi propia vida fuera un simple juego de niños...

Que no me obceque en buscar el Amor fuera de ti, ya que por mucho que lo intente,

sólo en ti está el Amor verdadero...

Que no busque compararme con los demás,

sino que busque mi propia identidad y sepa conformarme y ser feliz con ella...

Señor, dame la fuerza necesaria para huir de estas cruces

y haz que sepa ACOGER tu plan para mi. Amén



2 abril 3 abril

24. EN TUS BRAZOS, SEÑOR
Sé que muchas veces estrecho mis brazos

a alguien sin demasiadas ganas.

Sé que muchas veces tenso mis brazos

y no acojo a quien mandas en tu nombre.

Sé que muchas veces prefiero abrazarme a mí mismo

y satisfacer mis necesidades no auténticas.

En mi corazón siento que así no te encuentro.

En mi corazón siento que así no te muestro.

En mi corazón siento que así yo te condeno.

En mi corazón siento que así yo me peco.

Desde lo más profundo, quiero abrir los ojos.

Desde lo más profundo, quiero abrir mis manos.

Desde lo más profundo, quiero abrir mi mente.

Desde lo más profundo, quiero abrir mi corazón

y acogerte a ti, mi Dios.

En tus brazos, Señor, acógeme y enséñame.

En tus brazos, Señor, acógeme y limpia mi culpa.

En tus brazos, Señor, acógeme y

dame un corazón misericordioso.

Dame tus brazos, Señor,

y ayúdame a levantarme.

25.- JUNTO A LA CRUZ CON MARÍA
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y, junto a ella, al discípulo que él tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la acogió como suya (Cfr. Jn 19, 25–27).
Dame, Señor,

la alegría de descubrir a tu madre

y tomarla como mía.

Dame, Señor,

la alegría de estar a la espera de tu palabra.

como lo estuvo ella.

Dame, Señor,

la finura de acoger y hacer vida tu palabra

como tu madre la acogió y vivió.

Dame, Señor,

ojos de sorpresa para contemplar

y descubrir tu presencia

en la debilidad de la vida.

Dame, Señor,

fe para conocerte y servirte

en la gente que me rodea.

Dame, Señor,

manos para acogerte y tratarte

en mis amigos y amigas

como María te acogió

y te abrazó a Ti.

SEMANA SANTA
Domingo de Ramos

«Jesús iba hacia Jerusalén, marchando a la cabeza. Al acercarse a Betfágé y Betania, junto al monte que llaman de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos diciéndoles:

-Id a esa aldea de enfrente: al entrar encontraréis un borrico atado en el que nadie se ha montado nunca. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué razón lo desatáis, contestadle que el Señor lo necesita.

Ellos fueron y encontraron lo que les había dicho. Mientras desataban el borrico, los dueños les preguntaron:

-¿Por qué desatáis el borrico? Contestaron ellos:

-El Señor lo necesita.

Se lo llevaron a Jesús, aparejaron el burro con sus mantos y ayudaron a Jesús a montarse. Según iba él avanzando, alfombraban el camino con los mantos. Cuando ya se acercaba, en la bajada del monte de los Olivos, los discípulos en masa, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los milagros que habían visto, diciendo:

-¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Del cielo paz y a Dios gloria!

De entre la gente, unos fariseos le dijeron: -Maestro, reprende a tus discípulos.

Él replicó:-Os digo que si éstos se callan gritarán las piedras. Al acercarse y ver la ciudad, le dijo llorando:

-¡Si también tú comprendieras en este día lo que lleva a la paz! Pero no, no tienes ojos para verlo. Y la prueba es que va a llegar un día en que tus enemigos te rodeen de trincheras, te sitien, aprieten el cerco, te arrasen con tus hijos dentro, y no dejen piedra sobre piedra, porque no reconociste la oportunidad que Dios te daba». Lc 19, 28-44
Ramos pacíficos

para denunciar toda injusticia,

para combatir toda opresión,

para borrar toda frontera,

para superar cuanto divide a los hombres,

para propiciar el desarme...,

para ofrecer un perdón sin condiciones,

para cantar al hombre nuevo,

para acercar a los que están lejos,

para enseñar a compartir,

para enseñar a hablar en una misma lengua,

para aprender a rezar juntos,

para ser testigo del amor,

para perdonar todas las deudas y los intereses.

Señor, aquí me tienes,

haz de mi un instrumento de tu paz y de tu amor. Amén
JUEVES SANTO
Cenar con los amigos,

abrirles el corazón sin miedo,

lavarles los pies con mimo y respeto,

hacerse pan tierno compartido y vino nuevo bebido.

Embriagarse de Dios, e invitar a todos a hacer lo mismo.

Visitar a los enfermos,

cuidar a ancianos y niños,

dar de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos;

acoger a emigrantes y perdidos,

e invitar a todos a hacer lo mismo.

Enseñar al que no sabe,

dar buen consejo al que lo necesita,

corregir al que se equivoca.

Consolar al triste,

tener paciencia con las flaquezas del prójimo.

Pedir a Dios por amigos y enemigos,

e invitar a todos a hacer lo mismo.

Trabajar por la justicia,

desvivirse en proyectos solidarios,

superar las limosnas.

Amar hasta el extremo,

e invitar a todos a hacer lo mismo.

Ofrecer un vaso de agua,

brindar una palabra de consuelo,

abrazar con todas nuestras fuerzas,

denunciar leyes injustas,

salir de mi casa y círculo.

Construir una ciudad para todos,

e invitar a todos a hacer lo mismo.
Un gesto solo, uno solo, desborda tu amor,

que se nos ofrece como manantial de vida.

Si nos dejamos alcanzar y lavar,

todos quedamos limpios,

como niños recién bañados,

para descansar en su regazo,

¡Lávame, Señor! ¡Lávanos, Señor!
VIERNES SANTO
Dentro de tu grito en la cruz caben todos nuestros gritos,

desde el primer llanto del niño

hasta el último quejido del moribundo.

Desde tu grito lanzado al cielo encomiendan su vida

en las manos del Padre

todos los que se sienten abandonados

en un misterio incomprensible.

Desde el desconcierto lanzado como queja

de los que experimentaron tu amor

alguna vez pero se sienten abandonados ahora,

y sólo en la lucha contigo esperan su salida,

desde todas las noches del espíritu,

llega hasta tus manos de Padre nuestro grito.

En este grito tuyo último,

dolor de hombre y dolor de Dios,

inclinamos agotados la cabeza

y te entregamos el espíritu,

cuando llegamos a nuestros límites,

donde se extinguen los esfuerzos y los días

y donde empezamos a resucitar contigo.


SÁBADO SANTO
Estamos, casi sin darnos cuenta, como al inicio de la

Cuaresma... de nuevo llevados al desierto, al silencio, a la

aparente inutilidad y fracaso de todo lo prometido. Llevados

al desierto a examinarnos de lo más importante, de lo único

–a fin de cuentas- más importante: llevados al desierto a

examinarnos en el amor.

Jesús, abrazado al árbol de la cruz, muere por amor a los

hombres: el grano de trigo ha muerto y está sepultado en el

seno de la tierra... para así producir abundante fruto.

Y yo ¿es el amor mi asignatura pendiente? ¿me

quiero?¿quiero a los demás como a mi mismo?¿quiero a Dios

por encima de todas las cosas? Hoy entro en el desierto para

releer tu Pasión y dejarme interpelar por tus palabras, por tus

gestos, por tus silencios...


Señor,

en este Sábado Santo,

llévame de la mano al desierto

y, de nuevo, acompaña mi sequedad, mi aridez, mis deseos...

y abrazado a tu cruz

muéstrame la riqueza infinita de ser pobre y crucificado,

dame vida según tu Palabra,

prepárame por dentro y por fuera

y haz que llegue a esta Noche Santa

dispuesto a celebrar la Vida

después de haber atravesado, contigo, este desierto

que me acerca tanto a ti

y me fortalece tanto a mi. Amén

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
En este Domingo

-el más importante del año gritamos

alegres ¡Aleluya!

Dios abraza a la humanidad entera

desde la pasión inmensa que siente por nosotros.

¡El Señor ha Resucitado! ¡Aleluya!

Todas nuestras manos vacías,

todas nuestras manos sucias,

todas nuestras manos cansadas,

todas nuestras manos llenas de cosas,

todas nuestras manos amenazantes,

todas nuestras manos...

por la Resurrección del Señor

quedan liberadas para abrazar con todas las fuerzas.

¡El Señor ha Resucitado! ¡Aleluya!

Hoy la Iglesia se engalana con sus mejores ropajes,

inundada por tan inmensa Luz;

hoy los creyentes sentimos y celebramos

que la vida vence todas las sombras de muerte,

que la Resurrección es esperanza para todos.

¡El Señor ha Resucitado! ¡Aleluya!

Hoy con Jesús, el Cristo, todos resucitamos,

todos renovamos nuestro compromiso

de apostar por la vida y por el optimismo;

por los buenos proyectos y por los más desfavorecidos;

por los más indiferentes y por la paz sin condiciones;

por el bien común, por la desapropiación que humaniza;

por la liberación de toda atadura

y por los hermanos antes que por nosotros mismos.

Gritemos con nuestra vida que



¡El Señor ha Resucitado! ¡Aleluya!
¡Feliz Pascua de Resurrección!






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