Epigrama – canción de siega – poema satírico – madrigal – elegía – himno – égloga – epitafio – oda – epístola – epitalamio



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3 ESO. Unidad 1: Los subgéneros líricos. Reconoce a qué subgénero pertenece cada texto o fragmento. Son once y no se repite ningún subgénero, aunque algunos se parezcan:

epigrama – canción de siega – poema satírico – madrigal – elegía – himno – égloga – epitafio – oda – epístola – epitalamio.




1

La vida empieza entre lágrimas y caca,

luego viene la mu, con mama y coco,

síguense las viruelas, baba y moco,

y luego llega el trompo y la matraca.

 

En creciendo, la amiga y la sonsaca;



en ella embiste el apetito loco;

en subiendo a mancebo, todo es poco,

y después la intención peca en bellaca.

 

Llega a ser hombre, y todo lo trabuca;



soltero sigue toda perendeca;

casado se convierte en mala cuca.

 

Viejo encanece, arrúgase y se seca;



llega la muerte, y todo lo bazuca,

y lo que deja paga, y lo que peca.

Francisco de Quevedo



2

El señor don Juan de Robres,

con caridad sin igual,

hizo hacer este hospital...

y también hizo los pobres.

Juan de Iriarte



3

A Déltima
Me hallo solo y estoy triste.
Tu viaje -que no maldigo
porque tú lo decidiste-,
me hundió en la sombra. ¡Partiste,
y la luz se fue contigo!

¡Somos, en este momento


en que el afán nos consume,
dos flores de sentimiento
separadas por el viento
y unidas por el perfume!

¡Ay de los enamorados


que están en diversos puntos
y viven -¡infortunados!-
con los cuerpos apartados
y los espíritus juntos!

Pero el mal de que adolece


nuestra pasión, que Dios veda,
en ti mengua y en mí crece.
¡Aquél que se va padece
menos que aquél que se queda!

Sufres, pero no ha de ser


cual tu ternura me avisa.
Tu dolor ha de tener
a menudo una sonrisa:
¡lo nuevo causa placer!

Mas yo, pobre abandonado,


no encuentro paz ni consuelo.
Desde que te has alejado
estoy ausente del cielo.
¡Sin duda te lo has llevado!

(…)


Salvador Díaz Mirón

4

Oíd, mortales, el grito sagrado:


Libertad, Libertad, Libertad.
Oíd el ruido de rotas cadenas,
ved en trono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación,
coronada su sien de laureles,
y a sus plantas rendido un león.

Sean eternos los laureles,


que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos…
¡o juremos con gloria morir!

(…)


Vicente López y Planes


5

Un feliz joven


ya dobla el cuello
al dulce yugo
de un amor tierno;
ya en sus altares
quema el incienso,
y ardientemente
clamar le veo:
Ven Himeneo, ven Himeneo.

(…)


José Joaquín de Olmedo

6

Un pájaro vivía en mí.


Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!


(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.)

Juan Gelman



7

Ojos claros, serenos,


si de un dulce mirar sois alabados,
¿Por qué si me miráis, miráis airados?

Si cuanto más piadosos,


más bellos parecéis a quien os mira,
no me miréis con ira,
porque no me parecéis menos hermosos.

¡Ay, tormentos rabiosos!


Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

Gutierre de Cetina




8

Blanca me era yo
cuando entré en la siega;
diome el sol y ya soy morena.

Blanca solía yo ser
antes que a segar viniese,
más no quiso el sol que fuese
blanco el fuego en mi poder.
Mi edad al amanecer
era lustrosa azucena;
diome el sol y ya soy morena.

Lope de Vega (Cancionero teatral)





9

Papa,
te llamas


papa
y no patata,
no naciste castellana:
eres oscura
como
nuestra piel,
somos americanos,
papa,
somos indios.
Profunda
y suave eres,
pulpa pura, purísima
rosa blanca
enterrada,
floreces
allá adentro
en la tierra,
en tu lluviosa
tierra
originaria,
en las islas mojadas
de Chile tempestuoso,
en Chiloé marino,
en medio de la esmeralda que abre
su luz verde
sobre el austral océano.

Pablo Neruda



10

El dulce lamentar de dos pastores,

Salicio juntamente y Nemoroso,

he de contar, sus quejas imitando;

cuyas ovejas al cantar sabroso

estaban muy atentas, los amores,

(de pacer olvidadas) escuchando.

(…)
Nemoroso:

Corrientes aguas, puras, cristalinas,

árboles que os estáis mirando en ellas,

verde prado, de fresca sombra lleno,

aves que aquí sembráis vuestras querellas,

hiedra que por los árboles caminas,

torciendo el paso por su verde seno:

yo me vi tan ajeno

del grave mal que siento,

que de puro contento

con vuestra soledad me recreaba,

donde con dulce sueño reposaba,

o con el pensamiento discurría

por donde no hallaba

sino memorias llenas de alegría.

(…)

Garcilaso de la Vega



11

Yo quiero ser llorando el hortelano


de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas


y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.


Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,


un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,


lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,


y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
(…)

Miguel Hernández




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