Es importante también en esta investigación, caracterizar



Descargar 0.64 Mb.
Página3/11
Fecha de conversión14.01.2019
Tamaño0.64 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

2.8.1.- Facilitadores de la comunicación.

  • Dar información positiva.

  • Ser recompensante

  • Entrenarnos para mejorar nuestras habilidades de comunicación

  • Empatizar o ponernos en el lugar del otro

  • Dar mensajes consistentes y no contradictorios

  • Saber escuchar con atención

  • Expresar sentimientos

  • Crear un clima emocional que facilite la comunicación

  • Pedir el criterio de los demás

Autores como Virginia Satir, Paúl Watzlawick (citado en Ares P.) manifiesta: Si los lugares, espacios y límites están distorsionados, lo más probable es que ello altere todo el proceso de comunicación e interacción familiar. 22

También destaca las funciones que este proceso cumple dentro de las que se incluyen: la función normativa, reguladora y afectiva, los axiomas básicos para entender el proceso de comunicación (verbal, no verbal; o analógica y digital), así como sus distorsiones.

De tal forma que en este estudio se pretende utilizar dimensiones de la comunicación, que lleven a los miembros que la conforman a una comprensión clara del lenguaje y asignaciones que corresponde a cada uno, como lo es una comunicación clara y directa, la cual se da cuando los mensajes entre los miembros de la familia se dan de esta manera en la medida en que son expresados con claridad aquello que se está solicitando a ese miembro en particular y sería directo porque un integrante expresa a la persona a quien va a transmitir el mensaje, este tipo de comunicación fomenta la cohesión familiar y a la vez la armonía entre todos sus integrantes

2.9.- Funcionalidad de la familia.

Patricia Ares menciona como funcionalidad de la familia, a aquella cuyas interrelaciones como grupo humano se favorece el desarrollo sano y el crecimiento personal, familiar y social de cada uno de sus miembros, considerando como decisivo los siguientes:



  • Presencia de límites y jerarquías claros

  • Respeto al espacio físico y emocional de cada miembro

  • Reglas flexibles pero claras y precisas

  • Capacidad de reajuste a los cambios

  • Posibilidad de expresar sentimientos y una comunicación clara y directa

  • Presencia de códigos de lealtad y pertenencia sin perder la identidad y la autonomía

  • Adecuada distribución de roles

  • Adecuadas estrategias para resolver situaciones de conflicto 23

Es decir que una familia funcional es aquella que promueve el sano desarrollo biopsicosocial de sus miembros procurando el progreso libre e integral de quienes la conforman, independientemente de su organización teniendo una comunicación clara mediante el diálogo, un ambiente placentero para que haya confianza, se puedan discutir diferencias, aclararlas o respetarlas y expresiones de afecto, tanto con palabras como físicamente. No se puede hablar de funcionalidad de la familia como algo estable y fijo, sino como un proceso que se va reajustando constantemente cuando la familia establece estrategias disfuncionales ante las situaciones de cambio, como la rigidez y la resistencia, provocando serios conflictos y por ende, comienzan a aparecer síntomas que atentan contra la salud y el desarrollo armónico de sus miembros. Por lo tanto, la principal característica que debe tener una familia funcional es que promueva un desarrollo favorable a la salud para todos sus miembros, para lo cual es indispensable que tenga: jerarquías claras, límites claros, roles claros y definidos, comunicación abierta y explícita y capacidad de adaptación al cambio, y también aspectos como:

Socialización: es la interacción mediante la cual el individuo aprende las normas y los valores sociales y culturales en la cual la familia tiene la responsabilidad de modelar al niño en un ser capaz de responder socialmente, cuando éste entre en contacto con redes de apoyo como la escuela.

Cuidado: se refiere a proveer las necesidades físicas de cada integrante como lo es; la alimentación, el vestido, acceso a los servicios de salud, etc.

Afecto: Se refiere a cubrir las necesidades afectivas de los miembros de la familia, porque la respuesta afectiva de un miembro a otro proporciona la recompensa básica de la vida familiar, y un sentido de aceptación.

Estatus y nivel socioeconómico: Es la responsabilidad de proveer las necesidades económicas y materiales y las experiencias que permiten al individuo asumir una vocación y un rol en grupos que sean consistentes con sus expectativas

2.10.- Vinculo afectivo.

Es la relación íntima que el niño establece inicialmente con la madre y luego con otras personas, como el padre, los hermanos, otros familiares y los amigos. Es un proceso que se remonta al momento en que el hijo hace parte de los sueños de sus padres, continúa durante la gestación, cuando los padres disfrutan del hijo, le hablan, lo estimulan y se lo imaginan; luego al nacer se reafirma con el reencuentro de ellos con él. 24

El vínculo afectivo implica una conducta de apego que corresponde al niño; en ella es significativo el sentirse mirado, tocado consentido, querido, acunado; también una conducta de atención, que corresponde a la madre y propende a la satisfacción de las necesidades básicas del niño, como son: alimentarlo, abrigarlo y cuidarlo, es decir, solucionarle todas sus necesidades básicas. También contribuye para que el niño establezca la red de relaciones con sus padres y otros parientes. Esta red contribuye al fortalecimiento del concepto de sí mismo que el niño está construyendo.

En este proceso son fundamentales las características individuales del niño, cuyo potencial le obstaculizará o facilitará las relaciones con las otras personas, inclusive con sus padres. También intervienen las otras personas, que son quienes le afirman o reprueban los comportamientos que él en el proceso de formación de su identidad expresa; los sentimientos que le generan estas situaciones son los que le facilitan la formación de su propia imagen.

Otro pilar del desarrollo emocional del niño es la confianza básica; se adquiere gradualmente en la medida en que le solucionen las necesidades básicas y que la persona que las resuelva está vinculada afectivamente con él. En la medida en que el niño logra la confianza básica, fortalece el proceso de diferenciación y adquiere la autonomía que necesita para continuar con su desarrollo.

Concepto de sí mismo. De él hacen parte: el autoconcepto, el cual puede ser positivo y gratificante, o negativo y la autoevaluación, que es el análisis que el niño hace de sí a partir de los sentimientos que generan sus actitudes en las otras personas que lo rodean y en él mismo.

Los padres contribuyen a la formación del concepto de sí mismos de los hijos, en la medida en que reconocen sus cualidades y reprueban de manera reflexiva y afectuosa sus aspectos negativos. Por ejemplo, cuando el niño es agresivo con otra persona, una forma de hacerlo caer en la cuenta de ello es la de hacer que se sienta en la situación del otro y confrontarlo e invitarlo a expresar los sentimientos que este evento le genera. Se le puede decir "¿cómo te sentirías si te pegaran a ti?; esta actitud le ayuda a asumir sus comportamientos con responsabilidad y compromiso.

En este proceso también son relevantes los modelos de los padres y de los adultos que el niño tiene a su alrededor; es importante que estos modelos actúen en forma concordante, que lo manifiestan en forma verbal corresponda con el comportamiento que asumen ante el niño y el grupo social en el que participan.

El primer modelo para el niño son sus padres; de éllos toma los elementos que le ayudan a asumir las características sexuales de acuerdo con su género; uno de los facilitadores de este proceso es el juego, específicamente el juego de imitación hacer como.25

Por medio del hacer como el niño se apropia de las características de los padres y otros actores sociales del entorno; de éllos toma las actitudes y modos de comportarse que le ayudan a afianzar su comportamiento como ser sexuado. Juega a ser como la mamá y el papá en el juego de "mamacitas". También entran en el juego otros personajes que para el momento y circunstancias que viva el niño sean relevantes; pueden ser personas como la jardinería del preescolar, los abuelos, el médico, los tíos, entre otros.

El acompañamiento de la familia en este proceso, de acuerdo a Villegas, consiste en crear y facilitar ambientes que propicien y promuevan actividades en las que el niño pueda observar comportamientos de otras personas de acuerdo a su función social, reflexionar en forma crítica sobre lo observado y cuando se presente la oportunidad, hablarle de las actitudes que él asume para afirmárselas o para ayudarle a adecuarlas con su cotidianidad.

Conflictos emocionales (rol paterno y materno).

Un niño que ha vivido y crece en un lugar donde la comunicación, el lenguaje, las normas y reglas no están bien establecidas, y además donde el ambiente que los rodea es hostil, de desagrado a causa de las problemáticas que experimentan sus padres, pero en los cuales sin tener que haber vivenciado lo hicieron, tienen la posibilidad de desarrollar lo que han aprendido, pues lo que la familia dé al niño durante sus primeros años de vida, eso mismo es lo que dará posteriormente a la sociedad cuando se relacione con élla.

Un niño pues tiene la necesidad de:


  • Una imagen clara del mundo

  • Un objetivo en la vida

  • Sentirse parte de las cosas

  • Estimulación

  • Arraigo

  • Amor. 45

Según lo expuesto anteriormente habría que preguntarse hasta qué punto se han satisfecho éstas necesidades en los niños, independientemente de las complicaciones que surjan en las relaciones parentales a la que pertenece. Según Train (2004)26 un niño puede reaccionar de forma agresiva por tres razones:

  • Cuando siente que alguien está interfiriendo en sus objetivos

  • Cuando percibe crítica hacia él y a sus amistades

  • Cuando considera que una situación es injusta, o que alguien ha sido negligente o descuidado.

Por lo tanto, cada individuo desde que nace establece relaciones, desde un comienzo con sus padres primordialmente y también con otras personas como tíos, abuelos, hermanos y otras redes de apoyo, en definitiva se vinculan con todos aquellos que contribuyen en cierta forma a satisfacer sus necesidades básicas.

Según Félix López, (1986)27 en su libro “La Formación de los Vínculos Sociales” ésta relación especial en un vínculo llamado apego se puede manifestar en determinadas conductas: Deseo de proximidad física



  • Frecuentes contactos: táctiles, visuales, auditivos

  • Búsqueda de apoyo y ayuda, especialmente en momentos de aflicción

  • Uso de los padres como apoyo para una exploración del ambiente

2.11.- Modos de control de comportamientos.
Ademar Noriega en su libro Psicología del Niño Problemas y Soluciones, señala que: “Algunos investigadores dicen que todo acto de violencia por parte de un adulto contra un niño, sin tener en cuenta lo breve o leve que sea, deja una cicatriz emocional que dura para toda la vida”.28
El término “buena paliza”, concepción mencionada por muchos padres refiriéndose a la forma de castigarlos cuando éstos no han acatado una orden o sugerencia, cuando el niño la experimenta, vive una situación hostil, que implica no solo los golpes sino también el mensaje que transmiten: eres despreciable, siento rechazo por ti. Este mensaje influye negativamente sobre la personalidad en desarrollo del niño, infundiéndole el desprecio hacia sí mismo y además ensenándoles que la interacción humana se basa en la agresión, que el que tiene más está en lo correcto, pero si bien es cierto no es así pues mientras más se golpea a un niño será más probable que como adulto él se relacione con otros mediante indicadores de violencia y no por la razón o por el buen ejemplo.

En cuanto a lo expuesto Noriega, señala que existen riesgos físicos de golpear las nalgas: Encontrado en lo más profundo está en nervio Ciático, nervio más grande del cuerpo. Un golpe fuerte en los glúteos, sobre todo con un objeto como un pedazo de madera, podría hacer sangrar a los músculos que rodean a dicho nervio, y posiblemente se dañe ocasionando un impedimento en la pierna en cuestión. La rabadilla, el hueso tan delicado de la base de la columna, también es susceptible a las lesiones cuando le pega a un niño en esa zona del cuerpo. Y cuando se le pide a un niño que se agache para pegarle se puede dañar los órganos sexuales. Frecuentemente las autoridades hospitalarias denuncian la dislocación de la rabadilla y los moretones en los órganos sexuales como una consecuencia de los castigos violentos. Las amenazas son otra forma inadecuada de controlar los comportamientos, en la cual el niño obedece al principio por miedo a que sus padres las cumplan, pero luego que se dan cuenta que son amenazas vacías llegan a la conclusión de que los adultos son mentirosos y vuelven a repetir los mismos patrones de comportamientos o se agudizan éstos. 29

Noriega aporta que: “En el momento de disciplinar a sus hijos, tome en cuenta que debe evitar el abuso físico, verbal, autoritarismo, sobornos (si haces caso, te doy algo a cambio) y las amenazas”. 28El Doctor James Dobson (citado en Noriega) destacó que: El castigo físico debe ser aplicado solamente entre desafíos y por padres amorosos, es decir personas que no sean violentas y que sepan controlar el enojo. El niño debe ser advertido con anterioridad sobre los comportamientos causales de castigo físico y que éste debe ser inmediato a la acción y cuando éste método de corrección se utilice debe ser con un objeto neutral y no con la mano, el objeto debe ser tal que no dañe a su hijo y debe aplicarlo solo en las nalgas.

Los niños seleccionados para éste estudio reciben castigos, tanto físicos, psicológicos y verbales, donde la falta de conocimiento en los padres en cuanto a la problemática ha primado en mayor instancia, aplicando éllos mismos mecanismos o formas de controlar sus comportamientos inadecuados, pero ocasionando únicamente agudizar el problema.



2.12.- Conducta disocial.

La conducta de cada individuo y en especial los niños suele tener relación con los modelos aprendidos a lo largo de su desarrollo, con manifestación de estados de ánimo y de equilibrio personal, en los que muchas veces ejecutan acciones incoherentes sin que la familia como grupo primario de una explicación razonable y lógica para erradicarla. Con frecuencia la forma en que ejerzan las normas de disciplina, influyen negativamente para mejorar la situación, pues existen formas de modificar la conducta, ya que los niños únicamente reproducen los elementos de los escenarios en los cuales fueron formados, por tal motivo la demanda que tiene la familia hacia los educadores y profesionales del contexto escolar ante determinada conducta del niño, no es responsabilidad de esa red de apoyo en primera instancia, sino de con quién experimentó, un modelado de aprendizaje durante sus primeros 5 años de vida.

La conducta disocial abarca un conjunto de comportamientos que no necesariamente se identifican con entidades clínicas definidas, cuyos elementos comunes son molestar a otros y romper las normas sociales aceptadas. Este comportamiento impide la adaptación del niño a las exigencias de su medio, lo que incluye las dificultades para el aprendizaje de nuevas conductas, como las escolares y/o las interacciones sociales. Estas conductas repercuten en las personas del entorno del niño, pudiendo llegar a ser hasta tal punto antisocial, que pasan a ser consideradas delitos según la ley actual.

Para la CIE-10 “los trastornos disociales se caracterizan por una forma persistente y reiterada de comportamiento disocial, agresivo o retador que en sus grados más extremos puede llegar a violaciones de las normas, mayores de las que sería aceptable para el carácter y la edad de la sociedad en la que vive”.30

Conductas como desobediencia, rabietas, robos, mentiras, agresividad, se encuentran a menudo en la infancia, sin que necesariamente tengan que encuadrarse como categoría psiquiátrica. El límite vendría delimitado principalmente por la intensidad o severidad de los síntomas, por la frecuencia en que aparezca, por el ambiente en que se dé. Muchos síntomas de este tipo aparecen en la infancia y no por ello pueden catalogarse como patológicos, pues se manifiestan a edades donde la conducta es tolerada (un robo a los 6 años, por ejemplo). Son conductas que no interfieren en el funcionamiento diario del niño. La intensidad y la frecuencia también son relativas y no pueden valorarse de la misma manera para todas las conductas. Se puede decir que los problemas de conducta en el niño, los trastornos de conducta, están presentes cuando: la conducta teniendo en cuenta su frecuencia, intensidad y duración, molesta a otros y dificulta el desarrollo normal del niño

Si la Psicología se define como la ciencia que estudia la conducta y el comportamiento humano, es necesario contar con procedimientos de clasificación que ordenen, agrupen y diferencien unas conductas de otras. No se puede llegar al conocimiento científico de ningún trastorno específico a no ser que podamos clasificar los trastornos. Los sistemas categoriales de mayor aceptación hoy son los conocidos DSM-IV-TR y la clasificación CIE-10. En ambos para que un niño pueda ser diagnosticado con un determinado trastorno debe cumplir un cierto número de criterios, pero en realidad muchos niños diagnosticados pueden tener síntomas de algún otro trastorno, o bien hay niños que a pesar de presentar conductas problemáticas no cumplen exactamente con ninguna de las categorías diagnósticas descritas en estos sistemas; de allí la importancia de poder caracterizar si la conducta de agresión que presentan los niños de la escuela Fé y Alegría cumple con los síntomas y signos de la conducta disocial.

Propuesta de la Asociación Americana de Psiquiatría, 1995, DSM IV- TR, incluye los trastornos de conducta bajo el epígrafe Trastorno por déficit de atención y comportamiento perturbador, que engloba: 31

Trastorno por déficit de atención con hiperactividad



F90.0 TDAH de tipo combinado

Subtipos F98.8 TDAH con predominio de déficits de atención



F90.0 TDAH con predominio impulsivo-hiperactivo

F90.9 TDAH no especificado.

F91.8 Trastorno disocial.

TD tipo de inicio infantil (312.81)

Subtipos TD tipo de inicio adolescente (312.82)

TD de inicio no especificado (312.89)

Con especificación de la gravedad: leve, moderado o grave.

F91.3 Trastorno negativista desafiante.
F91.9 Trastorno del comportamiento perturbador no especificado.32
Sin embargo la característica esencial del trastorno disocial es un patrón de comportamiento persistente y repetitivo en el que se violan los derechos básicos de los otros o importantes normas sociales adecuadas a la edad del sujeto. Estos comportamientos se dividen en cuatro grupos: comportamiento agresivo que causa daño físico o amenaza con él a otras personas o animales, comportamiento no agresivo que causa pérdidas o daños a la propiedad, fraudes o robos y violaciones graves de las normas. Tres o más comportamientos característicos deben haber aparecido durante los últimos 12 meses y por lo menos un comportamiento se habrá dado en los últimos 6 meses. (DSM-IV-TR, p 107-108)

La clasificación de la C.I.E.-10 propuesta por la Organización Mundial de la Salud en 1992, incluye los trastornos de conducta dentro del epígrafe Trastornos del niño y el adolescente; como Trastornos del comportamiento y las emociones de comienzo habitual en la infancia y la adolescencia: 33



F90 Trastornos hipercinéticos

F90.0 Trastorno de la Actividad y de la Atención.

F90.1 Trastorno hipercinético disocial.

F90.8 Otros trastornos sin especificación.

F90.9 Trastorno hipercinético sin especificación.

F91 Trastornos disociales
F91.0 Trastorno Disocial limitado al contexto familiar.

F91.1 Trastorno Disocial en niños no socializados.

F91.2 Trastorno Disocial en niños socializados.

F91.3 Trastorno Disocial desafiante y oposicionista.

F91.8 Otros trastornos disociales.

F91.9 Trastorno Disocial no especificado

F92 Trastorno disocial y de las emociones mixtos.

F92.0 Trastorno disocial depresivo.

F92.8 Otros trastornos disociales y de las emociones mixtos.

F92.9 Trastorno disocial y de las emociones mixto no especificado
Se trata de un grupo de trastornos caracterizados por comienzo precoz (normalmente en los cinco primeros años de vida), falta de persistencia en las tareas que requieren un esfuerzo intelectual y tendencia a cambiar de una actividad a otra sin acabar ninguna, además de una actividad desorganizada, irregular y excesiva. Pueden asociarse otras anomalías varias. Los niños hipercinéticos son a menudo, descuidados e impulsivos, propensos a accidentes, y plantean problemas de disciplina por saltarse las normas, más que por desafío deliberado de las mismas, por falta de premeditación. Su relación con los adultos suelen ser socialmente desinhibidas, con una falta de prudencia y las reservas naturales. Son impopulares entre los niños y pueden llegar a convertirse en niños aislados. Es frecuente la presencia de déficit cognoscitivo y son extraordinariamente frecuentes los retrasos específicos en el desarrollo motor y el lenguaje. Las compilaciones secundarias incluyen comportamiento disocial y baja autoestima. (CIE 10, p 204).

Los sistemas categoriales anteriores son los más extendidos y utilizados por los profesionales de la salud mental, entre otras razones porque contemplan muchas alteraciones no incluidas en otros sistemas por su escasa prevalencia.

Se hace necesario acudir al enfoque conductual que explica los trastornos de conducta así como la primacía de los procesos familiares de socialización. Desde este enfoque las conductas perturbadoras son aprendidas o fruto de la experiencia y se mantienen por sus consecuencias, siguiendo los principios del reforzamiento positivo y negativo.

La hipótesis de la coerción de Patterson, ha sido uno de los modelos más utilizados para explicar el desarrollo y mantenimiento de las conductas de desobediencia en niños. De esta manera las conductas disruptivas se aprenden en interacciones de coacción con los padres. Patterson, tras observar de forma natural a niños de poblaciones clínicas llegó a la conclusión de que la agresión aparecía asociada a otras conductas indeseables y que tales acciones eran utilizadas por el niño para controlar a los miembros de la familia. A éste fenómeno le llamó coacción.

En esta teoría se plantea que existen conductas coactivas en los niños recién nacidos que son involuntarias; como llorar, las cuales influyen en la conducta de la madre y que permiten la supervivencia del niño. Durante el desarrollo, el niño va cambiando estas conductas coactivas por habilidades sociales y verbales. Pero en determinadas condiciones el niño mantiene las conductas de origen. Uno de los principales factores es la falta de habilidades por parte de los padres el no saber castigar y reforzar de forma adecuada.

Por ejemplo, cuando la madre se encuentra con el niño en un supermercado y cede ante una rabieta de éste en una tienda y le compra algo que él desea. Las consecuencias a corto plazo son agradables para ambas partes.

Se produce lo siguiente:


  1. Desde el punto de vista del niño éste aprende que puede conseguir las cosas que desea (reforzador) mediante la rabieta (conducta).

  2. Desde el punto de vista de la madre elimina un estímulo aversivo como es la rabieta del niño (reforzador negativo) y consigue un alivio inmediato, por lo que tenderá a repetir la compra en otras ocasiones.

Pero las consecuencias a corto plazo son diferentes de las de a largo plazo. Básicamente porque el niño aprende a manipular la situación mediante el llanto, interacción que Patterson denomina trampa del reforzamiento negativo. En estas situaciones muchas veces el castigo resulta ineficaz, es decir, no suprime las conductas coactivas sino que parece aumentarlas, proceso denominado: aceleración del castigo. 33 (Patterson)

Esto sucede debido a que el niño ha recibido un fuerte reforzamiento con las conductas coactivas; además, la forma de administrar el castigo por parte de los padres muchas veces no es la adecuada. 34 (Patterson)

Aunque las causas del comportamiento agresivo en los niños son múltiples y complejas, Patterson y colaboradores, basándose en el aprendizaje social, han desarrollado un modelo causal de esta alteración denominado modelo o teoría de la coacción. Un aspecto central de este modelo es:

 

La denominada “trampa del reforzamiento negativo”.



La imitación de modelos agresivos observados en otros niños.

La negligencia paterna hacia los hijos.

El sistema de jerarquía entre iguales del niño.

La vaguedad de las órdenes que dan los padres a sus hijos (Patterson)


Ademar sostiene que: “Las relaciones entre padres e hijos son únicas e intensas. Por lo general las familias son felices cuando padres e hijos saben relacionarse y comunicarse de manera afectuosa y positiva, cuando los padres se sienten capaces de ayudar a que sus hijos se comporten bien, y cuando los hijos pueden expresar sus emociones y tener una conducta adecuada”. 35
Según la declaración de Ademar las mayores dificultades surgen cuando los padres no saben afrontar la conducta inadecuada de sus hijos de forma eficaz en el momento que se manifiesta de forma oposionista y desafiante, la cual es frecuente en niños pequeños, grandes y adolescentes, el mismo que se constituye en un problema cuando interfiere en el funcionamiento general diario en el hogar y en el contexto escolar, hacia sus compañeros y los adultos. Éste tipo de comportamientos suele estar relacionada con ambientes familiares de mucha tensión o conflictos de vida.

El aprendizaje social de Albert Bandura, conocido como aprendizaje vicario, observacional, imitación, modelado o aprendizaje cognitivo social, está basado en una situación social en la que al menos participan dos personas: el modelo que realiza una conducta determinada y el sujeto que realiza la observación de dicha conducta; esta observación determina el aprendizaje a diferencia del aprendizaje por conocimiento, el aprendizaje social el que aprende no recibe refuerzo, sino que este recae en todo caso en el modelo; aquí el que aprende lo hace por imitación de la conducta que recibe el refuerzo.

Albert Bandura, consideró que la teoría del conductismo con énfasis sobre los métodos experimentales la cual se focaliza sobre las variables que pueden observarse, medirse y manipular y que rechaza todo aquello que sea subjetivo, interno y no disponible era un poco simple para el fenómeno que observaba por lo que decide añadir un poco más a la fórmula.36

 Surgió que el ambiente causa el comportamiento, cierto, pero que el comportamiento causa el ambiente también, esto lo definió con el nombre de determinismo recíproco. El mundo y el comportamiento de una persona causan mutuamente; a partir de ésto empezó a considerar a la personalidad como una interacción entre tres cosas:



  1. El ambiente

  2. El comportamiento

  3. Los procesos psicológicos del sujeto (Bandura, 1977)

Los tres componentes están constantemente interactuando y un cambio producido en alguno de ellos tiene efectos en los otros.

Bandura (1977)37 creador de la teoría social del aprendizaje, que se centra en los conceptos de refuerzo y observación, sostiene que los humanos adquieren destrezas y conductas de modo operante e instrumental y que entre la observación y la imitación intervienen factores cognitivos que ayudan al sujeto a decidir si lo observado se imita o no. En los niños afirma Bandura, la observación e imitación se da a través de modelos que pueden ser los padres, educadores, amigos y hasta los héroes de la televisión.

La agresividad como conducta en muchos de los casos, corresponde a una característica aprendida desde pequeños en el hogar, son un modo de actuar de una persona que nos reflejan su incomodidad, su insatisfacción, y muchos otros sentimientos que en su mayoría son mal canalizados o mal aprendidos, ya que las reacciones ante lo que no les gusta, la mayoría de las ocasiones son exageradas con respecto al problema original es como ver las cosas en una magnitud demasiado alta como para solucionarlos y la respuesta automática se traduce en un insulto, desprecio, crítica, golpe, amenaza y otras tantas conductas que se catalogan como violencia física, verbal, psicológica, sexual, etc.; todas ellas son conductas que buscan el castigo de la otra u otras personas; las relaciones que se dan y los comportamientos presentados por la familia, ejercen una influencia en su generación y mantenimiento.

Estos comportamientos se van incorporando hasta que los niños crecen con ellas formando parte de su conducta habitual, al llegar la adolescencia y posteriormente al ser adultos, los conflictos por éstas, las cuales se van agudizando y conllevan serios problemas en las relaciones personales, que pueden generar conductas disociales, dificultades en la adaptación al trabajo y a la familia. 38


1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal