Escritos Espirituales de M. Alberta 22 de julio de 1998 Sant Cugat del Vallès Noviciado



Descargar 471.95 Kb.
Página1/8
Fecha de conversión05.04.2018
Tamaño471.95 Kb.
  1   2   3   4   5   6   7   8


Escritos Espirituales

de M. Alberta

22 de julio de 1998

Sant Cugat del Vallès

Noviciado

A todas y cada una

de las Religiosas de la Congregación.
Con el deseo de que el espíritu de la Madre

se haga vida en nosotras

y nos impulse a ser fieles al Señor,

como lo fue la Virgen.




Índice

Introducción............................................................................9

Bibliografía.............................................................................13

Tabla cronológica...................................................................15


Ejercicios Espirituales 1881....................................................19

Ejercicios Espirituales 1882....................................................37

Ejercicios Espirituales 1883....................................................57

Esquema de Reglamento 1884................................................63

Ejercicios Espirituales 1884...................................................99

Ejercicios Espirituales 1886.................................................125

Ejercicios Espirituales 1887..................................................133

Ejercicios Espirituales 1889..................................................155

Ejercicios Espirituales 1894..................................................177

Propósitos de los Ejercicios 1896.........................................185

El nacimiento y la muerte del Redentor.................................191

Obsequios para prepararse al nacimiento del Niño Jesús........199

Mes de María.......................................................................207

Día 21 de cada mes dedicado a la insigne mártir de Jesucristo

Santa Úrsula.........................................................................215

Pensamientos espirituales por ella redactados........................233


Conclusión............................................................................239

INTRODUCCIÓN
El conocimiento de Madre Alberta, como el de toda persona que haya sido invadida por el Espíritu del Señor, es inagotable.
Se nos ha concedido la gracia de tomar contacto directo con sus apuntes espirituales, escritos autógrafos a través de los cuales hemos penetrado en el santuario de su alma. La experiencia es para vivirla y saborearla y dejar que el vigor de su espíritu vaya empapando nuestro ser hasta comunicarle su reciedumbre, su serenidad y equilibrio, su anhelo constante de perfección.
El trabajo que presentamos es sencillo y constituye un punto de partida. La mayoría de los que consideramos “escritos espirituales” de la Madre son apuntes tomados durante los Ejercicios Espirituales que practicó a lo largo de su vida, aunque sólo se conservan manuscritos de algunos de ellos. A través de los Archivos de la Congregación, hemos tenido acceso a nueve de estos documentos (situados entre 1881-1896) de valor inestimable para nosotras. (De otros Ejercicios hace una referencia holgada la M. Juan en la obra “Una Insigne Balear” T. I., pp 682-711).
Se añaden otros cinco escritos que, por su contenido, han sido clasificados también entre los espirituales; no son apuntes de Ejercicios y evidentemente presentan un matiz diferente. Por último, el “Esquema de Reglamento” de 1884, documento base en la elaboración de las Constituciones de 1892.


En total son quince testimonios de la espiritualidad de M. Alberta en los que debemos entrar con inmenso respeto, sabiendo discernir en ellos el contexto social y religioso de finales del siglo XIX para poder valorar y apreciar su espíritu delicado en extremo, su apertura y fidelidad a Dios “aquí y ahora”. Sólo así los “Escritos Espirituales” serán alimento provechoso para nuestra vida espiritual, imitando a la Madre en nuestro “aquí y ahora”. Puede llamar la atención, por ejemplo, en nuestro actual contexto, la ausencia prácticamente total de menciones explícitas del Espíritu Santo. Pensemos que lo mismo se ha comentado alguna vez del texto de los Ejercicios de San Ignacio. Ello viene a confirmar la realidad de la vocación personal en unas determinadas coordenadas históricas.
La Madre no se sustrae al esquema doctrinal decimonónico en el que “El Gran Desconocido” ejercía su acción misteriosa en el fondo de los corazones sin la eclosión fulgurante que el Nuevo Pentecostés del Vaticano II traerá a la Iglesia. Sin embargo, incluso sometida a ese ritmo lento de la encarnación que supone luces y sombras en todo momento histórico, M. Alberta vive una vida interior profundamente trinitaria, da mucha importancia al “Sagrado Trisagio” y basta contemplar la trayectoria de su vida para captar, desde nuestra sensibilidad pneumatológica, la presencia y el soplo del Espíritu en todo su ser.
El esquema cronológico adjunto muestra en columnas algunos datos sobre fecha, contenido, estado y características del manuscrito y, por último, las referencias bibliográficas que nos han servido de apoyo. La columna titulada “fuentes” trata de explicitar si el contenido es original de la Madre, es decir, si expone sus propios pensamientos, expresiones o resoluciones o si, por el contrario, corresponde más bien a una posible transcripción de lo que ha oído o leído. De los quince escritos estudiados observamos que nueve de ellos son apuntes personales, tres van dirigidos a las alumnas, uno a las Hermanas, uno a las Novicias y otro cuyo destinatario no hemos llegado a identificar.
El texto de cada documento va precedido de una breve reseña que explica someramente algunas peculiaridades del mismo.


AGRADECEMOS a la Madre General y a las Hermanas de la Casa Madre el habernos permitido el acceso a los manuscritos originales. Es una gracia que apenas podemos valorar pero sentimos que nos ha hecho bien. Ojalá sepamos aprovecharla.
Sobre todo, nuestro agradecimiento al Señor y a la Virgen por la Madre. A través de sus escritos y de los mil detalles que sólo cada una conoce, ella se nos da generosamente a todas.
Sepamos acogerla, contemplarla, imitarla... ¡Hagámosla Santa!


Bibliografía
- Margarita JUAN, Una Insigne Balear, 1986.

- Margarita JUAN, Cartas, 1980.

- Summarium Documentorum, Romae 1979.

- MATHEU MULET, La Madre Alberta (inédita).

- José MACH, Áncora de Salvación, 1882.

- Remigio VILARIÑO, Puntos de Catecismo, 1957.



Tablas

Ejercicios Espirituales 1881
Se desconoce quién fue el director y la fecha concreta (mes y días) en que se realizaron; conservamos el borrador autógrafo, escrito en papel rayado. Los apuntes no presentan toda la temática de los Ejercicios, ya que falta lo correspondiente a la Pasión y Resurrección; hay una última plática sobre la caridad que sólo consta de tres líneas y deja incluso la frase sin terminar.
A través de este texto contemplamos el alma de la Madre: humildísima, de conciencia sumamente delicada, con una gran clarividencia para discernir sus defectos y pecados. Insiste a menudo en la obediencia y en la completa abnegación del propio juicio; se anima sin cesar a vivir la humildad y la mortificación, con deseo ferviente de reparar por sus faltas. Sin embargo, la conciencia de su miseria no la derrumba; confía y suplica a Jesús y a la Virgen incesantemente.
Todo el fragmento rezuma espontaneidad y sencillez, con expresiones muy vivas y enardecidas. La Madre ve a Dios como Padre amoroso, lleno de misericordia; a Jesucristo como su Salvador, su Capitán y Jefe a quien desea seguir e imitar principalmente en la humildad y mansedumbre. A la Virgen se acoge como a “Piadosísima Madre”, “Virgen Purísima y Dolorosísima”. Varias veces alude a la Santísima Trinidad como meta última de su oración.
Impacta su voluntad de superación y deseo de santidad así como su gran realismo y conocimiento de la naturaleza humana. Toma resoluciones terminantes y concretas; se exige una obediencia radical. Todo sufrir le parece poco, “de corta duración” ante el deseo de dar gloria a Dios y alcanzar el fin para el que fue creada.


Desde estos primeros escritos la Madre se nos presenta heroica y sencilla, orientada hacia Dios sin paliativos de ningún género, tendiendo con todas las fibras de su ser a la santidad.


1881

1ª. Plática, fin del hombre.
¿De qué depende, Dios mío, el que yo cumpla tan mal mis deberes como hermana de la Pureza que soy; que hable a mis hermanas de un modo inconveniente; que no vigile a las niñas como debiera? De que olvido el fin por que fui criada, de que no me aplico a conoceros a Vos, de que no os amo, pues si os amara otra sería yo. ¿Podré Dios mío lisonjearme o hacerme la ilusión de que os he amado? ¿Dónde están las pruebas que de amor os he dado? ¡Ay, que no encuentro en mí más que ingratitudes!

No, Dios mío, no quiero hacer más el sordo a vuestros llamamientos. Quiero desde este momento aplicarme, pero de veras, a conoceros, pues cuanto más os conozca más motivos encontraré para amaros, y amándoos tendré esperanza de gozaros en la gloria.

Viviendo como he vivido hasta ahora, ¿puedo esperar conseguir mi último fin: ver a Dios en el cielo? No, loca presunción sería, más bien puedo temer me suceda lo que a las vírgenes necias, que Dios me diga: no te conozco pues tú no has querido conocerme a mí. Dios mío, no permitáis me suceda esta desgracia. Ya que Vos me habéis colmado de tantos beneficios, me habéis traído a esta santa casa en donde me facilitáis tantos medios para santificarme, no permitáis que por mi desgracia los haga ineficaces, antes al contrario me sirva de todos para alcanzar mi último fin. Sí, Dios mío, os lo suplico por los méritos de vuestro Smo. Hijo crucificado y por la intercesión de vuestra Purísima Hija y Madre mía. Sí, Piadosísima Madre mía, rogad por mí a la SS. Trinidad para que viva en esta vuestra casa dando buen ejemplo y siendo como debo, Hermana de la Pureza, para un día ver y gozar a vuestro Hijo y juntamente a Vos en el cielo.

2ª. Plática. y 1ª. Meditación.

Indiferencia.


¿Con qué objeto vine a esta santa casa? ¿Con qué fin? Para santificarme y ayudar a mis hermanas y niñas a conseguir su propia santificación. ¿He tenido siempre a la vista este objeto? No por cierto, pues de otro modo me hubiera portado. El mejor medio para conseguirlo es la santa indiferencia. ¿No digo yo (o pienso) muchas veces que no vine para hacer mi voluntad sino la de mis superiores? Es verdad; pero desgraciadamente lo digo de palabra y mi conducta lo desmiente. Si de veras hubiese entregado mi voluntad a los superiores, ¿habría resistido como lo he hecho a sus mandatos o indicaciones? Si hubiese estado indiferente a sus disposiciones, ¿me habría dejado engañar por mi mal humor dando así mal ejemplo a cuántas me rodean y quitando de algún modo la libertad a mis buenos superiores de tratarme como convenía? Al contrario, ellos se han visto obligados muchas veces a condescender con mi genio. Cuántos motivos tengo Dios mío de confundirme y avergonzarme. Vos, Jesús mío, os sujetáis a la voluntad de los perversos judíos que os aborrecían, que son menos que un grano de arena en vuestra presencia. Yo me he atrevido a rebelarme contra las disposiciones de mis superiores, que sé me aman muchísimo y no desean otra cosa más que mi bien, y además sé que su voluntad es la vuestra.

Dios mío desde este momento protesto que quiero estar indiferente a cuanto los superiores dispongan de mí, me entrego totalmente a su voluntad y no quiero que esta entrega sea otra como las que hasta aquí he hecho, quiero ser como blanda cera en manos de un niño que hace de ella lo que quiere. Cuando mi amor propio levante el grito y ponga a mi vista mi insuficiencia o cualquier otra excusa le combatiré pensando que Vos, Dios mío, no me abandonaréis puesto que sois Vos quien me lo mandáis.

Cuando el demonio, para quitarme la tranquilidad, venga a presentar a mi imaginación cualquier embuste de los suyos haciéndome ver que estoy abrumada y presentándome comparaciones, no le escucharé y entonces, con más prontitud que nunca, haré aquello a lo que sienta repugnancia.

Dios mío, cuántos malos ejemplos he dado por mi poca indiferencia, pues mis hermanas no han podido ver en mí más que una persona apegada a su propio juicio, indócil y poco sumisa y que para todo encuentra excusa para salir con la suya.

Si Vos, Dios mío, me concedéis vuestra gracia como espero, pues que os la suplico por los méritos de mi Jesús y por la intercesión de mi dulcísima Madre María, no seré ya más como he sido. Otra vez os prometo no oponerme ni manifestar la más mínima repugnancia a lo que los superiores dispongan de mí, sea ligero o penoso, fácil o difícil, ensalce o humille, pues sé que será vuestra voluntad... Cuando se me mande algo y pueda creer que la superiora haya olvidado alguna cosa, o me parezca notoriamente conveniente hacer otra, expondré mi pensamiento con humildad y con indiferencia cediendo con alegría al parecer de otras.

Pondré sumo cuidado que mi amor propio no me engañe cuando, para cumplir con mi deber, haga alguna advertencia o algún recuerdo a la Superiora o hermanas; cuando me haga ver que no se hace caso de lo que digo, le aplastaré y, quieras que no, diré cuanto la prudencia aconseje estando indiferente a lo que suceda.


2ª Meditación. Pecado de los ángeles y de Adán.
¿Cuántos motivos tengo, Dios mío, de ensalzar y alabar vuestra misericordia para conmigo pues me veo llena de tantos pecados, de tantas ingratitudes, y de tantas infidelidades, y Vos me sufrís y tenéis paciencia y me dais tiempo para arrepentirme. A los ángeles, puros espíritus, luego de cometer un solo pecado les arrojáis al infierno, por un solo pecado de pensamiento, por una sola vez que os habían desobedecido son tan severamente castigados; y a mí me conserváis en este mundo y me concedéis tiempo a pesar de haberos desobedecido tantas veces, de haber resistido tan tenazmente a vuestros mandatos pues esto he hecho todas las veces que no he estado indiferente. Dios mío, no permitáis me suceda otra vez esta desgracia. Cuánto más culpable soy yo que nuestros primeros padres, pues ellos cometieron un solo pecado, yo miles he cometido, después que sé el modo como lo habéis castigado en otros y cuánto costó a vuestro Hijo el daros satisfacción por ellos.


Plática, insistencia en el fin del hombre, del cristiano y de nuestra vocación.
Como por ser hermana de la Pureza estoy continuamente a la vista de las niñas y hermanas tengo el deber de dar a unas y otras buen ejemplo.

Después que Dios, por medio de la plática que he oído, me ha hecho conocer el grandísimo mal que es no ser fiel a la gracia de la vocación, no puedo menos de estar penetrada de dolor al pensar lo mal que he correspondido a las gracias sin número que Dios, sólo por su misericordia, se ha dignado concederme: Dios no permita que una vez más malogre sus divinos auxilios y le vuelva la espalda.

Dios mío, por el desamparo en que estuvisteis en el huerto de Getsemaní y en el árbol de la cruz alcanzadme perseverancia en mis buenos propósitos pues desde este momento los hago de nuevo de hacer cuanto pueda para conseguir el fin de mi vocación. Veré a Dios en todas las cosas. Procuraré adquirir la santa indiferencia, no tener voluntad para nada, no tener apego ni afición a cosas a personas ni a mi propio juicio. Dios mío no me abandonéis. Virgen Sma., interceded por mí.

Plática de los pecados.


Al ver la multitud y enormidad de mis pecados no sé dónde volverme, piadoso Jesús habed misericordia de mí y concededme luz para que conozca toda la gravedad y malicia de mis faltas pues son innumerables. Ángel de mi guarda poned en mi mente cuántas ofensas he hecho contra mi Criador, mi Redentor y Santificador. Virgen Purísima y Dolorosísima, por las penas y dolores que sufrió vuestro maternal corazón durante la vida pasión y muerte de vuestro Smo. Hijo, os suplico intercedáis por mí al Padre de las misericordias para que me conceda un verdadero dolor de todas mis culpas y un firme proposito de no cometer ninguna en toda mi vida.

Suplicad al Padre eterno me dé fortaleza para aplastar al amor propio y para confesarme con claridad y precisión. A vuestro Hijo que me dé sabiduría para ver con claridad la malicia de mis faltas y sepa acusarme de ellas del modo conveniente.

A vuestro Divino Esposo me comunique sus dones para que no malogre la gracia que tan misericordiosamente me concede la Sma. Trinidad de darme tiempo y oportunidad de hacer este santo retiro en donde, por su clemencia, me hace ver la multitud de defectos que tengo en mi corazón y que por medio del sacramento de la penitencia quede mi alma libre de las cadenas que la aprisionan.

Las resoluciones que tomo al ver la infinidad de faltas que, sin fijarme en ellas, he cometido son: vigilar continuamente, a fin de apercibirme y darme cuenta de lo que haga; no mirar nada con indiferencia y hacer caso aun de la cosa más insignificante y así es que, cuando la superiora o Visitador me indiquen su voluntad o sus deseos veré en ello la voluntad de Dios y lo cumpliré con exactitud, prontitud y alegría. Me serviré de todos los objetos para dar gloria a Dios y alcanzar el fin por que fui creada. Ser puntualísima a los toques de campana y no perder ni un momento de tiempo. Procuraré del modo que me sea posible reparar el mal ejemplo que he dado a las hermanas y a las niñas.

Dios mío yo os doy gracias por haberme sufrido tanto tiempo habiendo cometido tantos pecados siendo así que castigasteis a los ángeles y a nuestros primeros padres luego que cometieron uno sólo y a cuantos otros vuestra divina justicia ha arrojado a las eternas llamas por muchos menos pecados que los que yo he cometido y conmigo usáis de tanta misericordia y me llamáis una y otro vez a pesar de haberos despreciado tantas veces, no permitáis misericordioso Señor que otra vez desprecie vuestra gracia.

Meditación del juicio particular.


¿Qué me ha de suceder después de haber estado más o menos tiempo en esta vida? He de morir. He de cerrar los ojos a todo lo de este mundo para abrirlos a la eternidad, y ésta será feliz o desgraciada según hayan sido mis obras. Decidirá este punto la sentencia que el rectísimo Juez fulmine contra mi alma en el momento mismo en que ésta se separe de mi cuerpo, ¡momento terrible para mí si he vivido sujeta a mis pasiones, y consolador si he sabido escoger el camino de la santa indiferencia! Para no temer presentarme a juicio al fin de mis días procuraré hacer buen uso del tiempo, de las gracias que Dios me dé, de los avisos que reciba de mis superiores y hermanas, y haré servir a todas las cosas que me rodean como medios para conseguir mi último fin. Para evitar la confusión y rubor que en aquel día me han de causar mis faltas, las llevaré todas al tribunal de la penitencia pensando que Dios ahora es Padre amoroso que quiere perdonarme y que después será Juez rectísimo que tendrá que castigarme. Tendré presente aquellas tres terribles palabras: cuenta, pesa y separa. Cuenta las gracias recibidas, pesa sin valor y separa las que te han aprovechado.

Me confundo Dios mío al ver las inestimables gracias que me habéis hecho, son sin número los auxilios que me habéis dispensado y de todos ellos os he de dar estrecha cuenta. Cuántas amonestaciones, cuántos avisos de mis superiores y todo en vano, me he servido de vuestros favores para ofenderos más. Os pido Dios mío me perdonéis y me concedáis nuevas gracias, que yo os prometo con vuestro auxilio y el de mi Purísima Madre ser fiel y negociar los talentos que Vos me habéis prestado a fin de que cuando llegue el día de la cuenta me presente ante Vos con confianza. Así lo espero, Jesús mío, pues el darme tiempo para ir a Vos es señal de que queréis perdonarme.

Meditación. Hijo Pródigo.


Dios mío, Vos después de darme el derecho al cielo como a vuestra hija con la gracia del Santo bautismo, me habéis concedido innumerables beneficios. Yo ingrata y rebelde no he querido vivir en vuestra compañía y amistad; me he separado de Vos yéndome lejos a gastar y disponer de vuestra herencia a mi antojo para satisfacer mis caprichos y pasiones. Viéndome ahora encenagada en mis vicios, desnuda de virtudes y enferma con toda clase de vicios, ¿que haré? ¿Me atreveré a presentarme a Vos después de haber empleado tan mal los dones que me habíais confiado? Sí, Dios mío, a Vos vuelvo pues sé sois un Padre amoroso y me recibiréis misericordioso. No miréis mis asquerosas llagas, mi pobreza, mirad sí a vuestro Divino Hijo pendiente en la cruz por mí y, por sus infinitos méritos, alcanzadme lágrimas de verdadera contrición con que lave mi alma y de este modo alcance el que Vos la recibáis en vuestro servicio como a una de vuestras esclavas.

Plática reino de Cristo.
¿He seguido a Jesucristo? ¿Le he considerado como a mi Capitán, como a mi Jefe? No por cierto, pues he hecho todo lo contrario de lo que Él manda. Él dice que el que quiera seguirle debe tomar su cruz, vencerse a sí mismo y amar los desprecios. ¿Podré lisonjearme de que llevo mi cruz yo que a sólo su nombre tiemblo?

Puedo asegurar, sí, que en vez de llevarla la arrastro.

Lejos está de vencerse a sí misma quien como yo no busca otra cosa que satisfacer su amor propio. ¿Me haré la ilusión de que he amado los desprecios yo que con tanta ansia he deseado las alabanzas haciendo cuanto estaba de mi parte para poner a la vista de los otros lo que me parecía debía ensalzarme y poniendo sumo cuidado en esconder lo que pudiese ser en menosprecio mío?

Las virtudes que mi Capitán Jesús quiere que principalmente tenga yo son humildad y mansedumbre pues así lo dice él: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”, y también las que son objeto de los votos que como hermana de la Pureza, por la misericordia de Dios, tengo hechos y por lo mismo prometo de nuevo obediencia ciega a mis Superiores, total indiferencia a cuanto dispongan de mí. Desapego completo de todo lo de este mundo, y sirviéndome de ello como de cosa prestada y que debo estar dispuesta a cederla a la más leve indicación de los Superiores.

Para seguir a Jesús por medio de la castidad, vigilaré constantemente para que mi corazón no se aficione a alguna persona y huiré como de un precipicio de las amistades particulares.

Plática de la Humildad.
De esta admirable virtud es de la que mi Salvador me quiso dar ejemplo. No he seguido yo este Divino modelo, es bien cierto que yo no he empezado aún a andar por el camino de esta virtud. Convencida como estoy de que la humildad es el fundamento y la base de todas las virtudes y de que no puedo tener ninguna si no soy humilde de corazón, propongo hacer cuanto pueda para adquirirla a este fin la pediré de veras al humilde Jesús y a su Sma. Madre y tendré a la vista el ejemplo que me dan en los misterios de sus humillaciones.

No diré ninguna palabra que se refiera a mi persona, a mis disposiciones o talentos, ni aun en desprecio, no sea que mi amor propio se disfrace con la capa de humillación. Recibiré los desprecios que vengan de parte de las criaturas con convicción de que no me tratan aún como merezco; y si Dios me da su santa gracia y hago alguna cosa en que no se me desprecie, antes se me alabe, referiré la gloria a Dios, dándole gracias por haberse servido de mí, tan vil criatura, para sus divinos decretos y me confundiré más a vista de los favores que el Señor me hace; yo vil barro correspondo a ellos con ingratitudes.

No confundiré la humildad con el desaliento y abatimiento, por esto cuando los superiores me manden algo para lo cual no encuentro en mí fuerza o habilidad bastante, luego de haber manifestado mi insuficiencia, me allanaré con alegría y tranquilidad a lo que dispongan, no sea que en vez de ser humildad sea refinado orgullo mi resistencia.

Meditación. Vida Oculta de Jesús.
Los 30 primeros años de la vida de Jesucristo encierran para mí lecciones de grandísima importancia. Cuando mi orgullo resista a sujetarse a la voluntad o juicio de mis superiores y hermanas daré una ojeada a la casa de Nazaret y veré quién es aquel niño, aquel joven y aquel hombre que está sujeto y sumiso a la voluntad de sus padres. Ciertamente que después de esto no tendré valor para resistir a la voluntad de mis superiores después de ver que el Criador de cielo y tierra se sujeta a la voluntad de simples criaturas. Viendo al Hombre Dios ocupado en los empleos más viles en los oficios más bajos ¿tendré valor yo, polvo y ceniza, de ensoberbecerme de tal modo que encuentre alguna ocupación demasiado humilde para mí?

Después de contemplaros a Vos amable Salvador mío en vuestra vida oculta formo la resolución de ocuparme con el mismo gusto y satisfacción en ejercicios humillantes a que me recomiendan. Haced Dios mío que no desee ni busque nunca más que serviros en la forma que Vos queráis.

Meditación de la mortificación.


En vista de la enorme deuda que por mis pecados contraje con la divina Justicia hago la resolución de no acostarme ninguna noche sin haber hecho algún acto de mortificación ya sea en el hablar, ya en la comida u otras penitencias, me animaré a practicarlas con el pensamiento de que debo satisfacer por mis pecados en esta o en la otra vida y sabiendo que merezco más ahora por una pequeña mortificación que con muchos días de purgatorio.

Vos Jesús mío padecisteis tanto para satisfacer por mis pecados, ¿yo no me animaré a expiarlos con pequeñas privaciones? Virgen Purísima, Madre mía dulcísima, alcanzadme amor a los padecimientos pues Vos siendo Purísima e inocente sufristeis tanto, yo siendo tan culpable, ¿querré ser tratada con tanto regalo?
Plática 2 banderas.
Aunque Satanás quiera alistarme a sus banderas no escucharé sus halagüeñas ofertas pues cuanto me propone, es verdad, son deleites pero que dejan al alma llagas de fatales consecuencias. Vos, Jesús mío, Divino Capitán, me llamáis con amorosa voz diciéndome que ame, que tenga que padecer algo, que sufrir contrariedades, que hacer sacrificios, todo esto es de corta duración y que pasado el tiempo del combate, breve por cierto, me tenéis preparada corona inmortal. ¿Tendré valor para ser otra vez desertora de vuestra bandera? ¿borraré mi nombre de vuestro servicio? ¿me retiraré de vuestras filas? No, Jesús bueno, en este momento renuevo las promesas que hice en el santo bautismo, me alisto otra vez a vuestro servicio, no miréis mis pasadas infidelidades y recaídas. Ya que sois Buen Pastor acoged a esta oveja descarriada y recibidla de nuevo a vuestro redil.
Meditación de los tres grados de humildad.

Comprendiendo que no puedo ser feliz, que no cumpliré con mis deberes de cristiana y hermana de la Pureza si no soy profundamente humilde, hago en este momento la resolución de aplicarme de veras a conseguir esta celestial virtud pues todos los males vienen por la soberbia. Propongo practicar el primero y segundo grado de la humildad y trabajar incesantemente para alcanzar el tercero. Humilde Jesús mío, yo por mis fuerzas nada puedo, pero con vuestra gracia lo puedo todo, en ella confío, no desechéis mis ruegos y haced sea profundamente humilde. Virgen humildísima, sed Vos mi medianera y alcanzadme esta gracia.
Plática 3 clases de hombres.
No, Dios mío, no quiero ser de la primera ni de la segunda clase de hombres de que habla S. Ignacio, quiero seguiros sin reserva, quiero ser de los de la tercera.

¿No andáis Vos delante de mí el camino por el cual me llamáis? ¿no habéis apurado hasta la última gota el cáliz del cual sólo una pequeña parte queréis que yo beba? Esto es hecho, Salvador mío, quiero ser vuestra, propongo serviros del modo que Vos quisiereis. Quiero sacrificar inclinaciones, quiero sujetar y aplastar mi genio, mi juicio, mi orgullo y mi amor propio. Me entrego sin reserva a Vos, Dios mío aceptad esta indigna criatura vuestra, que se ha hecho indigna de llamarse vuestra hija, aceptadla como esclava, disponed en todo y por todo de mi libertad, mi voluntad, mi inteligencia, pues no quiero otros deseos, otros afectos, otras aficiones que serviros a Vos, y esto lo conseguiré siguiendo, como prometo hacerlo aun en las cosas que parezcan más insignificantes, la voluntad e indicaciones de mis superiores y cumpliendo exactísimamente lo que me mandan las santas reglas.
Meditación del 3er grado de humildad.
Qué feliz es, Dios mío, un alma que ha llegado a la posesión de este grado de humildad. Ninguna acción hace que no sea de inapreciable mérito. Ella ha abrazado el partido de la santa indiferencia y os sirve del modo que Vos queréis.

Vos amable Salvador mío me disteis ejemplo pues pudiendo escoger el género de vida en este mundo elegisteis vivir pobre, despreciado y falto de todo. En vista de este ejemplo que Vos me dais me esforzaré no solamente a sufrir con resignación y alegría los contratiempos, privaciones, desprecios e injurias sino que trabajaré para desearlos y preferirlos a la abundancia y ensalzamiento.

Vos Dios mío sois Todopoderoso y por lo mismo queréis que os pidamos mucho, obrad en mí este prodigio, que mi corazón que hasta ahora ha sido altivo soberbio y orgulloso sea desde hoy manso, obediente y humilde. Virgen Purísima interponed para conmigo vuestra mediación y alcanzadme de vuestro hijo la virtud de la humildad.
Última Plática de la caridad.
Convencida como estoy de que es imposible que una comunidad tenga vida si las personas que la forman no están unidas con el vínculo de la caridad propongo1


  1   2   3   4   5   6   7   8


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal