España España 1923 1939



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España España 1923 - 1939


Índice




Golpe de Estado de
Miguel Primo de Rivera 1

Plan de obras públicas 3

Decadencia de la dictadura 3

14 de abril de 1931


La República 4

1931-1933 Gobierno Republicano-socialista 6

1933-1935 Gobierno
Radical-Cedista 8

Guerra Civil 11




Golpe de Estado de
Miguel Primo de Rivera


VOZ DE PRIMO DE RIVERA: “Españoles: ha llegado para nosotros el momento, más temido que esperado, de recoger las ansias, de atender el clamoroso requerimiento de cuantos amando a la Patria no ven para ella otra solución que libertarla de los profesionales de la política. Este movimiento es de hombres. Él que no sienta la masculinidad completamente caracterizada que espere en un rincón sin perturbar los días buenos que para la Patria preparamos. ¡Españoles! ¡Viva España! y ¡Viva el Rey!”

Con la lectura de este manifiesto, el 13 de septiembre de 1923, el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, da un golpe de Estado que triunfa sin apenas oposición, ante la indiferencia de la mayoría de los españoles. Solo una parte de la burguesía, (especialmente la catalana, azotada por la violencia sindical y el pistolerismo) aplaude el golpe.

Por lo que se refiere al Rey, Alfonso XIII acepta inmediatamente las consecuencias del golpe y, haciendo caso omiso de la Constitución, apoya a la formación de un gobierno de militares presidido por Primo de Rivera. España deja así de ser una monarquía constitucional para convertirse en una dictadura. Alfonso XIII emprende a partir de ese momento un camino político sin retorno.

El nuevo régimen suspende las garantías constitucionales. Disuelve las Cortes. Expulsa a los partidos políticos fuera de la vida pública. Establece la censura de prensa. Pone en mano de los militares el gobierno de las provincias, y extiende a toda España los somatenes, la milicia armada de voluntarios de origen catalán, con la misión de velar por la ley y el orden.

Poco después, Primo de Rivera decide fundar un partido propio. Lo que busca con ello es ampliar la base social de la dictadura y crearse una plataforma política para el futuro.

La Unión Patriótica, que Primo pone en pie a comienzos de 1924, es un partido único - todos los demás están prohibidos - que aspira a convertirse en la columna vertebral de la nueva política del dictador.

Dentro de lo que bautiza como “programa regeneracionista”, Primo de Rivera emprende la reforma de la Administración y, tras declarar la guerra al caciquismo, disuelve todos los Ayuntamientos y Diputaciones, que a partir de ese momento pasan a depender de la autoridad militar correspondiente.

Durante los primeros años, la dictadura apenas cuenta con oposición. Los socialistas, que en un primer momento habían optado por mantenerse neutrales ante el golpe de Estado, terminan colaborando con la dictadura.

Cuando los socialistas entierran a su fundador, Pablo Iglesias, en 1925, en el seno del partido y del sindicato conviven ya dos tendencias. Una, mayoritaria, defendida por los sindicalistas y liderada por Francisco Largo Caballero, favorable a la colaboración con la dictadura. Y otra, minoritaria, defendida por los políticos liderados por Indalecio Prieto, que apuesta por oponerse a ella.

Anarquistas y comunistas son declarados ilegales y perseguidos por el régimen de Primo de Rivera.

En el sindicato anarquista, que pasa a la clandestinidad, se produce con ese motivo un enfrentamiento entre los posibilistas, partidarios de la acción sindical, y los revolucionarios, que apuestan por la insurrección armada. Son estos últimos los que fundarán en 1927 la Federación Anarquista Ibérica, la FAI.

El opositor más contumaz de Primo de Rivera es el filósofo y vicerrector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno. A comienzos de 1924, el catedrático es desterrado por el Gobierno a Fuerteventura. Cientos de estudiantes se declaran en huelga y acuden a despedirle.

8 de septiembre de 1925, puerto de Ceuta. El general Primo de Rivera acaba de embarcar en el buque insignia de la Armada: el acorazado Alfonso XIII. Desde allí va a dirigir una nueva y decisiva intervención militar en Marruecos: el desembarco en la Bahía de Alhucemas.

En esta ocasión, se trata de una operación militar conjunta hispano-francesa. El líder rifeño Abd-El-Krim ha extendido la guerrilla al protectorado francés, lo cual ha favorecido el acuerdo entre España y Francia para acabar con la insurrección rifeña. El éxito del desembarco es total. Las tropas aliadas trituran a la resistencia rifeña en la Bahía de Alhucemas en cuestión de horas. Seis meses después, el ejército español domina el Rif y su líder, Abd-El-Krim se rinde a los franceses.

Los oficiales africanistas, los que han hecho su carrera militar en Marruecos, jugarán pocos años después, un papel decisivo en la Historia de España. Son Sanjurjo, Mola, Godet, Varela... y Franco.

En diciembre de 1925, con el problema de Marruecos ya encauzado, el general Primo de Rivera que disfruta de su momento de máxima popularidad, sustituye su gobierno de militares por uno de civiles.


Con esta decisión, el dictador confirma su propósito de permanecer en el poder, pero sin renunciar a la dictadura.
La estrella del nuevo directorio civil es el ministro de Hacienda, José Calvo Sotelo.

Plan de obras públicas


La “Belle époque”, la alegría de los años 20, llega a España con retraso, aunque con la suficiente fuerza como para empezar a romper los viejos modales de la moral tradicional. También la euforia económica de la década de los 20 llega al país, aunque, una vez más, tarda en llegar.

Para estimular la economía española, la dictadura pone en marcha un ambicioso plan de Obras Públicas que modernice la muy anticuada e ineficiente red de comunicaciones.

Se inicia la construcción de más de 5.000 kilómetros de carreteras y de casi el doble de caminos vecinales. También se construyen cerca de 1.000 kilómetros de vías férreas y se renueva el material ferroviario.
Simultáneamente, se pone en pie una política hidráulica de gran importancia para el país: se crean las Confederaciones Hidrográficas para el aprovechamiento integral del agua. Se construyen embalses, canales de riego. Y también saltos de agua, para satisfacer el incremento de demanda de energía eléctrica. La electricidad va llegando poco a poco a todos los rincones de España y, con ella, los electrodomésticos, aunque, eso sí, sólo para unos poquísimos afortunados.

El plan de Obras Públicas puesto en marcha por la dictadura produce efectos muy positivos sobre la economía española, como una notable expansión industrial y un claro incremento del empleo.


La prosperidad económica, sumada a la férrea disciplina impuesta en el mundo laboral, tienen como resultado una mayor estabilidad social, ya que el número de huelgas disminuye drásticamente.

Con la mejora de las comunicaciones, el número de automóviles se multiplica por tres durante esta década. El turismo extranjero empieza a llegar. Y los coches de línea recorren el país rompiendo el aislamiento del campo respecto a la ciudad.


Decadencia de la dictadura


Para celebrar los cinco años del golpe de Estado y de su estancia en el poder, Primo de Rivera elige Barcelona.
Con ese gesto, el dictador intenta recuperar el respaldo de la burguesía catalana, en ese momento ya muy alejada del general a causa de su política centralista.
La decisión de suprimir la Mancomunidad de Cataluña y el decreto por el que se prohíbe el uso del catalán en los actos oficiales han provocado, a esas alturas, que el nacionalismo moderado se haya visto ya desbancado por otro más radical, cuyo líder es Francesc Macià.

En 1928 se inicia el proceso de decadencia de la dictadura.


En su afán por buscar una salida constitucional a su régimen, Primo de Rivera intenta sacar adelante una nueva Constitución de carácter autoritario y corporativo.
Pero ese intento de institucionalizar la dictadura encuentra muy mala acogida por parte, entre otros, de los socialistas, que comienzan a distanciarse del régimen.

El proyecto de Primo de Rivera acaba siendo un profundo fracaso político, que es aprovechado por la oposición para hacerse presente ante la sociedad española.

En 1929 se celebran en España dos grandes acontecimientos, que son utilizados por la dictadura como escaparate de la modernización del país: la Exposición Iberoamericana, que se celebra en Sevilla, y la Exposición Universal de Barcelona.
El éxito indiscutible de ambas exposiciones no consigue, sin embargo, disimular una evidencia: el hecho de que la dictadura empieza a resquebrajarse.

27 de enero de 1930. Primo de Rivera abandona el Palacio Real tras presentar su dimisión al Rey. El dictador ha fracasado en su intento de crear un sistema político propio y ha perdido ya todos los apoyos. Pocos días más tarde abandona España.

Con el prestigio de la Monarquía profundamente deteriorado a causa de su complicidad con la dictadura, Alfonso XIII tiene ante sí una ardua tarea: tutelar el primer intento de transición política a la democracia de la Historia de España. El general Dámaso Berenguer es el designado por el Rey para regresar a la senda constitucional.

El gobierno de Berenguer, conocido popularmente como la “dictablanda”, aborda la transición con tal lentitud, que la opinión pública deja de creer en la sinceridad de sus propósitos y se distancia aún más de la Monarquía.

En agosto de 1930 se reúnen en San Sebastián representantes de las fuerzas antimonárquicas. Republicanos, socialistas y regionalistas, firman un pacto por el que se comprometen a derribar la Monarquía. Los grandes intelectuales españoles defienden esa misma posición.

El filósofo José Ortega y Gasset, publica en ese momento un demoledor artículo que termina diciendo: hay que destruir a la Monarquía.

En diciembre de 1930 estalla en Jaca una sublevación militar a favor de la República. Pero la huelga general prevista como apoyo, no llega a declararse por la falta de coordinación del Comité Revolucionario. Y la sublevación fracasa. Los capitanes Fermín Galán y Ángel Hernández, responsables del levantamiento de Jaca, son fusilados y los miembros del Comité van a la cárcel.

Eso empuja a parte de la opinión pública hacia la causa republicana.

Cuando el Gobierno se decide a convocar, por fin, elecciones generales, los partidos políticos se niegan a participar en ellas. Berenguer dimite.

14 de abril de 1931
La República


Febrero de 1931. El almirante Juan Bautista Aznar es designado por el Rey para formar nuevo gobierno. Aznar convoca elecciones municipales para el 12 de abril.

Durante la campaña electoral, los republicanos presentan las elecciones locales como un plebiscito sobre la Monarquía.

Los resultados electorales suponen para todos una sorpresa: aunque el número de concejales monárquicos supera al de republicanos, éstos triunfan en las ciudades, donde la libertad de voto es real: hasta allí no llega el poder de los caciques.

Tras conocerse los resultados, el presidente de gobierno, almirante Aznar, acude a despachar con el Rey. A la entrada, los periodistas le preguntan si habrá crisis. Y Aznar responde: “¿Qué más crisis quieren ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y amanece republicano?”

En Éibar, a las seis de la mañana del 14 de abril de 1931, los concejales ganadores proclaman la República. Ante 10.000 vecinos concentrados ante el Ayuntamiento, los republicanos izan la bandera tricolor y cambian el nombre de la Plaza Alfonso XIII por el de La República.

El ejemplo de Éibar se extiende por toda España. En Barcelona, grupos de manifestantes republicanos se dirigen a mediodía a la Plaza de Sant Jaume. Los líderes de Esquerra Republicana, partido ganador de las elecciones, han convocado por radio la manifestación. Ante los barceloneses congregados, Lluis Companys y Francesc Macià proclaman la República Catalana desde el balcón del Ayuntamiento.

En Madrid, a las 5 de la tarde, da comienzo el último Consejo de Ministros del reinado de Alfonso XIII. El Conde de Romanones informa al Consejo que ha alcanzado un pacto con el Comité Revolucionario para entregarle el poder de forma pacífica. La Monarquía cae ese día. No ha sabido adaptarse a la modernización que pide el país, se ha quedado caduca, y, además, el pueblo la identifica con la oposición al cambio.

Cuando los ministros abandonan el Palacio, los madrileños ya han tomado las calles para expresar su alegría por la llegada de la República.


Al caer la tarde, el Gobierno Provisional iza la bandera republicana en el balcón del Ministerio de la Gobernación, en la Puerta del Sol.
El nuevo presidente, Niceto Alcalá-Zamora, proclama oficialmente la Segunda República española.

15 de abril de 1931. Mientras los 23,5 millones de españoles regresan esperanzados a la normalidad, Alfonso XIII vive en Francia su primer día de exilio.


La noche anterior, después de renunciar a la Corona, el Rey abandonó el Palacio Real en dirección a Cartagena. De ahí ha salido en barco rumbo a Marsella. No volverá a pisar tierra española.

El Gobierno Provisional, consciente de las expectativas creadas por el cambio de régimen, anuncian enseguida que se propone transformar el Estado para hacerlo más moderno, laico y democrático.
El presidente Alcalá-Zamora hace ante las cámaras su diagnóstico.

España sigue siendo en 1931 un país subdesarrollado en el que el débil sector industrial tan sólo da trabajo a la cuarta parte de los obreros.


Las ciudades se han ido llenando de gentes que acuden desde el campo con la esperanza de mejorar su vida.

Madrid y Barcelona, que han duplicado su población en lo que va de siglo, tienen ya un millón de habitantes. Pero más de la mitad de la población, el 60 por ciento, continúa viviendo y trabajando en el campo, donde la pobreza alcanza límites extremos.


Eso sucede sobre todo en la mitad sur del país, donde un puñado de propietarios posee la casi totalidad de las tierras. El trabajo es escaso y está mal pagado.

Uno de los primeros problemas que aborda el gobierno provisional es el de la enseñanza primaria: faltan tantas escuelas y maestros como los que en ese momento hay. De cada 100 españoles, 44 no saben leer ni escribir.

El Ministerio de Instrucción Pública aumenta el presupuesto de educación un 50 por ciento para poder abrir cada año 5.000 nuevas escuelas. El objetivo esencial es el de poner en pie un sistema de educación pública, totalmente laica, capaz de sacar al país del atraso que padece.

La reforma del Ejército es otro de los asuntos que el Gobierno aborda de forma inmediata.

Manuel Azaña, Ministro de la Guerra, busca la modernización del Ejército y, sobre todo, una renovación política de los mandos militares que, aunque no se han opuesto al advenimiento de la República, la han recibido con evidente recelo. Azaña recurre a las jubilaciones anticipadas para reducir la desproporcionada cantidad de oficiales. Limita el ámbito de la jurisdicción militar en beneficio de la civil.

Revisa los ascensos de la Guerra de Marruecos, y cierra 3 de las 5 academias militares.

Las medidas de Azaña son mal recibidas por un sector del Ejército, que se aleja así de la República.

El problema religioso le estalla a la República de forma accidental, un mes después de su proclamación.


En Madrid, un grupo de exaltados saquea e incendia varios edificios religiosos. El anticlericalismo se hace presente, una vez más, en la calle pero el Gobierno, desbordado por los acontecimientos, no pone los medios para detenerlo. Los disturbios se extienden a otras ciudades.

Después de 3 días de violencia, más de un centenar de edificios religiosos han sido incendiados en todo el país.


Las relaciones entre la Iglesia Católica y la República no harán sino empeorar a partir de entonces.

1931-1933 Gobierno Republicano-socialista


La vida de la joven República transcurre a toda prisa. El Gobierno convoca para el mes de junio elecciones a Cortes constituyentes.

El país se llena de mítines a los que, por primera vez, los españoles acuden en masa. Se presentan a estas elecciones partidos de todas las tendencias, desde monárquicos a comunistas.

Los partidos de la coalición republicano-socialista que formaron el Gobierno Provisional salen vencedores.
El más votado es el Partido Socialista, seguido por el Partido Radical –ahora centrista- de Alejandro Lerroux.
La derecha queda reducida a una minoría.

La Constitución del ‘31

En diciembre de 1931, después de 6 meses de tensos debates, las Cortes aprueban la Constitución de la República.

El nuevo texto constitucional establece la democracia parlamentaria. Introduce el modelo autonómico para intentar resolver el problema regional. Establece la separación de la Iglesia y el Estado. Reconoce el derecho al voto para las mujeres, e incluye el reconocimiento de importantes derechos sociales para las clases trabajadoras.

Después de aprobada la Constitución, Niceto Alcalá-Zamora es proclamado Presidente de la República. La comitiva presidencial se dirige desde las Cortes al Palacio Real, que va a ser, desde ese día, sede de la Presidencia de la República. Como Presidente del Gobierno es designado Manuel Azaña.

Las relaciones, ya tirantes de antemano, de la República con la Iglesia, se tensan aún más con la separación entre la Iglesia y el Estado que la nueva Constitución oficializa.


La Iglesia pierde a partir de entonces todos los privilegios que hasta ahora había tenido en su relación con el Estado. La nueva legalidad acaba con el pago de haberes al clero. Establece el matrimonio civil y el divorcio. Prohíbe a las órdenes religiosas que se dediquen a la enseñanza. Elimina los símbolos religiosos de todas las instituciones públicas.
Disuelve a la Compañía de Jesús. Muchos jesuitas se irán al exilio.

Los socialistas, con 3 ministros, entran en el Gobierno por primera vez en su historia. Uno de ellos, Largo Caballero, con una larga trayectoria sindical, ocupa la cartera de Trabajo y adopta una serie de medidas destinadas a favorecer a los trabajadores: subida de sueldos, jornada laboral de 8 horas para los jornaleros, vacaciones pagadas, establecimiento de un salario mínimo; Seguridad Social y seguro de enfermedad obligatorios.

La división del movimiento obrero en torno a los dos grandes sindicatos, la UGT y la CNT, se hace patente una vez pasada la euforia por la llegada de la República.

Los socialistas consideran que la República es un paso necesario para alcanzar sin violencia el estado socialista.

La CNT, sin embargo, le declara la guerra a la República desde el primer momento.

Los anarquistas, liderados por el sector más radical, la FAI (Federación Anarquista Ibérica), son partidarios de la insurrección violenta y continua –lo que ellos llaman “gimnasia revolucionaria”- hasta acabar con el estado burgués republicano y establecer el comunismo libertario.

Las huelgas y los estallidos revolucionarios de los anarquistas son reprimidos con firmeza por el Gobierno.

En el verano del 32 una nueva compañía de teatro hace su primera gira por España. Se llama La Barraca.


La dirige el poeta Federico García Lorca y está formada por universitarios y artistas jóvenes que se han propuesto representar en los pueblos obras de los clásicos españoles.

La compañía itinerante La Barraca hará 22 giras por España durante sus cuatro años de vida.

Agosto de 1932. El general Sanjurjo encabeza desde Sevilla el primer intento de golpe militar contra la República. Cuenta con el apoyo de un grupo de monárquicos y de un reducido número de mandos militares. La sublevación es fácilmente neutralizada por el Gobierno. El general Sanjurjo, detenido y condenado a muerte, es finalmente indultado. Tras beneficiarse de una amnistía, se exilia en Lisboa. Desde allí esperará una mejor ocasión para volver a intentarlo.

El éxito del Gobierno frente a los golpistas le sirve a Azaña para sacar adelante dos proyectos que permanecían atascados en el Congreso: el Estatuto Catalán y la Reforma Agraria.

La Ley para la Reforma Agraria es, de todas las reformas republicanas, la más esperada por la población rural.
En ese momento hay en España casi 2 millones de campesinos sin tierra, braceros eventuales que pasan gran parte del año en paro y que malviven con míseros jornales.
El objetivo de la Reforma Agraria es que los jornaleros sin tierra acaben convirtiéndose en propietarios. Con ese propósito, el Gobierno pone en marcha una política de expropiaciones –con dinero público- de los latifundios mal explotados.

Septiembre de 1932. Miles de personas se echan a la calle en Barcelona para recibir a Azaña. Azaña va a hacer la entrega oficial al pueblo catalán del Estatuto de Cataluña que las Cortes españolas acaban de aprobar. Los estatutos del País Vasco y Galicia están todavía en fase de discusión.



El Estatuto proclama a Cataluña región autónoma dentro del Estado español. El apoteósico recibimiento que los catalanes hacen a Azaña es una prueba de agradecimiento por su empeño en sacar adelante este Estatuto. Francèsc Macià será el primer Presidente de la Generalitat elegido por los catalanes.

La lentitud en la aplicación de la Reforma Agraria, causada sobre todo por la falta de recursos económicos, acaba con la paciencia de los campesinos. Las ocupaciones de fincas y los levantamientos anarquistas se multiplican.


En enero de 1933, la FAI hace un llamamiento a la insurrección general. Como en otros lugares, en Casas Viejas, un pueblo de la provincia de Cádiz, un grupo de braceros anarquistas declara el comunismo libertario y se subleva.

23 personas mueren víctimas de la brutal represión de Casas Viejas. La tragedia sobrecoge a la opinión pública. La derecha culpa al propio Azaña de lo ocurrido e intenta derribarle en el Parlamento.

Dentro del socialismo comienza a extenderse la idea de que hay que abandonar el gobierno de coalición con los republicanos para no compartir responsabilidades con la burguesía reformista.

Lo sucedido en Casas Viejas supone un golpe político mortal para el gabinete de Azaña, que acabará dimitiendo en septiembre de 1933.

1933-1935 Gobierno
Radical-Cedista


Se convocan nuevas elecciones para noviembre de 1933.

Ésta es la primera vez que, en España, votan las mujeres en unas elecciones generales.

Las elecciones incluyen otra novedad: las derechas se presentan, por primera vez, unidas en una coalición de partidos llamada CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas. Su líder es José María Gil Robles y sus principios: Religión, Familia, Orden y Prosperidad.

El resultado de las elecciones de noviembre da un vuelco total a la situación. La derecha triunfa, aunque no alcanza la mayoría. El Partido Radical de Lerroux, de centro, se fortalece. Los republicanos de izquierda sufren un batacazo, y los socialistas pierden la mitad de escaños que habían logrado en los comicios de 1931.

El encargado por el Presidente de la República para formar Gobierno es el centrista Alejandro Lerroux.

El año de 1933 se despide con medio millón de parados. Con este importante aumento del desempleo, España empieza a padecer los efectos de la crisis económica internacional iniciada en el año 1929. El panorama que ofrece Europa, que lleva varios años padeciendo la crisis, es desolador. Países pujantes como Inglaterra o Alemania se han derrumbado económicamente.


Como consecuencia del paro y la consiguiente pobreza, se ha producido un claro retroceso del liberalismo en beneficio de partidos, tanto de izquierdas como de derechas, de signo totalitario y contrarios a los sistemas parlamentarios.

En Alemania, la democracia ha sido aniquilada. Tras haber ganado las elecciones, el nazi Adolf Hitler se ha hecho con el poder absoluto y ha impuesto un Estado totalitario.

En Italia, el fascismo de Mussolini se ha visto radicalmente reforzado por el auge del nazismo en Alemania.

En España, José Antonio Primo de Rivera –hijo del dictador- acaba de fundar, en octubre de 1933, un partido de corte fascista: Falange Española.

JOSÉ ANTONIO: “El movimiento que estamos iniciando en España, no es una copia de ningún movimiento extranjero, ha tomado del fascismo italiano lo que tiene el fascismo de unidad, de autoridad y de sustitución de la lucha de clases por una idea de cooperación.”

El Gobierno centrista de Alejandro Lerroux, que gobierna con el apoyo parlamentario de la CEDA, imprime un giro más conservador a la República y revisa gran parte de las reformas de los gobiernos de Azaña.

En la oposición, los socialistas, desencantados por el alto precio pagado por su participación en el Gobierno, que les ha llevado a la derrota electoral, se radicalizan. Los llamados “bolcheviques” se hacen con el control, tanto del partido como del sindicato. Encabezados por Largo Caballero, comienzan a preparar, poco después de las elecciones, una huelga general revolucionaria como paso previo para implantar en España un Estado Socialista. Amenazan con llevar a cabo su plan revolucionario si la CEDA entra en el Gobierno. Los socialistas identifican a los “cedistas” con la amenaza fascista que se extiende por Europa.

Asturias, 5 de octubre de 1934. La insurrección obrera que los socialistas han estado preparando se pone en marcha en la cuenca minera. La víspera, el Jefe de Gobierno había anunciado la entrada en el gabinete de 3 ministros de la CEDA. Los revolucionarios asturianos asaltan los cuarteles de la Guardia Civil, del Ejército y de las fábricas de armas.


Después de hacerse con la cuenca minera, toman Oviedo.
Asturias es el único lugar donde las izquierdas, incluidos los anarquistas y los comunistas, se han unido para una sublevación que allí, de momento, ha triunfado.

Barcelona, 6 de octubre de 1934. Lluis Companys, nuevo Presidente de la Generalitat, rompe con el Gobierno Central y proclama el Estado Catalán dentro de la República federal española. La insurrección catalana, que no cuenta con el respaldo de los anarquistas, es aplastada por el ejército, después de 10 horas de lucha. Se producen 46 muertos. El Gobierno republicano suspende temporalmente el Estatuto, y encarcela a su presidente.

La insurrección fracasa en el resto de España, incluida la capital, Madrid. Sin embargo la llama revolucionaria sigue encendida en Asturias.

El Gobierno de la República declara el estado de Guerra y encarga al general Franco la dirección de las operaciones contra los sublevados.

Los enfrentamientos duran casi dos semanas y son de una extrema brutalidad: alcanzan la dimensión de una guerra civil.

El ejército acaba por sofocar la Revolución de Octubre, que deja tras de sí un balance trágico:


  • 1.000 muertos y más de 2.000 heridos entre los sublevados.

  • 300 muertos y 800 heridos entre las fuerzas del orden.

  • Cerca de 30.000 personas son encarceladas. Entre ellas los dirigentes del PSOE y la UGT. La represión que sigue a la derrota de los revolucionarios encona aún más los ánimos

La revolución de Asturias es el preludio de la Guerra Civil española.

200.000 personas llegadas de toda España se dirigen, en octubre de 1935, hacia el campo de Comillas, en Madrid, donde Manuel Azaña va a dar un mitin.


Ha pasado un año desde la Revolución de Octubre y los partidos de izquierda comienzan a recuperarse.

Azaña pide el entendimiento entre ellos para rescatar a la República de manos de la derecha. Su propuesta acabará cuajando en el Frente Popular, una coalición de partidos que incluye desde la Izquierda Republicana hasta los comunistas, pasando por los socialistas.



El Gobierno de coalición de centro-derecha cae y se convocan elecciones para 16 de febrero de 1936. Es la oportunidad que esperaba el Frente Popular. Su campaña electoral se apoya en la petición de amnistía para los presos de octubre y el restablecimiento de las reformas de Azaña.

El interés que han despertado entre los españoles estas elecciones se refleja en el alto índice de participación: cerca del 73 por ciento. En esta ocasión, incluso los anarquistas acuden a votar. El Frente Popular gana las elecciones con un 47 por ciento de los votos. La derecha obtiene el 45 por ciento. Y el centro un 5 por ciento, con lo que, prácticamente, desaparece.

El mapa político queda así dibujado en dos grandes bloques enfrentados: uno a la derecha y otro a la izquierda.

Los simpatizantes del Frente Popular se echan a la calle para celebrar la victoria. Comienzan a circular rumores sobre una sublevación militar.

Manuel Azaña vuelve a hacerse cargo del Gobierno, éste formado únicamente por republicanos. Los socialistas, en esta ocasión, han preferido quedarse fuera.

El nuevo Gobierno aprueba inmediatamente una amnistía para los presos políticos y, acto seguido, restablece la Generalitat de Catalunya.

El presidente catalán, Companys, quien, gracias a la amnistía aprobada ha salido de la cárcel, es aclamado en su triunfal regreso a Barcelona.

Para acabar con los insistentes rumores que hablan de un inminente golpe de Estado, Azaña aplica una política de traslado forzoso a los generales que estarían en condiciones de encabezar un levantamiento: el general Franco es mandado a Canarias, el general Poded a Baleares y el general Mola a Pamplona.

Lo que Azaña no sabe es que Mola, en contacto con el general Sanjurjo, que continúa en el exilio, puso ya en marcha la conspiración militar en el mismo momento que el triunfo del Frente Popular se hizo público.
Desde su nuevo destino en Pamplona, Mola proseguirá sus contactos para atraer a otros generales a la causa golpista.

Tres meses después de las elecciones, Azaña es elegido Presidente de la República. A partir de las elecciones, la radicalización de la política es cada vez más clara. Las organizaciones juveniles de los partidos, que no dejan de crecer, se militarizan.

El partido que dirige José Antonio Primo de Rivera, que apenas consiguió 50.000 votos en las elecciones, está creciendo ahora como la espuma. Las juventudes de la CEDA se pasan en masa al partido fascista.

En la primavera de 1936, el clima de violencia es ya general en toda España. Más de 200 personas mueren en enfrentamientos políticos en los 3 meses que siguen a las elecciones. En la derecha y en la izquierda, las juventudes de los partidos ya sólo creen en las armas para solventar sus diferencias políticas.


Guerra Civil


La rebelión militar, que el general Mola lleva meses preparando, estalla el 17 de julio en Melilla.

El 18 de julio, el general Franco se subleva en Canarias al frente de su guarnición. Tras dejar el control de Las Palmas en manos de los insurrectos, vuela hacia Tetuán en el “Dragón Rapide” para ponerse al mando de las tropas de Marruecos. Franco ha sido uno de los últimos generales en sumarse al golpe.

En la Península, la primera ciudad en caer en manos de los sublevados es Sevilla. Luego van cayendo, una tras otra, las capitales andaluzas. La noticia del éxito de la sublevación en varias provincias llega a Madrid en la tarde del 18 de julio. La alarma se instala en la población. Los sindicatos obreros exigen al Gobierno reparto de armas. El Gobierno acaba cediendo.

LOCUTOR RADIO: “El Gobierno del Frente Popular se ha reunido con carácter urgente a fin de examinar la situación creada por el alzamiento del Ejército en Marruecos. Como protesta por la actitud facciosa de las fuerzas del ejército rebelde, las organizaciones sindicales obreras CNT y UGT han declarado la huelga general en toda la península y han ofrecido su contingente de afiliados para salvaguardar la paz interior. En los sindicatos y centros oficiales se reparte armamento a los frentepopulistas, que de momento mantienen a raya con su valor a los traidores a la República.”

En Barcelona, los miembros del sindicato anarquista CNT, muy fuerte en Cataluña, que llevan tiempo preparándose para hacer frente a una posible sublevación derechista, se echan a la calle el día 19 de julio y consiguen reducir a los golpistas.

En Madrid, miles de obreros recién armados asaltan el Cuartel de la Montaña, donde se han hecho fuertes los militares sublevados. Los asaltantes consiguen la victoria después de una matanza.

En Pamplona, el general Mola se ha sublevado con éxito y con el entusiástico apoyo de los carlistas, que suman en masa al levantamiento. También caen las principales ciudades de Castilla y todas las de Galicia.

El avión que va a traer desde Lisboa a España al general Sanjurjo para sumarse al golpe, se estrella al despegar. Los golpistas pierden a su jefe.

Pasados los primeros días, los sublevados controlan sólo la tercera parte del país.



Madrid y las ciudades industriales de España se han opuesto al levantamiento. El golpe, por tanto, ha fracasado.

Los generales Mola y Franco comprenden entonces que sólo por medio de una larga guerra de conquista, podrán alcanzar la victoria.

La Guerra Civil ha comenzado.



Con el fracaso del golpe, España queda rota entre dos extremismos políticos. En una parte del país estalla la revolución. En la otra, la contrarrevolución. No hay terrenos intermedios.

En la zona republicana, el Gobierno pierde la autoridad y el poder, que pasan a manos de las organizaciones obreras a través de los Comités Populares. Hacer la revolución y ganar la guerra son sus dos objetivos.


El Ejército, que ha quedado desmantelado tras la sublevación, es sustituido por milicias populares de sindicatos y partidos. El ejército popular va luchar contra los militares sublevados.

En la zona rebelde, los generales constituyen una Junta de Defensa que asume todos los poderes. El 1 de octubre, la Junta Militar elige al general Franco, Jefe Supremo del Ejército y del Gobierno. Pasa a ser “el Generalísimo”.



Los sublevados restauran inmediatamente el culto católico en las zonas bajo su dominio. La Iglesia recupera la posición de poder que la República le había arrebatado. Los obispos, agradecidos, redactan una carta colectiva, dirigida a los católicos de todo el mundo, otorgando a la contienda un carácter religioso. La guerra civil se convierte en cruzada. La protección de la religión católica amenazada, es uno de los grandes argumentos utilizados por los rebeldes para legitimar ante el mundo el alzamiento militar y la guerra.

FRANCO: “Gracias a las miles de almas que siguen nuestro movimiento en defensa de la civilización. Gracias a todos aquellos países que sufrieron nuestros mismos problemas y nos ofrecen su simpatía y apoyo moral. Y, gracias a todos aquellos que escuchen esto y lo esparzan por el mundo. Patria, Religión y Familia, ésta es nuestra mira y nuestra fuerza.”



En la zona republicana ocurre todo lo contrario: la Iglesia católica es perseguida a muerte.

La excepción es el País Vasco donde, poco después de empezada la guerra, las Cortes han concedido el estatuto de autonomía al País Vasco y se ha constituido un Gobierno de nacionalistas y republicanos. Allí, la Iglesia y sus representantes son plenamente respetados por el Gobierno, presidido por el nacionalista José Antonio Aguirre.

Durante los primeros meses de la guerra, el ejercicio masivo del terror se impone en los dos bandos.

Es entonces cuando se hace trágicamente famosa la modalidad del “paseo”, por el que se saca a las víctimas de sus casas durante la noche y, tras ser “paseados” en camiones hasta las afueras de pueblos y ciudades, son finalmente asesinados. Unos 150.000 españoles son asesinados a lo largo de la guerra en ambas retaguardias.

En la zona republicana, los comités revolucionarios inician una represión feroz e incontrolada contra sus enemigos políticos, los llamados fascistas. Miles de ellos son detenidos y, en la mayor parte de los casos, fusilados. La represión es especialmente dura con la Iglesia, que sufre la persecución más sangrienta de su historia.

En la zona sublevada el terror se ejerce con idéntica contundencia. Con una diferencia: es un terror controlado por las autoridades militares. Los frentepopulistas, llamados “rojos”, son detenidos, juzgados sumariamente y fusilados. Además, y al margen del control férreo que los militares ejercen en la zona franquista, existe un terror extraoficial que practican los grupos de extrema derecha.



Como en el otro bando, los falangistas dan el “paseo”, durante la noche, a miles de sospechosos de ser “rojos”.

El poeta Federico García Lorca es una de sus víctimas. Es fusilado, en Granada, al comienzo de la guerra.

Desde el primer momento de los enfrentamientos, se hace evidente la importancia de la ayuda militar exterior para poder ganar la guerra. De hecho, es gracias a los aviones alemanes e italianos, que acuden a la ayuda del ejército sublevado, que Franco puede atravesar con sus tropas el Estrecho y llegar a la Península.

Hitler y Mussolini son los dos grandes proveedores de material de guerra a los sublevados. Italia colabora además con el envío de 80.000 hombres y Alemania con una unidad aérea de combate de 100 aviones y los 4.000 hombres de la Legión Cóndor.

La República sufre desde el primer momento serios problemas para adquirir material de guerra. Francia e Inglaterra deciden no suministrar armamento a ninguno de los dos bandos combatientes.

La política de no intervención que siguen los gobiernos de París y de Londres, es un intento de impedir que la guerra civil española se convierta en el detonador de un conflicto a escala mundial.

En el otoño del 36, el líder comunista Stalin, decide abandonar su política de neutralidad y acude en ayuda de los republicanos. A lo largo de toda la guerra, la República no va a recibir otra ayuda exterior verdaderamente importante que la que recibe de Rusia. Esta circunstancia favorece la penetración progresiva de los comunistas españoles en los aparatos de poder de la República.
La Internacional Comunista, que también apoya a la República, envía a su vez a las Brigadas Internacionales. Alrededor de 60.000 voluntarios, en su mayoría comunistas, procedentes de 60 países, llegan a España para combatir en las filas republicanas.

La guerra civil se convierte en una guerra de desgaste que dura 3 largos años. Los republicanos, lastrados por sus profundas divisiones, tratan por todos los medios de resistir. No abandonan la esperanza de que, si en Europa estalla la guerra contra el fascismo, los gobiernos democráticos acudan, por fin, en ayuda de la República.

Por su parte, Franco, que parece no tener prisa en acabar la guerra, lo que busca es aniquilar a la República y a sus seguidores hasta eliminar para siempre su influencia en España.

FRANCO: “España cumple en los momentos actuales su destino providencial. Como en otras épocas, derrama ahora su sangre en defensa de la civilización. El mundo, en un mañana próximo, comprenderá la magnitud del sacrificio y entonará sus cantos de agradecimiento.”

Después de casi tres años de guerra, el avance lento y metódico del ejército franquista se demuestra imparable. Poco a poco, tras duras batallas, se hace con la totalidad del país.

El 27 de marzo de 1939, la República abandona definitivamente el campo de batalla.

Al final de estos tres años de guerra civil, el dolor y el odio se han extendido por el país hasta límites insospechados.
De todos los atroces episodios padecidos en aquel tiempo, el bombardeo de Guernica, llevado a cabo por la Legión Cóndor, en el que murieron cientos de personas, ha quedado para la opinión pública del mundo entero como el símbolo de los horrores de la guerra.

El “Guernica” es la imagen del espanto que universaliza Pablo Picasso.



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