Estereotipos de género en la deserción escolar: El Fuerte, Sinaloa. México



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Estereotipos de género en la deserción escolar: El Fuerte, Sinaloa. México

Ruiz Ramírez Rosalva, Ayala Carrillo Rosario y Zapata Martelo Emma

Colegio de Postgraduados, Campus Montecillo. México.

Resumen

Los estereotipos de género son preconcepciones aceptadas de lo que debe ser un hombre y una mujer. Influyen en todos los ámbitos de la vida, desde las relaciones que se establecen en la familia, hasta las de la escuela. Dentro de la educación, estos estereotipos se ven reflejados en el acceso, permanencia y término de los grados educativos, así como el tipo de área de estudio que prefieren mujeres y hombres. También tienen efectos diferenciados en las causas de la deserción escolar dependiendo del género al que pertenecen. El objetivo es analizar la influencia de los estereotipos de género en la deserción escolar de alumnas y alumnos del bachillerato en el medio rural, específicamente en tres escuelas ubicadas en el municipio El Fuerte, pertenecientes a la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Los resultados fueron obtenidos a través de una investigación más amplia concluida en 2013.



Palabras clave: estereotipos de género, patriarcado, bachillerato, medio rural.

Introducción

La educación es un importante vehículo para eliminar la discriminación de las mujeres desde temprana edad, permite potenciar sus capacidades intelectuales y sociales. Por lo cual es necesario establecer estrategias educativas y familiares que fortalezcan una cultura de igualdad de oportunidades para hombres y mujeres.

Los estudios de género han permitido analizar la desigualdad que existe entre hombres y mujeres en la esfera política, laboral, social y educativa. En el ámbito educativo, son muchas las aristas que lo conforman y e han investigado poco. Un elemento importante y carente de información es el estudio de la deserción escolar con perspectiva de género. Desde esta última perspectiva se analiza los estereotipos de género que han contribuido a la deserción escolar en el bachillerato. Los resultados son producto de una investigación concluida y muestran las causas de la deserción escolar para el caso de las preparatorias estudiadas.

El problema de la deserción escolar

La Secretaría de Educación Pública (SEP, 2012), ha definido la deserción escolar como “el abandono de las actividades escolares antes de terminar algún grado educativo”. Con datos del ciclo escolar 2012-2013, la deserción escolar en México, se presenta con mayor frecuencia en el nivel medio superior, con una tasa de deserción de 14.5%; es decir, de 3.3 millones de estudiantes que inician este nivel, desertan 484 493 jóvenes, en primaria la tasa de deserción es 0.6%, en secundaria 5.3% y en el nivel superior 7.6%. Las diferencias a nivel nacional entre hombres es 16.3% y en mujeres 12.7%. En el estado de Sinaloa, las estadísticas muestran que desertan 12.9% jóvenes, de los cuales, 14.9% son hombres y 11% mujeres (SEP, 2013). Estos datos muestran la importancia de conocer las causas de la deserción escolar a nivel bachillerato.

Algunos estudios sobre deserción escolar han mostrado que la problemática es multicausal, se encuentran inmersos factores personales, familiares, económicos, docentes, sociales, de género, entre otros (Ayala, et al., 2013; SEP, 2012; Van Dijk, 2012; UNESCO, 2010; Valdez et al., 2008; Molina, et al., 2004 y Navarro, 2001). Sin embargo, las causas se encuentran segregadas por género, ya que hombres y mujeres tienen diferentes motivos para no seguir estudiando. Debido a que ser hombre o mujer influye radicalmente en las oportunidades que tendrá la persona en el acceso, permanencia y término de la educación formal, es necesario hacer un análisis de las causas de la deserción escolar por cuestiones de género

Los estereotipos de género en la educación

Los estereotipos de género son creencias que la sociedad crea y comparte, en y entre una cultura determinada, este es usado para designar a las personas sin tomar en cuenta sus capacidades y sentimientos; de manera que se asigna el papel que hombres y mujeres deben desarrollar en el hogar (Ugalde et al., 2008). Los estereotipos de género niegan la posibilidad de diversidad, se interiorizan e impiden el desarrollo de las potencialidades humanas. En ese sentido, Prieto (1998:70) señala que a las “niñas se les ha enseñado a ser sumisas, pasivas, sus tareas se refieren al cuidado del otro y la crianza”; mientras que, el estereotipo para los niños implica “agresividad, independencia, productividad, fuerza, dominio, etcétera”.

En el medio rural esta problemática es más persistente, en algunas etnias y comunidades mestizas y rurales se limita la educación a las mujeres, por considerar que es innecesario invertir en su educación (Alberti, 2001), la influencia de sus culturas está profundamente arraigada a sus costumbres (Guerra, 2000, Beyer, 1998 y Prieto, 1998). La causa de ello, es que el rol tradicional asignado a las mujeres es el hogar, por su condición reproductiva. Las condicionaron para que el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos e hijas sea fundamental (Lázaro et al., 2007 y Cano (2006).

En el otro extremo, los hombres se dedican al trabajo productivo, considerándose los proveedores para el mantenimiento de la familia (Del valle, 2002). El rol laboral fue un espacio eminentemente masculino (Burin, 1992 y Bourdieu, 1992). Para Connel (2003), los hombres que remiten a sus esposas al ámbito doméstico, cumplen con el prototipo ideal de "macho", denominada masculinidad hegemónica.



Metodología

En la presente investigación se trabajó con el enfoque mixto (cuantitativo y cualitativo), basado en el Feminismo, comprende e identifica las formas en que ellas crean significados y experimentan la vida desde su posición en la jerarquía social (Riger, 2002) y en los estudios de género que se abocan en la construcción del estudio de las relaciones y estructuras de poder que se sustentan en los estereotipos de género (Álvarez – Gayou, 2003).

. La muestra de la población desertora se obtuvo de la base de datos del Sistema Automatizado de Control Escolar (SACE, 2012), se conformó por 18 mujeres y 17 hombres desertores, quienes asistían al Bachillerato de la UAS, en la unidad académica San Blas, La Constancia y Las Higueras de Los Natoches; durante el ciclo escolar 2011-2012; estas se ubican en el municipio El Fuerte, Sinaloa, México. Se les aplicó un cuestionario, de elaboración propia, dividido en tres partes: 1. Datos personales, 2. Información sociodemográfica y 3. Factores de deserción escolar, en este apartado se incluyó, lo económico, personal, familiar, social, docente, estereotipos de género y bullying. En la parte cualitativa, se hicieron entrevistas a siete desertoras y cinco desertores, y siete profesores y tres profesoras. Dichos instrumentos se aplicaron en los meses de marzo y abril de 2013. Los datos cuantitativos se analizaron por indicadores estadísticos descriptivos, análisis de la varianza por género y estado civil (α = 0.05); pruebas de comparación de medias a través del Statistical Package for the Social Sciences (SPSS V.19). Los datos cualitativos se analizaron mediante el análisis de contenido de las entrevistas.

Resultados y Discusión

Estereotipos de género que influyen en mujeres

Los principales factores que influyeron en que las mujeres desertaran se muestran en el Cuadro 1, resalta: Me casé (33.2%), mi papá no me apoyó para seguir estudiando (5.7%), mi pareja no me dejó seguir estudiando (5.7%) y embarazo (2.9%).



Cuadro 1. Factores por género que influyen para que mujeres deserten de la preparatoria

Factores

Porcentaje valido

M (%)

H (%)

Me casé

37.1

34.2

2.9

Mi papá no me apoyó para seguir estudiando

5.7

5.7

0

Mi pareja no me dejó seguir estudiando

5.7

5.7

0

Fuente: Elaboración propia en base a la información obtenida en el trabajo de campo

  • Me casé

El principal factor determinante en la deserción escolar de las mujeres rurales es casarse 34.2% Las mujeres en el medio rural carecen de aspiraciones personales, saben que su destino es casarse, reproducirse y cuidar del esposo. Lo cual coincide con la CIPD +15 (2009); Lázaro, et al. (2007); Guerra (2000); Anderson y Leaper (1998); Beyer (1998); Prieto (1998), quienes han manifestado que el futuro de las mujeres rurales se enmarca en el patriarcado, donde tienen que cumplir con el estereotipo asignado por la sociedad, remitiéndolas al ámbito doméstico, que ellas han aceptado.

Las alumnas mencionan que se “casan”, cuando se van de su casa, de su familia nuclear, para irse a vivir a la casa de la familia del novio. El casarse a temprana edad (15 a 18 años), aún sin concluir sus estudios de bachillerato, es común en las familias rurales. Las razones que tienen para casarse son diversas, destaca el embarazo y que las desertoras señalan que su vida es monótona y la perciben aburrida. Al respecto, una alumna desertora manifestó:

“Me regañaron cuando me fui con él… pues ni modo ya lo hecho, hecho esta…el motivo fue que ya me había enfadado de que no hacía nada” (Elena, 18 años, Sibajahui en 2013).

El aburrirse se debe a que en las comunidades rurales no hay lugares de recreación (parques, canchas deportivas), en donde las mujeres puedan salir de su casa a divertirse o distraerse, la única actividad en la que se entretienen, es ver televisión, y en especial las telenovelas.

Las mujeres rurales deciden casarse para concebir el acto sexual, como consecuencia de las escenas que ven en televisión, por pláticas con compañeras (os), por los temas que ven en clases, en relación a la sexualidad, por la curiosidad hormonal, que como adolescentes tienen al querer “saber que se siente”. Entonces, como su cultura ha determinado, que las relaciones sexuales se dan dentro del matrimonio, estas mujeres deciden casarse (irse con su novio), para cubrir el requisito y poder tener relaciones sexuales, como lo mencionó una maestra.

“Considero que una de las razones por las que se van es porque ellas sienten que si tienen relaciones sexuales es una vergüenza, como quieren tener relaciones sexuales consideran mejor irse con su novio y ya cubrir ese requisito” (Martha, 37 años, Las Higueras de Los Natoches en 2013).

El matrimonio a temprana edad es una realidad que se ha presentado en diversas generaciones. Las alumnas conocen y asimilan que sus mamás, hermanas, vecinas, entre otras mujeres de la comunidad, se fueron a vivir en unión libre con sus parejas, y deciden repetir el patrón de conducta; es decir, no rompen con los estereotipos de género, lo cual coincide con lo que plantea Guerra (2000), Beyer (1998) y Prieto (1998), quienes mencionan que su cultura está profundamente arraigada a sus costumbres. Como menciona en el testimonio:

“Los padres de familia… ven en sus hijas mujeres con pocas posibilidades de salir adelante entonces no les permiten estudiar una licenciatura, porque la cultura, los usos y costumbres marcan que la mujer se tiene que casar y reproducirse… es muy arraigado ese problema” (Martha, 37 años, Las Higueras de Los Natoches en 2013).



  • Mi papá no me apoyo para seguir estudiando

Otro factor que influyó fue el que el padre no las apoyó para que siguieran estudiando (5.7%); este factor se relaciona con los reportados por la UNESCO (2010), Valdez et al. (2008), Banco Mundial (2007), Goicovic (2002), Alberti (2001) y Navarro (2001), quienes establecieron que la falta de apoyo del padre es determinante para que las alumnas no continúen sus estudios. Esto se relaciona contundentemente con el género, puesto que el padre de familia no considera necesario invertir en la educación de sus hijas, piensan que su obligación es apoyarlas académicamente hasta el nivel de secundaria. Puesto que ellas se casarán, y pasarán a ser responsabilidad de otra persona. Como lo mencionó un maestro:

“Tenemos pueblos indígenas muy cercanos donde todavía el padre dice, no estudies hija de todos modos te vas a casar” (José, 35 años, San Blas en 2013).

Pareciera que el único futuro que tienen las mujeres es “ser una buena ama de casa” y para lograrlo, no necesita conocimientos de Biología, Química o Historia, solo necesitan que su mamá, le enseñe a: 1) limpiar la vivienda 2) encargarse de la alimentación, 3) facilitar ropa limpia y planchada y 4) proporcionar cuidados (Suarez et al., 2011). Puesto que, su rol es estar en la casa cubriendo sus obligaciones socialmente asignadas (Guerra, 2000).

Los padres de familia no consideran importante que su hija estudie, pues, sería una mala inversión, ya que se casará y la mantendrá el esposo. Esto genera que el patriarcado siga reinando. Los problemas de género se suscitaron por los factores sociales, los cuales, han encuadrado a la mujer a vivir en la sumisión, y a estar totalmente a expensas del esposo; debido a que su padre, no le brindo las herramientas necesarias para desempeñarse profesionalmente, y no depender de nadie, solamente de sí misma y de su trabajo.

Lo anterior, puede desembocar en problemas de dependencia emocional y violencia intrafamiliar, actos en los cuales, el esposo golpea a su pareja, y por cuestiones de manutención, las mujeres no lo abandonan; no consideran las consecuencias que pueden generar en sus hijos o hijas, al ver y escuchar la violencia. Puesto que, cuando una persona vive en ambiente de agresión, por lo general, lo asimila como algo “normal” y repite los mismos esquemas, subsistiendo una vida de violencia.

“Se casan y sufren maltrato psicológico o físico por su pareja y como no tienen estudios piensan que él les va a dar todo y por eso no los dejan” (Alicia, 16 años, La Constancia en 2013).



  • Mi pareja no me dejo seguir estudiando

Este factor influyó para que, 5.7% de las alumnas desertaran del bachillerato, la razón principal fue la inseguridad que tienen los esposos y los estereotipos de género que prevalecen en las comunidades, lo cual, coincide con la UNESCO (2010), INMUJERES (2002), Alberti (2001), Navarro (2001), Guerra (2000) y Prieto (1998), quienes en sus estudios han evidenciado que los estereotipos de género, determinan que las mujeres no deben estudiar, ya que lo único que necesitan saber es hacer la limpieza de la casa y preparar alimentos.

El resultado, coincide con lo que comentó Cano (2006), quien concibe que las mujeres casadas están subordinadas a los hombres, en lo que respecta a sus derechos legales y a sus derechos de propiedad. Esto se comprueba, en el sentido, que no les permiten asistir a la escuela, puesto que, se sienten dueños de la vida y decisiones de su pareja. Al respecto una alumna desertora manifestó:

“Pues fue porque mi pareja no quería que fuera… porque había muchos hombres, pues yo le decía que yo si quería estudiar… me dice que si vuelvo a la escuela me va a dejar” (Carmen, 18 años, Jahuara II en 2013).

Los esposos de las alumnas desertoras tienen miedo a que sus esposas salgan de sus casas. Posiblemente se deba a la inseguridad de ellos mismos, tienen miedo de que ellas puedan encontrar a un mejor prospecto, y decidan romper con la relación de pareja que tienen. Por temor, a que ellos sean los abandonados, y que esto dañe su masculinidad; mejor deciden impedirle el acceso a la competencia varonil.



Estereotipos de género que influyen en los hombres

Las causas de la deserción escolar en los varones es diferente a las de observadas en las mujeres, como se observa en el Cuadro 2, las principales fueron: tenía que trabajar (11.4%), trabajaba durante la estadía en la preparatoria (40%), falta de capacidad en alguna materia (11.4%) y falta de interés en estudiar (17.2%).



Cuadro 2. Factores por género que influyen para que hombres deserten de la preparatoria

Factores

Porcentaje valido

M (%)

H (%)

Combina el trabajo y estudio

40

0

40

Tenía que trabajar

11.4

0

11.4

Fuente: Elaboración propia en base a la información obtenida en el trabajo de campo

  • Tenía que trabajar

En las comunidades rurales que se estudiaron, las familias son de bajos recursos económicos. Frecuentemente, los padres trabajan de jornaleros en campos agrícolas y las madres se dedican a la vida doméstica. El sueldo que ganan por familia, varía desde 60 hasta 120 pesos diarios, con lo cual, tienen que comer, vestir, calzar y mandar a sus hijos o hijas a la escuela. Esta carencia económica, permite concordar con lo que mencionó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2003); la cual, determinó que la principal razón de la deserción escolar son los factores económicos.

Lo anterior, ocasionó que, 11.4% de los alumnos abandonen sus estudios, por la necesidad de tener que trabajar. Esta condición está relacionada con los estereotipos de género que se promueven para los varones, ya que como lo han mencionado algunos estudios, Del valle (2002), Flores (2001), Bourdieu (1992) y Burin (1992), quienes señalan que la dominación masculina se basa en la economía, y el rol laboral es un espacio eminentemente masculino, lo cual quedo ampliamente demostrado con los resultado obtenidos.

El hombre tiene que cumplir con su rol productivo, que se le ha asignado tradicionalmente. Al ver que la situación económica es inestable, y ante la gran responsabilidad asignada por su papá y por la sociedad, tienen que cumplir con el rol de proveedores, y emplearse en trabajos remunerados y precarios. El trabajo que desempeñan principalmente es de jornalero agrícola, se trabaja en los campos agrícolas recolectando hortalizas, el cual involucra jornadas de trabajo de 8 horas en la intemperie, con temperaturas que oscilan entre los 35 y 40 0C, con un pago de 80 a 100 pesos por día trabajado, este podría aumentar si trabajará más horas al día. El dinero que obtienen, lo utilizan para mantener a sus familias, tal como se muestra en el siguiente testimonio:

“Es difícil mantener a tu familia… por ejemplo ahorita en el campo no te alcanza lo que ganas, porque es muy poquito” (Jesús, 19 años, Campo Esperanza en 2013).

En ocasiones, no es decisión de ellos dejar la escuela y trabajar, sino que las circunstancias los obligan a incorporarse al trabajo:

“Si tuvo mucho que ver, pues sabía que mis papás no iban a poder con los gastos de la escuela, por eso me salí… de hecho hay problemas de economía, aquí en la casa y pues por eso mismo discuten, de que no les alcanza el dinero y pues empiezan las discusiones, mejor me salí” (Armando, 18 años, La Constancia en 2013).



  • Combinaba el trabajo y el estudio

14 alumnos de la muestra encuestada, señalaron que combinaban la asistencia a la escuela con el trabajo remunerado; puesto que, los problemas económicos que se presentan en sus casas, eran constantes y serios, esto coincide con lo que reportó Lakin y Gasperini (2004). En ese sentido, a través del análisis de la varianza por género (α = 0.05), se encontró que existe diferencia significativa entre hombres y mujeres; es decir, los hombres eran quienes combinaban el estudio con el trabajo, en comparación con las mujeres.

Los alumnos desertores principalmente trabajaban los fines de semana, o medio turno de lunes a viernes. Sin embargo, cuando la situación económica se tornaba más difícil, el alumnado desertor, sacrificaba días hábiles de clases para ir a trabajar. Se considera que si un alumno trabaja tiene la ventaja de desarrollar hábitos de responsabilidad, y la desventaja, en disminuir su aprovechamiento académico. Además, disminuía su calificación por no cumplir con las tareas académicas, al grado de que el docente, lo catalogue como irresponsable, sin conocer las razones, de su ineficiencia.

“El trabajo me quitaba tiempo, ya que era hasta que oscurecía y, a veces era hacer trabajos en computadora en el ciber y pues no me daba tiempo, porque a esas horas ya estaban cerraos los cibers” (Armando, 18 años, La Constancia en 2013).

En clases, están somnolientos, por el exceso de trabajo al que son sometidos, por su doble jornada, como estudiantes y trabajadores en los campos agrícolas. Esto afectó su rendimiento académico, al grado que se desmotivaba al ver sus bajas calificaciones, y mejor optaba por abandonar definitivamente su estudio.

“Se ven mermados a dejar de ir a clases por necesidad de trabajar, porque ellos no trabajan por diversión o por gusto, sino por necesidad y a veces si daña el rendimiento académico” (Juan, 44 años, Las Higueras de Los Natoches en 2013).

Conclusiones

Los estereotipos de género, en el ámbito educativo, influyen para que mujeres y hombres deserten de la escuela, ya que siguen aceptando los roles que la sociedad y la cultura les ha asignado socialmente a través del tiempo. En esta investigación se evidenciaron múltiples y complejos estereotipos de género, vinculados a las ideas y prejuicios sociales, estructurales, culturales, políticos y de contexto; por lo que, es fundamental realizar una revisión desde la perspectiva de género, en el ámbito educativo, para erradicar la transmisión de estereotipos sexistas y buscar el desarrollo rural equitativo.

La deserción escolar en los hombres se ocasionó por su rol productivo; es decir, la sociedad machista les ha impuesto la responsabilidad de ser los proveedores; por lo que, abandonan sus estudios para dedicarse a trabajar y obtener recursos, para el sostén familiar. En lo que respecta a las mujeres, los estereotipos de género que sobresalieron en la investigación son: me casé, falta de apoyo por parte de la pareja y del padre.

Con base en los resultados analizados se determina que es necesaria una educación con perspectiva de género; la cual, es una herramienta importante para que las mujeres adquieran conocimientos y destrezas; se empoderen y derroquen la desigualdad en oportunidades educativas, que existe entre hombres y mujeres; así como, el cambio de las masculinidades tradicionales, y se arribe a la igualdad de oportunidades académicas entre mujeres y hombres.



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