Estrategia de acción exterior una reflexión necesaria



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I.3.- La España de hoy, una identidad internacional bien definida. Debilidades y fortalezas.
La definición de una estrategia de política exterior exige conocer nuestra historia, y debe ser coherente con nuestro proyecto de país y con el peso real de España en el mundo. El punto de partida de este empeño es una identidad internacional bien definida, la de un país tan antiguo como la propia sociedad internacional. Sobre esa base debemos conocer nuestras posibilidades reales, seleccionar con rigor los escenarios que nos son más propicios y tratar de evitar aquellos que nos resultan menos favorables.
España está atravesando dificultades innegables, consecuencia de una crisis económica cuyas raíces vienen de mucho tiempo atrás. Al mismo tiempo, la España contemporánea es también el resultado de un proceso colectivo que nos ha permitido disfrutar de la época más larga de estabilidad política y prosperidad económica de nuestra historia. Para seguir consolidando este proceso, es necesario hacer un alto en el camino y conocer nuestras debilidades y fortalezas. Debilidades y fortalezas que condicionan la definición de una estrategia exterior realista y consistente.
Debilidades
Debilidad demográfica
España ocupa el lugar 28, en términos de población, entre los 193 países que forman parte de las Naciones Unidas. El problema, muy grave, es que somos uno de los países más envejecidos de Europa, fruto de la combinación de dos factores: un avance innegable, una tasa de esperanza de vida de las más altas, y un problema de solución compleja, una de las tasas de fertilidad más baja.
Si se mantienen los ritmos actuales, España perderá en torno a 2,6 millones de habitantes en los diez próximos años, el número de defunciones superará al de nacimientos en el 2017 y, lo que es más significativo, las personas mayores de 65 años representarán el 30% del total de la población en el año 2050 (frente al 11,8% en la Unión Europea).
Con estos datos parece obvio que, con independencia de las políticas activas de natalidad que haya que arbitrar, España debe abrirse al exterior y gestionar cada vez con mayor eficacia la gestión de los flujos migratorios. La mejor gestión deberá conjugar factores como las necesidades del mercado laboral y la capacidad de integrar dignamente a los recién llegados. A largo plazo, la inmigración va a jugar un papel fundamental en el mantenimiento del estado del bienestar y por ello debe ser planificada, pensada y coherente con las necesidades, no sólo en número, sino también en cualificación. De esta manera, conseguiremos las mejores consecuencias para España, como país de acogida, y para las personas que, legítimamente, buscan una nueva vida.
La política de inmigración debe orientarse de acuerdo con cuatro principios: (1) Organizar mejor la inmigración legal y promover una movilidad bien gestionada. (2) En paralelo, actuar contra la inmigración irregular, luchando con decisión contra las mafias que comercian con personas (3) Cooperar con las economías de los países emisores de emigrantes para mejorar su nivel de vida, haciendo así más atractiva para los emigrantes la permanencia en sus países de origen (4) Integrar a los emigrantes en condiciones de dignidad, lo cual facilitará la cohesión social.
Una de las pocas certezas en materia de inmigración es que la gestión de los flujos migratorios desborda las posibilidades del Estado nación y exige una respuesta europea, en la que estén implicados además los países de origen, los de tránsito y los de destino. Sólo la colaboración internacional permite gestionar de forma coherente la inmigración en la era de la globalización.

Recursos naturales


Los recursos naturales en España son escasos, especialmente en lo que se refiere al agua y la energía. España es un país de recursos hídricos irregularmente repartidos en el espacio y en el tiempo y muy vulnerable a un cambio climático que puede provocar la desertización de buena parte de su territorio. Para hacer frente a esta debilidad, ha desarrollado una ambiciosa política hidrológica y ha estrechado la cooperación en gestión del agua con Portugal, convirtiendo esta colaboración en un ejemplo internacional.
Desde el punto de vista de los recursos naturales, la posición y el carácter peninsular, con casi 8.000 km de litoral bañado por aguas de diferentes mares y océanos, constituye, al mismo tiempo, una ventaja comparativa indudable y una debilidad por la fragilidad de estos recursos y por la amenaza que el cambio climático representa (aumento del nivel del mar, acidificación) para un medio litoral y marino de indudable valor estratégico.
Junto a ello, España es rica en los recursos naturales ligados a la biodiversidad, especialmente en comparación con el resto de países europeos
España carece también de los recursos energéticos que necesita para atender sus necesidades: el 70,8% de la energía que consumimos procede del exterior, muy por encima de la media de la Unión Europea.
Si Europa quiere dotarse de una auténtica política energética, España, conectada con Argelia por dos gaseoductos no utilizados en su totalidad, y que cuenta con siete estaciones gasificadoras – más que las instaladas en todo el resto de Europa - también claramente infrautilizadas, podría convertirse en un próximo futuro en una plataforma desde la que exportar gas al resto de los países de la Unión.
El transporte a través de España de la electricidad generada por estaciones solares, termosolares y eólicas situadas en el norte de África contribuiría también a asegurar las necesidades energéticas de Europa, y al desarrollo económico de los países del área, contribuyendo a afianzar su estabilidad política. Las interconexiones con Europa, y una conexión de nuevo cuño con el norte África, vuelven a ser condición necesaria para que estos proyectos lleguen a buen fin.
Presencia exterior

Multinacionales punteras
Las empresas españolas compiten en mercados maduros y en sectores tecnológicamente avanzados: infraestructuras, alta velocidad, energías renovables, sector biotecnológico entre otros.
La mayor constructora occidental es española, así como las dos primeras empresas en gestión de infraestructuras de transporte. Las empresas españolas gestionan cerca del 40% las principales concesiones de transportes del mundo.

Un tercio del tráfico aéreo en el mundo se gestiona con tecnología española.

En energías renovables, la primera empresa del mundo es española, así como, en depuración de aguas, la líder mundial en desalación.

El mejor banco del mundo según Euromoney es español. En telecomunicaciones, la primera de Europa es una empresas española. En biotecnología, es española la empresa líder en producción de plasma o la primera en el desarrollo de medicamentos de origen marino para el tratamiento del cáncer. Y se pueden citar ejemplos en otros se sec sectoresmuchos sectores.

La presencia económica española en el exterior es muy importante y ha crecido exponencialmente en las dos últimas décadas.
Las exportaciones españolas han aumentado mucho en los últimos años, hasta representar casi un 35 % del PIB en el año 2013 y el número de empresas exportadoras también ha crecido de forma considerable.
Sin embargo este fuerte proceso de internacionalización de la economía española tiene algunas debilidades, como es la concentración de las exportaciones en un número reducido de empresas y reducido número de PYMES exportadoras aunque esto también se va corrigiendo, la insuficiente aunque progresiva diversificación geográfica de las exportaciones, así como su insuficiente contenido tecnológico, aunque también en este apartado se ha experimentado una considerable mejoría.
Las inversiones españolas también han crecido mucho, encontrándose España entre los 15 principales países en IED..
Desde otro punto de vista, las inversiones españolas –singularmente en América Latina- se concentran en sectores estratégicos claves como el energético o en sectores que prestan servicios esenciales a los consumidores como servicios financieros o suministro de agua y energía;

Fortalezas
Anotadas nuestras debilidades, conviene no olvidar nuestras fortalezas que son muchas y consistentes.
Posición estratégica
España ocupa una posición estratégica, a caballo entre dos mares y dos continentes, que unida a su historia, le permite ser puerta de entrada en Europa y puente con África y América Latina. Es este carácter el que ha contribuido sustancialmente a que la Unión Europea haya suscrito acuerdos con un buen número de países de importancia especial para España.

Es este carácter el que ha contribuido sustancialmente a que la Unión Europea haya suscrito acuerdos con un buen número de países de importancia especial para España. Baste recordar los acuerdos de asociación suscritos con países latinoamericanos - Chile, México, Centroamérica, Ecuador -, los acuerdos comerciales con Perú y Colombia, y los acuerdos de asociación con los países de la vecindad sur - Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto, Jordania, Líbano e Israel -, lo que abre nuevas posibilidades a España.


Los futuros acuerdos con Estados Unidos y Mercosur reforzarán esas posibilidades. La supresión de los obstáculos y barreras que dificulten la implantación de las empresas multinacionales que quieran acceder a estos países y la intensificación de relaciones con los mismos, se configuran como asignatura obligada de nuestra política exterior.
Democracia avanzada
Uno de nuestros principales activos es nuestro sistema político, basado en el respecto a la dignidad del ser humano, a sus derechos básicos y al Estado de Derecho. Una democracia avanzada, en definitiva, en la que los principios y valores inspiran la acción exterior y en la que los ciudadanos participan activamente en la formación de la voluntad exterior de España. La posibilidad de forjar una acción exterior que goce de gran consenso social es un activo que nos proporciona nuestro sistema constitucional.
España es además un país plural, integrado por comunidades con identidades propias muy marcadas. Todas ellas encuentran acomodo en un marco constitucional respetuoso con las diferencias y garante de los derechos y obligaciones de los ciudadanos sin discriminaciones. La experiencia española demuestra que la convivencia es siempre posible cuando existe una voluntad colectiva para que así sea, dentro de la lealtad del sistema político y legal que entre todos nos hemos dado.
Economía abierta y diversificada
España es la 4ª mayor economía euro, la 5ª de la Unión y la 13ª del mundo. España es el 7º exportador de servicios, el 11º inversor y el 11º receptor de inversión extranjera del mundo. España es el 2º país del mundo en ingresos por turismo y el primer destino de Europa. Somos, por tanto, una de las economías más abiertas del mundo y se están haciendo enormes esfuerzos para mejorar esta posición. La Ley de garantía de Unidad de Mercado, la identificación de las normas que obstaculizan el funcionamiento de las empresas y la simplificación administrativa son pasos importantes en esta dirección.
A ello se une el tamaño de nuestro mercado: 46 millones de consumidores domésticos y 61 millones de visitantes extranjeros de renta media-alta.
Infraestructuras
España está entre los 10 países del mundo con mayor calidad en infraestructuras según el Informe de Competitividad Global del World Economic Forum y es el segundo país en alta velocidad ferroviaria. Cuenta con una flota de trenes moderna y tecnológicamente muy avanzada; tiene una red de carreteras extensa, y sus puertos gozan de uno de los mejores índices de calidad del continente. Tiene unas infraestructuras hidráulicas de calidad y bien mantenidas. España es el 3º país del continente en tráfico aéreo de pasajeros y el 6º del mundo. Tiene un claro liderazgo en energías renovables.
La cultura, la lengua española y la diversidad lingüística
La cultura es una de las fortalezas mejor reconocidas en el exterior. Se manifiesta no sólo en datos cuantificables como ser el segundo país por número de bienes declarados patrimonio de la humanidad o el peso de la industria cultural en el PIB, en particular la editorial, sino en una poderosa identidad propia. Junto a ello, la lengua española es la segunda lengua más hablada del mundo, y tiene esta misma posición en el mundo de los negocios y en las redes sociales. Es hoy la primera lengua de 37 millones de ciudadanos que viven en los Estados Unidos.
Junto al castellano, otras lenguas españolas, nos dan riqueza lingüística y potencial cultural, una identidad múltiple que nos define y es parte de nuestra fortaleza, de nuestra capacidad de proyección.
Estas debilidades y fortalezas definen un actor con personalidad propia e identidad definida. Tenemos, como lo hemos tenido durante siglos, el potencial necesario para ocupar el lugar que nos corresponde en la Comunidad Internacional que emerge: una antigua y gran nación que volverá a adaptarse, como tantas veces en la historia, para abordar los retos del futuro.

II. EL MUNDO GLOBALIZADO
Los ejes tradicionales de la política internacional española son los mismos desde hace siglos, pero la forma de abordarlos ha cambiado de manera radical. Para reflexionar sobre ello, debemos tener en cuenta los cambios que el mundo ha experimentado en los últimos tiempos: la globalización, las modificaciones en los equilibrios de poder y la crisis del multilateralismo.
Los cambios se están produciendo a una enorme velocidad como consecuencia, entre otras cosas, del vertiginoso desarrollo de las tecnologías. Fidel Castro tardó tres años en llegar de Sierra Maestra a La Habana. Bastaron dos días para que la chispa que prendió en Sidi Bou Said (Túnez), cuando un vendedor ambulante se inmoló en un dramático acto de protesta y desesperanza ante el futuro, se extendiese por todo el Norte de África y Oriente Medio.
La velocidad del cambio es claramente perceptible: en el Siglo XIX, el Reino Unido tardó 155 años en duplicar su renta per cápita, en el Siglo XX, Alemania y Estados Unidos tardaron 60 años. En el Siglo XXI China e India tardarán sólo 10 años en duplicarlo.
II.1.- Las consecuencias de la globalización.
Consecuencias económicas
El mundo empezó a cambiar cuando las economías devastadas por la Segunda Gran Guerra comenzaron a resurgir de sus cenizas. Se inicia ahí un proceso de internacionalización de la economía que marca una nueva era.
La globalización que estamos viviendo es un fenómeno revolucionario, pero diferente de los dos procesos de internacionalización anteriores: el iniciado con el descubrimiento de América y el que desencadenó la Revolución Industrial.
La primera globalización, propiciada por la brújula, las carabelas y la imprenta, se concreta en el establecimiento de un sistema de intercambios entre continentes que hasta entonces se desconocían mutuamente. El tiempo que tomó esta hazaña histórica se ciñe en sentido estricto a unos setenta años, los que incluyen el descubrimiento de América (1492), la llegada a la India de Vasco de Gama (1498), el descubrimiento del Mar del Sur por Núñez de Balboa (1513), la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano (1522) y el primer Galeón de Manila (1565) que conecta Filipinas con la Nueva España.
Los intercambios en que se materializa esta primera internacionalización fueron humanos, al conllevar el traslado de numerosas personas desde Europa a América, África y Asia, desde África a América y desde América a Asia. Muchos de ellos fueron traslados forzados, como la salvaje trata de esclavos desde el continente africano hacia Asia o América. Fueron también económicos, con la multiplicación de las rutas comerciales transcontinentales, como fueron la Carrera de Indias, la Carreira da India, el Comercio triangular entre Europa, África y América, y la Carrera de Acapulco o del Galeón de Manila o Nao de China. Y fueron finalmente culturales en un sentido muy amplio, con el intercambio entre continentes de productos alimenticios, remedios medicinales, materias primas, lenguas y técnicas, creencias y expresiones artísticas.
Instituciones Financieras Internacionales – IFIs - emergentes
En el mes de julio de 2014, y tras varios años de preparativos, la sexta Cumbre de los BRICS – Brasil, China, India, Rusia y Sudáfrica – adoptó una declaración, la Declaración de Fortaleza, en la que se anunciaba la creación de dos instituciones financieras: el Nuevo Banco de Desarrollo y el Acuerdo de Reservas de Contingencia. El primero dedicado a la financiación de proyectos de desarrollo sostenible y de infraestructura en países emergentes y en países en desarrollo. El segundo consagrado a ayudar a países con problemas de liquidez y financiación a corto plazo. El paralelismo con las instituciones e Bretton Woods es evidente. En ambos casos, la declaración señala que ambas instituciones tienen como objetivo complementar los esfuerzos del marco internacional ya existente.
Las razones aducidas para la creación de estas dos instituciones financieras giran en torno a la insatisfacción por la falta de reformas sustantivas en las Instituciones Financieras Internacionales, que reflejen de forma adecuada su peso en las relaciones internacionales. Es una preocupación legítima para la que vía adecuada sería la negociación y los proyectos de reforma del marco multilateral. Es un principio de toda negociación multilateral que ninguno de los participantes consigue nunca todos sus objetivos.
La posición de España es que el marco multilateral existente, con Naciones Unidas a la cabeza en el terreno político y diplomático, ha prestado enormes servicios a la humanidad desde su creación tras la Segunda Guerra Mundial. No obstante, el multilateralismo debe adaptarse a las realidades del mundo que emerge, debido a los cambios en las influencias relativas de los diversos Estados y a la necesidad de abordar algunos problemas globales que ni siquiera se planteaban hace 25 años. El camino es la reforma del marco existente y la búsqueda, en su seno, de mecanismos de gobernanza global, legítimos y eficaces. Ese será el empeño de nuestra política exterior.     

A mediados del siglo XIX nace una segunda revolución tecnológica que provoca la segunda ola de internacionalización de la economía. La máquina de vapor, el ferrocarril, el telégrafo y nuevas técnicas de navegación permiten una expansión de la riqueza de los países europeos que les lleva a conquistar mercados en el exterior para dar salida a una creciente producción. Las sociedades capitalistas crecen en poder y en tamaño. Los estados liberales consagran como su misión esencial proteger la propiedad, garantizar la estabilidad económica y conquistar mercados exteriores. El patrón oro fomenta el comercio internacional, al eliminar los riesgos de cambio, y reduce los movimientos especulativos no justificados por la economía real. España queda al margen de esta revolución. Se instalan algunas industrias y se mejoran los transportes, pero España continúa siendo un país mayoritariamente agrario.


La globalización actual, propiciada por las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), no puede confundirse con los procesos anteriores. La globalización actual no es un mero aumento exponencial de los intercambios de bienes y servicios, ni sólo un incremento vertiginoso de los flujos de capitales. Ambos fenómenos habían alcanzado ya cifras considerables en los años inmediatamente anteriores a la I Guerra Mundial.
Lo que caracteriza a la globalización actual es el protagonismo que adquieren grandes grupos multinacionales, que pueden deslocalizar sus procesos de producción de bienes y servicios, y fragmentar la cadena de valor, con un simple movimiento de ratón. Movimiento de ratón que puede beneficiar o arruinar a países enteros. Muchos grupos multinacionales son más poderosos que muchos Estados-nación nominalmente soberanos: de las 150 entidades económicas más grandes del mundo, 87 son empresas multinacionales y sólo 63 son Estados. Grandes corporaciones que pueden negociar, muchas veces en pie de igualdad, con los países que quieren atraerlas – a ellas y a sus cuantiosas inversiones y empleo potencial - o conservarlas.
La globalización ha puesto también de manifiesto la capacidad de los países emergentes de ocupar parcelas cada vez mayores de la economía internacional, y de ascender con rapidez la escala de valor económico añadido. Hasta épocas muy recientes, su producción se circunscribía a la parte baja de esa escala. Hoy, países como China y la India son líderes en industrias de alta tecnología y su capacidad de competir mejora en el sector servicios. Es un cambio radical de escenario.
Una de las razones para el éxito de los países emergentes es su capacidad de atraer la inversión extranjera directa que tradicionalmente se dirigía hacia los países desarrollados. El mundo emergente presenta cotas de crecimiento muy superiores a las europeas y el capital, por propia naturaleza, fluye hacia los lugares donde encuentra mayor rentabilidad.
Evidentemente, las ventajas competitivas que han atraído el capital van desapareciendo poco a poco, por la propia lógica del mercado. Éste termina empujando los salarios al alza al calor de beneficios crecientes. Las clases medias emergentes presionan para que el Estado de más servicios y con ellos, impuestos más altos. Un medio ambiente, en algunos casos muy deteriorado, supone una factura que habrá que terminar pagando. Probablemente, las ventajas competitivas que han marcado la diferencia empiezan a disminuir, pero eso no quiere decir que las consecuencias geopolíticas cambien a la misma velocidad. El mundo emergente ha emergido, ha venido para quedarse. Su influencia en las relaciones internacionales no hará más que crecer.
La globalización ha creado, en fin, un escenario donde la economía financiera desempeña un papel estelar. En 2010, el valor de las transacciones en los mercados de cambio fue sesenta y dos veces superior al de los intercambios comerciales. Los activos y mecanismos de la economía financiera obedecen a incentivos y reglas muy diferentes de los de la economía real. Por su propia naturaleza, los activos cambian de precio con mucha más celeridad, suben y bajan rápidamente y con fuerza. Una vivienda cambia de valor en función de factores que varían lentamente con el tiempo: demografía, situación de la economía del entorno, percepción social sobre el emplazamiento, etc. Un producto cotizado compuesto por títulos que representan hipotecas sobre esas viviendas, que se negocia en tiempo real, depende de la oferta y la demanda instantánea que se mueve por criterios como los tipos de interés o el valor de otros activos alternativos (acciones, bonos de deuda pública, pagarés de empresa, etc) que ya poco tienen que ver, aparentemente, con el valor real de la vivienda (economía real) que generó ese título (economía financiera). Y si miramos hacia los derivados sobre ese producto cotizado, opciones y futuros, entramos en una nueva dimensión, que se aleja cada vez más de la economía real. La volatilidad - de forma simplificada, variación del precio de un activo en el tiempo - se instala y con ella aumenta el riesgo y la incertidumbre.
La cuestión relevante para la definición de una política exterior es que las percepciones tienen mucha más importancia en la economía financiera que en la real. En la primera, cambian la situación en cuestión de horas, para bien o para mal. Que sea para lo primero depende de la capacidad de generar confianza. Una política, un comportamiento, predecible y fiable, y una integración decidida y bien gestionada en la comunidad internacional, participando en sus decisiones, son factores generadores de confianza, de reputación. Cualquier estrategia que pretenda dar respuestas a un mundo tan complejo debe tener presente esta variable: la generación de confianza.

Consecuencias sociales y culturales
Si la economía globalizada es un factor de cambios trascendentales, el impacto más profundo de la globalización procederá sin embargo de sus aspectos sociales, culturales y, en definitiva, políticos.
La globalización ha supuesto, por ejemplo, una transformación de los movimientos migratorios mundiales. En el siglo XIX y en los primeros años del siglo XX, los flujos migratorios se dirigían de Europa a países que empezaban a desarrollarse (Canadá, Estados Unidos, Argentina, Australia, etc.), con grandes espacios geográficos por explorar, con enormes recursos naturales. Países, en definitiva, donde casi todo estaba por hacer. No había lugar a plantearse entonces cuestiones como el control de la emigración o la integración de los recién llegados.
En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los emigrantes salen de sus países buscando una vida mejor para ellos y sus familias, con sus correspondientes dramas humanos. La inmigración aporta diversidad y dinamismo a unas poblaciones envejecidas, pero supone al mismo tiempo un enorme reto de integración. La lucha contra la emigración ilegal, la adecuada canalización de la legal y, sobre todo, la integración de los inmigrantes son los desafíos que hay que resolver. Desafíos que ningún país del mundo puede resolver por sí mismo.
En segundo lugar, la globalización ha traído el reto del terrorismo como amenaza global. Hasta el 11 de septiembre de 2001, el terrorismo era un fenómeno predominantemente local que, en España lo sabemos muy bien, amenazaba a países y sociedades concretos. En un mundo donde las fronteras están cada vez más desdibujadas, el terrorismo internacional, de diversa procedencia, se ha transformado en una de las principales amenazas a la seguridad internacional. El terrorismo global sólo puede combatirse con una acción combinada de toda la comunidad internacional. Camino paralelo corren el crimen organizado, el tráfico de drogas o más recientemente el ciber-crimen, fenómenos que ahora ya no pueden ser tratados en los estrechos márgenes nacionales y para los que es imprescindible la cooperación internacional.
En tercer lugar, el cambio climático, probablemente el paradigma de problema global que sólo puede abordarse con soluciones globales. La emisión de gases de efecto invernadero puede tener un origen territorial muy concreto, pero se extiende de forma uniforme por la atmósfera. Y el calentamiento del planeta que trae consigo, afecta a todos aunque algunas regiones del globo tienen más que perder, o al menos más rápidamente. Si hay un ejemplo de la teoría de juegos en la que el único equilibrio posible es una solución cooperativa, es éste. Aquí, o ganamos todos o perdemos todos. En esta misma categoría entraría la gestión de bienes compartidos como el aire, el agua, los recursos pesqueros y tantos otros.
En cuarto lugar, el pánico desatado en todo el mundo por las pandemias globales como la Gripe A o el SIDA demuestra que también la enfermedad se globaliza. Es obvio que hay que intentar que el Ébola no se extienda aun más, pero es más obvio todavía, que hay que combatirlo allí donde ha surgido. Aquí también o ganamos todos o perdemos todos.
Finalmente, una consecuencia particularmente compleja de la globalización es la percepción de que un marco cultural homogéneo se está expandiendo, de la imposición desde fuera de unos criterios en cuestiones aparentemente inocuas, como la forma de vestir, o en otras tan cruciales como el modelo de familia o la relación entre lo individual y lo colectivo.
En algunas ocasiones, la reacción contraria a lo que se considera imposición exterior es genuina y se cifra en un repliegue sobre lo que se reclama como propia identidad. En otras, la reacción no es más que una excusa para perpetuar modelos de dominación de una casta, una clase social, o una parte de la sociedad que ve su poder secular amenazado por lo que los antiguos y entrañables modernos hubieran llamado "los nuevos tiempos". Excluir a las niñas de la educación, o los matrimonios forzados, no es "un signo de una identidad ancestral y tradicional", es tan aberrante como lo era el invocar "el derecho natural del señor al esclavo" en los Estados Unidos del s. XIX.
Pero es cierto que, en esta materia, nos encontramos con uno de los fenómenos más fascinantes y paradójicos de la globalización. Ésta proporciona a cada ser humano la oportunidad, sin precedentes en la historia, de relacionarse directamente con sus semejantes sin importar en qué parte del planeta se encuentra cada uno. Es decir, nunca antes ha tenido la Humanidad la ocasión de ser "una", en el sentido más radical de la palabra. Como nos enseña la antropología, la comunicación entre seres humanos sólo puede establecerse en el marco de un cierto esquema cultural compartido. La globalización está proporcionando esos esquemas a miles de millones de personas, y a una velocidad nunca vista antes. Y ante lo que parece un caso evidente de reencuentro de la Humanidad consigo misma, de celebración y satisfacción, las reacciones contrarias, que invocan un supuesto temor a la disolución de las culturas nacionales, adquieren cada vez más fuerza, cuando no más virulencia. La parte más preocupante de esta historia, la que es objeto de seguimiento y preocupación de la política exterior, es que estas invocaciones identitarias alientan los movimientos extremistas, extremadamente violentos, que proliferan en muchas partes del mundo.
Para muchos la globalización se juega su futuro en una regulación inteligente de los mercados que evite otra Gran Recesión, que podría ser letal para este fenómeno. Pero quizá el verdadero partido se esté jugando en el campo de la cultura, entendida ésta en sentido amplio, en que se trunque o no el potencial de que la Humanidad se reúna "por encima de razas, creencias o fronteras". Y esta vez sí, una realidad, no la retórica que habitualmente encierra esta invocación.
Consecuencias institucionales
La globalización ha provocado cambios en el escenario mundial que exigen una remodelación completa de las instituciones que el mundo se dio a sí mismo al final de la Segunda Guerra Mundial ha quedado obsoleto. Los cambios en la estructura económica producidos por la globalización exigirán en el futuro modificaciones sustantivas en el orden monetario, el orden comercial y la concepción misma del desarrollo que han estado vigentes hasta ahora.
El nuevo orden monetario: Los Acuerdos de Jamaica (1973) sustituyeron el sistema cambios fijos por un sistema de flotación supervisado por el Fondo Monetario Internacional. La inestabilidad de los tipos de cambio y la volatilidad de los flujos de capital en ciertas épocas históricas plantean retas importantes para el futuro. El G-20 y el FMI pueden reforzar la supervisión sobre los tipos de cambio y promover una mayor cooperación internacional en la gestión del Sistema Monetario Internacional.
El nuevo orden comercial: La expansión del comercio mundial en los últimos años se debe en buena parte a la liberalización de las economías y a la apertura de fronteras. Librecambismo que goza de una larga tradición doctrinal, que postula que los intercambios se realicen en función de los costes y los precios relativos.
Cuando se abrazan prácticas proteccionistas - dumping, social, fiscal o medioambiental -, se arbitran políticas discriminatorias - “compra lo hecho en tu país” - o se desconocen los derechos de la propiedad industrial, el librecambismo deja de funcionar.
En los últimos tiempos las noticias dejan un sabor agridulce: la Organización Mundial del Comercio (OMC) no ha podido concluir con éxito la ronda de Doha, y estamos asistiendo a una fragmentación del mundo en bloques comerciales. En sentido contrario, han proliferado los acuerdos de libre comercio y es muy posible que pronto concluyamos un acuerdo con los Estados Unidos (TTIP, por sus siglas en inglés). Acuerdo de enorme importancia para España, no sólo por el papel que los Estados Unidos tienen en nuestras relaciones comerciales, sino, también porque puede contribuir a hacer avanzar la negociación del acuerdo Unión Europea – MERCOSUR.
Sólo un retorno a las buenas prácticas permitirá asegurar la expansión del comercio, que constituye una de las palancas más importantes para el crecimiento y bienestar de las naciones.
Un desarrollo económico social y medioambientalmente sostenible: En la actualidad pocos discuten que el aumento de las desigualdades, entre los países y dentro de los países, es una amenaza, en el largo plazo, a la estabilidad.
Pocos discuten asimismo que el calentamiento global es, en una parte relevante, consecuencia de la actividad humana y, por ello, susceptible de corrección si se adoptan las políticas adecuadas.
Reducir las emisiones de gas de efecto invernadero, combatir la pérdida de biodiversidad, revisar los sistemas de abastecimiento y uso de la energía, gestionar conjuntamente bienes compartidos como el agua o los recursos pesqueros, así como un pacto global de países industrializados y países emergentes son deberes inexcusables del mundo que viene.

España y la globalización
España es una sociedad abierta, lo que constituye un excelente punto de partida para gestionar un cambio tan trascendental como la globalización, que de producirse en todo su potencial, en particular en las consecuencias sociales y culturales vistas, tomará generaciones.
España es miembro activo de la Unión Europea, y puede actuar como puerta de entrada a África y como puente con América Latina. España tiene buenas relaciones con países que mantienen diferencias sustanciales con Estados occidentales clave, por lo que puede jugar un papel de puente y encuentro, que se traduzca en rebajas sustanciales de la tensión internacional permanente que esas diferencias acarrean.
Una reflexión estratégica de nuestra proyección en el mundo debe incorporar estos argumentos - sociedad abierta, posición estratégica, capacidad de facilitar entendimientos - examinar su potencial y sus consecuencias.
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