Estrategias de desarrollo rural en la ue: definición de espacio rural, ruralidad y desarrollo rural



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ESTRATEGIAS DE DESARROLLO RURAL EN LA UE: DEFINICIÓN DE ESPACIO RURAL, RURALIDAD Y DESARROLLO RURAL.
Carlos Cortés Samper

Dep. Geografía Humana

Universidad Alicante
1.1. Introducción

A continuación tenéis un resumen de las cuestiones más importantes para entender la política de desarrollo rural de la UE para el periodo (2007-2013). Para ello, he considerado oportuno definir algunos conceptos que son importantes a la hora de hablar de desarrollo rural, como por ejemplo: espacio rural, ruralidad y desarrollo rural.

Asimismo, y para que pueda ser más útil, tenéis este pequeño esquema, a modo de orientación:

- Definiciones de los conceptos de:

* Espacio rural

* Ruralidad

- Definiciones relacionadas con el desarrollo rural:

* Desarrollo rural endógeno

* Desarrollo rural sostenible

* Desarrollo rural integrado

- Políticas de desarrollo rural desarrolladas en la UE

* Iniciativa Comunitaria LEADER (1991-2006)

* Política de desarrollo rural de la UE (2007-2013)

* Política de desarrollo rural para el periodo 2014-2020


1.2. Espacio rural y ruralidad

Es importante establecer una diferenciación entre los espacios rurales, considerando los múltiples factores y elementos que los caracterizan y que hacen que a pesar de las similitudes de los espacios rurales, podamos encontrar muchas diferencias según el ámbito geográfico, las actividades económicas desarrolladas, la cultura y las características sociales. Podríamos preguntarnos en que se parecen y en que se diferencian dos municipios rurales españoles que estén situados, por ejemplo, para el primer caso, en un valle de montaña del Pirineo y, para el segundo, en las marismas del Guadalquivir. La ruralidad seria esa característica que nos permitiría definir un conjunto de factores y características que determinan que podamos hablar de los espacios rurales en cuanto a sus rasgos diferenciadores respecto a la contraposición con los territorios urbanos. De este modo se pueden generalizar los indicadores de ruralidad, que permiten la diferenciación y el mejor conocimiento de la realidad de los espacios rurales. La esquematización de los indicadores facilita mucho el diagnóstico y el estudio de la gran heterogeneidad de casos existente, para poder así establecer nuevas estrategias de desarrollo que se basen en un buen conocimiento de los problemas que afectan a sus habitantes.

Dar una definición de espacio rural no es fácil, ya que los propios límites entre lo urbano y lo rural son difusos; tradicionalmente se ha relacionado rural con lo agrario, visión que ha quedado obsoleta por los nuevos procesos y actividades que se desarrollan en los espacios rurales (ESPARCIA y NOGUERA, 2001, 343).

El espacio rural es un territorio donde se dan una serie de dinámicas y características concretas que se relacionan con la existencia de una escasa distribución de la población en un ámbito donde los espacios no construidos son la nota predominante. Asimismo, se caracteriza por la utilización de los suelos para la agricultura, la ganadería y la ocupación forestal.

Otras definiciones dadas, tras revisar la amplia bibliografía existente, han sido:


  • Para el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación1, el espacio rural «es una zona amortiguadora de regeneración que lo hace indispensable para la conservación del equilibrio ecológico»

  • Según el sociólogo francés B. Kayser2, el espacio rural es «un conjunto territorial cuyas decisiones se le escapan y en el que existe un modo particular de utilización del espacio y de la vida social, caracterizado, en primer lugar, por una densidad relativamente débil de habitantes y de construcciones, lo que determina un predominio de los paisajes vegetales; en segundo lugar por un uso económico del suelo con predominio agro-silvo-pastoril; en tercer lugar por un modo de vida de sus habitantes marcado por su pertenencia a colectividades de tamaño limitado, en los que existe un estrecho conocimiento personal y fuertes lazos sociales y por su relación particular con el espacio, que favorece un entendimiento directo y vivencial del medio ecológico y, finalmente, por una identidad y una representación específica, muy relacionada con la cultura campesina»

  • La Comisión Europea considera que «la noción de espacio o mundo rural va más allá de una simple delimitación geográfica; se refiere a todo un tejido económico y social que comprende un conjunto de actividades muy diversas»3

  • Según J. Diry4: «el espacio rural se diferencia del espacio urbano por dos criterios: la construcción discontinua, dejando un espacio más o menos grande a los campos, presencia de los espacios forestales y densidades de población reducidas». Aunque el autor la completa indicando la necesidad de analizar tres variables: el medio natural, las herencias históricas y la influencia de los actores económicos y sociales, tanto internos como externos (DIRY, 2002)

Para analizar la situación en la que se encuentra un espacio rural es fundamental hacer referencia a una serie de indicadores que proporcionan información sobre aspectos demográficos y socioeconómicos. Según C. Huillet5 habría que compatibilizar: indicadores de población, indicadores de resultados económicos, indicadores de bienestar social y equidad, indicadores de medio ambiente.

Con la información proporcionada puede realizarse un buen diagnóstico de un ámbito geográfico y, a partir de ellos, se pueden concretar mejor las medidas e iniciativas necesarias para superar las debilidades que caracterizan al mismo.

La diversidad de casos y las diferentes características que se dan en los espacios rurales, determinan que para comprender su heterogeneidad, deban establecerse umbrales que permitan una adecuada diferenciación de los procesos que se dan en el medio rural. De este modo, se utiliza el concepto de ruralidad para referirse a la mayor o menor caracterización de un espacio como rural, a partir de una serie de factores socioeconómicos y demográficos determinados.

En este sentido, diversos autores han establecido una serie de umbrales para poder analizar mejor los procesos que caracterizan a estas áreas. Asimismo, con los umbrales se puede delimitar entre las áreas propiamente urbanas y aquéllas que progresivamente van incluyendo características de lo rural, hasta llegar a aquellas zonas donde la predominancia de lo rural es máxima y donde, en principio, el aislamiento y los problemas de aislamiento son predominantes.

A modo de ejemplo, dentro de la UE, no existe un consenso entre lo que es y no es rural. Para algunos países como Alemania, España, Francia, Irlanda o Italia, el factor principal para definir un espacio como rural es el poblacional. En otros, el desarrollo territorial es el criterio considerado, como ocurre en Reino Unido, Dinamarca, Bélgica, Luxemburgo y Holanda (MÁRQUEZ FERNÁNDEZ, 2002, 12). Asimismo organismos internacionales como la OCDE y EUROESTAT utilizan criterios de densidad demográfica, en este caso el límite está en los 150 y los 100 habitantes por km2 respectivamente. Los umbrales utilizados para delimitar los espacios rurales de los urbanos pueden ser muy diferentes según países; así el límite máximo de habitantes del municipio rural es 200 en Islandia, 500 en Canadá, 2.000 en España y Francia, 2.500 en E.E.U.U., 30.000 en Japón ó 40.000 en Corea del Sur (Hill, M., 2003, y Diry, J.P., 2002).

Para establecer el grado de ruralidad para el conjunto de municipios de la Comunidad Valenciana, J. Noguera y J. Esparcia6 consideran cinco aspectos que definen el grado de ruralidad: la intensidad de la ocupación (densidades de población < 20 hab./km2), el tamaño demográfico municipal (menos de 2.000 habitantes), el envejecimiento de la población (con porcentajes que superen el 25%), la dinámica reciente de la población (pérdidas de población mayores de un 5% entre 1960 y la actualidad) y el grado de dependencia ocupacional respecto del sector primario (mayor del 20%). Diferencian las zonas rurales en tres grupos: zonas rurales desfavorecidas (alto grado de ruralidad), zonas rurales intermedias (ruralidad media), zonas rurales dinámicas (ruralidad baja). Aplicando esta metodología dentro del conjunto de los 42 municipios que forman el territorio ahora estudiado, 40 de ellos pueden considerarse como zonas rurales desfavorecidas. Las excepciones son los de Alcalalí y Benimarfull que por sus características se situarían en zonas de ruralidad media.

Otro ejemplo para delimitar los espacios rurales es el utilizado por J. Amorós y M. Vilafranca7 del CEDRICAT8 (Centro de desarrollo rural integrado de Cataluña), que basan su propuesta en un sistema de indicadores sociodemográficos y económicos estandarizados para las zonas periurbanas y rurales de Barcelona. A partir de los indicadores, establecen una serie de umbrales para calcular el índice sintético de ruralidad. Los ocho indicadores son:


  • Población del municipio (considerando como rurales a los de población inferior a 2.000 habitantes, semirurales a los que tienen entre 2.000 y 5.000, semiurbanos a los que tienen entre 5.000 y 10.000, y urbanos a los que superan los 10.000 habitantes)

  • Crecimiento de la población mayor o menor a la media de Cataluña en el periodo 1996-2001 (diferenciando entre rurales y no rurales según superen o no el valor medio para Cataluña que llega al 7,4‰)

  • Envejecimiento (dando la categoría de rurales a los que superen el valor medio para Cataluña, 26,5% de mayores de 65 años respecto a la población total)

  • Índice de dependencia (considerando rural al municipio que supere el 45%)

  • Población que vive en diseminado (población inferior al 5%)

  • Población dedicada al sector agrario (municipios rural aquel que supere el 3,2% de población ocupada en el sector agrario)

  • Pertenencia o no a una zona de montaña (consideración de rural al municipio integrado en una zona de montaña declarada como tal)

  • Pertenencia o no a un ámbito LEADER+ o PRODER

A partir de estos indicadores se establecen unos umbrales en los que se diferencian los espacios rurales de los no rurales, excepto para el indicador de la población para el que se establecen hasta cuatro umbrales diferentes: rural, semirural, semiurbano y urbano. Una vez establecidos los umbrales se calcula el Índice sintético de ruralidad, a partir de coeficientes de ponderación según los diferentes indicadores, resultando un valor por el cual se puede establecer si se trata de municipios rurales o no.

Otra interesante propuesta es la realizada por Cloke y Edwars con un índice de ruralidad basado en variables del Censo de población del Reino Unido de 1981 (HILL, M., 2003). Diferencian cuatro categorías:


  • Rural extremo (para áreas remotas, a más de dos horas en automóvil de una ciudad, actividad agrícola marginal, caracterizados por una fuerte despoblación y parte del territorio con función recreativa)

  • Rural intermedio (situados a una distancia temporal entre 1 y 2 horas en automóvil desde el área urbana más próxima, con cierta actividad agrícola, pero con tierras marginales dedicadas a espacios recreacionales)

  • No rural intermedio (corresponderían con el periurbano, con tiempos de desplazamiento a una ciudad comprendidos entre media hora y una hora. La actividad agraria es a tiempo parcial o como “hobby”. Son zonas muy suburbanizadas por la cercanía de las áreas urbanas.

  • No-rural extremo (situadas entre 15 y 30 minutos de la ciudad más próxima, en lo que podría llamarse un gran cinturón verde, con una mezcla de funciones: agricultura tipo “hobby”, campos de golf y espacios protegidos con usos recreacionales, bosques de utilidad pública, etc)

Por su antigüedad el índice de M. Hill ha sido modificado por la Countryside Agency. Otra clasificación utilizada en Reino Unido es la propuesta por The Rural Developpment Comisión Report en 1993, que diferencia 4 categorías: áreas metropolitanas, áreas urbanas, áreas rurales accesibles, áreas rurales remotas.

En Francia se ha establecido una diferenciación muy detallada realizada por SEGESA y por CGP9. Según este modelo existen tres tipos diferentes de espacios rurales en Francia (DATAR10, 2003):



  • a) “Campagnes des villes” (traducido al español, literalmente sería el campo de las ciudades o el espacio rural de las ciudades). A su vez se diferencia entre:

    1. Rural periurbano residencial

    2. Rural denso residencial y productivo

  • b) “Campagnes les plus frágiles” (los espacios rurales más frágiles)

  1. Rural poco denso, envejecido y con dominancia agrícola

  2. Rural obrero/industrial con tejido industrial en declive

  3. Rural con atractivo y con vocación emprendedora y turística

  • c) “Nouvelles campagnes” (nuevos espacios rurales)

  1. Rural con función turística

  2. Espacios rurales en transición

  3. Pueblos pequeños

Otra propuesta de diferenciación de los espacios rurales es la realizada por D. Gómez Orea11, a partir de la incidencia de una serie de factores que han transformado el concepto tradicional del medio rural. La aparición de nuevas actividades no agrarias en el medio rural, las degradaciones naturales y la utilización de los propios recursos naturales en el espacio rural, serían los elementos a tener en cuenta (GÓMEZ OREA, 1985). Distingue entre:



  • Zonas del entorno rural de las ciudades en expansión, con problemas por el cambio del uso del suelo rural a urbano. Fuerte especulación urbana con degradación de espacios rurales

  • Zonas dinámicas pero que se ven afectadas por el cambio de función, pasando de agraria a secundaria y terciaria. Problemas muy parecidos al caso anterior

  • Zonas donde las condiciones naturales y culturales son propicias a un desarrollo basado en la agricultura, a pesar de los problemas de contaminación por uso de pesticidas y fertilizantes

  • Zonas rurales de condiciones difíciles para la agricultura. Suelen ser áreas remotas o/y de montaña

Por último, indicaremos la propuesta de zonificación de áreas rurales para nuestro país establecida por la Ley 45/2007, de 13 de diciembre de Desarrollo Sostenible del Medio Rural. Dicha normativa, diferencia tres clases de ámbitos geográficos diferenciados, que establecen diferencias en cuanto a sus características socioeconómicas. Las tres zonas donde se podrán aplicar todas las iniciativas y propuestas derivadas de la Ley son:



  • -Zonas rurales periurbanas: relacionadas con aquellos ámbitos rurales situados en determinadas áreas de contacto entre las zonas urbanas y rurales. Con particularidades que las hacen objeto de análisis y de posible mejora

  • Zonas rurales a revitalizar: aquellas que tienen los mayores problemas, y donde el problema socioeconómico es más acuciante.

  • Zonas rurales intermedias: que consideran las necesidades de ámbitos geográficos donde la ruralidad es importante, pero donde existen determinados factores que las hacen más dinámicas en cuanto a rango demográfico y situación socioeconómica.

Como se ha visto, existen muchas propuestas a la hora de diferenciar los espacios rurales, lo que demuestra el gran interés metodológico y conceptual a la hora de analizar los espacios rurales. El escoger entre una u otra propuesta es sólo cuestión de qué criterio se toma como más importante para establecer las posibles diferencias.


1.3. El concepto de desarrollo rural

El concepto de desarrollo ya no hace referencia únicamente a aspectos estrictamente económicos, sino que también considera aspectos de equidad social con el objetivo de erradicar cualquier tipo de desigualdad. Más reciente es la perspectiva medioambiental, que define al desarrollo como durable o sostenible y que introduce una perspectiva temporal para garantizar tanto la disponibilidad de los recursos como la calidad de vida de las generaciones futuras. Por tanto se trata de combinar los objetivos económicos, sociales y ambientales en la aplicación de los programas de desarrollo (GOZÁLVEZ PÉREZ, 2001, 32). Aunque aún se podría introducir una cuarta perspectiva como es la de ser participativo. La consideración del desarrollo como participativo es esencial para entender cómo la participación de la propia población implicada en cualquier iniciativa de desarrollo es fundamental para conseguir una mayor eficacia en cuanto al cumplimiento de objetivos, como afirma M. Cernea12 «los proyectos deben ser desarrollados por las personas no para las personas».

Específicamente, los objetivos del desarrollo serían: el incremento de la disponibilidad de bienes y servicios básicos, mejora de los niveles de vida y la democratización de las instituciones que permitan la posibilidad de elección tanto individual como colectiva, en relación con aspectos socioeconómicos (ESPARCIA y NOGUERA, 1999, 249). La consecución de estos objetivos debe realizarse – en relación con el tercero de ellos – con un enfoque de abajo a arriba (también llamado enfoque botton-up), que permita el desarrollo a partir de las participación de los ciudadanos, pero también por parte de los representantes de los distintos organismos públicos y privados (empresarios) de un determinado ámbito rural, así como un adecuado marco institucional que permita la coordinación y cohesión de las distintas medidas (MANNION, 1999, 112).

Cuestión principal es la de definir el concepto de desarrollo rural. Resulta importante matizar los diferentes significados que tiene el concepto de desarrollo rural en los países con un mayor desarrollo socioeconómico respecto a los de menos, sería el caso, por ejemplo, de la UE y los países latinoamericanos. Las diferentes características socioeconómicas, culturales y políticas que caracterizan a cada uno de los territorios determinan que pueda hablarse de una diferenciación en cuanto a las políticas de desarrollo aplicadas, tanto desde un punto de vista de los objetivos como de los planteamientos (RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, 2004, 9). Las diferencias vienen dadas por el distinto enfoque que se da a las políticas de desarrollo rural, en la UE el mayor grado de desarrollo y la importante intervención del estado, hace que las iniciativas busquen sobre todo el combatir el despoblamiento mediante la búsqueda de nuevas funciones. Por el contrario, en los países en desarrollo, el menor grado de desarrollo socioeconómico, la falta de infraestructuras y la, todavía, importante población rural determinan que las iniciativas busquen el asegurar las necesidades básicas de la población, desde la mejora de la sanidad hasta la mejora económica de sus habitantes. En Sudamérica, donde el estado es poco intervencionista, se da la disyuntiva para incrementar la participación del estado como garantizador de la aplicación de iniciativas básicas con el fin de mejorar el bienestar de la población (RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, 2004).

Partiremos de la definición dada por J. Quintana, A. Cazorla y J. Merino: estos autores dan una definición específica para el desarrollo rural en la Unión Europea en función de las características propias de los medios rurales en Europa:
«Se entiende actualmente como Desarrollo Rural en la Unión Europea al proceso de revitalización equilibrado y autosostenible del mundo rural basado en su potencial económico, social y medioambiental mediante una política regional y una aplicación integrada de medidas con base territorial por parte de organizaciones participativas».
Como se observa en la definición, este concepto se caracteriza a partir de tres aspectos principales. El primero sería el objetivo por el cual se establece una estrategia de desarrollo, como es la revitalización equilibrada de un determinado territorio; otro es el soporte que incentiva, permite y respalda la aplicación de iniciativas, que se asegura mediante la existencia de una política específica que pretende ser la guía sobre la que se sustenta todo el proceso de toma de decisiones, y por último, los actores que hacen posible la aplicación de las directrices de dicha política, serían las organizaciones y la población local que con su participación intentan conseguir los objetivos programados.

Otra definición similar a la anterior es la que considera al desarrollo rural como un proceso de crecimiento económico y cambio estructural para mejorar las condiciones de vida de la población local que habita un espacio, bajo una triple perspectiva, que caracteriza al desarrollo como endógeno, integrado y local (MÁRQUEZ FERNÁNDEZ, 2002, 16).

Tomando como referencia que los conceptos de desarrollo rural y desarrollo local pueden considerarse como sinónimos (VALCÁRCEL RESALT, 1996), es importante dar una definición de lo que se entiende por desarrollo local. De este modo J. Izquierdo Valina13 propone que el desarrollo local es «Un método que pretende la evolución del territorio por medio de un proceso de movilización de los recursos endógenos al servicio de la promoción social y personal de la comunidad local».

El desarrollo local como estrategia se fundamenta según B. Vachon14 en las relaciones entre los distintos agentes socioeconómicos (partenariado) y persigue los siguientes objetivos: a) Creación de un entorno adecuado que garantice el desarrollo de iniciativas por parte de la población local; b) Adaptación al contexto socioeconómico actual; c) Búsqueda de nuevas formas de desarrollo que permitan integrar los aspectos puramente económicos y los aspectos sociales, culturales y medioambientales.

Otra definición, que resume de forma clara cuales son los objetivos del desarrollo rural, es la proporcionada por G. Guzmán Casado, M. González de Molina y E. Sevilla15: «Iniciativas aplicadas a las áreas rurales en las que se pretende mejorar el nivel de vida de su población a través de procesos de participación local y mediante la potenciación de sus recursos propios».

Además, el desarrollo rural puede ser definido a partir de varios calificativos con los que se pretende completar los elementos principales de su definición. De este modo, se puede denominar como integrado, endógeno y sostenible, lo que permite integrar diversos aspectos que anteriormente, con las primeras definiciones dadas, no se consideraban, y que son fruto de la propia evolución seguida tras la aplicación de las diferentes políticas de desarrollo rural, así como la introducción de nuevos conceptos que han ido surgiendo en materia de desarrollo16. En definitiva el desarrollo rural, bajo el enfoque territorial, supone la consideración de los problemas de los espacios rurales. Las acciones que se desarrollan bajo este enfoque coinciden, en mayor o en menor grado, con las que se ponen en marcha en cualquier proyecto de desarrollo territorial (PILLET, F.; PLAZA, J., 2003, 81).


Desarrollo Rural Endógeno

Con este calificativo, se pretende definir el carácter participativo de la propia población local como elemento básico para la generación de iniciativas que tengan en cuenta los propios recursos de la población. Se trata de la puesta en valor de aquellos elementos tanto humanos como materiales que pueden generar un incremento de la calidad de vida y el bienestar



Desarrollo Rural Integrado

El concepto se inicia en los años 70 como reacción al modelo seguido hasta entonces que había fracasado en sus objetivos. Uno de los autores más destacados que contribuyó a su definición fue Weitz, quien propuso sus principios básicos basados en la flexibilidad e integralidad, la consideración del factor humano y en la participación de la población local. Su propuesta basada en el denominado enfoque Rejovot, consideraba esencial el desarrollo agrícola, asimismo, proponía el desarrollo de los sectores secundarios y terciarios como factor fundamental para el desarrollo (que enlaza con la pretendida diversificación socioeconómica de los espacios rurales de hoy en día) en el que resultaba básica la participación social de la población (WEITZ, 1981).

Que el desarrollo rural sea integrado permite el aprovechamiento de todos los recursos existentes en un ámbito geográfico dado, de este modo se pretende obtener la diversificación económica que permita la generación de nuevas actividades en el medio rural, donde tradicionalmente la función principal ha sido la del aprovechamiento agrario.

En nuestro país destaca la aportación realizada por M. Extezarreta en cuanto a su conceptualización: «El desarrollo rural integrado consiste esencialmente en potenciar esquemas de desarrollo en el ámbito rural que tienen como objetivo la mejora del nivel de vida de la población del área implicada y no el crecimiento económico indiscriminado de un país. Para ello se estimula el establecimiento de esquemas de actividad económica de base territorial, descentralizado y con un fuerte componente de decisión local que movilice a la población en la prosecución de su bienestar mediante la máxima utilización de sus recursos propios, humanos y materiales».

La complejidad del concepto por el planteamiento de múltiples objetivos y la consideración de diversos factores que caracterizan a los espacios rurales, determina que sea un modelo limitado, más si cabe por integrarse dentro del sistema económico imperante en el que la productividad, la consecución de beneficios y la liberalización de mercados es la nota predominante. Este modelo de desarrollo puede servir para mejorar la situación de los espacios rurales, pero el principal problema viene dado si se considera a éste como un mito que todo lo soluciona (EXTEZARRETA, 1987, 383).

En definitiva el objetivo último del desarrollo rural integrado es lograr una mayor flexibilización productiva, para hacer frente a los desequilibrios demográficos, sociolaborales, regionales y planificación. Se ha criticado estos planteamientos por parte de algunos autores, en el sentido de que estas iniciativas responden estas iniciativas más a una estrategia política que a la superación real de los problemas. Su función es la de amortiguar las consecuencias del modelo socioeconómico capitalista imperante, sin llegar a plantear cambios estructurales que resuelvan los problemas existentes (GUZMAN, GONZÁLEZ DE MOLINA y SEVILLA, 2000, 132).


Desarrollo rural sostenible

En 1988, el informe Brutland17 definió este concepto para hacer frente a la crisis ecológica: «es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades».

Se hace referencia a que el desarrollo rural debe ser sostenible, para de este modo considerar que los recursos aprovechados son finitos y que las generaciones futuras puedan seguir aprovechándolos. Se trata, pues, de garantizar la puesta en valor de los distintos recursos aprovechables, pero entendiendo que su explotación debe garantizar que en el futuro también sea posible su disfrute. En este sentido, en el ámbito europeo es esencial la conservación y valorización del paisaje como recurso, pero considerándolo como un bien de cara al futuro. Un ejemplo claro supone el desarrollo inmobiliario en muchos municipios rurales aprovechando la calidad paisajística de las zonas de interior, aunque los grandes proyectos urbanísticos de segunda residencia pueden poner en peligro las características por las que es valorado el medio rural, en algunos casos la inadecuada planificación puede poner en peligro la idiosincrasia de los espacios rurales18.

La aportación realizada por J. Calatrava19 apuesta por un desarrollo que sea sostenible, integral y endógeno, pero considerando la agricultura como pilar fundamental y donde los aspectos agro ecológicos son de máxima importancia y en relación con la conservación de los recursos naturales. Esta opción integradora creemos que es la más factible frente a los modelos que dejan en segundo plano a la agricultura.


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