Exclusión inclusión en la vida y obra de j. L. Moreno1



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José Fonseca

Médico, doctor en psiquiatría por la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo; didata-supervisor de la Sociedad de Psicodrama de São Paulo; Coordinador de Daimon - Centro de Estudios de las Relaciones, São Paulo, Brasil.


EXCLUSIÓN - INCLUSIÓN EN LA VIDA Y OBRA DE J. L. MORENO1
RESUMEN

El texto emplea el concepto de inclusión - exclusión social en el análisis de la vida y obra de Moreno. Su lucha por la inclusión social se revela en puntos distintos de su vida. Esa experiencia le habría inspirado para la creación de algunos conceptos teóricos y procedimientos técnicos psicodramáticos.

ABSTRACT

The text applies the concept of social inclusion-exclusion to the life and work of J. L. Moreno. The main moments of Moreno´s life are highlighted, revealing his struggle for social inclusion. In the same way, some theoretical concepts and practical psychodramatic procedures are aimed toward the inclusion of the excluded beings.

PALABRAS - LLAVE

Inclusión - exclusión social, vida - obra de J. L. Moreno.

INDEX TERMS

Social inclusion - exclusion, Moreno´s life - work.


INTRODUCCIÓN

La expresión exclusión social, y en consecuencia su díada opuesta, inclusión social, se convirtió en una especie de neologismo frecuente en este mundo globalizado. Tuvo su origen en la descripción de dolorosas heridas de la sociedad contemporánea y remite tanto a las más groseras como también a las más sofisticadas injusticias sociales. También posee, por consiguiente, una connotación política y económica que no se puede despreciar. El concepto de exclusión - inclusión, sin embargo, extrapoló sus límites iniciales, en la medida en que los sentimientos emergentes en esas situaciones también pasaron a ser valorados: amor, odio, miedo, envidia, celos, culpa, vergüenza y otros. En este contexto ampliado, pasó a englobar los sentimientos que surgen cuando las personas no consiguen o les impiden alcanzar la condición de pertenencia. Todo el mundo tiene recuerdos de situaciones donde nos hemos sentido así - con la familia, en la escuela o en el trabajo - y de los amargos sentimientos que entonces nos acompañaron. Por otro lado, todos ya hemos tenido sensaciones de plenitud, satisfacción y alegría al sentirnos aceptados. Buscamos continuamente la inclusión en las relaciones duales y grupales. William Schutz (1971), trabajador grupal influido por las ideas de Moreno, coloca la inclusión como la primera fase de desarrollo de los grupos. Podemos visualizar esa tendencia gregaria humana en tres círculos concéntricos que se interpenetran representando los contextos personal, grupal y social.

Moreno enseña que el niño ya nace incluido en una red de relaciones con variadas influencias (genéticas, culturales, sociales, psicológicas, etc): la matriz de identidad. Enseña también, que en esas situaciones existen dos polos en juego: el del que busca la inclusión y el del que la acepta, la rechaza o se muestra indiferente ante ella. Moreno afirma incluso, que estar verdaderamente incluido significa experimentar la reciprocidad de la relación que se manifiesta por la inversión de roles, por la tele y por el encuentro. El concepto de Encuentro, uno de los mayores ejes de la filosofía moreniana, podría también definirse como la posibilidad de estar totalmente incluido en el otro o en el otro lado de la relación. El trabajo de Moreno, ya sea en su perspectiva sociológica, educacional o psicoterapéutica, está fundamentado en el intento de ayudar a las personas a que se incluyan en sus relaciones.

Como vida y obra constituyen un continuum existencial, vale la pena hacer una breve incursión por la vida del creador de la socionomía y considerar algunos puntos de su lucha personal por la inclusión, en términos de formación de su identidad psicosocial. Se revisarán algunos aspectos de la biografía de Moreno que, ciertamente, conocen, pero que aquí aparecerán ordenados de acuerdo con el tema de esta presentación.


INCLUSIÓN, IDENTIDAD Y MATRIZ DE IDENTIDAD DE MORENO
El proceso de formación de identidad es resultado de cómo el niño se incluye en su matriz de identidad. Aquí ella empieza a responder a dos preguntas básicas que se repetirán, en diferentes situaciones y circunstancias, a lo largo de toda su vida: quién soy y cuánto valgo (afectivamente, profesionalmente, socialmente, económicamente, políticamente). Veamos cómo el niño Jacques (como era llamado Moreno en su familia de origen) aprendió a contestar esas dos preguntas-llave.

La historia cuenta que Jacques era el preferido de su madre que, influida por las profecías de una gitana, incitó a la familia la idea de que él no era solamente un niño fuera de lo común, sino que también estaba destinado a un futuro grandioso. Las investigaciones de Marineau (1992) apuntan para el hecho de que, incluso el histórico juego de ser Dios cuando se fracturó un brazo, era “reiterado y sistemáticamente apoyado por la madre de Moreno” (p. 31). El niño disfrutaba de una situación especial con respecto a sus hermanos, no obstante pagaba el precio de no poder sentirse como uno de ellos.

Su relación era muy distinta con sus hermanos. No quería que lo llamasen por su primer nombre. Si uno de ellos usaba Jacob o Jacques, simplemente lo ignoraba. Esperaba para responder, hasta que lo llamasen de ‘tú’... Ese anonimato tenía raíces, como vimos, en un sentimiento de ser un caso especial de Dios” (Marineau, 1992, p. 33).

Moreno pagó aún un precio más alto, el de tener que cumplir la profecía de grandiosidad, que sólo pudo realizarse en la medida en que genéticamente fue agraciado con una inteligencia genial. En el caso de que no la hubiera poseído, tendría probablemente sucumbido psicopatológicamente al peso de un destino no realizado. Las características de esa peculiar inclusión familiar dejaron marcas, en su identidad, que transcendieron el ámbito familiar. Sus propias palabras no dejan duda de eso:

Desde el tiempo en el que mi comportamiento se volvió extraño, al comienzo de la adolescencia, mientras me alejaba cada vez más de mi familia, también comencé a alejarme de mi nombre, es decir, de mi primer nombre. Parecía que buscaba una nueva identidad y, tal vez, un nuevo nombre que combinase mejor con mi nuevo status, esa nueva identidad” (Moreno, 1997, p. 37). “El secreto de mi identidad se volvió tan intenso en mi cabeza, que yo mismo comencé a dudar de cuál era mi verdadera identidad y mi nombre real. (...) Primero, cambié mi nombre de Jacques Levy para Jacob Levy, intensificando mi judaísmo; luego añadí el segundo nombre de mi padre, Moreno, Jacob Moreno Levy. De nuevo, más tarde, le di otra vuelta y me transformé en J. L. Moreno. Todas esas sutiles diferencias comenzaron a cansarme y, entonces, decidí abandonar mi nombre de una vez por todas y me volví completamente anónimo...” (Moreno, 1997, p. 111).
Aún adolescente, ya no se siente cómodo en el seno familiar. A los catorce años, al no adaptarse a la vida en Berlín, a donde su família había emigrado, regresa a Viena con el permiso de sus padres. Alquila una habitación y empieza a vivir solo. Cuando su madre y sus hermanos regresan, al estar resentido con su madre (a causa de la separación de su padre), se niega a volver a vivir con la familia. En ese momento se identifica con Cristo, Buda y San Francisco de Asís, quienes también abandonaron sus casas y adoptaron la humanidad como nueva familia. Cuando visitaba a su familia el contacto parecía extraño:

Mis hermanos me miraban con admiración y miedo. (...) Me quedaba encerrado en mi cuarto, comía solo, hablaba poco o simplemente no hablaba, preocupado con cosas que ellos no entendían. La tensión aumentaba” (Moreno, 1997, p. 42).


LUCHANDO POR INCLUSIÓN SOCIAL

El pueblo judío tiene larga historia de exclusiones, desde su huida de Egipto, en el siglo XIII a. C., pasando por la destrucción de Jerusalén, en el sigloVII d. C., y por una larga peregrinación de inclusiones parciales y exclusiones (pogroms) en distintas partes del mundo, culminando con el holocausto nazi durante la II Guerra Mundial. Los judíos sefardíes, agrupamiento étnico al que pertenecía Moreno, lograron, a lo largo de muchos siglos, una creativa inclusión entre los cristianos y los musulmanes de la Península Ibérica (Sefarad), pero, a finales del siglo XV, los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, los expulsaron de España y Portugal. A partir de ese momento, los psico-dramáticos conocen el periplo de la familia Moreno a través de Turquía, Rumanía, Austria, Alemania (Berlín y Chemnitz), nuevamente Austria y, al fin, Estados Unidos.

La condición de inmigrante fue una constante en la vida de la familia Moreno. Él mismo vivió intensamente la condición de ser extranjero, de ser inmigrante, y las dificultades para obtener una nacionalidad. Nacido en Rumanía, hijo de padre turco, emigra, todavía siendo niño, para Viena. La comunidad judeo-vienesa, que podría ser un puente de inclusión para los recién llegados, era mayoritariamente asquenazí. No siempre resultaba fácil la integración cultural de los sefardíes en la comunidad asquenazí. Los sefardíes, como vimos, poseen influencias latino (hispano - portuguesas) - arábicas, absorbidas por la secular convivencia árabe-judeocristiana en la Península Ibérica. La cultura asquenazí era predominantemente originaria de Europa Central y Oriental2.

Moreno describe las dificultades de inclusión social de su familia:

Nuestra transformación en vieneses, sin embargo, nunca fue completa. Éramos una más de las típicas famílias marginadas de origen judío que sobrevivían desarrollando un fuerte vínculo de vida familiar. A propósito de eso, nosotros éramos, en Viena, hasta casi el momento de mi partida a Estados Unidos, considerados extranjeros o refugiados. En el império austro-húngaro de aquel tiempo existían millares de familias como la nuestra, que eran toleradas por el gobierno mientras llevasen una vida tranquila, que no amenazase la estabilidad de la nación. Añádasele a eso, el que vivíamos en un ambiente de nacionalismo germánico agresivo, reforzado por un distrito fuertemente católico romano. Nuestra família estaba fuera de la corriente principal de la vida austríaca en más de un aspecto” (Moreno, 1997, p. 30). “Nosotros vivíamos en barrios mixtos, de judíos y no judíos, en Bucarest y Viena, expuestos a una variedad de influencias durante nuestra infancia. Los años que mi madre había pasado en el convento fueron útiles para ayudar a que nos relacionáramos con las personas en una cultura católica tan agresiva como era la de Austria durante mi juventud” (Moreno, 1997, p. 31).

El ‘nacionalismo’ austríaco incluía un antisemitismo anterior al nacional-socialismo (nazismo) de Adolf Hitler. Durante su período universitario, en un determinado momento, los estudiantes “nacionalistas” le comunicaron al rector que los judíos no podrían asistir más a las clases ni tampoco frecuentar el espacio universitario. Téngase en cuenta que muchos profesores eran “nacionalistas” también. Los estudiantes judíos, en grupos de diez o veinte, intentaron entrar a la fuerza. A esto le siguió un gran conflicto “con puñetazos, palos y hasta cuchillos” (Moreno, 1997, p. 62). Hubo otro conflicto años después, en la estación ferroviaria de Baden, cuando un grupo de jóvenes pro-nazis se acercó de forma amenazadora a Moreno y a su compañera católica, Marianne Lörnitzo. Después de que Moreno le diese un puñetazo al líder y encarase al resto del grupo, los agresores se dispersaron. Moreno (1997) describe que, en ese momento, se sintió invadido por una intensa conciencia de su identidad, excluido por una parte y por otra incluido en la identidad judía que, en otras ocasiones, como otros judíos de esa época, había intentado esconder: “había sido proverbial que los judíos escondiesen su identidad y se cambiasen de nombre”(...). “Supongo que yo me resistía a anunciar el hecho de que yo era judío” (p. 111).

La inclusión de Moreno en Austria durante los años 20 se complicaba. En Bad Vösslau, ciudad donde ejercía su profesión, era molestado, de forma creciente, por los extremistas. Algunos proyectos profesionales fracasaron. Su mayor biógrafo, René Marineau (1992), sentencía: “Moreno estaba aislado” (p. 103). Moreno decide intentar una nueva inclusión en el Nuevo Mundo. Deposita sus esperanzas en América del Norte. Sin embargo todavía, según Marineau (1992, p. 104), “Ninguna sinagoga estaba esperando por él, el profeta, ninguna universidad le ofreció un contrato como científico ni ninguna compañía teatral esperaba a Moreno, el revolucionario”.

Los primeros años en América fueron duros. Moreno confiesa que estuvo a punto de volver para Europa (p. 115).

Algunas relaciones establecidas durante los primeros años americanos funcionaron, no obstante, como un puente de inclusión social para Moreno. Se destacan personas como el Dr. Bela Schick, que se responsabilizó por el trabajo de Moreno en la clínica infantil del Hospital Monte Sinaí, incluso antes de que él obtuviera el título para ejercer la medicina en Estados Unidos; Beatrice Beecher, con quién se casó para obtener el visado permanente; William Bridge, futuro director de la compañía de danza de Martha Graham, que le abrió las puertas para iniciar la presentación del teatro espontáneo en escuelas, iglesias y universidades; Helen Jennings, que lo apoyó incondicionalmente en los proyectos de sociometría y Gardner Murphy, importante conexión de Moreno con la sociología y la psicología social americanas. Sin embargo, de entre todos ellos se destaca su hermano William, que había emigrado antes que él.

¿Puede un hombre ser musa? Sin duda un hombre puede. Sin embargo, él no es la versión popular de una musa. Se puede pensar en Aarón como musa para Moisés, en Platón como musa para Sócrates. En mi vida, fue mi hermano William” (Moreno, 1997, p. 131).

Todas ellas fueron personas que no respondieron a Moreno con neutralidad o rechazo, emitiendo una señal positiva consistente de aceptación - inclusión.
INCLUYENDO A LOS EXCLUIDOS
Ahora podemos comprender cómo Moreno, a partir de sus errores y aciertos en la lucha por la inclusión social, desarrolló estrategias para ayudar a que los otros alcanzaran la misma meta.

Aun cuando muy joven funda con unos amigos la Casa del Encuentro y la Religión del Encuentro (de 1908 a 1914).

(... )Todos nos comprometimos a compartir el anonimato, el amor y la donación, viviendo una vida concreta y directa en la comunidad con aquellos que encontrábamos. Dejamos nuestros hogares y familias y nos fuimos a las calles” (Moreno, 1997, p. 56).

Los años anteriores a la I Guerra Mundial, Austria vivía un período de inestabilidad política y económica que generaba gran número de personas llegando a Viena en busca de mejores condiciones de vida. El objetivo de Moreno y de sus amigos era dar cobijo y facilitar la obtención de documentación y visados de trabajo para esas personas. Después de la cena coordinaban reuniones en las cuales: “los problemas se ponían de manifiesto y se deshacían los resentimientos” (Moreno, 1997, p. 57). Tras eso, cantaban y bailaban. “Participar de esos encuentros era una experiencia religiosa, algo muy alegre...” (Moreno, 1997, p. 57). Esa forma de celebración nos remite a los rituales hasídicos de canto, danza y expansión de alegría en busca de comunicación con lo más alto.

En 1913, Moreno se dedica a la tarea de incluir socialmente a las prostitutas vienesas y hacer valer sus derechos como ciudadanas. Las palabras de Moreno (1997) hablan por sí solas:

Yo tenía en mente lo que La Salle y Marx habían hecho por la clase trabajadora, dejando de lado la ideología. Ellos convirtieron a los trabajadores en seres respetables al darles un sentido de dignidad; los organizaron en sindicatos que elevaron el status de toda la clase...” (p. 65).

En el inicio de la I Guerra Mundial, Moreno es contratado por el gobierno austríaco para realizar, en un campo de refugiados tiroleses (Mittendorf), aquel que sería su principal trabajo pre-sociométrico. La sociometría, en su etapa diagnóstica, significa la posibilidad de revelar la situación de personas incluidas y de personas aisladas, excluidas, en una red de relación grupal. En la etapa terapéutica, significa que puede posibilitar a los excluidos la búsqueda de nuevas posibilidades de inclusión en el mismo grupo o en otros.

Sobre Mittendorf, Moreno (1997) relata:

Utilizando los métodos de sociometría, aunque de forma muy primitiva, transferí familias de lugar, en función de afinidades mutuas. Así, el trabajo básico por medio del cual la comunidad estaba organizada fue transformado para mejor. Mi teoría fue apoyada por el hecho de que, cuando las personas pudieron vivir con aquellas por quienes se sentían positivamente atraídas, tendían a ser cooperantes entre sí y las señales de desajuste disminuyeron tanto en número como en intensidad” (p. 81).

Moreno, sin embargo, no guarda en secreto que el móvil emocional de su éxito en este trabajo fue su profunda identificación con los tiroleses que vivían una doble identidad nacional. Eran austríacos teniendo el italiano como idioma. Fueron arrancados de sus tierras por el gobierno austríaco, supuestamente para protegerlos del ejército italiano que avanzaba en aquella dirección. En realidad, el gobierno austríaco no confiaba en que sus súbditos de lengua italiana pudiesen oponerse a los invasores de cultura similar. Moreno (1997) sabía qué era el no poseer una identidad cultural bien definida:

Empezé a identificarme cada vez más con los tiroleses, aprendiendo su lengua como un nativo e igualmente buceando en sus vidas”. (...) “Nunca olvidaré el día en que volvieron a sus casas, recién creados ciudadanos italianos. Las mujeres y los niños vestidos con trajes de gala, que habían sido conservados a pesar de la escasez de los años de la guerra. Marcharon hacia fuera del campo, pecho inflado, llenos de alegría, cantando sus bellas canciones italianas. Una parte de mí quería irse con ellos...” (pp. 81 – 82).

Ya en Estados Unidos, Moreno siguió con sus trabajos sociométricos, entre los que estaban los caminos para la inclusión de los presidiarios de Sing Sing y de las jóvenes infractoras (entre 12 y 18 años) de la Escuela para la Educación de Jóvenes del Estado de Nueva York (Hudson), que es cuando lanza definitivamente los fundamentos de la sociometría. En un recorte estratégico de la población estudiada (505 chicas), Moreno enfoca con más detalles, a partir de los resultados del test sociométrico, una unidad social compuesta por cinco jóvenes, donde llama la atención el hecho de que una de ellas, Elsa, presenta una posición afectiva de grave exclusión grupal. Las cuatro chicas elegidas positivamente por Elsa en su propia casa (la comunidad estaba dividida en dieciséis viviendas) la rechazan, así como otras veintisiete compañeras, doce de su propia casa y quince de fuera. Moreno estudia los motivos de las elecciones de Elsa y de las otras involucradas, trabaja para aumentar el volumen inicial de sus contactos en la comunidad, ampliando sus posibilidades de relaciones; echa mano de procedimientos como el role-playing (o dramatización) y el test de espontaneidad, con el fin de facilitar el espontáneo fluir y el aumento del coeficiente télico de la red de relaciones en cuestión. Se comprende entonces, que la exclusión de Elsa, así como sus actitudes transgresoras (mentiras, robos, etc), no resultan sólo de sus intrínsecas dificultades para relacionarse, sino también de la forma en cómo la dinámica de relación de su casa interactúa con ella. Elsa es sistemáticamente marginada y desamparada por el grupo. Knobel (2004) comenta que “cualquier intento de ‘cura’ necesita involucrar a todas las niñas conectadas, directa o indirectamente con ella” (p. 202). Esta autora comenta, incluso, que Moreno, como si de un médico clínico se tratase, diagnostica el problema, busca las causas y propone un campo terapéutico para tratar el organismo social enfermo. La estabilidad emocional del individuo está relacionada con su status sociométrico grupal. Los miembros aislados y periféricos serían más suscetibles de enfermar.

Finalmente Elsa, excluida de la casa ocho, logra la inclusión satisfactoria en la casa trece. Moreno, esta vez, no comenta nada sobre sus reacciones personales a la inclusión de Elsa (como hizo con respecto a los tiroleses), pero se deduce, por la experiencia anterior, que, al ayudar Elsa a la inclusión, él también se sintió un poco más incluido.
INCLUYENDO LA LOCURA
Veamos ahora como Moreno procede para alcanzar sus metas de inclusión en su trabajo psiquiátrico y psicoterápico. En psicoterapia se busca tanto la inclusión del individuo consigo mismo, o en otras palabras, la inclusión y la fluidez de la relación entre los diferentes yoes parciales que componen el Yo global, como también facilitar una inserción adecuada del individuo en su red de relaciones sociales.

Algunos autores como Blatner (1996), Bustos (1975), Fonseca (1974) comentan el trabajo pionero de Moreno con respecto al movimiento de la antipsiquiatría (Laing, Cooper, 1972) de los años 60. Mucho antes, ya en la década de los 30, Moreno realizaba atenciones clínicas donde quedaba clara una actitud “antipsiquiátrica” en relación con la psiquiatría oficial. Proponía, por ejemplo, el choque psicodramático en contraposición a los choques eléctricos, los insulínicos y los cardiazólicos utilizados en aquella época. Su preocupación (a pesar de que esta no era una constante en sus protocolos clínicos), no era la de combatir directamente los síntomas, pero sí la de incluirlos, de manera harmónica en la vida del paciente. Digamos que a la actitud de operar, extirpar y excluir síntomas, de la medicina occidental, Moreno proponía la actitud oriental de rescatar la energía creativa extraviada de delirios y alucinaciones, con la intención de incluirla en la vida del individuo. Él comenta que la medicina oficial trabaja para que el paciente recupere la condición anterior a la enfermedad. Pero, en psiquiatría, nos deparamos con situaciones en las que el paciente no puede renunciar a su psicosis. Este sería el resultado de muchos años de trabajo creativo desviado. La terapia psicodramática de la psicosis invierte entonces en la realización total de la psicosis, recordando el principio homeopático similia similibus curantur (la cura por lo semejante): la reconstrucción de la locura en el escenario psicodramático pasa a ser el instrumento terapéutico de la psicosis propiamente dicha. Locura curando la locura.

Elijo uno de los controvertidos casos clínicos de Moreno (1974), el “Caso Mary”, oficialmente denominado Tratamiento psicodramático de una paranoia, para nuestra reflexión en términos del trabajo que él realiza en el sentido de reinsertar socialmente a su paciente. Durante cincuenta y una sesiones, realizadas en el transcurso de diez meses, Moreno trata a Mary, una joven de veintitrés años que enfermara hacía tres. Desarolló un delirio en relación a un hombre, John, que supuestamente vió en una fiesta de Navidad. Comienza a buscarlo de manera obcecada y descontrolada por calles y ciudades. Su comportamiento raro llama la atención de la policía que la conduce a un hospital psiquiátrico. Mary se opone a cualquier tratamiento y es trasladada de hospital en hospital. La familia recurre entonces al Beacon Hill Sanatorium del Dr. Moreno.

A partir de entrevistas con la familia, Moreno estructura una cuidadosa estrategia terapéutica que obedece a tres fases: realización, sustitución y análisis del delirio. La familia es orientada para cambiar el comportamiento con relación a Mary y a aceptar la realidad de la psicosis participando en la búsqueda de John. Los padres le comunican que descubrieron un médico que es amigo de John. Mary exige que sea llevada ante él. Moreno expande el contexto dramático para la clínica y para la vida, recibiéndola y comunicándole que tiene un telegrama de John para ella. El telegrama comunica que él está presentándose ante una Junta de Alistamiento Militar (la acción transcurre durante la II Guerra Mundial), pero que se encontrará con ella en dos días. William, un ego auxiliar profesional, también es presentado como amigo de John. Hay un “intercambio” de cartas entre Mary y John, preparado por el equipo terapéutico. Moreno advierte que un lego en la materia podría considerar ese procedimiento una mitificación, pero en el plano psicodramático tiene que ser entendido como un procedimiento terapéutico, cuidadosamente preparado y conducido por terapeutas experimentados y, esto lo añado yo, corriendo un gran riesgo. William, el ego auxiliar, se convierte en el punto de contacto entre la paciente y el centro de su delirio, John. En las sesiones psicodramáticas, William está sistemáticamente escogido para ser John. Ella tiene la posibilidad de ser John a través de la técnica de inversión de papeles, o sea, de vivenciar su propia creación delirante. En una dramatización Mary representa a John como si él fuese también un embrión que ella lleva en su vientre. Una sala de partos es montada en el escenario psicodramático para que ella pueda dar a luz a su bebé. La trama psicodramática sigue: John es “convocado” por el ejército y el encuentro es siempre postergado. Las angustias de Mary aumentan. Ella escucha en la radio que se pueden celebrar matrimonios de militares ausentes por poderes. William representa a John y la boda se realiza en el escenario psicodramático. Mary es una linda novia, envuelta en lágrimas, que es besada por William - John. Durante los días siguientes, su angustia ante la llegada de John disminuye. La boda parece que significa el inicio de un distanciamiento progresivo de John.

En la realización de la psicosis la paciente puede vivir parte de la vida interior que antes era incompatible con la realidad. La antigua Mary es sustituida por una Mary II, pero una Mary III está a punto de surgir todavía. Mary transfiere sus sentimentos para los egos-auxiliares y se vuelve dependiente de ellos, ya que sólo a través de ellos consigue encontrar a John y su mundo imaginario. Mary demuestra el deseo de continuar la relación con las personas de los yoes auxiliares tras las sesiones. Durante la acción dramática, una parte de William se desliza y se une con una parte de John, y esa combinación va progresivamente siendo aceptada por Mary. La máscara de John toma paulatinamente los rasgos de William. Cuando se encuentra con William fuera del teatro terapéutico, él es John con los rasgos de William. La sustitución está en marcha. Mary desarrolla por William una unión mayor de lo que cabría esperar en una mujer “reciéncasada”. Lo invita a pasear y a ir al cine. La relación de Mary con William alcanzó la solidez suficiente como para permitir un nuevo y osado paso: ya es hora de que John muera.

Su muerte en el frente es anunciada. Mary tiene una crisis, permanece inaccesible durante algún tiempo elaborando su luto. Siguen algunas sesiones en las que, a través de la técnica del espejo, puede verse representada por una doble. El mundo transferencial va siendo sustituido, poco a poco, por el mundo télico. Empieza a realizar la distinción entre los médicos y enfermeros (yoes auxiliares) del mundo real con los personajes que ellos desempeñan en el escenario psicodramático.

En una dramatización en la que el terapeuta actúa con sus hermanas, la verdad es revelada: John nunca existió salvo en la imaginación de la paciente. Mary salta desde la platea hasta el escenario intentando agredir al médico. Pasado el ímpetu agresivo, pide disculpas y se siente preparada para proseguir el trabajo con escenas basadas en la disolución de sus delirios y alucinaciones.

El interés por William desapareció poco a poco cuando le dieron el alta hospitalaria. Pero el proceso aún no estaba finalizado. Moreno invita a un joven que se había sentido atraído por Mary, en el período anterior a su enfermedad, para participar. Entra en juego la sustitución final del proyecto afectivo: de John para William y, ahora, de este para George. Mary se casa con George.

Quince años después Mary sigue conviviendo con sus dos dramatis personae (personajes dramáticos), pero uno no interfiere en el otro. Encontró un compañero que complementa esa dualidad. A veces charla con sus personajes ficticios, pero si alguien se acerca, interrumpe el diálogo interior y explica que acabó de tener, en pensamiento, una conversación con alguien. Realiza bien el camino entre fantasía y realidad. Esta doble vida no le impide desempeñar los papeles de ama de casa, madre (su hijo se llama John) y esposa. Sus tendencias anteriores al aislamiento y la inadecuación enfermizas, presentan ahora un aspecto normal. Preguntada por Moreno, por el hecho de no haberlo visitado, contesta que no es necesario, puesto que “tú te has vuelto una parte de mí misma y hablo contigo en tu ausencia”. El yo psicótico fue reinsertado en los otros “yoes parciales”. Según Moreno (1974):

Nuestro fin debe de ser el de reintegrar en la cultura a nuestro enfermo y a sus normas de comportamiento aberrante, como si todo fuese comprensible y natural; de darle la posibilidad de que se revele en todos los campos de la actividad creativa” (p. 352).

Moreno (1997) no deja dudas en cuanto al hecho de haber experimentado en sí mismo su método de trabajo:

El psicodrama de mi vida precedió al psicodrama como método. Yo fui el primer paciente protagonista y director de la terapia psicodramática, de una sola vez” (p. 44).

Y no guarda secreto sobre el hecho de que si no hubiera adoptado el procedimiento de vivir su propia locura, en vez de esconderla o analizarla, probablemente tendría sucumbido a la enfermedad mental:

Me escapé del destino del esquizofrénico, que funciona en el vacío y tiene que rellenar el vacío con figuras alucinantes, hasta el punto de creerse él mismo que esas figuras interactúan con él” (p. 44).

Por consiguiente, yo quería mostrar que un hombre que exhibía todas las señales de paranoia, megalomanía, exhibicionismo y otras formas de desajuste individual y social, aún podía estar bastante bien controlado y saludable” (Moreno, 1997, p. 53).
Moreno (1997) y sus compañeros de la Religión del Encuentro eran osados al incluir la locura en la concepción de Dios:

Como el mayor crimen de nuestra cultura es ser patológico, comportarse de manera patológica, Él aparecería como un hombre patológico y exhibiría, humorísticamente, toda la parafernalia de la insanidad. Él diría: ‘Soy un enfermo mental; mírenme; dejen que vengan a mí todos los enfermos mentales’. Cristo oía voces. Todos nosotros oímos voces. Cualquiera que no oiga voces no es normal. ‘Esta vez Cristo estará desnudo’. Él oirá voces y las voces Le dirán qué hacer, y Él oirá las voces que oímos dentro de nosotros” (p. 50).

Moreno construye, por lo tanto, una psiquiatría y una psicoterapia muy diferentes de las existentes en su época. Su osadía y atrevimiento le costaron mucha resistencia y oposición. Él no propone la actitud colonizadora de imponer al otro lo que cree que es cierto. Moreno cree que, en la locura, existe una potencialidad creadora para ser liberada y que, a partir de ahí, cada uno sigue su camino.
LA ÚLTIMA INCLUSIÓN

En agosto de 1973, en el Gran Hotel Dolder en Zurich, nueve meses antes de su muerte, Moreno concreta su último acto de inclusión. Preside la Asamblea de Fundación de la I.A.G.P. (International Association of Group Psychotherapy), institución que promueve la inserción de todos los terapeutas de grupo del mundo, sin distinctión de líneas o escuelas. Allí se encuentran reunidos psicodramáticos, analistas de grupo, gestaltistas, psiquiatras, psicólogos, pedagogos, religiosos, en fin, todos aquellos que se dedican al trabajo con grupos. Grete Leutz (2004), su amiga y seguidora, describe:

Moreno sitting at the head of a long table, presided the assembly: at least twelve persons sat by his side. Facing the afternoon sun, he did not speak much, but smiling benevolently, he was very present and appeared satisfied” (p. 164)3.

Moreno (1973) escribe entonces una pequeña nota diciendo que realizara “one of the major goals I have been trying to attain since 1951” (p. 131)4. Él manifestaba la sensación de misión cumplida. Su sonrisa, presencia y satisfacción, tan poéticamente descritas por Grete Leutz, representaron su adiós a nuestra comunidad.


LA INCLUSIÓN DEL PSICODRAMA EN BRASIL

Las primeras experiencias con el psicodrama en nuestro país surgieron en una comunidad de excluidos buscando la inclusión. En los años 40 era fundado el Teatro Experimental del Negro. Su órgano oficial, el periódico “Quilombo”, ya en su edición de junio de 1949, y en ediciones subsiguientes, anunciaba las sesiones de psicodrama dirigidas por el sociólogo negro Alberto Guerreiro Ramos. Él había conocido el psicodrama en Estados Unidos, mientras era profesor en las universidades americanas. Llegó, por invitación de Moreno, a participar del consejo editorial de una de las publicaciones de Beacon5.

Las experiencias que siguieron a las sesiones psicodramáticas dirigidas por Guerreiro Ramos estuvieron protagonizadas por dos inmigrantes que se instalaron definitivamente en Brasil: Pierre Weil, en Rio de Janeiro y Belo Horizonte, y Helena Antipoff en Belo Horizonte.

En São Paulo, el movimiento psicodramático nació en un contexto político y social específico. Al final de los años 60, vivíamos el inicio de una dictadura militar que se extendió a lo largo de veinte años. Muchas veces, nuestro grupo pionero levantó sospechas, o porque nos reuníamos, y los grupos pueden ser siempre subversivos, o porque atendíamos a personas que habían sido víctimas de tortura, o incluso porque éramos jóvenes y nos oponíamos al establishment de la psiquiatría clásica y de la psicología tradicional. Introducimos ruidosos grupos de psicoterapia de grupo en las silenciosas y serias salas de espera de las clínicas psicoanalíticas, utilizamos música y danza en sesiones terapéuticas, rompimos la formalidad y la distancia en el trato con los pacientes.

Ese comienzo cuestionador culminó con la realización del V Congreso Internacional de Psicodrama, en 1970, con la reunión de cerca de tres mil personas en el M.A.S.P. (Museo de Arte de São Paulo). Allí estaban no sólo jóvenes terapeutas en busca de nuevas ideas, sino también actores, bailarines, artistas plásticos, escritores, políticos y, como no podía dejar de ser, dadas las circunstancias, policías disfrazados de congresistas. Fue un congreso científico que ganó connotación política, no sólo por el gran número de personas reunidas sino también por la fuerza de sus desdoblamientos. El psicodrama trajo un soplo de libertad a nuestros corazones oprimidos. El Congreso de M.A.S.P., como acabó siendo conocido, transcendió los límites del psicodrama, constituyó un marco en la vida intelectual de São Paulo.

El psicodrama inició su recorrido en Brasil con una marca, la de la exclusión. Cuando no éramos hostilizados por jefes reaccionarios (tras el citado congreso, por ejemplo, me prohibieron continuar con un grupo de psicodrama en un hospital psiquiátrico), éramos considerados superficiales, ya que decían que aplicábamos técnicas lúdicas sin poder terapéutico. Nuestra lucha por la inclusión en la comunidad científica fue ardua y larga. Hoy, contamos con un gran número de maestros y doctores titulados en las más prestigiosas universidades brasileñas, con más de cien libros de psicodrama publicados en portugués, y una organización nacional (F.E.B.R.A.P. – Federação Brasileira de Psicodrama / Federación Brasileña de Psicodrama), que une cerca de cuarenta asociaciones y que reúne un contingente de más o menos cuatro mil psicodramáticos.

En marzo de 2001, gracias a la iniciativa de Marisa Nogueira Greeb, el Ayuntamiento de São Paulo realizó cerca de ciento cincuenta psicodramas públicos, con el mismo horario y en diferentes sitios de la ciudad: guarderías, albergues, escuelas, plazas públicas, etc. El evento fue denominado “Psicodrama de la Ética y de la Ciudadanía”. El objetivo era promover una reflexión sobre cómo cada ciudadano puede vivir mejor en su ciudad y cómo contribuir para que su semejante también alcance esa meta.

No es posible acercarse a la felicidad individual sin que eso involucre las necesidades de otros hombres. En otras palabras, el verdadeiro ejercicio ético sólo puede ser considerado eficaz cuando tiene en cuenta los derechos y deberes de toda una comunidad” (Feo, 2004, p. 1).

La experiencia del Psicodrama de la Ciudad proporcionó una reflexión más profunda sobre la misión comunitaria del psicodrama. Al final, el deseo de Moreno era llevar el psicodrama fuera de las consultas psicoterapéuticas. El número de compañías de teatro espontáneo y de teatro playback (playback theather) aumentó. El Centro Cultural São Paulo, órgano del Ayuntamiento de São Paulo, comenzó a realizar semanalmente, bajo la coordinación de Antonio Carlos M. Cesarino, sesiones abiertas de psicodrama6. El público está constituido por desempleados, amas de casa, jubilados, estudiantes universitarios, profesionales con sueldos bajos, y todos aquellos que, estando en el local para otras actividades, tienen la curiosidad despierta por un grupo de personas reunidas representando los dramas y las tramas de sus vidas.
EL LEGADO DE MORENO

El dolor de la exclusión social, en sus distintas manifestaciones, sirvió de inspiración para que Moreno creara instrumentos de ayuda para sus semejantes: la sociometría, la psicoterapia de grupo y el psicodrama. Su vida estuvo dedicada a los excluidos: pobres, prostitutas, refugiados, prisioneros y enfermos mentales. Él nos dejó un legado, y nos cabe a nosotros, psicodramáticos contemporáneos, el darle continuidad. El psicodrama, evidentemente, no logra abarcar todas las dimensiones de exclusión social, porque muchas de ellas transcienden nuestros límites de trabajo. No estamos invadidos por la utopía moreniana de querer tratar toda la humanidad. Nuestros instrumentos son suficientes, sin embargo, para dar continuación al trabajo que Moreno inició.

En esta dirección, existe una conexión entre los sentimientos individuales, grupales y socio-culturales. El filósofo holandés Espinosa (1957, livro II), judío sefardí como Moreno, discurre sobre democracia y libertad con base en los sentimientos humanos, proponiendo un sistema de ideas en el que lo psicológico, lo social y lo ético-político aparecen entrelazados. La psicóloga social Bader Sawaya (2003, p. 39) comenta que:

“esta opción representa un cambio en el paradigma de la acción transformadora, en dirección hacia una ontología y una epistemología que no separan la razón de la emoción, la organización socioeconómica de la configuración subjetiva, la esfera privada de la pública, tampoco la estética y la ética de la política”.

La metodología psicodramática promueve la facilitación de esa intersección (contextos social, grupal y dramático). Al trabajar con los sentimientos de vergüenza, tristeza y odio de un protagonista humillado, estaremos levantando, como en una espiral, las otras dimensiones involucradas (grupal, social y ético-política).

Paso a narrar una escena que sucedió en un teatro espontáneo realizado en un albergue público7. El público está compuesto por “hombres y mujeres sin techo”. La protagonista se siente triste y sola. Ve a las personas amando y ella no tiene a nadie para sí. En la primera escena aparece un hombre interesado, pero él enseguida quiere abrazarla y besarla. La protagonista lo rechaza. En la segunda escena surge un hombre romántico que respeta su timidez. Las escenas son largas, pero el público vibra con los “ahora no” de la protagonista en la primera escena y el cuidadoso permiso de aproximación de la segunda. Las mujeres presentes se identifican mucho con la historia, pero muchos hombres también se entusiasman con ella y gritan: “¡Así es, es por ahí!” Una asistente social informa que muchas mujeres empiezan a vivir en la calle aun siendo niñas, y que son sistemáticamente violadas a partir de ahí.

Los sentimientos individuales de la protagonista ganan eco en el grupo presente y en la condición social de todos los participantes. Trabajar los sentimientos personales de humillación, vergüenza, miedo y odio, además de permitir que la persona se apropie de su historia y contexto social, significa también llevarla a la dimensión colectiva de la exclusión. Apropiarse del propio cuerpo, tener una identidad, hacerse respetar por los semejantes, decidir cuándo y con quién mantener relaciones sexuales, probar la seducción de forma civilizada, era el deseo de todos en el grupo. El “no” de la protagonista era, también, el “no” del grupo a la desafirmación como personas, como sujetos del deseo y del derecho de optar.

Trabajar con los sentimientos del excluido no significa ayudarlo a que se sienta un poco mejor en su probreza o anestesiar su dolor. Eso resultaría hacer oficial su sufrimiento. Tampoco se trata de exigir una falsa alegría. Los sentimientos de alegría y tristeza “son buenos cuando corrigen el intelecto y no oscurecen la crítica social” (Sawaya, 2003, p. 47). El objetivo es propiciar conciencia de la situación, permitiendo que se realicen nuevas búsquedas de inserción. Según Paulo Freire (1980), debemos considerar una etapa de transición entre la ‘conciencia ingenua’ y la ‘conciencia crítica’, pues es en esta que se sitúa la posibilidad de transformación de la realidad.

Confieso que antes de preparar este texto no tenía tan clara la importancia del eje exclusión - inclusión en Moreno. Esta revisión constituye, para mí, un verdadero insight, una nueva aprehensión de la teoría moreniana. Muchas entrelíneas pasaron a ser líneas y se me reveló una nueva óptica. Agradezco la invitación de la American Society of Group Psychotherapy and Psychodrama (A.S.G.P.P.) por el hecho de haberme propiciado esta relectura de Moreno.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

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______. (1973). Ética (e outros). São Paulo, Abril Cultural. (Os Pensadores, v. XVII).

Feo, Milene (2004). “Ações socionômicas no resgate dos direitos humanos”. Trabalho apresentado no XIV Congresso Brasileiro de Psicodrama, Belo Horizonte.

Fonseca, José (1974). “O psicodrama e a psiquiatria, Moreno e antipsiquiatria”. In FONSECA, José (2000). Psicoterapia da relação: elementos de psicodrama contemporâneo. São Paulo, Ágora.

______. (2004). Contemporary psychodrama: new approaches to theory and technique. Brunner - Routledge, Hove and New York

FREIRE, Paulo (1980). Conscientização – Teoria e prática da libertação, uma introdução ao pensamento de Paulo Freire. São Paulo, Morais.

KNOBEL, Anna Maria (2004). Moreno em ato: a construção do psicodrama a partir das práticas. São Paulo, Ágora.



Laing, Ronald; Cooper, David (1972). Razón y violencia. Buenos Aires, Paidós.

LEUTZ, Grete (2004). In FONSECA, José (2004). Contemporary psychodrama: new approaches to theory and technique. Brunner - Routledge, Hove and New York.

MALAQUIAS, Maria Celia (2004). “Revisitando a africanidade brasileira: do Teatro Experimental do Negro, de Abdias Nascimento, ao protocolo Problema Negro-Branco, de Moreno”. Trabalho apresentado para a obtenção do título de professor supervisor pela Sociedade de Psicodrama de São Paulo.

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MARINEAU, René F. (1989). Jacob Levy Moreno 1889-1974. London-New York, Tavistock / Routledge.

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MORENO, JACOB LEVY and MORENO, ZERKA T. (1975). Psychodrama – Third volume: Action Therapy and Principles of Practice. Beacon, N.Y., Beacon House.

SAWAYA, Bader Burihan (2003). “Família e afetividade: a configuração de una práxis ético-política, perigos e oportunidades”. In Acosta, Ana Rojas y Vitale, Maria Amália Faller (orgs). Família: redes, laços e políticas públicas. São Paulo, IEE/PUCSP, pp. 39-50.

SCHUTZ, William (1973). Todos somos uno. Buenos Aires, Amorrortu.



OTRAS OBRAS CONSULTADAS:

Altoé, Adailton (2005). “Referenciais bíblicos e religiosos da experiência e criação de Jacob Levy Moreno”. Belo Horizonte. Apostila.

LEVY, Laurice (2000). Integrando diferenças: possíveis caminhos da vivência terapêutica. São Paulo, Agora.

MARTINS, José de Souza (2004). “Para compreender e temer a exclusão social”. Vida Pastoral, Ano XLV, no. 239. Editora Paulus, São Paulo, novembro-dezembro de 2004, p.3-9.

RODRIGUES, David (org) (2003). Perspectivas sobre a inclusão: da educação à sociedade. Porto, Porto Editora.

SAWAYA, Bader Burihan (1999). “O sofrimento ético-político como categoria de análise da dialética exclusão/inclusão”. In SAWAYA, Bader Burihan (org). As artimanhas da exclusão. Petópolis/RJ, Vozes, pp. 97-118.

STOER, Stephen A., RODRIGUES, David, MAGALHÃES, António M. (2003). Theories of social exclusion. Peter Lang, Frankfurt am Main.



Dirección del autor:

jsfonseca@terra.com.br

www.daimon.org.br

1 Conferencia - tema del 63º Congreso Anual de la Sociedad Americana de Psicoterapia de Grupo y Psicodrama, Miami, 2005 (Establishing Safe Harbors - Gateways to Inclusion).

2 El dialecto sefardí era el ladino, basado en el castellano medieval, incluyendo dialectos españoles y portugueses. Ya el dialecto asquenazí (perteneciente a judíos originarios del noroeste de Europa, con la inclusión posterior de comunidades de Europa Central y Oriental) es el yiddish, procedente del alemán con la inclusión de palabras hebreas y eslavas.

3 “Moreno, sentado en la cabecera de una gran mesa, presidió la Asamblea: por lo menos doce personas se sentaron a su lado. Con el sol de la tarde en su rostro, él no habló mucho, pero sonriendo benévolamente, estaba muy presente y parecía satisfecho”.

4 ... “una de las mayores metas que estoy intentando alcanzar desde 1951”...

5 Para más información consultar el trabajo de Maria Célia Malaquias (2004).

6 El Daimon - Centro de Estudios de las Relaciones, São Paulo, realiza sesiones abiertas, ininterrumpidamente desde 1984.

7 La escena narrada fue realizada por el grupo de teatro espontáneo Cia. Agruppaa, dirigido por Milene De Stefano Feo.





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