Factores que influyen en el abandono escolar de estudiantes de preparatoria: sultepec y san sim



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2.2 Abandono Escolar en México

En México una de las metas educativas es lograr que la mayoría de los niños y los adolescentes cursen al menos la educación básica, en el ámbito gubernamental se piensa en la educación como un factor que contribuye al desarrollo nacional y al bienestar de las personas, pero el abandono escolar ha sido una gran problemática para el país ya que con el paso del tiempo han ido aumentando las cifras de estudiantes que abandonan alguna institución.


De acuerdo con un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2006), sobre la Equidad y Calidad en la Educación: Apoyo a Estudiantes y Escuelas en Desventaja, demuestra que el abandono escolar antes de concluir el bachillerato, genera que los jóvenes carezcan de las habilidades necesarias para insertarse en el mercado laboral.

El abandono escolar es preocupante, lo que quiere decir que una parte importante de los que abandonan los estudios con o sin fracaso es porque no les gusta estudiar o no les gusta la escuela. Los estudios de que disponemos muestran que esta problemática escolar tiene motivos variados: unos atribuibles al niño, otros al medio ambiente social y económico en que vive, otros al familiar y otros al específicamente escolar. Las estadísticas internacionales hablan de que la escuela resulta antipática al menos para un 20% de los alumnos (OCDE, 2002).


En México, este evento tiene lugar en los primeros años de la adultez y se encuentra estrechamente asociado a la primera unión, especialmente en el caso de las mujeres, por la forma en que viven, además de que de una forma u otra las costumbres, tradiciones influyen para que se de este problema (Amador, 2007; Mier y Terán, 2009).
Friedrich (1991) nos dice que los estudiantes que abandonan la escuela antes de graduarse son más fuertes que lo que expresan la opinión popular y la literatura de investigación actual. Con el apoyo correcto, estas fortalezas podrían permitirles continuar sus estudios; y estas aptitudes, de hecho, ayudan a muchos jóvenes a reinsertarse en el sistema educativo. Tomados en conjunto, los jóvenes que participaron en las entrevistas o respondieron la encuesta demuestran tener grandes fortalezas, como motivación personal, capacidad de resolver problemas y fijación de metas positivas para su vida.
Estas características les permitieron retomar su educación esas mismas cualidades los habrían mantenido dentro del sistema educativo si los adultos con los que interactuaban en casa, en la escuela y en la comunidad los hubieran ayudado a evadir obstáculos de modo que las circunstancias que atravesaban en su vida no interfirieran con la asistencia a clases.

Elsa (2000) menciona que los estudiantes que abandonan los estudios antes de graduarse suelen tener que lidiar con circunstancias de vida dolorosas que ubican la asistencia a la escuela muy lejos de encabezar su lista de prioridades. Los estudiantes no abandonan los estudios por un hecho o factor en particular, sino por un cúmulo de circunstancias tales que la escuela pasa a ocupar un puesto cada vez más bajo en su lista de prioridades. Los motivos por los cuales los jóvenes dicen haber dejado de estudiar son el punto de inflexión o quiebre que no refleja toda la historia. Si todos los adultos del entorno familiares, profesionales de la educación, trabajadores sociales, líderes religiosos, vecinos, entre otros prestaran atención a tiempo a hechos específicos, como la muerte de un familiar, la encarcelación de uno de los padres, cambios de escuela o la falta de un lugar donde vivir, sería posible reducir las probabilidades de que un cúmulo de factores negativos aleje a esos jóvenes de la escuela.


Brian (2001) indica que los jóvenes que abandonan la escuela preparatoria necesitan menos puertas abiertas que los inviten a salir del aula y más caminos que los devuelvan al sistema educativo. Para algunos jóvenes, resulta más sencillo abandonar los estudios que permanecer o reinsertarse en la escuela. En otras palabras, hay demasiadas puertas de salida abiertas de par en par, pero muy pocas puertas de entrada, todas de difícil acceso.
El análisis por parte de docentes, padres y alumnos de las políticas formales relacionadas con el abandono y la reinserción escolar podría señalar maneras específicas de evitar que los jóvenes abandonen los estudios, o bien crear oportunidades para que se reincorporen más fácilmente en el sistema educativo.
Los estudiantes que abandonan la escuela la preparatoria resaltan la importancia que sus padres y otros adultos tienen en su vida, como docentes, otros profesionales dentro de la escuela, encargados de actividades extraescolares, adultos, todos influyen en las decisiones, el comportamiento y las expectativas de los jóvenes. Los lazos afectivos que se establecen en la casa, y la escuela son importantes. Sin embargo, el afecto no basta, los jóvenes que atraviesan muchas situaciones adversas en su vida necesitan, además de recibir afecto, relacionarse con personas y lugares que los ayuden a resolver los problemas que obstaculizan sus logros escolares (Mariano, 2006).
Todos las personas que forman parte de la vida de un joven y quienes integran su comunidad pueden hacer algo para ayudar. Absolutamente todos los profesores, el director de la escuela, los encargados de programas, los padres, los abuelos, los dueños de comercios pueden aportar al cambio si se prestan a escuchar lo que los jóvenes viven dentro y fuera de la escuela. Es cierto que los docentes, consejeros y directivos de escuelas ubicadas en zonas muy necesitadas suelen estar desbordados. No obstante, si se ejerce un buen liderazgo en la escuela, se supervisan los patrones de graduación en la comunidad y se brinda un mayor apoyo a un entorno que estimule la creación de lazos positivos, sería posible contrarrestar la falta de apoyo y acompañamiento que los jóvenes dicen sentir de parte de los adultos que los rodean (Paul, 2004)
La recomendación primordial está relacionada con la importancia de escuchar a los jóvenes. Con demasiada frecuencia, lo que creemos que sabemos nos impide conocer la verdad sobre lo que les ocurre a los jóvenes que abandonan los estudios. Es preciso dedicar tiempo a comprender las circunstancias que afectan a quienes abandonaron los estudios o acaban de retomarlos después” de una interrupción. Asimismo, resulta esencial tener en cuenta sus opiniones en los debates sobre políticas, programas y actividades comunitarias que influyan en su vida. Interesarse y preguntar por lo que les pasa a los jóvenes sirve como base para que los cursos de acción futuros contengan soluciones que se correspondan mejor con la verdadera naturaleza de los problemas (Mariano, 2006).

La fundación de Alianza de Estados Unidos (AEU, 2010) y sus organizaciones asociadas demuestran tal interés por medio de iniciativas de investigación adicionales, debates comunitarios y la participación de los jóvenes en la planificación de políticas y programas. Cuanto más se promueva la creación de lazos personales constructivos con los jóvenes que atraviesan dificultades y también en su entorno, más fácil se construye una nación en la que todos los estudiantes terminen sus estudios.


Mier (2004) hace mención y que llama la atención que, al menos en el caso mexicano, las dificultades arriba enumeradas no impidan la conformación de uniones conyugales en la juventud temprana. En prácticamente la mitad de los casos, los jóvenes unidos permanecen en la vivienda de los padres de alguno de los cónyuges, en especial de los padres del varón, lo cual muestra la persistencia del sistema patrilocal que rige en buena medida la organización social de las familias. Un estudio sociodemográfico sobre la formación de las parejas en el país, señala que, entre las mujeres de generaciones más recientes, 52 por ciento de los núcleos conyugales recién conformados vivieron en casa de sus parientes una vez concretada la unión; entre ellos, siete de cada diez residían con los padres del cónyuge varón, con una duración mediana de tres años antes de mudarse a una residencia independiente. En el caso de los hombres, 48 por ciento de las uniones siguieron el mismo patrón, con casi 76 por ciento de las parejas viviendo con los padres de él.
Hay investigaciones que indican que la permanencia en la vivienda de los padres, incluso habiendo conformado una unión, lejos de ser un fenómeno propio de generaciones de más edad, muestra una intensidad mayor entre los jóvenes, particularmente entre la población que presenta rasgos de precariedad socioeconómica (Mier y Terán, 2009).

El término de abandono escolar se concibe como un proceso sociocultural ya que es el medio en donde el estudiante se desenvuelve (Piña y Seda, 2003, en Tapia, 2010). Se considera que el abandono escolar en Educación Secundaria como Educación Media Superior es un resultado de un proceso multidimensional y multifactorial económico, social, institucional, de género, salud y escolar, entre varios.


Sin embargo, las condiciones de la economía nacional e internacional son inestables y transitorias. El estancamiento de los sistemas económicos, resultado de las diversas crisis experimentadas en los años recientes, ha contraído el mercado de trabajo formal y dificultado la generación de nuevos empleos, a la par que, ante la necesidad de obtener recursos, se fortalece el sector laboral informal, con el consecuente riesgo de desviación de los recursos hacia actividades ilegales. Más aún, el mismo trabajo formal se ha flexibilizado de tal forma mediante estrategias de subcontratación, debilitamiento e inestabilidad de las prestaciones laborales, entre otros que, en algunos sectores, la actividad formal correría el riesgo de dejar de representar una ventaja real sobre la actividad informal (Portes, 2004).
México ha logrado importantes avances educativos en las últimas décadas, particularmente en lo concerniente a la disminución del analfabetismo, el incremento en el promedio y nivel de escolaridad y el aumento del nivel de asistencia escolar de niños, jóvenes y mujeres (Echarri, 2007).
En el caso particular de los jóvenes, lo anterior se refleja en la expansión de la educación básica a niveles nunca vistos, en la capacidad casi universal de leer y escribir y en un promedio de escolaridad que ronda los diez años, es decir, alrededor del primer año de bachillerato concluido. Sin embargo, aún existen grandes retos por atender (Mercedes, 2001).
Por un lado, las diferencias en los indicadores educativos, asociadas a variables sociodemográficas como el sexo y el tamaño del lugar de residencia, o socioeconómicas como el nivel de ingreso, entre otros, persisten y contribuyen a la agudización y transmisión intergeneracional de la desigualdad social de la población. Por otro lado, aunque ha aumentado el nivel de asistencia escolar, la deserción en la adolescencia y la adultez temprana es un problema crítico y centra la atención ya no sólo en el acceso e inclusión de los jóvenes a la escuela (en este caso la educación media y superior) sino también en la permanencia de éstos en la misma.
En 2013, ocho de cada diez adolescentes de 15 años continúan en el sistema educativo y sólo cuatro de cada diez individuos de 20 años hacen lo propio. Atender estas problemáticas resulta indispensable y definirá el futuro educativo de los jóvenes y del país. Las características educativas de los jóvenes presentes y futuros determinarán en varios sentidos el aprovechamiento de la ventajosa situación demográfica que tiene lugar en México y que continuará durante un par de décadas más (Solís, 2008).
Se ha demostrado que quienes abandonan la preparatoria, tienen mayores probabilidades de ser desempleados, vivir en pobreza, requerir ayuda gubernamental para subsistir, ir a prisión, tener mala salud, divorciarse, ser padres solteros con hijos que a su vez desertarán del bachillerato, sólo por mencionar algunos problemas (OCDE, 2006).
El número de jóvenes mexicanos de entre 25 y 34 años sin bachillerato es de 58 por ciento, junto con Turquía, lo que lo convierte en uno de los países con mayor porcentaje, en contraste, Corea, República Checa y Polonia, tienen menos de 10 por ciento de jóvenes sin bachillerato Secretaria de Educación Pública (SEP, 2010).

La probabilidad de desertar que tiene un joven que ingresa a la Educación Media Superior, medido por la experiencia de la población de entre 19 y 25 años de edad, es de 30.7 %, lo que significa que los problemas escolares y personales pueden ser más determinantes que los económicos en la decisión de abandonar la escuela.


De todos los alumnos de nuevo ingreso en 2013, por ejemplo, el 36% abandonó el bachillerato en el ciclo escolar previo, esto quiere decir que más de una tercera parte de los alumnos de nuevo ingreso "solamente" ingresan y compensan la matrícula, pero que finalmente se van (OCDE, 2006).

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