Facultad de letras y ciencias humanas departamento de humanidades



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Abberley comienza su análisis señalando que la opresión que experimentan las personas con discapacidad tiene semejanzas y diferencias con la opresión que experimentan otros grupos minoritarios y desaventajados de la sociedad. Pero, para desarrollar una teoría social de la discapacidad, Abberley considera que, antes que mostrar las semejanzas que las personas con discapacidad tienen con respecto a los otros grupos, resulta más importante señalar cuáles son las diferencias esenciales con estos grupos oprimidos.
Estas son las principales diferencias que Abberley encuentra:

  • Las personas con discapacidad constituyen un grupo cuyos miembros se encuentran en una posición inferior, o de franca desventaja, respecto a los demás miembros de la sociedad, debido precisamente a que son personas con discapacidad.

  • Estas desventajas que experimentan se relacionan con una ideología, o con un grupo de ideologías que justifican y perpetúan esta situación.

  • Estas desventajas no son ni naturales ni inevitables.

  • Esta situación “inferior”, o de desventajas, exige poder identificar quienes son algunos de los principales beneficiarios de este estado de cosas.

Abberley, en su texto del año 1987, señala que la opresión no es lo mismo que la explotación ni se reduce a ella, como Mike Oliver (el mentor del modelo social) tendía a creer por ese entonces. Por el contrario, afirma que la opresión es una interpretación alternativa a la explotación que se dirige a explicar y entender un orden muy diferente de fenómenos que están más vinculados con la experiencia de la raza y el sexo que con la experiencia de clase. Basándose en Zillah R. Eisenstein233, Abberley reconoce en la experiencia de la raza o el sexo la presencia de relaciones patriarcales o jerárquicas.


Años después, en 1990, Iris Marion Young reconocerá que hasta esa fecha no se había desarrollado todavía un análisis teórico del concepto de opresión. Por ello y con el fin de subsanar esa omisión ella llegó a distinguir 5 formas en que se manifiesta la opresión, tal como se comprueba en su estudio “La justicia y la política de la diferencia” cuando habló de las 5 caras de la opresión234. Estos 5 aspectos de la opresión son: explotación, marginación, carencia de poder, imperialismo cultural y violencia, que en un momento analizaremos con más detalle.

Abberley entiende que para desarrollar una teoría sobre la opresión sexual y racial se requiere ajustar cuentas con la biología, ciencia que se emplea en ambos casos para explicar y justificar la desventaja social. Sin embargo, para establecer una teoría de la discapacidad como opresión encontramos que se presenta una diferencia notable e importante cuando consideramos el tema de la deficiencia.


Mientras en los casos de la opresión sexual y racial la diferencia biológica sirve solo como un pretexto para justificar una opresión que al final resulta ser puramente ideológica, para las personas con discapacidad la diferencia biológica se convierte en parte misma de la opresión.
Por eso Abberley sostiene que es crucial que una teoría de la discapacidad como opresión entienda a cabalidad el sentido de esta inferioridad “real”, ya que esta supuesta inferioridad constituye el fondo o la base sobre la cual se sustentan las teorías opresivas, y se convierte también en un inmenso impedimento o barrera psicológica para el desarrollo de una auténtica conciencia política entre las personas con discapacidad. El desarrollo de tal conciencia política se ve además bloqueado de manera sistemática por la naturalización de las deficiencias, como se verá en seguida.
A diferencia de lo que sucede con las calificaciones de “mujer” y “negro” (que son denominaciones relativamente neutras) las connotaciones de “discapacidad”, que están contenidas en los propios términos, implican ellas mismas una idea de deficiencia, de inferioridad, de ser menos. Esto explica el profundo rechazo que genera la idea o concepto de “deficiencia” como una forma de vida “viable”, y explica también la naturaleza, inconsciente y natural, de las ideologías y prejuicios que se han desarrollado en torno a los conceptos de deficiencia, discapacidad y minusvalía.
Como vimos en la sección referida al “prejuicio”, este tipo de rechazo inconciente encuentra su manifestación más clara en expresiones tales como “pero no me pareces discapacitado” (but I don't think of you as disabled) que niega así un aspecto clave de la identidad de la persona con discapacidad con la que se está hablando, cuando el interlocutor se imagina que de esta manera le está haciendo un cumplido. Esta frase se compara con otras similares tales como “se comportó como un hombre blanco” (played like a white man) o “ella piensa como hombre” (she thinks like a man). En ambos casos estas frases encierran el desprecio que los hombres blancos suelen manifestar hacia otras personas que no son blancas o que son mujeres.
También vimos que a este tipo de prejuicios se refiere Joseph Shapiro al comienzo de su libro “No me compadezcas” (No Pity - Lástima no), cuando afirma que los americanos sin discapacidad no comprenden a las personas que tienen discapacidad. Y para ilustrarlo recrea el diálogo que sostienen 2 personas sin discapacidad que asistían a las honras fúnebres de un viejo amigo con discapacidad.

- “El nunca me pareció discapacitado” dijo uno.

- “El fue la persona menos discapacitada que he conocido en mi vida”, dijo el otro.
Como se vio, lo absurdo de estos cumplidos “bien intencionados” se revela cuando se ve la semejanza que tienen con otros casos análogos. Como cuando se quiere halagar a una persona negra diciéndole “eres la persona menos negra que he conocido en mi vida”, o halagar a un judío diciéndole: “pero no me pareces judío”. Igual de torpe que querer piropear a una mujer diciéndole: “tu no te comportas como una mujer”. Pues en todos estos casos se niega la identidad de las personas sobre la base a estereotipos negativos que se proyectan acerca de ellas mismas.
La deficiencia, como atributo del cuerpo, despierta al parecer un inevitable sentimiento o actitud de ambivalencia. Esta ambivalencia se explica por la coexistencia simultánea, en una persona, de amor y odio hacia el mismo objeto. La deficiencia se considera una cosa mala en tanto consecuencia indeseable de un desarrollo social distorsionado, al mismo tiempo que se considera un atributo positivo del individuo que tiene la deficiencia. Debe hacerse por eso una clara distinción entre estos dos niveles o aspectos: a) la prevención de la “deficiencia”, por un lado, como algo que debería evitarse en lo posible, y b) las actitudes y el trato positivo, preferente y de acogimiento que se debe brindar y proyectar hacia personas que ya presentan alguna deficiencia, por el otro lado.
Un ejemplo de esta ambivalencia que oscila entre la valoración y el rechazo es el debate que se ha dado y se sigue dando entre los que cuestionan los implantes cocleares, que es una forma de ayudar a restaurar la audición a las personas sordas, y los que defienden el lenguaje de señas como una forma de comunicación y vida plena para los sordos. Aquí hay una situación de ambivalencia o contradicción entre respetar a las personas con discapacidad como tales, por un lado, y la situación que plantea la profesión médica, por otro lado, que de alguna manera rechaza el estado de disminución o deficiencia que tiene la persona sorda al recomendar en ella un proceso de rectificación de la audición.
Si la inferioridad incorporada en la deficiencia se comprendiese como algo puramente biológico en su origen, la analogía que estamos haciendo –dice Abberley– con la opresión racial y sexual, perdería toda su fuerza, ya que el núcleo de tales teorías es que la desventaja es principalmente un producto social y no uno biológico.
De lo expuesto concluye Abberley la necesidad de que la inferioridad o deficiencia que afecta a las personas con discapacidad se sustente en una ideología y no en un hecho puramente biológico. Por ello piensa Abberley que una teoría de la discapacidad como opresión debe ofrecer también lo que podemos llamar una “teoría social de la deficiencia”, es decir se debe hacer entender la deficiencia como un producto social.
La deficiencia como un producto social .-

Para poder desarrollar una “teoría social de la deficiencia” Paul Abberley se encarga de demostrar, con una serie de ejemplos, cómo las deficiencias son en su mayor parte un producto social y no algo natural, como siempre se ha creído, al ser concebidas como la consecuencia de enfermedades, infecciones o el desgaste normal del cuerpo humano.


A diferencia de lo que sucede con la “teoría social de la deficiencia”, la medicina por lo general encuentra causas naturales para la discapacidad y considera que lo social es solo una causa secundaria o periférica.
Entre las deficiencias de causa social Abberley reconoce las siguientes: diversas formas de artritis y de problemas reumáticos, que surgen en conexión con diversas ocupaciones laborales. También hace ver de qué manera la prevención primaria puede evitar la aparición de muchas deficiencias. Sin embargo cuando se suprimen muchas de estas acciones preventivas, en razón de sus altos costos o como consecuencia de decisiones políticas, estas decisiones u omisiones pueden ser a su vez el origen de muchas deficiencias que podrían haberse evitado. Por ejemplo tenemos muchas deficiencias que derivan de una baja nutrición o una mala política alimentaría, o bien de accidentes de transito o laborales que podrían haber sido prevenidos, así como tenemos muchas enfermedades industriales que son el resultado de malas prácticas de seguridad o higiene industrial.
Existen de otro lado muchas discapacidades que se originan por ejemplo en el uso de medicamentos poco estudiados, como es el caso de la Talidomida, que produjo tantas malformaciones congénitas en las décadas pasadas. Tenemos también varias enfermedades de salud mental que se originan en daños cerebrales irreversibles causados por el uso de poderosos tranquilizantes como el Largactil, por ejemplo.
En los países en desarrollo algunos estudios han permitido estimar que más del 50 por ciento de las discapacidades podrían ser prevenibles o rehabilitables a un costo bajísimo de pocos dólares por cabeza. De esta manera se estaría probando que la pobreza o las malas decisiones políticas son en este caso causas de discapacidad. Así también, muchas discapacidades causadas por una mala nutrición resultan siendo consecuencias de decisiones políticas y no de actos divinos ni de hechos inevitables de la naturaleza.
Muchas otras deficiencias pueden resultar también de factores hereditarios o de accidentes incurridos poco tiempo después del nacimiento.
En muchos casos parece imposible trazar una línea divisoria entre factores genéticos, ambientales y sociales, como causa de las deficiencias. Por ello, decir que los factores genéticos son una causa primaria de deficiencias, resultaría ser un juicio “político”.
Hay que distinguir por esta razón – dice Abberley – entre las deficiencias de origen social y las desventajas de origen social. Las desventajas, en la medida que son productos de significados sociales, se reducen a actitudes. Esto implica que un cambio de actitudes podría abolir la discapacidad.
Cuando se habla del origen social de las deficiencias lo que Abberley quiere poner de relieve es el origen social de fenómenos que son a la vez materiales y biológicos. No se trata en este caso de reducir o disolver estos elementos materiales en actitudes o ideas, sino sólo de señalar los elementos sociales que constituyen la base material de los fenómenos ideológicos.
Esta visión de las deficiencias no niega el significado o la importancia de los gérmenes, genes y traumas. Por el contrario, señala los efectos que estos gérmenes, genes y traumas tienen en un contexto histórico y social real, cuya naturaleza está determinada por una compleja interacción de factores materiales y no materiales.
Por ejemplo, mientras se puede demostrar que el lazo que hay entre el consumo del tabaco y el cáncer de pulmón, o entre la bronquitis y la enfermedad cardiaca isquémica, es un nexo material, la ocurrencia e incidencia del consumo de tabaco debe entenderse en términos de factores sociales, tal como sucede con el tipo o grado de provisiones disponibles que se pueden usar para mejorar estas condiciones.
A nivel político Abberley opina que la base material para formular una teoría de la discapacidad como opresión se forma considerando por un lado los diversos tipos y grados de deficiencia, pero planteando también las contradicciones que se dan entre la naturaleza potencialmente benéfica de la ciencia médica y las restricciones o deformaciones que el modo de producción capitalista hace de esta ciencia médica.
Abberley, citando a Sutherland llega así a la conclusión que, si ningún grupo de izquierda revolucionaria ha tomado en serio hasta ahora los problemas de la discapacidad, se debe a que ninguno de ellos ha llegado a establecer los lazos que existen entre el capitalismo y la deficiencia. Por su parte Sutherland no saca mayor provecho de esta comprobación debido a que él tiene una visión naturalista del asunto, razón por la cual considera que la discapacidad es una condición normal de la humanidad y no el estado físico de una minoría de personas.
Estas limitaciones de análisis desde una óptica de izquierda son puestas en evidencia y corregidas tanto por Abberley como por Vic Finkestein235 y Mike Oliver236. Los dos últimos muestran por ejemplo que la situación de dependencia y exclusión que las personas con discapacidad experimentan en el mundo del trabajo no es otra cosa que el resultado del modo de producción capitalista en su fase de desarrollo industrial.
En años recientes (2002) ha aparecido una pensadora de formación marxista, como Martha Russell, que ha ido más allá de estos autores, al señalar las relaciones entre el capitalismo y la discapacidad, cuando afirma lo siguiente:

tenemos la convicción de que la discapacidad es una categoría creada socialmente que se deriva de las relaciones laborales, un producto de la injusta estructura económica de la sociedad capitalista: una estructura que crea (y en consecuencia oprime) a las personas “dis-capacitadas237” como una de las condiciones que permiten que la clase capitalista pueda acumular riqueza. Visto en esta luz, la discapacidad es un aspecto de la contradicción central del capitalismo, y las políticas de discapacidad que no acepten esto son, en el mejor de los casos, estrategias de reforma fundamentalmente inconsistentes, o lo que es peor, formas de una ideología burguesa que impide ver esto238”.


Características comunes de la desventaja.

La literatura que se ha desarrollado acerca de la opresión racial y sexual identifica características comunes de las desventajas económicas, sociales y psicológicas que afectan a los miembros de los distintos grupos oprimidos.


La naturaleza y extensión de estas desventajas no es uniforme a todos los grupos y sólo puede ser descrita después de una detallada investigación empírica.

Por su parte Abberley señala que existe una literatura bastante considerable que indica cuales son las desventajas materiales más comunes sufridas por las personas con discapacidad. Entre ellas puede distinguir las muchas horas de trabajo y las malas condiciones de trabajo a que son sometidas, así como los altos niveles de desempleo que les afectan (Townsend239). También señala las malas condiciones de vivienda que ellas experimentan.


Junto con estas desventajas económicas y materiales, existen otros estudios que documentan las desventajas psicológicas y sociales que también afectan a las personas con discapacidad (por ejemplo el estudio del estigma realizado por Goffman240).
Con relación a estas desventajas, Katz y otros han podido mostrar algunas de las maneras en que opera el prejuicio o los estereotipos que se suelen desarrollar acerca de las personas con discapacidad.
Así Abberley señala que “Comportamientos idénticos tienen diferentes significados sociales dependiendo de si son producidos por personas con discapacidad o sin ella. Así se ve que mientras la líder de un grupo de personas en silla de ruedas, que sea competente y agradable, provoca irritación y consigue menos ayuda (de las personas sin discapacidad) porque viola el estereotipado rol de estigma que parece exigir que toda persona con discapacidad debería sufrir y ser conflictiva. Por el contrario si el colega en silla de ruedas es cáustico y hostil, esto parece confirmar las expectativas sociales y por esta razón los sujetos (sin discapacidad) se sienten inclinados a ofrecer más ayuda241

A diferencia de otros teóricos de la discapacidad, Abberley toma de la literatura feminista la importancia que tiene el cuerpo en la sociedad occidental moderna. Así nota que el cuerpo es el lugar de la opresión, tanto en la forma como en lo que se hace con él. Una prueba de esa opresión se manifiesta en las prohibiciones que se hacen a algunos niños sordos para no hablar usando el leguaje de señas, por ser considerado algo malo, situación que refleja los irrealizables ideales de perfección física que se presentan en los medios de comunicación y en los materiales convencionales de recreación y deporte.


Un efecto de la degradación y devaluación del estado o la situación de discapacidad es por ejemplo promover que todas las personas, incluyendo a los mismos jóvenes con discapacidad, nieguen su propio sufrimiento y “normalicen” su situación de desventajas y discriminación, tomándola como algo normal y dado, sin pretender cuestionar ni cambiar las estructuras existentes de la organización social y del trabajo, que les afectan
Teniendo en cuenta todo lo que expone Abberley en su artículo, y que hemos presentado brevemente, él puede concluir que algunos de los efectos generales de la opresión de las personas con discapacidad son los que se señalan a continuación.


  • La opresión desanima o desalienta a los individuos con discapacidad para que tomen ventaja de los “privilegios” de la discapacidad, y una de las manifestaciones de ello es que no se les permita “liberarse” del proceso de trabajo.

  • A causa de los estereotipos negativos y de las desventajas materiales que están ligadas a la discapacidad, la opresión alienta a la gente para que “normalice” el sufrimiento y la enfermedad, para no incluirse así en el grupo de los desaventajados.

  • La opresión hace que las personas con discapacidad se vean a sí mismas y se constituyan como parte de una subclase de receptores pasivos de la ayuda del Estado de bienestar, como receptores de una suerte de caridad de Estado.

  • Al presentar las desventajas que experimentan las personas con discapacidad como si fueran consecuencia directa de sus deficiencias naturalizadas, la opresión legitima y justifica las fallas o el fracaso del sistema de distribución que provee ayuda social. Esto quiere decir que interpreta los efectos de la mala distribución social como si fuera una consecuencia exclusiva de las deficiencias individuales.

Como consecuencia de lo anterior, una teoría de la “discapacidad” entendida como “opresión”, presenta las siguientes características:



  1. Reconoce y enfatiza los orígenes sociales de la deficiencia.

  2. Reconoce, hace resistencia y se opone a las desventajas sociales, financieras, ambientales y psicológicas que se imponen a las personas con deficiencias.

  3. Entiende que la realidad a la que se refieren los puntos uno y dos son productos histórico-sociales y no resultados de la naturaleza.

  4. Afirma el valor que tienen los modos de vida de las personas con discapacidad al mismo tiempo que condena la producción o generación social de las deficiencias.

  5. Constituye una perspectiva inevitablemente política en la medida en que involucra la necesaria defensa de las provisiones estatales de salud y bienestar, y su respectiva transformación material e ideológica, como requisitos esenciales para poder transformar la vida de una vasta mayoría de personas con discapacidad.

Se puede estimar que si bien las implicaciones políticas de los análisis que Abberley ha realizado podrían ser sólo aparentes, las consecuencias conceptuales que de ellas se derivan sí podrían ser y de hecho son más profundas, pues la noción de “discapacidad” como “opresión” puede permitir organizar el área de la investigación social sobre la discapacidad, que hasta ese entonces estaba aislada y tenía un desarrollo dispar, convirtiéndose ahora en un todo conceptual más coherente, y puede ayudar también a que se corrijan los resultados de los errores teóricos anteriores.


En otras palabras, el ensayo de Abberley sobre la discapacidad como opresión social, que acabamos de revisar, suele ser considerado por la mayoría de expertos en el tema de la discapacidad como una de las bases teóricas de los “Disability Studies”, de los Estudios de discapacidad, como una rama especializada del conocimiento, y como tal se considera que con ello Abberley ha realizado una contribución muy importante para que el futuro desarrollo de una sociología de la discapacidad sea más coherente y sea una base también para el desarrollo de una teoría social sobre la discapacidad.

La discapacidad como opresión según Charlton.-

Otro autor importante que merece ser citado y revisado, aunque sea superficialmente, para enriquecer nuestra noción de la categoría de discapacidad como opresión es James Charlton, quien en su conocido e influyente trabajo titulado “Nada sobre nosotros sin nosotros. Discapacidad, Opresión y Empoderamiento242”, publicado en 1998, plantea una serie de tesis centrales sobre la opresión y la discriminación que afectan gravemente a las personas con discapacidad y a sus derechos humanos.


A diferencia de Paul Abberley, que hace un planteamiento de la opresión que tiene consecuencias y aplicaciones principalmente teóricas o académicas, y en menor medida políticas, Charlton plantea un enfoque eminentemente político de la opresión, que no deja tampoco de tener consecuencias o aplicaciones académicas.
Charlton comienza afirmando que “la extrema opresión que las personas con discapacidad han experimentado y siguen experimentando es una tragedia de los derechos humanos, de proporciones épicas. Esta opresión es una situación que ha comenzado a ser reconocida y a ser resistida sólo en las décadas recientes. En los últimos años las personas con discapacidad están experimentando un profundo cambio. Por primera vez en la historia, han surgido movimientos de personas con discapacidad en todas las regiones del mundo que están demandando el reconocimiento de sus derechos humanos y su rol central en determinar estos derechos”.

Estos son algunos de los argumentos que, según Charlton, sintetizan las condiciones de la opresión por razones de discapacidad y porqué se exige resistir esta opresión:



  1. La opresión de 500 millones de personas con discapacidad tiene raíces en las dimensiones político-económicas y culturales de la vida cotidiana.

  2. La pobreza, aislamiento, indignidad y dependencia de estas 500 millones de personas significan una catástrofe mayor de los derechos humanos y constituyen una crítica fundamental al sistema mundial existente.

  3. Los escasos intentos de teorizar las condiciones de vida cotidiana de esta significativa población se explican en razón de la visión médica y despolitizada de la discapacidad, y por el error de no tomar en cuenta a la vasta mayoría de personas con discapacidad que viven en los países pobres del tercer mundo.

  4. En diferentes lugares de todo el mundo están surgiendo organizaciones de discapacidad con una conciencia más clara de las cosas que han comenzado a desafiar tanto la opresión que experimentan (las personas con discapacidad), como la despolitización de esa experiencia.

  5. Las dimensiones político-económicas y socio-culturales de la opresión por motivos de discapacidad determina quién se ve afectado y qué forma debe tomar esa resistencia.

  6. Independientemente de las diferencias político-económicas y socio-culturales, todos los individuos y organizaciones que han asumido la causa de la defensa de los derechos de las PCD en los últimos 20 años, han asumido los conceptos de empoderamiento y derechos humanos; independencia e integración; auto-ayuda y auto-determinación, y

  7. Estos leitmotifs sugieren un reordenamiento necesario y fundamental de las prioridades y recursos globales basados en la igualdad, respeto y control de los recursos, de parte de las personas y comunidades que las necesitan.



Las raíces culturales de la opresión según Colin Barnes –

El británico Colin Barnes en sus 2 ensayos sobre los orígenes de la opresión en la historia de occidente, “Un legado de opresión: Historia de la discapacidad en la cultura occidental243” y “Teorías de la discapacidad y los orígenes de la opresión social de las personas con discapacidad en la sociedad occidental244”, coincide en afirmar que “para apreciar plenamente la extensión y el significado de la opresión de las personas con discapacidad es vital comprender la historia y las relaciones de esta historia con la cultura occidental, es decir con el sistema de valores en el cual está encerrada la sociedad occidental245”.


Barnes afirma que para poder satisfacer las demandas de inclusión de las personas con discapacidad, demandas de inclusión que son cada vez más vitales para los políticos y para los diseñadores de políticas, es preciso entender en profundidad la opresión actual que afecta a las personas con discapacidad, para lo cual hay que conocer la opresión que se ha dado en el pasado y analizar de manera especial las raíces culturales de esa opresión, no sólo sus causas materiales.

La comprensión histórica de la opresión cultural es de la mayor importancia ya que el mayor obstáculo que existe, y que impide la inclusión de las personas con discapacidad en la corriente principal de la vida en comunidad, son las actitudes públicas negativas. Estas actitudes comprenden una amplia gama que va desde el prejuicio y hostilidad, abiertos, pasando por la lástima y condescendencia, hasta la ignorancia e indiferencia.


Estas actitudes sociales heredadas influyen así en nuestras representaciones, es decir, en la forma en que nos vemos y pensamos acerca de nosotros mismos y de los demás.
En el sentido más amplio hay dos explicaciones que permiten entender este fenómeno de opresión, prejuicios y discriminación que afecta a las personas con discapacidad.
La primera y más antigua de las dos explicaciones sugiere que las percepciones culturales de la deficiencia están impregnadas por temores, acerca de lo anormal y lo desconocido, que tienen profundas raíces sicológicas.
La segunda razón de este fenómeno explica la opresión de las personas con discapacidad en términos de consideraciones materiales tales como la economía, la manera en que ella se organiza, o lo que también se llama los modos de producción.
El objeto de los ensayos de Barnes es atender las críticas formuladas por autores como Shakespeare y Douglas quienes afirman que las teorías del modelo social de la discapacidad han sub-valuado el papel que juega la cultura (entendida como valores y creencias) en la opresión de las personas con discapacidad. Con ello Barnes busca proponer una explicación alternativa o complementaria a las primeras teorías sociales y políticas, desarrolladas en especial por Vic Finkelstein y Mike Oliver, las cuales, basándose en el materialismo marxista, entienden la discapacidad como opresión como un resultado de las relaciones sociales de producción propias del capitalismo industrial.

En estos ensayos, que profundizan su breve historia de la discriminación (esbozada en su estudio “Personas con discapacidad en Gran Bretaña: Un caso para una legislación anti-discriminación246”), Barnes muestra que las raíces de la opresión hacia las personas con discapacidad se remontan a Grecia y Roma, incluso al Antiguo Testamento, en donde se aprecia que la desvalorización y desprecio que en esas épocas se manifestaba hacia las personas con discapacidad resulta siendo el reverso de la exaltación que se hacía de la “perfección” física y mental de las personas. La única excepción a estas costumbres es la que se refiere a los cuidados que se prodigaban a los soldados que resultaban heridos o discapacitados como consecuencia de hechos de guerra.


Las diferentes reacciones culturales ante la discapacidad a lo largo de la historia pasan por las expresiones de temor ante lo anormal o desconocido (Douglas), el infanticidio de niños deformes o enfermos en Grecia y Roma, y la suposición supersticiosa de que estas personas representan el mal o son expresión de hechicerías. En la Edad Media, las PCD eran objeto de diversión o burla, e incluso se recomendaba destruirlas, como hacía el reformista Lutero, por entender que eran símbolos del mal o del pecado247.
En los siglos XVI y XVII, se comenzaron a desarrollar las primeras “políticas” sobre discapacidad en hospitales en los cuales el propósito principal, inspirado en la espiritualidad cristiana y en la “caridad”, era cuidar antes que curar. Estas políticas eran comunes a las que se prodigaban a otras poblaciones vulnerables y en desamparo, como los niños huérfanos, las personas pobres, dependientes, ancianos, etc.
Barnes muestra cómo en los siglos XVIII y XIX, junto con el inicio de la industrialización, comenzó a desarrollarse el hábito de segregar a las personas con discapacidad, y a otras personas desaventajadas, en establecimientos institucionales tales como hospitales, asilos, prisiones, etc.
De lo expuesto resulta claro para Barnes que, aunque los factores económicos son bastante significativos para explicar las respuestas sociales ante la experiencia de la discapacidad, las consideraciones culturales son igualmente importantes. También resulta evidente que los fundamentos filosóficos e ideológicos, en los que se justifica la discriminación contra las personas con discapacidad, se encuentran bastante implicados en el núcleo de las instituciones de la sociedad.
Los datos recogidos por Barnes muestran que hubo una discriminación sustancial contra las personas con discapacidad en Gran Bretaña antes de la industrialización, pero que estaba relativamente fragmentada y que tomó muchas formas. Los disturbios económicos y sociales que acompañaron el desarrollo industrial, sin embargo, hicieron que la discriminación se institucionalizara en toda la sociedad. De hecho, la importancia creciente de la racionalidad económica, el individualismo y la ciencia médica durante este período contribuyó a que reaparezcan antiguos miedos y prejuicios, y dieron una justificación intelectual a prácticas discriminatorias más extremas, en especial la sistemática separación de las personas con discapacidad de la corriente principal de la vida económica y social, y su reclusión en distintos tipos de instituciones.
Desde la segunda guerra mundial, sin embargo, ha habido un “ablandamiento” de actitudes discriminatorias y un esfuerzo claro por revertir esta política e integrar a las personas con deficiencias en la comunidad. Para ello se han expandido una serie de servicios tanto en el Estado como en el sector privado. Mientras los efectos positivos de estos desarrollos no están en duda, está claro que ellos descansan siempre en percepciones tradicionales de la deficiencia y la discapacidad. La discriminación no ha desaparecido; simplemente se ha transformado en formas más sutiles y menos obvias.
En este recuento histórico que hace Barnes resulta evidente que la opresión cultural de las personas con deficiencias se remonta al nacimiento mismo de la cultura occidental. En su núcleo yace el mito de la perfección corporal e intelectual. Este constructo ejerce una influencia considerable en la experiencia vital de las personas con discapacidad y de otros grupos oprimidos.
Lo que conviene destacar es que el prejuicio que se expresa ante la discapacidad no es una consecuencia inevitable de la condición humana, sino que es el producto de una forma de desarrollo social asociada al capitalismo occidental.
Por ello, concluye Barnes, si deseamos eliminar este prejuicio contra la discapacidad tenemos que detener y transformar este desarrollo del capitalismo.
Además de las iniciativas económicas y políticas dirigidas a frenar y transformar el desarrollo del capitalismo, se debe incluir en las acciones a desplegar la construcción y desarrollo de una cultura que valore, reconozca, tenga en cuenta y sobretodo celebre la diferencia humana, cualquiera sea su causa, y no que la oprima. Para ello hay que desterrar, entre otras cosas, el mito del cuerpo perfecto, que se sostiene en la interacción de fuerzas que son, a la vez, culturales y materiales.
De esta manera observamos cómo Barnes, siguiendo a Paul Hunt, Paul Abberley, Jenny Morris y Tom Shakespeare, comparte desde 1991 una visión dual de la injusticia que experimentan las personas con discapacidad, y que se expresa (aunque sin usar estas palabras) en demandas materiales de redistribución y culturales de reconocimiento, tal como sostiene Nancy Fraser (1995, 2003) de manera general, aunque sin referirse nunca de manera expresa a las personas con discapacidad, como veremos más adelante.


La experiencia de la deficiencia, la discapacidad y el papel de la cultura

Basándose en las preocupaciones que Paul Hunt expresó en 1966 en su ensayo sobre la discapacidad como “Una condición crítica”248, Barnes señala que varios autores de orientación feminista (Jenny Morris y Tom Shakespeare) han criticado las explicaciones materialistas de Mike Oliver y Vic Finkelstein porque olvidan las experiencias individuales de las personas con discapacidad.


Esto ha impulsado a Shakespeare a argumentar que el modelo social de la discapacidad debe ser re-conceptualizado para que pueda incorporar la experiencia de la deficiencia. Esto se puede conseguir con una consideración más rigurosa del papel que juega la cultura en la opresión de las personas con discapacidad.
Shakespeare sostiene que las personas con deficiencias no están discapacitadas sólo por la discriminación material sino también por los prejuicios. Los prejuicios están implícitos en la representación cultural, en el lenguaje y en la socialización. Basándose en Simone de Beauvoir, Shakespeare explica la naturaleza del prejuicio mediante la referencia al proceso de objetivar a los discapacitados como “otros”.
Tomando como base los análisis de Susan Grifiths sobre el papel que juega el cuerpo en la opresión de las mujeres y los negros, Shakespeare extiende esta idea del papel del cuerpo para explicar la opresión en el caso de las personas con discapacidad, gays y lesbianas.
Lo que las personas sin discapacidad temen al final no es a la discapacidad en sí sino a las deficiencias, porque ellas les recuerdan su condición de mortales y eso les hace peligrar su sentido de invencibilidad.
Barnes señala que si bien Shakespeare acierta al afirmar que las raíces culturales de la opresión son anteriores al surgimiento del capitalismo, falla al pretender, con Douglas, que todas las culturas tienen una misma respuesta negativa ante la deficiencia, y por tanto que el prejuicio es universal e inevitable. Al revisar diversos relatos antropológicos se puede comprobar que no todas las sociedades responden de la misma manera ante la experiencia de la deficiencia. De otro lado Barnes hace ver también que Shakespeare reduce la explicación de los fenómenos culturales solo a procesos de pensamiento, sin tener en cuenta que las manifestaciones económicas y sociales también son expresiones de la cultura.
Las 5 caras de la opresión según Iris Marion Young

No podemos concluir este breve repaso de la discapacidad como opresión sin hacer una breve revisión de los aportes que al respecto hace Iris Marion Young en su obra “La justicia y la política de la diferencia249”. A pesar que ella no se refiere de manera especial o exclusiva a la opresión por razones de discapacidad, el análisis que hace aclara mucho las distintas formas que reviste la opresión por razones de discapacidad.


La noción de grupo social que Iris Marion Young desarrolla también se aplica plenamente para entender mejor no sólo la constitución de las personas con discapacidad como grupo social, con un particular sentido de identidad y de pertenencia, sino también para entender las diversas formas de la opresión que ellas experimentan y el movimiento emancipatorio que ellas suelen desarrollar para afirmar su identidad, y que a veces les exige redefinir su identidad grupal, en los casos que se les impone una visión devaluada o estereotipada de sí mismas.
El concepto de grupo social como base de la opresión.-

Para poder entender el concepto de “opresión social” que maneja Iris Marion Young ella necesita definir primero lo que entiende por “grupo social”.


El concepto de “grupo social” solo puede entenderse por oposición con lo que se entiende por “clase social”, pues las relaciones de opresión y dominación que experimentan los grupos sociales minoritarios oprimidos por razones de género, raza, inclinación sexual o capacidad física, difieren en muchos puntos con el concepto de explotación social que el marxismo puso en evidencia con su análisis de clase.
En efecto las desigualdades e injusticias que se derivan de los conflictos entre las dos clases sociales (capitalistas o trabajadores), injusticias conocidas como explotación económica, se definen en función a sus diferentes posiciones y formas de relacionarse socialmente con respecto a los medios de producción y tienen una lógica distributiva. Dicho de otra manera, la explotación es sólo una de las formas o manifestaciones de la opresión, pero no la única ni la principal.
Además de la explotación, la opresión también se puede manifestar como marginación, carencia de poder, imperialismo cultural y violencia.
Predominio del “hacer” sobre el “tener” en la nueva visión de la justicia.-

Iris Marion Young propone una nueva concepción de la justicia que desafía la tradicional concepción distributiva de los bienes materiales. No la niega, pero va más allá. Para ella la justicia tiene que ver más con “el hacer” antes que con “el tener”. Su concepción de la justicia es una justicia que nos permite hacer cosas. La justicia no debería referirse sólo a la distribución sino también a las condiciones institucionales que son necesarias para el desarrollo y el ejercicio de las capacidades individuales. Bajo esta concepción de la justicia, la injusticia se refiere finalmente a dos formas de restricciones que incapacitan a los individuos: la opresión y la dominación.


Estos impedimentos incluyen modelos distributivos, pero implican también acciones o prácticas institucionales que no se pueden asimilar sin más a la lógica de la distribución: los procedimientos de toma de decisiones, la división del trabajo y la cultura.
Para los movimientos emancipatorios contemporáneos la opresión es una categoría central en el discurso político, pero que experimenta una gran resistencia porque choca con el lenguaje del individualismo liberal que es el que domina el discurso político actual no sólo en los Estados Unidos sino también en muchos lugares del mundo.
A pesar de esto hasta ahora no hay una idea clara de lo que significa la opresión. Por eso Iris Marion Young se propuso desarrollar, en su libro “La justicia y la política de la diferencia” una explicación de este concepto. El punto de partida para ello es una reflexión sobre las diferentes condiciones de vida que experimentan los grupos oprimidos, ya que todos no experimentan la opresión de la misma manera. Esto exige definir primero cuál es la idea de grupo, pero en un segundo momento, se debe definir también cuáles son los criterios que pueden ayudar a describir mejor la condición de opresión de los diferentes grupos oprimidos. Para ello Iris Marion Young distingue cinco categorías de la opresión que son: explotación, marginación, carencia de poder, imperialismo cultural y violencia.
La opresión designa una serie de estereotipos, desventajas e injusticias, pero también una serie de impedimentos sistemáticos cuyas causas están insertas en los presupuestos que subyacen a las reglas institucionales comúnmente aceptadas, y cuyos presupuestos no se cuestionan porque se consideran algo dado y natural. Esto genera una opresión estructural que es muy difícil de eliminar sólo con leyes nuevas porque otras nuevas opresiones suelen aparecer y reproducirse de manera inconsciente en las instituciones económicas, políticas y culturales más importantes de la sociedad.
Los grupos sociales son una clase específica de colectividad que define las maneras como las personas se entienden a sí mismas y entienden a las demás. Un grupo social se diferencia de otro a través de formas culturales, prácticas o modos de vida. Los grupos son expresiones de las relaciones sociales. Un grupo existe sólo en relación con otros grupos, y por lo menos con uno. Cuando se produce el encuentro e interacción entre diversas colectividades sociales éstas experimentan una serie de diferencias en su forma de vida y en su forma de asociarse que les dan una idea de identidad de grupo.
Los procesos sociales, como la división del trabajo por ejemplo, también diferencian a los grupos dentro de una misma sociedad.
El concepto de grupo social debe distinguirse de lo que son conjuntos y asociaciones. Mientras un conjunto es una clasificación cualquiera de personas de acuerdo con algún atributo, los grupos sociales son por el contrario la identificación con una cierta categoría social de personas que comparte una historia común y una identificación que permite al grupo definirse como grupo. Un grupo social no se define por una serie de atributos compartidos sino por un sentido de identidad y pertenencia.
A diferencia de los conjuntos, las asociaciones son constituidas por los individuos que se reúnen bajo una determinada forma contractual. Acá la persona es anterior a la asociación. Su identidad y su sentido de sí mismas también son anteriores a la pertenencia a la asociación, e independientes de ella.
Por el contrario, en el caso de los grupos, son éstos los que constituyen a los individuos. Las identidades de grupo influyen mucho en el sentido de la historia, en las afinidades y en las diferencias que tiene una persona. Esto no quiere decir que ellos no tengan un estilo individual o que sean incapaces de trascender o rechazar una identidad grupal.
Nuestra identidad se define en relación a la manera como otras personas nos identifican en términos de grupos ya asociados con atributos específicos, estereotipos y normas.
Los grupos sólo existen en relación con otros grupos. Un grupo puede ser identificado como tal por quienes están fuera de él, sin que ellos mismos – los que pertenecen al propio grupo – tengan conciencia de si mismos como grupo.
Una categoría de personas pueden llegar a concebirse a sí mismas, como miembros de un grupo, sobre la base de la opresión compartida, de una etiqueta o de un estereotipo.
Por esta razón sucede que en muchos casos los grupos oprimidos puedan intentar hacer frente a su opresión a través de una redefinición de su identidad grupal, en especial cuando esta identidad les resulta dolorosa o injusta, es decir, cuando esta identidad es estereotipada y despreciada. Esto es precisamente una acción emancipatoria.
Las identidades grupales de una persona pueden ser por eso en gran medida sólo un trasfondo o un horizonte para su vida, que adquiere importancia sólo en contextos interactivos específicos, pero que no la definen de por vida.
Las diferencias de grupo son un aspecto a la vez inevitable y deseable de los procesos sociales modernos. La justicia social no requiere de la desaparición de las diferencias, por el contrario, requiere de instituciones que promuevan la reproducción y el respeto de las diferencias de grupo sin opresión. La diferenciación de grupos no es en sí misma opresiva. El que un grupo sea oprimido depende de que esté sujeto al menos a una de las cinco condiciones de opresión que se analizarán más adelante.
A pesar de los procesos sociales de afinidad y diferenciación que dan lugar a un grupo, no confieren a estos una esencia sustantiva. No hay por fuerza una naturaleza común e idéntica que deba ser compartida por todos los miembros de un grupo. Los grupos son fluidos. Así como aparecen también pueden desaparecer.
En una sociedad grande, compleja y altamente diferenciada los grupos sociales no son en sí mismos homogéneos, sino que en sus propias diferenciaciones se reflejan muchos de los otros grupos que también existen en la sociedad.
Todas las personas tienen identificaciones grupales múltiples. La persona individual no puede ser unificada. Ella misma es heterogénea y no necesariamente coherente. Esto tampoco la inhabilita.
La identidad grupal no impone tampoco una imagen o identidad única u homogénea en las personas. Puede haber heterogeneidad en el desarrollo de identidades personales o individuales al interior de los miembros del grupo.
Las cinco caras de la opresión.-
a) La explotación.- La categoría más conocida y difundida de la opresión es la explotación, la misma que viene de la tradición marxista. Sirve para explicar la manera en que se organiza la estructura de clases en la sociedad.
Mientras en las sociedades esclavista y feudal las clases privilegiadas tenían derecho a apropiarse del trabajo ajeno, sobre la base de ideologías de la superioridad e inferioridad naturales, en la sociedad capitalista el sistema jurídico elimina las diferencias de clase y promueve la libertad e igualdad de las personas. Acá la explotación, los beneficios y los privilegios de la clase capitalista provienen de la injusta apropiación de la plusvalía, es decir del excedente de valor que generan los trabajadores con su trabajo.
La injusticia de la sociedad capitalista consiste en el hecho de que alguna gente (los trabajadores) ejerce sus capacidades bajo el control de otra gente, de acuerdo con los fines de esta gente y en el beneficio de esta otra gente (los capitalistas). De esta manera no sólo se trasfieren poderes a los capitalistas sino que también los trabajadores sufren privaciones materiales y pérdida de control, todo lo cual los priva de importantes elementos de autoestima. La justicia requiere así la eliminación de las formas institucionales que permiten esta transferencia de poder y control, y requiere que estas formas sean reemplazadas por otras formas institucionales que permitan a todas las personas desarrollar y usar sus capacidades sin privar para ello a nadie.
La idea central del concepto de explotación es que la opresión tiene lugar a través de un proceso sostenido de transferencia de los resultados del trabajo de un grupo social a otro y en beneficio de este. La injusticia de la explotación y de la división de clases no consiste sólo en el hecho distributivo de la diferencia o de la desigualdad en la distribución de la riqueza que se genera, sino en las relaciones que se generan entre los grupos sociales mediante reglas que crean relaciones de poder y desigualdad.
Muchos autores coinciden en que el concepto marxista de explotación es demasiado limitado para abarcar todas las formas de dominación y opresión. De manera particular este concepto, basado en el concepto de clase social y en la desigual distribución de beneficios económicos, deja sin explicar importantes fenómenos de la opresión sexual y racial que no se reducen a cuestiones económicas, como veremos.
Las mujeres son explotadas en la medida en que consumen sus energías y su poder en beneficio de los hombres a fin de que ellos puedan dedicarse a realizar trabajos más importantes y creativos, reforzando su estatus o el ambiente que los rodea, o bien suministrándoles servicios sexuales o emocionales, sin ser debidamente recompensadas. Por lo general esto se organiza a través de una estructura institucional de la familia patriarcal, que en tiempos más recientes ha sido sustituida por el Estado creando una forma de explotación del trabajo doméstico bajo la figura de un patriarcado público.
La raza es una estructura de opresión tan básica como la clase o el género. En Estados Unidos los grupos raciales negros y latinos son oprimidos a través de la sobre- explotación capitalista que tiende a reservar para las personas blancas los puestos de trabajo más calificados, de mayor reconocimiento y prestigio, y que cuentan con las remuneraciones más altas, incluido el poder acceder a organizaciones sindicales que les protegen de cualquier abuso. Esto pone a los beneficiarios de estos injustos beneficios en una situación de privilegio y desigualdad institucional.
Los grupos de mujeres comparten con los grupos raciales el hecho de dedicarse a los trabajos serviles o de servicio, que son de menor reconocimiento social y remuneración. De esta manera se observa que, de acuerdo al análisis que efectúa Iris Marion Young, la injusticia de la explotación se entiende no solo sobre la base de un modelo distributivo, sino también de un modelo de reconocimiento.
Del análisis anterior se puede concluir que la injusticia de la explotación radica en los procesos sociales que llevan a cabo una transferencia de energías y de poder de un grupo social a otro para producir distribuciones y beneficios desiguales, y radica también en el modo en que las instituciones sociales permiten la acumulación de estos beneficios por parte de pocas personas. Por eso es que las injusticias de la explotación no se eliminan solo a través de la redistribución de bienes. Para poder hacer justicia se requiere reorganizar también las instituciones y las prácticas de toma de decisiones a fin de asegurar un cambio institucional, estructural y cultural en la sociedad.
b) La marginación, exclusión.- Las personas marginales son aquellas personas a las cuales el sistema de trabajo no puede o no quiere usar. Existe otra clase de gente confinada o relegada a una vida de marginación social, que en su mayoría está marcada racialmente. Sin embargo, la marginación afecta también a los adultos mayores, los jóvenes, las madres solteras, las personas con discapacidad física y mental, y los desempleados.
La marginación es tal vez la forma más peligrosa de opresión. Califica a una categoría de gente que se encuentra excluida y expulsada de la participación útil en la sociedad y sujeta por ello a graves privaciones materiales.
Las privaciones materiales no agotan sin embargo el alcance del daño causado por la marginación. Existen dos categorías de injusticia que van más allá de la distribución económica. En primer lugar, la privación de derechos y libertades. En segundo lugar la privación de oportunidades para ejercer las propias capacidades.
Están privados de derechos y de acceso a la ciudadanía las personas dependientes tales como las personas mayores, la gente pobre y las personas con discapacidad física o mental. Debido a su situación de dependencia estas personas están sujetas a un tratamiento paternalista, punitivo, degradante y arbitrario por parte de la gente y de las políticas asociadas a la burocracia del bienestar. En nuestra sociedad la dependencia implica autorización para suspender a las personas sus derechos básicos a la privacidad, al respeto y a la elección individual.
El modelo feminista concibe la justicia como el reconocimiento del respeto y la participación en la toma de decisiones, tanto para quienes son dependientes como para quienes son independientes.
La marginación no deja de ser opresiva a pesar de que se tenga refugio, comida, o una vida confortable. Estas injusticias de la marginación en la participación de las actividades productivas y reconocidas de la cooperación social, pueden subsistir también bajo la forma del aburrimiento, la inutilidad y la falta de autoestima.
Aunque la marginación implica cuestiones de justicia distributiva, conlleva también la privación de condiciones culturales, prácticas e institucionales, para el ejercicio de las capacidades en un contexto de reconocimiento e interacción social.
c) Carencia de poder.- Las personas carentes de poder son aquellas que por lo general carecen de autoridad y poder. Se caracterizan porque de manera regular deben aceptar órdenes de otros y rara vez tienen el derecho de darlas. Asimismo tienen muy pocas oportunidades para desarrollar y usar sus propias capacidades. Además no participan regularmente en la toma de decisiones de aquellos asuntos que afectan sus condiciones de vida, y tampoco suelen participar en las decisiones políticas.
Los profesionales suelen representar el ejercicio del poder. El estatus de privilegio de los profesionales presenta tres aspectos que sirven muy bien para ilustrar la manera en que se ejerce el poder, y lo que, por oposición, entendemos por carencia de poder. En primer lugar observamos su carácter expansivo y progresivo que permite que los profesionales puedan desarrollar sus capacidades y sus niveles de reconocimiento, a diferencia de los no profesionales. En segundo lugar la autonomía que ellos consiguen al realizar su trabajo diario, y que les da un grado de autoridad sobre otras personas a las que ellos pueden supervisar. En tercer lugar los beneficios del poder de los profesionales se extienden más allá del trabajo y es una fuente que les genera respeto y autoridad sobre los demás, que no son profesionales.
Por su parte he aquí algunas injusticias asociadas a la carencia de poder, y que caracterizan a las personas que se encuentran en esta situación: experimentan inhibición en el desarrollo de sus capacidades, falta de poder en la toma de decisiones en la vida laboral, y exposición a un trato no respetuoso por otras personas a causa del estatus. Estas injusticias tienen consecuencias distributivas.
d) Imperialismo cultural.- Las tres primeras categorías que se han examinado antes, a saber la explotación, la marginación y la carencia de poder, se refieren a relaciones de poder y opresión que tienen lugar en virtud de la división del trabajo. Estas tres categorías se refieren a las relaciones estructurales e institucionales que delimitan la vida material de las personas incluyendo en eso los recursos y las oportunidades concretas para desarrollar y ejercer sus capacidades. Frente a ellas existe una forma de opresión bastante diferente que se conoce como “imperialismo cultural”. Este tipo de opresión consiste en experimentar cómo los rasgos dominantes de la sociedad hacen invisible la perspectiva particular de un grupo, a la vez que lo estereotipan y lo señalan como diferente, como “el otro”.
El imperialismo cultural universaliza la experiencia y la cultura del grupo dominante y lo impone como norma. Los productos culturales dominantes son expresión de la experiencia, valores, objetivos y logros de dichos grupos. El grupo dominante somete a los otros grupos a sus normas dominantes. Todo aquello que no se adecue y someta a los criterios de la norma dominante, es decir toda diferencia, es por fuerza interpretada como desviación e inferioridad. Las expresiones culturales del grupo dominante se transforman así en las expresiones normales y universales. Debido a ello el grupo dominante construye las diferencias que exhiben algunos otros grupos entendiéndolas como carencia y negación. Por eso estos grupos son señalados como los “otros”.
Los grupos dominados culturalmente experimentan una opresión paradójica y contradictoria ya que por un lado son señalados como seres extraños, desviados y estereotipados, y por otro lado se vuelven invisibles.
Así mismo se encuentran definidos desde fuera por grupos de personas que no se identifican con ellos. Esto genera una doble conciencia de los grupos oprimidos ya que por un lado se ven a través de los ojos de otras personas que los miran con desprecio y lastima, por ser supuestamente diferentes e inferiores, mientras que por otro lado se resisten a verse a sí mismos con estas visiones devaluadas, objetivadas y estereotipadas de sí mismos. Esta dualidad se expresa en el hecho que mientras por un lado ellos desean y buscan el reconocimiento de los otros como seres humanos capaces de actuar y llenos de deseos y posibilidades, por otro lado sólo reciben de la cultura dominante la declaración de que están marcados, y que son diferentes e inferiores.
Los grupos definidos como desviados son culturalmente diferentes al grupo dominante y por ello suelen ser socialmente segregados. En contrapartida los miembros de tales grupos oprimidos expresan unos a otros sus experiencias e interpretaciones de grupo, desarrollando y perpetuando así su propia cultura. De esta manera las personas de los grupos culturalmente imperializados suelen mantener a menudo un sentido de subjetividad positiva.
El grupo dominante sostiene que su perspectiva y experiencia es universal o neutra, pero en el ámbito político funcionan así y se valen de ello para poder excluir a las personas consideradas diferentes. La desvalorización de los cuerpos de algunos grupos condicionan también las interacciones cotidianas entre grupos.
e) Violencia.- Muchos grupos sufren la opresión de una violencia sistemática ya que deben temer los ataques no provocados sobre su persona o propiedad que se realizan con el solo propósito de dañar, humillar o destrozar a la persona. Viven bajo la amenaza permanente de violencia. En esta categoría de la violencia se incluyen también incidentes menos graves de acoso, intimidación o ridículo provocados simplemente con el propósito de degradar, humillar o estigmatizar a los miembros de un grupo.
Lo que hace de la violencia un fenómeno de justicia social es su carácter sistemático, su existencia en tanto práctica social.
La opresión de la violencia afecta a grupos que están predispuestos a ser víctimas de la violación por el mero hecho de su identidad de grupo. Esta amenaza priva a la persona oprimida de libertad y dignidad.
La violencia de grupo se hace legítima en la medida que es tolerada. En el horizonte del imaginario social se la de una posibilidad permanente. Los que realizan actos de violencia o acoso dirigidos a estos grupos oprimidos a menudo no reciben ningún castigo o bien reciben sólo castigos leves.
La violencia de grupo es irracional y por eso se distingue de la violencia de Estado o represión. Una de las razones de esta violencia es el deseo de mantener los privilegios o el poder de un grupo con el objeto de mantener subordinados a los grupos oprimidos.
La violencia está motivada por el odio o el temor hacia los grupos considerados diferentes. Esto implica en parte la existencia de inseguridades de parte de los que ejercen la violencia. El temor y el odio hacia algunos grupos se relaciona con el temor de la pérdida de identidad. El imperialismo cultural se cruza así con la violencia.
La diferencia cultural podría poner en cuestión o en duda la pretensión de universalidad de la cultura dominante. Por eso las pretensiones culturales dominantes también pueden ser una fuente de violencia irracional.
En la medida en que las instituciones y las prácticas sociales alientan, toleran o permiten que se lleve a cabo la violencia contra miembros de grupos determinados, dichas instituciones prácticas son injustas y deberían reformarse.
Las categorías de la opresión como criterios de análisis.-

Las 5 categorías de la opresión que se acaban de analizar, como explotación, marginación, carencia de poder, imperialismo cultural y violencia, muestran que la reducción marxista de todas las opresiones a la opresión de clase omite muchas cosas acerca de la opresión que es específica para varios grupos oprimidos tales como los grupos de personas negras y mujeres.


Esta misma limitación reduccionista se daría en el caso que quisiéramos analizar a profundidad la opresión de cada grupo oprimido en particular. En lugar de ello Iris Marion Young ha preferido usar las 5 caras de la opresión como criterios independientes para determinar si efectivamente los diferentes individuos y grupos sociales están o no oprimidos, más que como una teoría completa sobre la opresión. Estos criterios pueden servir también como un medio para evaluar si un grupo está oprimido o en qué medida lo está.
La presencia de cualquiera de estas cinco condiciones es suficiente para saber si un grupo está oprimido, pero distintos tipos de opresión de grupo muestran diferentes combinaciones de estas formas, así como lo hacen individuos distintos.
Todos los grupos que están oprimidos soportan el imperialismo cultural, sin embargo las otras opresiones pueden variar en sus combinaciones dependiendo de los diferentes grupos a que pertenecen. Es posible comparar los diferentes tipos de opresión. Se puede comparar así los diversos modos en que se presenta una forma particular de opresión en distintos grupos. Se pueden comparar también las combinaciones de tipos de opresión que experimentan los grupos, o la intensidad de dichos tipos de opresión.
Aunque es posible hacer una teoría social general, toda explicación causal debe ser siempre particular e histórica. Las explicaciones sobre las razones por las cuales cada grupo está oprimido deben rastrearse en la historia así como en las estructuras actuales de relaciones sociales particulares. Dichas explicaciones históricas y estructurales revelarán conexiones causales entre las distintas formas de opresión que experimenta un determinado grupo.

En términos generales, la mejor forma de corregir el imperialismo cultural, que suele afectar a la mayoría si no a todos los grupos sociales oprimidos, es prestar atención y afirmar las diferencias de los grupos sociales en el ámbito político.


Discriminación, prejuicios, opresión y discapacidad

En este rápido recuento acabamos de ver distintos aportes teóricos acerca del concepto de discapacidad como una forma de opresión social. Es a partir de esta interpretación de la discapacidad como opresión que se sientan las bases del modelo social de la discapacidad y se comienzan también a presentar sus principales desarrollos.


Como hemos hecho notar anteriormente la comprensión de la discapacidad como opresión social fue planteado antes que nadie por UPIAS en 1976, y posteriormente ha sido Vic Finkelstein quien la ha desarrollado en “Attitudes and Disabled People: Issues for Discussion”250. Por su parte Colin Barnes en su estudio sobre la “Discriminación en Gran Bretaña”, ha sentado las bases teóricas de la interpretación de la discapacidad como discriminación social. Iris Marion Young da una mirada final más completa.
La opresión y los sentimientos de culpa.-

Uno de los extremos a los que llega la opresión por razones de discapacidad es el de proyectar un desprecio o desvalorización tal hacia las personas con discapacidad, que les llega a generar un sentimiento de vergüenza y culpa a los afectados.


El sometimiento o la dominación que de esta manera unas personas hacen de otras, encuentra su máxima expresión en la experiencia de la culpa. Merry Cross, una activista británica, al reflexionar sobre el abuso a que son sometidas las mujeres con discapacidad dice algo que tiene una validez universal para todas las personas con discapacidad en general:
En cierto sentido se trata de algo asombrosamente sencillo: Vivimos en un mundo cuyo buen funcionamiento depende de la marginación de todos aquellos que no tienen dispuesto su propio espacio de vida, de trabajo y de ocio. Pero no sólo estamos marginados sino también oprimidos; y el efecto de la opresión y del abuso es básicamente el mismo: hacer que las víctimas se consideren culpables y piensen que son malas251”.

Al proyectar el sentimiento de culpa al oprimido, el opresor se siente liberado de toda responsabilidad, y de esta manera llega a asumir la opinión o la creencia de que sus actos de sometimiento y opresión son buenos y hasta justificados. El problema es que esta opinión suele generalizarse y convertirse en moneda corriente en la cultura dominante de las personas sin discapacidad.


En esta cultura dominante se piensa que las personas con discapacidades severas, es decir aquellas que viven recluidas en instituciones especiales, son “muertos sociales”, como afirmaban Miller y Gwynne252. Estos “expertos” opinaban que la función de los sicólogos sociales y demás profesionales expertos era facilitar a las personas con discapacidad severa la transición y aceptación de su inevitable destino en su camino hacia la muerte física, la cual en muchos casos no sólo era esperada con gran expectativa, como si fuera una liberación, sino que algunos llegan a pensar que debería ser apurada en señal de sensibilidad o humanismo.
Mike Oliver, en su artículo “Una sociología de la discapacidad o una sociología discapacidista253”, al hablar de la teoría social de la discapacidad en oposición a la teoría de la tragedia personal cita un trabajo suyo, publicado en el primer número de la Revista británica “Disability, Handicap and Society” de 1986254 en el que afirma lo siguiente:
“… al igual que otras teorías de asignación de la culpa a la victima (Ryan, 1980255) la teoría de la tragedia personal ha servido para individualizar los problemas de la discapacidad, y con ello dejar intactas las estructuras sociales y económicas… confiemos en que la teoría de la tragedia personal… desaparezca pronto también, y sea sustituida por una teoría de la opresión social mucho más adecuada”

La cita de Gerben de Jong al comienzo de su artículo sobre el cambio de paradigmas de los conceptos de discapacidad y rehabilitación, también se refiere a este tema.


Para explicar la importancia y el significado del Movimiento de Vida Independiente, así como el cambio de paradigmas que ello implica, de Jong hace una cita fundamental, que toma del sociólogo Ralph H. Turner (1969), quien dice que:

Un movimiento social significativo se hace posible cuando revisa la manera en que un grupo substancial de personas, al observar algún tipo de infortunio, ya no lo ve más como un infortunio que necesita de una consideración caritativa, sino como una injusticia que resulta intolerable para la vida en sociedad256


Esta cita es de particular importancia porque contiene la semilla de una serie de distinciones y argumentos que desarrollarán luego Mike Oliver y otros estudiosos de la discapacidad, desde una perspectiva social o de derechos.
Esta cita explica la distinción que hay entre una teoría de la discapacidad como tragedia personal y una teoría de la discapacidad como opresión. También explica el paso del modelo médico o modelo individual de la discapacidad al modelo social.

Esta reflexión nos hacer ver también que la tragedia de las personas con discapacidad ya no se ubica más en las deficiencias de las personas sino en la discriminación u opresión social que ellas experimentan. No se trata de una tragedia personal. Es una tragedia social, una injusticia que se experimenta como opresión. Como Charlton decía, la extrema opresión que experimentan las personas con discapacidad “es una tragedia de los derechos humanos, de proporciones épicas”.


4) La discapacidad como pobreza y exclusión social
La pobreza no se refiere solo a índices de ingreso sino también a la exclusión social y a la carencia de poder. Simon Maxwell (1998) escribe que las personas se hacen pobres porque son excluidas de las instituciones sociales en las cuales el acceso a ellas se basa en cuestiones relacionadas con el estatus, los privilegios, la raza y el género. La exclusión conduce así a la carencia de recursos, bajas expectativas, pobre salud y pobre educación. Por estas razones buscamos a aquellas personas con discapacidad que experimentan pobreza crónica en términos de ingreso, así como en términos de una amplia exclusión social”257.

Rebecca Yeo, “Chronic Poverty and Disability”. Pág. 9.


Todos debemos ser concientes que ninguna sociedad podrá disfrutar un pleno desarrollo sin una apropiada consideración de todos sus miembros, y que no habrá un futuro aceptable para ninguna sociedad en la cual algunos de sus integrantes estén excluidos y privados de sus derechos y dignidad258.

Mary Robinson – Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Prefacio a “¿Están incluidas las personas con discapacidad?”. 1998.


Diversas contribuciones para centrar el tema

En el presente capítulo vamos a analizar lo que significa la discapacidad en términos de pobreza y exclusión social. Para entender mejor la exclusión social nos vamos a referir al estudio “Discapacidad y exclusión social en la UE - tiempo de cambio, herramientas para el cambio”, así como a otros estudios como el de “Inclusión social como solidaridad” de Michael Bach, y al Informe del “Equipo de Trabajo sobre Derechos de discapacidad” de Gran Bretaña sobre los “Derechos Civiles de las personas con discapacidad”, “From Exclusion to Inclusion - A Report of the Disability Rights Task Force on Civil Rights for Disabled People”. Veremos lo que opinan Jenny Morris, Rebecca Yeo, Christoph Badelt y otros.


Veremos finalmente con Amartya Sen de qué manera la “pobreza”, pensada desde un “enfoque de capacidades”, y no como la mera escasez de recursos, encuentra uno de sus modelos ejemplares en la situación que afecta a las personas con discapacidad, y comprenderemos porqué Sen o la DFID afirman que si los filósofos y economistas no consideran en su justa medida la dimensión de la discapacidad no habrá éxito en la lucha contra la pobreza, ni se podrá alcanzar el desarrollo.
Pensamos que la pobreza y la exclusión social son otras dos importantes categorías o concepciones de la vida en sociedad que, añadidas a las que acabamos de ver (prejuicio, discriminación y opresión), nos ayudarán a entender mejor lo que es la discapacidad. Y veremos la manera en que la pobreza y la exclusión social mostrarán sus límites más extremos en la discapacidad entendida como fenómeno social.
Veremos cómo la pobreza, que con mucha frecuencia suele acompañar a la mayoría de personas con discapacidad, es un resultado de la exclusión social a la cual se llega, entre otras razones, por una amalgama de factores y situaciones que combinan altas dosis de prejuicio, discriminación y opresión, tal como hemos visto hace unos momentos.
Desde los años 80 las Naciones Unidas señalaron con especial claridad, en el Programa de Acción Mundial para Impedidos259 la relación de efecto recíproco que ejercen entre sí la pobreza y la discapacidad, y la manera en que el efecto combinado de ambas situaciones genera exclusión y afecta el proceso de desarrollo. Los parágrafos 41 y 42 del Programa de Acción Mundial (1982) dicen así:
41. La relación entre discapacidad y pobreza ha quedado claramente demostrada. Si bien el riesgo de deficiencia es mucho mayor entre los pobres, también se da la relación recíproca. El nacimiento de un niño con deficiencia o el hecho de que a una persona de la familia le sobrevenga alguna discapacidad suele imponer una pesada carga a los limitados recursos de la familia y afecta a su moral, sumiéndola aún más en la pobreza. El efecto combinado de estos factores hace que la proporción de las personas con discapacidad sea más alta en los estratos más pobres de la sociedad. Por esta razón, el número de familias pobres afectadas aumenta continuamente en términos absolutos. Los efectos negativos de estas tendencias obstaculizan seriamente el proceso de desarrollo.
42. Con los conocimientos teóricos y prácticos existentes sería posible evitar que se produjesen muchas deficiencias y discapacidades, así corno (sería posible) ayudar a las personas con discapacidad a superar o mitigar sus circunstancias y poner a los países en condiciones de derribar las barreras que excluyen a aquellos de la vida cotidiana.”.

En años más recientes (2000) la agencia británica de cooperación para el desarrollo DIFD260 en su publicación titulada “Disability, Poverty and Development”, llevó un poco más allá estos conceptos llegando a afirmar lo siguiente:


La discapacidad es a la vez causa y consecuencia de la pobreza.
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groups -> Resumen hecho por Edgar Caraballo Villalba- fecha: 18/12/2015 Prensa: El Nacional//El Universal//El Carabobeño//Notitarde TalCual//El Diario de Caracas//Informe21//
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