Fidel Castro y la prensa escrita: legado y contemporaneidad. La prensa escrita como instrumento de divulgación ético-humanista y socio-política del pensamiento progresista cubano



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Fidel Castro y la prensa escrita: legado y contemporaneidad.
La prensa escrita como instrumento de divulgación ético-humanista y socio-política del pensamiento progresista cubano.
El pensamiento ético-humanista de Fidel Castro como expresión de continuidad y ruptura con una tradición del pensamiento progresista cubano desde la colonia a la república neocolonial

Autor: Dr C Raúl Quintana Suárez. Profesor Consultante.


Departamento de Humanidades. Facultad de formación de profesores de enseñanza media superior. Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”. Ciudad Escolar Libertad. La Habana, Cuba.


NDICE:

Páginas: INTRODUCCIÓN................................................................................ 4--5.

PRIMERA PARTE:

La prensa escrita como instrumento de divulgación del pensamiento progresista cubano durante la colonia (1790-1898)…………………………………… 6--35.

1,1.-Empeños iniciales en la formación de nuestra identidad nacional (1790-1868)…………………………………………………………………………… 6--10.

1,2.- Félix Varela y “El Habanero”: promotor del independentismo… 10--19.

1,3.- El pensamiento progresista cubano y la prensa revolucionaria durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878)…………………………………… 19--27.

1,4.- José Martí y la utilización de la prensa escrita como instrumento de divulgación de sus ideas revolucionarias……………………………… 28--32

Referencias bibliográficas (Primera parte)……………………………… 33--35

SEGUNDA PARTE:

2.- La primera ocupación norteamericana (1899-1901) como antesala de la República Neocolonial. (1902-1952). Hasta el golpe de estado del 10 de marzo de 1952……………………………………………………………………………… 36--58.

2,1.- Desde el inicio de la primera ocupación norteamericana hasta comienzos del gobiernos de Alfredo Zayas. Etapa de 1899 A 1920…………………… 35--41

2,2.- Desde el gobierno de Zayas hasta la promulgación de la Constitución. Etapa de 1920 A 1940…………………………………………………………………… 41--49

2,3.- Etapa de 1940 a 1952. Desde la promulgación de la Constitución de 1940 hasta el golpe de estado del 10 de marzo de 1952……………………… 49-- 55

Referencias bibliográficas (Segunda parte)………………………………….55--57
TERCERA PARTE:

3.- Fidel Castro: la prensa escrita como instrumento de divulgación de su ideario en la Cuba prerrevolucionaria (Octubre de 1947 al 1ro de enero de 1959)……………………………………………………………………………… 59--119

3,1.- Surge un líder. Etapa que comprende de octubre de 1947 al 10 de marzo de 1952…………………………………………………………………………………… 61--70

3,2.- Fidel y la prensa escrita como trinchera de combate (Etapa del 10 de marzo de 1952 a vísperas del 26 de julio de 1953…………………………………… .70--79.

3,3.- Del Moncada al exilio. Etapa del 26 de julio de 1953 hasta el 7 de julio de 1955…………………………………………………………………………………… 79--81

3,4.- Epistolario desde la prisión………………………………………………… 81--92

3.5.- Del inicio del exilio hasta la salida del Granma del puerto de Tuxpan. Etapa del 7 de julio de 1955 al 2 de diciembre 1956……………………………………92--107

3,6.- Del desembarco del Granma y la lucha en las montañas hasta el triunfo de la Revolución Cubana. Etapa del 2 de diciembre de 1956 al primero de enero de 1959……………………………………………………………………………… 107--115

Referencias bibliográficas (Tercera parte)…………………………………. 116-119

Bibliografía………………………………………………………………………… 120--122

Anexo………………………………………………………………………………. 123--127


INTRODUCCIÓN:
El pensamiento progresista cubano que se gesta en el decursar lento pero necesario de las tres primeras centurias, alcanza en el siglo XIX un notable auge en su proceso de conformación, conducente a la asunción de nuestra identidad cultural y nacional. El mismo, portador de un fecundo contenido político, económico, filosófico, ético, educativo e ideo-cultural, trasciende por su significación, con nuevas peculiaridades, al siglo XX e incluso a inicios del XXI.
La prensa escrita en Cuba se desarrolla en singular paralelismo con el devenir del mismo, signados ambos por coyunturas propiciatorias de avances y retrocesos; contradicciones, crisis y soluciones; paradigmas y alternativas, tendencias y matices ideológicos, durante la colonia, la república neocolonial y la etapa de transformaciones revolucionarias iniciada con el triunfo de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959.
Este ensayo-investigativo no se propone como principal objetivo abordar las historias del pensamiento progresista cubano o de la prensa escrita en nuestra patria, tratados con más o menos rigor por prestigiosos autores, en diversas épocas históricas, aunque en ellos encuentre su necesario sustento, sino intentar una aproximación sistematizadora, contextualizada y valorativa, acerca del papel desempeñado por esta como instrumento por excelencia en la divulgación de este pensamiento, marcadamente fundacional. Legado pródigo en virtudes ciudadanas, éticas y patrióticas, sintetizadas en el ideario martiano, nuestras tradiciones marxistas-leninistas, y en la contemporaneidad, en el pensamiento de Fidel Castro. Pilares sobre los que se erige la Ideología de la Revolución Cubana que se expresa, utilizando el bello símil martiano, como raíz y ala. Raíz como preservación y sustento y ala por su imprescindible remontar a su mayor perfeccionamiento y hondura.
De la importancia que personalidades cubanas de gran significación han otorgado al papel de la prensa escrita en la divulgación de sus ideas, tomemos de ejemplo lo expresado por el Generalísimo Máximo Gómez al periodista revolucionario Enrique Trujillo, en carta fechada en 1894 de que…“... sin la prensa nada podemos hacer” (1).
El propio José Martí, quien ejerció el periodismo con singular prodigalidad, como una importante actividad en su multifacético quehacer revolucionario, nos legó las siguientes valoraciones acerca del papel de la prensa, dada su finalidad de...“…decir lo que a todos conviene y no dejar nada que a alguien pueda convenir. Que todos encuentren en el diario lo que pueden necesitar saber. Y decirlo con un lenguaje especial para cada especie, escribiendo en todos los géneros, menos en el fastidioso de Babeauf, desdeñando lo inútil y atendiendo siempre lo útil elegantemente……El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, la fusta en la mano y la espuela en el tacón…….Debe desobedecer los apetitos del bien personal, atender imparcialmente al bien público. Debe ser coqueta para seducir, catedrático para explicar, filósofo para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrero para combatir. Debe ser útil, sano, elegante, oportuno, valiente. En cada artículo debe verse la mano enguantada que lo escribe y los labios sin mancha que lo dictan. No hay cetro mejor que un buen periódico” (2).
El pensamiento progresista cubano, que inicia su formación a fines del siglo XVIII, favorecido por muy peculiares condiciones, y que alcanza en José Martí, su más alta cumbre, llega hasta nosotros, en sus posibilidades infinitas de desarrollo, en el ideario de Fidel Castro, feliz conjunción de múltiples legados, perneados todos de un significativo humanismo ético.
La historia de nuestra patria es una sucesión de disímiles batallas de ideas, con escenario en diversos contextos, sin perder su esencia motivadora de justicia y patriotismo. Y la prensa escrita constituye, sino el único, sin duda su principal instrumento revolucionario de su divulgación entre el pueblo, verdadero sujeto de toda transformación.
El contenido ético-humanista del pensamiento de Fidel Castro, principal forjador de la Revolución Cubana, expresión de continuidad y ruptura con el ideario progresista anterior y de notable inspiración martiana, se nos muestra en sus múltiples escritos, entrevistas, mensajes y declaraciones publicados en la prensa escrita durante seis décadas de bregar revolucionario y que alcanza en sus actuales Reflexiones, un alto grado de madurez. Feliz conjunción de legado y contemporaneidad.

PRIMERA PARTE.
1.- La prensa escrita como instrumento de divulgación del pensamiento progresista durante la colonia (1790-1898).
La etapa colonial, en su última centuria, propicia el surgimiento del pensamiento progresista cubano, paralelamente a la conformación de nuestra identidad cultural y nacional, en un contexto histórico singularmente complejo. Desbrozado en sus inicios por José Agustín Caballero (1762-1835), en arduo bregar contra el escolasticismo imperante, portador de un renovado quehacer filosófico y de audaz empeño por el fomento de una educación científica, hasta alcanzar en José Martí (1853-1895), ya en las postrimerías del siglo XIX, su más alta cumbre. Si al primero le sirvió de palestra pública para la exposición de sus ideas, el “Papel Periódico de la Havana”; en el Apóstol, su pensamiento previsor, recogido en artículos y crónicas de prosa elegante, análisis agudos e inflamado patriotismo, publicados en disímiles medios de prensa, nos permiten configurar su trayectoria revolucionaria y la maduración gradual de su pensamiento, que se continúan en 1892 con la fundación de “Patria”, vocero ideológico de la “Guerra Necesaria”.
Diversos factores favorecen las peculiaridades epocales de la etapa, como el surgimiento de procesos políticos de gran conmoción social. Valga mencionar la independencia de las antiguas trece colonias inglesas (1776-1783); la Revolución Burguesa en Francia (1789.1794), la Revolución de Haití(1795.1804) y los procesos independentistas en América Latina, en el primer tercio de la centuria.
En el campo de las ideas, estrechamente vinculado a estos hechos históricos, se destaca el nacimiento de la Modernidad, emblematizada por personalidades representativas de la Ilustración Inglesa y Francesa de los siglos XVII y XVIII respectivamente, del contenido democrático y progresista de los documentos programáticos inherentes a las mismas y el ideario de los principales próceres de la independencia americana, con especial relieve del pensamiento visionario de Simón Bolívar. Sin omitir la influencia en Cuba de las ideas promovidas por la Filosofía Clásica Alemana, en especial de sus principales representantes Emmanuel Kant y Federico Guillermo Hegel; las teorías económicas de los ingleses Adan Smith y David Ricardo y las prédicas del socialismo utópicos o Socialismo Crítico de Saint Simon, Charles Fourier y Roberto Owen, hasta arribar a mediados del siglo XIX, a la influencia de los gigantes del pensamiento, Kart Marx y Federico Engels.
Todas ellas arribaron a nuestro país con relativo atraso, ejerciendo una mayor o menor influencia, dadas las peculiaridades de nuestro desarrollo histórico y las condiciones extremas de opresión, conservadurismo y retraso económico del sistema colonial impuesto a Cuba.
No menos importante en su papel propiciador en la construcción de nuestra identidad cultural y nacional y del propio pensamiento progresista cubano lo constituyó el impetuoso desarrollo de la industria azucarera y cafetalera, insertadas a partir de la devastación de la economía haitiana y el incremento consiguiente de la trata y explotación del trabajo esclavos, que favorecieron el nacimiento de una rica burguesía-esclavista criolla, integrada por los ricos hacendados y hacedora de su propia intelectualidad, siempre en busca de un espacio de decisión política y protagonismo económico, embridada por su temor a las consecuencias de una sublevación de esclavos y al amor desmesurado por sus riquezas y privilegios.
La gradual y relativamente lenta formación del pensamiento progresista cubano se matiza por la convivencia de diversas tendencias políticas, de inevitable basamento económico y clasista y desigual protagonismo, acorde a las coyunturas epocales, materializadas en el reformismo, anexionismo, independentismo y autonomismo, los que contaron siempre con partidarios de determinada relevancia.
1,1.- Empeños iniciales en la formación de nuestra identidad nacional (1790-1868).

La imprenta introducida en Cuba en tan fecha tan tardía como 1724, tuvo escasa utilidad práctica durante décadas por el temor de las autoridades coloniales a la divulgación de ideas de las que era portadora una pujante burguesía europea, crítica implacable de las rémoras feudales, portadora de un racionalismo cuestionador, de un humanismo ético desacralizador y antidogmático, así como de concepciones y tradiciones de larga data (3).


Respecto a la prensa escrita en Cuba se conoce de publicaciones oficiales de limitada circulación, dedicadas por entero a la publicación de avisos de entrada y salida de buques del puerto habanero como el “Diario de Avisos de Madrid” (1764) y la “Gazeta de la Havana” (1782).
Favorecido por el Despotismo Ilustrado aplicado por los ministros liberales de Carlos III y el apoyo del gobierno progresista en Cuba de Don Luís de Las Casas (1790-1796), ve la luz publica en nuestro país, el 24 de octubre de 1790, el denominado “Papel Periódico de la Havana”, considerada la primera publicación periódica propiamente literaria en la entonces colonia. Su publicación estuvo a cargo, a partir de 1793, de la Sociedad Económica de Amigos del País (1773).
En informe rendido por José Agustín Caballero a la misma, acerca de la citada publicación, éste expuso como…“….nuestro periódico ha promovido la aplicación de las Letras, Ciencias y Artes, ha corregido esos defectos que lastimosamente notábamos en nuestros profesores y me atrevo a asegurar que se pondrá a esta ciudad en el grado de ilustración que admiramos a la Europa, después que la Serenísima República de Venecia, inventó en el siglo XVIII, el útil uso de los papeles públicos” (4).
Entre sus prestigiosos colaboradores se contaban el propio Caballero, con habituales escritos como “Discurso sobre la Física”, publicado en la edición del primero de septiembre de 1793; el Dr. Tomás Romay (1769-1849), con su artículo científico, publicado en la misma edición, en el que hace una crítica de la medicina tal como se practicaba y enseñaba entonces en Cuba y en el que desarrolla una concepción iluminista de la misma, así como el notable economista Francisco de Arango y Parreño (1765-1837), gran promotor, como ideológico de los ricos hacendados criollos, de la concesión de inteligentes reformas económicas en las esferas productiva y comercial.
Para José Agustín Caballero por... “…cerca de veinte siglos no fue la física, (mas) que un ridículo laberinto de sistemas apoyados unos sobre otros y por lo común opuestos entre sí….”…dado que…“…..cada filósofo se creía en la obligación de formar uno nuevo y esta multiplicidad de errores redundaba en el descrédito de las opiniones filosóficas”. Al valorar la enseñanza de la misma en su época valora como….“…. se añadirá a esto que los profesores de esta ciencia ponían particular cuidado en producirse con expresiones enigmáticas, que sólo ofrecía ideas confusas, inteligibles únicamente a los que querían convencerse, no por razón, sino por capricho” (5). Escritos en los que se reflejan los avances logrados en el pensamiento antiescolástico y científico-educativo en nuestros más notables pensadores.
Por su parte el Dr. Tomás Romay aboga por una medicina de fundamentos realmente científicos, pues para éste, todos aquellos que…“…apenas perciben la voz del grande Bacon, abandonan el peripato, y todas sus cuestiones nominales, huyen de Galeno, detestan a Avicena, abominan a Averroes…”…pues…“….el hombre es el grande objeto de sus meditaciones, el cadáver del hombre el inmenso libro que con voces inefables, pero demasiado enérgica, les manifiesta en cada página que rasga la diestra del anatómico el origen, los progresos y efectos de las enfermedades” (6).
El “Papel Periódico de la Havana” se publicó con este título hasta 1805, adoptando posteriormente otros diferentes, acorde a las problemáticas de la época y los cambios políticos acontecidos en la metrópoli. Estos flujos y reflujos de la política peninsular, entre un liberalismo apocado y ocasional y un absolutismo con ínfulas de ilustrado se refleja en los títulos de los periódicos que ven la luz en los primeros lustros del siglo XIX y particularmente en el contenido, expresión de las ideas imperantes.
En los períodos de 1811 a 1815 y posteriormente de 1820 a 1823, coincidentes con la apertura a las Cortes y la promulgación de constituciones liberales, aparecen en nuestro país, numerosos periódicos como “El patriota americano”, “Diario Cívico”, “Correo de las Damas”, “El Esquife” y “El Hablador”, entre otros, que nos muestran las ideas reformistas, progresistas para la época, de los ricos hacendados criollos, en sus exigencias de mayor espacio de participación política y liberación de las trabas económicas para el comercio. Otros con tendencia más conservadora como “El Centinela”, promocionan las ideas de Arango y Parreño, e incluso aquellas de más rancio conservadurismo y fuerte influencia clerical, como “La Cena”, “El Censor Universal” y “Tertulia de las Damas”, defensores a ultranza de las medidas adoptadas por las autoridades coloniales, incluso las más impopulares.
Aún en las publicaciones más liberales del período, bien distantes, bien distantes de toda aspiración independentista, imperan la defensa de la trata, la libertad de comercio, una política tributaria más racional, la igualdad jurídica para la población blanca criolla, la representación en las Cortes e incluso, en algunos casos, propuestas de división de poderes en el gobierno colonial, con evidente influencia de Montesquieu. Los fallidos intentos independentistas de Román de la Luz, Luís Francisco Bassave, José Joaquín Infante y Manuel Ramírez, en 1811, en su mayoría pertenecientes a la clase pudiente, así como la de José Antonio Aponte, de origen más humilde, y quizás por ello más cruelmente reprimida en 1812. resultaron hechos excepcionales. (7).
Lo que reitera las escasas posibilidades de que arraiguen entre los ricos hacendados criollos, en ese primer tercio del siglo XIX, las ideas independentistas, entonces en pleno auge en América Latina, dado su perenne temor a la sublevación de negros esclavos y libertos, la afectación a sus intereses económicos y sus limitaciones clasistas, incapaces de un protagonismo más allá de la preservación de los privilegios conquistados, lo que no excluye la significativa influencia que el Iluminismo europeo ejerciera en sus ideas, en las primeras décadas del siglo XIX.
Como bien valorase Don Fernando Ortiz en su escrito “La Hija Cubana del Iluminismo”:

“Los caminos de la Revolución Francesa y de la reforma cubana eran distintos. Allá se hacía revolución desde abajo, aquí desde arriba, pero una y otra eran iluminadas por los mismos fulgores. Los de la Ilustración, los de la Enciclopedia, los de aquel siglo XVIII que fue bien llamado el Siglo de las Luces” (8).


1,2.- Félix Varela y “El Habanero”: promotor del independentismo.
El 18 de abril aparece publicada en el “Diario del Gobierno Constitucional de La Habana” la carta de despedida a sus conciudadanos del sacerdote Félix Varela y Morales 1787-1853) en vísperas de su viaje como diputado a Cortes (1822-1823). Poco menos de dos años después arribará a los Estados Unidos a iniciar su largo exilio de 30 años.
Su profundo amor por la patria lejana lo lleva, ya próxima la hora de su muerte, a viajar a San Agustín, en la Florida, para permanecer sus últimos días lo más cercano posible a su amada Cuba.
Hombre de profundas convicciones religiosas y éticas, teólogo, profesor del Seminario de San Carlos y San Ambrosio, hombre de avanzadas ideas liberales y patrióticas, constituyó, en palabras de José de la Luz y Caballero, el primero que nos enseñó en pensar y proclamase la necesidad para Cuba de obtener su independencia de España, al ver agotadas las posibilidades de sus anteriores concepciones reformistas.
Aún sin cumplirse el primer año de su arribo al exilio, se publican los dos primeros números de “El Habanero” (1824), periódico fundado por él, acertadamente denominado por Emilio Roig de Leuchsenring…“…la primera manifestación revolucionaria de carácter periodístico entre nosotros” (9). En 1825 aparecen sus números (3 y 4) y en 1826, sus dos últimas ediciones en cuyas páginas expone Varela su ideario independentista ya que…..“…lo que más debe desearse, sea cual fuese su situación, es que los hombres de provecho, los verdaderos patriotas se persuadan de que ahora más que nunca estamos en estrecha obligación de ser útiles a la patria” (10).
En su artículo “Consideraciones sobre el estado actual de la Isla de Cuba”, éste argumenta como…“… es preciso no equivocarse. En la Isla de Cuba no hay amor a España, ni a Colombia, ni a México, ni a nadie más que a las cajas de azúcar y a los sacos de café” (11). En su número 6, en 1825, bajo el título de “Reflexiones sobre los motivos que suelen abogarse para no entender un cambio político en la Isla de Cuba”, el sacerdote patriota valora como…“…contribuyen con sus luces unos, otros con su influjo y otros con su dinero a salvar a la patria y con ella a los intereses individuales, y este corto sacrificio removerá ese grande obstáculo que tanto se pondera. Repítese de mil modos que es imposible efectuar la independencia sin auxilio extranjero, y yo pregunto: ¿qué se ha hecho para conseguirla? ¿sobre que prueba descansa la aserción de su imposibilidad?” (12).
En esta época se expresan los recelos del Padre Varela por la intervención en Cuba, en apoyo de su independencia, de países como Venezuela, Colombia y México, cuyos gobiernos se mostraban entonces preocupados por los planes de la monarquía española, con apoyo de la reaccionaria Santa Alianza europea, para la reconquista de sus antiguas colonias americanas, utilizando a Cuba como base para las operaciones militares. Proyecto en definitiva abandonado a partir de los fallidos resultados del Congreso Anfictiónico patrocinado por Bolívar y efectuado en Panamá, en 1826, con la abierta oposición de Estados Unidos, temeroso de la presencia europea en el continente, que ponía en peligro sus crecientes afanes expansionistas.
Con la colaboración de su amigo José Antonio Saco, que aparentemente le convence de atemperar el tono beligerante de “El Habanero”, que atemorizaba a los ricos hacendados criollos, Varela publica un nuevo diario titulado “El Mensajero Semanal”, de un contenido más literario que político, sin renunciar a su carácter independentista, con la colaboración del prestigioso intelectual Domingo del Monte.
La activa colaboración periodística de José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y Domingo del Monte.
Durante las décadas del 30, 40 y 50 del siglo XIX van a descollar entre las figuras más representativas del reformismo: José A. Saco (1797-1879), José de la Luz y Caballero (1800-1862) y Domingo del Monte (1809-1853).
José A. Saco se destacó por su tenaz enfrentamiento a las tendencias anexionistas tan en boga en las décadas del 40 y 50 de de este siglo, su apego a los valores de la cubana y su oposición a la esclavitud. Éste fundó en 1831 la “Revista Bimestre Cubana” de gran prestigio en la época y escribió importantes obras y artículos donde expuso sus ideas, no obstante su incomprensión de los afanes independentistas (13).
Participó con Varela en “El Mensajero Semanal”, editado en el exilio y que se publicase desde el 18 de octubre de 1828 al 29 de enero de 1831. En carta íntima a su amigo José Luís Alfonso, en sus últimos años de vida, se expresan los sentimientos de un hombre decepcionado, pero donde se atisba la presencia, incluso en momentos personales tan aciagos, de una profunda eticidad. Éste escribe como…“…ya no tengo ojos con que leer, ni mano con que escribir; por consiguiente ya no puedo ser abogado ni médico, ni casi nada de lo que pudiera proporcionarme un modo de subsistir en esta tierra…..Cometí el error de ser patriota donde no hay patria. Por Cuba perdí mi poca fortuna y por ella todo mi porvenir. Yo debí haber hecho lo que hacen mis paisanos, que es enterrar el patriotismo y tratar de labrarse una posición pecuniaria. Si yo hubiera seguido este camino, yo no viviría del modo que estoy viviendo, ni moriría del modo que moriré” (14).
Para Luz y Caballero la prensa siempre constituyó un medio propicio para divulgar sus ideas encaminadas a mejorar el obsoleto sistema educativo colonial, sus ideas filosóficas y sus conceptos ético-pedagógicos en búsqueda del perfeccionamiento de la conducta humana que lo llevaron a afirmar que…“…para que Cuba sea libre soy yo maestro de escuela” (15).
Sus polémicos artículos bajo el título “Sobre educación secundaria” fueron publicados en el “Diario de La Habana” en diversas ediciones, entre septiembre y noviembre de 1832, en los que propugnó por una más adecuada formación en niños y jóvenes, pues al respecto…..“…..no hay medio, o satisfacer las dudas de los discípulos o ridiculizarse ante sus ojos….lo que vale tanto como no ser maestro” (16). Respecto al alumnado el ilustrado educador rechaza toda teoría pedagógica que conciba a éste como mero receptor de conocimientos, carente de creatividad o ente pasivo en el proceso de enseñaza-aprendizaje, convencido de que…“…no sé como hay todavía quien dude de las fuerzas intelectuales de los niños” (17).
Su lucha sistemática contra el escolasticismo, tanto en la filosofía como en los métodos educativos, lo llevó a enfrascarse en una aguda polémica, de amplia divulgación en la prensa de la época, que tiene su origen al dar respuesta a un escrito aparecido 12 de mayo de 1838 en el diario “La Gazeta de Puerto Príncipe”, firmado bajo el seudónimo de Rumilio, en el que se argumenta la necesidad de iniciar los estudios por la Lógica (aristotélica) y no por la Física (Ciencias Naturales), en abierta contradicción con los criterios de Luz y Caballero. Éste nos muestra en su argumentación, su vasta cultura y agudeza de criterios, como polemista. Para éste…“…y que de los Pitágoras y de Tales Milhesio, los cuales florecieron antes de Platón y Aristóteles, que fueron los primeros entre los griegos en acometer la obra de la fundación de la Psicología y de la Lógica….pues hay mucha distancia entre los fundadores de la Filosofía griega y los campeones del escolasticismo en cuyas manos degeneró hasta la buena semilla que en sí llevaba la ciencia griega” (18).
El 2 de marzo de 1840 se publica en la “Gazeta de Puerto Príncipe” su artículo “Identificación filosófica con mi maestro Varela”, reproducido por “El Correo de Trinidad” el 14 de mayo y por el “Diario de La Habana” con fecha 29 del propio mes y año. En el mismo Luz expresa como…“…Varela derrocó el escolasticismo en nuestro suelo y yo aplaudo y aplaudiré su ruina. Varela fue nuestro legítimo Cartesio, en más de un sentido, ya por haber destruido el principio de autoridad con el consejo y el ejemplo de palabra y obra, por haber introducido en su consecuencia la libertad filosófica de pensar” (19).
La constate oposición de Luz y Caballero, a una educación impuesta por las autoridades coloniales, lastrada de trabas e imperfecciones, lo convocó a utilizar la prensa como medio eficaz de divulgación de sus opiniones críticas. Al respecto, el 22 de diciembre de 1834 se publica en el “Noticioso y Lucero” la convocatoria de la Real Junta de Fomento de la Agricultura y el Comercio, a exámenes públicos y generales de las dos escuelas de enseñanza primaria en el ultramarino pueblo de Regla, que motiva la redacción por éste de una serie de artículos publicados en el “Diario de La Habana”, el 32 de diciembre de 1834 con el título “Sobre el método de enseñanza de las escuelas lancasterianas de Regla”, bajo varios seudónimos como Hila Delgado y Mismo. En criterio de Luz, la utilización del método lancasteriano para impartir enseñanza a los sectores más humildes, al ofrecer por su esencia, bajos costos y ahorro de tiempo, va en detrimento del método explicativo que él defiende, al garantizar una superior calidad al proceso docente educativo.
Domingo del Monte es otra personalidad descollante de la primera mitad del siglo XIX cubano que incursionó con asiduidad en la prensa escrita, como fiel abanderado en defensa de nuestra cultura y estrechamente vinculado a José A. Saco y Luz y Caballero, como destacados partícipes del reformismo progresista de la época. A finales de 1822, bajo el patrocinio de éste y su amigo José A. Cintra, se publica “El Americano Libre”. La publicación se plantea, según escrito del 22 de noviembre del propio año…“…..esparcir las luces y conocimientos….contribuyendo de esta manera a la ilustración de los pacíficos habitantes de este delicioso país, que es el blanco de todas las potencias ambiciosas” (20).
En su edición del 27 de noviembre se afirma en uno de sus artículos (presumiblemente no redactado por Del Monte, quien nunca llegó a compartir el ideario independentista) que..… “……cuando un pueblo está oprimido y vejado por la injusta nación a la que pertenece….cada habitante del país es un abogado para reclamar la independencia y un fuerte guerrero para sostenerla” (21).
El tomo de tales ideas determinó la suspensión de la publicación a los escasos 4 meses de su fundación. Pocas semanas más tarde el propio Del Monte promueve la aparición de un nuevo diario, con un título más atemperado a los tiempos difíciles que corrían: “El Revisor Político y Literario”. En su edición del 31 de marzo de 1823, se publica en este un escrito de Del Monte dedicado a elogiar la obra de José María Heredia la que valora como…“…versos y no renglones rimados” con una crítica ostensible a la creación de otros autores de la época (22).
El 7 de noviembre de 1829, con el mismo Del Monte como editor, ven la luz pública las publicaciones “La Moda” y “Recreo Semanal del Bello Sexo”. Reiterando su inclinación por la prensa escrita, edita a partir a partir del 2 de enero de 1830, en colaboración con Antonio Bachiller y Morales: El puntero literario”. El 6 de diciembre de 1830 asume la dirección de la Sección de Educación de la Sociedad Económica de Amigos del País, donde logra, con el apoyo de José A. Saco y otros intelectuales progresistas, la publicación de la Revista Bimestre Cubana, que alcanza gran prestigio nacional e internacional, por la calidad de los trabajos de sus colaboradores, entre los que figuraba José de la Luz y Caballero.
La revista de tendencia liberal y antiesclavista concita prontamente el encono de Juan Bernardo O´Gaban, entonces presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País y del Intendente de Hacienda, Claudio Martínez de Espinillos, ambos de pensamiento marcadamente conservador y defensores de la esclavitud, apoyados por los ricos hacendados criollos. En medio de tales contradicciones, la Comisión Permanente de Literatura de la SEAP logra se autorice por Real Orden, la creación de la Academia de Literatura, marco más propicio para la divulgación de las ideas y proyectos culturales, por las personalidades más progresistas en el seno de la institución.
A partir de tan enconados criterios, se inicia una polémica a partir del artículo escrito por Antonio Zambrana, publicado por el reaccionario “Diario de la Marina” en su edición del 12 de abril de 1834, donde éste expone sus argumentos contrarios a la creación de la citada academia, al que José A. Saco refuta desde las páginas del propio diario, el 14 de abril y Domingo del Monte, el 229 del propio mes y año, desde las páginas de “La Aurora de Matanzas”. En definitiva, por no contar con el apoyo de Tacón, entonces Capitán General en la isla, el 18 de octubre del año en curso se obtiene por Real Orden, la revocación de la autorización dada anteriormente para la creación de la nueva institución. Incluso el mismo José A. Saco, enfrascado en aguda polémica con la máxima autoridad colonial, debe marchar al exilio, donde continua, en territorio norteamericano su colaboración periodística, con Félix Varela.
No obstante sus esporádicas concesiones ideológicas, Del Monte se unió a Saco en sus posiciones anti-anexionistas, enfrentándose a parte significativa de la intelectualidad representativa de los ideales de los ricos hacendados criollos, a la que el mismo pertenecía, en las décadas 40 y 50 del siglo XIX, como José Luís Alfonso, Cirilo Villaverde, Gaspar Betancourt Cisneros y Miguel Aldama. Del Monte, hombre de vasta cultura, mantiene su estrecha colaboración con la prensa escrita, siendo frecuentes sus escritos aparecidos en los diarios “El Aguinaldo Habanero” (1838), “El Álbum” (1838) y en “La Revista Cubana” (1840).
En esos propios años, José de la Luz y Caballero se enfrasca en una larga e interesante polémica filosófica-educativa con los hermanos Manuel y Zacarías González del Valle, partidarios de la corriente filosófica promovida por el francés Víctor Cousin (1792-1867), una especie de eclecticismo de corte espiritualista, que en buena medida tiene como escenario la prensa de la época. Esta se inicia cuando Zacarías González del Valle (1820-1851) publica el 14 de octubre de 1839 en el “Diario de La Habana”, su escrito “Defensa del eclecticismo de Víctor Cousin”, que lleva a Luz a redactar su ejemplarmente argumentada réplica: “Impugnación a Cousin” (1840) (23).
Las principales tendencias del pensamiento progresista cubano de 1840 a 1868. Su divulgación en la prensa escrita de la época.
Si ya en la década del 30 se publican entre otros “El Noticioso y Lucero de La Habana” (1832) y “La Prensa” (1839), ya en la siguiente se fundan “La Prensa de La Habana” (1843), “El Diario de la Marina” (1844) y “La Verdad” (1847”, y años después, “La Charanga” (1857) y “El Moro Muza” (1859). Estos constituyen una muestra de las publicaciones existentes entonces tan sólo en la capital, sin contar los numerosos órganos de prensa creados en las provincias (24).
Estos reflejan en sus páginas las luchas imperantes en su tiempo en el seno de la intelectualidad y personalidades representativas de los diversos sectores y clases sociales, tanto progresistas como reaccionarios, liberales y conservadores, reformistas, anexionistas e independentistas, limitadas estas últimas a una circulación clandestina. Tal fue el caso del diario “La Voz del Pueblo” fundado por el periodista Juan Bellido de Luna y el tipógrafo y patriota, Juan Faccioso. El 13 de junio de 1852 aparece su primer número quien se plantea representar…“….la opinión libre y franca de los criollos cubanos; propagar el noble sentimiento de la libertad de que debe estar poseído todo pueblo culto” (25). El tercer y último número se editó el 26 de julio del propio año, al ser detenido Faccioso cuando preparaba la edición del próximo número en su propia imprenta, el que juzgado bajo onerosas arbitrariedades, que permitían los poderes omnímodos concedidos a los Capitanes Generales, resultó condenado a muerte en “garrote vil” el 13 de septiembre de 1852.
No obstante, en las décadas del 40 y 50 del siglo XIX aún las aspiraciones independentistas sólo se muestran esporádicamente ante el predominio del reformismo y el auge del anexionismo, promovido por los ricos hacendados criollos, que ven en el la solución a la permanencia de la esclavitud, sin obviar la admiración por el supuesto paradigma que entonces representaba la democracia norteamericana, comparada con el burdo despotismo impuesto en Cuba por el colonialismo español.
Frente a las concepciones de José A. Saco, quien proclamase en sus “Ideas sobre la incorporación de Cuba en los Estados Unidos” (1848) que…“…yo desearía que Cuba no sólo fuese rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que fuese cubana y no angloamericana” (26), encontramos la figura de Gaspar Betancourt Cisneros (El Lugareño) (1803-1866), una de las personalidades más descollantes de las ideas anexionistas, , aunque al final de su vida compartiese las aspiraciones independentistas, tras el triunfo de las ideas abolicionistas de Abraham Lincoln, al finalizar la cruenta guerra de Secesión norteamericana (1860-1865).
Son reveladoras las misivas intercambiadas entre Saco Betancourt Cisneros, amigos en el plano personal, particularmente las escritas por éste último, donde le expone sus argumentos a favor de la anexión. En su misiva con fecha 3 de abril de 1849, fechada en New York, éste le expone a Saco que…“…es penoso tener muy presente que para anexionar a Cuba basta una plumada y que para darla tiene España todo el estímulo, todo el apoyo y aprobación de la Europa entera, de casi toda la América Latina, incluso las islas, nuestros acusadores más que rivales. Y no hay que olvidar que para salvar a Cuba no queda otra puerta que la de los Estados Unidos, único pueblo, única gente que acá en América tiene vergüenza, saber, fuerza y unión como nación libre” (27).
En carta de fecha anterior, el 30 de agosto de 1848, Betancourt Cisneros le explica a Saco como…“…el periódico La Verdad, bueno o malo, le ha dado a conocer (se refiere al Capitán General en Cuba, Roncalli. N. del A.), que los cubanos no se andan con paños calientes, le van perdiendo el miedo, que tienen en los Estados Unidos fija la vista y puesta su esperanza” (28). El mencionado periódico, de tendencia anexionista, se publicó en New York de 1848 a 1853 y tuvo como sus principales promotores al propio Betancourt, a Miguel Teurbe Tolón, a Cirilo Villaverde, Lorenzo de Allo, Porfirio Valiente y Domingo de Goicuría.
En 1862 se edita el diario “El Siglo” por José Quintín Suzarte y bajo la dirección de Francisco Frías y Jacott, Conde de Pozos Dulces (1809-1877). Este periódico originalmente de criterios anexionistas y posteriormente reformista, desempeñó un importante papel en la época, en la divulgación de tales posiciones. Francisco Frías, un representante destacado de la intelectualidad defensora de los intereses de los más acaudalados hacendados criollos, era hombre de vasta cultura y colaborador habitual en la prensa de entonces, como el periódico “Correo de la Tarde”, donde expone sus proyectos para consolidar la riqueza y diversidad de la agricultura. No obstante su ideario anexionista, éste no era partidario de la esclavitud, en quien avizoraba una rémora al desarrollo capitalista más moderno.
En los años previos a la primera contienda independentista se edita “La Aurora” (1865-1868), dedicado a defender los intereses de los artesanos, embrión de nuestra futura clase obrera, integrados mayoritariamente por negros y mulatos libertos. Su primer número aparece el 22 de octubre de 1865, bajo el patrocinio de Saturnino Martínez y Manuel Sellén. De opiniones obrero-reformistas, se limitaba a luchar por mejoras salariales en el sector. Se contaban entre sus colaboradores José Fornaris, Felipe Poey y Antonio Bachiller y Morales. Este mismo Saturnino Martínez, asturiano de ideas liberales, fundaría años después los diarios “La Razón” y “La Unión”.
Otro español, José Moreno Fuentes, colaboró activamente en el periódico pinareño “El Ómnibus”, divulgador de ideas liberales, muy progresistas para su tiempo y muy cercanas al socialismo utópico del francés Charles Fourier. En la propia etapa se editan “La Discusión” por Augusto Martínez y Francisco Obregón Mayol; “Rigoletto” por Luís Victoriano Betancourt e Isaac Carrillo y “El Revoltoso” de carácter satírico-humorístico. Otra importante forma de divulgación de las ideas, estrechamente vinculado a la prensa escrita, resultó la práctica de utilizar lectores en las tabaquerías, a partir de la década del 60 del propio siglo XIX. Ello contribuyó no sólo a elevar el nivel cultural de los trabajadores de tan importante sector de la economía sino además a fortalecer su conciencia de clase. Según Ambrosio Fornet en su escrito “La lectura, proletariado y cultura nacional”, esta práctica en las tabaquerías se inicia en 1865 en la fábrica de torcidos “El Fígaro”, en la capital, y según otros, un año antes, en la “Fábrica Viñas”, en Bejucal, actual provincia de La Habana (30). La lectura en las tabaquerías encontró la oposición de las autoridades coloniales apoyada por una sistemática campaña difamatoria de su principal vocero, el “Diario de la Marina”, temerosos, no sin razón, a que contribuyese a la propagación de ideas progresistas y demasiado liberales.
El fracaso de los planes anexionistas y los fallidos intentos de conseguir concesiones de carácter reformista, por la metrópoli, contribuyeron, entre otros no menos importantes factores, al avivamiento del ideario independentista en un sector considerable del criollismo, ya finalizando la década de los 60.
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