Félix José Hernández



Descargar 0.71 Mb.
Página1/11
Fecha de conversión14.10.2017
Tamaño0.71 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11




Félix José Hernández





Se trata de mi más preciado trabajo periodístico, son narraciones surgidas inicialmente a partir de las cartas que escribía cada semana a mi madre, Ofelia Valdés Ríos, contándole mis experiencias del exilio parisino. En ellas narro lo que veo y siento: filmes, obras de teatro, museos, exposiciones, los libros que leo, las relaciones con los galos, la sociedad francesa, la política, Cuba vista desde aquí, los viajes por 56 países a lo largo de estos 29 años, mis éxitos y mis fracasos, mis nostalgias y mi amor por la Libertad, las relaciones con personalidades del exilio, mi trabajo en el Instituto y en la Universidad como profesor de Civilización Latinoamericana, las relaciones con colegas, alumnos y estudiantes, etc. En resumen, es la experiencia vivida por una familia cubana en todos estos años

Félix José Hernández.

PRESENTACIÓN:




Félix José Hernández Valdés

El 21 de Febrero de 1949, nace en Camajuaní, República de Cuba, ciudadano cubano.

Desde 1981 su status de refugiado político en la República Francesa y posteriormente nacionalizado francés.

Desde el 27 de octubre de 1974, está casado con la ciudadana cubana Dª. Marta Fernández Sardiñas, en la ciudad de La Habana (Cuba) y posteriormente con nacionalidad francesa.

Domina en habla y escritura el español, francés e italiano.

Entre los años de 1969 al 1995. ha cursado:

Bachillerado (Cuba), Diploma de Lengua Italiana, (Academia Abraham Lincoln – La Habana), Diploma de Profesor de Geografía, (Universidad de La Habana), Diploma de Bibliotecario-Documentalista (Institut Catholique de Paris), Licenciado en Lengua y Civilización Hispánica (Université Paris X Nanterre), y Admisión al CAPES de Español (Paris).
Currículo Laboral:

1970.1980 Profesor de Geografía en La Habana (Secundarias Básicas)

1972-1980 Traductor, guía e intérprete de lengua italiana en Cuba.

1981-1982 Obrero de la construcción en Francia (a partir de la llegada al exilio el 21 de mayo de 1981).

1983-1984 Redactor de documentos y secretario en la École Normale Supérieure de Saint-Cloud (Francia).

1985-2009 Profesor de Español en Institutos de Segunda Enseñanza parisinos.

1995-2009 Profesor de Civilización de América Latina en I’Université Paris Est Marne-la-Vallée.
PUBLICACIONES:

En su haber tiene diversas publicaciones de diversidad diferentes, todas ellas de un exquisito trato intelectual y desarrollo literario, entrevistado por diferentes medios escritos, por reseñar uno de tantos Le Figaro, claro sin olvidad tampoco la revista Les Cahiers d´Historie, editada por el Instituto de Historia Social de Paris.

Entre sus trabajos hemos de destacar Memorias de Exilio.

Destacar entre otras participaciones en el film Conducta Impropia del Director Néstor Almendros (1983), debates radiofónicos sobre Cuba.

En fin esto es sólo una ligerísima reseña de Félix José Hernández Valdés, autor literario de las presentes “Cartas a Ofelia”.

El alumnado del tercer ciclo del taller-escuela de AFISc. eu’93, agradece al autor la facilidad y autorización para poder realizar el presente fin de curso ¡Gracias!



e-actualidad.2009

La América de Carlos V
París 15 de diciembre de 2008.

Mi querida Ofelia,


Acabo de profundizar mis conocimientos sobre esa etapa tan importante para Nuestra América, que fue el reinado de Carlos V (1516-1556). Gracias al excelente libro escrito por dos historiadores franceses, expertos en la materia: Louise Bénat-Tachot y Bernard Lavallé, ambos profesores universitarios.
Conozco personalmente a la Sra. Bénat-Tachot desde el 1994. La considero como una de las personas más brillantes que he conocido en mi vida; sus conocimientos sobre la Historia (con mayúscula) de Nuestra América, son enciclopédicos. Al mismo tiempo, es una persona profundamente humana y gran pedagoga, lo que no le ha hecho perder su sentido del humor que, más que europeo, es caribeño.
A lo largo de los catorce capítulos, ambos historiadores analizan con gran rigor los acontecimientos y documentos históricos, sus causas y consecuencias. Así van apareciendo una serie de personajes históricos que interpretaron papeles importantes en el drama de la conquista del Nuevo Mundo o Indias Occidentales: Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Diego de Almagro, Bartolomé de las Casas, Diego Velázquez, Antonio de Montesinos, Bernal Díaz del Castillo, Juan Ponce de León, Vasco Núñez de Balboa, Díaz de Solís, Juan de Grijalva, Monctezuma, Pedro de Alvarado, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Pedro de Heredia, Atahualpa, Pedro de Mendoza, Sebastián de Belcázar, Hernando de Soto, Pedro de Valdivia, etc.
Son analizados : las Conquistas del Imperio Azteca y del Inca, las Leyes Nuevas, el Requerimiento, las Leyes de Burgos, las Provanzas de Servicios, las Capitulaciones, el Encuentro de Cajamarca, el Consejo Real de las Indias, la Controversia de Valladolid, etc.
En sus inicios, los territorios españoles en las Indias Occidentales se limitaban a la isla de La Española y otras islas caribeñas. Con las conquistas de los imperios continentales, el Azteca (1519) y el Inca (1532), la Corona de Castilla se encontró con un gigantesco imperio bajo su poder, poblado por millones de seres humanos, en un territorio sin límites geográficos conocidos hasta aquellos momentos.
El Reino de España tuvo que inventar un Estado Colonial y relaciones con las lejanas tierras allende los peligrosos mares. El sistema económico que fue implantado destruyó implacablemente la organización tradicional de las sociedades amerindias. El nuevo orden colonial nació bajo la presión de grupos que se oponían. Por una parte estaban los que querían establecer una sociedad menos represiva y conforme a los preceptos del Evangelio (los frailes Bartolomé de las Casas y Antonio de Montesinos), mientras que otro sólo querían  satisfacer los intereses económicos de los colonos encomenderos (Juan Ginés de Sepúlveda).
Al mismo tiempo, se desarrolló una importante producción literaria, interesada en rendir cuentas sobre las múltiples facetas de la realidad en las Indias Occidentales. Estos escritos se encontrarían en el centro de los debates sobre el Nuevo Mundo y sus relaciones con la Península. Este libro aborda magistralmente este conjunto de temas con una perspectiva global, organizada y pedagógica.
En el prólogo, el profesor Jean Vilar hace una presentación de gran calidad sobre esta importante obra, que he tenido el gran placer de terminar de leer ayer.
Te lo enviaré, pues aunque está escrito en francés, lo podrás prestar a nuestros amigos que dominan la lengua de Molière. En él encontrarán acontecimientos históricos y análisis profundos, que discrepan con la Historia Oficial que nos fue enseñada, a los que estudiamos bajo el régimen de los Castro.
Un gran abrazo desde la Vieja Europa,
Félix José Hernández.
Ref. : ISBN : 1275-3408.

---------------------------------------------



Lídice
París, 5 de febrero de 2009.

Mi querida Ofelia,
Hoy mi padre hubiera cumplido 92 años. Hace ya cinco años que el Señor lo llamó. Mi hermano y yo no pudimos estar a su lado a causa de este exilio que se eterniza. Alguien me dijo que la Libertad no tiene precio, pues nunca acabaría de pagarlo. Creo que tiene razón. Sé que hoy una persona llevará flores a la tumba de mi padre, allá en el lejanísimo pueblito villaclareño de la Isla del Dr. Castro

Con esta carta, comenzaré a contarte sobre la semana que pasamos en la bella Praga y sus alrededores en el pasado mes de octubre . Estuve mirando mis apuntes y tengo 17 viajes sin contarte. ¿Cuándo podré hacerlo? Quizás cuando me retire.

La Catedral Ortodoxa de Praga es una bella iglesia barroca, de 1736, que a sus inicios fue la iglesia católica de San Carlos Borromeo. Entró en la historia gracias a los trágicos sucesos ocurridos en su cripta en 1942. Actualmente es el Memorial Nacional dedicado a las víctimas del terror alemán de Heydrich. Allí se pueden ver numerosos objetos de esa época: banderas, fotos, medallas, cartas, documentos diversos, etc.

A finales de 1941, el gobierno checo exiliado en Londres decidió enviar a un grupo de paracaidistas a Praga para matar al sanguinario Reichsprotektor Reinhard Heydrich. En efecto, el 27 de mayo de 1942, el célebre atentado fue llevado a cabo cuando el Heydrich se dirigía a su despacho. Fue herido gravemente y murió unos días después. Los paracaidistas encontraron refugio en la cripta de la Catedral Ortodoxa. A causa de la denuncia de un traidor, el 18 de junio, los SS rodearon la iglesia e incluso, por un orifico que lograron abrir en la pared (hogaño cubierto por un cristal en forma de ventana rectangular), inundaron la cripta para ahogarlos. Éstos, sabiendo que seguramente les esperaba una muerte horrible bajo las torturas, decidieron suicidarse con la última bala que les quedaba.

A sólo 23 kilómetros al norte de Praga se encuentra todo un símbolo de la barbarie nazi: Lídice.

Como venganza por la muerte de Heydrich, el 10 de junio de 1942, las tropas de la Séptima División SS, al mando de Rostock rodearon el pueblo. Todos los hombres de más de 16 años y una parte de las mujeres fueron fusilados. En total 340 personas. Las otras mujeres fueron deportadas junto a los niños al campo de concentración de Ravensbrück y posteriormente exterminados en las cámaras de gas de Chelmno. Los mineros del turno de madrugada fueron esperados por los SS al amanecer y fusilados al llegar a la superficie de la mina. Incluso fue asesinado un hombre que estaba hospitalizado. Según la historia, el único adulto sobreviviente originario de Lidice, fue un hombre que estaba encarcelado en otra ciudad acusado de homicidio.

Los bebés, que los SS encontraron con características étnicas ( rubios de ojos claros) para poder convertirlos en « buenos alemanes », escaparon a la muerte y fueron entregados a familias alemanas para ser adoptados.

En un museo en forma de herradura sobre la colina, junto a la carretera, se pueden ver numerosas fotos de la vida cotidiana en Lídice antes de la llegada del horror nazi. Fotos de: bodas, bautismos, comuniones, procesiones, fiestas de Navidad y de Pascua, el trabajo en los campos y en las cercanas minas, los niños de la escuela primaria con el maestro, etc. En una sala de cine se proyecta el documental filmado por los nazis de la destrucción del pueblo. Después de ser incendiado, lo que quedó fue destruido por cargas de dinamita y posteriormente el terreno nivelado con bulldozer. El estanque fue rellenado y el riachuelo desviado. Incluso el cementerio fue dinamitado. ¡Por órdenes e Hitler, no podía quedar ni rastro de Lídice!

Bajamos por la ligera pendiente de la colina cubierta de rosas rojas. Los lugares donde estaban las casas están marcados sobre el césped impecable con los nombres de las familias. Varias estatuas de piedra o bronce marcan los lugares simbólicos, como el de una mujer que con su niño en brazos grita hacia el cielo pidiendo ayuda a Dios. Un grupo de niños en bronce, al pie de los cuales manos anónimas habían depositado ositos de peluches, flores y velas, indican el lugar en donde estaba la escuela. Una altísima cruz con una corona de espinas indica el lugar donde se levantaba la iglesia. ¡Todo es conmovedor!

Del otro lado de la rosaleda se puede ver el nuevo pueblo de Lídice, pero no fuimos a visitarlo, por temor a encontrarnos con tiendas de souvenir. ¡Los mercaderes del templo se encuentran por todas partes!

Cuando esperábamos el autobús para regresar a Praga, vimos llegar dos autocares llenos de niños, en cuyas manos llevaban flores.

En Cuba tuve una alumna que se llamaba Lídice. Hoy me pregunto: ¿cómo es posible llamar a una hija con un nombre símbolo del horror nazi?

Un gran abrazo de quien te quiere siempre,

Félix José Hernández.
-----------------------------------------------------

Trapecio
París, 17 de febrero de 2009.

Mi querida Ofelia,
Acabo de pasar un buen momento disfrutando del dvd de «Trapecio », que compré este último verano en la capital de nuestra querida Madre Patria. Numerosos recuerdos vinieron a mi mente. Vi esa famosa película americana del 1956 en el Cine Glorys de la villaclareña Villa de Marta Abreu, allá por el 1957 ó 1958. Tú me llevaste con Aurelita. Quedé fascinado por esa historia filmada en un circo parisino.

La película cuenta la historia de Mike Ribble (Burt Lancaster), quien había logrado una enorme fama por ser uno de los pocos trapecistas en el mundo que lograban el triple salto mortal, hasta que un día una terrible caída casi le cuesta la vida y lo deja minusválido físicamente.

Mientras se ve resignado a trabajar como aparejador en un circo en París, llega Tino Orsini (Tony Curtis), con una única obsesión: conocer a Mike para que le enseñe a dar el triple salto y ser el próximo hombre capaz de hacerlo. Mientras tanto, la italiana cizañera Lola (Gina Lollobrigida), quiere a toda costa obtener un contrato en el circo y no duda en seducir a cualquiera con tal de conseguirlo.

Es una apasionante película que provoca en el espectador la emoción de vivir de cerca, el que se considera como el mejor espectáculo del mundo.

Stephen Burt Lancaster nació en New York el 2 de Noviembre de 1913. Comenzó en el circo hasta que aburrido ingresó en el Federal Theatre Project. En 1960 ganó un Oscar por "El fuego y la palabra". Su última aparición fue en "Campo de sueños"(1989), cinco años antes de su muerte.

Tony Curtis, cuyo nombre real es Bernard Schwartz, nació el 3 de Junio de 1925 en Nueva York. Tuvo una infancia muy dura y no se inició en el arte dramático hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Llegó a convertirse en uno de los galanes de Hollywood de la década de los sesenta y se reveló como un actor dotado de gran humor y delicadeza.

Gina Lollobrigida , nació en el pueblo italiano de Subiaco, el 4 de Julio de 1927, y es una de las actrices más destacadas del cine europeo, además de fotógrafa y escultora. En 1996 fue designada miembro honorario de la Academia de las Artes y el Diseño de Florencia. Junto a Sofía Loren y Silvana Mangano formó el trío de bellezas espectaculares itálicas de los años cincuenta.

Ayer fui a comprar los billetes (a 45 euros cada uno) y al salir de la boca del metro en la estación Filles du Calvaire, tal como Tony Curtis en la película, pude ver el inmueble redondo y decorado con esculturas del Cirque d’Hiver, en donde se desarrolla el filme. Me pareció como si el tiempo se hubiera detenido. Llevo 28 años viviendo en París y he pasado numerosas veces frente a ese célebre circo que se encuentra cerca de casa. Sólo ahora iré a ver el espectáculo.

Ayer fuimos al cine a ver un magnífico filme, una especie de fábula filosófica sobre el sentido de la vida,  que te recomiendo: « El curioso caso de Benjamín Button », del director David Fincher, interpretado por Brad Pitt , Cate Blanchett y Tilda Swinto. La semana pasada, como ya te conté, disfrutamos del excelente espectáculo de flamenco « El Romancero Gitano », interpretado magistralmente por la gran Cristina Hoyos y su compañía.

Llevo tres semanas sin trabajar en la universidad, pues está en huelga contra las medidas gubernamentales. Por otra parte, tengo dos semanas de vacaciones del Instituto y nos hemos quedado en París a la espera de que nos avisen de que nuestra nieta nació. No sabemos cómo se llamará, aquí no se dice hasta que nace, lo cual, si Dios quiere debe ocurrir esta semana.

Mientras tanto se anuncia una nueva huelga general para el día 19 de marzo. En la francesa isla de Guadalupe comienza a reinar la violencia y se aproxima el caos después de casi un mes de huelga general. Los otros territorios ultramarinos (ex colonias): Martinica, Guyana, La Reunión, etc., comienzan a contagiarse. Se preparan en las grandes ciudades francesas, las huelgas contra las reformas del sistema educacional. Cada día la prensa anuncia el cierre de empresas, fábricas, crisis bancarias, inflación, recesión, descontento, aumentos de alquileres, etc. Tengo la impresión de que voy en el Titanic, pero que aún no ha llegado el momento del choque  contra el iceberg. Aunque allí está, esperando a que irremediablemente el barco llegue hasta él.

Te contaré sobre el espectáculo del Cirque d'Hiver en mi próxima carta.

Dios me ha dado todo lo que le he pedido a lo largo de mi vida, pero me faltan dos sueños por ver convertidos en realidad:

1-Ya que no pude tener una hija...¡tener una nieta!

2- ¡Poder recorrer con mi familia mi Patria Libre y mostrarles los lugares que formaron parte de mi vida en ella!

Con gran cariño y simpatía,

Félix José Hernández.

-------------------------------------------



Los chicos de la calle Pál
París, 2 de mayo de 2009.

Mi querida Ofelia,


Hace más de un cuarto de siglo, tuvimos la suerte de conocer a una pareja de jóvenes exiliados en París: Nicolás y Cristina Klein. Él era húngaro y ella rumana. Con el tiempo se convertirían en grandes amigos.

Nos contábamos las historias de los regímenes comunistas de nuestros respectivos países, las anécdotas, las mentiras en las cuales nos habíamos visto obligados a vivir, etc. La propaganda en cada país presentaba al otro como un paraíso terrestre, cuyo alto nivel de vida llegaríamos a tener gracias a la construcción del socialismo.

El día de Navidad del 2002, en su bella casa del barrio de Emerson en New Jersey, le pregunté a Nicolás, cuál era la novela más bella de la literatura húngara, ya que mi ignorancia en lo que a ella se refería era total. Él me recomendó “Los chicos de la calle Pál”, pues la había leído en su adolescencia y se había quedado tan impresionado que aún recordaba los detalles y hasta los nombres de los personajes. Al día siguiente la compró en francés en una librería de New York y me la regaló. Recuerdo que pasamos una extraordinaria fiesta de Nochevieja con la pareja Klein y un grupo de sus amigos, en un club húngaro en el barrio de Queens.

Comencé a leer la novela en el vuelo de regreso a París y mi entusiasmo fue grande. Descubrí a Ferenc Molnár, un autor para mí hasta ese momento desconocido y una bellísima novela que recomiendo a todos mis amigos. Desde entonces la he regalado a varios hijos adolescentes de mis amigos.

Ferenc Neumann, nació en Budapest en 1878. Escribió bajo el seudónimo de Molnár (molinero en castellano). Gracias a sus obras de teatro y novelas logró hacerse famoso con sólo treinta años de edad. Su celebridad pasó las fronteras de su país natal, pero cuando comenzó la persecución contra los judíos, logró escapar a Italia poco antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial y desde allí partió hacia New York, en donde vivió hasta su muerte en 1952.

Su novela más conocida es “Los chicos de la calle Pál”, que con el tiempo se ha convertido en un gran clásico de la literatura juvenil, más que húngara, europea. Es raro el francés que no la haya leído. Asombré a mis amigos y colegas galos al decirles que para mí había sido un gran descubrimiento.

Escrita en 1906, cuenta las aventuras de dos grupos de chicos.

El primero lo forma la banda de Los Camisas Rojas (“los malos”), cuyo territorio es el Jardín Botánico. El jefe es Feri Ats, pero también se encuentran: los hermanos Pasztor, Szebenics, Wendaver, etc. La otra banda está formada por el grupo del Club Masilla o de La calle Pál ( “los buenos”), cuyo territorio es el solar yermo situado frente a la escuela y que separa a ésta de la escuela en donde están Los Camisas Rojas. El jefe es el « general » Boka, aunque el héroe indiscutible (personaje entrañable para el lector) es el “capitán” Nemecse. Entre los otros miembros de la banda se encuentran: Jano, Ritcher, Leski, Weiss y el “traidor” Geréb (otro excelente personaje logrado por la pluma de Molnár). Sobre el solar yermo, territorio de juegos y de Libertad, ondea la bandera de la banda con los colores rojo y verde.

Pero Los Camisas Rojas quieren invadir el territorio de la banda de Los Chicos de La Calle Pál y por tal motivo los planes de batallas, las traiciones, las escaramuzas, el espionaje, los atentados y todo lo que se pueda imaginar en una verdadera guerra, va a tener lugar en aquel territorio disputado.

Son 250 páginas deliciosas de aventuras y desventuras entre niños de la Budapest de 1906, pero que hubieran podido ocurrir en cualquier otra ciudad del mundo y que son de una actualidad impresionante. Yo jugaba de niño con mis amigos de la cuadra a los indios y vaqueros.

No te contaré el final del libro, pero las últimas veinte páginas son de una belleza extraordinaria. Sé que ha sido llevado al cine, pero no he logrado conseguir la película. La seguiré buscando.

En las Navidades del 2005 pasamos buenos momentos en Miami, más precisamente en South Beach, junto a Nicolás, Cristina y su hija Alexandra. Le di las gracias por haberme regalado el libro y nos reímos recordando las aventuras de Los Chicos de la calle Pál.

El mes pasado pasamos una semana en la majestuosa capital húngara. La primera salida fue para ir a la calle Pál. Para celebrar el centenario de la publicación del libro, en 2006 fueron erigidas un grupo de estatuas en bronce en la acera de la escuela de la calle Práter, paralela a la calle Pál, entre las que se encontraba el solar yermo. Están representados cuatro chicos jugando a las bolas, pero uno de ellos se percata que dos de los de la banda de Los Camisas Rojas se acercan. Es la escena del libro en la que éstos últimos llegan, empujan a los otros y les roban las bolas. La singular obra de arte del escultor Péter Szanyl, en su entorno decadente, ya que el barrio se cae a pedazos, apuntalado y sucio, evoca perfectamente el ambiente popular y pobre de la Budapest del 1906. Recordé allí al único amigo húngaro que he tenido, creo que en ese momento él debe de haber estado contemplándonos y sonriendo desde el cielo.

Si lo encuentro en castellano te lo enviaré, existe, pues ha sido traducido a 35 lenguas. Lo podrás prestar a los adolescentes, a los hijos de tus amigos y familiares.

Un gran abrazo,

Félix José Hernández.



Josefov, el ghetto judío de Praga

París, 3 de mayo de 2009.

Mi querida Ofelia,
Después de haber sufrido la masacre de más de tres mil judíos en las Pascuas Floridas de 1389, la comunidad judía tuvo su momento de más esplendor a partir del Edicto de Tolerancia (1781), del emperador José II, gracias al cual fueron abolidas todas las leyes racistas anti judías. Es por esa razón que el ghetto praguense tomó el nombre de Josefov. Sin embargo los judíos se vieron obligados a aprender el alemán y hablar en público en esa lengua.

Durante la ocupación alemana (1939-1945), el rico y elegante barrio, no fue destruido ya que Hitler quería hacer de él “un museo de una raza desaparecida”. De sus 40 000 habitantes deportados hacia Terezín, sólo sobrevivieron 6 000 a la masacre.

Paseamos por la elegante calle de París, la cual está llena de tiendas de lujo, situadas en las plantas bajas de los elegantes inmuebles estilo siglo XIX. Sus fachadas neorrenacentistas o neobarrocas, están decoradas con esculturas y poseen bellos balcones en hierro forjado. Los techos terminan en torrecitas también decoradas con esculturas. Visitamos varias sinagogas cargadas de historia y la célebre sala de conciertos Rudolfinum.

En 1896 en la Rudolfinum se estrenó “La Sinfonía del Nuevo Mundo” de Dvorák, bajo la dirección del compositor. Una anécdota curiosa es la que cuenta como los nazis hicieron derribar del techo del teatro la escultura de su admirado Richard Wagner, al confundirla con la del judío Mendelssohn, a causa de que la de Wagner tenía una nariz más larga.

El cementerio judío, es el más viejo de Europa. Entre las millares de tumbas de anónimos, se encuentran las de numerosas personalidades célebres, enterradas allí entre el 1439 y el 1787 (como la del rabino Loew), cuando por falta de capacidad se abrió otro en las afueras de la ciudad.

Una de las leyendas más originales del ghetto de Praga es la del Golem. El austriaco Gustav Meyrink se inspiró en ella para escribir su novela  “El Golem” en 1915. Por otra parte la película “Der Golem” (1920), de Paul Wegener y Carl Boese ha ayudado a difundir la increíble historia del legendario personaje.

Según la leyenda, el rabino Loew (1520-1609) modeló la figura de un gigante con el fango de la orilla del río y le introdujo en la boca un amuleto con el nombre de Dios grabado. A partir de ese momento la escultura se convirtió en un autómata que le ayudó a construir las sinagogas del barrio y a proteger a los judíos de las persecuciones. Pero cada día de Sabbat, el amuleto era retirado de su boca para que el gigante pasara el día descansando. Un viernes, como la hija del rabino estaba enferma, éste olvidó retirarle el amuleto, por lo cual el Golem enfureció y comenzó a destruir todo lo que encontraba a su paso y a atacar a los transeúntes, sembrando el terror en el ghetto. El rabino logró derribarlo y quitarle de la boca el amuleto, por lo que de pronto el gigante se convirtió en arcilla. La misma fue recogida con una pala y depositada en un baúl en el granero de la sinagoga, donde aún hoy día se conserva. Se dice que: ¡el que se atreva a tocar esa arcilla quedará embrujado por el resto de sus días!

Terminamos la tarde de paseo por el barrio judío con la visita al extraño monumento a Franz Kafka. Tiene unos cuatro metros de altura, es obra del escultor Jaroslav Rona, el que se inspiró en la novela del autor “Descripción de un combate”. En ella Kafka cuenta el paseo por Praga de un hombre sobre los hombros de otro. El escultor decidió representar al gran escritor sentado sobre los hombres de un gigante al que le faltan los brazos y la cabeza. Quizás haya querido evocar al mismo tiempo al Golem y al desgarramiento que reina en la obra de kafkiana.

Un gran abrazo desde el Viejo Mundo,

Félix José Hernández.

-------------------------------------------------


Día de las Madres de separación y nostalgia para los cubanos
París, 9 de mayo de 2009.

Mi recordada Ofelia,


El Apóstol de nuestra Independencia, el gran José Martí, conoció la cárcel, el exilio y la añoranza por su querida madre desde lejanas tierras allende los mares.
¿Quién nos hubiera dicho a cientos de miles de cubanos, cuando de niños estudiábamos esos poemas y cartas en la escuela, allá en nuestra Perla de las Antillas, que también nosotros nos veríamos separados de nuestras madres a causa del infame régimen de los hermanos Castro?
Desde el exilio Martí escribió a su madre Leonor Pérez:

Yo sin cesar pienso en usted. Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de usted, con una vida que ama el sacrificio?  Palabras no puedo”.



"El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre".

Desde España, el poeta precursor del Modernismo le escribió:

   “Mi madre, el débil resplandor te baña

   de esta mísera luz con que me alumbro.

   Y aquí desde mi lecho te miro, y no me extraña

   si tú vives en mí, que venga estrecho a mi gigante corazón mi pecho”.

Una célebre foto nos muestra a Martí en la cárcel. Él la dedicó a su madre con el siguiente poema:

Mírame, madre, y por tu amor, no llores;

  si esclavo de mi edad y mis doctrinas,

  tu mártir corazón llené de espinas,

  piensa que nacen entre espinas flores”.

Yo le pido a Dios que en nuestra lejana Patria, haga crecer flores entre tantas espinas, para que las madres no sufran más a causa de la ausencia de sus hijos.

Te quiere eternamente,

Félix José Hernández.

-------------------------------------

EL MUSEO SOROLLA

 

París, 4 de junio de 2009.



Querida Ofelia,

 

El Museo Sorolla es un ejemplo excepcional de casa museo, pues no sólo conserva casi intacto el ambiente original de la vivienda y taller de Joaquín Sorolla y Bastida (18G3-1923) sino que custodia la más rica colección de obras del pintor valenciano.



Después de subir por el  elegante Paseo General Martínez Campos ( me acordé de La Protesta de Baraguá y del Pacto del Zanjón), llegamos a la reja que da al bello jardín de la que fue la residencia de la familia Sorolla.

 

El jardín es una creación más de Sorolla y debe considerarse como una sala más de su Museo. Ferviente admira­dor de la jardinería andaluza que repre­sentó en numerosos lienzos, inten­tó reconstruir algunos de sus rincones en su propia vivienda e hizo traer planteles de Granada y de Valencia, algunos de ellos desde La Alhambra como los mirtos que todavía se conservan. Antes de acometer su plantación dibujó y diseñó las distintas partes del jardín, conservándose hogaño en el Museo una buena colección de bosquejos que se han expuesto al público. Muchos de los elemen­tos que lo enriquecen tienen la misma procedencia: las pilas de sus fuentes, columnas, capiteles, restos arqueológicos, esculturas, etc., que comparten los hono­res con azulejería antigua y moderna de Triana, Manises o Alcora.



 

En el paso al segundo jardín, sobre columnas aprovechadas, podemos ver dos esculturas de interés artístico: a la izquierda, Desnudo femenino del catalán José Clará Ayats (1878-1958); a la dere­cha, El gaitero del valenciano Mariano Benlliure y Gil (1862-1947). Ninguna de las dos están fechadas, pero la de Ben­lliure corresponde a su periodo italiano, al año 1884. Al estar a la intemperie ambas esculturas, ya restauradas, se han repro­ducido en resina sintética y los originales se han expuesto en las salas del Museo.

El segundo jardín fue el último en ser plantado, seguramen­te en el año 1916 o inicios del siguiente. Fue el más trabajado por el pin­tor, con muchísimos dibujos previos para colocar en el mismo una pérgola que luego instaló en el tercero. Inspirado directamente en el Patio de la Acequia del granadino Generalife, Sorolla intentó contraponer un jardín de neta inspiración sevillana, el primero, a otro granadino, que corresponde a este segundo.

 

El tercer jardín no tiene la uniformidad de los dos anteriores por la presencia de sus dos elementos fundamentales: la pérgo­la, a la derecha, y la alberca, a la izquier­da. Sorolla tuvo que conjugar estos dos elementos, de neta influencia italiana y de tradición andaluza (hispanomusulma­na) respectivamente y, además, contar con un espacio curvo, el que produce la pérgola del salón, que no encajaba con las trazas de la jardinería árabe que intentó reproducir.



 

En 1932, a raíz de la inauguración de Museo, The Hispanic Society of America de Nueva York regaló el busto de Sorolla que se encuentra debajo de la pérgola. Es una réplica en mármol del bronce que ellos conservan, realizado por Mariano Benlliure y Gil. A la derecha del fondo, unos escalones recamados de azulejería de muy distinta procedencia nos conducen a la entrada del Museo.

 

En 1905 adquirió Sorolla el primer solar para levantar su casa madrileña. En 1909 encargó el proyecto al arquitecto Enrique María de Repullés y Vargas (1845-1922). Inmediatamente com­pró un segunda solar, a la derecha del primero, lo que obligó al arquitecto a modificar el proyecto y permitió a Sorolla intervenir dándole a la construcción un carácter más andaluz. En julio de 1910 comenzaron las obras, y en diciembre de 1911 la casa ya esta­ba habitada.



Joaquín Sorolla y Bastida nació en Valencia el 27 de febrero de 1863. El 8 de septiembre de 1888 contrajo matrimonio con Clotilde García del Castillo. En 1890 nació su primera hija, María Clotilde, en 1892 su úni­co hijo varón, Joaquín, y en 1895 Elena, su tercera hija.

El pintor falleció el 10 de agosto de 1923 en Cercedilla (Madrid).

En 1931, gracias a la generosidad de la familia Sorolla, se creó el Museo por deseo de la viuda de Sorolla, la que en 1925 había dictado testamento donando todos sus bienes al Estado español para fundar un Museo en memoria de su marido. Ya fallecida Clotilde, se aceptó el legado el 28 de marzo de 1931, y el 11 de junio del año siguiente se inauguró el Museo.

Joaquín Sorolla y García, único hijo varón del ma­trimonio Sorolla, fue el primer Director de este Museo hasta su fallecimiento, por deseo expreso de su fundadora. En 1941 hizo Joaquín un testamento legando nuevos fondos a la Fundación Museo Sorolla. Tras su muerte en 1948, la donación fue aceptada en 1951.

Desde 1973 et Museo es estatal y depende del Ministerio de Edu­cación, Cultura y Deporte.

Su amigo Aureliano de Beruete ayudó a Sorolla a introducirse en distintos círculos sociales, tanto intelectuales como mundanos, y su actividad de retratista contribuyó a ampliar sus relaciones: tuvo buena amistad con los reyes de España, con numerosos políticos, con parte de la nobleza y con algunos escritores. Fueron sus modelos, por ejemplo: Alfonso XIII, la reina Victoria Eugenia y el presi­dente de los EE.UU., entre las personalidades políticas, y también Pérez Galdós, Echegaray Cassío, Ramón y Cajal, Baroja, Benavente, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Menéndez y Pelayo, Azorín, Ortega y Gasset, Marañón, Emilia Pardo Bazán, Pérez de Ayala, etc. Algunos de ellos fueron retratados para la gale­ría iconográfica de Españoles Ilustres que le encargó A. Huntington.

Llamado “el pintor de la luz”, Sorolla hizo de ella la protagonista de su obras. Su interés arranca de la tradición realista valenciana, especialmente de Ignacio Pinazo, y se refuerza cuando conoció en París la obra de los pintores nórdicos,

Sorolla se enfrentó a la luz directamente al aire libre y la recogió con su rápida y amplia pincelada, unas veces muy empastada y otras veces muy líquida, con la que consiguió efectos sorprendentes.

Su conocimiento de las distintas vanguardias y su trato con pintores como Sargent (1876-1925), Boldini (1845-1931) o Anders Zorn (1860-1920), aporta a sus obras una gran variedad de matices. Sorolla fue quizá el pintor español de su época más reconocido y valorado internacionalmente. Su atractivo estilo, basado en unas grandes dotes perceptivas y en una rapidísima ejecución, le abrió las puertas de los grandes coleccionistas europeos y americanos, además de los españoles. Participó en numerosos certámenes consiguiendo importantes recompensas como el Grand Prix de la Exposición Universal de Pa­rís de 1900 y la Medalla de Honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid en 1901. Hizo exposiciones individuales en París (1906), Berlín, Düsseldorf y Colonia (1907), Londres (1908), Nueva York, Buffalo y Boston (1909) y en Chicago y St. Louis (1911); su mayor éxito fue la de Nueva York en 1909, visi­tada por casi 160, 000 personas. Antes de 1900 ya tenía colgadas obras suyas en museos de París, Venecia, Saint-Louis, Madrid y Buenos Aires

Las escenas de playa surgen en la obra de Sorolla como una derivación de su costumbris­mo marinero, con el que a veces se confunde. Aparecen en 1899, pero su consolidación como temática no llegará hasta 1904. Es un aspecto fundamental en la obra del pintor, y aún hoy sigue siendo el más apreciado. Casi siempre las pintó en el mar Mediterráneo, de 1904 a 1916, pero también hay ejemplos realizados en Biarritz en el año 1906 y en Guipúzcoa, entre los años 1910 y 1917-1918.

El Museo Sorolla es un ejemplo excepcional de casa museo, pues no sólo conserva casi intacto el ambiente original de la vivienda y taller de Joaquín Sorolla Bastida (1863-1923), sino que custodia la más rica colección de obras del pintor valenciano.

La colección fundamental está compuesta por pinturas y dibujos de Joaquín Sorolla y Bastida. Pero el museo también muestra las colecciones del pintor: algunas esculturas, antiguas y modernas, mobiliario, orfebrería, textiles, metalistería y sobre todo, una buena colección de cerámica española, fundamentalmente valen­ciana y aragonesa.

 

Entre las obras que más me impresionaron se encuentran :



-Trata de blancas (1894).

Representa el traslado de unas muchachas a un lupanar bajo la mirada atenta de una celestina.

La escena en sí es costumbrismo puro, pero el enfático título le da un matiz de denuncia que lo con­vierte en realismo social, temática que Sorolla practica entre los años 1892 y 1899.

-La bata rosa (1916).

Pintado en El Cabañal de Valencia durante el verano de 1916, es la obra culminante del luminismo de Sorolla y de sus escenas de playa. Utiliza en su composición distintos focos de luz: a dere­cha e izquierda pasa a través de lienzos blan­cos, que la tamizan, y por el fondo y la parte superior atraviesa los cañizos manchando irregular­mente las figuras monumentales.

-Tipos de Salamanca (1912).

Sorolla realizó entre los años 1912 y 1919 un monumental con­junto decorativo, lla­mado La visión de España, para The Hispanic Society of America de Nueva York. El Museo con­serva varios estudios preparatorios, de gran­des proporciones.

De los trabajos para el primer panel, La fiesta del pan, forman parte estos tipos sal­mantinos.

-Rompeolas, San Sebastián (1917-1918).

Sorolla también fue un gran paisajista, aunque ésta es una faceta poco difundida. En el verano de 1917, o en el siguiente, pintó esta versión del Cantábrico enfurecido. La tela presenta una paleta nada habitual en el artista, a base de grises y malvas. 

-Contadina de Asís (1888).

Boceto al carbón con toques de goua­che blanco.

Forma parte de la serie de estudios de campesinos realizados durante su estancia en Asís, en los inicios de su carrera, momento en que cultiva temas costumbristas.

-Paseo a orillas del mar (1909).

Es uno de los lienzos mas conocidos de Sorolla, pintado tras su triunfo en Estados Unidos. El éxito lo convirtió en un pintor distinto, muy elegante,

con una paleta muy serena y una temática intrascendente pero plena de encanto y poesía. Recoge a su mujer y a su hija mayor paseando por la playa, donde la brisa del mar infla telas, pamelas y sombrillas, como elementos fun­damentales de la composición.

-Instantánea, Biarritz (1906).

En el verano de 1906 Sorolla se estableció en esa playa francesa. Había estado residiendo en París los dos meses anteriores y algo de su pintura se filtró en su obra. Se vuelve elegante, baja la tonalidad de la pale­ta y recoge a sus seres más queridos en varios lienzos pintados a la orilla del mar. En este caso su mujer, Clotilde García del Castillo, con una máquina fotográfica en sus manos.

-La siesta (1911).

La mujer de Sorolla, sus dos hijas y una prima hermana de éstas descansan sobre el césped después de la comida. La tela está pintada en San Sebastián en el verano de 1911; las amplias pinceladas muy poco cargadas de pigmento contrastan con gruesos empas­tes que llaman nues­tra atención y nos obligan a desplazarnos visualmente por el lienzo.

Recuerdo como te gustaba ir al Palacio de Bellas Artes de nuestra querida San Cristóbal de La Habana. Admirábamos juntos los cuadros de Sorolla que habían sido robados por la “justicia revolucionaria” a las ricas familias cubanas y españolas expoliadas por el régimen del Coma-Andante en Jefe.

Antes de despedirme deseo darle las gracias al  amable personal del Museo Sorolla y sobre todo a Don David Ruiz López, por haberme facilitado la documentación que me permitió escribir esta crónica. 

En la tienda del Museo se puede comprar la excelente "Guía del Museo Sorolla", escrita por Don Florencio de Santa-Ana y Álvarez-Ossorio, Director del Museo. De ella provienen las informaciones sobre los tres bellos jardines. También la "Guía Abreviada" de bolsillo, ofrece al visitante lo más importante sobre el bello Museo, gracias a ella te pude dar muchos datos sobre Sorolla y su obra.

 

Con esta crónica termino las que corresponden al viaje a Madrid del mes de julio. En la próxima comenzaré a contarte nuestras "aventuras" en La Ciudad Eterna, del mes de agosto.



Un gran abrazo desde esta Vieja Europa,

Félix José Hernández.

---------------------------------------------

El Mundo
París, 31 de junio de 2009.

Querida Ofelia,


Así comienza la historia del niño que marcaría la infancia del autor y que éste último logra llevar a las páginas de su su novela El Mundo, con gran emoción y realismo:

“Un chico de mi calle tenía una enfermedad del corazón que le impedía ir al colegio. Durante los meses en los que el buen tiempo lo permitía, el Vitaminas —así le llamábamos, ironizando sobre su delicado aspecto— permanecía sentado a la puerta del establecimiento de su padre (una tienda de ultramarinos anexa a un bar también regentado por él) con una bicicleta de carreras al lado. Nunca monté en ella, pero a veces decía que de mayor sería ciclista. Su deseo, si tenemos en cuenta que se ahogaba al menor esfuerzo, resultaba un poco trágico. Pese a la crueldad del mote, el Vitaminas gozaba del respeto, cuando no de la indiferencia, de los chicos de la calle: sabíamos que cualquier alteración podía matarle. Componían su reino, además de la bicicleta, un sillón de mimbre con un par de almohadones en el que permanecía sentado la mayor parte del verano, y los tres o cuatro metros cuadrados que se extendían alrededor de ese sillón. Según mi madre, las personas que sufrían la enfermedad del Vitaminas morían al hacer el desarrollo.”

Hay libros que te enganchan desde la primera página. Este es el caso de El Mundo. Una novela autobiográfica, escrita con el corazón, en las que según los recuerdos de niñez, adolescencia y juventud se van agolpando en la mente de Millás, éste los va llevando a sus páginas. Él nos ofrece todo un panorama de la sociedad española, de la segunda mitad del siglo XX, por medio de la vida de su familia. Nos cuenta su amistad con el Vitaminas (“cuya mirada era semejante a la de los santos de las estampas”), el chico que le hizo ver “el ojo de Dios”. La hermana de éste, María José, sería su amor infantil imposible, pero no lograba hablar con ella a causa de sus ejercicios espirituales. La pobreza de esa familia valenciana de nueve hermanos era tal, que cada cena, según su padre, era sagrada, “como si fuera la última cena”. El fracaso de la love story con Luz, las aventuras de la calle Canillas, el éxodo de la familia de Valencia a Madrid, con la pérdida del paraíso de la playa, la luz y el calor; todo nos hace recordar nuestras propias vidas y nuestros paraísos perdidos.

Sin lugar a dudas que los cubanos tenemos mucho en común con los españoles. Las reacciones del autor, su familia y sus amigos son muy similares a las que hubiéramos tenido en situaciones similares.

La escena que se desarrolla en el madrileño Aeropuerto de Barajas, al pasar por la estera de control de rayos equis la bolsa de El Corte Inglés (la tienda preferida de su difunta madre), que contiene las cenizas de sus padres, es extraordinaria. Algo difícil de olvidar. Una verdadera obra de arte de humor negro.

Pero es en El Epílogo, entre las páginas 223 y 233, donde Millás hace gala extraordinaria de savoir faire con su viaje por el espacio y el tiempo hacia el pasado dentro de El Mundo.

 Sobre cómo comenzó a escribir su bella novela, Millás declaró:
“Hay libros que forman parte de un plan y libros que,

al modo del automóvil que se salta un semáforo, se

cruzan violentamente en tu existencia. Éste es de los

que se saltan el semáforo. Me habían encargado un

reportaje sobre mí mismo, de modo que comencé a

seguirme para estudiar mis hábitos. En ésas, un día

me dije: «Mi padre tenía un taller de aparatos de

electromedicina.» Entonces se me apareció el taller,

conmigo y con mi padre dentro. Él estaba probando

un bisturí eléctrico sobre un filete de vaca. De

súbito, me dijo: «Fíjate, Juanjo, cauteriza la herida

en el momento mismo de producirla.» Comprendí

que la escritura, como el bisturí de mi padre,

cicatrizaba las heridas en el instante de abrirlas e

intuí por qué era escritor. No fui capaz de hacer el

reportaje: acababa de ser arrollado por una novela.”


Pocas veces una novela me ha dejado tan fascinado como ésta. En cuanto pueda te la enviaré por la vía acostumbrada, para que la disfrutes y la hagas circular entre los amigos y familiares.

A continuación te reproduzco algunas opiniones sobre El Mundo, de los críticos de algunos periódicos españoles:

“Estoy convencido de que El mundo es una obra maestra.” (Juan Bonilla, EI Mundo).

“Tal vez la más conmovedora y honda de las novelas que ha escrito Millás” (Gustavo Martín Garzo, El País).

«Sin duda alguna, una de las dos novelas españolas de 2007 que quedarán en unos años.» (Francisco García Pérez, La Nueva España).
«El mundo, esta espléndida novela de Juan José Millás, siendo breve, es la más extensa de las suyas porque las abarca todas y las corona. » (Domingo Ródenas de Moya, El Periódico de Catalunya).
«Millás ha escrito la que es probablemente la mejor novela española de posguerra. » (Iriaki Ezkerra, El Norte de Castilla).
«La fertilidad creadora de Millás es tal que todo se convierte en materia narrativa. » (J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia).
Juan José Millàs es autor de novelas como El desorden de tu nombre, Visión del ahogado, El jardín vacío, La soledad era esto, Volver a casa, Letra muerta, El orden alfabético, Dos mujeres en Praga o Laura y Julio, y de trabajos periodísticos como Hay algo que no es como me dicen, el caso de Nevenka Fernández contra la realidad, Cuerpo y prótesis o Articuentos. Ha obtenido, entre otros, el Premio Sésamo, el Nadal y el Primavera. También ha publicado volúmenes de cuentos como Primavera de luto, Ella imagina o Cuentos de adúlteros desorientados. Escribe habitualmente en El País y en los periódicos del grupo Prensa Ibérica, reportajes y artículos por los que ha obtenido, entre otros, el Premio Mariano de Cavia, el de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, el Atlántida o el Francisco Cerecedo. Su obra narrativa se ha traducido a 23 idiomas.

Un gran abrazo de quien no te olvida jamás,

Félix José Hernández.

-------------------------------------------------------------------------



El Museo de la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid
París, 6 de julio de 2009.

Mi querida Ofelia,

 

José Lázaro Galdiano, bibliófilo, editor y coleccionista, además de hombre de negocios, dispuso, junto con su esposa, Paula Florido y Toledo, de una inmensa fortuna. Al fallecer en 1947 cedió sus bienes al Estado, creándose la Fundación que lleva su nombre, que incorporó tan generoso legado.



En 1951 se abrió al público el museo que custodia sus colecciones, tras una rotunda reforma de la que fuera vivienda familiar, la Casa-Palacio Parque Florido, que hoy puede contemplarse en todo su esplendor tras su restauración. Los interiores se dispusieron según necesidades decorativas, al gusto de la época en la planta primera, subrayadas por agrupaciones de objetos, con espacios diseñados por el arquitecto Fernando Chueca Goitía.

El departamento de documentación y difusión de la Fundación redactó en 1999 una sucinta guía profusamente ilustrada que se ajustaba al recorrido establecido en los años cincuenta.

Tras la rehabilitación integral de la casa-palacio e implantación de la nueva museografía, las colecciones se han ordenado siguiendo un guión expositivo muy preciso, al tiempo que se han puesto al día y revisado la mayor parte de las viejas atribuciones. El museo esta formado con parte de las colecciones legadas por Don José Lázaro Galdiano al Estado español, que creó en 1948 la Fundación que lleva su nombre. Además del Museo, la Fundación gestiona una importante Biblioteca, un Archivo, el Gabinete de Estampas y Dibujos y edita, entre otras publicaciones, la veterana revista de arte « Goya ».

En el número 261 de noviembre-diciembre 1997, de “Goya” , pude leer un excelente artículo escrito por Don Juan Antonio Yeves*, cuyo título es : “Don José Lázaro Galdiano: bibliófilo y bibliógrafo”.

La colección de obras artísticas comprende una excelente pinacoteca, imprescindible para la historia de la pintura española, en la que destacan las obras de Francisco de Goya, y que también incluye importantes pinturas euro­peas.

Se complementa con escultura y artes suntuarias fechadas entre el siglo IV antes de Cristo y la primera mitad del XX.

En la planta baja se ofrecen al visitante las claves para comprender la colec­ción, sus orígenes y su aportación a la Historia del Arte, además de un paseo estético por sus más hermosos tesoros.
La primera planta.

Don José Lázaro formó una gran colección de obras de arte de procedencia europea y fundamentalmente española. Para este navarro cosmopolita la producción artística hispana era motivo de orgullo nacional y expresión de la riqueza del país.

En esta planta se reúne una selección de las obras españolas, ordenadas cronológicamente: pintura, escultura y artes suntuarias, en el marco de los salones de aparato de la residencia del matrimonio Lázaro-Florido.

Preside lo que fue la Sala de Baile, uno de los más bellos y conocidos retratos del siglo XIX, el de nuestra inolvidable Gertrudis Gómez de Avellaneda (Puerto Príncipe, Cuba 1814-Madrid 1873), pintado en 1857 por Federico Madrazo (1815-1894). En él acertó el pintor al plasmar la dignidad y elegancia que caracterizaron la personalidad de nuestra ilustre escritora.


La segunda planta. 

En ella se ofrece un contrapunto al panorama artístico español exhibido en la primera. Las escuelas europeas más importantes (Italia, Flandes, Holanda, Alemania, Francia e Inglaterra), durante medio milenio de la historia del continente, se hallan aquí representadas con pintura, escultura y artes suntuarias. Algunas de ellas, como las producciones flamencas o italianas, están directamente vinculadas a la historia del arte español, por lo que resultan adecuado complemento para la visión integral que Lázaro intentó transmitir por medio de su colección; incluyendo algunas rarezas, como la presencia de la pintura inglesa, inhabitual en las pinacotecas españolas.


La tercera planta.

El ambiente de esta planta, caracterizado por una alta densidad de objetos, evoca los gabinetes históricos del coleccionismo europeo. A medio camino entre el almacén y la exposición permanente, este Gabinete se dedica a exhibir las colecciones no representadas en las demás plantas, destacando especialmente las de armas, marfiles, textiles, monedas y medallas; asimismo, se complementan otras, como la escultura, cerámica, vidrio, bronces, platería, esmaltes, sigilografía y arqueología.

Es necesario visitar la Cámara del Tesoro, verdadera Wunderkammern que reúne varios centenares de piezas desde el siglo IV antes de Cristo hasta el siglo XX: el Gabinete de Goya ( del cual te escribiré en mi siguiente carta), el Gabinete de Miniaturas, y contemplar las obras de El Greco, Sánchez Coello, Ribera, Zurbarán, Velázquez, Murillo, Carreño, Claudio Coello, Paret, Vicente López, Madrazo, Lucas, Sittow, Benson, Isenbrandt, El Bosco, Cranach, Teniers, Cavallino, Constable, Reynolds y otros importantes autores de las principales escuelas europeas, sin olvidar la bellísima tabla del “Salvador adolescente” en la que uno de los discípulos más dotados de Leonardo da Vinci, seguramente Giovanni Antonio Boltraffio, tradujo en pintura un perdido diseño del maestro.

*Le doy mis más sinceras gracias a Don Juan Antonio Yeves Andrés, director de la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano, por su amabilidad y por todas las explicaciones y documentación que me ofreció, lo que me ha permitido escribir ésta y la siguiente crónica que será dedicada a la presencia de la obra del genial Goya en el Museo.

Un gran abrazo desde la Vieja Europa. ¡Vieja, pero con mucho encanto!

Félix José Hernández.


  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal