África sin deuda Damien Millet El autor Damien Millet



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África sin deuda
Damien Millet
El autor
Damien Millet es profesor de matemáticas en clases preparatorias científicas en Orleáns, presidente del CADTM Francia (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo) y miembro de la Comisión Deuda de Attac Francia; coautor con François Mauger de La Jamaïque dans l’étau du FMI, L’Esprit frappeur, París, 2004; con Éric Toussaint de 50 Preguntas/50 Respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial, Icaria, Barcelona, 2004, y Los tsunamis de la deuda, Icaria, Barcelona, 2006.
Comité de lectura

Éric Berr, economista, miembro de la red CADTM, Burdeos

Julie Castro, médica, miembro de la red CADTM, París

Alexis Cléré, aviador, miembro de la red CADTM, Lyon

Denise Comanne, animadora de la red CADTM, Lieja

Sékou Diarra, investigador en la Coalición de Alternativas Africanas Deuda y Desarrollo, miembro de la red CADTM, Bamako (Malí)

Isabelle Likouka, docente, miembro de la red CADTM, Brazzaville (Congo)

Victor Nzuzi, campesino, miembro de la red CADTM, Kinshasa (RDC)

Jean Mpélé, miembro de la red CADTM, Congo

Roseline Péluchon, médica, miembro de la red CADTM, París

Véronique Racine, fisioterapeuta, miembro de la red CADTM, París

Éric Toussaint, historiador, presidente del CADTM Bélgica


Ilustración

Stiki, http://ledessindulundi.site.voila.fr/

DOM (Dominique Normand)

Dedicatoria
A todos los que resistieron en las colinas de Bisesero (Ruanda) en 1994.

A todos los Bisesero políticos y económicos del continente africano.


A Isabelle, Julie, Arthur y Hugo por su presencia cotidiana y su apoyo.
Dedicatoria especial a todos aquellos sin los cuales este libro no habría podido ser lo que es.

En memoria de G., fiel compañero de siempre.


«¿Es que África debe aún? ¡No!»

Tiken Jah Fakoly


«Quien no participa en la lucha participa en la derrota.»

Bertolt Brecht


«Pueden porque piensan que pueden»

Virgilio


Índice
Siglas
Advertencia
Mapa general de África
Introducción
Capítulo 1: ¿África liberada? El engaño de la independencia
Capítulo 2: África maniatada. El dinero del engaño
Capítulo 3: África sometida. Dolor de deuda
Capítulo 4: África quebrada. El regalo envenenado del ajuste estructural
Capítulo 5: África mutilada. La multiplicación inmoral de las calamidades
Capítulo 6: África traicionada. Las finanzas contra los pueblos africanos
Capítulo 7: África incomprendida. Comprender para salir del impasse
Capítulo 8: África amordazada. Un campo de reeducación neoliberal
Capítulo 9. África destrozada.
Discurso de Thomas Sankara
Glosario
Bibliografía
Bibliografía complementaria: para saber más sobre África

Siglas
ACP África Caribe Pacífico

AFDL Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación

AFP Agencia France Presse

AGOA African Growth and Opportunity Act

AID Asociación Internacional para el Desarrollo, grupo Banco Mundial

APD o AOD Ayuda Pública (u Oficial) al Desarrollo

BAfD Banco Africano de Desarrollo

BIT Buró Internacional del Trabajo

CEMAC Comunidad Económica y Monetaria de África Central

CMDT Compañía Maliense de Desarrollo del Textil

CNUCED Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo

DERP Documento de Estrategia de Reducción de la Pobreza

FAO Food and Agriculture Organization (Organización para la Alimentación y la

Agricultura)

FCFA Franco de la Comunidad Financiera Africana, moneda de los países miembros

de la UEMOA, y Franco de la Cooperación Financiera de África central, de los

países miembros de la CEMAC

Fed Reserva Federal de Estados Unidos

FMI Fondo Monetario Internacional

FRPC Facilidad para la Reducción de la Pobreza y el Crecimiento

G7 Grupo de los siete países más industrializados (Alemania, Canadá, Estados

Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido)

GAO General Accounting Office (Tribunal de Cuentas de Estados Unidos)

IDE Inversión Directa Extranjera

IDH Índice de Desarrollo Humano

IFI Instituciones Financieras Internacionales

MAEP Mecanismo Africano de Evaluación por los Pares

NAPDA Nueva Asociación para el Desarrollo de África

OCDE Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos

OGM Organismo Genéticamente Modificado

OMC Organización Mundial del Comercio

ONG Organización No Gubernamental

ONU Organización de las Naciones Unidas

ONUDI Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial

ONUSIDA Organización de las Naciones Unidas para el Sida

OPEP Organización de Países Productores de Petróleo

ORD Órgano de Resolución de Diferendos

OUA Organización de la Unidad Africana

PAM Programa Alimentario Mundial

PAE Plan de Ajuste Estructural

PIB Producto Interior Bruto

PMA Países menos Adelantados

PNB Producto Nacional Bruto

PNUD Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

PPAE Países Pobres Altamente Endeudados

RDC República Democrática del Congo

RFI Radio France Internationale

SADC Southern African Development Community (Comunidad de Desarrollo del

África Austral)

UA Unidad Africana

UEMOA Unión Económica y Monetaria Oesteafricana

UNESCO Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la

Cultura

UNICEF Fondo de las Naciones Unida para la Infancia



Advertencia
Salvo mención en contrario, las cifras de la deuda presentadas en esta obra han sido extraídas de los informes del Banco Mundial, en especial Global Development Finance 2004.
Dado que Libia no se adhirió aún al sistema estadístico del Banco Mundial, no pudimos por el momento tener acceso a los datos pertinentes e incluirlos en aquellos que presentamos. La expresión África del Norte comprende, por lo tanto, Marruecos, Argelia, Túnez y Egipto.
Aquí trataremos nada más que la deuda externa de los países africanos, es decir, la deuda contraída con un acreedor exterior. Como prioritariamente estudiamos la situación de los Estados africanos y de su población, sólo consideramos en este libro la noción de deuda externa pública o garantizada por los poderes públicos. Se trata de la deuda externa asumida por el Estado, y por consiguiente por sus ciudadanos, y contraída por un lapso superior a un año. Es lo que llamaremos simplemente deuda.
Mapa general de África
Afrique du Sud Sudáfrica

Algèrie Argelia

Angola Angola

Bénin Benín

Botswana Botsuana

Burkina Faso Burkina Faso

Burundi Burundi

Cameroun Camerún

Cap-Vert Cabo Verde

Centrafrique República Centroafricana

Comores Comores

Congo Congo

Egypte Egipto

Ethiopie Etiopía

Djibuti Yibuti

Gambie Gambia

Gabon Gabón

Ghana Ghana

Guinée Guinea

Guinée-Bissau Guinea Bissau

Guinée équatoriale Guinea Ecuatorial

Kenia Kenia

Lesotho Lesoto

Liberia Liberia

Libye Libia

Madagascar Madagascar

Malawi Malawi

Mali Malí

Maroc Marruecos

Maurice Mauricio

Mauritanie Mauritania

Mozambique Mozambique

Namibie Namibia

Niger Níger

Nigeria Nigeria

Ouganda Uganda

RDC RDC (República Democrática del Congo)

Rwanda Ruanda

Sahara occidental Sahara Occidental

Sao Tomé et Principe Santo Tomé y Príncipe

Sénégal Senegal

Sierra Leone Sierra Leona

Soudan Sudán

Tanzanie Tanzania

Tchad Chad

Togo Togo

Seychelles Seychelles

Somalie Somalia

Swaziland Suazilandia

Tunisie Túnez

Zambie Zambia

Zimbabwe Zimbabue


El Sahara Occidental, reconocido por la OUA (hoy Unión Africana) en 1984, es actualmente un territorio bajo dominación marroquí
Introducción
África sin deuda es, en principio, una cruel ironía, porque actualmente África sigue endeudada. Al contrario de lo que dicen los media, su deuda sigue creciendo. Se habla de reducción de la deuda, de ayuda al desarrollo, pero cuando se analiza estas expresiones la realidad es cruel: el continente más pobre y más desprovisto en términos de desarrollo humano continúa transfiriendo unas sumas considerables a sus ricos acreedores, cobrando de paso las clases dirigentes su comisión. Una gran parte de la población se hunde en la miseria y la espiral de la deuda prosigue su trágica obra.
África sin deuda es, sobre todo, una exigencia. Tras siglos de pillaje, de esclavitud, de colonización, la implantación de un modelo económico neoliberal la ha quebrado mediante el mecanismo de la deuda. Actualmente, el combate central es la exigencia de la anulación total de la deuda externa pública de África, primer paso hacia la de todos los países del Tercer Mundo, con el fin de liberar por fin su desarrollo.
África sin deuda es también una pregunta. ¿La deuda de África es legítima? Por razones a la vez morales, económicas, jurídicas, ecológicas e históricas, la deuda actual debe ser repudiada. Los pueblos africanos tienen el derecho de exigir a sus ricos acreedores, sean éstos del Norte o del Sur, el pago de una deuda a título de reparaciones y la instauración de otro modelo económico, basado en la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales.
Damien Millet

damien.millet@cadtm.org



Capítulo 1
(ilustración) ¡Por fin Libre!
¿África liberada?

El engaño de la independencia
África no es una e indivisible. Todas las sensibilidades coexisten en este mosaico. Todas las esperanzas, todas las dudas también. Sin embargo, el hecho de ser africano no es el único rasgo común de los pueblos del continente: todos, o casi todos, han padecido durante mucho tiempo la dominación y la opresión. Durante la primera mitad del siglo xx, ser africano significaba en primer lugar ser un colonizado. Al comienzo de los años 60, el concepto de «colonizado» fue deconstruido. El horizonte parecía abrirse.
El perímetro africano

Vista desde Europa, hasta hace poco tiempo África no era más que un perímetro. En el siglo xv, los portugueses comenzaron a recorrer sus costas, pero principalmente para bordearla y encontrar el camino de las Indias.


La trata transatlántica de negros (por lo menos once millones de africanos, según un cálculo bajo, fueron deportados a las Américas entre los siglos xvi y xix) consistía para los negreros ante todo en recoger esclavos1 en la costa. La cacería de futuros esclavos en el interior del continente era a menudo realizada por los propios africanos, movidos por un afán de lucro o como un medio de deshacerse de sus enemigos. Por descontado, esto no invierte la responsabilidad: la lógica de esta dominación era impuesta por los ricos europeos, que debían su fortuna al comercio triangular (esclavos africanos vendidos en América, intercambiados por azúcar, café, tabaco, algodón, que se transportaban a Europa antes de embarcar fusiles, tejidos y baratijas hacia África). Esta acaudalada burguesía europea, de Nantes, Burdeos, Londres, Lisboa, Copenhague, supo encontrar, en esta empresa, aliados y subordinados en África, pero fue ella la que originó y llevó a cabo el proceso de dominación. El testimonio del negrero francés Théodore Canot (1806-1860) es muy claro: «Afirmo sin vacilar que las tres cuartas partes de los esclavos exportados de África son el fruto de guerras fomentadas por la codicia de nuestra propia raza.»2 Hubo, por supuesto, resistencias: por ejemplo, el rey Adandozan de Dahomey (hoy Benín) fue derrocado en 1818 porque se oponía a la trata de negros. La fuerza estaba en el lado de los ricos europeos, que pudieron imponer este comercio durante más de tres siglos.3
Las consecuencias para África fueron terribles. Los trabajos del historiador Joseph Ki-Zerbo demuestran, en efecto, que África había alcanzado un alto nivel de desarrollo político, social y cultural antes de que el tráfico de esclavos iniciara la decadencia del continente: «La trata de negros fue el punto de partida de una desaceleración, de un atasco, de una detención de la historia africana. No digo de la historia en África, sino de una inversión, de una regresión de la historia africana. Si se ignora lo que pasó a través de la trata de negros, no se entiende nada de África.»4
La exploración del interior de África por los europeos no comenzó hasta el siglo xix, y, recurriendo a la violencia, las grandes potencias llegaron a dominar todo el continente. Tras la Conferencia de Berlín de 1885, siete potencias coloniales estuvieron presentes en África y llevaron a cabo un pillaje sistemático, que denominaron «misión civilizadora»: Francia en el Magreb, en el África occidental y ecuatorial, en Madagascar, en las Comores, en Yibuti; Inglaterra en Nigeria, en Sierra Leona, en Gambia, en Costa de Oro (hoy Ghana) y en un arco que va desde Egipto hasta Sudáfrica; Alemania en Togo, en Camerún, en Namibia y en la región de los Grandes Lagos; Bélgica en el Congo belga; España en Guinea Ecuatorial y en Río de Oro (Sahara occidental); Portugal en Angola, en Mozambique, en Guinea-Bissau, en Santo Tomé y Príncipe y en Cabo Verde; Italia en Libia, en Somalia y en Eritrea.
La derrota de Alemania en la primera guerra mundial provocó el desmantelamiento de su imperio colonial, que se repartieron Francia, Inglaterra y Bélgica.
Exceptuando algunos casos particulares, como Liberia —comprada en el siglo xix, para alojar en ella esclavos afroamericanos liberados, por una sociedad estadounidense «filantrópica», controlada sobre todo por la fábrica de neumáticos Firestone Tire & Rubber Co., que desde 1926 explota en el lugar una gigantesca plantación de 400.000 hectáreas de heveas—, y Etiopía (bajo dominio italiano sólo durante un período muy breve), África era, en los años 30, un continente bajo la bota colonial.
La descolonización en marcha

Las primeras protestas tuvieron lugar después de la segunda guerra mundial. En Francia, Lamine Senghor, militante comunista en relación con el movimiento negro estadounidense, fue el primero en denunciar la colonización con gran virulencia. Las décadas siguientes vieron crecer las protestas contra el sistema colonial y los movimientos independentistas comenzaron a estructurarse. La segunda guerra mundial constituyó un punto decisivo en el camino de la independencia. Por primera vez las colonias veían a sus metrópolis en posición de extrema debilidad, y las tropas llegadas de África desempeñaron un papel importante. Francia e Inglaterra propusieron entonces a sus colonias una relativa autonomía, bien controlada, a fin de evitar la pérdida completa de su dominación. Pero el viento de la historia soplaba en el sentido de la descolonización, y desde los años 50 el tema adquirió una candente actualidad. En 1952 surgió la expresión Tercer Mundo de la pluma de Alfred Sauvy en L’Observateur. Pero su verdadera acta de nacimiento fue la Conferencia de Bandung (Indonesia), en 1955, cuyo objetivo era poner fin definitivamente al colonialismo.5 En África, la situación difería de un país a otro.


Globalmente, el norte de África asumió muy pronto esta reivindicación y las antiguas colonias se fueron independizando una tras otra: Libia en 1951, Egipto en 1953, Sudán, Marruecos y Túnez en 1956. Francia rechazó la de Argelia, lo que condujo a la guerra en 1954, que acabó en 1962 con la independencia argelina, no sin provocar un cambio de régimen en la metrópoli y el acceso al poder del general De Gaulle, en mayo de 1958.
En el África negra, después de Ghana en 1957, las otras colonias británicas consiguieron su independencia a principios de los años 60. A partir de 1958, Francia propuso a sus colonias, por referéndum, integrarse en la Comunidad francesa. Sólo la Guinea de Sékou Touré respondió «no» y proclamó su independencia. Pero la presión anticolonial se intensificó y la Comunidad no duró mucho: las otras colonias francesas se fueron independizando en los años siguientes. El Congo en 1960 y Ruanda y Burundi en 1962 se emanciparon de la metrópoli belga.
Algunas zonas de África, muy limitadas, se independizarían más tarde: Guinea Ecuatorial en 1968, las colonias portuguesas entre 1973 y 1975, al final de la dictadura de Salazar (que por otra parte fue una consecuencia de la lucha de liberación de las colonias), algunos archipiélagos, como Comores, Seychelles y Yibuti en los años 70, Zimbabue en 1980; por último, Namibia se liberó de Sudáfrica en 1990 y Eritrea de Etiopía en 1993. La cuestión del Sahara Occidental sigue sin resolverse: anexado por Marruecos después de la retirada de España en 1975, proclamó su independencia con el nombre de República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en 1976, pero sigue bajo dominio marroquí y no es aún el 54º país de África. También Mayotte y La Reunión siguen siendo departamentos franceses del océano Índico.
La violencia como frágil refugio

Si bien la guerra de Argelia ha marcado las mentes por su amplitud, hubo otras guerras de liberación, por ejemplo en las colonias portuguesas, especialmente en Angola y Mozambique. En general, las metrópolis respondieron a las revueltas independentistas y a las guerrillas insurreccionales con una represión masiva y brutal. Citemos el caso de Madagascar, donde las tropas francesas causaron más de 80.000 muertos en 1947; el de Camerún, donde las reivindicaciones del líder de la Unión de las Poblaciones de Camerún (UPC), Ruben Um Nyobé, llevaron a la prohibición de su partido por las autoridades francesas en 1955, y su asesinato en 1958, seguido del de su sucesor, Félix Moumié, en 1960, así como una represión masiva y mortífera de la guerrilla de la UPC; y el de Kenia, donde entre 1952 y 1960 las tropas inglesas reprimieron con violencia la revuelta de los Mau-Mau, en el seno de la etnia de los kikuyos.6


A pesar de estos brotes, a veces violentos, la fuerza de las reivindicaciones populares obligó a las potencias colonizadoras a reconocer la mayoría de las colonias como Estados soberanos. El sentimiento que predominaba en África a comienzos de los años 60 era que, a veces pagando un alto precio, todo el continente accedía a la independencia. Algunos países optaron por cambiar simbólicamente de nombre, como Oubangui-Chari, que pasó a llamarse República Centroafricana; Niassalandia, Malawi; Rhodesia del Norte, Zambia —Rhodesia del Sur en 1980 constituyó Zimbaue—. Muchos dirigentes africanos adquirieron notoriedad por sus declaraciones y acciones emblemáticas en esta fase de la emancipación.
Nasser y el canal de Suez

Uno de los primeros actos significativos de este período fue la proclamación de la nacionalización del canal de Suez por el régimen nacionalista egipcio de Gamal Abdel Nasser, el 26 de julio de 1956. Su discurso, pronunciado en Alejandría, fue todo un símbolo: «En este día, celebramos el quinto aniversario de la Revolución. Hemos pasado cuatro años en la lucha. Hemos combatido para desembarazarnos de los restos del pasado, del imperialismo y del despotismo; de los restos de la ocupación extranjera y del despotismo interior. [...] La pobreza no es una vergüenza, pero sí lo es la explotación de los pueblos. Recuperaremos todos nuestros derechos, pues todos estos fondos son nuestros, y este canal es propiedad de Egipto. La Compañía es una sociedad anónima egipcia, y el canal ha sido cavado por 120.000 egipcios, que encontraron la muerte durante la ejecución de los trabajos. La Sociedad del Canal de Suez de París sólo encubre una pura explotación. [...] En cuatro años, hemos sentido que nos hemos hecho más fuertes y más valientes, y así como pudimos destronar al rey un 26 de julio [de 1952], el mismo día nacionalizamos la Compañía del Canal de Suez. [...] Somos hoy libres e independientes.»


Las poblaciones de todo el norte de África y de Oriente Medio estaban entusiasmadas. Francia e Inglaterra, cogestoras hasta ese momento de todo el tráfico del canal, intervinieron militarmente con la complicidad del ejército israelí, pero tuvieron que retirarse debido a las presiones de Estados Unidos y de la Unión Soviética, que apoyaba a Nasser.
El panafricanismo de Nkrumah y de Sékou Touré

Kwame Nkrumah, el padre de la independencia de Ghana, era un panafricanista convencido. Unos meses después de su acceso a la presidencia, en 1960, escribió: «El nacionalismo africano no se limita solamente a Costa de Oro, hoy Ghana. Desde ahora debe ser un nacionalismo panafricano y es necesario que la ideología de una conciencia política entre los africanos, así como su emancipación, se extiendan por doquier en el continente.»


Así, apoyó la acción de otra figura importante del panafricanismo, Sékou Touré, en Guinea, primer país del África negra que se excluyó de la zona de influencia francesa. En el momento en que Guinea dijo «no» a la Francia de De Gaulle, Sékou Touré tenía muy claro el sentido de su movimiento: «No hay dignidad sin libertad: nosotros preferimos la libertad en la pobreza a la riqueza en la esclavitud.»
La afrenta de Lumumba

El 30 de junio de 1960, día de la independencia del Congo, el rey de los belgas pronunció un discurso truculento: «La independencia del Congo constituye la culminación de la obra concebida por el genio del rey Leopoldo II, emprendida por él con un ánimo tenaz, y continuada con perseverancia por Bélgica. [...] Cuando Leopoldo II emprendió la gran obra que hoy encuentra su coronación, no se presentó ante vosotros como un conquistador sino como un civilizador. [...] El gran movimiento de independencia que recorre toda África encontró, por parte de los poderes belgas, la comprensión más amplia. Ante el deseo unánime de vuestra población, no hemos dudado en reconocer desde ahora esta independencia.»


La respuesta sarcástica de Patrice Lumumba, primer ministro congoleño, ha quedado grabada para siempre en la memoria de los africanos:

«Esta independencia del Congo, si bien hoy se proclama de acuerdo con Bélgica, país amigo al que tratamos de igual a igual, ningún congoleño digno de este nombre podrá jamás olvidar que se ha conquistado por la lucha, una lucha en la que no hemos ahorrado ni nuestro esfuerzo, ni nuestras privaciones, ni nuestro sufrimiento, ni nuestra sangre.

» Estamos orgullosos de esta lucha, que fue de lágrimas, de fuego y de sangre, hasta lo más profundo de nosotros mismos, porque fue una lucha noble y justa, una lucha indispensable para poner fin a la humillante esclavitud que nos impusieron por la fuerza.

»Fue nuestro destino durante 80 años de régimen colonial, nuestras heridas están demasiado frescas y son demasiado dolorosas aún para que podamos borrarlas de nuestra memoria.

»Nosotros, que hemos conocido el trabajo agotador exigido a cambio de salarios que no nos permitían ni saciar nuestro hambre, ni vestirnos y alojarnos decentemente, ni criar nuestros hijos como seres queridos, hemos sufrido las burlas, los insultos, los golpes que debíamos soportar mañana, tarde y noche, porque éramos “negros”. ¿Quién olvidará que a un negro se le decía “tú”, no como a un amigo, sino porque el “usted” honorable estaba reservado sólo para los blancos?

»Hemos visto cómo nuestras tierras fueron expoliadas en nombre de unos textos pretendidamente legales que no eran más que un reconocimiento del derecho del más fuerte.

»Hemos visto que la ley nunca era la misma, según se tratara de un blanco o de un negro, condescendiente para unos, cruel e inhumana para los otros.

»Hemos padecido los sufrimientos atroces de los relegados por opiniones políticas o creencias religiosas: exiliados en nuestra propia patria, nuestra suerte era realmente peor que la misma muerte.

»Hemos aprendido que había en las ciudades casas magníficas para los blancos y chozas ruinosas para los negros, que un negro no era admitido ni en los cines, ni en los restaurantes, ni en las tiendas “europeas”, que un negro viajaba en el casco de las embarcaciones, a los pies del blanco en su cabina de lujo.

»¿Quién olvidará, en fin, las descargas de fusiles en las que murieron tantos de nuestros hermanos o los calabozos donde fueron brutalmente arrojados los que se negaban a someterse al régimen de injusticia, de opresión y de explotación que los colonialistas habían convertido en una herramienta de su dominio? [...]

»La República Democrática del Congo ha sido proclamada y nuestro país está ahora en manos de sus propios hijos. [...] La independencia del Congo marca un paso decisivo hacia la liberación de todo el continente africano.»

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