Fuentes mercedarias del siglo XX para reflexionar



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2016: AÑO DE MARÍA DE LA MERCED

Nuestra Madre redentora

MARIOLOGÍA Y MARIANISMO MERCEDARIO

FUENTES MERCEDARIAS DEL SIGLO XX

PARA REFLEXIONAR

P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, O. de M.

Consejero general de Vida Religiosa

Provincia Mercedaria del Perú.

Familia Mercedaria:


El siglo XX para la Orden de la Merced, ha sido un tiempo de grandes propuestas para el crecimiento de nuestra espiritualidad mariana.

Como hijos de María de la Merced, nuestra Madre redentora, les presento a continuación setenta textos recopilados durante estos años, fruto de mi constante lectura y profundización de las fuentes mercedarias, que hacen posible integrar nuestra Mariología y Marianismo mercedario.

Con el mejor deseo que ustedes puedan tener algunos momentos de reflexión y meditación, en torno a este Año 2016, dedicado a esta singular Virgen y Madre de Cristo Redentor, pongo en sus manos esta serie de citas mercedarias para su mejor uso e intención.

Dios los bendiga a todos, sigamos difundiendo Merced, rumbo hacia los 800 años de Jubileo mercedario (1218-2018).



SIGLO XX
1918

María, Madre de Mercedes

María, la dulce y celestial María allí está en Belén, allí en el Calvario junto al Hijo que muere, junto al que es carne de su carne y sangre de su sangre. Ambos están sobre el Gólgota, ofreciéndose en holocausto al Eterno Padre, concurriendo ambos a la redención del mundo [...] He aquí, mis amados oyentes, como la amable figura de la Madre de las Mercedes y Redentora de los cautivos aparece desde la primera mañana de la Redención: Madre de Mercedes, porque ha hecho al mundo una merced imponderable dándole a “Jesús, fruto bendito de su vientre”; y Redentora de cautivos, porque Ella cooperó eficazmente a la Redención de los hombres1.



1939

María, promotora de una segunda redención
Entre esa variedad hermosa de advocaciones que proclaman las grandezas y beneficencias de María Santísima, está también la de la Merced o Misericordia, o como la llaman algunos Madre de las Mercedes y, en otras ocasiones Redentora de Cautivos.

Esta advocación que, por más de siete siglos existe en el seno del Cristianismo, no se refiere a una dignidad o prerrogativa de María Santísima; pero sí habla al corazón cristiano de una de las grandes beneficencias que el amor maternal de María ha dispensado a la humanidad afligida y necesitada: promovió una segunda redención, al mostrase al mundo y al ordenar la institución de una orden religiosa que se ocupara preferentemente en la liberación de los cautivos cristianos que estaban en poder de los fanáticos secuaces de Mahoma: lo cual constituía una lacra social que durante varios siglos agravó la condición de muchos seres racionales “desterrados en este valle de lágrimas”2.



1945

Defendiendo el nombre de María
El ilustre y venerado nombre de la Merced, con que se conoce en el orbe a la gran Madre de la piedad, no fue inventado en el mundo sino decretado en el cielo, no fue imposición de la tierra, sino disposición de la gloria; no se le impusieron los hombres, ni los ángeles, sino que le eligió con beneplácito de su Hijo la misma Reyna de los hombres, ángeles y serafines, no fue nombre impuesto por el albedrío de persona humana, sino por el gusto positivo de María Santísima que quiso la invocasen y venerasen con este título los hombres, para comunicarles sus grandes misericordias y mercedes, y hacerles participantes de sus prodigiosas gracias y favores.

El nombre de la Augusta Madre de la Merced, como dice el P. Talamanco, es celestial, es divino. Es el nombre que más le agrada a la Reyna de la creación; es el nombre por excelencia que más elocuentemente nos habla de la bondad, de la misericordia, del amor y de la ternura de la Corredentora del linaje humano, de la Madre de Dios y de los hombres.

El significado hermoso de este sagrado nombre es tan grande y sublime como el ser mismo que lo representa: dádiva generosa y gratuita, favor y gracia, liberalidad y largueza, bondad inmensa, misericordia infinita, don amoroso, ternura inefable, amor divino, caricia maternal. Es el nombre que irradia luz celestial, claridad divina en nuestras almas; nombre que derrama dulzura exquisita y bálsamo de consuelo y de esperanza en nuestras almas. No sé que indefinible encanto encierra el glorioso nombre de la Augusta Madre de la Merced... hay algo que sólo el corazón siente; algo tan dulcemente seductor, tan atractivo, tan melodioso y poético que no acierta ciertamente a expresar el lenguaje humano... algo sobrenatural, algo divino que hace estremecer de la mas grata emoción al corazón que le invoca y que hace saborear exquisita dulzura al alma que le implora y a los labios que piadosamente lo modulan.

¡Sagrado nombre el de mi divina Madre de la Merced! El es portador de promesas y bendiciones, de gracias y favores maternales; fuente de inspiración, raudal de poesías, como la azucena, como el jazmín esparce por doquiera perfumes y aromas, y en todas las almas y en todos los corazones derrama aquella santa unción de esperanza y redención que encierra3.



1949

Devoción a María

Hemos dicho que esta devoción a María es para el mercedario una obligación inherente a su misma profesión religiosa, porque cuando ingresó en la Orden pide expresamente ser inscrito entre los hijos de María et beatissimae Virginis Mariae filium institui (vestición de los novicios), y cuando profesa en una Orden fundada por María, promete implícitamente cumplir con los deberes de un buen hijo para con su augusta Madre. No basta que, como el simple cristiano, la venere alabándola cada día con dirigirle alguna deprecación; es necesario que la ame con un amor tierno y filial; que esté dispuesto a hacer cualquier sacrificio en su obsequio; que procure, como hijo celoso del honor de su madre, que todos los hombres la amen, y sobre todo que imite sus excelentes virtudes4.



1953

María enseña y consagra a la luz de la fe
La Virgen de la Merced con la Orden por ella fundada enseña lo que debe ser vuestra fe en la libertad y cuál es el anhelo de caridad por el bien del prójimo; les enseña a consagrar su existencia a la defensa de la fe, por la salud espiritual y material de la humanidad entera; vivir de la vida de nuestros hermanos, alegrándose y sufriendo con ellos. Infunda, en fin, la Virgen de la Merced, en nuestros corazones, y en los corazones de todos los hombres un altruismo puro y verdadero, para que a todos, nos sea dado la grande y universal solidaridad humana [...]5.

1963

Ella es la única dueña de nuestro corazón
Como hijos agradecidos de tan excelsa Madre, renovémosle nuestra consagración y digámosle desde lo más íntimo de nuestras almas que cada día queremos superarnos en su servicio, e implorémosle a Ella misma las gracias necesarias para ser cada día mejores religiosos, más dignos sacerdotes y más sinceramente mercedarios. En su maternal presencia, seamos sencillos y tan sin subterfugios como son los hijos que tienen toda su confianza en su madre a quien consagran todo su amor; tengamos en las próximas fiestas de nuestra incomparable Madre de la Merced un coloquio abierto y leal, mostrémosle nuestras conciencias tal cual las tenemos, con todas sus luchas, con cada una de nuestras victorias y aún más, con cada una de nuestras derrotas; pidámosle con una fe intensa que nos ayude para ser mejores hijos suyos; para que nuestras obras sean menos imperfectas; para que nuestros votos sean una realidad en nuestra vida; para que sea Ella la única dueña de nuestra vida: para que sea Ella la única dueña de nuestro corazón y así ordene todos nuestros impulsos, todos nuestros entusiasmos y purifique todos nuestros sentimientos6.

1964

Madre inspiradora de la Orden
Nuestra Orden nació por inspiración de la que es Madre de toda la humanidad; pero, que, como buena Madre, se preocupa con preferencia de sus hijos que sufren y necesitan consuelo y amor en sus aflicciones; fue esa Madre divina la que interpretando la voluntad de su Hijo Redentor, iluminó el corazón del generoso Pedro Nolasco y le ordenó fundar una Orden, cuyo fin principal sería el de proporcionar la libertad, a cualquier precio, a quienes por ser cristianos yacían tristes y desamparados en antros para ellos preparados7.

1967

La presencia de la Santísima Virgen
Un razgo esencial de la vida mercedaria, y que por ello coopera esencialmente a formar el patrimonio espiritual de la Orden, es la presencia de la Santísima Virgen María, en el apostolado de la redención. Ella, se dice en la circular que comentamos, “seguirá siendo luz y guía” en esta empresa de ayudar a los cristianos que sufren por su fe. Ella, Madre y Fundadora de nuestra Orden, “fue la inspiradora y celestial protectora de los primeros redentores mercedarios”. Efectivamente, su presencia en la mente y en el corazón de los religiosos mercedarios, es la animadora perenne de la obra de la redención. De su figura y de su palabra de aliento goza el Patriarca en la fundación de la Orden y en el afianzamiento de su existencia. Su presencia alienta el ejercicio y constancia de la obra redentora de los primeros mercedarios8.

1968

María, distintivo de la Orden
Hermanos: esta fecha memorable que signifique un punto de partida para acentuar nuestra piedad filial hacia la Virgen de la Merced, Madre y Señora nuestra. Que sea este el distintivo de la Orden en sus obras, en sus miembros, en su trabajo, en su comportamiento. Ella está incrustada en el título mismo de nuestra Sagrada Religión: Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, Redención de cautivos... Que una devoción a la Virgen María verdadera, sincera, práctica y efectiva, ilumine todo nuestro camino y distinga inmediatamente al religioso o religiosa mercedarios y a los seglares que vivan nuestro espíritu9.

1968

Una Orden con acento mariano
Esta caridad redentora ha sido, desde sus comienzos, ejercida en la Orden a través de una entrañable mediación mariana: nuestro Padre ha querido que ésta fuese la Orden de María de la Merced o de la Misericordia de los cautivos que sus hijos fuesen revestidos de Ella, portando el blanco escapulario como signo sensible, y toda la mejor tradición de nuestro Instituto no hace sino poner de relieve esta cercanía maternal de la Virgen Redentora, que transmite a Nolasco las órdenes divinas, constituyéndolo “redentor” .... Juzgamos que esta nota mariana de nuestro espíritu mercedario no es algo periférico y accidental, sino que, por el contrario, hunde sus raíces en el misterio redentor, tal como ha aparecido en la ejecución histórica de los planes de Dios, perteneciendo, por lo tanto a la naturaleza misma de nuestro carisma mercedario, dentro del Cuerpo místico de Cristo. La maternidad espiritual de María respecto a la Iglesia y a todos los bautizados se manifiesta, con relación a nuestra Orden y a sus religiosos bajo un nuevo título, entrañablemente íntimo: somos sus hijos por pertenecer a la “Orden de Cristo”, pero también y más estrechamente por ser miembros de su Orden, de la Orden de María10.

1970

La “Madre del cielo” estudiada con cariño
La Merced, nacida como Orden mariana, ha estudiado siempre con cariño la figura de la Virgen, madre del Señor. Llevados de un entusiasmo filial, los mercedarios han creído siempre que su “Madre del cielo” ha estado ya en principio libre de toda mancha. Ella es en Dios anterior al pecado de los hombres; pertenece al mundo de la gracia pura. Así razona ya uno de los primeros grandes teólogos mercedarios (Pedro de Oña) [ ...]11.

1970

El nombre de María de la Merced
La colaboración de María, Madre de Cristo, a la redención de los hombres, cautivos del pecado, se manifestó no sólo en su animosa presencia al pie de la cruz, asociada a los dolores de su Hijo; sino también en la continua asistencia con que esta solícita y dulce Madre de los cristianos se hizo presente, a lo largo de los siglos, en los momentos ora prósperos, ora difíciles, de la Iglesia. Prueba de ello es también el título y nombre singular de la Santísima Virgen de la Merced que le dieron, como a protectora y patrona poderosa a su obra, unos varones piadosos y agrupados en Instituto religioso, en el año mil doscientos diez y ocho; nombre que propagaron por todas las naciones y pueblos, con muy grande celo. Y así sucedió que este título, y el amor, la piedad y una veneración vivísima hacia la Madre arraigaron profundamente en los ánimos de los fieles [...[12.

1970

La Virgen María, tipo de fe y caridad
El mercedario debe ver en María el tipo de la fe y caridad de la Iglesia y el ejemplar de su propia fe y amor, en que se debe sobresalir y que debe comunicar a todo el mundo. Íntimamente unido con la Madre de misericordia llevará los dolores y gozos de su ministerio y de todos los hombres... Por todas partes donde vivan y actúen, promuevan la verdadera y genuina devoción a María Santísima [...]13.

1974

Principios marianos en la Orden
7. En efecto, desde sus comienzos, la Orden aceptó el principio supremo de la redención efectuada por Cristo y aceptó la actitud práctica de imitar fielmente al redentor; aceptó los principios marianos de la maternidad divina, de la asociación de María a la obra redentora de su Hijo, de la intervención de María en su fundación; y adoptó la actitud práctica de llamarse Orden de Santa María, de divulgar y defender las gracias, privilegios y misterios de la celestial Señora, y de servirla y honrarla constantemente.

10. Durante siglos nuestra Madre de la Merced ha sido prototipo y garantía de la liberación en favor de los cautivos. Un mundo anhelante y oprimido tiene necesidad de que la Madre de Dios continúe mostrándose como signo de amor, libertad y esperanza. Esforcémonos por vivir la devoción a María y por presentarla al mundo con palabras y gestos nuevos, teniendo presente que para los hombres que anhelan redención, Jesús se halla de nuevo, como en otro tiempo en brazos de María (cf. Mt 2,11)14.



1976

Santa María de la misericordia
En esta luz salvífica el título de la Merced adquiere una dimensión universal que está incluida en la misión misma de María conforme al plan de Salvación realizado por Dios a favor de la humanidad. La misión de misericordia de María no es expresión de una época ya pasada, sino que es viva y operante porque es ella que salva y redime a la humanidad de todas aquellas situaciones de cautividad opuestas al mensaje evangélico existentes en la moderna sociedad y que son deleterias por el peligro, que causan en los cristianos de descuidar la práctica de la religión y perder hasta la fe. Por eso el título de la Merced o de la Misericordia, no es solamente de la Orden que lleva su nombre sino que asume un significado eclesial. Y en la necesidad de la presencia salvífica de María en medio del pueblo cristiano debe ser dirigida la exhortación de las Constituciones de la Orden a los religiosos, para difundir la devoción a la Madre de Dios15.

1977

Fomentar la mística mariana
Para practicar la mística, establecer obligatoriamente en todos nuestros Conventos la Hora Santa, la celebración devota de los meses de Mayo y Septiembre en honor a la Virgen Santísima; celebrar con asistencia de todos las novenas de todos los santos de la Orden; no omitir jamás los sábados el canto de la Salve a nuestra Santísima Madre; la asistencia a la misa con el Santísimo Sacramento los días Jueves16.

1977
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