Grupo de Trabajo 25-Sociología de las Migraciones la diáspora guineana en españA: asociacionismo, codesarrollo y participación política en origen y destino



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Grupo de Trabajo 25-Sociología de las Migraciones
LA DIÁSPORA GUINEANA EN ESPAÑA: ASOCIACIONISMO, CODESARROLLO Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA EN ORIGEN Y DESTINO1.
Maria Giulia Di Carlo2 giulia.dicarlo@deusto.es

Abstract: La participación política, el asociacionismo migrante y el codesarrollo son temas que se han venido desarrollando mucho en los últimos años, tanto en ámbito académico como en investigaciones promovidas por agentes públicos y privados. Objeto de esta comunicación es el colectivo de migrantes de la Republica de Guinea, su diáspora en España y sus asociaciones como agentes transformadores y actores políticos activos tanto en el país de origen como en lo de residencia. El tema investigado representa el estudio de caso analizado en mi trabajo de tesis doctoral que se encuentra en su fase final: gracias a una estancia de dos meses en Guinea Conakry ha sido llevado a cabo el trabajo de campo a través de entrevistas en profundidad semi-estructuradas con actores locales.
Palabras claves: Participación política, asociacionismo, diáspora, codesarrollo, Guinea.

Introducción
Guinea vive su momento peor después de la muerte de Lansana Conté3, su antiguo presidente. A partir de las ultimas elecciones presidenciales, celebradas en 2010, con la elección del presidente Alpha Conde, la población vive un continuo conflicto étnico, fomentado por los partidos políticos, apoyados por diferentes etnias4, que genera una inestabilidad continua tanto social como política.

Este paper es el fruto de mi análisis realizado en loco a través de las entrevistas llevadas a cabo con los actores sociales locales y con los actores sociales en el País Vasco, es decir las asociaciones de migrantes de Guinea que trabajan en Euskal Herria y la conexión que existe entre las asociaciones en origen y destino. Las entrevistas y la participación en grupos de trabajo tanto aquí en España como en Guinea, junto al análisis socio-político llevado a cabo en Guinea me permitieron realizar mis primeras conclusiones sobre el trabajo que se está realizando por parte de las asociaciones de migrantes guineanos, si existen acciones de co-desarrollo y como se está fomentando la participación socio-política en origen y destino a través de las asociaciones, si se está creando así capital social transnacional.




  1. Participación, asociacionismo y capital social

La participación política u social de las personas extranjeras ha venido tomando más importancia en los últimos años en las ciudades europeas. Estas personas se asientan en nuestras sociedades y tienen proyectos de vida a largo plazo en las mismas, por lo tanto ha aumentado la demanda de inclusión en el espacio público; esto ha comportado la necesidad de verificar la calidad y la amplitud real de los espacios de participación democrática en nuestras sociedades, que de momento queda muy reducido, con un alcance local en la mayoría de los casos. La participación política va entendida como un elemento clave en la integración de las personas migrantes, porque “si no hay integración política, si no hay sentimiento y conciencia de identidad, de pertenencia y de protagonismo/competencia en la elaboración y toma de decisión de lo que llamamos políticas públicas, difícilmente cabe hablar de integración social” (De Lucas et.al, 2008). Como apunta Martiniello, la integración política de las personas migrantes de origen extranjero esta directamente conectada con la participación política, la movilización y la representación. La participación política, según el investigador, es la parte activa de la ciudadanía (Martiniello, 2005:3). El autor distingue dos formas de participación política: la forma convencional, donde un individuo toma su parte en asuntos comunes a una comunidad política dada, y la forma no convencional, donde encontramos la acción colectiva de las personas a través de protestas, sit-in, manifestaciones (ib.). Dentro de la forma no convencional encontramos el asociacionismo migrante. Como se ha mencionado anteriormente, la participación efectiva de la población migrante en el espacio público es condición imprescindible para una verdadera integración. De ahí que sea también necesario analizar en qué medida y de qué forma las asociaciones de migrantes están influyendo y participando activamente en los procesos de toma de decisiones sobre cuestiones que afectan específicamente al colectivo y, en general, al desarrollo de su vida cotidiana y la convivencia en nuestras ciudades. Esta participación efectiva de las asociaciones puede estudiarse, por ejemplo, a través de la información sobre el tipo de actividades políticas que realizan, de sus contactos con organizaciones políticas y de la forma en que participan en los mecanismos de toma de decisiones a los que han podido acceder.

Ahora bien, debe tenerse en cuenta que la movilización y participación política de las asociaciones dependerá de varios factores, entre los que pueden destacarse: las características socio-demográficas de sus miembros (contexto y cultura de origen, nivel socio-económico, roles de género,….) y características individuales, su capital social interno y externo y la estructura de oportunidades políticas que ofrece el contexto de recepción (modelos de integración que guían las políticas públicas en la materia y que pueden facilitar o dificultar la participación de las asociaciones de migrantes en el espacio público).

Aunque sea verdad que la participación política de las personas migrantes no puede reducirse a la mera cuestión del derecho al voto, ha de ser reconocido el valor simbólico y sustancial del tomar parte en las elecciones, sobre todo en la perspectiva de una mejor integración en la sociedad de destino. La exclusión del voto de determinados colectivos, mejor dicho de grupos de personas de determinadas orígenes en España, se constituye de todas formas como un tratamiento discriminatorio que mal se lleva con el objetivo de una plena inclusión. Igual por esta razón, todos los países europeos reconocen a las personas migrantes diversas formas de participación al voto, desde las elecciones de órganos consultivos de representatividad ad hoc hasta el reconocimiento del electorado activo y/o pasivo en las elecciones administrativas. Si en el primer caso el voto es sobre todo un acto simbólico de participación, en cuanto las asambleas elegidas no tienen poderes políticos en el sentido estricto del término, en el segundo, se caracteriza como instrumento de expresión de intereses que llegan desde el contribuir, a través de los impuestos, al bienestar de un determinado territorio, en base al principio del “no taxation without representation” (Caponio, 2006). La residencia, más que la ciudadanía, es hoy el criterio en que se basa el acceso al voto. El voto, pero, no representa nada en sí mismo. Otras formas de participación política pre y postelectoral son esenciales para dar contenido al voto de los extranjeros, en los ámbitos institucionales-consultivos y en las administraciones comunales.

Según los diferentes contextos, los partidos, sindicados, movimientos antirracistas y organizaciones de migrantes y pro-migrantes podrán asumir un rol central en el agregar y aglutinar las demandas políticas de los ciudadanos extranjeros o de origen extranjera.

Ahora bien, en el presente trabajo se toma en consideración el colectivo africano de origen guineano que en España no tiene reconocido ningún tipo de derecho político formal. Por lo dicho, los espacios de participación política informal, como las asociaciones que estas personas crean, pueden ser lugares donde entrenar prácticas democráticas aplicables a la sociedad tanto de origen como de destino.

En este sentido, asociaciones fuertes y bien estructuradas, podrían representar instrumentos importantes para reforzar el capital social5 del grupo y de los individuos que lo constituyen, favoreciendo en última estancia la participación política y el voto.

Según autores como Putnam (1993), Sánchez (2002), Fukuyama (1996), Huntington y Harrison (2001) “el capital social se entiende como la red de relaciones inter-personales e inter-grupales formada dentro de una sociedad, fundada en normas y valores socioculturales, actitudes y creencias compartidas para actuar sinérgicamente y aumentar la eficacia de la sociedad en beneficio común”. Según Reyes y Pacheco (2004), el capital social se entiende como el conjunto de recursos socio - estructurales que constituyen un activo de capital para el individuo y la familia que facilitan la acción colectiva. El concepto de capital social se articula con el de migraciones y se hace evidente cuando los migrantes recurren a sus redes6 sociales en el momento de la migración, es decir a los recursos de sus familiares, a los conocimientos de los colectivos a los que pertenece o a los que puede llegar a acceder. Las redes migratorias pueden incluirse dentro de las múltiples formas de capital social, en la medida en que se trata de relaciones sociales que permiten el acceso a otros bienes de importancia económica, tales como el empleo o mejores salarios.

Aunque el asociacionismo extranjero constituya una presencia constante un poco en todos los países europeos, tanto en aquellos de nueva que en los de vieja inmigración, su consistencia y relevancia puede variar, según los contestos nacionales y/o locales y de allí generar capital social de forma diferente y en escala menos o mayor. De hecho, las asociaciones de personas extranjeras, que a menudo se constituyen desde abajo para responder a necesidades y exigencias de los grupos que se reconocen en alguna identidad común, de tipo étnico-nacional y no solo, no actúan en un sistema vacío, si no en contextos de reglas e instituciones que pueden contribuir mucho a dar forma a las demandas y reivindicaciones de las personas migrantes. Por consecuencia, el asociacionismo de personas migrantes será más consolidado donde las políticas sea más favorables a la abertura de los diferentes grupos, es decir políticas que aseguren no solo el reconocimiento simbólico de estos grupos si no material (Bloemraad 2005, 866).

Las asociaciones de migrantes, como organizaciones de la sociedad civil, pueden servir para canalizar demandas, intereses y sugerencias del colectivo a las instituciones públicas y a la sociedad en general. De allí que la agencia colectiva de las personas migrantes adquiere mayor importancia cuando el marco legal del contexto de recepción restringe sus derechos de ciudadanía, en este caso, los derechos políticos7. Y es que, en función de cuáles sean las normas de acceso y pérdida de la ciudadanía, las personas tendrán mayores o menores oportunidades de participar en la vida pública formal. Cuanto más difíciles y restrictivos sean los requisitos de acceso a la ciudadanía, más confinado estará el colectivo migrante a las formas de participación política no convencional de naturaleza colectiva (protestas, huelgas, presión mediática,…) (Martiniello 2005: 16).

Las instituciones públicas siguen tratando la migración como un fenómeno coyuntural y la asocian a menudo al ámbito económico-laboral. Esto ha influido en la menor atención prestada a la dimensión cívico-política de la integración de la población migrante. Sin embargo, en la actualidad las personas migrantes representan una realidad asentada en nuestras sociedades. El asentamiento a largo plazo conlleva la necesidad de desarrollar el proyecto migratorio en todos los ámbitos de la vida a nivel social, económico, cultural y político, y plantea el reto compartido de generar un marco de convivencia adecuado para el desarrollo efectivo de sus proyectos vitales. La participación en el espacio público, es decir, en aquellos espacios de toma de decisión de la sociedad en que viven, es un aspecto crucial para la integración efectiva de las personas migrantes. El reconocimiento de las personas extranjeras como ciudadanas de pleno derecho en nuestras sociedades es un paso fundamental para la integración socio-política de las mismas. En este sentido, se consideran las asociaciones de personas migrantes, en origen y destino, como canales abiertos a través de los cuales estas personas puedan tramitar demandas y propuestas a las instituciones públicas en los dos lugares “a los que pertenecen”, incluyendo aquellas acciones de incidencia política que puedan fomentar procesos de cambios democráticos en los países de origen y procesos de adquisición de derechos en los países de residencia.



  1. Codesarrollo y asociacionismo: los migrantes como actores transnacionales

La relación entre migraciones y desarrollo ha cogido en estos últimos años mucha importancia, sobre todo después el fallo de las políticas de desarrollo y modernización post-independencia en los países de origen de los migrantes, y a las políticas de “racionalización” (Cespi, 2008) impuestas por parte de las sociedades financieras, pensando que la movilidad humana y la capacidad de las personas migrantes de alimentar sus propias redes, podrían constituir, para los países a bajo rédito, una ocasión para renegociar las relaciones entre gobernantes, sociedad civil local, migrantes y no migrantes (Arce, 2005).

Paralelamente, el creciente involucramiento de las personas migrantes en las diferentes prácticas transnacionales, se prospecta como una alternativa al modelo tradicional de desarrollo que ha imperado hasta la actualidad, así como una directriz importante y significativa, y al mismo tiempo inédita, de una internacionalización e intercambio.



Se trata, fundamentalmente, de aceptar la necesidad de relacionarse con sujetos que – aunque todavía estén sujetos a subir procesos de “doble ausencia” (Sayad, 2002) en términos de pleno acceso a los derechos de reconocimiento y participación – expresan así mismo, de una forma intensa y en parte inédita, una doble presencia, en el sentido que articulan sus propias experiencias y practicas migratorias en relación a una doble orientación territorial y a una lógica bifocal en la cual encuentran su espacio la inserción socio-económica en la sociedad de destino y el mantenimiento de intensas relaciones con la sociedad de origen, inversiones económicas y existenciales en el contexto de llegada y siempre el sentimiento de prepararse al retorno, el comprar una casa en destino y una en origen, la participación en asociaciones ubicadas en destino con el fin de interactuar con el contexto socio-cultural de la sociedad de asentamiento y la participación en asociaciones en origen, dedicadas a la promoción del desarrollo local, a través de la canalización no solo de dinero sino de ideas y valores que puedan promover los procesos de democratización a los cuales auspician estos migrantes (las que llamamos remesas sociales). Muchos de estos elementos, sobre todo en sus implicaciones culturales e identitarias, encuentran espacio en la noción de “diáspora”8, che hoy en día tiende a identificarse con las nuevas formas de producción de etnicidad en los contextos migratorios (Levy, 2000; Cohen, 1997) y con aquella particular condición existencial que consiste en el “residir en el desplazamiento” (Clifford, 1999). Más focalizado en las relaciones y practicas sociales de los actores resulta el “transnacionalismo” (Grillo 2000; Vertovec, Cohen 1999; Rouse 1995; Glick Schiller, Basch, Blanc-Szanton 1992). Este enfoque intenta elaborar escenarios interpretativos e instrumentos empíricos en grado de dar cuenta de la presencia y acción de los grupos de migrantes en los diferentes lugares, de la nueva capacidad de estas personas del “aquí” y “allí”, betwixt and between (Grillo, 2006, 2000; Riccio, 2000; 1998). A diferencia que en el pasado, a través del aumento de la “conectividad” del presente global (Tomlinson 2001), es decir gracias a una intensificación de las comunicaciones y de los intercambios que facilitan las actividades a través de los confines nacionales, ahora estas dimensiones pueden darse contemporáneamente y en manera más integrada, dialéctica y complementar, y por lo tanto reclamar una nueva modalidad de vivir y gestionar vivencias e identidades migratorias y de reorganizar, tanto a nivel práctico como simbolico, pertenencias y prácticas de vida conectadas con la propia movilidad. Este mismo conjunto de actividades y acciones complejas a caracter transnacional, aquellos procesos sociales a través de los cuales los migrantes tejen redes y mantienen múltiples relaciones que les conectan con sus tierras y sociedades de origen, aquellas de destino, y a menudo con otras localidades donde se ubican sus paisanos, representan el potencial fundamental que se reconoce en la idea de co-desarrollo. Todo esto, bajo el acuerdo, como dicho, de aceptar el reto de las instancias, promesas y contradicciones que generan estas colectividades “en movimiento” de individuos, y de negociar nuevas formas de relacionarse con dentro de los circuitos de intercambio de informaciones, objetos, ideas, capitales e imagines, además que de personas, que se nutren de ello. La “multidimensionalidad” de los procesos que estructuran estos nuevos espacios sociales (Levitt, DeWind, Vertovec, 2003; Faist, 2000), comporta una multiplicidad de áreas de intervención y un cambio de paradigma favorable a la valorización de la movilidad y de sus lógicas, a la abertura de espacios verdaderos de ciudadanía económica, social y política irrevocables también para los extranjeros en destino y al dialogo entre políticas nacionales e internacionales. Si las practicas migratorias contemporáneas han forjado algo que podría definirse “territorio circolatorio” (Tarrius, 1995), un nuevo y emergente campo social, “composed of a growing number of persons who live dual lives: speaking two languages, having home in two countries, and making a living through continuous regular contact across national borders” (Portes, Guarnizo, Landolt, 1999: 217), es proprio en este espacio de enlace transnacional activado gracias a las migraciones, a menudo a carácter trans-local, que es necesaria una acción. Sustentando el tránsito de formación y servicios de asistencia, potenciando los productos financieros de los dos lados, apoyando los emprendedores migrantes y su operatividad y reforzando las capacidades y las relaciones de las asociaciones en el territorio de llegada y en aquello de origen, construyendo redes y puentes multi-actoriales capaces de transformar y armonizar los contextos de origen.

Una posibilidad, para dar lugar a estos escenarios, es la de reforzar el capital social de los migrantes. Más allá de las diferentes aplicaciones de este concepto en la literatura, como se ha anticipado, el concepto de capital social ha encontrado una aplicación práctica muy pertinente en los estudios sobre las migraciones transnacionales (Vertovec, 2003; Portes, 2003). La condición de migrante, generalmente caracterizada por un retraso en los medios económicos y políticos frente al ciudadano autóctono, conduce a valorizar más los recursos socio-relacionales de forma funcional a los propios objetivos y actividades. El capital social aplicado a las realidades migratorias entonces, puede entenderse también como un utilizo orientado de aquellos valores, fidelidad, reciprocidad, referencias simbólicas e información que circulan en la interacción social, en dirección de la reproducción del grupo y del acceso a oportunidades de vida estratégicas para el migrante (Barbieri, 1997; Coleman, 1988). Naturalmente, para que las condiciones sean favorables al potenciamiento del actor transnacional es necesaria la convergencia del capital social interpersonal del migrante y de aquello existente en los contextos donde está presente, en aquello basado en las relaciones “face to face” y de aquello sedimentado en las representaciones y disposiciones ambientales y políticas de las sociedades en que avienen estos intercambios. Así que, con el fin de crear una capacitación real de grupos e individuos migrantes, es importante desarrollar iniciativas miradas al potenciamiento del campo relacional, afectivo y comunicativo interno y externo con respecto a la posición del actor, ayudándole a conectar mejor sus redes micros con aquellas de sujetos que, en las dos orillas de la migración, mantienen posiciones estratégicas desde un punto de vista social, político y económico. Sobre todo porque, siempre más a menudo, es gracias a la portada transnacional y multi-situada de las micro-redes alimentadas por parte de la diáspora, que estos sujetos pueden activarse a nivel internacional, como con las asociaciones, los sindicatos y las autoridades locales y los actores de la sociedad civil que hasta ahora se han quedado al margen del desarrollo de sus países. La condición y la acción transnacional de las personas migrantes, sus redes sociales y las instituciones solicitadas por la diáspora, las practicas participativas y abiertas al co-desarrollo pueden, a partir de las necesidades expresadas por parte de las personas migrantes, confluir en procesos innovadores de redistribución de las oportunidades y de intercambio cooperativo entre los diferentes territorios.

La estructura de oportunidad del país de destino es muy importante, entonces, para la participación de las personas migrantes, pero son fundamentales sus redes transnacionales para crear una conexión entre origen y destino y mantener el sujeto migrante como sujeto político activo en los dos mundos en los que vive. Sobre todo cuando se habla de colectivos muy excluidos, como el colectivo africano, que por razones de origen geográfica y políticas del país de destino no tienen derecho al voto en ningún caso, parece importante poder mirar a la participación transfronteriza que el sujeto migrante puede seguir teniendo aunque desde lejos. Muchos migrantes además, actualmente tienen la tendencia a vivir simultáneamente entre diferentes lugares, teniendo un “aquí” y un “allí” que les permiten cruzar las fronteras no solo culturales si no políticas. El concepto de “simultaneidad”, trabajado por las autoras Peggy Levitt y Nina Glick Schiller, nos parece muy pertinente a la hora de afrontar el tema de la participación política transnacional. Las autoras argumentan que resulta de fundamental interés, una vez aceptada la naturaleza transnacional de las migraciones actuales y de la integración de las personas migrantes, que se analice la simultaneidad de “llevar una vida que incorpora las instituciones, las actividades y las rutinas diarias que se sitúan tanto en el país de destino como transnacionalmente.” (Levitt, Glick Schiller, 2004:62). En nuestro caso, lo de las asociaciones de personas de origen subsahariano, resulta aún más pertinente a la luz de los recién estudios desarrollados en la CAV sobre las asociaciones de personas migrantes en el País Vasco, donde las asociaciones de personas africanas de origen subsahariano resultan ser las que más relaciones tienen con sus países de origen a la hora de realizar sus actividades.9

Frente a otras modalidades de alimentar las relaciones y los intercambios más allá de los confines nacionales por parte de las personas migrantes, es decir frente a otras formas de ser “transnacional” como por ejemplo las empresas étnicas, las remesas para sustentar las familias etc., en los fenómenos asociativos podría emerger una estructura con objetivos y actividades más claras. Lo asociaciones pueden impulsar muchos tipos de actividades, desde las políticas en origen y destino hasta la sensibilización en determinados temas; pueden crear lobbyies e incidir en los países de origen como en los de destino, y pueden generar procesos de capacitación y desarrollo en los países en que desarrollan sus vidas y en origen (Fernández, Giménez, Puerto, 2008:61-62). Así que se trata de entender la relación fuerte con el país de origen, muchas veces subrayada en los estudios sobre los colectivos subsaharianos, y de qué forma esta misma relación se articula y canaliza a través del asociacionismo, averiguando cuales son estas actividades efectivamente y las potencialidades que la participación en origen y destino esconde.




  1. Las prácticas transnacionales de los migrantes guineanos entre el País Vascos y Guinea a través de sus asociaciones.

El riesgo de poner la diáspora en el centro de los procesos de cooperación e intercambio entre las diferentes sociedades puede dar lugar a un mecanismo de delega y desempeño, frente a las personas migrantes, de todas las responsabilidades inherentes a las relaciones entre Nord y Sud; así mismo se podrían favorecer mecanismos instrumentales que utilicen la diáspora como garantía de una presunta democracia participativa que luego se verá desatendida. Por lo tanto en todos los procesos de asociacionismo migrante y de participación en origen y destino, cualquier sea el proyecto que las personas migrantes quieran llevar a cabo, pensamos que es necesario que las personas migrantes sean las promotoras de los mismos. Muchas veces vemos como detrás de procesos de participación en varias actividades destinadas a promover “desarrollo” en origen u participación en destino están personas nativas que intentan movilizar colectivos que se ven desprotegidos. Desde luego estos colectivos no viven situaciones positivas, pero creemos relevante subrayar cuanta importancia tiene el protagonismo de las personas migrantes en estos procesos participativos en origen y destino. Las asociaciones en este caso podrían constituirse como vectores privilegiados para canalizar todos los recursos necesarios a incrementar la participación del colectivo, fomentar su visibilización en la sociedad de residencia y conectar la diáspora con el país de origen. Esto prestando especial atención a no caer en los mecanismos perversos de pensar que las personas migrantes son las que pueden hacerlo todo, y delegar, o por lo contrario pensar que las personas migrantes no son capaces y por lo tanto dirigir sus proyectos hacia los intereses de las sociedades de destino y fomentar situaciones de dependencia que poco ayudan a generar crecimiento y desarrollo en los dos lados del charco.




    1. Asociaciones de guineanos en la CAV y su conexión con el país de origen

El asociacionismo guineano en el País Vasco es un fenómeno nuevo, como nuevas son las migraciones de este colectivo hacia el norte de España. Hay personas de origen guineana que llevan mucho tiempo en el Estado, pero se han ido moviendo, debido a cuestiones laborales y vitales, y finalmente se han asentado en la CAV. El colectivo está compuesto en su mayoría por varones: entre las 418 personas de origen guineano que viven en el País Vasco solo 98 son mujeres, es decir que el 76,6% de esta población es de sexo masculino. El asociacionismo ha nacido, como pasa a menudo, de exigencias básicas, para apoyar el colectivo representado en su vida cotidiana, y de vez en cuando para organizar actividades festivas, como para celebrar la fiesta nacionale por ejemplo. Estas asociaciones están compuestas en su mayoría por hombres jóvenes, en una edad que va desde los 20 hasta los 40, y bien asentados en la sociedad vasca, aunque se empiezan a ver mujeres en las Juntas Directivas o en las Asambleas Generales.

El panorama asociativo guineano en Euskal Herria ha vivido un cambio a la luz de las últimas elecciones presidenciales que tuvieron lugar en 2010 y que han empujado la creación de nuevas asociaciones, de carácter étnico-reivindicativo y movilizando las existentes hacia actividades de sensibilización e incidencia política en origen y destino, debido a la posibilidad de votar en España para la elección del presidente de la Republica de Guinea.



A raíz de las elecciones, las asociaciones se han organizado para poner en marcha actividades vueltas a sensibilizar el pueblo vasco con respecto a la falta de derechos humanos en Guinea y a la necesidad de un cambio social y político, aunque estas actividades han tenido escaso éxito entre la población local, que desconoce bastante la existencia de este colectivo en la CAV. Estas asociaciones, apoyadas por algunos grupos locales, se han movilizado así mismo, para sensibilizar la misma población guineana a apuntarse al censo electoral y han conseguido que una buena mayoría (no se tienen datos ciertos sobre la participación en su conjunto) de la población guineana haya podido votar y participar activamente en la organización del voto, que tuvo lugar en Madrid, en la Embajada de Guinea. El censo y las actividades que se han llevado a cabo por parte de las asociaciones han creado nuevos lazos entre origen y los destinos (los destinos son muchos si tenemos en cuenta la variedad de lugares de residencia de la población guineana) y han generado nuevas sinergias entre las asociaciones de la diáspora, aunque puedan parecer de corte muy limitado. En realidad, aunque las actividades realizadas parezcan de alcance muy limitado, consideramos importante destacar algunos aspectos de estas actividades en relación a las prácticas transnacionales con las cuales se relacionan y los objetivos que conllevan:


  1. En primer lugar, estas asociaciones han puesto en marcha una serie de acciones políticas en el País Vasco orientadas a impulsar el apoyo o la oposición a determinados partidos políticos en Guinea, por lo tanto se han dirigido hacia lo que llamaríamos lobbying o presión política. Estas actividades no solo involucran las asociaciones sino que pueden mover todas unas series de actores que se ven implicados en estas prácticas transnacionales, como pueden ser los partidos políticos y sus militantes, tanto en origen como en destino, todas las redes de apoyo informal que gravitan entorno a las asociaciones y sus miembros, los gobiernos implicados (aunque de forma muy limitada de momento para nuestro caso) y por supuesto organizaciones que no sean de migrantes que pero trabajan en el ámbito de la buena gobernanza y de la participación en origen y destino. Así mismo estas acciones pueden aportar nuevo conocimiento sobre la democratización del país e incidir en ella, captando la atención de las personas migrantes en el país de residencia y creando una nueva sensibilidad con respecto a la situación socio-política que viven las personas que han dejado atrás, en su país de residencia. Estas acciones, finalmente, pueden conllevar una transferencia de valores democráticos al país de destino y por lo tanto generar desarrollo local.

  2. Así mismo cabe subrayar las aportaciones que estas asociaciones han podido generar en cuanto a valores cívicos-sociales a través de su participación en actividades miradas a mejorar la situación social del país de origen y a transferir unos valores necesarios al mantenimiento de determinadas practicas locales, como el desarrollo comunitario, a través de redes de solidaridad familiares y con otras asociaciones locales e internacionales.

A partir de estas asociaciones y de las actividades y objetivos que se han propuesto, se han creado redes y establecidos lazos más fuertes entre el tejido asociativo nacional e internacional de la diáspora guineana, llegando a constituir organizaciones étnicas, con unos objetivos declaradamente políticos y de defensa de los intereses de las etnias representadas, como en el caso de la etnia peul, mayoritaria en Guinea, como ya comentado. Por ejemplo, la Red Haali Poular, presente a nivel internacional, defiende los derechos de las personas de etnia peul de África, y en particular de Guinea, y apuesta para el partido del candidato peul Cellou Dailen Diallo, para tener acceso al Gobierno en Guinea y así cambiar la suerte de su pueblo. En este sentido, las elecciones de 2010 han empujado los poulares de Euskal-Herria a crear unas delegaciones de la Red en el País Vasco y Navarra, dando vida a 4 asociaciones nuevas en Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Pamplona, cubriendo así las necesidades de este colectivo en el Norte de España.



Cuál es la conexión entre estas asociaciones locales en la CAV y las organizaciones locales en Guinea ha sido la pregunta que me ha despertado mi interés en viajar al país de procedencia de este colectivo. Cabe destacar que el panorama encontrado en Guinea no ha sido lo descrito por parte de las asociaciones en la CAV y por lo tanto existen discordancias entre el trabajo desarrollado a nivel local en España y en Guinea.


    1. Conexiones entre origen y destino: codesarrollo e inclusión.

Entre las muchas definiciones del co-desarrollo que se han dado en España, recompiladas muy bien por Carlos Gómez Gil (2008), nos parece pertinente para este trabajo la de Consuelo Ramón Chornet que define el co-desarrollo como “el conjunto de acciones que pretenden vincular las comunidades de inmigrantes con el desarrollo social, económico y político de sus países de origen, como mecanismo para favorecer el desarrollo humano de esas sociedades.” A esta definición es conveniente añadir el carácter inequivocablemente transnacional de estas acciones, por el vivir transnacional de las personas migrantes, bien argumentado en el trabajo de Glick Schiller, Blash y Szanton. Blanc que definen el transnacionalismo como “el conjunto de procesos por los cuales los inmigrantes [sic] crean y mantienen relaciones sociales multidimensionales que vinculan las sociedades de origen y las de destino. Llamamos estos procesos transnacionales para enfatizar que hoy en día muchos migrantes construyen campos sociales que cruzan fronteras geográficas, culturales, y políticas” (En Suarez, 2008:776). De allí que el desarrollo implica la plena inclusión de las personas en destino, tanto a nivel social, como económico y político. En nuestra visión la conexión fundamental entre origen y destino es que la población de la diáspora participando de forma simultanea en los lugares de residencia y en los de origen, vea avances tanto por un lado como por el otro y por lo tanto que para constituirse como actores fuertes y bien estructurados en los procesos de codesarrollo, las asociaciones tienen que estar integradas por personas que se vean reconocidas como actores socio-políticos también en el lugar de residencia. En este sentido las situaciones de precariedad vividas por la población migrante en el país de residencia puede afectar y detener las acciones deseadas por parte de las asociaciones. Las personas migrantes deberían participar en sinergia con la población en origen, apostando para un desarrollo “trans-local-local” que no mire solo al país de origen, sino que fortalezca y produzca bienestar también a las comunidades en destino, que asistirían de esta forma a un beneficio mutuo. En esta dirección juegan un papel fundamental el resto de actores claves en la realización de acciones de codesarrollo: las ONG, las asociaciones locales, las administraciones publicas, y el resto de la sociedad civil. En España, sabemos que son las administraciones locales las que se encargan de promover y garantizar la inclusión social de las personas migradas, y por lo tanto apostar por un modelo eficaz que pueda responder a las demandas del colectivo migrante que articula y organiza su vida generando vínculos entre origen y destino (Ruiz, 2005:105). Es decir que las personas migrantes y sus asociaciones, para poder tener un papel activo y constituirse como actores claves en los procesos de cambio de sus países de origen y dar vida a proyectos de co-desarrollo tienen que sentirse parte de la sociedad receptora y poseer un cierto nivel de estabilidad que les permita sentirse vinculadas a los dos lugares, sin tener que vivir situaciones de ruptura. Como bien argumentan Piperno y Stocchiero (2006), cuando las personas migrantes desarrollan lazos transnacionales están reforzando su proceso de inclusión en el país receptor y en esta línea a mayor inclusión mayor crecimiento y evolución de los lazos transnacionales. De allí nacerían las acciones de codesarrollo. Por esta vía las administraciones locales deberían abocar a un modelo positivo de inclusión para promover la creación no solo de una inclusión efectiva sino que de un capital social transnacional que permitiría procesos solidos de desarrollo.
¿Qué codesarrollo entre el País Vasco y Guinea?

Según los resultados obtenidos a través del trabajo de campo realizado en Guinea y en el País Vasco, para averiguar que tipo de relaciones se estaban dando entre la población guineana que se ha quedado y la población de la diáspora en el País Vasco, podemos afirmar que tanto las comunidades en origen como las de destino ven en el trabajo conjunto una oportunidad que no debería echarse a perder, aunque existen unas criticidades que hacen difícil que los proyectos pensados y deseados en ambos lados del charco se vean realizados.


Nosotros lo intentamos, hacemos planes, nos organizamos, hasta llegamos allí y estamos de acuerdo con las organizaciones locales, pero es complicado cuando en el país falta de todo, desde las carreteras hasta el agua…como podemos realizar proyectos en nuestro país sin el apoyo de nadie?” (G_2011_2PV)
Aquí estamos. Y siempre en contacto con los hermanos. Nosotros seguimos adelante, nos dedicamos a contribuir al desarrollo de nuestro país, pero nos sentimos muy solos” (G_2013_5GN10)

Estos dos trozos de entrevistas nos enseñan como en definitiva, en ambos lados las asociaciones se perciben solas, con necesidad de apoyo, tanto por parte de las administraciones locales, como por parte de quien se ha ido. En las entrevistas realizadas en el País Vasco, el pensamiento común es que por muchos esfuerzos que las asociaciones puedan cumplir, la Guinea es un país desconocido en la CAV, y su población invisible e invisibilizada. No reconocen las administraciones locales como actores claves en sus acciones y sienten que no “tienen acceso a cosas”, es decir que les faltan recursos tanto materiales como humanos. La sociedad civil la perciben como “ignorante” en lo que concierne la situación de su país, y debido tanto a las propias situaciones vitales de los miembros de las asociaciones, tanto a problemáticas más relacionadas con los recursos asociativos quedan en una inmovilidad que no les permite avanzar en sus proyectos transnacionales.


A veces te cansas. Prefieres hacer las cosas solo. Aunque luego, claro no es que tenemos nada. ¿Que puedes hacer? Enviar dinero…si claro. Pero el dinero que utilizamos con la asociación es para hacer cosas aquí. ¿Envías dinero donde? Cada uno tiene su familia. Como asociación tenemos otras cosas…así que si esperas no haces nada, pero ¿donde llegamos con nuestras asociaciones? No hay sensibilidad por lo que queremos nosotros…nuestro es un trabajo de sensibilización, que la gente sepa lo que pasa allí, que nos dejen empezar con la democracia, que dejen de matarnos. Esto aquí no se sabe. Como podemos estar tranquilos sabiendo lo que pasa allí y no podemos hacer nada desde aquí…si podemos hacer pero necesitamos también tener acceso a cosas aquí…” (H_2011_1PV)

En Guinea ocurre casi lo mismo con las asociaciones que trabajan para el desarrollo, la democratización y la paz en el país. Debido a factores tanto políticos como económicos, las asociaciones a veces quedan estancadas en responder a necesidades básicas de la población, que vive en una situación constante de inestabilidad en todos los sentidos: sin tener acceso a agua, electricidad o locales adecuados para el desarrollo de la vida asociativa, las asociaciones viven del día al día, con lo cual se hace muy complicado pensar más allá del pueblo o de la ciudad. Y estas asociaciones también se quedan inmóviles, casi esperando que “los hermanos de la diáspora” lleguen a salvarlos.


Lo hemos intentado. Pero mira lo que pasa, estas aquí, que no paran de matar, de quitarnos derechos. Este país es un país en guerra. No se puede trabajar. Por mucho que luchemos no podemos atender a otra cosa que lo cotidiano. Nuestros hermanos que están fuera, la diáspora, si ellos pueden ayudarnos. Pero no es fácil de tener sinergias. Aquí funciona todo mal, y ellos se buscan la vida. Lo entendemos.” (G_2013_3GN)

Aunque haya sensibilidad y se adviertan las mismas necesidades tanto por parte de las asociaciones en origen como por las en destino, todavía la realización de proyectos conjuntos no se ha llevado a cado de forma estructurada. El único esfuerzo conjunto ha sido el que se ha realizado a nivel estatal durante las elecciones en Guinea del 2010 para que la población guineana pudiera votar que ha visto involucrados tanto actores locales en el País Vasco, como las organizaciones de guineanos y una organización de apoyo a las personas migrantes, actores estatales en España, como la embajada de Guinea en Madrid y las asociaciones de guineanos a nivel estatal y actores transnacional, como el resto de organizaciones de la diáspora guineana en el resto del mundo. En este sentido aquella acción tuvo fuerza y permitió el acceso al voto de las personas migrantes pero no fue respaldada por ninguna administración local/estatal en España y el resultado llevo a pagar un coste excesivo a la población guineana en España: la invalidación del voto a nivel nacional.


Seguimos allí, en el mismo tema. Lo que nos interesa es eso. Nuestra voluntad es trabajar para que la situación política cambie y que podamos crecer, trabajar allí y aquí. Ser libres de decidir. Si aquí no nos sentimos apoyados ¿como podemos trabajar? ¿Cual es nuestro papel aquí? Te lo preguntas ¿sabes? Aquí no quieren saber nada de todo esto. Nadie sabe nada. ¿Entonces que? Si lo se tenemos que intentarlo…vamos a ver…” (G_2011_2PV)

El voto de la diáspora es fundamental. ¿Sabes cuanto vale para nosotros? Están fuera y pueden votar de forma autónoma. Pero luego hay un juego sucio, algo que hace que las elecciones no sean transparentes. Tenemos que trabajar juntos para conseguirlo. Y nuestros hermanos allí además no corren riesgo de morir.” (G_2013_8GN)

Vemos como el voto, la participación política en destino se configura como una esperanza y un proyecto necesario a llevar cabo tanto por las asociaciones en destino como en origen. Ha de subrayarse que el contexto socio-político en Guinea no permite el correcto desarrollo de estas actividades. Por lo tanto la pregunta ¿qué codesarrollo en Guinea? puede ser respondida con una serie de reflexiones finales:


  • primero, como bien señalado por Østergaard-Nielsen, “las prácticas políticas de los migrantes de ningún modo tienen lugar en vacío político. La participación transfronteriza está influenciada por-e influencia-el contexto institucional y político tanto en los países de origen como de destino, así como por los otros actores no-estatales con los que las redes políticas transnacionales de los inmigrantes a menudo se entrelazan” (2009:19)

  • el reconocimiento de las personas migrantes como actores principales y activos de los procesos de desarrollo de sus países de origen es fundamental para que las asociaciones se constituyan como agentes de co-desarrollo

  • el co-desarrollo no puede ser pensado sin que existan unas condiciones determinadas en origen y destino.

  • el trabajo de campo realizado en Euskal-Herria ha demostrado que las personas migrantes de origen guineano no están viviendo en condiciones vitales tales que su inserción en la sociedad de residencia les permita llevar a cabo procesos asociativos y proyectos de cooperación y desarrollo en su país de origen, tal y como auspiciado por la comunidad, aunque desde luego existe un vivir transnacional que no rescinde la relación con el país de origen

  • el trabajo de campo realizado en Guinea ha mostrado como la falta de democracia, los problemas socio-políticos y el conflicto étnico en el país dificultan la puesta en marcha de acciones conjuntas entre la diáspora, que tiene difícil acceso a su país de origen, y la sociedad civil guineana, que trabaja en el día a día en situaciones muy complicadas

A la luz de estos resultados, podemos afirmar como el co-desarrollo podría ser una opción para el bien común tanto de las comunidades diasporicas como por las comunidades en origen: por ello sería necesario que existan unas condiciones que hasta el día de hoy se han visto limitadas. El tejido social frágil en origen y destino, representa uno de los factores a tener en cuenta, tanto cuanto la escasez de fondos en las dos partes y la falta de apoyo por parte de administraciones locales y estatales, tanto en origen como en destino. El papel de los estados y gobierno podría ser clave a la hora de realizar acciones de co-desarrollo que desde luego significan procesos bidireccionales sino multidireccionales, debido al vivir transnacional de las personas migrantes.



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1 Este trabajo es parte de mi tesis doctoral que actualmente se encuentra en su fase final. Gracias a una beca de movilidad del Gobierno Vasco que obtuve el pasado mes de enero, pude viajar a Guinea durante dos meses y trabajar con la sociedad civil en el país, en un momento además en que los movimientos sociales, los sindicatos, los partidos políticos y la sociedad toda, se encontraban todos muy activos, debido a la situación socio-política que atraviesa el país en este momento.

2 Universidad de Deusto, Bilbao. Equipo Retos Socioculturales y Derechos Humanos. Dpto. de Ciencias Sociales y Humanas. Becaria Gobierno Vasco, Beca Pre-doctoral de Formación de Personal Investigador.

3 Para más información sobre la situación política de la Guinea y la política del país véase entre otros Aissatou Diallo Bah, 2012, D’une Guinée á l’autre. Souvenirs et témoignages, L’Harmattan, Paris.

4 En Guinea conviven más de 15 etnias. Las más numerosas son la peul, la malinke, la soussou y la kissi. A cada etnia corresponde un idioma. No existe literatura en castellano sobre el tema.

5 La noción de capital social que orienta este trabajo se basa en el enfoque aportado por Fenemma & Tillie (2001) quienes distinguen entre: (a) capital social étnico, que se refiere a los vínculos que se establecen a nivel interno de las asociaciones y entre asociaciones de migrantes y (b) capital social no étnico, que se refiere a las conexiones externas de las asociaciones con otras organizaciones y grupos heterogéneos. Hay estudios que confirman la relación entre participación política y capital social del colectivo migrante y sus asociaciones (Fenemma and Tillie, 2001; Berger, Galonska y Koopmans, 2004; Tillie and Slijper, 2006; Beja y Malheiros 2006; Lelieveldt, Dekker, Volker y Torenvlied, 2009).

6 Autores como Massey asegura que “las redes pueden llegar a perpetuar la migración porque cada actor de la migración ayuda a crear la estructura social necesaria para sostenerla. Cada nuevo migrante reduce el costo subsiguiente de una nueva migración por la ayuda de un amigo y algunas otras personas involucradas en la migración quienes a su vez expanden el proceso”.

7 El caso español es un buen ejemplo de las limitaciones que la Ley de Extranjería 8/2000 impone a la participación política del colectivo puesto que está condicionada a la adquisición de la nacionalidad española, a excepción de la participación política a nivel local en cuyo caso, podrán ejercer el derecho de sufragio activo y pasivo aquellas personas que hayan residido legalmente mínimo 5 años y que procedan de países con los que el gobierno español haya firmado un convenio de reciprocidad. El caso italiano, con la Ley 40/1998 (dl Napolitano-Turco modificada con la Bossi-Fini) permite el voto solo a los ciudadanos comunitarios.

8 Este concepto ha subido un alargamiento en su utilizo: Safran (1991) y otros limitan su utilizo a algunos fenómenos de dispersión particulares (judíos, ármenos, afroamericanos), otros ven la posibilidad de una más amplia aplicación del término. Así Cohen (1997) habla de “victim diasporas”, “labour diasporas”, “trade diasporas”, “imperial diasporas” y “cultural diasporas”, subrayando con estos adjetivos los rasgos de diversidad existentes en el interior de la categoría. Actualmente el término se utiliza de una forma más libre. Para un análisis más detallado de sus significados se vea Rahola 2000; Mellino 2005.

9 Véase entre otros el estudio realizado por Bakeaz sobre asociacionismo migrante en el País Vasco donde la autora del presente trabajo ha colaborado como investigadora principal www.bakeaz.org

10 Las entrevistas en Guinea han sido llevadas a cabo en francés así que las traducciones son de la autora del presente trabajo.



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