Hace la boca agua



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1. INTRODUCCIÓN

Al decir de un famoso folklorista las expresiones idiomáticas son «la sal y la pimienta del lenguaje»; son perlas del idioma en cuyo dominio se fundamenta la comunicación efectiva con nativos. Conocer y, sobre todo, utilizar las unidades fraseológicas significa que uno ha alcanzado el nivel más alto de expresión lingüística en una lengua extranjera. Y lo mismo puede afirmarse respecto al saber manifestar y entender los sentimientos y sensaciones. La decisión de adentrarnos en el tema de la fraseología relacionándolo con los sentimientos es, por lo tanto, más que evidente. De esta manera, para expresar que estamos alegres o tristes, que tenemos miedo o nos molesta alguien, para mostrar que estamos enfadados, que desconfiamos de una persona o que algo nos es indiferente, podemos recurrir a los fraseologismos, dándole a nuestro discurso más matices de expresión y más carga semántica, diciendo por ejemplo que se nos hace la boca agua o, al contrario, que se nos parte el alma, que estamos como un flan o que alguien es un plasta, que estamos hasta las narices o que algo nos da mala espina, o bien que una cosa nos importa un bledo.

El presente trabajo ha sido organizado y enfocado desde tres puntos de vista: estructural, didáctico y práctico.

En la primera parte establecemos el marco teórico en el que vamos a operar, comenzando con un breve recorrido por lo que ha sido y es la fraseología, una rama de la lingüística cuyos orígenes se sitúan a principios del siglo XX, en los trabajos de Charles Bally. Tras haber detectado una importante diversidad de criterios entre los fraseólogos a la hora de denominar y definir las unidades fraseológicas y tras presentar las características más importantes de las mismas, ofrecemos una visión cronológica de las investigaciones sobre la fraseología en español para poder pasar directamente a la presentación de las clasificaciones más frecuentes de los cuatro autores más destacados en el ámbito de la fraseología. Esta parte teórica no pretende ofrecer nuevos aportes al estudio de la fraseología, como tampoco proporciona informaciones desconocidas para un especialista en fraseología. Con este apartado, pretendemos dar una visión clara y concisa de las clasificaciones presentadas, mediante la ayuda de esquemas.

En la segunda parte de nuestro trabajo, pretendemos poner de manifiesto la importancia de la fraseología dentro de los estudios orientados a la enseñanza del español como lengua extranjera, con la intención de evidenciar la necesidad de no abordarla como un ámbito marginal y periférico. Aludimos también a la dificultad y la complejidad de la enseñanza y el aprendizaje de las unidades fraseológicas, al tiempo que aportamos diferentes opiniones sobre la pertinencia de introducir estos contenidos desde los niveles iniciales o si, por el contrario, su enseñanza ha de reservarse exclusivamente a los grados más avanzados. En último lugar, hacemos hincapié en la importancia de la forma de presentación y el sistema de ordenación de las frases hechas a la hora de memorizarlas. La mayor parte de este apartado está dedicada al propio corpus, formado por unas 350 unidades fraseológicas relacionadas con el campo semántico de los sentimientos. Nuestro principal objetivo, al incluir este apartado dentro del presente trabajo, es aportar una nueva perspectiva al tratamiento de la fraseología, alejándonos de los enfoques tradicionales encontrados en trabajos de la misma índole. Pretendemos incluir matices que no son rigurosamente lingüísticos, teniendo siempre en cuenta dos premisas: en primer lugar, la enseñanza de la fraseología nos permite profundizar en su valor semántico y, en segundo lugar, la comprensión del contenido no implica que la fraseología se sepa aplicar en el contexto adecuado.

La tercera parte de este trabajo es netamente práctica y va encabezada por una introducción en la que exponemos los objetivos y la forma de llevar a cabo la investigación posterior. Puesto que la base de nuestro estudio representa el análisis de las encuestas que hemos realizado, consideramos imprescindible, antes de entrar en el propio estudio, informar sobre la forma y elaboración de nuestro cuestionario, sobre el número, carácter y procedencia de las personas encuestadas. Nuestro principal interés se centra en averiguar la frecuencia de uso de las unidades fraseológicas, aspecto que en la mayoría de los diccionarios no se suele abordar debidamente. Dada la extensión de este trabajo, no nos ha parecido operativo realizar la consulta en todas las comunidades autónomas de España, de modo que hemos elegido dirigir nuestro cuestionario a los informantes originarios del Norte de España, donde los lingüistas ubican la cuna de la lengua castellana, para determinar en un primer momento cuáles son las expresiones en boga entre los españoles y, en un segundo acercamiento, conocer el número de fraseologismos que se emplean diariamente frente a aquellos que no se usan o, sencillamente, se desconocen. Otro aspecto al que prestamos una particular atención es la comparación de resultados en tres de las cinco comunidades entrevistadas, Castilla y León, Cantabria y Galicia (por razones que indicamos en el capítulo correspondiente), con el objetivo de llegar a saber si las diferencias entre ellos son significativas o irrelevantes.


2. FRASEOLOGÍA Y UNIDADES FRASEOLÓGICAS


Previamente al análisis que pretendemos llevar a cabo sobre la expresión de los sentimientos en la fraseología española, consideramos necesario hacer algunas precisiones sobre la fraseología como disciplina lingüística con el fin de llegar a una determinación y clasificación de las unidades objeto de su estudio.

«La fraseología ha sido desde siempre la tierra de nadie a la que acudían investigadores de todas las escuelas, movidos por el interés que despertaban en ellos las combinaciones fijas de palabras»1, así define Leonor Ruiz Gurrillo en el mismo comienzo de su libro Aspectos de fraseología teórica española la situación en que se encuentra esta disciplina que ha estado durante años al margen de los estudios lingüísticos.

La fraseología, como disciplina científica, surgió en la antigua Unión Soviética en la década de los cincuenta del siglo XX gracias a la obra del lingüista V. V. Vinogradov, según apunta Gloria Corpas Pastor en su Manual de fraseología española2. Pero, posiblemente, no todos los estudiosos estén de acuerdo con esta afirmación, pues para algunos3, Ch. Bally fue quien acuñó el término fraseología ya en 1905 en su Précis de stylistique.

Concebida por unos -sobre todo por los lingüistas soviéticos- como una ciencia situada en el mismo plano que la morfología, la lexicología y la sintaxis, por otros como una subdisciplina de la lexicología4 y por terceros como un punto de síntesis o de coexistencia de otros ámbitos disciplinarios de la lingüística5, la fraseología se puede diferenciar de las otras disciplinas lingüísticas por su objeto de estudio: las unidades fraseológicas (en adelante UFS), es decir, las combinaciones de palabras que muestran un alto grado de fijación en su forma y en su significado.

Existen varias denominaciones de carácter general que se incluyen dentro del concepto correspondiente al término unidad fraseológica o fraseologismo, tanto las que tradicionalmente se han denominado dichos, expresiones fijas, expresiones idiomáticas, expresiones, frases, modismos, giros, fórmulas proverbiales o fórmulas comunicativas, idiomatismos, locuciones, modos de decir, frases hechas, refranes, adagios, proverbiosaforismos, como las que más modernamente se han llamado colocaciones, expresiones o unidades pluriverbales, lexicalizadas o habitualizadas y unidades léxicas pluriverbales. A este elenco de términos, presentado por Inmaculada Penadés Martínez6, podríamos añadir muchas otras denominaciones, así a título de ejemplo citemos otras dos de Juan Martín7, quien entre otras emplea las de unidades de texto repetido y expresiones poliléxicas.

De todos modos, unidad fraseológica es el término genérico que se está imponiendo cada vez más para denominar el conjunto de expresiones englobadas bajo los términos anteriormente citados. También nosotros optamos por este término y así nos sumamos a los muchos autores que se han decantado por esta denominación8. Primero, por ser una de las más aceptadas y, luego, porque a nuestro modo de ver es un término suficientemente amplio como para englobar los diferentes tipos de expresiones sin que se confunda con otros subtipos. Por estas razones, lo utilizaremos a lo largo del presente trabajo.

2.1. DEFINICIONES DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS

Existen varias definiciones del concepto unidad fraseológica, diferentes entre sí, al menos aparentemente. A. Zuluaga, de una manera breve y clara, considera que una unidad fraseológica es una «combinación fija de palabras»9. Corpas Pastor, por su parte, afirma que «son unidades léxicas formadas por más de dos palabras en su límite inferior, cuyo límite superior se sitúa en el nivel de la oración compuesta».10 Para Ruiz Gurillo «las expresiones fraseológicas son principalmente complejos sintagmáticos fijos, lo que indica cierta estabilidad, escasa o nula productividad de sus esquemas sintácticos y/o defectividad transformacional»11. Como resume Penadés Martínez, en todas las definiciones se recogen, de un modo u otro, dos ideas fundamentales que nos servirán para presentar, en adelante, las características de las UFS: para hablar de la existencia de una unidad fraseológica es necesario que se dé una combinación de palabras y, además, esa combinación de palabras tiene que ser estable o fija12. Sin embargo, existen excepciones a la caracterización de las UFS como combinación de palabras: las interjecciones o expresiones que constan de un solo miembro y que se dan en contextos muy determinados (hola, adiós, ¡ánimo!). La falta del rasgo combinación de palabras no impide, sin embargo, que sean consideradas también unidades fraseológicas.13

2.2. CARACTERÍSTICAS DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS

Corpas Pastor14 piensa que apenas existen caracterizaciones globales de las UFS y de las indicaciones diseminadas por los trabajos sobre este tema deduce que estas unidades se caracterizan por:


  • su alta frecuencia de uso y de coaparición de sus elementos integrales

  • por su fijación y especialización semántica

  • por su idiomaticidad y variación potenciales

  • por el distinto grado en que se dan todos estos aspectos en las diferentes unidades fraseológicas.

De forma hasta cierto punto análoga, Ruiz Gurillo15 recoge las propiedades y los rasgos con los que se ha intentado caracterizarlas, sólo que esta autora agrupa las características en función de los niveles fonético-fonológico, morfológico, sintáctico, léxico-semántico y pragmático.

De todos modos, para que una secuencia de palabras pueda convertirse en UF debe cumplir, como ya hemos señalado anteriormente, dos requisitos fundamentales:



  • la fijación o estabilidad formal;

  • la fijación semántica o idiomaticidad.

2.2.1. Fijación

Se entiende por fijación o estabilidad formal «la propiedad que tienen ciertas expresiones de ser reproducidas en el hablar como combinaciones previamente hechas»16, o según el acertado criterio de Manuel Seco «como combinaciones que, en su práctica del idioma, no son formadas libremente por el hablante, sino que se le den ya prefabricadas, como “paquetes” que tienen en la lengua un valor propio establecido por el uso tradicional».17 En opinión de Zuluaga,18 la fijación es arbitraria desde el punto de vista funcional, ya que no hay explicación semántica ni sintáctica del tipo de fijación en cada caso concreto. Estas expresiones tienen esta forma porque así fueron fijadas por el uso repetido en una comunidad lingüística. Zuluaga (1975b, 1980) establece para el español una clasificación detallada de la fijación en torno a cuatro aspectos concretos19:



  1. inalterabilidad del orden de los componentes – se dice a troche y moche pero no se puede decir *a moche y troche.

  2. invariabilidad de alguna categoría gramatical (sea de tiempo, persona, número o género) – por ejemplo no se puede modificar la expresión no dejar títere con cabeza a *no dejar títeres con cabezas.

  3. inmodificabilidad del inventario de los componentes (imposibilidad de insertar, suprimir o sustituir) – se dice poner pies en polvorosa, pero no, p. ej., *poner ambos pies en polvorosa.

  4. insustituibilidad de los elementos componentes – tenemos corriente y moliente, pero no, p. ej., *común y moliente.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que la fijación, aunque sea una de las características más frecuentes, es variable y depende del grado de fijación que haya alcanzado cada unidad fraseológica. Como sostiene Martínez Marín, no es lo mismo que una expresión esté fijada en uno de sus elementos que lo esté en varios. Tal expresión puede, además, presentar variantes. Por poner un ejemplo, armarse de paciencia puede presentarse también como revestirse de paciencia20.

2.2.2. Idiomaticidad

La fijación no es sólo formal, también atañe al plano del contenido y, en este caso, recibe una denominación específica, pues para referirse a esta característica se habla de la idiomaticidad21 de las unidades fraseológicas.

Como afirma Corpas Pastor22, el término idiomaticidad se viene reservando para denominar una especialización o lexicalización semántica en su grado más alto. Las unidades fraseológicas pueden tener dos tipos de significado denotativo: significado denotativo literal y significado denotativo figurado o traslaticio, es decir, idiomático. Es precisamente el segundo el responsable de la idiomaticidad que presentan la mayor parte de estas unidades.

En fin, teniendo en cuenta lo expuesto en los apartados anteriores, es importante destacar, en primer lugar, que tanto la fijación formal como la semántica no pueden entenderse de un modo absoluto, ya que todos los estudiosos que se han ocupado de ellas coinciden en subrayar la existencia de grados en ambos casos; y, en segundo lugar, entre la fijación formal y la semántica existe una ordenación jerárquica: la semántica va acompañada de la formal, pero no sucede así a la inversa, lo que quiere decir que todas las UFS son fijas, en mayor o menor grado, pero no todas son idiomáticas.

2.3. CLASIFICACIONES DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS

Si pueden encontrarse varias definiciones de las UFS, algo semejante ocurre respecto a su clasificación. De la misma forma que los lingüistas no parecen llegar a un acuerdo acerca de las unidades que estudia la fraseología y el término para referirse a ellas, tampoco llegan a unificar los criterios para clasificar estos fenómenos léxicos. Existen múltiples y diversas clasificaciones que se han realizado atendiendo a diferentes criterios como el semántico, el funcional o el estilístico.

Antes de reseñar las clasificaciones más destacadas nos detendremos en estas líneas para resumir, desde el punto de vista cronológico, las investigaciones globales sobre la fraseología en español que según apunta Corpas Pastor se han sucedido de la siguiente manera. A principios de los años cincuenta del siglo XX, J. Casares da la primera clasificación de UFS. En la década de los sesenta, E. Coseriu (1966) introduce la diferencia entre la técnica libre del discurso y el discurso repetido. A finales de los setenta aparece el trabajo de H. Thun (1978) sobre la fraseología de las lenguas romances. Dos años después, A. Zuluaga (1980) publica su tesis doctoral de 1975 en la que mejora y completa la clasificación de J. Casares. Para ello, al igual que H. Thun, se basa en las investigaciones alemanas y soviéticas sobre el tema. Esta misma influencia germano-soviética se observa en el trabajo de G. Haensch et al. (1982) y muy especialmente en los trabajos que sobre fraseología se han ido realizando en Cuba. Nos referimos a las diversas aportaciones de autores como Carneado Moré (1985a, 1985b, 1985c) y Tristá Pérez (1979-1980,1985a, 1985b, 1985c, 1988, etc.), del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba23. En 1997 aparece una nueva propuesta de clasificación de las UFS del español presentada por Corpas Pastor, quien llega a la conclusión de que las clasificaciones existentes siguen siendo incompletas y por eso es necesario realizar una sistematización y clasificación global del sistema fraseológico español. Al manual de Corpas Pastor vienen a sumarse las investigaciones de Ruiz Gurillo (1997, 1998), quien a partir de una concepción estrecha de la fraseología traza una zona nuclear y una zona periférica para las UFS.

A continuación nos centraremos en cuatro de las clasificaciones anteriormente mencionadas que, en nuestra opinión, se deben tomar en consideración, puesto que son las más representativas y las más citadas entre los investigadores en la materia. Corresponden a Julio Casares, Alberto Zuluaga, Gloria Corpas Pastor y Leonor Ruiz Gurillo.

2.3.1. Clasificación de Julio Casares (1950)

Julio Casares fue pionero en la fraseología española y su clasificación sigue teniendo una gran importancia en el ámbito hispano, no sólo por ser la primera, sino también porque ha servido de modelo para posteriores estudios, como los de A. Zuluaga, A. M. Tristá Pérez, H. Hernández o Carneado Moré.

Casares, en su Introducción a la lexicografía moderna (1950)24, basándose en el criterio funcional, establece una clasificación de las UFS en la que distingue entre locuciones y fórmulas pluriverbales (es decir, frases proverbiales y refranes). Como apunta el propio autor, no es tarea fácil decidir cuándo estamos ante un tipo u otro, dadas las relaciones diacrónicas que mantienen entre sí25. Una locución, según Casares, es una «combinación estable de dos o más términos, que funciona como elemento oracional y cuyo sentido unitario consabido no se justifica, sin más, como una suma del significado normal de los componentes».26 Casares diferencia entre las locuciones conexivas, formadas por palabras gramaticales conjuntivas y prepositivas, y las locuciones conceptuales o significativas, formadas por elementos con significado léxico. Estas últimas las clasifica según la categoría gramatical a la que equivalen: nominales27, adjetivales, verbales, participiales, adverbiales, pronominales y exclamativas.

La frase proverbial es una entidad léxica autónoma que se difiere de las locuciones porque no funciona como elemento oracional sino que tiene autonomía sintáctica y su origen está en textos escritos o hablados que se han hecho famosos.

La frase proverbial también puede confundirse con el refrán, sobre todo con aquellos formados por una oración simple. El refrán difiere de la frase proverbial por expresar una verdad universal, válida para toda la humanidad. Constituye oraciones completas e independientes que relacionan al menos dos ideas y que se caracterizan formalmente por su artificiosidad (rima, aliteración, paralelismo) y cuidada elaboración.

Casares también presta atención al modismo28 afirmando, sin embargo, que la lingüística no puede admitirlo en su nomenclatura, puesto que se refiere tanto a las locuciones como a las frases proverbiales de significado traslaticio.

En la página siguiente, utilizando la técnica de los mapas conceptuales29, presentamos el esquema propuesto por Casares mismo30, de los distintos tipos de locuciones que se dan en español. Al modelo tradicional de la clasificación de las locuciones hemos añadido también las fórmulas pluriverbales para ofrecer así una visión general de lo que Casares considera unidades fraseológicas.




Esquema 1

2.3.2. Clasificación de Alberto Zuluaga (1980)

Bajo el denominador común de expresiones fijas o unidades fraseológicas, Zuluaga estudia UFS que comprenden desde combinaciones de dos palabras hasta las formadas por oraciones simples o compuestas que se caracterizan por la fijación así como por cierto grado de idiomaticidad que presentan muchas de ellas.31

Zuluaga establece básicamente dos grandes grupos de fraseologismos atendiendo a los rasgos de su estructura interna (fijación e idiomaticidad) y a su valor semántico-funcional, es decir, a las diferentes funciones sintácticas que pueden desempeñar en el discurso.

En lo que concierne a su estructura interna, Zuluaga diferencia entre expresiones meramente fijas y no idiomáticas (dicho y hecho), expresiones semiidiomáticas (la oveja negra de la familia) y expresiones idiomáticas32 (cabeza de turco).

De acuerdo con el valor semántico-funcional, el autor distingue en primer lugar entre locuciones que, siguiendo la terminología de Casares, define como expresiones fijas que necesitan combinarse con otros elementos en el interior de la frase para poder constituir un enunciado, y entre enunciados fraseológicos que son aquellas expresiones que constituyen enunciados completos con autonomía sintáctica. Dentro de las locuciones distingue si se trata de instrumentos gramaticales, de unidades léxicas o de sintagmas.



Las locuciones equivalentes a unidades gramaticales sirven para establecer relaciones entre unidades lingüísticas, funcionan como instrumentos gramaticales y carecen de significado léxico. Zuluaga diferencia tres tipos de ellas:

  • locuciones prepositivas – transforman un sustantivo o sintagma nominal en sintagmas adverbiales (a ras de),

  • locuciones conjuntivas – funcionan como enlaces oracionales (así y todo),

  • locuciones elativas – intensifican y elativizan verbos (como loco), sustantivos (un mar de), y adjetivos (como él solo).

En cuanto a las locuciones equivalentes a unidades léxicas33, éstas se clasifican de acuerdo con el significado categorial34. Zuluaga presenta cuatro tipos que se corresponden con cuatro categorías léxicas: sustantivo, adjetivo, adverbio y verbo.

    • locuciones nominales (paño de lágrimas),

    • locuciones adnominales35 (de rompe y rasga),

    • locuciones adverbiales, divididas a su vez en cláusulas, circunstanciales y adverbios,

    • locuciones verbales36 (volver a las andadas, pagar los platos rotos)

En lo que se refiere a los enunciados fraseológicos, Zuluaga ofrece la siguiente clasificación. En primer lugar, según el nivel de estructuración gramatical entre los constituyentes y el tipo de estructura sintáctica diferencia los enunciados fraseológicos constituidos por:

  • una sola palabra37 a los que llama enunciados formulísticos (salud),

  • un sintagma (muchas gracias),

  • una oración simple, nominal o verbal (En casa de herrero),

  • una oración compuesta (Haz bien y no mires a quien),

  • wellerismo, esto es, una cita introducida por un verbo declarativo (Habló el buey y dijo mú),

  • dialogismos, constituidos por una interrogación retórica seguida de una respuesta (¿Quién es tu enemigo?: El de tu oficio).

En segundo lugar, Zuluaga establece una clasificación según su relación con el contexto en el que se integran los enunciados fraseológicos y sus relaciones pragmáticas. De esta manera distingue:

  • los enunciados fraseológicos funcionalmente libres, que son considerados textos y no dependen de ningún tipo de contexto para ser comprendidos,

  • los enunciados fraseológicos contextualmente marcados, es decir, los que dependen del contexto lingüístico o pragmático para funcionar y los que el autor llama frases.

Al primer grupo pertenecen los refranes, que tienen sentido completo y complejo y se caracterizan por ser autónomos. No se reproducen por sí mismos sino que se incorporan a otros textos o a situaciones nuevas (Perro ladrador, poco mordedor), y los enunciados fraseológicos interjectivos38, exclusivos de la lengua hablada, equivalentes a las locuciones exclamativas de Casares (¡Maldita sea!).

Al segundo grupo pertenecen los llamados dichos o frases hechas (Eso es harina de otro costal), los denominados clichés, los que funcionan sólo en un tipo de discurso, ya sea en el diálogo (que sé yo), o en el texto narrativo (éstos se llaman fórmulas y pueden ser de introducción (Érase una vez), de continuación (dicho y hecho) o de conclusión (colorín colorado)) y finalmente, las fórmulas de fijación pragmática cuyo empleo está fijado a determinadas situaciones de la vida social (gracias, Feliz año).

Tal y como hemos hecho anteriormente en el caso de la clasificación de Casares, también la clasificación de Zuluaga a continuación presentamos en forma de un esquema, establecido por el propio autor39. Una vez más, ayudados de la técnica de los mapas conceptuales, sintetizamos ambos grupos de UFS para que quede más claro y comprensible lo expuesto en este apartado.

Esquema 2

2.3.3. Clasificación de Gloria Corpas Pastor (1996)

G. Corpas Pastor presenta una nueva propuesta de clasificación de las UFS del español después de llegar a la conclusión de que las existentes seguían siendo incompletas. Afirma que hasta ahora los criterios seguidos se resumían en cuestiones tales como:



  • dicotomía elemento oracional/oración completa (Casares 1992 [1995]; Coseriu 1986, 1977; Zuluaga 1980),

  • fijación en el sistema, en la norma o en el habla (Coseriu 1986, 1977; Thun 1978; Zuluaga 1980),

  • fragmento de enunciado/enunciado completo (Casares 1992 [1950]),

  • restricción combinatoria limitada/total (Thun 1978; Zuluaga 1980),

  • grado de motivación semántica (Casares 1992 [1995]; Thun 1978; Zuluaga 1980).

Pero ninguno de estos criterios «sirve por sí solo para vertebrar una clasificación global del sistema fraseológico español. Por esta razón, proponemos combinar el criterio de enunciado40 – y, por consiguiente, de acto de habla – con el de fijación en la norma, en el sistema o en el habla. Ambos criterios nos proporcionan la base para establecer un primer nivel de clasificación de las unidades fraseológicas en tres esferas»41.

De esta forma, las unidades se dividen en dos grupos: aquellas que no constituyen enunciados ni actos de habla completos sino que equivalen a sintagmas y necesitan combinarse con otros signos lingüísticos para constituirse como actos de comunicación, y aquellas que constituyen enunciados por sí mismos.

El primer grupo Corpas Pastor subdivide en:


  1. Esfera I que está constituida por aquellas UFS fijadas sólo en la norma. Se trata de sintagmas libres que debido al uso han adquirido un cierto grado de fijación y a los que la autora denomina colocaciones.

  2. Esfera II que engloba UFS fijadas en el sistema y las que denomina locuciones.

El segundo grupo incluye las UFS fijadas en el habla y que forman parte del acervo sociocultural de los hablantes. En esta esfera III de la clasificación de Corpas Pastor tendrían cabida, pues, el resto de UFS, las cuales la autora designa con el término enunciados fraseológicos.42

Para resumir el primer nivel de la clasificación de Corpas Pastor presentamos el esquema propuesto por la misma autora en su ya citado Manual de fraseología española.



Esquema 3

Cada una de estas esferas admite un segundo nivel de estructuración si se aplican unos criterios adicionales (categoría gramatical, función sintáctica, carácter de enunciado, independencia textual, etc.).

En lo que atañe a las colocaciones43 la citada autora las define como «unidades fraseológicas formadas por dos unidades léxicas en relación sintáctica, [...] que, debido a su fijación en la norma, presentan restricciones de combinación establecidas por el uso, generalmente de base semántica: el colocado autónomo semánticamente (la base) no sólo determina la elección del colocativo, sino que, además, selecciona en éste una acepción especial, frecuentemente de carácter abstracto o figurado»44. Para entender completamente la definición anterior, Penadés Martínez aclara, que hay que tener en cuenta que la base sería el sustantivo o los verbos y los adjetivos en las colocaciones formadas por verbos y adverbios o por adverbios y adjetivos. 45 Corpas Pastor lleva a cabo la subdivisión en tipos de colocaciones basándose en la estructura interna, según las categorías gramaticales:



  1. V + S (sujeto): declararse un incendio, estallar una guerra, zarpar un barco.

  2. V + (prep.) + S (objeto): asestar un golpe, entablar amistad, poner en funcionamiento.

  3. Adj./S + S: error garrafal, enemigo acérrimo, visita relámpago.

  4. S + prep. + S: banco de peces, pastilla de jabón, tableta de chocolate.

  5. V + Adv.: negar rotundamente, prohibir terminantemente, rogar encarecidamente.

  6. Adj. + Adv.: ligado estrechamente, convencido firmemente, dormido profundamente.

En cuanto a las locuciones, unidades fraseológicas que por sí mismas no constituyen tampoco un enunciado completo, las clasifica de acuerdo con la función que desempeñan en la oración, función que suele estar en relación con la clase de palabra que corresponde al componente básico de una locución concreta o, en todo caso, con su paráfrasis definitoria. De este modo, Corpas Pastor distingue entre locuciones nominales (paño de lágrimas), adjetivas (de pelo en pecho), adverbiales (a la chita callando), verbales (meterse en camisa de once varas), prepositivas (gracias a), conjuntivas (como si), clausales (salirle a alguien el tiro por la culata).

Por último, dentro de la esfera III, que corresponde a los enunciados fraseológicos46, la autora establece dos subgrupos: paremias47 y fórmulas rutinarias.

Las primeras tienen autonomía textual y significado referencial, pueden servir para convencer, persuadir e instruir al receptor aunque cuando no se persigue reacción alguna, cumplen más bien una función fática48. La autora sostiene que «resulta difícil distinguir claramente entre los distintos tipos de paremias»49, sin embargo, las subdivide en varios tipos teniendo en cuenta criterios funcionales, históricos, etc. Así tenemos los enunciados de valor específico, que no poseen valor de verdad, independientemente de la situación a la que se aplican (Las paredes oyen), citas, de origen conocido, procedentes de textos o fragmentos hablados de un personaje real o ficticio (La vida es sueño)50 y refranes, de origen desconocido (De tal palo, tal astilla).

En cuanto a las fórmulas rutinarias, éstas por el contrario carecen de autonomía textual y tienen un significado social, expresivo o discursivo. Dentro de este subgrupo, Corpas Pastor hace distinción entre fórmulas discursivas, que cumplen funciones de organización del discurso, y fórmulas psicosociales, que sirven para el desarrollo normal de la interacción social o para expresar los sentimientos de los hablantes. Ambos tipos de fórmulas a su vez se dividen en diversos subtipos según las distintas funciones pragmáticodiscursivas que ejercen.

Dentro de las fórmulas discursivas encontramos:

fórmulas de apertura y cierre (Hasta luego. A ver.)

fórmulas de transición (A eso voy.)

Las fórmulas psicosociales están divididas en:



  1. Fórmulas expresivas, que pueden ser de diverso tipo: de disculpa (con perdón), de consentimiento (Y tanto.), de recusación (Ni hablar.), de agradecimiento (Muchas gracias.), de desear suerte (Y usted que lo vea.), de solidaridad (¡Qué se le va a hacer!), de insolidaridad (¡Allá tú!).

  2. Fórmulas comisivas, de promesa y de amenaza que implican al emisor en un hecho futuro (Ya ajustaremos cuentas.).

  3. Fórmulas directivas que implican al receptor en un hecho futuro: de exhortación (Largo de aquí), de información (Tú dirás.), de ánimo (No es para tanto.).

  4. Fórmulas asertivas de aseveración (Lo que yo te diga.), o emocionales (¡No te digo!).

  5. Fórmulas rituales de saludo (¿Qué es de tu vida?) o de despedida (A seguir bien).

  6. Fórmulas misceláneas, que son aquellas fórmulas para las que no existe un verbo performativo que recoja su valor elocutivo (¡Al agua, patos!).

En el siguiente esquema mostramos la clasificación de Corpas Pastor, resumida y ejemplificada, tal y como la presenta la autora en su manual51. Con el fin de hacerla todavía más comprensible nos decantamos otra vez por la misma técnica utilizada en los dos esquemas anteriores.



Esquema 4

2.3.4. Clasificación de Leonor Ruiz Gurillo (1997)

Esta autora propone una clasificación de las UFS a partir de una concepción estrecha de la fraseología52 en la que únicamente considera aquellas unidades equivalentes a una palabra o sintagma. Dentro de los diferentes sintagmas fraseológicos (nominales, verbales y preposicionales) establece una clasificación no discreta de estas unidades, partiendo de la idea de que en fraseología hay unidades más centrales - más fraseológicas – que otras, pues considera que el grado de fijación e idiomaticidad son variables. Así diferencia unidades fraseológicas nucleares, que se caracterizan por su fijación e idiomaticidad (a ojos vistas), pasando por diferentes grados hasta llegar a las UFS situadas en la periferia que por lo general reflejan gran creatividad y riqueza (recién casado/nacido/llegado). Por tanto, el núcleo está formado por las locuciones totalmente fijas e idiomáticas con palabras diacríticas o con anomalías estructuales donde se podría establecer una escala gradual que iría de las locuciones con un grado alto de idiomaticidad a aquellas otras caracterizadas exclusivamente por su fijación, pasando por las combinaciones semifijas. En la zona fronteriza entre las UFS y las combinaciones libres se encontrarían tanto las unidades sintagmáticas, que muestran cierto índice de fijación, a pesar de no presentar idiomaticidad y de estar sujetas a procedimientos de formación regulares, como las combinaciones de palabras simplemente frecuentes con una escasa estabilidad que no repercute, por lo común, en su estructura sintáctica. En estas clases periféricas y marginales, Ruiz Gurillo encuadra las combinaciones frecuentes, aquellos sintagmas con menor índice de fijación y nula o escasa idiomaticidad que presentan tan solo una afinidad entre sus componentes53.

En suma, su modelo va del centro a la periferia, desde la regularidad a la irrregularidad, pero deja patente que, ante todo, se trata de «una diferenciación artificial que responde a un continuum de difícil segmentación»54.

A continuación recogemos la propuesta de esta autora que parte de un primer nivel de clasificación de los sintagmas desde un punto de vista distribucional para después, como hemos dicho, seguir un orden que va desde lo regular, el centro, hacia lo irregular, la periferia:

Sintagmas nominales fraseológicos55:


  • Locuciones totalmente fijas e idiomáticas con palabras diacríticas y/o anomalías estructurales: agua de borrajas.

  • Locuciones idiomáticas en diversos grados: caballo de batalla.

  • Locuciones mixtas: dinero negro.

  • Colocaciones: momento crucial.

Sintagmas verbales fraseológicos:

  • Locuciones con palabras diacríticas y/o anomalías estructurales con un grado alto de fijación e idiomaticidad: tomar las de villadiego.

  • Locuciones totalmente fijas e idiomáticas: dorar la píldora.

  • Locuciones semiidiomáticas: echar raíces.

  • Locuciones escasamente idiomáticas: perder el tiempo.

  • Locuciones mixtas: vivir del cuento.

  • Locuciones meramente fijas: correr mundo.

  • Locuciones con variantes: no importar un pimiento/un bledo.

  • Unidades sintagmáticas verbales: hacer uso, tomar un baño.

  • Otras colocaciones: guiñar un ojo.

Sintagmas prepositivos fraseológicos:

  • Locuciones totalmente fijas e idiomáticas con palabras diacríticas y/o anomalías estructurales: a la virulé.

  • Locuciones totalmente fijas e idiomáticas: a menudo.

  • Locuciones parcialmente fijas e idiomáticas, en diversos grados: a mano.

  • Locuciones meramente fijas: en público.

  • Locuciones con variantes: de (muy) buen grado.

  • Locuciones con casillas vacías: a mi (tu, su, vuestro, etc.) juicio.

  • Creaciones locucionales analógicas: a gritos, a golpes.

  • Esquemas fraseológicos: cara a cara.56

Para concluir este capítulo en el que tratamos las diferentes propuestas de clasificación de las UFS, consideramos conveniente detenernos un momento con el fin de reflexionar sobre las coincidencias y las diferencias entre las clasificaciones presentadas.

Como hemos dicho al principio, elegimos cuatro clasificaciones más representativas y citadas, no obstante, a nuestro modo de ver sólo una de ellas parece ser completa, la de Corpas Pastor. Y no sólo porque esta autora presenta el más completo panorama de las investigaciones sobre las colocaciones, considerándolas la primera esfera de las UFS, a diferencia de Casares y Zuluaga quienes las excluyen de las UFS (Ruiz Gurillo no las cita explícitamente), pero también porque creemos que es una de las clasificaciones más rigurosas que se han hecho en cuanto a las premisas en que se basa para la diferenciación de las UFS. Mientras que en las locuciones y colocaciones se basa en el criterio funcional y en la estructura sintáctica de las unidades; en el caso de las expresiones fraseológicas de la tercera esfera – los enunciados fraseológicos – se centra en sus características pragmático-discursivas.

En cuanto a las primeras tres clasificaciones categoriales de Casares, Zuluaga y Corpas Pastor concentrémonos en las UFS en las que los autores coinciden, es decir, en las locuciones. Como podemos observar en los esquemas anteriormente presentados, los tres coinciden en los siguientes grupos de locuciones: nominales, adjetivales, verbales, adverbiales, prepositivas y conjuntivas, aunque con concepciones diferentes. Además de estos grupos, Casares recoge locuciones que responden al resto de las clases de palabras, a excepción del artículo, por lo que su propuesta incluye como tipos a las locuciones pronominales, las participiales o las exclamativas.57 A diferencia de Casares, Zuluaga considera que no es necesario distinguir entre locuciones participiales y locuciones adnominales. Por eso las primeras pasan a incluirse dentro de las segundas, mientras que las locuciones pronominales dejan de constituir un grupo aparte y se asimilan al tipo de locución al cual pertenecerían según su significado categorial. Las locuciones exclamativas, por su parte, pasan a formar parte de los enunciados fraseológicos, diferenciados por Zuluaga y por Corpas Pastor. Una mayor dificultad que otras combinaciones presentan los sintagmas formados por sujeto y predicado que Corpas Pastor llama locuciones clausales. Éstas no gozan de la autonomía de los enunciados y por eso se puden tratar sólo como locuciones. Por otro lado, la clase de las locuciones elativas que presenta Zuluaga plantea problemas similares a las pronominales o a las participiales. El propio Zuluaga, en un trabajo posterior de 1992, considera que, ya que intensifican verbos, sustantivos o adjetivos, no pueden clasificarse como meros instrumentos gramaticales sin valor categorial y léxico; por el contrario deben incluirse entre las adnominales si realzan sustantivos, o entre las adverbiales si resaltan verbos y adjetivos.58 Ruiz Gurillo considera que la clasificación de locuciones en nominales, adjetivales, adverbiales, verbales, prepositivas, conjuntivas y clausales propuesta por Corpas Pastor es la más adecuada.59

En el caso de la clasificación de Ruiz Gurillo hablamos de la clasificación interna y no categorial como en los casos anteriores; eso quiere decir que se hace referencia a los rasgos internos de las locuciones y se alude a la influencia de la fijación y la idiomaticidad sobre ellas.

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