Hacia mejores figuras de las constelaciones



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HACIA MEJORES FIGURAS

DE LAS CONSTELACIONES


por Daniel Castro Landeira

Buenos Aires, Argentina



dancastro@uolsinectis.com.ar
Cuando se representan las constelaciones en atlas estelares o en programas informáticos de astronomía, es corriente mostrar líneas que vinculan sus principales estrellas y que, supuestamente, deberían ayudar a reconocer las figuras que en el pasado le dieron a cada constelación su nombre.

El uso de estas líneas reemplazó a la práctica que era común en las cartas celestes hasta mediados del siglo XIX: superponer un dibujo artístico del objeto, persona o animal (real o mitológico) representado en la constelación. La Uranometria de Bayer (1603) es uno de los primeros ejemplos impresos, aunque los manuscritos medievales ya usaban el mismo procedimiento.

En teoría, las líneas de las constelaciones deberían constituir una manera más moderna de alcanzar el mismo objetivo: reconocer las figuras, por ejemplo, de un león en la constelación de Leo o de una princesa (encadenada a una roca) en Andrómeda.

En la mayoría de los casos, este propósito ha sido logrado en forma muy parcial. Tales como aparecen, los dibujos de las constelaciones son a menudo incompletos y proporcionan muy poca ayuda para identificar la imagen tradicional asociada con la constelación. Casiopea se ve comúnmente reducida a cuatro líneas que vinculan sus estrellas b, a, g, d y e. Esta tosca figura de W se asemeja muy poco a la imagen que los antiguos veían y que supuestamente nosotros también deberíamos ver: una reina sentada en su trono.

Pero en algunos casos la situación es aún peor: las figuras de las constelaciones usadas en programas informáticos astronómicos (excelentes en los demás aspectos) parecen más completas, pero son totalmente erróneas e inducen a confusión. Probablemente la principal fuente de estos errores fue el libro de Hans Augusto Rey aparecido en 1952, The stars: a new way to see them (Las estrellas: una nueva manera de verlas). Este autor logró obtener figuras más convincentes para las constelaciones, y así podemos reconocer fácilmente una ballena en Cetus o una osa en Ursa Major. Pero lamentablemente este libro (probablemente sin pretensiones científicas y dirigido al público en general) no estaba basado sobre fuentes históricas y sus dibujos son arbitrarios e infundados. No obstante, los errores de Rey se difundieron ampliamente, y sus figuras (mayormente producto de su imaginación) aparecen hasta en la sección Sky de Google Earth.

En resumen, podemos dividir la mayoría de las figuras de las constelaciones usadas actualmente en dos clases; la primera es la de los diseños incompletos o irreconocibles, como esta representación usual de Cefeo:


Ciertamente, el rey Cefeo no ha salido muy favorecido en este retrato. Probablemente la estrella g Cephei señala su cabeza, pero… ¿por qué tiene solamente una pierna? ¿O es un brazo?


La segunda clase es la de las figuras reconocibles, pero que carecen de todo sustento histórico. La mayoría de los dibujos de Rey entran en esta categoría; por ejemplo, su figura de Hércules:


En la mayoría de los grabados de los atlas estelares históricos, Hércules sostiene un garrote, de modo que esta representación parece bien lograda. Pero en todos esos atlas, la figura de Hércules aparece con sus pies hacia el polo norte celeste, por lo que el dibujo de Rey sólo aparenta ser correcto: en realidad está invertido. (A propósito, en el primer ejemplo ocurre lo mismo: z Cephei debería estar en la cabeza de Cefeo y g Cephei en una de sus piernas).
La siguiente imagen de Capricornio también parecería ser aceptable, ya que es fácilmente reconocible la forma de una cabra:

Pero tampoco es correcta. La cola de la cabra se halla donde deberían estar sus cuernos, y viceversa. Además, cualquier dibujo de Capricornio que se asemeje a una cabra verdadera es erróneo, ya que tradicionalmente esta constelación representa a un animal mitológico, con cuerpo de cabra y cola de pez, y que carece de patas posteriores.

Es inadmisible continuar propagando todas estas inconsistencias. Debemos dibujar nuevas y más precisas líneas para las constelaciones.
Para restaurar las verdaderas figuras que los antiguos vieron o imaginaron, y que dieron sus nombres a las constelaciones, es necesario retornar a los antecedentes históricos.

El presente trabajo está basado sobre las siguientes fuentes:

a) El catálogo de estrellas que Claudio Ptolomeo incluyó en su Almagesto, el cual da la posición de 1.023 estrellas visibles desde Alejandría en el siglo II d.C. (Se incluyen asimismo dos cúmulos, y tres estrellas se mencionan dos veces, por lo que la lista totaliza 1.028). Para cada estrella, se dan sus coordenadas (referidas a la eclíptica), su magnitud (en una escala de 1 a 6) y su posición dentro de la figura de la constelación: por ejemplo m Herculis se indica, en la versión en latín que hemos consultado, como quae in sinistro cubito (la que está en el codo izquierdo), mientras que t Herculis aparece como quae in genu dextro (la que está en la rodilla derecha). Estas son indicaciones precisas que no dejan duda acerca de cómo trazar las figuras, y que demuestran fehacientemente que todas las representaciones de Hércules con su cabeza hacia el polo norte celeste (como la de Rey) están totalmente equivocadas.

b) Uranometria de Bayer (1603), el primer atlas estelar que introdujo la nomenclatura con letras griegas para las estrellas más brillantes de cada constelación. Además de las 48 constelaciones ptolemaicas aparecen otras nuevas (especialmente algunas sólo visibles desde las latitudes meridionales).

c) Firmamentum Sobiescianum sive Uranographia de Hevelius (1690), que muestra más constelaciones nuevas, algunas creadas por el propio Hevelius. Este atlas fue elegido por ser muy completo; además, porque (aunque en la época se disponía de telescopios) sólo fueron incluidas en él las estrellas visibles a simple vista, lo cual conviene muy bien al objetivo de este trabajo.

d) Planisphère de Lacaille (1756), donde aparecen más constelaciones del hemisferio celeste austral, principalmente creadas por el propio Lacaille y designadas con nombres de instrumentos de las artes y de las ciencias.

Nuestro propósito inicial era seguir fielmente estas fuentes, y usar solamente las estrellas listadas en el Almagesto para las 48 constelaciones ptolemaicas, las estrellas que aparecen en el atlas de Hevelius para las constelaciones creadas por él, etc. Esta idea fue abandonada, ya que en algunos casos los datos disponibles eran muy escasos: el Can Menor aparece en el Almagesto pero Ptolomeo indica solamente dos estrellas, y una línea recta que vincule una con otra podría representar cualquier animal con simetría bilateral (desde un gusano hasta una ballena) y difícilmente sería reconocible como un perro. Por lo tanto, aun para las constelaciones antiguas hemos usado estrellas tomadas indistintamente de cualquiera de las cuatro fuentes.
Una regla que hemos seguido estrictamente es que sólo las estrellas que se hallan dentro de los actuales límites de cada constelación fueron utilizadas para construir la figura de la misma. En seis casos, Ptolomeo dice que una estrella es compartida por dos constelaciones:

n1 (o n2) Bootis pertenece a la vez a Bootes y a Hercules

b Tauri pertenece a la vez a Taurus y a Auriga

a Andromedae pertenece a la vez a Andromeda y a Pegasus

a Piscis Austrini pertenece a la vez a Piscis Austrinus y a Aquarius

a Crateris pertenece a la vez a Crater y a Hydra

a Corvi pertenece a la vez a Corvus y a Hydra
En todos estos casos, prevalece la ubicación moderna de la estrella: por ejemplo, b Tauri se usa solamente para la figura del toro, y no para la del cochero (Auriga).

También ocurre en la obra de Hevelius que los dibujos de dos constelaciones se superponen, y aún más frecuentemente sucede que una estrella que él muestra dentro de la figura de una constelación cae ahora dentro de los límites de otra lindera. En todos estos casos fueron respetadas las delimitaciones actuales, lo que condujo a algunas sustituciones: la estrella que según Hevelius indica la punta de la cola de Vulpecula, la zorra, ahora cae dentro de Pegasus (es 1 Pegasi) y por lo tanto no podemos incluirla. Pero como una zorra necesita tener cola (y preferentemente larga), hemos reemplazado esa estrella por 35 Vulpeculae, que no aparece en Hevelius.

No hemos podido evitar que algunas veces la línea que une dos estrellas de una constelación atraviese sus límites, pero nunca se cortan dos líneas de diferentes constelaciones.

Hemos tratado de no usar estrellas más débiles que las de magnitud 5,0; no obstante, en algunos casos este límite tuvo que ser extendido a 5,5 y excepcionalmente a 6,0, especialmente para constelaciones (como algunas de Hevelius o Lacaille) que están constituidas sólo por estrellas poco brillantes.

Para la designación de las estrellas, se han preferido las letras griegas de Bayer; de no existir éstas, se utilizaron los números de Flamsteed, y si éstos tampoco existen, se recurrió a los números del catálogo de estrellas brillantes Harvard Revised (HR). Estos últimos aparecen en bastardilla.

RECONOCIMIENTOS

Las imágenes de las obras de Bayer, Hevelius y Lacaille que han servido de base (junto con el Almagesto) para los dibujos de este trabajo fueron tomadas de www.atlascoelestis.com

CEPHEUS, Cefeo (26 líneas, 26 estrellas)
k – b m – e p – g i – 8779

b – 7 e – d g – r2 8779 - o

7– 6 d - 19 r2 – k o – 9013

6 – a 19 – 30 k - 8702 g - 333

a – 9 30 – i 8702 – 285 333 – 881

9 – n i- 31 a – h

n – m 31 – p h - 7955

HERCULES, Hércules (38 líneas, 36 estrellas)
h – z p – h 54 – 60 i – 74

z – b b – g 60 – a1 74 – 82

b – 54 g – k a1 – 54 h – 52

54 – d k – w d – l 52 – 42

d – e w – 28 l – m 42 – t

e – 68 28 – 45 m – x t – f

68 – q 45 – 47 x – n f – c

q – r 47 – 43 x – o c - u

r – 69 43 – 29 q – 90

69 – p 29 – w 90 – i




ANDROMEDA, Andrómeda (32 líneas, 30 estrellas)
s – r u – t i – 8 d – e

r – m t – b 8 – 7 e – z

m – 41 b – d 7 – 3 z – h

41 – f d – p 3 – o b – m

f – x p – s o – i t – 55

x – w s – q k – l 55 – g1

w – c q – k k – y f – 49

c – u k – i p – a 49 – 51



Nota: según la leyenda, la princesa Andrómeda fue encadenada a una roca. Hevelius la muestra atada a una larga cadena que termina en o Andromedae, pero no aparece ninguna roca. En Bayer hay una roca, pero cae dentro de los límites de la actual constelación Lacerta. Hemos preferido incluir la roca, aunque en consecuencia la cadena debe quedar muy corta.


VIRGO, la Virgen (34 líneas, 34 estrellas)
w – n 86 – k d – 32 y – 49

n – 7 k – i 32 – o 49 – a

7 – b i – u o – p k – l

b – h u – f p – 6 f – m

h – g f – 5313 6 – 4 o – r

g – q 5313 – t 4 – x r – e

q – 74 t – 78 x – w e – 59

74 – 82 78 – s b – y

82 – 86 s – d y – c

Nota: tanto en el dibujo de Bayer como en el de Hevelius la Virgen está representada con alas (también el Almagesto se refiere a ellas), pero dado que no hay suficientes estrellas como para dibujar dos alas y dos brazos, aquéllas fueron omitidas para obtener una figura femenina totalmente natural. La Virgen, como es usual en todos los atlas históricos, sostiene una espiga de trigo, el significado latino de la estrella Spica (a Virginis).




CAPRICORNUS, la Cabra Marina (27 líneas, 27 estrellas)
b – s f – z g – i z – 24

s – p z – 36 i – q 24 – w

p – r 36 – 37 q – t d – 42

r – u 37 – e t – b 42 – m

u – h e – k b – n m – l

h – c k – d n – a2 l – 46

c – f d – g c – y


PHOENIX, el Fénix (16 líneas, 15 estrellas)
h - l1 d – r y – d k – a

l1 – m r – h l1 – e b – n

m – b h – z e – i n – g

b – d z – y m – k g – f





LEPUS, la Liebre (13 líneas, 13 estrellas)
m – b z – m k – i h – q

b – a m – l b – e

a – h l – n a – d

h – z m – k d – g




OCTANS, el Octante (16 líneas, 14 estrellas)
z – g1 n – a k – z e – y

g1 – q a – f z – t r – p1

q – y f – r t – b p1 – d

y – n r – k b – e d – k









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